El Libro de Abraham
TRADUCIDO DEL PAPIRO POR JOSÉ SMITH
Capítulos:
1 2 3 4 5
Una traducción de unos anales antiguos que han llegado a nuestras manos
procedentes de las catacumbas de Egipto. Los escritos de Abraham mientras se hallaba
en Egipto, llamado el Libro de Abraham; fue escrito de su propia mano en papiro.
(History of the Church, 2:235–236, 348–351.)
CAPÍTULO 1
Abraham busca las bendiciones del orden patriarcal—Es perseguido, en Caldea,
por sacerdotes falsos—Jehová lo salva—Se hace una reseña
de los orígenes de Egipto y del gobierno de éste.
1 EN la tierra de los caldeos, en la morada de mi padre, yo, Abraham, vi que me
era necesario buscar otro lugar donde morar;
2 y hallando que había mayor felicidad, paz y reposo para mí, busqué
las bendiciones de los padres, y el derecho al cual yo debía ser ordenado,
a fin de administrarlas; habiendo sido yo mismo seguidor de la rectitud, deseando
también ser el poseedor de gran conocimiento, y ser un seguidor más
fiel de la rectitud, y lograr un conocimiento mayor, y ser padre de muchas naciones,
un príncipe de paz, y anhelando recibir instrucciones y guardar los mandamientos
de Dios, llegué a ser un heredero legítimo, un Sumo Sacerdote, poseedor
del derecho que pertenecía a los patriarcas.
3 Me fue conferido de los padres; descendió de los padres, desde que comenzó
el tiempo, sí, aun desde el principio, o sea, antes de la fundación
de la tierra hasta el tiempo presente, a saber, el derecho del primogénito,
o sea, del primer hombre, el cual es Adán, nuestro primer padre, y por
conducto de los padres hasta mí.
4 Busqué mi nombramiento en el sacerdocio conforme al nombramiento de Dios
a los padres en lo que atañe a la descendencia.
5 Habiéndose apartado mis padres de su rectitud y de los santos mandamientos
que el Señor su Dios les había dado, y habiéndose entregado
a la adoración de los ídolos de los paganos, se negaron por completo
a escuchar mi voz;
6 porque sus corazones estaban resueltos a hacer lo malo, y se habían entregado
completamente al dios de Elkénah, y al dios de Líbnah, al dios de
Mahmáckrah, al dios de Korash y al dios de Faraón, rey de Egipto;
7 de modo que, tornaron sus corazones al sacrificio de los paganos, ofreciendo
sus hijos a sus ídolos mudos, y no escucharon mi voz, sino que trataron
de quitarme la vida por mano del sacerdote de Elkénah. El sacerdote de
Elkénah era también el sacerdote de Faraón.
8 En este tiempo era costumbre del sacerdote de Faraón, rey de Egipto,
ofrecer hombres, mujeres y niños como sacrificio a estos dioses extraños,
sobre el altar que se había construido en la tierra de Caldea.
9 Y sucedió que el sacerdote ofreció un sacrificio al dios de Faraón,
y también al dios de Shagreel, a la manera de los egipcios. El dios de
Shagreel era el sol.
10 Y hasta un niño ofreció el sacerdote de Faraón, como ofrenda
de gratitud, sobre el altar que se hallaba junto a la colina llamada la colina
de Potifar, a la cabecera de la planicie de Olishem.
11 Ahora bien, en cierta ocasión, este sacerdote había sacrificado
a tres vírgenes, hijas de Onítah, uno de los de linaje real directamente
de los lomos de Cam. Sacrificaron a estas vírgenes por motivo de su virtud;
no quisieron postrarse para adorar dioses de madera ni de piedra; por consiguiente,
les quitaron la vida sobre este altar, y se hizo según la manera de los
egipcios.
12 Y sucedió que los sacerdotes me tomaron por la fuerza, a fin de matarme
a mí también, como lo hicieron con aquellas vírgenes sobre
este altar; y para que tengáis una idea de este altar, os referiré
a la representación que se encuentra al principio de este relato.
13 Estaba hecho en forma de cama, semejante a las que se usaban entre los caldeos,
y se hallaba ante los dioses de Elkénah, Líbnah, Mahmáckrah,
Korash y también un dios parecido al de Faraón, rey de Egipto.
14 Para que entendáis cómo eran estos dioses, os he hecho una representación
de ellos en las figuras que se encuentran al principio, tipo de figuras que los
caldeos llaman Rahleenos, que significa jeroglíficos.
15 Y al levantar sus manos contra mí para sacrificarme y quitarme la vida,
he aquí, elevé mi voz al Señor mi Dios, y el Señor
escuchó y oyó, y me llenó con la visión del Todopoderoso,
y el ángel de su presencia se puso a mi lado e inmediatamente soltó
mis ligaduras;
16 y me habló su voz: Abraham, Abraham, he aquí, Jehová es
mi nombre, y te he oído, y he descendido para librarte y llevarte de la
casa de tu padre y de toda tu parentela a una tierra extraña de la cual
nada sabes;
17 y esto por causa de que han apartado sus corazones de mí para adorar
al dios de Elkénah, y al dios de Líbnah, y al dios de Mahmáckrah,
y al dios de Korash, y al dios de Faraón, rey de Egipto; por tanto, he
descendido para visitarlos y destruir a aquel que ha levantado su mano contra
ti, Abraham, hijo mío, para quitarte la vida.
18 He aquí, con mi mano te conduciré, y te llevaré para poner
sobre ti mi nombre, sí, el sacerdocio de tu padre, y mi poder descansará
sobre ti.
19 Cual fue con Noé, tal será contigo; pero mediante tu ministerio
se conocerá mi nombre en la tierra para siempre, porque yo soy tu Dios.
20 He aquí, la colina de Potifar se hallaba en la tierra de Ur de los caldeos.
Y el Señor derribó el altar de Elkénah y de los dioses de
la tierra, y los destruyó por completo, e hirió al sacerdote de
modo que murió; y hubo gran luto en Caldea y también en la corte
de Faraón; y Faraón significa rey por sangre real.
21 Este rey de Egipto era descendiente de los lomos de Cam y por nacimiento era
de la sangre de los cananeos.
22 De esta descendencia nacieron todos los egipcios, y así se conservó
la sangre de los cananeos en la tierra.
23 La tierra de Egipto fue descubierta primeramente por una mujer que era hija
de Cam e hija de Egyptus, que en caldeo significa Egipto, y quiere decir aquello
que está prohibido.
24 Cuando esta mujer la descubrió, la tierra se hallaba inundada, y más
tarde estableció a sus hijos allí; y así nació de
Cam la raza que conservó la maldición sobre la tierra.
25 Ahora, Faraón, el hijo mayor de Egyptus, hija de Cam, estableció
el primer gobierno de Egipto, y fue a semejanza del gobierno de Cam, el cual era
patriarcal.
26 Faraón, siendo un hombre justo, estableció su reino y juzgó
prudente y rectamente a su pueblo todos sus días, tratando sinceramente
de imitar el orden que los padres establecieron en las primeras generaciones,
en los días del primer reinado patriarcal, sí, en el reinado de
Adán y también de Noé, su padre, quien lo bendijo con las
bendiciones de la tierra y con las bendiciones de sabiduría, mas lo maldijo
en cuanto al sacerdocio.
27 Siendo, pues, Faraón de ese linaje que le impedía poseer el derecho
del sacerdocio, aun cuando los Faraones de buena gana lo habrían reclamado
de Noé, por el linaje de Cam, resultó que mi padre fue descarriado
por la idolatría de ellos;
28 pero de aquí en adelante procuraré delinear la cronología
que se remonta desde mí hasta el principio de la creación, porque
han llegado a mis manos los anales que tengo hasta el día de hoy.
29 Y después que el sacerdote de Elkénah fue herido y murió,
se cumplieron las cosas que me fueron dichas con respecto a la tierra de Caldea,
de que habría hambre en la tierra.
30 De modo que prevaleció el hambre por toda la tierra de Caldea, y mi
padre se vio atormentado gravemente por causa del hambre, y se arrepintió
del mal que había resuelto en contra de mí para quitarme la vida.
31 Pero el Señor mi Dios preservó en mis propias manos los anales
de los padres, sí, los patriarcas, concernientes al derecho del sacerdocio;
por tanto, he guardado hasta el día de hoy el conocimiento del principio
de la creación, y también de los planetas y de las estrellas, tal
como se dio a conocer a los patriarcas; y trataré de escribir algunas de
estas cosas en este relato para el beneficio de mi posteridad que vendrá
después de mí.
CAPÍTULO 2
Abraham sale de Ur para trasladarse a Canaán—Jehová se le
aparece en Harán—Todas las bendiciones del evangelio se prometen
a su descendencia y, por medio de su descendencia, a todos—Llega a Canaán
y sigue hasta Egipto.
1 Ahora, Dios el Señor hizo que se agravase el hambre en la tierra de Ur,
tanto que murió mi hermano Harán; pero mi padre Taré siguió
viviendo en la tierra de Ur de los caldeos.
2 Y aconteció que yo, Abraham, tomé por esposa a Sarai; y Nacor,
mi hermano, tomó por esposa a Milca, la cual era hija de Harán.
3 Y el Señor me había dicho: Abraham, sal de tu país y de
tu parentela y de la casa de tu padre, a una tierra que yo te mostraré.
4 Por consiguiente, salí de la tierra de Ur de los caldeos para ir a la
tierra de Canaán; y llevé a Lot, el hijo de mi hermano, y a su esposa,
y a Sarai, mi esposa; y mi padre también me siguió hasta la tierra
que llamamos Harán.
5 Y menguó el hambre; y mi padre se quedó en Harán y allí
moró, porque había muchos rebaños en Harán; y mi padre
volvió de nuevo a su idolatría, por lo que permaneció en
Harán.
6 Mas yo, Abraham, y Lot, el hijo de mi hermano, oramos al Señor, y el
Señor se me apareció y me dijo: Levántate y toma a Lot contigo;
porque me he propuesto sacarte de Harán y hacer de ti un ministro para
llevar mi nombre en una tierra extraña que daré por posesión
perpetua a los de tu descendencia después de ti, cuando escuchen mi voz.
7 Porque yo soy el Señor tu Dios; yo habito en el cielo; la tierra es el
estrado de mis pies; extiendo mi mano sobre el mar, y obedece mi voz; hago que
el viento y el fuego me sean por carro; a las montañas digo: Idos de aquí;
y he aquí, se las lleva el torbellino en un instante, repentinamente.
8 Jehová es mi nombre, y conozco el fin desde el principio; por lo tanto,
te cubriré con mi mano.
9 Y haré de ti una nación grande y te bendeciré sobremanera,
y engrandeceré tu nombre entre todas las naciones, y serás una bendición
para tu descendencia después de ti, para que en sus manos lleven este ministerio
y sacerdocio a todas las naciones.
10 Y las bendeciré mediante tu nombre; pues cuantos reciban este evangelio
serán llamados por tu nombre; y serán considerados tu descendencia,
y se levantarán y te bendecirán como padre de ellos;
11 y bendeciré a los que te bendijeren, y maldeciré a los que te
maldijeren; y en ti (es decir, en tu sacerdocio) y en tu descendencia (es decir,
tu sacerdocio), pues te prometo que en ti continuará este derecho, y en
tu descendencia después de ti (es decir, la descendencia literal, o sea,
la descendencia corporal) serán bendecidas todas las familias de la tierra,
sí, con las bendiciones del evangelio, que son las bendiciones de salvación,
sí, de vida eterna.
12 Y después que el Señor hubo cesado de hablarme, y retiró
su faz de mí, dije en mi corazón: Tu siervo te buscó diligentemente;
ahora te he hallado;
13 enviaste a tu ángel para librarme de los dioses de Elkénah, y
bien haré si escucho tu voz; permite, pues, que tu siervo se levante y
vaya en paz.
14 Así que yo, Abraham, salí como el Señor me había
dicho, y Lot fue conmigo; y yo, Abraham, tenía sesenta y dos años
de edad cuando salí de Harán.
15 Y tomé a Sarai, a quien había recibido por esposa cuando moraba
en Ur de los caldeos, y a Lot, el hijo de mi hermano, junto con todos nuestros
bienes que habíamos reunido, y las almas que habíamos ganado en
Harán, y tomamos el camino de la tierra de Canaán, habitando en
tiendas mientras viajábamos;
16 por tanto, la eternidad fue nuestra protección y nuestra roca y salvación,
mientras viajábamos de Harán por el camino de Jersón para
llegar a la tierra de Canaán.
17 Entonces yo, Abraham, edifiqué un altar en la tierra de Jersón
e hice una ofrenda al Señor, e imploré que se apartara el hambre
de los de la casa de mi padre, a fin de que no perecieran.
18 Y de Jersón pasamos por el país hasta llegar al sitio de Siquem,
que se encontraba en las llanuras de More; y ya habíamos llegado a las
fronteras de la tierra de los cananeos; y allí en el valle de More ofrecí
sacrificio e invoqué devotamente al Señor, porque ya habíamos
llegado a la tierra de esta nación idólatra.
19 Y el Señor se me apareció en respuesta a mis oraciones, y me
dijo: Daré esta tierra a tu descendencia.
20 Y yo, Abraham, me levanté del lugar donde le había edificado
el altar al Señor, y me trasladé de allí a una montaña
al oriente de Betel, y planté mi tienda allí, estando Betel al occidente
y Hai al oriente; y allí levanté otro altar al Señor, e invoqué
de nuevo el nombre del Señor.
21 Y yo, Abraham, viajé, continuando todavía hacia el sur; y seguía
el hambre en la tierra; y yo, Abraham, decidí descender a Egipto para morar
allí, porque se agravó el hambre.
22 Y sucedió que cuando estaba cerca, ya para entrar en Egipto, el Señor
me dijo: He aquí, Sarai tu mujer es de hermoso aspecto;
23 por tanto, sucederá que cuando la vean los egipcios, dirán: Su
mujer es; y te matarán, mas a ella le preservarán la vida; por tanto,
hazlo de esta manera:
24 Diga ella a los egipcios que es tu hermana, y vivirá tu alma.
25 Y aconteció que yo, Abraham, dije a Sarai, mi esposa, todo lo que el
Señor me había dicho; por tanto, te ruego les digas que eres mi
hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.
CAPÍTULO 3
Abraham aprende acerca del sol, la luna y las estrellas por medio del Urim y Tumim—El
Señor le revela la naturaleza eterna de los espíritus—Se entera
de la vida preterrenal, así como de la preordenación, de la Creación,
de la selección de un Redentor y del segundo estado del hombre.
1 Y yo, Abraham, tenía el Urim y Tumim, que el Señor mi Dios me
había dado en Ur de los caldeos;
2 y vi las estrellas, y que eran muy grandes, y que una de ellas se hallaba más
próxima al trono de Dios; y había muchas de las grandes que estaban
cerca;
3 y el Señor me dijo: Éstas son las que rigen; y el nombre de la
mayor es Kólob, porque está cerca de mí, pues yo soy el Señor
tu Dios; a ésta la he puesto para regir a todas las que pertenecen al mismo
orden que ésa sobre la cual estás.
4 Y el Señor me dijo por el Urim y Tumim que Kólob era conforme
a la manera del Señor, según sus tiempos y estaciones en sus revoluciones;
que una revolución era un día para el Señor, según
su manera de contar, que es mil años de acuerdo con el tiempo que le es
señalado a ésa donde estás. Ésta es la computación
del tiempo del Señor, según el cómputo de Kólob.
5 Y el Señor me dijo: El planeta que es el luminar menor, más pequeño
que aquel que ha de señorear el día, sí, la luz de la noche,
está más arriba, o sea, es mayor que aquel donde te encuentras,
en cuanto a computación, pues se mueve en orden más despacio; esto
va en orden, porque se halla sobre la tierra en la cual estás; por consiguiente,
no es tanta la computación de su tiempo, en lo que respecta a su número
de días, de meses y de años.
6 Y el Señor me dijo: Abraham, estos dos hechos existen, he aquí,
tus ojos lo ven; te es concedido conocer los tiempos de computar y el tiempo fijo,
sí, el tiempo fijo de la tierra sobre la cual estás, así
como el tiempo fijo del luminar mayor que se ha puesto para señorear el
día y el tiempo fijo del luminar menor que se ha puesto para señorear
la noche.
7 Ahora, el tiempo fijo del luminar menor es más largo, en cuanto a su
computación, que la computación del tiempo de la tierra sobre la
cual estás.
8 Y donde existan estos dos hechos, habrá otro sobre ellos, es decir, habrá
otro planeta cuya computación de tiempo será más larga todavía;
9 y así habrá la computación del tiempo de un planeta sobre
otro, hasta acercarte a Kólob, el cual es según la computación
del tiempo del Señor. Este Kólob está colocado cerca del
trono de Dios para gobernar a todos aquellos planetas que pertenecen al mismo
orden que aquel sobre el cual estás.
10 Y te es dado a conocer el tiempo fijo de todas las estrellas que han sido puestas
para dar luz, hasta acercarte al trono de Dios.
11 Así fue que yo, Abraham, hablé con el Señor cara a cara,
como un hombre habla con otro; y me habló de las obras que sus manos habían
hecho;
12 y él me dijo: Hijo mío, hijo mío (y tenía extendida
su mano), he aquí, te mostraré todas éstas. Y puso su mano
sobre mis ojos, y vi aquellas cosas que sus manos habían creado, las cuales
eran muchas; y se multiplicaron ante mis ojos, y no pude ver su fin.
13 Y me dijo: Esto es Shinehah, que es el sol. Y me dijo: Kókob, que significa
estrella. Y me dijo: Olea, que es la luna. Y me dijo: Kókaubeam, que quiere
decir estrellas, o sea, todos los grandes luminares que había en el firmamento
del cielo.
14 Y era de noche cuando el Señor me habló estas palabras: Te multiplicaré
a ti, y a tu posteridad después de ti, igual que a éstas; y si puedes
contar el número de las arenas, así será el número
de tus descendientes.
15 Y el Señor me dijo: Abraham, te enseño estas cosas antes que
entres en Egipto, para que declares todas estas palabras.
16 Si existen dos cosas, y una está sobre la otra, habrá cosas mayores
sobre ellas; por consiguiente, Kólob es la mayor de todas las Kókaubeam
que has visto, porque está más cerca de mí.
17 Ahora bien, si hay dos cosas, una sobre la otra, y si la luna está sobre
la tierra, entonces puede ser que sobre ella exista un planeta o una estrella;
y no hay nada que el Señor tu Dios disponga en su corazón hacer
que él no haga.
18 De ahí que él hizo la estrella mayor. Así también,
si hay dos espíritus, y uno es más inteligente que el otro, sin
embargo estos dos espíritus, a pesar de ser uno más inteligente
que el otro, no tienen principio; existieron antes, no tendrán fin, existirán
después, porque son gnolaum o eternos.
19 Y el Señor me dijo: Estos dos hechos existen: Hay dos espíritus,
y uno es más inteligente que el otro; habrá otro más inteligente
que ellos; yo soy el Señor tu Dios, soy más inteligente que todos
ellos.
20 El Señor tu Dios envió a su ángel para librarte de las
manos del sacerdote de Elkénah.
21 Yo habito en medio de todos ellos; por tanto, he descendido ahora para darte
a conocer las obras que mis manos han hecho, por lo que mi sabiduría los
sobrepuja a todos ellos, pues reino arriba en los cielos y abajo en la tierra,
con toda sabiduría y prudencia, sobre todas las inteligencias que tus ojos
han visto desde el principio; yo descendí en el principio en medio de todas
las inteligencias que has visto.
22 Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias
que fueron organizadas antes que existiera el mundo; y entre todas éstas
había muchas de las nobles y grandes;
23 y vio Dios que estas almas eran buenas, y estaba en medio de ellas, y dijo:
A éstos haré mis gobernantes; pues estaba entre aquellos que eran
espíritus, y vio que eran buenos; y me dijo: Abraham, tú eres uno
de ellos; fuiste escogido antes de nacer.
24 Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban
con él: Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos
materiales y haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar;
25 y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el
Señor su Dios les mandare;
26 y a los que guarden su primer estado les será añadido; y aquellos
que no guarden su primer estado no tendrán gloria en el mismo reino con
los que guarden su primer estado; y a quienes guarden su segundo estado, les será
aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás.
27 Y el Señor dijo: ¿A quién enviaré? Y respondió
uno semejante al Hijo del Hombre: Heme aquí; envíame. Y otro contestó,
y dijo: Heme aquí; envíame a mí. Y el Señor dijo:
Enviaré al primero.
28 Y el segundo se llenó de ira, y no guardó su primer estado; y
muchos lo siguieron ese día.
CAPÍTULO 4
Los Dioses proyectan la creación de la tierra y toda vida sobre ella—Se
exponen los planes de los seis días de la creación.
1 Entonces el Señor dijo: Descendamos. Y descendieron en el principio,
y ellos, esto es, los Dioses, organizaron y formaron los cielos y la tierra.
2 Y la tierra, después de ser formada, estaba vacía y desolada,
porque no habían formado más que la tierra; y la obscuridad prevalecía
sobre la haz del abismo, y el Espíritu de los Dioses cubría la faz
de las aguas.
3 Y ellos (los Dioses) dijeron: Haya luz; y hubo luz.
4 Y ellos (los Dioses) comprendieron la luz, porque brillaba; y separaron la luz,
o sea, hicieron que fuera separada de las tinieblas.
5 Y los Dioses llamaron a la luz Día, y a las tinieblas llamaron Noche.
Y aconteció que desde la tarde hasta la mañana llamaron noche, y
desde la mañana hasta la tarde llamaron día; y éste fue el
primero, o sea, el principio de lo que ellos llamaron día y noche.
6 Y los Dioses también dijeron: Haya una expansión en medio de las
aguas, y ésta separará las aguas de las aguas.
7 Y los Dioses ordenaron la expansión, de modo que separó las aguas
que estaban debajo de la expansión de las aguas que estaban sobre la expansión;
y así fue, tal como ordenaron.
8 Y los Dioses llamaron a la expansión Cielo. Y sucedió que lo que
fue desde la tarde hasta la mañana llamaron noche; y sucedió que
lo que fue desde la mañana hasta la tarde llamaron día; y fue la
segunda ocasión que designaron noche y día.
9 Y los Dioses ordenaron, diciendo: Júntense en un lugar las aguas que
están debajo del cielo, y aparezca la tierra seca; y fue hecho como lo
ordenaron;
10 y a la parte seca los Dioses llamaron Tierra; y al recogimiento de las aguas
llamaron Grandes Aguas; y los Dioses vieron que se les obedecía.
11 Y los Dioses dijeron: Preparemos la tierra para que produzca pasto; la hierba
que dé semilla; el árbol frutal que dé fruto según
su especie, cuya semilla dentro de sí reproduzca su especie sobre la tierra;
y fue así, tal como ordenaron.
12 Y los Dioses organizaron la tierra para que produjese el pasto de su propia
semilla, y la hierba para que de su propia semilla produjese hierba, dando semilla
según su especie; y la tierra para que produjese el árbol frutal
de su propia semilla, cuya semilla sólo pudiera reproducir lo que estuviese
en sí, según su especie; y los Dioses vieron que se les obedecía.
13 Y aconteció que contaron los días; de la tarde a la mañana
llamaron noche, y aconteció que de la mañana a la tarde llamaron
día; y fue la tercera ocasión.
14 Y los Dioses organizaron los luminares en la expansión del cielo, e
hicieron que separasen el día de la noche; y los organizaron para que fuesen
por señales y por estaciones, y por días y por años;
15 y los organizaron para que fuesen por luminares en la expansión del
cielo, para alumbrar la tierra; y fue así.
16 Y los Dioses organizaron los dos grandes luminares, el luminar mayor para señorear
el día, y el luminar menor para señorear la noche; con el luminar
menor también fijaron las estrellas;
17 y los Dioses los pusieron en la expansión de los cielos para dar luz
a la tierra, y para que señoreasen el día y la noche, y hacer que
separasen la luz de las tinieblas.
18 Y los Dioses vigilaron aquellas cosas que habían ordenado hasta que
obedecieron.
19 Y sucedió que de la tarde a la mañana fue noche; y sucedió
que de la mañana a la tarde fue día; y fue la cuarta ocasión.
20 Y los Dioses dijeron: Preparemos las aguas para que produzcan en abundancia
los seres animados que tienen vida; y las aves, para que vuelen sobre la tierra
en la vasta expansión del cielo.
21 Y los Dioses prepararon las aguas para que produjesen grandes ballenas y todo
ser viviente que se mueve, los cuales las aguas habían de producir abundantemente,
según su especie; y toda ave alada, según su especie. Y los Dioses
vieron que se les obedecería, y que su plan era bueno.
22 Y los Dioses dijeron: Los bendeciremos y haremos que fructifiquen y se multipliquen
y llenen las aguas en los mares, o sea, las grandes aguas; y haremos que las aves
se multipliquen en la tierra.
23 Y sucedió que de la tarde a la mañana llamaron noche; y sucedió
que de la mañana a la tarde llamaron día; y fue la quinta ocasión.
24 Y los Dioses prepararon la tierra para que produjese animales vivientes, según
su especie, ganado y todo lo que se arrastra, y bestias de la tierra según
su especie; y así se hizo, tal como habían dicho.
25 Y los Dioses organizaron la tierra para que produjese las bestias según
su especie, y ganado según su especie; y todo lo que se arrastra sobre
la tierra, según su especie; y los Dioses vieron que obedecerían.
26 Y los Dioses tomaron consejo entre sí, y dijeron: Descendamos y formemos
al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y le daremos dominio
sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre el ganado y sobre toda
la tierra y toda cosa que se arrastra sobre la tierra.
27 De modo que los Dioses descendieron para organizar al hombre a su propia imagen,
para formarlo a imagen de los Dioses, para formarlos varón y hembra.
28 Y dijeron los Dioses: Los bendeciremos. Y los Dioses dijeron: Haremos que fructifiquen
y se multipliquen, y llenen la tierra y la sojuzguen; y que tengan dominio sobre
los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre toda cosa viviente que se
mueve sobre la tierra.
29 Y los Dioses dijeron: He aquí, les daremos toda hierba que produce semilla
que nacerá sobre la faz de toda la tierra, y todo árbol que producirá
fruto; sí, les daremos el fruto del árbol que da semilla; esto les
será por alimento.
30 Y a toda bestia de la tierra, a toda ave del cielo y a todo lo que se arrastra
sobre la tierra, he aquí, les daremos vida, y también, les daremos
toda hierba verde como alimento, y así se organizarán todas estas
cosas.
31 Y los Dioses dijeron: Haremos todo lo que hemos dicho y los organizaremos;
y he aquí, serán muy obedientes. Y sucedió que de la tarde
a la mañana llamaron noche; y sucedió que de la mañana a
la tarde llamaron día; y contaron la sexta ocasión.
CAPÍTULO 5
Los Dioses terminan sus planes de la creación de todas las cosas—Llevan
a efecto la Creación de acuerdo con sus planes—Adán pone nombre
a toda criatura viviente.
1 Y así terminaremos los cielos y la tierra, y todas sus huestes.
2 Y los Dioses dijeron entre sí: En la séptima ocasión terminaremos
nuestra obra que hemos acordado; y en ella descansaremos de toda nuestra obra
que hemos acordado.
3 Y en la séptima vez los Dioses concluyeron, porque en ella iban a descansar
de todas sus obras que ellos (los Dioses) acordaron entre sí formar; y
la santificaron. Y así fueron sus decisiones al tiempo que acordaron entre
sí formar los cielos y la tierra.
4 Y descendieron los Dioses y formaron los orígenes de los cielos y de
la tierra, cuando fueron hechos el día en que los Dioses formaron la tierra
y los cielos,
5 de acuerdo con todo lo que habían dicho concerniente a toda planta del
campo antes que se hallase sobre la tierra, y toda hierba del campo antes que
creciese; porque los Dioses no habían hecho llover sobre la tierra cuando
acordaron hacerlos, y no habían formado al hombre para que labrase la tierra.
6 Mas subía de la tierra un vapor y regaba toda la faz de la tierra.
7 Y los Dioses formaron al hombre del polvo de la tierra, y tomaron su espíritu
(esto es, el espíritu del hombre), y lo pusieron dentro de él; y
soplaron en su nariz el aliento de vida, y el hombre fue alma viviente.
8 Y los Dioses plantaron un jardín hacia el oriente en Edén, y allí
pusieron al hombre, cuyo espíritu habían puesto dentro del cuerpo
que habían formado.
9 Y los Dioses hicieron que de la tierra naciese todo árbol que es agradable
a la vista y bueno como alimento; también el árbol de la vida en
medio del jardín, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
10 Había un río que corría del Edén para regar el
jardín, y de allí se repartía en cuatro brazos.
11 Y los Dioses tomaron al hombre y lo pusieron en el Jardín de Edén
para que lo labrase y lo guardase.
12 Y los Dioses dieron mandamiento al hombre, diciendo: De todo árbol del
jardín podrás comer libremente,
13 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque
en la ocasión en que de él comieres, de seguro morirás. Ahora
bien, yo, Abraham, vi que era según el tiempo del Señor, que era
según el tiempo de Kólob; porque hasta entonces los Dioses aún
no le habían señalado a Adán su manera de calcular el tiempo.
14 Y los Dioses dijeron: Hagamos una ayuda idónea al hombre, por cuanto
no es bueno que el hombre esté solo; por consiguiente, formaremos para
él una ayuda idónea.
15 Y los Dioses hicieron que cayera un sueño profundo sobre Adán,
y durmió; y tomaron una de sus costillas y cerraron la carne en su lugar;
16 y de la costilla que los Dioses habían tomado del hombre, formaron ellos
una mujer, y se la trajeron al hombre.
17 Y Adán dijo: Ésta era hueso de mis huesos, y carne de mi carne;
ahora será llamada Varona, porque del varón fue tomada;
18 por lo tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará
a su mujer, y serán una sola carne.
19 Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.
20. Y de la tierra formaron los Dioses toda bestia del campo y toda ave del cielo,
y las llevaron a Adán para ver qué nombre les había de dar;
y lo que Adán llamara a toda cosa viviente, tal sería su nombre.
21 Y Adán dio nombre a todo ganado, a las aves del cielo, a toda bestia
del campo; y se halló una ayuda idónea para Adán.
FACSÍMILE DEL LIBRO DE ABRAHAM
Núm. 1.
EXPLICACIÓN DEL GRABADO
1 Fig. 1. El ángel del Señor.
2 Fig. 2. Abraham atado sobre un altar.
3 Fig. 3. El sacerdote idólatra de Elkénah intentando ofrecer
a Abraham como sacrificio.
4 Fig. 4. El altar de sacrificio de los sacerdotes idólatras; se halla
ante los dioses de Elkénah, de Líbnah, de Mahmáckrah, de
Korash y de Faraón.
5 Fig. 5. El dios idolátrico de Elkénah.
6 Fig. 6. El dios idolátrico de Líbnah.
7 Fig. 7. El dios idolátrico de Mahmáckrah.
8 Fig. 8. El dios idolátrico de Korash.
9 Fig. 9. El dios idolátrico de Faraón.
10 Fig. 10. Abraham en Egipto.
11 Fig. 11. Tiene por objeto representar los pilares del cielo, cual lo entendían
los egipcios.
12 Fig. 12. Raukeeyang, que significa expansión, o sea, el firmamento
arriba de nuestra cabeza; pero en este caso, en relación con este asunto,
los egipcios querían indicar Shaumau, estar en alto, o sea, en los cielos,
que corresponde a la palabra hebrea Shaumahyeem.
FACSÍMILE DEL LIBRO DE ABRAHAM
Núm. 2.
EXPLICACIÓN DEL GRABADO ANTERIOR
1 Fig. 1. Kólob, que significa la primera creación, la más
próxima a lo celestial, o sea, a la morada de Dios. Primera en gobierno,
última en cuanto a la medida de tiempo. La medida corresponde al tiempo
celestial, que significa un día por codo. Un día en Kólob
equivale a mil años, según la manera de medir de esta tierra,
a la cual los egipcios dan el nombre de Jah-oh-eh.
2 Fig. 2. Se halla contigua a Kólob, llamada Olíblish por los
egipcios, y constituye la siguiente gran creación regente cerca de lo
celestial, o sea, el lugar donde Dios mora; posee también la llave de
poder perteneciente a otros planetas; así lo reveló Dios a Abraham
cuando éste ofreció sacrificio sobre un altar que había
edificado al Señor.
3 Fig. 3. Tiene por objeto representar a Dios, sentado sobre su trono, revestido
de poder y autoridad; lleva sobre la cabeza una corona de luz eterna. También
representa las grandes palabras claves del Santo Sacerdocio cual fueron reveladas
a Adán en el Jardín de Edén, como también a Set,
a Noé, Melquisedec, Abraham y a todos aquellos a quienes se revelaba
el sacerdocio.
4 Fig. 4. Corresponde a la palabra hebrea Raukeeyang, que significa expansión,
o sea, el firmamento celeste; también un símbolo numérico
egipcio que significa mil; corresponde a la medida del tiempo de Olíblish,
que es igual que Kólob en su revolución y su computación
de tiempo.
5 Fig. 5. Se llama Enish-go-on-dosh en egipcio. Éste también es
uno de los planetas regentes, y los egipcios dicen que es el sol, y que recibe
su luz de Kólob por conducto de Kae-e-vanrash, que es la magna Llave,
o en otras palabras, el poder gobernante que rige a otros quince planetas o
estrellas fijos, así como a Floeese, o sea, la luna, la tierra y el sol
en sus revoluciones anuales. Este planeta recibe su poder por conducto de Kli-flos-is-es
o Hah-ko-kau-beam, las estrellas, que en los números 22 y 23 se representan
recibiendo luz de las revoluciones de Kólob.
6 Fig. 6. Representa a esta tierra en sus cuatro partes.
7 Fig. 7. Representa a Dios, sentado sobre su trono, revelando a través
de los cielos las grandes palabras claves del sacerdocio. También la
señal del Espíritu Santo a Abraham, en forma de paloma.
8 Fig. 8. Contiene escritos que no se pueden revelar al mundo; pero se pueden
recibir en el Santo Templo de Dios.
9 Fig. 9. No se debe revelar por ahora.
10 Fig. 10. Idem.
11 Fig. 11. Idem. Si el mundo puede descubrir estos números, así
sea. Amén.
12 Las figuras 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20 y 21 se revelarán en
el propio y debido tiempo del Señor.
13 Se presenta la traducción anterior hasta donde tenemos el derecho
de hacerlo actualmente.
FACSÍMILE DEL LIBRO DE ABRAHAM
Núm. 3.
EXPLICACIÓN DEL GRABADO
1 Fig. 1. Abraham, sentado sobre el trono de Faraón por cortesía
del rey, con una corona sobre su cabeza, que representa el sacerdocio, como
emblema de la gran Presidencia del Cielo; en la mano lleva el cetro de justicia
y de juicio.
2 Fig. 2. El rey Faraón, cuyo nombre aparece en los caracteres arriba
de su cabeza.
3 Fig. 3. Significa Abraham en Egipto como también aparece en la figura
10 del facsímile número 1.
4 Fig. 4. Príncipe de Faraón, rey de Egipto, según lo que
se ve escrito arriba de su mano.
5 Fig. 5. Shulem, uno de los siervos principales del rey, según lo representan
los caracteres que aparecen arriba de su mano.
6 Fig. 6. Olímlah, esclavo del príncipe.
7 Abraham, en la corte del rey, está razonando sobre los principios de
astronomía.