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CATORCE AÑOS DESPUES

Por los a�os de 1912, la revoluci�n hab�a hecho estragos en las m�s s�lidas fortunas del pa�s, y
las personas de vida acomodada, hab�an tenido que echar mano de cualquier trabajo, para
conseguir el sustento diario.
La numerosa familia del Padre Jovine, como le segu�an llamando
todos en el pueblo, no era la excepci�n, pues la floreciente farmacia que hab�a instalado, despues
de la perdida Parroquia y los c�nones de la Iglesia, estaba quebrada. En consecuencia, el
bondadoso Padre, acudi� al �ltimo recurso al que acudir�a un hombre de tan elevada moral;
instal� en la trastienda, una destiler�a de ron clandestina, un "alambique", pues descubri� que el
ron se vend�a mas que el sulfato, la quinina o el alcalivol�til, y que los lugare�os bien pod�an
pasar hambre o enfermedades, pero nunca prescindir del saborcito picante del ron.
Como buen napolitano, revivi� sus recuerdos casi olvidados, y fabric� ron de tres clases
diferentes: Fino y delicado, tal cual el buen vino, y en vez de uvas utiliz� pasas de las de cajita. El
segundo fue un ron fuerte, pero exquisito, aderezado con dos o tres gotas de benju�, y el tercero, el
ron puro, claro, ron de "los hombres bragaos", con algo de cler�n, una chispa de aj� picante, y un
chorrito de "pega_palo".
Comenz� a ganar buenos "duros" a la vez que entreten�a sus horas de soledad, pues Pompilia,
mujer de armas tomar, se decidi� por la compra-venta de toda clase de mercanc�as, y en su llegua
"LLama", ya bastante vieja como para pasear su caduca hermosa estampa, por las calles del
pueblo, enfundada en unos calzones de hombre, sombrero de alas anchas para cubrirse del sol,
fusta en mano y col�n al cinto, criolla do�a B�rbara, part�a de Las Matas, por intrincados
caminos, d�as van y d�as vienen, seguida por una "recua" de tres burros y dos forzudos negros que
la defender�an de los posibles asaltos en esas desoladas rutas, recorr�a quincenalmente estos
caminos, comprando y vendiendo, su mercanc�a a los campesinos o "pasando" alguna que otra
mercanc�a cara, por la frontera Dominica_haitiana, que siempre fue y sigue siendo, muy accesible
a esta clase de actividades, mientras, su esposo quedaba al cuidado de la casa, los ni�os y el
"alambique".
En los rojos atardeceres, el Padre, sol�a sentarse en la galer�a de la casa, meciendose en un
balanc�n de guano, gorra a cuadros engalanando su cabeza ya con algunas canas incipientes, y
rodeado de los hijos m�s peque�os de su numerosa prole, y de algunos vecinos �ntimos, degranaba
al fresco atardecer, alg�n �ria de Rigoletto, Pagliacci o A�da, con su bell�sima voz de bar�tono.
Cuando la revoluci�n se acercaba demasiado a la provincia, Pompilia, trocaba su sombrero de
alas anchas, por un apretado pa�uelo negro con el que envolv�a su larga cabellera, el col�n por
una carabina, y se dedicaba a servir de correo y surtir a los revolucionarios de comida, agua, o
municiones, seg�n las necesidades de la tropa, cual Adelita dominicana, hasta que se alejaba la
revoluci�n de esos parajes, la tranquilidad volv�a a reinar y surg�a de nuevo la mujer de negocios
n�mada y aventurera.
Tambi�n el Padre Jovine tomaba sus precauciones, cubria el alambique con bastante camuflage, y se
dedicaba de lleno a la farmacia, entre el doctor del pueblo, y �l y la maestrita, haciendo las veces de
enfermeros, asistian a alg�n que otro herido, pero las m�s de las veces, se pasaba horas y horas,
comentando la situaci�n pol�tica, con los entendidos del lugar, bebiendo caf�, y alg�n que otro
traguito de su incomparable ron fino.
�Viene Boca de Polvera!
�Viene Luis Felipe!
Al conjuro de estas voces, todo el pueblo se tranc� en sus casas, el contingente gubernamental
depuso sus armas, en el parque, y la tropa revolucionaria al mando del aguerrido General Vidal,
entr� francamente en el pueblo sin disparar un solo tiro.
El Cuartel General, se instal� en la casa del Padre Jovine, y Pompilia, que hac�a unos meses,
hab�a dado a luz una linda ni�a, deposit� a la beb� en su catrecito, y sali� a dar la bienvenida al
General Vidal, del cual era una buena amiga, y una gran admiradora.
El General, se encontraba
sentado en un taburete, sorbiendo una humeante taza de buen caf�, y cuando penetr� Pompilia a
la sala, absorviendolo todo con su personalidad, el General se incorpor� de un salto, y se
fundieron en un amistoso abrazo, dentro de un torbellino de consignas y vivas!
Inmediatamente se dispuso una op�para comida: el chivito guisado con tostones de pl�tano para el
General y su lugarteniente Antonio Ramirez y un buen sancocho de tres carnes y arroz blanco
para la tropa, que descansaba echados sobre la grama del patio de la casa, gustando de las
"champolas" o refrescos que les ofrec�an las muchachas del pueblo.
La espera por el fest�n transcurri� en animada conversaci�n, an�cdotas de batallas, y bromas,
cuando de pronto el General pregunt�:
- Caramba Pompilia, supe, que tienes una nueva damisela en la familia, y ni siquiera te has
dignado a present�rmela.
- Como no, mi General, enseguida la mando a traer.
Y mand� a la mayor de sus hijas, Blanca Aurora, de belleza inigualable, blanca como las nubes
de las altas monta�as de la Cordillera, cimbreante como las palmas de Vallejuelo y la cabellera
rubia dorada, como la cima del Monte Mijo, al sol del amanecer. Cuando Blanca lleg� con la
ni�a, Pompilia la tom� en sus brazos y se la mostr� al General:
- Mire, que linda es, se llama Adriana y va a casarse con usted...El general tom� a la ni�a y
alz�ndola sobre su cabeza dijo a la concurrencia con divertida voz
- Mirenla todos, esta ni�a ser� mi esposa...
Catorce a�os despues se cumpli� la promesa, hecha en broma, una tarde de febrero, cuando se
esperaba por la comida de toda una tropa de buenos revolucionarios.
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