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El V�a Crucis de Andresito (Segunda ca�da)

En ese tiempo, aunque los sucesos afectan mucho, y a veces, perduran, hay lapsus, que por la
propia juventud, distraen en ocasiones los malos recuerdos, como si la propia naturaleza
invernara por instinto, para que la ni�ez contin�e por la senda de sus vivencias...
A pesar de ese lapsus, de ese olvido c�clico, que mi mente organiz�, me vi un d�a, junto a otro
compa�ero de aula, pidiendole al cura que oficiaba en nuestro colegio, que nos escogiese alguna
vez de monaguillos para ayudarle en la misa. Debido a nuestra insistencia y no por su mejor
�nimo, por fin accedi� y nos se�al� como sus ayudantes para ese domingo.
La capilla se encontraba atestada de fieles y el cura, que generalmente ten�a "malas pulgas",
luc�a al auditorium su m�s amplia sonrisa y cuando nos acerc�bamos al Altar nos observaba
orgulloso; mi compa�ero y yo luc�amos soberbios con nuestras sotanas blancas con encajes,
que dejaban ver parte de los pantalones largos que nos permitieron usar ese d�a.
Nos sentiamos orgullosos doblemente: por ser monaguillos y por los pantalones de hombre;
y nuestras madres que no se permitieron perderse la ocasi�n, procuraron sentarse lo m�s cerca
posible para contemplarnos...
Todo marchaba perfectamente, hasta que lleg� el momento de la Consagraci�n. A m� me toc� ir por
las vinajeras de cristal, que sobre una bandejita de plata se exhib�an en una esquina del Altar.
�Qu� momento tan solemne! Me ergu� lo m�s que pude y avanz� sintiendome angel mensajero...
Tom� cuidadosamente el encargo Sagrado y d� la vuelta quedando frente a los fieles; mir� de
refil�n a mi madre que sonre�a extasiada y con mi tesoro de plata y cristal en las manos,
me dirig� a donde el cura que me esperaba para unir vinagre y vino y ofrendarlo como la sangre
de Cristo, al Alt�simo...
No s� si calcul� mal los tres escaloncitos; al �ltimo, pensando que ya no quedaban m�s, mi pi�,
calzado de charol negro y brillante, baj� como si fuera una piedra a un vac�o infinito...
todo se puso negro para m� en ese momento fat�dico y ca� de bruces sobre mi preciado tesoro,
que se estrell� contra el suelo con un tintineo de campanas de cristal y ratapl�n de plata!
Perd� moment�neamente la noci�n de las cosas (recurso de mi mente para el momento) y cuando
levant� la vista el cura "malas pulgas" me miraba airado y col�rico, echando chispas por los
ojos, que se clavaban metaf�ricamente sobre m� como pu�alitos de brazas de fuego...
Todo lo dem�s se borraba y volv�a como ola candente. Si logr� terminar de ayudar en la misa
�Gracias a Dios! lo he suprimido de mi recuerdo, pero a�n siento en mis rodillas los
pinchazos de los cristalitos quebrados de las vinajeras, que cuando me arrodillaba me herian
como sacrificio de la carne...
Jam�s intent� mis aspiracions de monaguillo, ni el cura lo hubiese consentido pu�s adem�s de
castigarme con 40 Padre Nuestros y 40 Avemarias todos los d�as por la ma�ana, me oblig� a
comprar las vinajeras, que resultaron bastantes caras, a lo que mi padre a�adi� un castigo
adicional.
Margarita
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