El V�a Crucis de Andresito (En tres ca�das)

Primera ca�da.
En los tiempos de mis once a�os, yo era un ni�o muy bello, pues adem�s de ser alto y espigado,
me ca�a el pelo rubio y fino sobre la frente, d�ndome un aspecto de golfillo que a las ni�as
volv�a locas.
Mi madre, siempre me manten�a muy limpito y bi�n vestido, con botitas de charol y pantal�n
almidonado.
Las ni�as que estudiaban en un convento que estaba frente a la casa de mis padres,
se reun�an en la acera formando grupos inquietos y bulliciosos, escudri�ando puertas y
ventanas para descubrir si yo me encontraba en la casa o si volv�a por las callesitas aleda�as.
Yo las espiaba por una brechita que hab�a agrandado en una de las ventanas
y si en los corrillos se encontraban las ni�as que me gustaban, entonces hac�a mi salida
triunfal hasta el p�rtico, todo aseadito y limpiesito, con el cabello sobre la frente,
y recost�ndome de la puerta me pon�a, muy despreocupadamente a hacer bailar mi trompo de
colores, lo cual ejecutaba con mucha maestr�a y con tan poco esfuerzo que no influ�a la tirada
del trompo, con la postura de gal�n de cine que hab�a adoptado en �se momento.
Pero en una temporada, las monjas decidieron ofrecer misa en una capillita del convento que
daba a la calle, para que los vecinos m�s pr�ximos pudieran asistir tambi�n.
Mi madre, se sinti� muy feliz, pu�s la Iglesia m�s cercana no le quedaba tan cerca y junto
con las otras vecinas, se hicieron asiduas a la capillita y asi, dec�a ella, pod�a llevarme
a m�, pu�s nunca me encontraba a tiempo para acompa�arla.
Si creen que me sent� molesto, se equivocan pues era una oportunidad de mezclarme con las ni�as,
y con un poco de suerte, hasta saludarles....
Ese domingo, me despert� tempranito, y cuando mi madre acudi� para vestirme, ya yo estaba de
"punta en blanco" y muy buenmozo, para ir a cumplir con el sacrificio de la misa, lo cu�l la
complaci� mucho.
La capilla estaba atiborrada de fieles, y las monjas, adem�s de los bancos, hab�an distribu�do
sillas para los ni�os que no tocaran asiento. Acompa�� a mi madre hasta su banco y r�pidamente
me dirij� a ocupar una de las sillas que se encontraba muy cerca del grupito de ni�as que m�s
me interesaba.
Al acercarme, todas las ni�as se pusieron en movimiento y comenzaron a darse codazos,
y a susurrarse secreticos, que luego celebraban con risitas contenidas... Ocup� mi asiento
sintiendome un "macho de hombre" y simul� como que me ensimismaba en la misa, pero de vez en
cuando, regalaba una mirada furtiva y una media sonrisita al grupito en cuesti�n.
Para parecer m�s atractivo (�cosas de ni�os!) met� los pies entre los tramos de la silla,
inclin�ndome hacia delante apretando mi misal, sobre las rodillas. Y � Bendito sea Dios! lleg�
un momento en que deb�a levantarme y entonces, por olvido o por apresuramiento, no saqu� a
tiempo los pi�s del entramado y...�PLAF! ca� de bruces cuan largo era, arrastrando en mi ca�da,
silla, misal y mi maltrecha dignidad...!

A�n hoy, despu�s de tantos a�os, sigo oyendo las risas y las palmadas de las ni�as que no
cesaban de celebrar mi desastroso debut en la misa del domingo.
Margarita