LA
PERLA DE GRAN PRECIO
SELECCIONES DEL LIBRO DE
MOISÉS
Capítulos:
1 2 3 4 5 6 7 8
Partes de la traducción de la Biblia cual fue revelada a José Smith
el Profeta, entre junio de 1830 y febrero de 1831.
CAPÍTULO 1
(Junio de 1830)
Dios se revela a Moisés—Éste es transfigurado—Moisés
tiene una confrontación con Satanás—Moisés ve muchos
mundos habitados—El Hijo ha creado mundos sin número—La obra
y la gloria de Dios es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.
1 LAS palabras de Dios, las cuales habló a Moisés en una ocasión
en que Moisés fue arrebatado a una montaña extremadamente alta,
2 y vio a Dios cara a cara, y habló con él, y la gloria de Dios
cubrió a Moisés; por lo tanto, Moisés pudo soportar su presencia.
3 Y Dios habló a Moisés, diciendo: He aquí, soy el Señor
Dios Omnipotente, y Sin Fin es mi nombre; porque soy sin principio de días
ni fin de años; ¿y no es esto sin fin?
4 He aquí, tú eres mi hijo; mira, pues, y te mostraré las
obras de mis manos; pero no todas, porque mis obras son sin fin, y también
mis palabras, porque jamás cesan.
5 Por consiguiente, ningún hombre puede contemplar todas mis obras sin
ver toda mi gloria; y ningún hombre puede ver toda mi gloria y después
permanecer en la carne sobre la tierra.
6 Y tengo una obra para ti, Moisés, hijo mío; y tú eres a
semejanza de mi Unigénito; y mi Unigénito es y será el Salvador,
porque es lleno de gracia y de verdad; pero aparte de mí no hay Dios, y
para mí todas las cosas están presentes, porque todas las conozco.
7 Y ahora bien, he aquí, te revelo sólo esto, Moisés, hijo
mío, porque tú estás en el mundo, y ahora te lo muestro.
8 Y aconteció que Moisés miró, y vio el mundo sobre el cual
fue creado; y vio Moisés el mundo y sus confines, y todos los hijos de
los hombres que son y que fueron creados, de lo cual grandemente se maravilló
y se asombró.
9 Y la presencia de Dios se apartó de Moisés, de modo que su gloria
ya no lo cubría; y Moisés quedó a solas; y al quedar a solas,
cayó a tierra.
10 Y sucedió que por el espacio de muchas horas Moisés no pudo recobrar
su fuerza natural según el hombre, y se dijo a sí mismo: Por esta
causa, ahora sé que el hombre no es nada, cosa que yo nunca me había
imaginado.
11 Pero ahora mis propios ojos han visto a Dios; pero no mis ojos naturales, sino
mis ojos espirituales; porque mis ojos naturales no hubieran podido ver; porque
habría desfallecido y me habría muerto en su presencia; mas su gloria
me cubrió, y vi su rostro, porque fui transfigurado delante de él.
12 Y aconteció que cuando Moisés hubo pronunciado estas palabras,
he aquí, Satanás vino para tentarlo, diciendo: Moisés, hijo
de hombre, adórame.
13 Y sucedió que Moisés miró a Satanás, y le dijo:
¿Quién eres tú? Porque, he aquí, yo soy un hijo de
Dios, a semejanza de su Unigénito. ¿Y dónde está tu
gloria, para que te adore?
14 Porque he aquí, no hubiera podido ver a Dios, a menos que su gloria
me hubiera cubierto y hubiera sido transfigurado ante él. Pero yo puedo
verte a ti según el hombre natural. ¿No es verdad esto?
15 Bendito sea el nombre de mi Dios, porque su Espíritu no se ha apartado
de mí por completo, y por otra parte, ¿dónde está
tu gloria?, porque para mí es tinieblas. Y puedo discernir entre tú
y Dios; pues él me dijo: Adora a Dios, porque a él sólo servirás.
16 Vete de aquí, Satanás; no me engañes; porque Dios me dijo:
Eres a semejanza de mi Unigénito.
17 Y también me dio mandamientos cuando me habló desde la zarza
que ardía, diciendo: Invoca a Dios en el nombre de mi Unigénito
y adórame.
18 Y añadió Moisés: No cesaré de clamar a Dios; tengo
otras cosas que preguntarle: porque su gloria ha estado sobre mí; por tanto,
puedo discernir entre tú y él. Retírate de aquí, Satanás.
19 Y cuando Moisés hubo pronunciado estas palabras, Satanás gritó
en alta voz y bramó sobre la tierra, y mandó y dijo: Yo soy el Unigénito,
adórame a mí.
20 Y aconteció que Moisés empezó a temer grandemente; y al
comenzar a temer, vio la amargura del infierno. No obstante, clamando a Dios,
recibió fuerza, y mandó, diciendo: Retírate de mí,
Satanás, porque sólo a este único Dios adoraré, el
cual es el Dios de gloria.
21 Y entonces Satanás comenzó a temblar, y se estremeció
la tierra; y Moisés recibió fuerza, e invocó a Dios, diciendo:
En el nombre del Unigénito, retírate de aquí, Satanás.
22 Y ocurrió que Satanás gritó en voz alta, con lloro, y
llanto, y crujir de dientes; y se apartó de allí, sí, de
la presencia de Moisés, de modo que no lo vio más.
23 Y Moisés dio testimonio de esto; pero no existe entre los hijos de los
hombres por motivo de la iniquidad.
24 Y cuando Satanás se hubo retirado de la presencia de Moisés,
sucedió que éste levantó los ojos al cielo, estando lleno
del Espíritu Santo, el cual da testimonio del Padre y del Hijo,
25 e invocando el nombre de Dios, de nuevo vio su gloria, porque lo cubrió;
y oyó una voz que decía: Bendito eres, Moisés, porque yo,
el Omnipotente, te he escogido, y serás más fuerte que muchas aguas,
porque éstas obedecerán tu mandato cual si fueses Dios.
26 Y he aquí, estoy contigo hasta el fin de tus días, porque librarás
de la servidumbre a mi pueblo, sí, a Israel mi escogido.
27 Y sucedió, mientras la voz aún hablaba, que Moisés fijó
los ojos y vio la tierra, sí, la vio toda; y no hubo partícula de
ella que no viese, discerniéndola por el Espíritu de Dios.
28 Y también vio a sus habitantes; y no hubo una sola alma que no viese;
y pudo discernirlos por el Espíritu de Dios; y grande era su número,
sí, incontables como las arenas sobre la playa del mar.
29 Y vio muchas regiones; y cada una se llamaba tierra, y había habitantes
sobre la faz de ellas.
30 Y sucedió que Moisés imploró a Dios, diciendo: Te ruego
que me digas ¿por qué son estas cosas así, y por qué
medio las hiciste?
31 Y he aquí, la gloria del Señor cubrió a Moisés,
de modo que Moisés estuvo en la presencia de Dios y habló con él
cara a cara. Y Dios el Señor le dijo a Moisés: Para mi propio fin
he hecho estas cosas. He aquí sabiduría, y en mí permanece.
32 Y las he creado por la palabra de mi poder, que es mi Hijo Unigénito,
lleno de gracia y de verdad.
33 Y he creado incontables mundos, y también los he creado para mi propio
fin; y por medio del Hijo, que es mi Unigénito, los he creado.
34 Y al primer hombre de todos los hombres he llamado Adán, que es muchos.
35 Pero sólo te doy un relato de esta tierra y sus habitantes. Porque he
aquí, hay muchos mundos que por la palabra de mi poder han dejado de ser.
Y hay muchos que hoy existen, y son incontables para el hombre; pero para mí
todas las cosas están contadas, porque son mías y las conozco.
36 Y aconteció que Moisés habló al Señor, diciendo:
Sé misericordioso para con tu siervo, oh Dios, y dime acerca de esta tierra
y sus habitantes, y también de los cielos; y entonces quedará conforme
tu siervo.
37 Y Dios el Señor habló a Moisés, diciendo: Los cielos son
muchos, y son innumerables para el hombre; pero para mí están contados,
porque son míos.
38 Y así como dejará de existir una tierra con sus cielos, así
aparecerá otra; y no tienen fin mis obras, ni tampoco mis palabras.
39 Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la
inmortalidad y la vida eterna del hombre.
40 Y ahora, Moisés, hijo mío, yo te hablaré acerca de esta
tierra, sobre la cual te hallas; y tú escribirás las cosas que yo
hablaré.
41 Y en el día en que los hijos de los hombres menosprecien mis palabras
y quiten muchas de ellas del libro que tú escribas, he aquí, levantaré
a otro semejante a ti, y de nuevo existirán entre los hijos de los hombres,
entre cuantos creyeren.
42 (Estas palabras le fueron declaradas a Moisés sobre el monte, el nombre
del cual no se sabrá entre los hijos de los hombres; y ahora te son declaradas
a ti. No las muestres a nadie sino a quienes creyeren. Así sea. Amén.)
CAPÍTULO 2
(De junio a octubre de 1830)
Dios crea los cielos y la tierra—Toda forma de vida es creada—Dios
hace al hombre y le da dominio sobre todo lo demás.
1 Y sucedió que el Señor habló a Moisés, diciendo:
He aquí, te revelo lo concerniente a este cielo y a esta tierra; escribe
las palabras que hablo. Soy el Principio y el Fin, el Dios Omnipotente; he creado
estas cosas por medio de mi Unigénito; sí, en el principio creé
los cielos y la tierra sobre la cual estás.
2 Y la tierra estaba sin forma, y vacía; y yo hice que la obscuridad viniera
sobre la haz del abismo; y mi Espíritu obraba sobre la faz del agua, porque
yo soy Dios.
3 Y yo, Dios, dije: Haya luz; y hubo luz.
4 Y yo, Dios, vi la luz, y que la luz era buena. Y yo, Dios, separé la
luz de las tinieblas.
5 Y yo, Dios, llamé a la luz Día, y a las tinieblas llamé
Noche; e hice esto por la palabra de mi poder, y fue hecho como yo mandé;
y fueron la tarde y la mañana el día primero.
6 Y otra vez yo, Dios, dije: Haya un firmamento en medio de las aguas; y fue hecho
tal como yo mandé; y dije: Separe aquél las aguas de las aguas;
y fue hecho;
7 y yo, Dios, hice el firmamento y separé las aguas; sí, las grandes
aguas debajo del firmamento, de las aguas que estaban sobre el firmamento; y fue
hecho tal como yo mandé.
8 Y yo, Dios, llamé al firmamento Cielo; y fueron la tarde y la mañana
el día segundo.
9 Y yo, Dios, dije: Júntense las aguas que están debajo del cielo
en un lugar, y así se hizo. Y yo, Dios, dije: Aparezca lo seco, y así
fue.
10 Y yo, Dios, llamé a lo seco Tierra, y al recogimiento de las aguas llamé
Mar; y yo, Dios, vi que todas las cosas que había hecho eran buenas.
11 Y yo, Dios, dije: Produzca la tierra pasto, la hierba que dé semilla,
el árbol frutal que produzca fruto, según su especie, y el árbol
que dé fruto, cuya semilla esté en sí sobre la tierra; y
fue hecho tal como yo mandé.
12 Y la tierra produjo pasto, toda hierba que da semilla según su especie,
y el árbol que produce fruto, cuya semilla habría de estar en él,
según su especie, y yo, Dios, vi que todas las cosas que había hecho
eran buenas;
13 y fueron la tarde y la mañana el día tercero.
14 Y yo, Dios, dije: Haya luces en el firmamento del cielo para separar el día
de la noche, y sean por señales, y por estaciones, y por días y
por años;
15 y sean por luces en el firmamento del cielo para alumbrar la tierra; y fue
hecho.
16 Y yo, Dios, hice dos grandes luminares, el luminar mayor para señorear
el día y el luminar menor para señorear la noche; y el luminar mayor
fue el sol y el luminar menor fue la luna; y también fueron hechas las
estrellas conforme a mi palabra.
17 Y yo, Dios, las coloqué en el firmamento del cielo para alumbrar la
tierra,
18 el sol para gobernar el día y la luna para gobernar la noche, y para
separar la luz de las tinieblas; y yo, Dios, vi que todas las cosas que había
hecho eran buenas;
19 y fueron la tarde y la mañana el día cuarto.
20 Y yo, Dios, dije: Produzcan abundantemente las aguas seres vivientes que se
muevan, y aves que vuelen sobre la tierra en el amplio firmamento del cielo.
21 Y yo, Dios, hice las grandes ballenas y todo ser viviente que se mueve, según
su especie, los cuales las aguas produjeron en abundancia, y toda ave alada, según
su especie; y yo, Dios, vi que todas las cosas que había creado eran buenas.
22 Y yo, Dios, los bendije, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y henchid las
aguas del mar; y multiplíquense las aves en la tierra;
23 y fueron la tarde y la mañana el día quinto.
24 Y yo, Dios, dije: Produzca la tierra seres vivientes según su especie:
el ganado, y lo que se arrastra, y las bestias de la tierra, según su género;
y fue hecho.
25 Y yo, Dios, hice las bestias de la tierra según su género, y
el ganado según su género, y todo lo que se arrastra sobre la tierra,
según su especie; y yo, Dios, vi que todas estas cosas eran buenas.
26 Y yo, Dios, dije a mi Unigénito, el cual fue conmigo desde el principio:
Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y fue hecho.
Y yo, Dios, dije: Tenga dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo,
sobre el ganado, sobre toda la tierra y sobre todo lo que se arrastra sobre la
tierra.
27 Y yo, Dios, creé al hombre a mi propia imagen, a imagen de mi Unigénito
lo creé; varón y hembra los creé.
28 Y yo, Dios, los bendije y díjeles: Fructificad y multiplicaos, henchid
la tierra y sojuzgadla; y tened dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves
del cielo, y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.
29 Y yo, Dios, le dije al hombre: He aquí, te he dado toda hierba que produce
semilla, que está sobre la faz de toda la tierra, y todo árbol en
el cual estará el fruto del árbol que produce semilla; a ti te será
por alimento.
30 Y a toda bestia del campo, y a toda ave del cielo, y a todo animal que se arrastra
sobre la tierra, a los que concedo vida, les será dada toda hierba limpia
por alimento; y fue hecho tal como yo mandé.
31 Y yo, Dios, vi todo lo que había hecho; y he aquí, todas las
cosas que yo había hecho eran buenas en gran manera; y fueron la tarde
y la mañana el día sexto.
CAPÍTULO 3
(De junio a octubre de 1830)
Dios creó todas las cosas espiritualmente antes que existieran físicamente
sobre la tierra—Es creado el primer hombre y la primera carne—La mujer
es una ayuda idónea para el hombre.
1 Así se terminaron el cielo y la tierra y todas sus huestes.
2 Y en el día séptimo yo, Dios, acabé mi obra y todas las
cosas que había hecho; y descansé el día séptimo de
toda mi obra, y todas las cosas que yo había hecho quedaron terminadas;
y yo, Dios, vi que eran buenas;
3 y yo, Dios, bendije el día séptimo y lo santifiqué, por
motivo de que en él había reposado de toda la obra que yo, Dios,
había creado y hecho.
4 Y ahora bien, he aquí, te digo que éstos son los orígenes
del cielo y de la tierra, cuando fueron creados, el día en que yo, Dios
el Señor, hice el cielo y la tierra;
5 y toda planta del campo antes que existiese en la tierra, y toda hierba del
campo antes que creciese. Porque yo, Dios el Señor, creé espiritualmente
todas las cosas de que he hablado, antes que existiesen físicamente sobre
la faz de la tierra. Pues yo, Dios el Señor, no había hecho llover
sobre la faz de la tierra. Y yo, Dios el Señor, había creado a todos
los hijos de los hombres; y no había hombre todavía para que labrase
la tierra; porque los había creado en el cielo; y aún no había
carne sobre la tierra, ni en el agua, ni en el aire;
6 mas yo, Dios el Señor, hablé, y subió de la tierra un vapor,
y regó toda la superficie de la tierra.
7 Y yo, Dios el Señor, formé al hombre del polvo de la tierra, y
soplé en su nariz el aliento de vida; y el hombre fue alma viviente, la
primera carne sobre la tierra, también el primer hombre; sin embargo, todas
las cosas fueron creadas con anterioridad; pero fueron creadas espiritualmente
y hechas conforme a mi palabra.
8 Y yo, Dios el Señor, planté un jardín hacia el oriente
en Edén, y allí puse al hombre que había formado.
9 Y de la tierra, yo, Dios el Señor, hice crecer físicamente todo
árbol que es agradable a la vista del hombre; y el hombre podía
verlos. Y también se tornaron en almas vivientes. Porque eran espirituales
el día en que los creé; pues permanecen en la esfera en que yo,
Dios, los creé, sí, todas las cosas que preparé para el uso
del hombre; y éste vio que eran buenas como alimento. Y yo, Dios el Señor,
también planté el árbol de la vida en medio del jardín,
y asimismo el árbol de la ciencia del bien y del mal.
10 Y yo, Dios el Señor, hice que saliera un río del Edén
para regar el jardín; y de allí se repartía en cuatro brazos.
11 Y yo, Dios el Señor, di al primero el nombre de Pisón, el cual
cerca toda la tierra de Havila, donde yo, Dios el Señor, había creado
mucho oro;
12 y el oro de aquella tierra era bueno, y había bedelio y ónice.
13 Y el nombre del segundo río era Gihón, el mismo que rodea toda
la tierra de Etiopía.
14 Y el nombre del tercer río era Hidekel; y éste corre hacia el
oriente de Asiria; y el cuarto río era el Eufrates.
15 Y yo, Dios el Señor, tomé al hombre y lo puse en el Jardín
de Edén para que lo cultivara y lo guardara.
16 Y yo, Dios el Señor, le di mandamiento al hombre, diciendo: De todo
árbol del jardín podrás comer libremente,
17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás. No
obstante, podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido;
pero recuerda que yo lo prohíbo, porque el día en que de él
comieres, de cierto morirás.
18 Y yo, Dios el Señor, dije a mi Unigénito que no era bueno que
el hombre estuviese solo; por consiguiente, le haré una ayuda idónea
para él.
19 Y de la tierra, yo, Dios el Señor, formé a toda bestia del campo
y a toda ave del cielo; y mandé que fuesen a Adán para ver qué
nombre les daría; y también fueron almas vivientes, porque yo, Dios
el Señor, soplé en ellos el aliento de vida; y mandé que
lo que Adán llamara a todo ser viviente, tal fuese su nombre.
20 Y Adán dio nombre a todo el ganado, a las aves del cielo y a toda bestia
del campo; pero en cuanto a Adán, no se encontró ayuda idónea
para él.
21 Y yo, Dios el Señor, hice que cayera un sueño profundo sobre
Adán, y durmió; y tomé una de sus costillas y cerré
la carne en su lugar;
22 y de la costilla que yo, Dios el Señor, había tomado del hombre,
hice una mujer y la traje al hombre.
23 Y Adán dijo: Ahora sé que ésta es hueso de mis huesos
y carne de mi carne; Varona se llamará, porque del varón fue tomada.
24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará
a su mujer; y serán una sola carne.
25 Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.
CAPÍTULO 4
(De junio a octubre de 1830)
Cómo Satanás llegó a ser el diablo—Satanás tienta
a Eva—Caen Adán y Eva, y la muerte entra en el mundo.
1 Y yo, Dios el Señor, le hablé a Moisés, diciendo: Ese Satanás,
a quien tú has mandado en el nombre de mi Unigénito, es el mismo
que existió desde el principio; y vino ante mí, diciendo: Heme aquí,
envíame a mí. Seré tu hijo y redimiré a todo el género
humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré;
dame, pues, tu honra.
2 Pero, he aquí, mi Hijo Amado, que fue mi Amado y mi Escogido desde el
principio, me dijo: Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para
siempre.
3 Pues, por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, y
pretendió destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor,
le había dado, y que también le diera mi propio poder, hice que
fuese echado abajo por el poder de mi Unigénito;
4 y llegó a ser Satanás, sí, el diablo, el padre de todas
las mentiras, para engañar y cegar a los hombres y llevarlos cautivos según
la voluntad de él, sí, a cuantos no quieran escuchar mi voz.
5 Ahora bien, la serpiente era más astuta que cualquiera de las bestias
del campo que yo, Dios el Señor, había hecho.
6 Y Satanás incitó el corazón de la serpiente (porque se
había llevado a muchos en pos de él), y procuró también
engañar a Eva, porque no conocía la mente de Dios, de manera que
procuraba destruir el mundo.
7 Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios ha dicho: No comeréis de todo
árbol del jardín? (Y hablaba por boca de la serpiente.)
8 Y la mujer dijo a la serpiente: Podemos comer del fruto de los árboles
del jardín;
9 mas en cuanto al fruto del árbol que ves en medio del jardín,
Dios ha dicho: No comeréis de él, ni lo tocaréis, no sea
que muráis.
10 Y la serpiente dijo a la mujer: De cierto no moriréis;
11 pues Dios sabe que el día en que de él comiereis se abrirán
vuestros ojos, y seréis como dioses, conociendo el bien y el mal.
12 Y cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que se había
vuelto agradable a los ojos, y un árbol deseable para darle sabiduría,
tomó ella de su fruto y comió, y dio también a su marido,
y él comió con ella.
13 Y fueron abiertos los ojos de ambos, y se dieron cuenta de que habían
estado desnudos. Y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales.
14 Y oyeron la voz de Dios el Señor, mientras se paseaban en el jardín
al fresco del día, y Adán y su mujer fueron a esconderse de la presencia
de Dios el Señor entre los árboles del jardín.
15 Y yo, Dios el Señor, llamé a Adán, y le dije: ¿A
dónde vas?
16 Y él respondió: Oí tu voz en el jardín y tuve miedo,
porque vi que estaba desnudo, y me escondí.
17 Y yo, Dios el Señor, dije a Adán: ¿Quién te ha
dicho que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te mandé
no comer, pues de hacerlo de cierto morirías?
18 Y el hombre dijo: La mujer que tú me diste, y mandaste que permaneciese
conmigo, me dio del fruto del árbol, y yo comí.
19 Y yo, Dios el Señor, dije a la mujer: ¿Qué es esto que
has hecho? Y la mujer respondió: La serpiente me engañó,
y yo comí.
20 Y a la serpiente, yo, Dios el Señor, dije: Por cuanto has hecho esto,
maldita serás sobre todo el ganado y sobre toda bestia del campo. Sobre
tu vientre te arrastrarás y polvo comerás todos los días
de tu vida;
21 y pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu simiente y la
de ella; y él te herirá la cabeza, y tú le herirás
el calcañar.
22 A la mujer, yo, Dios el Señor dije: Multiplicaré en gran manera
tus dolores en tus preñeces. Con dolor darás a luz los hijos, y
tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará
de ti;
23 y a Adán, yo, Dios el Señor, dije: Por haber escuchado la voz
de tu mujer y comido del fruto del árbol del cual te mandé, diciendo:
No comerás de él, maldita será la tierra por tu causa; con
dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
24 Espinas también, y cardos te producirá, y comerás la hierba
del campo.
25 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra
—pues de cierto morirás— porque de ella fuiste tomado: pues
polvo eras, y al polvo has de volver.
26 Y Adán llamó Eva a su mujer, por cuanto ella fue la madre de
todos los vivientes; porque así yo, Dios el Señor, he llamado a
la primera de todas las mujeres, que son muchas.
27 Y yo, Dios el Señor, hice túnicas de pieles para Adán
y también para su mujer, y los vestí.
28 Y yo, Dios el Señor, dije a mi Unigénito: He aquí, el
hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal; y ahora,
no sea que extienda su mano y tome también del árbol de la vida,
y coma y viva para siempre,
29 por tanto, yo, Dios el Señor, lo sacaré del Jardín de
Edén para que labre la tierra de la cual fue tomado;
30 porque vivo yo, dice Dios el Señor, que no se han de frustrar mis palabras,
pues tal como salen de mi boca tendrán que ser cumplidas.
31 De modo que expulsé al hombre, y coloqué al oriente del Jardín
de Edén querubines y una espada encendida, la cual daba vueltas por todos
lados, para guardar el camino del árbol de la vida.
32 (Y éstas son las palabras que hablé a mi siervo Moisés;
y son verdaderas conforme a mi voluntad; y te las he declarado. Mira que no las
muestres a hombre alguno, salvo a los que crean, hasta que yo te lo mande. Amén.)
CAPÍTULO 5
(De junio a octubre de 1830)
Adán y Eva tienen hijos—Adán ofrece sacrificios y sirve a
Dios—Nacen Caín y Abel—Caín se rebela, ama a Satanás
más que a Dios y llega a ser Perdición—Se multiplican el asesinato
y la iniquidad—Se predica el evangelio desde el principio.
1 Y sucedió que, después que yo, Dios el Señor, los hube
expulsado, Adán empezó a cultivar la tierra, y a ejercer dominio
sobre todas las bestias del campo, y a comer su pan con el sudor de su rostro,
como yo, el Señor, le había mandado; y Eva, su esposa, también
se afanaba con él.
2 Y Adán conoció a su esposa, y de ella le nacieron hijos e hijas,
y empezaron a multiplicarse y a henchir la tierra.
3 Y de allí en adelante los hijos e hijas de Adán empezaron a separarse
de dos en dos en la tierra, y a cultivarla y a cuidar rebaños; y también
ellos engendraron hijos e hijas.
4 Y Adán y Eva, su esposa, invocaron el nombre del Señor, y oyeron
la voz del Señor que les hablaba en dirección del Jardín
de Edén, y no lo vieron, porque se encontraban excluidos de su presencia.
5 Y les dio mandamientos de que adorasen al Señor su Dios y ofreciesen
las primicias de sus rebaños como ofrenda al Señor. Y Adán
fue obediente a los mandamientos del Señor.
6 Y después de muchos días, un ángel del Señor se
apareció a Adán y le dijo: ¿Por qué ofreces sacrificios
al Señor? Y Adán le contestó: No sé, sino que el Señor
me lo mandó.
7 Entonces el ángel le habló, diciendo: Esto es una semejanza del
sacrificio del Unigénito del Padre, el cual es lleno de gracia y de verdad.
8 Por consiguiente, harás todo cuanto hicieres en el nombre del Hijo, y
te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre
jamás.
9 Y en ese día descendió sobre Adán el Espíritu Santo,
que da testimonio del Padre y del Hijo, diciendo: Soy el Unigénito del
Padre desde el principio, desde ahora y para siempre, para que así como
has caído puedas ser redimido; y también todo el género humano,
sí, cuantos quieran.
10 Y Adán bendijo a Dios en ese día y fue lleno, y empezó
a profetizar concerniente a todas las familias de la tierra, diciendo: Bendito
sea el nombre de Dios, pues a causa de mi transgresión se han abierto mis
ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne de nuevo veré a
Dios.
11 Y Eva, su esposa, oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo:
De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido
posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el
gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los
que son obedientes.
12 Y Adán y Eva bendijeron el nombre de Dios, e hicieron saber todas las
cosas a sus hijos e hijas.
13 Y Satanás vino entre ellos, diciendo: Yo también soy un hijo
de Dios; y les mandó, y dijo: No lo creáis; y no lo creyeron, y
amaron a Satanás más que a Dios. Y desde ese tiempo los hombres
empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos.
14 Y Dios el Señor llamó a los hombres en todas partes, por el Espíritu
Santo, y les mandó que se arrepintiesen;
15 y cuantos creyeran en el Hijo, y se arrepintieran de sus pecados, serían
salvos; y cuantos no creyeran ni se arrepintieran, serían condenados; y
las palabras salieron de la boca de Dios como firme decreto; por consiguiente,
se cumplirán.
16 Y Adán y Eva, su esposa, no cesaron de invocar a Dios. Y Adán
conoció a Eva, su esposa, y ella concibió y dio a luz a Caín,
y dijo: He adquirido un varón del Señor; por tanto, tal vez éste
no rechace sus palabras. Mas he aquí, Caín no escuchó, y
decía: ¿Quién es el Señor, para que tenga que conocerlo?
17 Y concibió ella de nuevo y dio a luz a Abel, su hermano; y él
escuchó la voz del Señor. Y Abel era pastor de ovejas, mas Caín
labraba la tierra.
18 Y Caín amó a Satanás más que a Dios. Y Satanás
le mandó, diciendo: Haz una ofrenda al Señor.
19 Y con el transcurso del tiempo, sucedió que Caín trajo al Señor
una ofrenda del fruto de la tierra.
20 Y Abel también trajo de las primicias de su rebaño, y de su grosura.
Y el Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda;
21 mas no miró con agrado a Caín y su ofrenda. Ahora bien, Satanás
sabía esto, y se alegró. Y Caín se ensañó en
gran manera, y decayó su semblante.
22 Y el Señor le dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado?
¿Por qué ha decaído tu semblante?
23 Si haces lo bueno, serás aceptado; y si no haces lo bueno, el pecado
está a la puerta, y Satanás desea poseerte; y a menos que escuches
mis mandamientos, te entregaré, y será hecho contigo según
la voluntad de él. Y tú te enseñorearás de él,
24 porque desde ahora en adelante tú serás el padre de sus mentiras;
serás llamado Perdición; porque también tú existías
antes que el mundo.
25 Y se dirá en tiempos venideros que estas abominaciones procedieron de
Caín, porque rechazó el consejo mayor que venía de Dios;
y ésta es una maldición que pondré sobre ti, a menos que
te arrepientas.
26 Y Caín se encolerizó, y no escuchó más la voz del
Señor, ni a Abel, su hermano, el cual andaba en santidad delante del Señor.
27 Y Adán y su esposa se lamentaban ante el Señor por causa de Caín
y sus hermanos.
28 Y aconteció que Caín tomó por esposa a una de las hijas
de sus hermanos, y amaron a Satanás más que a Dios.
29 Y Satanás le dijo a Caín: Júrame por tu garganta, y si
lo revelas morirás; y juramenta a tus hermanos por sus cabezas y por el
Dios viviente, a fin de que no lo digan, porque si lo revelan, de seguro morirán;
y esto para que tu padre no lo sepa; y este día entregaré a tu hermano
Abel en tus manos.
30 Y Satanás juró a Caín que obraría de acuerdo con
sus mandatos. Y todas estas cosas se hicieron en secreto.
31 Y Caín dijo: Verdaderamente yo soy Mahán, el maestro de este
gran secreto, a fin de que yo pueda asesinar y obtener lucro. Por tanto, Caín
fue llamado Maestro Mahán, y se gloriaba de su iniquidad.
32 Y Caín salió al campo y habló con Abel, su hermano. Y
aconteció que mientras estaban en el campo, Caín se levantó
contra Abel, su hermano, y lo mató.
33 Y Caín se glorió de lo que había hecho, diciendo: Estoy
libre; seguramente los rebaños de mi hermano caerán en mis manos.
34 Y el Señor le dijo a Caín: ¿Dónde está Abel,
tu hermano? Y él contestó: No sé. ¿Soy yo guarda de
mi hermano?
35 Y el Señor le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre
de tu hermano clama a mí desde la tierra.
36 Y ahora maldito serás de la tierra que abrió su boca para recibir
de mano tuya la sangre de tu hermano.
37 Cuando labres la tierra no te dará su fuerza de aquí en adelante.
Fugitivo y vagabundo serás en la tierra.
38 Y Caín dijo al Señor: Satanás me tentó a causa
de los rebaños de mi hermano. Y también estaba yo con saña,
porque aceptaste su ofrenda y la mía no; mi castigo es más de lo
que puedo soportar.
39 He aquí, me echas hoy de ante la faz del Señor, y de tu presencia
quedaré escondido; y seré fugitivo y vagabundo en la tierra; y sucederá
que cualquiera que me encuentre me matará por causa de mis iniquidades,
porque estas cosas no se ocultan del Señor.
40 Y yo, el Señor, le dije: Quienquiera que te mate, siete veces se tomará
en él la venganza. Y yo, el Señor, puse una marca sobre Caín,
para que no lo matara cualquiera que lo hallase.
41 Y Caín fue desterrado de la presencia del Señor, y con su mujer
y muchos de sus hermanos habitó en la tierra de Nod, al oriente de Edén.
42 Y Caín conoció a su esposa, la cual concibió y dio a luz
a Enoc, y engendró, además, a muchos hijos e hijas. Y edificó
una ciudad, y dio a la ciudad el nombre de su hijo Enoc.
43 Y a Enoc le nacieron Irad y otros hijos e hijas. E Irad engendró a Mehujael
y a otros hijos e hijas. Y Mehujael engendró a Metusael y a otros hijos
e hijas. Y Metusael engendró a Lamec.
44 Y Lamec tomó para sí dos esposas; el nombre de una era Ada, y
el de la otra, Zila.
45 Y Ada dio a luz a Jabal, que fue el padre de los que habitan en tiendas; y
éstos criaban ganado; y el nombre de su hermano fue Jubal, padre de todos
los que tocan el arpa y el órgano.
46 Y también Zila dio a luz a Tubal Caín, maestro de todo artífice
en bronce y hierro. Y la hermana de Tubal Caín se llamaba Naama.
47 Y Lamec dijo a sus mujeres Ada y Zila: Oíd mi voz, mujeres de Lamec,
escuchad mis palabras; porque a un hombre he dado muerte para mi perjuicio, y
a un mancebo para mi daño.
48 Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec en verdad lo será
setenta y siete veces;
49 porque Lamec había hecho un convenio con Satanás, a la manera
de Caín, por lo que él llegó a ser Maestro Mahán,
dueño del gran secreto que Satanás administró a Caín;
e Irad, hijo de Enoc, habiendo descubierto el secreto de ellos, empezó
a divulgarlo entre los hijos de Adán;
50 por lo que Lamec, lleno de ira, lo mató; no como Caín a su hermano
Abel, con el fin de obtener lucro, sino por causa del juramento.
51 Porque desde los días de Caín hubo una combinación secreta,
y hacían sus obras en la obscuridad, y conocía cada cual a su hermano.
52 Por tanto, el Señor maldijo a Lamec y a su casa, y a todos los que habían
hecho convenio con Satanás, porque no guardaron los mandamientos de Dios
y desagradó esto a Dios y no los ministró; y sus obras eran abominaciones,
y empezaron a esparcirse entre todos los hijos de los hombres. Y esto estaba entre
los hijos de los hombres.
53 Y entre las hijas de los hombres no se hablaba de estas cosas, porque Lamec
había divulgado el secreto a sus mujeres; y ellas se rebelaron en contra
de él, y declararon estas cosas por todos lados, y no tuvieron compasión;
54 de manera que Lamec fue despreciado y desterrado; y no iba entre los hijos
de los hombres, por temor de morir.
55 Y así empezaron a prevalecer las obras de tinieblas entre todos los
hijos de los hombres.
56 Y Dios maldijo la tierra con penosa maldición; y se llenó de
ira contra los inicuos, contra todos los hijos de los hombres que había
creado;
57 porque no querían escuchar su voz, ni creer en su Hijo Unigénito,
aquel que él declaró que vendría en el meridiano de los tiempos,
que fue preparado desde antes de la fundación del mundo.
58 Y así se empezó a predicar el evangelio desde el principio, siendo
declarado por santos ángeles enviados de la presencia de Dios, y por su
propia voz, y por el don del Espíritu Santo.
59 Y así se le confirmaron todas las cosas a Adán mediante una santa
ordenanza; y se predicó el evangelio, y se proclamó un decreto de
que estaría en el mundo hasta su fin; y así fue. Amén.
CAPÍTULO 6
(De noviembre a diciembre de 1830)
Los de la posteridad de Adán llevan un libro de memorias—Los justos
de su posteridad predican el arrepentimiento—Dios se revela a Enoc—Enoc
predica el evangelio—El plan de salvación se reveló a Adán—Este
recibió el bautismo y el sacerdocio.
1 Y adán escuchó la voz de Dios, y exhortó a sus hijos a
que se arrepintieran.
2 Y Adán conoció de nuevo a su esposa, la cual dio a luz un hijo,
y él le dio el nombre de Set. Y Adán glorificó el nombre
de Dios, porque dijo: Dios me ha designado otra descendencia en vez de Abel, a
quien Caín mató.
3 Y Dios se reveló a Set, el cual no fue rebelde, sino que ofreció
un sacrificio aceptable, como lo hizo su hermano Abel. Y también a él
le nació un hijo, y lo llamó Enós.
4 Entonces empezaron estos hombres a invocar el nombre del Señor, y el
Señor los bendijo;
5 y se llevaba un libro de memorias, en el cual se escribía en el lenguaje
de Adán, porque a cuantos invocaban a Dios les era concedido escribir por
el espíritu de inspiración;
6 y poseyendo un lenguaje puro y sin mezcla, enseñaban a sus hijos a leer
y a escribir.
7 Ahora bien, este mismo Sacerdocio que existió en el principio, existirá
también en el fin del mundo.
8 Adán declaró esta profecía al ser inspirado por el Espíritu
Santo, y se guardaba una genealogía de los hijos de Dios. Y éste
era el libro de las generaciones de Adán, y decía: El día
en que Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo hizo;
9 a imagen de su propio cuerpo, varón y hembra los creó, y los bendijo
y les dio a ellos el nombre de Adán, el día en que fueron creados,
y llegaron a ser almas vivientes en la tierra sobre el estrado de los pies de
Dios.
10 Y Adán vivió ciento treinta años, y engendró un
hijo a su propia imagen y semejanza, y llamó su nombre Set.
11 Y fueron los días de Adán, después de engendrar a Set,
ochocientos años, y engendró muchos hijos e hijas;
12 y fueron todos los días que Adán vivió novecientos treinta
años, y murió.
13 Set vivió ciento cinco años, y engendró a Enós,
y profetizó todos sus días y enseñó a su hijo Enós
conforme a las vías de Dios; por tanto, Enós también profetizó.
14 Y vivió Set, después de engendrar a Enós, ochocientos
siete años, y engendró muchos hijos e hijas.
15 Y los hijos de los hombres eran muchos sobre toda la faz de la tierra. Y en
aquellos días Satanás ejercía gran dominio entre los hombres
y agitaba sus corazones a la ira; y desde entonces hubo guerras y derramamiento
de sangre; y buscando poder, el hombre levantaba su mano en contra de su propio
hermano para darle la muerte, por causa de las obras secretas.
16 Y todos los días de Set fueron novecientos doce años, y murió.
17 Enós vivió noventa años, y engendró a Cainán;
y Enós y el resto del pueblo de Dios salieron de la tierra que se llamaba
Shulón y habitaron en una tierra prometida, a la cual él dio el
nombre de su propio hijo, a quien había llamado Cainán;
18 y después de engendrar a Cainán, Enós vivió ochocientos
quince años, y engendró muchos hijos e hijas. Y todos los días
de Enós fueron novecientos cinco años, y murió.
19 Cainán vivió setenta años, y engendró a Mahalaleel;
y vivió Cainán, después que engendró a Mahalaleel,
ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos
los días de Cainán novecientos diez años, y murió.
20 Mahalaleel vivió sesenta y cinco años, y engendró a Jared,
y después de engendrar a Jared, vivió ochocientos treinta años,
y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Mahalaleel
ochocientos noventa y cinco años, y murió.
21 Jared vivió ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc;
y vivió Jared ochocientos años después de engendrar a Enoc,
y engendró hijos e hijas. Y Jared instruyó a Enoc en todas las vías
de Dios.
22 Y ésta es la genealogía de los hijos de Adán, que fue
el hijo de Dios, con el cual Dios mismo conversó.
23 Y fueron predicadores de rectitud; y hablaron, profetizaron y exhortaron a
todos los hombres, en todas partes, a que se arrepintieran; y se enseñó
la fe a los hijos de los hombres.
24 Sucedió, pues, que todos los días de Jared fueron novecientos
sesenta y dos años, y murió.
25 Y Enoc vivió sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén.
26 Y aconteció que Enoc viajaba por la tierra, entre el pueblo, y mientras
viajaba, el Espíritu de Dios descendió del cielo y reposó
sobre él.
27 Y oyó una voz del cielo que decía: Enoc, hijo mío, profetiza
a los de este pueblo y diles: Arrepentíos, porque así dice el Señor:
Estoy enojado contra este pueblo, y mi furiosa ira está encendida en contra
de ellos, pues se han endurecido sus corazones, y sus oídos se han entorpecido,
y sus ojos no pueden ver lejos;
28 y durante estas muchas generaciones, desde el día en que los creé,
se han desviado, y me han negado y buscado sus propios consejos en las tinieblas;
y en sus propias abominaciones han ideado el asesinato, y no han guardado los
mandamientos que yo di a su padre Adán.
29 Por consiguiente, se han juramentado entre sí, y a causa de sus propios
juramentos han traído la muerte sobre sí mismos; y tengo preparado
un infierno para ellos, si no se arrepienten;
30 y éste es un decreto que he enviado, de mi propia boca, desde el principio
del mundo, desde la fundación de éste; y lo he decretado por boca
de mis siervos, tus padres, tal como ha de ser enviado al mundo, hasta sus confines.
31 Y cuando Enoc oyó estas palabras, se humilló a tierra ante el
Señor, y habló ante él, diciendo: ¿Por qué
he hallado gracia ante tu vista, si no soy más que un jovenzuelo, y toda
la gente me desprecia, por cuanto soy tardo en el habla; por qué soy tu
siervo?
32 Y el Señor dijo a Enoc: Ve y haz lo que te he mandado, y ningún
hombre te herirá. Abre tu boca y se llenará, y yo te daré
poder para expresarte, porque toda carne está en mis manos, y haré
conforme bien me parezca.
33 Di a este pueblo: Elegid hoy servir a Dios el Señor que os hizo.
34 He aquí, mi Espíritu reposa sobre ti; por consiguiente, justificaré
todas tus palabras; y las montañas huirán de tu presencia, y los
ríos se desviarán de su cauce; y tú permanecerás en
mí, y yo en ti; por tanto, anda conmigo.
35 Y el Señor habló a Enoc y le dijo: Úntate los ojos con
barro, y lávatelos, y verás. Y Enoc lo hizo.
36 Y vio los espíritus que Dios había creado; y también vio
cosas que el ojo natural no percibe; y desde entonces se esparció este
dicho por la tierra: El Señor ha levantado un vidente a su pueblo.
37 Y sucedió que Enoc salió por la tierra, entre el pueblo, y subía
a las colinas y a los lugares altos y clamaba en voz alta, testificando en contra
de sus obras; y todos los hombres se ofendían por causa de él.
38 Y salían a escucharlo, en los lugares altos, y decían a los que
guardaban las tiendas: Quedaos aquí y cuidad las tiendas mientras vamos
allá para ver al vidente, porque profetiza, y hay una cosa extraña
en la tierra; ha venido un demente entre nosotros.
39 Y aconteció que cuando lo oyeron, ninguno puso las manos en él,
porque el temor se apoderó de todos los que lo oían; porque andaba
con Dios.
40 Y vino a él un hombre llamado Mahíjah, y le dijo: Dinos claramente
quién eres, y de dónde vienes.
41 Y él les contestó: Vine de la tierra de Cainán, tierra
de mis padres, una tierra de rectitud hasta el día de hoy. Mi padre me
instruyó en todas las vías de Dios;
42 y aconteció que mientras yo venía de la tierra de Cainán,
por el mar del oriente, vi una visión; y he aquí, vi los cielos,
y el Señor habló conmigo y me dio un mandamiento; de modo que, por
esta causa hablo estas palabras a fin de cumplir el mandamiento.
43 Y Enoc continuó sus palabras, diciendo: El Señor que habló
conmigo es el Dios del cielo; y es mi Dios y vuestro Dios, y vosotros sois mis
hermanos; y ¿por qué os aconsejáis vosotros mismos y negáis
al Dios del cielo?
44 Él hizo los cielos; la tierra es el estrado de sus pies; y suyo es el
fundamento de ella. He aquí, él la estableció, y ha traído
una hueste de hombres sobre la faz de ella.
45 Y la muerte ha venido sobre nuestros padres; no obstante, los conocemos, y
no podemos negar, y conocemos aun el primero de todos, sí, Adán.
46 Porque hemos escrito un libro de memorias entre nosotros, de acuerdo con el
modelo dado por el dedo de Dios; y se ha dado en nuestro propio idioma.
47 Y al hablar Enoc las palabras de Dios, la gente tembló y no pudo estar
en su presencia.
48 Y él les dijo: Por motivo de que Adán cayó, nosotros existimos;
y por su caída vino la muerte; y somos hechos partícipes de miseria
y angustia.
49 He aquí, Satanás viene entre los hijos de los hombres, y los
tienta para que lo adoren; y los hombres se han vuelto carnales, sensuales y diabólicos,
y se hallan desterrados de la presencia de Dios.
50 Mas Dios ha hecho saber a nuestros padres que es preciso que todos los hombres
se arrepientan.
51 Y por su propia voz llamó a nuestro padre Adán, diciendo: Yo
soy Dios; yo hice el mundo y a los hombres antes que existiesen en la carne.
52 Y también le dijo: Si te vuelves a mí y escuchas mi voz, y crees
y te arrepientes de todas tus transgresiones, y te bautizas en el agua, en el
nombre de mi Hijo Unigénito, lleno de gracia y de verdad, el cual es Jesucristo,
el único nombre que se dará debajo del cielo mediante el cual vendrá
la salvación a los hijos de los hombres, recibirás el don del Espíritu
Santo, pidiendo todas las cosas en su nombre, y te será dado cuanto tú
pidieres.
53 Y nuestro padre Adán habló al Señor, y dijo: ¿Por
qué es necesario que los hombres se arrepientan y se bauticen en el agua?
Y el Señor le contestó: He aquí, te he perdonado tu transgresión
en el Jardín de Edén.
54 De allí que se extendió entre el pueblo el dicho: Que el Hijo
de Dios ha expiado la transgresión original, por lo que los pecados de
los padres no pueden recaer sobre la cabeza de los niños, porque éstos
son limpios desde la fundación del mundo.
55 Y el Señor habló a Adán, diciendo: Por cuanto se conciben
tus hijos en pecado, de igual manera, cuando empiezan a crecer, el pecado nace
en sus corazones, y prueban lo amargo para saber apreciar lo bueno.
56 Y les es concedido discernir el bien del mal; de modo que, son sus propios
agentes, y otra ley y mandamiento te he dado.
57 Enséñalo, pues, a tus hijos, que es preciso que todos los hombres,
en todas partes, se arrepientan, o de ninguna manera heredarán el reino
de Dios, porque ninguna cosa inmunda puede morar allí, ni morar en su presencia;
porque en el lenguaje de Adán, su nombre es Hombre de Santidad, y el nombre
de su Unigénito es el Hijo del Hombre, sí, Jesucristo, un justo
Juez que vendrá en el meridiano de los tiempos.
58 Por tanto, te doy el mandamiento de enseñar estas cosas sin reserva
a tus hijos, diciendo:
59 Que por causa de la transgresión viene la caída, la cual trae
la muerte; y como habéis nacido en el mundo mediante el agua, y la sangre,
y el espíritu que yo he hecho, y así del polvo habéis llegado
a ser alma viviente, así igualmente tendréis que nacer otra vez
en el reino de los cielos, del agua y del Espíritu, y ser purificados por
sangre, a saber, la sangre de mi Unigénito, para que seáis santificados
de todo pecado y gocéis de las palabras de vida eterna en este mundo, y
la vida eterna en el mundo venidero, sí, gloria inmortal;
60 porque por el agua guardáis el mandamiento; por el Espíritu sois
justificados; y por la sangre sois santificados;
61 de manera que se da para que permanezca en vosotros; el testimonio del cielo;
el Consolador; las cosas pacíficas de la gloria inmortal; la verdad de
todas las cosas; lo que vivifica todas las cosas; lo que conoce todas las cosas
y tiene todo poder de acuerdo con la sabiduría, la misericordia, verdad,
justicia y juicio.
62 Y ahora bien, he aquí, ahora te digo: Éste es el plan de salvación
para todos los hombres, mediante la sangre de mi Unigénito, el cual vendrá
en el meridiano de los tiempos.
63 Y he aquí, todas las cosas tienen su semejanza, y se han creado y hecho
todas las cosas para que den testimonio de mí; tanto las que son temporales,
como las que son espirituales; cosas que hay arriba en los cielos, cosas que están
sobre la tierra, cosas que están en la tierra y cosas que están
debajo de la tierra, tanto arriba como abajo; todas las cosas testifican de mí.
64 Y cuando el Señor hubo hablado con Adán, nuestro padre, sucedió
que Adán clamó al Señor, y lo arrebató el Espíritu
del Señor, y fue llevado al agua, y sumergido en el agua, y sacado del
agua.
65 Y de esta manera fue bautizado, y el Espíritu de Dios descendió
sobre él, y así nació del Espíritu, y fue vivificado
en el hombre interior.
66 Y oyó una voz del cielo que decía: Eres bautizado con fuego y
con el Espíritu Santo. Éste es el testimonio del Padre y del Hijo,
desde ahora y para siempre;
67 y eres según el orden de aquel que fue sin principio de días
ni fin de años, de eternidad en eternidad.
68 He aquí, eres uno en mí, un hijo de Dios; y así todos
pueden llegar a ser mis hijos. Amén.
CAPÍTULO 7
(Diciembre de 1830)
Enoc instruye y dirige al pueblo, y mueve montañas—Se establece la
ciudad de Sión—Enoc prevé la venida del Hijo del Hombre, su
sacrificio expiatorio y la resurrección de los santos—Prevé
la Restauración, el Recogimiento, la Segunda Venida y el regreso de Sión.
1 Y sucedió que Enoc continuó sus palabras, diciendo: He aquí,
nuestro padre Adán enseñó estas cosas, y muchos han creído
y han llegado a ser hijos de Dios; y muchos no han creído y han perecido
en sus pecados, y con temor esperan, atormentados, que se derrame sobre ellos
la ardiente indignación de la ira de Dios.
2 Y de allí en adelante Enoc empezó a profetizar, diciendo al pueblo:
Mientras viajaba y me hallaba en el lugar llamado Mahújah, clamé
al Señor, y vino una voz de los cielos que decía: Vuélvete
y asciende al monte de Simeón.
3 Y aconteció que me volví y subí al monte; y mientras estaba
en el monte, vi abrirse los cielos y fui revestido de gloria;
4 y vi al Señor; y estaba ante mi faz, y habló conmigo, así
como un hombre habla con otro, cara a cara; y me dijo: Mira, y te mostraré
el mundo por el espacio de muchas generaciones.
5 Y he aquí, aconteció que vi en el valle de Shum un pueblo numeroso
que habitaba en tiendas, el cual era el pueblo de Shum.
6 Y otra vez me dijo el Señor: Mira; y miré hacia el norte y vi
al pueblo de Canaán, que vivía en tiendas.
7 Y el Señor me dijo: Profetiza; y yo profeticé, diciendo: He aquí,
el pueblo de Canaán, que es numeroso, saldrá a la batalla contra
el pueblo de Shum y lo matará hasta destruirlo por completo; y el pueblo
de Canaán se repartirá sobre la tierra, y la tierra será
estéril e infecunda y ningún otro pueblo vivirá allí
sino el de Canaán;
8 porque he aquí, el Señor maldecirá la tierra con mucho
calor, y su esterilidad continuará para siempre; y vino un color obscuro
sobre todos los hijos de Canaán, de modo que fueron despreciados entre
toda gente.
9 Y sucedió que el Señor me dijo: Mira; y miré y vi la tierra
de Sarón, y la tierra de Enoc, y la tierra de Omner, y la tierra de Heni,
y la tierra de Sem, y la tierra de Haner, y la tierra de Hannanníah, y
a todos sus habitantes;
10 y el Señor me dijo: Ve a los de este pueblo y diles: Arrepentíos,
no sea que yo venga y los hiera con una maldición, y perezcan.
11 Y me dio el mandamiento de bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, lleno
de gracia y de verdad, y del Espíritu Santo, que da testimonio del Padre
y del Hijo.
12 Y sucedió que Enoc continuó llamando a todo pueblo al arrepentimiento,
salvo al pueblo de Canaán;
13 y tan grande fue la fe de Enoc que dirigió al pueblo de Dios, y sus
enemigos salieron a la batalla contra ellos; y él habló la palabra
del Señor, y tembló la tierra, y huyeron las montañas, de
acuerdo con su mandato; y los ríos de agua se desviaron de su cauce, y
se oyó el rugido de los leones en el desierto; y todas las naciones temieron
en gran manera, por ser tan poderosa la palabra de Enoc, y tan grande el poder
de la palabra que Dios le había dado.
14 También salió una tierra de la profundidad del mar, y fue tan
grande el temor de los enemigos del pueblo de Dios, que huyeron y se apartaron
lejos y se fueron a la tierra que salió de lo profundo del mar.
15 Y los gigantes de la tierra también se quedaron lejos; y cayó
una maldición sobre todo el pueblo que pugnaba contra Dios;
16 y de allí en adelante hubo guerras y derramamiento de sangre entre ellos;
mas el Señor vino y habitó con su pueblo, y moraron en rectitud.
17 El temor del Señor cayó sobre todas las naciones, por ser tan
grande la gloria del Señor que cubría a su pueblo. Y el Señor
bendijo la tierra, y los de su pueblo fueron bendecidos sobre las montañas
y en los lugares altos, y prosperaron.
18 Y el Señor llamó SIÓN a su pueblo, porque eran uno en
corazón y voluntad, y vivían en rectitud; y no había pobres
entre ellos.
19 Y Enoc continuó su predicación en justicia al pueblo de Dios.
Y aconteció que en sus días él edificó una ciudad
que se llamó la Ciudad de Santidad, a saber, SIÓN.
20 Y aconteció que Enoc habló con el Señor, y le dijo: Ciertamente
Sión morará segura para siempre. Mas el Señor le dijo a Enoc:
He bendecido a Sión, pero he maldecido al resto de la gente.
21 Y aconteció que el Señor le mostró a Enoc todos los habitantes
de la tierra; y vio, y he aquí, con el transcurso del tiempo, Sión
fue llevada al cielo. Y el Señor dijo a Enoc: He allí mi morada
para siempre.
22 Y Enoc también vio al resto de los del pueblo, que eran los hijos de
Adán; y eran una mezcla de toda la descendencia de Adán, salvo la
de Caín, porque los de la posteridad de Caín eran negros, y no tenían
cabida entre ellos.
23 Y después que Sión fue llevada al cielo, Enoc miró; y
he aquí, todas las naciones de la tierra estaban delante de él;
24 y una generación sucedía a otra; y Enoc fue enaltecido y elevado
hasta el seno del Padre y del Hijo del Hombre; y he aquí, el poder de Satanás
se extendía sobre toda la faz de la tierra.
25 Y vio que descendían ángeles del cielo; y oyó una voz
fuerte que decía: ¡Ay! ¡Ay de los habitantes de la tierra!
26 Y vio a Satanás; y éste tenía en su mano una cadena grande
que cubrió de obscuridad toda la faz de la tierra; y miró hacia
arriba, y se rió, y sus ángeles se alegraron.
27 Y Enoc vio que descendían ángeles del cielo, dando testimonio
del Padre y del Hijo; y el Espíritu Santo cayó sobre muchos, y fueron
arrebatados hasta Sión por los poderes del cielo.
28 Y aconteció que el Dios del cielo miró al resto del pueblo, y
lloró, y Enoc dio testimonio de ello, diciendo: ¿Por qué
lloran los cielos, y derraman sus lágrimas como la lluvia sobre las montañas?
29 Y dijo Enoc al Señor: ¿Cómo es posible que tú llores,
si eres santo, y de eternidad en eternidad?
30 Y si fuera posible que el hombre pudiese contar las partículas de la
tierra, sí, de millones de tierras como ésta, no sería ni
el principio del número de tus creaciones; y tus cortinas aún están
desplegadas; y tú todavía estás allí, y tu seno está
allí; y también eres justo; eres misericordioso y benévolo
para siempre;
31 y de todas tus creaciones has tomado a Sión a tu propio seno, de eternidad
en eternidad; y nada sino paz, justicia y verdad es la habitación de tu
trono; y la misericordia irá delante de tu faz y no tendrá fin;
¿cómo es posible que llores?
32 El Señor dijo a Enoc: He allí a éstos, tus hermanos; son
la obra de mis propias manos, y les di su conocimiento el día en que los
creé; y en el Jardín de Edén le di al hombre su albedrío;
33 y a tus hermanos he dicho, y también he dado mandamiento, que se amen
el uno al otro, y que me prefieran a mí, su Padre, mas he aquí,
no tienen afecto y aborrecen su propia sangre;
34 y el fuego de mi indignación está encendido en su contra; y en
mi intenso desagrado enviaré los diluvios sobre ellos, porque mi furiosa
ira está encendida en contra de ellos.
35 He aquí, yo soy Dios; Hombre de Santidad es mi nombre; Varón
de Consejo me llamo; y Sin Fin y Eterno es también mi nombre.
36 Por consiguiente, puedo extender mis manos y abarcar todas las creaciones que
he hecho; y mi ojo las puede traspasar también, y de entre toda la obra
de mis manos jamás ha habido tan grande iniquidad como entre tus hermanos.
37 Mas he aquí, sus pecados caerán sobre la cabeza de sus padres.
Satanás será su padre, y miseria su destino; y todos los cielos
llorarán sobre ellos, sí, toda la obra de mis manos; por tanto,
¿no han de llorar los cielos, viendo que éstos han de sufrir?
38 Mas he aquí, éstos que tus ojos ven morirán en los diluvios;
y he aquí, los encerraré; he preparado una prisión para ellos.
39 Y Aquel a quien he escogido ha abogado ante mi faz. Por consiguiente, él
padece por los pecados de ellos, si es que se arrepienten el día en que
mi Elegido vuelva a mí, y hasta ese día se verán atormentados.
40 Por esto, pues, llorarán los cielos, sí, y toda la obra de mis
manos.
41 Y aconteció que el Señor le habló a Enoc, y le declaró
todos los hechos de los hijos de los hombres; por lo que Enoc supo, y vio las
abominaciones y la miseria de ellos, y lloró y extendió sus brazos,
y se ensanchó su corazón como la anchura de la eternidad; y se conmovieron
sus entrañas; y toda la eternidad tembló.
42 Y Enoc también vio a Noé y a su familia; que la posteridad de
todos los hijos de Noé se salvaría con una salvación temporal;
43 por tanto, Enoc vio que Noé construyó un arca; y que el Señor
estuvo complacido con ella, y la sostuvo con su propia mano; pero las aguas descendieron
sobre el resto de los inicuos y los tragaron.
44 Y al ver esto, Enoc sintió amargura dentro de su alma, y lloró
por sus hermanos, y dijo a los cielos: No seré consolado; mas el Señor
le dijo: Anímese tu corazón, regocíjate y mira.
45 Y aconteció que Enoc miró; y desde Noé vio a todas las
familias de la tierra; y clamó al Señor, diciendo: ¿Cuándo
vendrá el día del Señor? ¿Cuándo será
derramada la sangre del Justo, a fin de que todos los que lloran sean santificados
y tengan vida eterna?
46 Y el Señor dijo: Será en el meridiano de los tiempos, en los
días de iniquidad y venganza.
47 Y he aquí, Enoc vio el día de la venida del Hijo del Hombre en
la carne; y se regocijó su alma, y dijo: El Justo es levantado, e inmolado
es el Cordero desde la fundación del mundo; y por medio de la fe estoy
en el seno del Padre, y he aquí, Sión está conmigo.
48 Y sucedió que Enoc miró a la tierra; y oyó que venía
una voz de sus entrañas, y decía: ¡Ay, ay de mí, la
madre de los hombres! ¡Estoy afligida, estoy fatigada por causa de la iniquidad
de mis hijos! ¿Cuándo descansaré y quedaré limpia
de la impureza que de mí ha salido? ¿Cuándo me santificará
mi Creador para que yo descanse, y more la justicia sobre mi faz por un tiempo?
49 Y cuando Enoc oyó que la tierra se lamentaba, lloró y clamó
al Señor, diciendo: Oh Señor, ¿no tendrás compasión
de la tierra? ¿No bendecirás a los hijos de Noé?
50 Y sucedió que Enoc continuó su clamor al Señor, diciendo:
Te ruego, oh Señor, en el nombre de tu Unigénito, que es Jesucristo,
que tengas misericordia de Noé y su descendencia, para que las aguas nunca
más vuelvan a cubrir la tierra.
51 Y el Señor no pudo resistir; e hizo convenio con Enoc, y le juró
con juramento que detendría las aguas; que visitaría a los hijos
de Noé;
52 y expidió un decreto inalterable de que un resto de su descendencia
siempre se hallaría entre todas las naciones, mientras permaneciese la
tierra;
53 y el Señor dijo: Bendito es aquel por medio de cuya descendencia vendrá
el Mesías; porque él dice: Yo soy el Mesías, el Rey de Sión,
la Roca del Cielo, que es extensa como la eternidad; quien entre por la puerta
y suba por medio de mí, jamás caerá; por tanto, benditos
son aquellos de quienes he hablado, porque vendrán con canciones de gozo
sempiterno.
54 Y sucedió que Enoc clamó al Señor, diciendo: ¿Descansará
la tierra cuando el Hijo del Hombre venga en la carne? Te ruego me muestres estas
cosas.
55 Y dijo el Señor a Enoc: Mira; y mirando, vio que el Hijo del Hombre
era levantado sobre la cruz, a la manera de los hombres;
56 y oyó una fuerte voz; y fueron cubiertos los cielos; y todas las creaciones
de Dios lloraron; y la tierra gimió; y se hicieron pedazos los peñascos;
y se levantaron los santos y fueron coronados a la diestra del Hijo del Hombre
con coronas de gloria;
57 y salieron cuantos espíritus se hallaban en la prisión, y se
pusieron a la diestra de Dios; y el resto quedó en cadenas de tinieblas
hasta el juicio del gran día.
58 Y Enoc lloró otra vez y clamó al Señor, diciendo: ¿Cuándo
descansará la tierra?
59 Y Enoc vio al Hijo del Hombre ascender al Padre, y se dirigió al Señor,
diciendo: ¿No vendrás otra vez a la tierra? Por cuanto eres Dios,
y te conozco, y me has jurado, y me mandaste que pidiera en el nombre de tu Unigénito;
tú me has creado y me has dado derecho a tu trono, y no de mí mismo,
sino mediante tu propia gracia; por consiguiente, te pregunto si no volverás
otra vez a la tierra.
60 Y el Señor dijo a Enoc: Vivo yo que vendré en los últimos
días, en los días de iniquidad y venganza, para cumplir el juramento
que te hice concerniente a los hijos de Noé;
61 y llegará el día en que descansará la tierra, pero antes
de ese día se obscurecerán los cielos, y un manto de tinieblas cubrirá
la tierra; y temblarán los cielos así como la tierra; y habrá
grandes tribulaciones entre los hijos de los hombres, mas preservaré a
mi pueblo;
62 y justicia enviaré desde los cielos; y la verdad haré brotar
de la tierra para testificar de mi Unigénito, de su resurrección
de entre los muertos, sí, y también de la resurrección de
todos los hombres; y haré que la justicia y la verdad inunden la tierra
como con un diluvio, a fin de recoger a mis escogidos de las cuatro partes de
la tierra a un lugar que yo prepararé, una Ciudad Santa, a fin de que mi
pueblo ciña sus lomos y espere el tiempo de mi venida; porque allí
estará mi tabernáculo, y se llamará Sión, una Nueva
Jerusalén.
63 Y el Señor dijo a Enoc: Entonces tú y toda tu ciudad los recibiréis
allí, y los recibiremos en nuestro seno, y ellos nos verán; y nos
echaremos sobre su cuello, y ellos sobre el nuestro, y nos besaremos unos a otros;
64 y allí será mi morada, y será Sión, la cual saldrá
de todas las creaciones que he hecho; y por el espacio de mil años la tierra
descansará.
65 Y aconteció que Enoc vio el día de la venida del Hijo del Hombre,
en los últimos días, para morar en rectitud sobre la tierra por
el espacio de mil años;
66 pero antes de ese día vio grandes tribulaciones entre los inicuos; y
también vio que el mar se agitaba y que desfallecía el corazón
de los hombres mientras esperaban con temor los juicios del Dios Todopoderoso
que habrían de sobrevenir a los inicuos.
67 Y el Señor le mostró a Enoc todas las cosas, aun hasta el fin
del mundo; y vio el día de los justos, la hora de su redención;
y recibió una plenitud de gozo;
68 y fueron todos los días de Sión, en la época de Enoc,
trescientos sesenta y cinco años.
69 Y Enoc y todo su pueblo anduvieron con Dios, y él moró en medio
de Sión; y aconteció que Sión no fue más, porque Dios
la llevó a su propio seno, y desde entonces se extendió el dicho:
SIÓN HA HUIDO.
CAPÍTULO 8
(Febrero de 1831)
Matusalén profetiza—Noé y sus hijos predican el evangelio—Prevalece
una gran iniquidad—No se hace caso del llamado al arrepentimiento—Dios
decreta la destrucción de toda carne por medio del Diluvio.
1 Y fueron todos los días de Enoc cuatrocientos treinta años.
2 Y sucedió que Matusalén, el hijo de Enoc, no fue llevado, a fin
de que se cumplieran los convenios que el Señor había hecho con
Enoc, porque él verdaderamente hizo convenio con Enoc de que Noé
procedería del fruto de sus lomos.
3 Y sucedió que Matusalén profetizó que de sus lomos nacerían
todos los reinos de la tierra (mediante Noé), y se atribuyó la gloria
a sí mismo.
4 Y vino sobre la tierra un hambre muy grave, y el Señor maldijo la tierra
con penosa maldición, y muchos de sus habitantes perecieron.
5 Y aconteció que Matusalén vivió ciento ochenta y siete
años, y engendró a Lamec;
6 y después de engendrar a Lamec, vivió Matusalén setecientos
ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas;
7 y fueron todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve
años, y murió.
8 Lamec vivió ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo,
9 y le puso por nombre Noé, diciendo: Este hijo nos consolará en
cuanto a nuestro afán y el trabajo de nuestras manos, por causa de la tierra
que el Señor ha maldecido.
10 Y vivió Lamec, después de engendrar a Noé, quinientos
noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas.
11 y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años,
y murió.
12 Y Noé tenía cuatrocientos cincuenta años, y engendró
a Jafet; y cuarenta y dos años después, engendró a Sem de
la que fue la madre de Jafet, y a la edad de quinientos años, engendró
a Cam.
13 Y Noé y sus hijos escucharon al Señor, y obedecieron, y se les
llamó los hijos de Dios.
14 Y cuando estos hombres empezaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra,
y les nacieron hijas, los hijos de los hombres vieron que estas hijas eran bellas,
y tomaron para sí esposas, según su elección.
15 Y el Señor dijo a Noé: Las hijas de tus hijos se han vendido;
por lo que, he aquí, mi ira está encendida en contra de los hijos
de los hombres, porque no quieren escuchar mi voz.
16 Y aconteció que Noé profetizó y enseñó las
cosas de Dios, aun como fue en el principio.
17 Y el Señor dijo a Noé: No luchará mi Espíritu con
el hombre para siempre, porque él ha de saber que toda carne morirá;
sin embargo, serán sus días ciento veinte años, y si los
hombres no se arrepienten, mandaré las aguas sobre ellos.
18 Y en aquellos días había gigantes sobre la tierra, y buscaron
a Noé para quitarle la vida; mas el Señor fue con Noé, y
el poder del Señor reposó sobre él.
19 Y el Señor ordenó a Noé según su propio orden,
y le mandó que saliese a declarar su evangelio a los hijos de los hombres,
tal como fue dado a Enoc.
20 Y aconteció que Noé exhortó a los hijos de los hombres
a que se arrepintieran; pero no hicieron caso de sus palabras;
21 y también, después de haberlo escuchado, vinieron ante él,
diciendo: He aquí, nosotros somos los hijos de Dios; ¿no hemos tomado
para nosotros a las hijas de los hombres? ¿No estamos comiendo, bebiendo,
y casándonos y dando en casamiento? Nuestras esposas nos dan hijos y éstos
son hombres poderosos, semejantes a los hombres de la antigüedad, varones
de gran renombre. Y no hicieron caso de las palabras de Noé.
22 Y Dios vio que la iniquidad de los hombres se había hecho grande en
la tierra; y que todo hombre se ensoberbecía con el designio de los pensamientos
de su corazón, siendo continuamente perversos.
23 Y sucedió que Noé continuó su predicación al pueblo,
diciendo: Escuchad y dad oído a mis palabras;
24 creed y arrepentíos de vuestros pecados y bautizaos en el nombre de
Jesucristo, el Hijo de Dios, tal como nuestros padres, y recibiréis el
Espíritu Santo, a fin de que se os manifiesten todas las cosas; y si no
hacéis esto, las aguas vendrán sobre vosotros. Sin embargo, no escucharon.
25 Y le pesó a Noé, y se afligió su corazón de que
el Señor hubiese formado al hombre sobre la tierra, y se apesadumbró
su corazón.
26 Y el Señor dijo: Raeré al hombre que he creado de sobre la faz
de la tierra, tanto hombre como bestia, y lo que se arrastra, y las aves del cielo,
pues le pesa a Noé que yo los haya creado y hecho; y me ha invocado, porque
han intentado quitarle la vida.
27 Y así Noé halló gracia ante los ojos del Señor;
porque Noé fue un hombre justo y perfecto en su generación; y anduvo
con Dios, así como sus tres hijos, Sem, Cam y Jafet.
28 La tierra se corrompió delante de Dios, y se llenó de violencia.
29 Y miró Dios la tierra; y he aquí, estaba corrompida, porque toda
carne había corrompido su camino sobre la tierra.
30 Y dijo Dios a Noé: Ha llegado para mí el fin de toda carne, porque
la tierra está llena de violencia; y he aquí, destruiré a
toda carne de sobre la tierra.