Artículos de prensa
Trova joven
"Esteban Monge, joven cantautor costarricense, se presentará mañana en el teatro Amubis, en San Isidro del Guarco, en la provincia de Cartago..."
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Esteban Monge habla con Red Cultura desde Francia
Desde el Sur-Oeste francés,lugar al que llegó hace seis meses, el cantautor nacional Esteban Monge nos concedió un pequeña entrevista en la que nos habla de su experiencia en tierras europeas.
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Esteban Monge: Material Sensible
Reportaje publicado en Club de Libros y Periódico OJO Haz click aqui para ver el artículo
Entrevista que se publicara en el diario "La Prensa" de Nicaragua con motivo de la visita a ese hermano país
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Una calaña incorregible
Puñalada por la espalda a una verdad infinita.
Bértold Salas (Artículo publicado en el Semanario Universidad No. 1370, del 1 al 7 de diciembre de 1999, periódico de la Universidad de Costa Rica) Esteban Monge se formó en el pretil, en las peñas culturales, en los conciertos de la Semana Universitaria. También en su casa o la biblioteca, con la música de Aute o de Silvio, en los libros de poesía o filosofía, en los estire y encoge de su corta vida. No hace mucho salió su primer disco y lo presentó en el Teatro Melico Salazar. El 10 de diciembre a las 5 p.m. en el Auditorio Abelardo Bonilla lo presentará a la comunidad universitaria.
"Verdad infinita", que así se le llama a la osadía, es una aventura que se armó él solito, ¿qué tiene que hacer un estudiante de Derecho y Filosofía en el mercado disquero costarricense? ¡Y cantando trova, escribiendo letras que invocan utopías y hasta las exige realizables! Le pedimos declaraciones. Él dice que preferiría que fuera el disco el que hablara. Ni modo, tuvimos que oírlo.
Con las letras viene la fecha cuando fueron escritas. La primera, "Canción perfecta" es de 1993. Indagamos; tenía 17 años. Hacemos matemática: finalizaba el colegio. Y la última es de 1998: IV o V año de Derecho. Una docena de canciones, un montón de cosas en un período corto de tiempo. ¿Pero qué cosas?
En la redada tropezamos con búsqueda interior, referencias a Dios, exaltación del arte, el asesinato del niño, el "Principito" y hasta palabras peligrosas como "revolución". Ni modo, siempre hay descontentos. También hay madurez. "Antes escribía con menos conciencia", le logramos sacar como única declaración. Ahora lo mueve la misma intuición, el mismo deseo arrebatado, pero guiado por más objetivos, más conocimiento de los caminos que ha de seguir tras los sueños.
Escribió "Buscándome" y al rato se enteró de que era existencialista. Cantó "El color de los sueños", pretendió un sueño político y la gente encontró una historia de amor. ¿Cómo combinar el amor y la política, si eso no se usa ya?
¿Pero quién te entiende, Esteban? ¿Cómo pedís que oigamos tus letras, que atendamos la textura de tus dedos sobre las cuerdas de la guitarra? Para eso no hay tiempo: la música de ahora se oye en el bus, en la casa mientras se lavan los trastos, en la soda mientras se come. Siempre hay algo que hacer, por dicha, sino qué carajos, qué embarcada comprender por fin los líos que vivimos. Ya sabemos que querés decir cosas. Decís, como cuentan las malas lenguas que dijo Cabral, que si no las dijeras cantando, la gente no te pondría atención. ¡Hacéte diputado, comentarista deportivo, cura massmediático, así sí te oyen! ¡Seguí de abogado, hacéte un nombre que se tema en los pasillos de los tribunales! ¡Pero cantar y significar ya no "funca"!
Nos decís que la verdad infinita es eso, la verdad abierta del arte, enfrentada (porque queremos enfrentarla, porque querés hacerlo) a lo limitado del mundo. ¿Pero qué te decimos si hay una cierta calaña incorregible y a ella te adherís?
Por dicha.
Personaje
De material sensible
Roberto García H.
Original y constante, Esteban Monge se consolida en la nueva canción
Artículo publicado en la Revista Dominical del periódico La Nación, el domingo 2 de abril de 2000.
Chubascos de frío y niebla parecen dibujar al viento. Ante el haz de los reflectores, la lluvia forma un caleidoscopio. Festival Amubis 2000, en San Isidro de El Guarco. Casi al filo de la medianoche del sábado 4 de marzo, un joven espigado se planta con su guitarra. Sobre el improvisado escenario, al aire libre, el cantautor repite un viejo ritual: hombre y guitarra. Esteban Monge Flores es el último intérprete, la figura de cierre en la noche de compromiso y canto.
Luis Ángel Castro, Natalia Esquivel, Rubén Pagura, Manuel Monestel, entre otros, lo antecedieron en la clausura de este festival que la Asociación Cultural Amubis realiza desde hace varios años en San Isidro de El Guarco, en el extremo sur del valle del mismo nombre, en el Cerro de la Muerte.
Un día de 1990 escuchó cantar a Luis Ángel Castro y se percató del montón de cosas que se pueden decir con una guitarra. Ahí nació su convicción de que escribiría sus propias canciones. Desde su inicio en el Coro de Niños de Llorente de Tibás, hasta hoy, la música parece abrir caminos. Y Esteban se permite dudar. Entre el derecho –está en proceso de su tesis en la Universidad de Costa Rica–, la filosofía y el canto, lo último que sacrificaría es la música, confiesa.
Con unas 25 composiciones propias y un disco compacto original y exitoso: Verdad Infinita, la búsqueda no ha sido fácil. "Primero tuve que cantar música de otros y luego convencer, a mis propios músicos, de que mis canciones tienen posibilidades". Su nombre suena ya en el ambiente de la nueva canción, o la música alternativa, denominaciones quizás gastadas para ubicar el perfil de esta gente de material sensible. Son los cantautores, artífices del verbo y la melodía.
"Estoy en esto porque para mí es una necesidad vital. Escribo y canto porque me nace. No pretendo la notoriedad. Para mí la fama no es más que un producto del marketing. Valés por lo que hacés. Cualquier persona que se esfuerce con honestidad por cumplir sus sueños, merece respeto y admiración profunda, aunque no se pare frente a un micrófono con una guitarra".
Sin esculcar en el calendario, se adivina un joven virtuoso, una característica, la juventud, que Esteban descarta como crédito. La filosofía de sus letras, su voz suave y melódica, es lo que exhibe como argumentos para ser reconocido.
Una osadía
La noche del 24 de octubre de 1999 fue una prueba triunfal. El cantautor llenó el Teatro Melico Salazar, en el concierto de presentación del primer compacto, Verdad Infinita. Porque, para cualquier artista, plantarse en ese escenario es todo un reto, dada la calidad de ese espacio histórico. "Si había un disco, había que presentarlo. Antes habíamos realizado conciertos en otros teatros más pequeños, como el Giratablas. Y, esa vez, escogí el Melico simplemente porque era el único que estaba desocupado ese domingo por la noche".
Colgando del cielo, Verdad infinita, El color de los sueños, De material sensible... Esteban, junto con su hermano Luis Eduardo Monge, en los teclados; Roy Coto, bajo y el baterista Carlos Pipo Chaves, inundaron el espacio de melodías, mientras una serie de imágenes sugestivas se proyectaban al fondo; entre ellas, la portada del disco, un dibujo sencillo y original, obra de Diego Pacheco Alvarado, uno de sus amigos.
En esa noche de los aplausos, la gente se quemó las manos.
Sus interpretaciones van más allá de la simple relación de pareja y evocan otras sensaciones más profundas. "Vivimos una totalidad. No puedo dividir el amor de la política, por ejemplo. Porque amar es un acto político. No hago música reciclable. Procuro respetarme y respetar las relaciones que han generado esos temas.
"Igualmente pretendo que mis canciones las escuche todo el mundo. No creo en el público-meta. Al menos en este producto, el público meta es toda persona con sensibilidad."
A veces se parece a Silvio Rodríguez, pero tiene su propia voz, su sello personal. Alto y delgado, suele vestir de manera simple. Ropa holgada y una gorrita tan inseparable como su guitarra acústica. Sonrisa tímida. Mirada nítida. Sus admiradores –ellos y ellas– lo saludan festivos en los alrededores de la U. Esteban responde con un "¡pura vida!". Y desde el alma parece pedir disculpas. Sí, por la fama.
Lo que quiere es triunfar. Y lucha por ello.
Música Verdad infinita
Textos: Alberto Zúñiga. / Fotos: Archivo Intérprete: Esteban Monge.Texto publicado en la Revista Tiempo Libre, del periódico La Nación del jueves 3 de febrero de 2000.
A la venta en Sibú Producciones (tel. 253-2215), Librería Macondo (tel. 234-2681) y Librería Claraluna (tel. 283-9068).
Precio aproximado: ¢4.000.
Los tiempos que corren son buenos tiempos para los trovadores. Tienen todo el siglo pasado para cantarnos y contarnos lo que allí sucedió. Tienen todo un nuevo siglo para recordarnos lo que no sería conveniente olvidar. Con su guitarra, sus letras y su estatura emocional, Esteban Monge entra en el año 2000 con su primer diatriba sobre los sentimientos, la compañía, el amor, la creación y los sueños.
Lo hace a través de 14 canciones grabadas por Carlos Chaves en los estudios Sibú. Voz y guitarra, la fórmula más sencilla, más directa. Nos llega así el soplo de su influencia más obvia: la nueva trova (aunque ya no tanto). No es la primera vez que este movimiento influye en uno de nuestros cantautores, ni la última. Por eso, al margen de las comparaciones que surgirán cuando ustedes escuchen a Esteban, yo percibo que aquí tenemos un valioso material poético (tal vez no tanto en lo musical), que nos advierte sobre una manera de ver y sentir la vida.
Algunas de sus canciones son elegías a esta maraña de afecto, gozo y sinsabores que somos todos los que estamos aquí, en la vida. Recomiendo escuchar Buscándome, a dúo con Jorge Castro; A partir de cuando, texto que mira con lupa algunas entrañas; El Color de los sueños, una invitación a existir; Niño, un poema impresionante de Raymundo Pérez, y mi favorita, una canción que nos evoca algo esencial: que estamos hechos De material sensible.
Este disco compacto contó con la coproducción del Centro Cultural de España y Radio U. Ambas instituciones realizan grandes esfuerzos para promover la joven cultura nacional; por esto valdría la pena verlas más a menudo en producciones conjuntas. ¿Se podrá o ganará la burocracia?
© Esteban Monge, 2000