SECCIÓN 81

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Hiram, Ohio, en marzo de 1832 (History of the Church, 1:257–258). Frederick G. Williams es llamado para ser sumo sacerdote y consejero de la Presidencia del Sumo Sacerdocio. Los anales históricos indican que cuando se recibió esta revelación en marzo de 1832, se llamó a Jesse Gause al oficio de consejero de José Smith en la Presidencia. Sin embargo, cuando dejó de actuar de conformidad con ese nombramiento, el llamamiento se transfirió a Frederick G. Williams. La revelación (fechada en marzo de 1832) debe considerarse como un paso hacia la organización formal de la Primera Presidencia, en la que se requería específicamente el oficio de consejero en ese grupo y se explicaba la dignidad de dicho nombramiento. El hermano Gause sirvió por un tiempo pero fue excomulgado de la Iglesia en diciembre de 1832. El hermano Williams fue ordenado al oficio de referencia el 18 de marzo de 1833.

1–2, La Primera Presidencia siempre posee las llaves del reino;
3–7, Si Frederick G. Williams es fiel en su ministerio, logrará la vida eterna.

1 DE cierto, de cierto te digo, mi siervo Frederick G. Williams: Escucha la voz del que habla, la palabra del Señor tu Dios, y atiende al llamamiento al cual eres llamado, a saber, el de ser sumo sacerdote en mi iglesia y consejero de mi siervo José Smith, hijo,
2 a quien he dado las llaves del reino, que siempre corresponden a la presidencia del sumo sacerdocio;
3 por tanto, en verdad lo reconozco a él, y lo bendeciré; y también a ti, si eres fiel en consejo, en el oficio al que te he nombrado, en tus oraciones siempre, vocalmente así como en tu corazón, en público y en secreto; y también en tu ministerio de proclamar el evangelio en la tierra de los vivientes y entre tus hermanos.
4 Y en el cumplimiento de estas cosas realizarás el mayor beneficio para tus semejantes, y adelantarás la gloria de aquel que es tu Señor.
5 De manera que, sé fiel; ocupa el oficio al que te he nombrado; socorre a los débiles, levanta las manos caídas y fortalece las rodillas debilitadas.
6 Y si eres fiel hasta el fin, recibirás una corona de inmortalidad, así como la vida eterna en las mansiones que he preparado en la casa de mi Padre.
7 He aquí, éstas son las palabras del Alfa y la Omega, sí, Jesucristo. Amén.

SECCIÓN 82

Revelación dada a José Smith el Profeta en el Condado de Jackson, Misuri, el 26 de abril de 1832 (History of the Church, 1:267–269). La ocasión fue un concilio general de la Iglesia en el cual José Smith el Profeta fue sostenido como Presidente del Sumo Sacerdocio, oficio al cual previamente había sido ordenado en una conferencia de sumos sacerdotes, élderes y miembros en Amherst, Ohio, el 25 de enero de 1832 (véase el encabezamiento de la sección 75). Como se explicó previamente en el encabezamiento de la sección 78, se usaron seudónimos en la publicación de esta revelación para no revelar la identidad de las personas nombradas.

1–4, Donde mucho se da, mucho se requiere;
5–7, Las tinieblas reinan en el mundo;
8–13, El Señor está obligado cuando hacemos lo que Él dice;
14–18, Sión debe aumentar en belleza y santidad;
19–24, Todo hombre debe procurar el bienestar de su prójimo.

1 DE cierto, de cierto os digo, mis siervos, que por cuanto os habéis perdonado el uno al otro vuestras transgresiones, así también yo, el Señor, os perdono.
2 No obstante, hay entre vosotros algunos que han pecado extremadamente; sí, todos vosotros habéis pecado; mas de cierto os digo, tened cuidado de aquí en adelante y absteneos de pecar, no sea que desciendan graves juicios sobre vuestra cabeza.
3 Porque de aquel a quien mucho se da, mucho se requiere; y el que peque contra mayor luz, mayor condenación recibirá.
4 Pedís revelaciones en mi nombre, y os las concedo; y si no observáis mis palabras que os doy, os hacéis transgresores; y justicia y juicio son el castigo que prescribe mi ley.
5 Por tanto, lo que digo a uno lo digo a todos: Velad, porque el adversario extiende sus dominios y las tinieblas reinan;
6 y la ira de Dios se enciende contra los habitantes de la tierra; y nadie hace lo bueno, porque todos se han extraviado.
7 Y ahora, yo, el Señor, en verdad os digo que no os imputaré ningún pecado; id y no pequéis más; pero los pecados anteriores volverán al alma que peque, dice el Señor vuestro Dios.
8 Y además, os digo que os doy un mandamiento nuevo para que entendáis mi voluntad concerniente a vosotros;
9 o en otras palabras, os doy instrucciones en cuanto a la manera de conduciros delante de mí, a fin de que se torne para vuestra salvación.
10 Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis.
11 Por tanto, de cierto os digo, conviene que mis siervos Edward Partridge y Newel K. Whitney, A. Sidney Gilbert y Sidney Rigdon, y mi siervo José Smith, y John Whitmer y Oliver Cowdery, y W. W. Phelps y Martin Harris se unan por medio de un vínculo y convenio que no puede ser quebrantado por transgresión, sin que inmediatamente siga el juicio, en lo que toca a vuestras mayordomías respectivas,
12 para administrar los asuntos de los pobres y todas las cosas pertenecientes al obispado, tanto en la tierra de Sión como en la de Kirtland;
13 porque he consagrado la tierra de Kirtland en mi propio y debido tiempo para el beneficio de los santos del Altísimo, y para una estaca de Sión.
14 Porque Sión debe aumentar en belleza y santidad; sus fronteras se han de ensanchar; deben fortalecerse sus estacas; sí, de cierto os digo, Sión se ha de levantar y vestirse con sus ropas hermosas.
15 Por consiguiente, os doy este mandamiento de ligaros por medio de este convenio, y se hará según las leyes del Señor.
16 He aquí, también esto me es prudente, para provecho vuestro.
17 Y seréis iguales, o en otras palabras, tendréis el mismo derecho a los bienes, para el mejor manejo de los asuntos de vuestras mayordomías, cada hombre según sus carencias y necesidades si éstas son justas,
18 y todo esto para el beneficio de la iglesia del Dios viviente, a fin de que todo hombre mejore su talento, y cada uno gane otros talentos, sí, hasta cien tantos, para guardarlos en el almacén del Señor, para que lleguen a ser bienes comunes de toda la iglesia,
19 buscando cada cual el bienestar de su prójimo, y haciendo todas las cosas con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios.
20 Os he dado esta orden como orden sempiterna a vosotros y a vuestros sucesores, en tanto que no pequéis.
21 Y el alma que pecare contra este convenio, y endureciere en contra de él su corazón, será tratada de acuerdo con las leyes de mi iglesia y entregada a los bofetones de Satanás hasta el día de la redención.
22 Y ahora de cierto os digo, y esto es prudente, ganaos amigos por medio de las riquezas de maldad, y no os destruirán.
23 Dejadme a mí el juicio, porque es mío, y yo pagaré. Paz a vosotros; mis bendiciones os acompañan.
24 Porque todavía es vuestro el reino, y para siempre jamás lo será, si no caéis de vuestra firmeza. Así sea. Amén.

SECCIÓN 83

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Independence, Misuri, el 30 de abril de 1832 (History of the Church, 1:269–270). Se recibió esta revelación mientras el Profeta se hallaba reunido en concilio con sus hermanos.

1–4, Las mujeres y los niños tienen el derecho de recibir sostén de sus esposos y padres respectivamente;
5–6, Las viudas y los huérfanos tienen el derecho de recurrir a la Iglesia para su sostén.

1 DE cierto, así dice el Señor, además de las leyes de la iglesia referentes a las mujeres y a los niños, aquellos que pertenecen a la iglesia, que han perdido a sus esposos o padres:
2 Las mujeres tienen el derecho de recibir sostén de sus maridos hasta que éstos mueran; y si ellas no han transgredido, tendrán confraternidad en la iglesia.
3 Y si no son fieles, no tendrán confraternidad en la iglesia; no obstante, podrán permanecer en sus heredades según las leyes del país.
4 Todos los niños tienen el derecho de recibir el sostén de sus padres hasta que sean mayores de edad.
5 Y después de eso, pueden recurrir a la iglesia, o en otras palabras, al almacén del Señor, si sus padres no tienen los medios para darles heredades.
6 Y se mantendrá el almacén por medio de las consagraciones de la iglesia; y se proveerá lo necesario a las viudas y a los huérfanos, como también a los pobres. Amén.

SECCIÓN 84

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, los días 22 y 23 de septiembre de 1832 (History of the Church, 1:286–295). Durante el mes de septiembre, los élderes habían empezado a volver de sus misiones en los estados del Este y a informar de sus obras. Fue mientras se hallaban reunidos en esta época de gozo que se recibió la siguiente comunicación. El Profeta la llama una revelación sobre el sacerdocio.

1–5, La Nueva Jerusalén y el templo serán edificados en Misuri;
6–17, Se da la línea del sacerdocio desde Moisés hasta Adán;
18–25, El sacerdocio mayor posee la llave del conocimiento de Dios;
26–32, El sacerdocio menor tiene la llave del ministerio de ángeles y el evangelio preparatorio;
33–44, Los hombres logran la vida eterna por medio del juramento y el convenio del sacerdocio;
45–53, El Espíritu de Cristo ilumina a los hombres, y el mundo yace en el pecado;
54–61, Los santos deben testificar de las cosas que han recibido;
62–76, Han de predicar el evangelio, y seguirán las señales;
77–91, Los élderes han de salir sin bolsa ni alforja, y el Señor se encargará de atender a sus necesidades;
92–97, Plagas y maldiciones aguardan a aquellos que rechacen el evangelio;
98–102, Se da el nuevo cántico de la redención de Sión;
103–110, Ocupe cada hombre su propio oficio y trabaje en su propio llamamiento;
111–120, Los siervos del Señor han de proclamar la abominación desoladora de los últimos días.

1 UNA revelación de Jesucristo a su siervo José Smith, hijo, y a seis élderes, cuando unieron sus corazones y elevaron sus voces al cielo.
2 Sí, la palabra del Señor concerniente a su iglesia, establecida en los últimos días para la restauración de su pueblo, como lo ha declarado por boca de sus profetas, así como para el recogimiento de sus santos sobre el monte de Sión, el cual será la ciudad de la Nueva Jerusalén,
3 ciudad que será edificada, empezando desde el terreno del templo, señalado por el dedo del Señor, en las fronteras occidentales del Estado de Misuri, y el cual se consagró por mano de José Smith, hijo, y otros con quienes el Señor estaba bien complacido.
4 De cierto, ésta es la palabra del Señor, que la ciudad de la Nueva Jerusalén sea edificada mediante el recogimiento de los santos, comenzando en este lugar, sí, el sitio para el templo que se edificará en esta generación.
5 Porque en verdad, no pasará toda esta generación sin que se le edifique una casa al Señor, y una nube descansará sobre ella, que será la gloria del Señor que llenará la casa.
6 Y los hijos de Moisés, de acuerdo con el Santo Sacerdocio que Moisés recibió de manos de su suegro Jetro;
7 y Jetro lo recibió de manos de Caleb;
8 y Caleb de manos de Eliú;
9 y Eliú de manos de Jeremías;
10 y Jeremías de manos de Gad;
11 y Gad de manos de Esaías;
12 y Esaías lo recibió de las manos de Dios.
13 Esaías también vivió en los días de Abraham, y por él fue bendecido.
14 Y Abraham recibió el sacerdocio de manos de Melquisedec, que a su vez lo recibió por medio del linaje de sus padres, hasta Noé,
15 y de Noé hasta Enoc, por medio del linaje de sus padres;
16 y de Enoc a Abel, que fue muerto por la conspiración de su hermano, y quien, por mandato de Dios, recibió el sacerdocio de manos de su padre Adán, el primer hombre;
17 y este sacerdocio continúa en la iglesia de Dios en todas las generaciones, y es sin principio de días ni fin de años.
18 Y el Señor también confirmó un sacerdocio sobre Aarón y su descendencia, por todas sus generaciones; y este sacerdocio también continúa y permanece para siempre con el sacerdocio que es según el orden más santo de Dios.
19 Y este sacerdocio mayor administra el evangelio y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios.
20 Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad.
21 Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne;
22 porque sin esto, ningún hombre puede ver la faz de Dios, sí, el Padre, y vivir.
23 Moisés claramente enseñó esto a los hijos de Israel en el desierto, y procuró diligentemente santificar a los de su pueblo, a fin de que vieran la faz de Dios;
24 mas endurecieron sus corazones y no pudieron aguantar su presencia; por tanto, el Señor en su ira, porque su ira se había encendido en contra de ellos, juró que mientras estuviesen en el desierto no entrarían en su reposo, el cual es la plenitud de su gloria.
25 Por consiguiente, tomó a Moisés de entre ellos, y el Santo Sacerdocio también;
26 y continuó el sacerdocio menor, que tiene la llave del ministerio de ángeles y el evangelio preparatorio,
27 el cual es el evangelio de arrepentimiento y de bautismo, y la remisión de pecados, y la ley de los mandamientos carnales, que el Señor en su ira hizo que continuara en la casa de Aarón entre los hijos de Israel hasta Juan, a quien Dios levantó, pues fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre.
28 Porque se bautizó mientras estaba aún en su niñez, y cuando tenía ocho días de edad, el ángel de Dios lo ordenó para este poder, con el objeto de derribar el reino de los judíos y enderezar las sendas del Señor ante la faz de su pueblo, a fin de prepararlo para la venida del Señor, en cuya mano se halla todo poder.
29 Y además, los oficios de élder y obispo son dependencias necesarias que corresponden al sacerdocio mayor.
30 Y además, los oficios de maestro y diácono son dependencias necesarias que pertenecen al sacerdocio menor, sacerdocio que se confirmó sobre Aarón y sus hijos.
31 De manera que, como dije concerniente a los hijos de Moisés —porque los hijos de Moisés y también los hijos de Aarón ofrecerán una ofrenda y un sacrificio aceptables en la casa del Señor, la cual se le edificará en esta generación, en el lugar consagrado como he indicado—
32 y los hijos de Moisés y de Aarón, cuyos hijos sois vosotros, serán llenos de la gloria del Señor sobre el monte de Sión en la casa del Señor; y también muchos que he llamado y enviado para edificar mi iglesia.
33 Porque quienes son fieles hasta obtener estos dos sacerdocios de los cuales he hablado, y magnifican su llamamiento, son santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos.
34 Llegan a ser los hijos de Moisés y de Aarón, y la descendencia de Abraham, y la iglesia y reino, y los elegidos de Dios.
35 Y también todos los que reciben este sacerdocio, a mí me reciben, dice el Señor;
36 porque el que recibe a mis siervos, me recibe a mí;
37 y el que me recibe a mí, recibe a mi Padre;
38 y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado.
39 Y esto va de acuerdo con el juramento y el convenio que corresponden a este sacerdocio.
40 Así que, todos los que reciben el sacerdocio reciben este juramento y convenio de mi Padre, que él no puede quebrantar, ni tampoco puede ser traspasado.
41 Pero el que violare este convenio, después de haberlo recibido, y lo abandonare totalmente, no recibirá perdón de los pecados en este mundo ni en el venidero.
42 Y ¡ay! de todos aquellos que no obtengan este sacerdocio que habéis recibido, el cual ahora confirmo por mi propia voz desde los cielos sobre vosotros que estáis presentes este día; y aun os he encomendado a las huestes celestiales y a mis ángeles.
43 Y ahora os doy el mandamiento de tener cuidado, en cuanto a vosotros mismos, de estar diligentemente atentos a las palabras de vida eterna.
44 Porque viviréis de toda palabra que sale de la boca de Dios.
45 Porque la palabra del Señor es verdad, y lo que es verdad es luz, y lo que es luz es Espíritu, a saber, el Espíritu de Jesucristo.
46 Y el Espíritu da luz a todo hombre que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre en el mundo que escucha la voz del Espíritu.
47 Y todo aquel que escucha la voz del Espíritu, viene a Dios, sí, el Padre.
48 Y el Padre le enseña concerniente al convenio que él ha renovado y confirmado sobre vosotros, el cual os es confirmado por vuestro bien; y no sólo por el bien de vosotros, sino del mundo entero.
49 Y todo el mundo yace en el pecado, y gime bajo la obscuridad y la servidumbre del pecado.
50 Y por esto sabréis que están bajo la servidumbre del pecado, porque no vienen a mí.
51 Porque quien no viene a mí está bajo la servidumbre del pecado.
52 Y el que no recibe mi voz no conoce mi voz, y no es mío.
53 Y de esta manera podréis discernir a los justos de los inicuos, y saber que el mundo entero gime bajo el pecado y la obscuridad ahora mismo.
54 Y en ocasiones pasadas vuestras mentes se han ofuscado a causa de la incredulidad, y por haber tratado ligeramente las cosas que habéis recibido,
55 y esta incredulidad y vanidad han traído la condenación sobre toda la iglesia.
56 Y esta condenación pesa sobre los hijos de Sión, sí, todos ellos;
57 y permanecerán bajo esta condenación hasta que se arrepientan y recuerden el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón y los mandamientos anteriores que les he dado, no sólo de hablar, sino de obrar de acuerdo con lo que he escrito,
58 a fin de que den frutos dignos para el reino de su Padre; de lo contrario, queda por derramarse un azote y juicio sobre los hijos de Sión.
59 Porque, ¿han de contaminar los hijos del reino mi tierra santa? De cierto os digo que no.
60 En verdad, en verdad os digo a vosotros que ahora escucháis mis palabras, que son mi voz, benditos sois si recibís estas cosas;
61 porque yo os perdonaré vuestros pecados con este mandamiento: Que os conservéis firmes en vuestras mentes en solemnidad y en el espíritu de oración, en dar testimonio a todo el mundo de las cosas que os son comunicadas.
62 Id, pues, por todo el mundo; y a cualquier lugar a donde no podáis ir, enviad, para que de vosotros salga el testimonio a todo el mundo y a toda criatura.
63 Y como dije a mis apóstoles, así os digo a vosotros, porque sois mis apóstoles, sí, sumos sacerdotes de Dios: Vosotros sois los que mi Padre me ha dado; sois mis amigos;
64 por tanto, así como dije a mis apóstoles, de nuevo os digo que toda alma que crea en vuestras palabras y se bautice en el agua para la remisión de los pecados, recibirá el Espíritu Santo.
65 Y estas señales seguirán a los que creen:
66 En mi nombre harán muchas obras maravillosas;
67 en mi nombre echarán fuera demonios;
68 en mi nombre sanarán a los enfermos;
69 en mi nombre abrirán los ojos de los ciegos y destaparán los oídos de los sordos;
70 y la lengua del mudo hablará;
71 y si alguien les administra veneno, no los dañará;
72 y la ponzoña de la serpiente no tendrá poder para hacerles daño.
73 Pero un mandamiento les doy, que no se jacten de estas cosas ni hablen de ellas ante el mundo; porque os son dadas para vuestro provecho y para salvación.
74 En verdad, en verdad os digo, que aquellos que no crean en vuestras palabras, ni se bauticen en el agua en mi nombre para la remisión de sus pecados, a fin de recibir el Espíritu Santo, serán condenados y no entrarán en el reino de mi Padre, donde mi Padre y yo estamos.
75 Y esta revelación y mandamiento dado a vosotros está en vigor desde esta misma hora en todo el mundo; y el evangelio es para todos los que no lo han recibido.
76 Pero de cierto os digo a todos aquellos a quienes se ha dado el reino: Es preciso que de vosotros les sea predicado a ellos, para que se arrepientan de sus obras inicuas anteriores; porque merecen ser reprochados por motivo de sus corazones malos de incredulidad, así como vuestros hermanos en Sión por su rebelión contra vosotros en el tiempo en que os envié.
77 Y además, os digo, mis amigos, porque desde ahora os llamaré mis amigos, conviene que os dé este mandamiento para que lleguéis a ser como mis amigos en los días en que viajaba con ellos para predicar el evangelio con mi poder;
78 porque no les permití llevar bolsa, ni alforja, ni tampoco dos prendas de vestir.
79 He aquí, os envío para probar al mundo, y el obrero es digno de su salario.
80 Y ningún hombre que salga y predique este evangelio del reino, sin dejar de continuar fiel en todas las cosas, sentirá fatigada o entenebrecida su mente, ni su cuerpo, miembros ni coyunturas; y ni un cabello de su cabeza caerá a tierra inadvertido. Y no padecerá hambre ni sed.
81 Por tanto, no os afanéis por el día de mañana, por lo que habéis de comer o beber, ni con qué os habéis de vestir.
82 Pues considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; y los reinos del mundo, con toda su gloria, no se visten como ninguno de ellos.
83 Porque vuestro Padre que está en los cielos sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
84 Así que, dejad que el día de mañana se haga cargo de su propio afán.
85 Ni os preocupéis tampoco de antemano por lo que habéis de decir; mas atesorad constantemente en vuestras mentes las palabras de vida, y os será dado en la hora precisa la porción que le será medida a cada hombre.
86 De modo que ninguno de vosotros —porque este mandamiento es para todos los fieles de la iglesia que son llamados de Dios al ministerio— lleve, desde esta hora, bolsa ni alforja al salir a proclamar este evangelio del reino.
87 He aquí, os envío para reprobar al mundo por todos sus hechos inicuos, y para enseñarle acerca de un juicio que ha de venir.
88 Y quienes os reciban, allí estaré yo también, porque iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros.
89 El que os reciba, a mí me recibe; y os alimentará y os vestirá y os dará dinero.
90 Y el que os alimente, u os proporcione vestido o dinero, de ningún modo perderá su galardón.
91 Y el que no haga estas cosas, no es mi discípulo; en esto conoceréis a mis discípulos.
92 Apartaos de quien no os reciba, y estando a solas, lavaos los pies con agua, agua pura, sea en tiempo de frío o de calor, y dad testimonio de ello a vuestro Padre que está en los cielos, y no volváis más a tal hombre.
93 Y haced lo mismo en cualquier aldea o ciudad en donde entréis.
94 Sin embargo, buscad diligentemente y no desmayéis; y ¡ay de aquella casa, o aldea, o ciudad que os rechace a vosotros, vuestras palabras o vuestro testimonio concerniente a mí!
95 ¡Ay, vuelvo a decir, de aquella casa, aldea o ciudad que os rechace a vosotros, o vuestras palabras, o vuestro testimonio de mí!
96 Porque yo, el Omnipotente, he puesto mis manos sobre las naciones para azotarlas por sus iniquidades.
97 Y se derramarán plagas, y no serán quitadas de la tierra hasta que haya cumplido mi obra, la cual se ha de acortar en justicia,
98 hasta que me conozcan todos los que quedaren, desde el menor hasta el mayor, y sean llenos del conocimiento del Señor, y vean ojo a ojo, y alcen sus voces, y al unísono canten este nuevo cántico, diciendo:
99 El Señor de nuevo ha traído a Sión;
el Señor ha redimido a su pueblo, Israel,
conforme a la elección de gracia,
la cual se llevó a cabo por la fe
y el convenio de sus padres.
100 El Señor ha redimido a su pueblo,
y Satanás está atado, y el tiempo ha dejado de ser.
El Señor ha reunido en una todas las cosas.
El Señor ha bajado a Sión desde lo alto.
Ha hecho subir a Sión desde abajo.
101 La tierra ha estado de parto y ha dado a luz su fuerza;
y la verdad está establecida en sus entrañas;
y los cielos le han sonreído;
y está revestida con la gloria de su Dios,
porque él está en medio de su pueblo.
102 Gloria y honra, y poder y fortaleza,
sean atribuidos a nuestro Dios; porque en él abundan la misericordia,
la justicia, gracia, verdad y paz,
para siempre jamás. Amén.
103 Y además, de cierto, de cierto os digo, conviene que todo hombre que salga a predicar mi evangelio eterno, si tiene familia y le obsequian dinero, se lo envíe o lo utilice para beneficiarla, conforme a lo que el Señor le indique, porque así me parece bien.
104 Y todos los que no tengan familias, y reciban dinero, envíenlo al obispo de Sión, o al obispo de Ohio, a fin de que se consagre para la preparación y publicación de las revelaciones y al establecimiento de Sión.
105 Y si alguien os da un abrigo o un traje, tomad el viejo y dadlo a los pobres, e id gozosos por vuestro camino.
106 Y si de entre vosotros uno es fuerte en el Espíritu, lleve consigo al que es débil, a fin de que sea edificado con toda mansedumbre para que se haga fuerte también.
107 Llevad, pues, con vosotros a los que son ordenados con el sacerdocio menor, y enviadlos delante de vosotros para fijar citas, preparar la vía y cumplir con los compromisos que vosotros mismos no podáis cumplir.
108 He aquí, así fue como mis apóstoles me edificaron mi iglesia en los días antiguos.
109 Por tanto, ocupe cada hombre su propio oficio, y trabaje en su propio llamamiento; y no diga la cabeza a los pies que no tiene necesidad de ellos; porque sin los pies, ¿cómo podrá sostenerse el cuerpo?
110 También el cuerpo tiene necesidad de cada miembro, para que todos se edifiquen juntamente, para que el sistema se conserve perfecto.
111 Y he aquí, los sumos sacerdotes deben viajar, y también los élderes y los presbíteros; mas los diáconos y los maestros deben ser nombrados para velar por la iglesia y para ser sus ministros residentes.
112 Y el obispo Newel K. Whitney también debe viajar por entre todas las iglesias, buscando a los pobres para satisfacer sus necesidades, haciendo humildes a los ricos y a los orgullosos.
113 También ha de emplear a un agente para encargarse de los asuntos seculares bajo su dirección.
114 No obstante, vaya el obispo a la ciudad de Nueva York, y a las de Albany y de Boston, y amoneste a la gente de esas ciudades, con el son del evangelio, en voz alta, de la desolación y destrucción completa que les espera si rechazan estas cosas.
115 Porque si rechazan estas cosas, se acerca la hora de su juicio, y su casa les será dejada desierta.
116 Confíe él en mí y no será confundido; y ni uno de sus cabellos caerá a tierra inadvertido.
117 Y de cierto os digo a vosotros, el resto de mis siervos, salid a vuestros distintos llamamientos, según os lo permitan vuestras circunstancias, a las grandes y notables ciudades y pueblos, reprobando en justicia al mundo por todos sus hechos injustos e inmundos, exponiéndoles clara y comprensiblemente la abominación desoladora de los últimos días.
118 Porque con vosotros, dice el Señor Todopoderoso, hendiré sus reinos; no sólo sacudiré la tierra, sino que los cielos estrellados temblarán.
119 Porque yo, el Señor, he extendido mi mano para ejercer los poderes del cielo; no lo podéis ver ahora, pero dentro de un corto plazo lo veréis, y sabréis que yo soy, y que vendré y reinaré con mi pueblo.
120 Soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Amén.

SECCIÓN 85

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 27 de noviembre de 1832 (History of the Church, 1:298–299). Esta sección es parte de una carta del Profeta a W. W. Phelps, que vivía en Independence, Misuri. Se dio con el fin de contestar a las preguntas acerca de los santos que se habían trasladado a Sión pero que no habían recibido sus heredades de acuerdo con el orden establecido en la Iglesia.

1–5, En Sión, las heredades han de recibirse por medio de la consagración;
6–12, Uno poderoso y fuerte dará a los santos sus heredades respectivas en Sión.

1 ES el deber del secretario del Señor, a quien él ha nombrado, llevar una historia y un registro general de la iglesia de todas las cosas que acontezcan en Sión, y de todos los que consagren bienes y reciban legalmente heredades del obispo;
2 así como su manera de vivir, su fe y sus obras; y también de los apóstatas que se aparten después de recibir sus heredades.
3 Es contrario a la voluntad y al mandamiento de Dios que estén inscritos con los del pueblo de Dios los nombres de aquellos que no reciban su heredad por consagración, conforme a su ley, que él ha dado, para diezmar a su pueblo, a fin de prepararlo para el día de la venganza y el fuego.
4 Ni tampoco se guardará su genealogía, ni ha de hallarse en ninguno de los registros o historia de la iglesia.
5 Ni sus nombres, ni los nombres de sus padres, ni los de sus hijos se hallarán escritos en el libro de la ley de Dios, dice el Señor de los Ejércitos.
6 Sí, así dice la voz suave y apacible que a través de todas las cosas susurra y penetra, y a menudo hace estremecer mis huesos mientras se manifiesta, diciendo:
7 Y sucederá que yo, Dios el Señor, enviaré a uno poderoso y fuerte, con el cetro de poder en su mano, revestido de luz como un manto, cuya boca hablará palabras, palabras eternas, mientras que sus entrañas serán una fuente de verdad, para poner en orden la casa de Dios y para disponer por sorteo las heredades de los santos cuyos nombres, junto con los de sus padres e hijos, estén inscritos en el libro de la ley de Dios;
8 mientras que aquel hombre, que fue llamado por Dios y nombrado, que extienda su mano para sostener el arca de Dios, caerá por el dardo de la muerte, como el árbol herido por el fulgente golpe del rayo.
9 Y todos aquellos cuyos nombres no estén asentados en el libro de memorias, no hallarán herencia en aquel día, antes serán desarraigados y se les señalará su porción entre los incrédulos, en donde es el lloro y el crujir de dientes.
10 No digo yo estas cosas de mí mismo; por tanto, tal como habla el Señor, así también cumplirá.
11 Y los del sumo sacerdocio, así como los del sacerdocio menor y los miembros, cuyos nombres no se hallen escritos en el libro de la ley, o se descubra que han apostatado, o que han sido separados de la iglesia, no tendrán herencia entre los santos del Altísimo en aquel día;
12 por consiguiente, les será hecho como a los hijos del sacerdote, cual está escrito en el capítulo segundo, versículos sesenta y uno y sesenta y dos de Esdras.

SECCIÓN 86

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 6 de diciembre de 1832 (History of the Church, 1:300). Se recibió esta revelación mientras el Profeta estaba revisando y preparando el manuscrito de la traducción de la Biblia.

1–7, El Señor explica el significado de la parábola del trigo y la cizaña;
8–11, También explica las bendiciones del sacerdocio para aquellos que son herederos legítimos según la carne.

1 DE cierto, así dice el Señor a vosotros mis siervos, concerniente a la parábola del trigo y la cizaña:
2 He aquí, de cierto os digo, el campo era el mundo, y los apóstoles fueron los sembradores de la semilla;
3 y al dormirse éstos, el gran perseguidor de la iglesia, el apóstata, la ramera, Babilonia, que hace que todas las naciones beban de su copa, en cuyos corazones reina el enemigo, sí, Satanás, se sienta para reinar; he aquí, éste siembra la cizaña; por tanto, la cizaña ahoga el trigo y hace huir a la iglesia al desierto,
4 Mas he aquí, en los postreros días, aun ahora mientras el Señor comienza a sacar a luz la palabra, y la hierba está brotando y todavía está tierna,
5 he aquí, de cierto os digo, los ángeles claman al Señor día y noche, y están preparados y esperando ser enviados a segar los campos;
6 mas el Señor les dice: No arranquéis la cizaña mientras la hierba todavía está tierna (porque de cierto es débil vuestra fe), no sea que destruyáis también el trigo.
7 Dejad, pues, que crezcan juntos el trigo y la cizaña hasta que la cosecha esté enteramente madura; entonces primero recogeréis el trigo de entre la cizaña, y después de recoger el trigo, he aquí, la cizaña será atada en haces, y el campo quedará para ser quemado.
8 De modo que, así os dice el Señor a vosotros en quienes ha continuado el sacerdocio por el linaje de vuestros padres,
9 porque sois herederos legítimos, según la carne, y habéis sido escondidos del mundo con Cristo en Dios,
10 por tanto, vuestra vida y el sacerdocio han permanecido, y es necesario que permanezcan por medio de vosotros y de vuestro linaje hasta la restauración de todas las cosas que se han declarado por boca de todos los santos profetas desde el principio del mundo.
11 Así que, benditos sois si perseveráis en mi bondad, siendo una luz a los gentiles, y por medio de este sacerdocio, un salvador para mi pueblo Israel. El Señor lo ha dicho. Amén.

SECCIÓN 87

Revelación y profecía sobre la guerra, dada por medio de José Smith el Profeta, el 25 de diciembre de 1832 (History of the Church, 1:301–302). Se recibió esta sección en una época en que los hermanos reflexionaban y conversaban sobre la esclavitud de africanos en el continente americano y sobre la esclavitud de los hijos de los hombres por todo el mundo.

1–4, Se predice la guerra entre los estados del Norte y los estados del Sur;
5–8, Grandes calamidades descenderán sobre todos los habitantes de la tierra.

1 DE cierto, así dice el Señor concerniente a las guerras que pronto acaecerán, comenzando por la rebelión de Carolina del Sur, de las cuales finalmente resultarán la muerte y la miseria de muchas almas;
2 y vendrá el tiempo en que se derramará la guerra sobre todas las naciones, empezando en ese lugar.
3 Porque he aquí, los estados del Sur se dividirán en contra de los del Norte, y los estados del Sur llamarán a otras naciones, aun el país de la Gran Bretaña, como es llamado, y éstas también llamarán a otras para defenderse de otras naciones; y entonces se derramará la guerra sobre todas las naciones.
4 Y acontecerá, después de muchos días, que los esclavos se sublevarán contra sus amos, los cuales serán movilizados y disciplinados para la guerra.
5 Y también acontecerá que el resto de los que hayan quedado en la tierra se movilizarán y se irritarán extremadamente y hostigarán a los gentiles con severa aflicción.
6 Y así, con la espada y por el derramamiento de sangre se han de lamentar los habitantes de la tierra; y con hambre, plagas, terremotos, truenos del cielo, y también con violentos e intensos relámpagos, se hará sentir a los habitantes de la tierra la ira, la indignación y la mano castigadora de un Dios Omnipotente, hasta que la consumación decretada haya destruido por completo a todas las naciones;
7 a fin de que cesen de ascender desde la tierra a los oídos del Señor de Sabaot, el clamor de los santos, y de la sangre de ellos, pidiendo que sean vengados de sus enemigos.
8 Por tanto, permaneced en lugares santos y no seáis movidos, hasta que venga el día del Señor; porque he aquí, viene pronto, dice el Señor. Amén.

SECCIÓN 88

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 27 de diciembre de 1832 (History of the Church, 1:302–312). El Profeta la designó la "'hoja de olivo'...tomada del Árbol del Paraíso, el mensaje de paz del Señor a nosotros" (History of the Church, 1:316). Según los registros históricos, parece que partes de esta revelación se recibieron los días 27 y 28 de diciembre de 1832 y el 3 de enero de 1833.

1–5, Los santos fieles reciben ese Consolador que es la promesa de vida eterna;
6–13, La Luz de Cristo dirige y gobierna todas las cosas;
14–16, La Resurrección viene por medio de la Redención;
17–31, La obediencia a la ley celestial, terrestre o telestial prepara a los hombres para esos reinos y glorias respectivos;
32–35, Aquellos que disponen permanecer en el pecado permanecen sucios aún;
36–41, Todos los reinos son gobernados por la ley;
42–45, Dios ha dado una ley a todas las cosas;
46–50, El hombre comprenderá aun a Dios;
51–61, La parábola del hombre que envía a sus siervos al campo y los visita por turno;
62–73, Allegaos al Señor y veréis su faz;
74–80, Santificaos y enseñaos unos a otros la doctrina del reino;
81–85, Todo hombre que ha sido amonestado debe amonestar a su prójimo;
86–94, Señales, conmociones de los elementos y ángeles preparan el camino para la venida del Señor;
95–102, Trompetas angélicas llaman a los muertos a levantarse según su orden;
103–116, Trompetas angélicas proclaman la restauración del evangelio, la caída de Babilonia y la batalla del gran Dios;
117–126, Buscad conocimiento, estableced una casa de Dios [un templo] y vestíos con el vínculo de la caridad;
127–141, Se establece el orden de la Escuela de los Profetas, incluso la ordenanza del lavamiento de los pies.

1 DE cierto, así dice el Señor a los que os habéis reunido para recibir su voluntad concerniente a vosotros:
2 He aquí, esto es agradable a vuestro Señor, y los ángeles se regocijan a causa de vosotros; las ofrendas de vuestras oraciones han subido a los oídos del Señor de Sabaot y están inscritas en el libro de los nombres de los santificados, a saber, los del mundo celestial.
3 Por tanto, ahora os envío a vosotros, mis amigos, otro Consolador, el Santo Espíritu de la promesa, para que permanezca en vuestros corazones; y este otro Consolador es el mismo que prometí a mis discípulos, según se halla escrito en el testimonio de Juan.
4 Este Consolador es la promesa que os doy de vida eterna, sí, la gloria del reino celestial;
5 y esta gloria es la de la iglesia del Primogénito, sí, de Dios, el más santo de todos, mediante Jesucristo su Hijo,
6 quien ascendió a lo alto, como también descendió debajo de todo, por lo que comprendió todas las cosas, a fin de que estuviese en todas las cosas y a través de todas las cosas, la luz de la verdad,
7 la cual verdad brilla. Ésta es la luz de Cristo. Como también él está en el sol, y es la luz del sol, y el poder por el cual fue hecho.
8 Como también está en la luna, y es la luz de la luna, y el poder por el cual fue hecha;
9 como también la luz de las estrellas, y el poder por el cual fueron hechas.
10 Y la tierra también, y el poder de ella, sí, la tierra sobre la cual estáis.
11 Y la luz que brilla, que os alumbra, viene por medio de aquel que ilumina vuestros ojos, y es la misma luz que vivifica vuestro entendimiento,
12 la cual procede de la presencia de Dios para llenar la inmensidad del espacio,
13 la luz que existe en todas las cosas, que da vida a todas las cosas, que es la ley por la cual se gobiernan todas las cosas, sí, el poder de Dios que se sienta sobre su trono, que existe en el seno de la eternidad, que está en medio de todas las cosas.
14 Ahora, de cierto os digo que mediante la redención que se ha hecho por vosotros, se lleva a efecto la resurrección de los muertos.
15 Y el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre.
16 Y la resurrección de los muertos es la redención del alma.
17 Y la redención del alma viene por medio del que vivifica todas las cosas, en cuyo seno se ha decretado que los pobres y los mansos de la tierra la heredarán.
18 Por tanto, es menester que sea santificada de toda injusticia, a fin de estar preparada para la gloria celestial;
19 porque después de haber cumplido la medida de su creación, será coronada de gloria, sí, con la presencia de Dios el Padre;
20 para que los cuerpos que son del reino celestial la posean para siempre jamás; porque para este fin fue hecha y creada, y para este fin ellos son santificados.
21 Y aquellos que no son santificados por la ley que os he dado, a saber, la ley de Cristo, deberán heredar otro reino, ya sea un reino terrestre o un reino telestial.
22 Porque el que no es capaz de obedecer la ley de un reino celestial, no puede soportar una gloria celestial.
23 Y el que no puede obedecer la ley de un reino terrestre, no puede soportar una gloria terrestre.
24 Y el que no puede obedecer la ley de un reino telestial, no puede soportar una gloria telestial; por tanto, no es digno de un reino de gloria. Por consiguiente, deberá soportar un reino que no es de gloria.
25 Y además, de cierto os digo que la tierra obedece la ley de un reino celestial, porque cumple la medida de su creación y no traspasa la ley;
26 así que, será santificada; sí, a pesar de que morirá, será vivificada de nuevo; y aguantará el poder que la vivifica, y los justos la heredarán.
27 Porque a pesar de que mueren, también ellos se levantarán, cuerpos espirituales.
28 Aquellos que son de un espíritu celestial recibirán el mismo cuerpo que fue el cuerpo natural; sí, vosotros recibiréis vuestros cuerpos, y vuestra gloria será aquella por medio de la cual vuestro cuerpo sea vivificado.
29 Vosotros los que seáis vivificados por una porción de la gloria celestial, recibiréis entonces de ella, sí, una plenitud.
30 Y los que sean vivificados por una porción de la gloria terrestre, recibirán entonces de ella, sí, una plenitud.
31 Y también los que sean vivificados por una porción de la gloria telestial, recibirán entonces de ella, sí, una plenitud.
32 Y los que queden serán vivificados también; sin embargo, volverán otra vez a su propio lugar para gozar de lo que están dispuestos a recibir, porque no quisieron gozar de lo que pudieron haber recibido.
33 Porque, ¿en qué se beneficia el hombre a quien se le confiere un don, si no lo recibe? He aquí, ni se regocija con lo que le es dado, ni se regocija en aquel que le dio la dádiva.
34 Y además, de cierto os digo que lo que la ley gobierna, también preserva, y por ella es perfeccionado y santificado.
35 Aquello que traspasa una ley, y no se rige por la ley, antes procura ser una ley a sí mismo, y dispone permanecer en el pecado, y del todo permanece en el pecado, no puede ser santificado por la ley, ni por la misericordia, ni por la justicia ni por el juicio. Por tanto, tendrá que permanecer sucio aún.
36 A todos los reinos se ha dado una ley;
37 y hay muchos reinos; pues no hay espacio en el cual no haya reino; ni hay reino en el cual no haya espacio, bien sea un reino mayor o menor.
38 Y a cada reino se le ha dado una ley; y para cada ley también hay ciertos límites y condiciones.
39 Todos los seres que no se sujetan a esas condiciones no son justificados.
40 Porque la inteligencia se allega a la inteligencia; la sabiduría recibe a la sabiduría; la verdad abraza a la verdad; la virtud ama a la virtud; la luz se allega a la luz; la misericordia tiene compasión de la misericordia y reclama lo suyo; la justicia sigue su curso y reclama lo suyo; el juicio va ante la faz de aquel que se sienta sobre el trono y gobierna y ejecuta todas las cosas.
41 Él comprende todas las cosas, y todas las cosas están delante de él, y todas las cosas están alrededor de él; y él está sobre todas las cosas, y en todas las cosas, y por en medio de todas las cosas, y circunda todas las cosas; y todas las cosas son por él, y de él, sí, Dios, para siempre jamás.
42 Y además, de cierto os digo, él ha dado una ley a todas las cosas, mediante la cual se mueven en sus tiempos y estaciones;
43 y sus cursos son fijos, sí, los cursos de los cielos y de la tierra, que comprenden la tierra y todos los planetas.
44 Y se dan luz unos a otros en sus tiempos y estaciones, en sus minutos, en sus horas, sus días, sus semanas, sus meses y sus años. Todos éstos son un año para Dios, mas no para el hombre.
45 La tierra rueda sobre sus alas, y el sol da su luz de día, y la luna da su luz de noche, y las estrellas también dan su luz, a medida que ruedan sobre sus alas en su gloria, en medio del poder de Dios.
46 ¿A qué compararé estos reinos para que comprendáis?
47 He aquí, todos éstos son reinos, y el hombre que ha visto a cualquiera o al menor de ellos, ha visto a Dios obrando en su majestad y poder.
48 Os digo que lo ha visto; sin embargo, aquel que vino a los suyos no fue comprendido.
49 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no la comprenden; no obstante, el día vendrá en que comprenderéis aun a Dios, siendo vivificados en él y por él.
50 Entonces sabréis que me habéis visto, que yo soy, y que soy la luz verdadera que en vosotros está, y que vosotros estáis en mí; de lo contrario no podríais abundar.
51 He aquí, compararé estos reinos a un hombre que tiene un campo, y envió a sus siervos a cavar en él.
52 Y dijo al primero: Ve y trabaja en el campo, y en la primera hora vendré a ti, y verás el gozo de mi semblante.
53 Y dijo al segundo: Ve tú también al campo, y en la segunda hora te visitaré con el gozo de mi semblante;
54 y también al tercero, diciendo: Te visitaré;
55 y al cuarto, y así hasta el duodécimo.
56 Y el señor del campo visitó al primero en la primera hora, y permaneció con él toda aquella hora, y se alegró con la luz del semblante de su señor.
57 Entonces se retiró del primero para visitar también al segundo, y al tercero, y al cuarto, y así hasta el duodécimo.
58 Y así, todos recibieron la luz del semblante de su señor, cada hombre en su hora, en su tiempo y en su sazón,
59 empezando por el primero, y así hasta el último; y desde el último hasta el primero; y desde el primero hasta el último;
60 cada hombre en su propio orden hasta que se cumplió su hora, de acuerdo con lo que su señor le había mandado, para que su señor se glorificara en él, y él en su señor, a fin de que todos fuesen glorificados.
61 Por consiguiente, compararé todos estos reinos y sus habitantes a esta parábola, cada reino en su hora y en su tiempo y su sazón, de acuerdo con el decreto que Dios ha establecido.
62 Y además, de cierto os digo, mis amigos, os dejo estas palabras para que las meditéis en vuestro corazón, junto con este mandamiento que os doy, de llamarme mientras estoy cerca.
63 Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá;
64 cualquier cosa que le pidáis al Padre en mi nombre os será dada, si es para vuestro bien;
65 y si pedís algo que no os conviene, se tornará para vuestra condenación.
66 He aquí, lo que oís es como la voz de uno que clama en el desierto —en el desierto, porque no lo podéis ver— mi voz, porque mi voz es Espíritu; mi Espíritu es verdad; la verdad perdura y no tiene fin; y si está en vosotros, abundará.
67 Y si vuestra mira está puesta únicamente en mi gloria, vuestro cuerpo entero será lleno de luz y no habrá tinieblas en vosotros; y el cuerpo lleno de luz comprende todas las cosas.
68 Por tanto, santificaos para que vuestras mentes se enfoquen únicamente en Dios, y vendrán los días en que lo veréis, porque os descubrirá su faz; y será en su propio tiempo y a su propia manera, y de acuerdo con su propia voluntad.
69 Recordad la grande y última promesa que os he hecho; desechad vuestros pensamientos ociosos y risa excesiva de entre vosotros.
70 Deteneos, deteneos, en este lugar, y convocad una asamblea solemne de aquellos que son los primeros obreros en este último reino.
71 E invoquen al Señor los que han sido amonestados por ellos en sus viajes, y mediten en sus corazones, por una corta temporada, la amonestación que han recibido.
72 He aquí, yo me encargaré de vuestros rebaños, y levantaré élderes y los enviaré a ellos.
73 He aquí, apresuraré mi obra en su tiempo.
74 Y os doy a vosotros, que sois los primeros obreros en este último reino, el mandamiento de que os reunáis, y de que os organicéis, os preparéis y santifiquéis; sí, purificad vuestro corazón y limpiad vuestras manos y vuestros pies ante mí, para que yo os haga limpios;
75 a fin de que yo testifique a vuestro Padre, y vuestro Dios y mi Dios, que sois limpios de la sangre de esta perversa generación; para que yo cumpla esta promesa, esta grande y última promesa que os he hecho, cuando sea mi voluntad.
76 También os doy el mandamiento de perseverar en la oración y el ayuno desde ahora en adelante.
77 Y os mando que os enseñéis el uno al otro la doctrina del reino.
78 Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará, para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender;
79 de cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son y que pronto han de acontecer; cosas que existen en el país, cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que se ciernen sobre el país; y también el conocimiento de los países y de los reinos,
80 a fin de que estéis preparados en todas las cosas, cuando de nuevo os envíe a magnificar el llamamiento al cual os he nombrado y la misión con la que os he comisionado.
81 He aquí, os envié para testificar y amonestar al pueblo, y conviene que todo hombre que ha sido amonestado, amoneste a su prójimo.
82 Por tanto, quedan sin excusa, y sus pecados descansan sobre su propia cabeza.
83 El que temprano me busca, me hallará, y no será abandonado.
84 Permaneced, pues, y trabajad diligentemente, para que seáis perfeccionados en vuestro ministerio de ir entre los gentiles por última vez, cuantos la boca del Señor llame, para atar la ley y sellar el testimonio, y preparar a los santos para la hora del juicio que ha de venir;
85 a fin de que sus almas escapen de la ira de Dios, la abominación desoladora que espera a los malvados, tanto en este mundo como en el venidero. De cierto os digo, continúen en la viña aquellos que no son los primeros élderes, hasta que la boca del Señor los llame, porque su tiempo no ha llegado aún; sus vestidos no están limpios de la sangre de esta generación.
86 Perseverad en la libertad mediante la cual se os hace libres; no os enredéis en el pecado, sino queden limpias vuestras manos hasta que el Señor venga.
87 Porque de aquí a poco tiempo, la tierra temblará y se tambaleará como un borracho; y el sol esconderá su faz y se negará a dar luz; y la luna será bañada en sangre; y las estrellas se irritarán extremadamente, y se lanzarán hacia abajo como el higo que cae de la higuera.
88 Y después de vuestro testimonio vienen la ira y la indignación sobre el pueblo.
89 Porque después de vuestro testimonio viene el testimonio de terremotos que causarán gemidos en el centro de la tierra, y los hombres caerán al suelo y no podrán permanecer en pie.
90 Y también viene el testimonio de la voz de truenos, y la voz de relámpagos, y la voz de tempestades, y la voz de las olas del mar que se precipitan allende sus límites.
91 Y todas las cosas estarán en conmoción; y de cierto, desfallecerá el corazón de los hombres, porque el temor vendrá sobre todo pueblo.
92 Y ángeles volarán por en medio del cielo, clamando en voz alta, tocando la trompeta de Dios, diciendo: Preparaos, preparaos, oh habitantes de la tierra, porque el juicio de nuestro Dios ha llegado. He aquí, el Esposo viene; salid a recibirlo.
93 E inmediatamente aparecerá una gran señal en el cielo, y todo pueblo la verá juntamente.
94 Y otro ángel tocará su trompeta, diciendo: Esa grande iglesia, la madre de las abominaciones, que hizo que todas las naciones bebieran del vino de la ira de su fornicación, que persigue a los santos de Dios, que derrama su sangre, la misma que se sienta sobre muchas aguas y sobre las islas del mar, he aquí, ella es la cizaña de la tierra; es atada en haces; sus ligaduras son afianzadas y nadie las puede soltar; por tanto, está presta para ser quemada. Y él tocará su trompeta larga y fuertemente, y todas las naciones la oirán.
95 Y habrá silencio en el cielo por espacio de media hora; e inmediatamente después se desplegará el velo del cielo, como un rollo que se desenvuelve después de haber sido arrollado, y la faz del Señor será descubierta.
96 Y los santos que se hallen sobre la tierra, que estén vivos, serán vivificados y arrebatados para recibirlo.
97 Y los que hayan dormido en sus sepulcros saldrán, porque serán abiertos sus sepulcros; y también ellos serán arrebatados para recibirlo en medio del pilar del cielo.
98 Ellos son de Cristo, las primicias, los que descenderán con él primero, y los que se encuentran en la tierra y en sus sepulcros, que son los primeros en ser arrebatados para recibirlo; y todo esto por la voz del son de la trompeta del ángel de Dios.
99 Y después de esto, otro ángel tocará, y será la segunda trompeta; y entonces viene la redención de los que son de Cristo a su venida, los que han recibido su parte en aquella prisión preparada para ellos, a fin de que recibiesen el evangelio y fuesen juzgados según los hombres en la carne.
100 Y además, sonará otra trompeta, que es la tercera trompeta; y entonces vienen los espíritus de los hombres que han de ser juzgados, y que se hallan bajo condenación.
101 Y éstos son el resto de los muertos; y no vuelven a vivir sino hasta que pasen los mil años, ni volverán a vivir hasta el fin de la tierra.
102 Y sonará otra trompeta, que es la cuarta trompeta, diciendo: Se encuentran entre los que han de quedar hasta ese grande y postrer día, sí, el fin, quienes permanecerán sucios aún.
103 Y otra trompeta sonará, la cual es la quinta trompeta, y es el quinto ángel que vuela por en medio del cielo y entrega el evangelio eterno a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos;
104 y éste será el sonido de su trompeta, diciendo a todo pueblo, tanto en el cielo como en la tierra y debajo de la tierra; porque todo oído lo oirá, y toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará, al escuchar el sonido de la trompeta, que dice: Temed a Dios y dad gloria al que se sienta sobre el trono, para siempre jamás; porque la hora de su juicio ha llegado.
105 Y además, otro ángel, que es el sexto ángel, tocará su trompeta, diciendo: ¡Ha caído la que hizo que todas las naciones bebieran del vino de la ira de su fornicación; ha caído, ha caído!
106 Y otro ángel más, que es el séptimo ángel, tocará su trompeta, diciendo: ¡Consumado es; consumado es! El Cordero de Dios ha vencido y pisado él solo el lagar, sí, el lagar del furor de la ira del Dios Omnipotente.
107 Y entonces serán coronados los ángeles con la gloria de la potencia de él, y los santos serán llenos de la gloria de él, y recibirán su herencia y serán hechos iguales con él.
108 Y entonces el primer ángel hará sonar de nuevo su trompeta en los oídos de todos los vivientes, y revelará los hechos secretos de los hombres y las prodigiosas obras de Dios durante el primer milenio.
109 Y entonces el segundo ángel tocará su trompeta y revelará las obras secretas de los hombres, y los pensamientos e intenciones de su corazón, y las prodigiosas obras de Dios durante el segundo milenio.
110 Y así, hasta que el séptimo ángel toque su trompeta; y estará de pie sobre la tierra y sobre el mar, y jurará en el nombre del que se sienta sobre el trono, que el tiempo dejará de ser; y Satanás será atado, aquella serpiente antigua que es llamada el diablo, y no será desatado por espacio de mil años.
111 Y entonces quedará suelto por una corta temporada, para reunir a sus ejércitos.
112 Y Miguel, el séptimo ángel, el arcángel, reunirá a sus ejércitos, sí, las huestes del cielo.
113 Y el diablo reunirá a sus ejércitos, las huestes del infierno, e irá a la batalla contra Miguel y sus ejércitos.
114 Y entonces viene la batalla del gran Dios; y el diablo y sus ejércitos serán arrojados a su propio lugar, para que nunca más tengan poder sobre los santos.
115 Porque Miguel peleará sus batallas, y vencerá al que ambiciona el trono de aquel que sobre él se sienta, sí, el Cordero.
116 Ésta es la gloria de Dios y los santificados; y nunca más verán la muerte.
117 Por tanto, de cierto os digo, mis amigos, convocad vuestra asamblea solemne como os he mandado.
118 Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.
119 Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios;
120 para que vuestras entradas sean en el nombre del Señor; vuestras salidas sean en el nombre del Señor; y todas vuestras salutaciones sean en el nombre del Señor, con las manos extendidas hacia el Altísimo.
121 Por consiguiente, cesad de todas vuestras conversaciones livianas, de toda risa, de todos vuestros deseos de concupiscencia, de todo vuestro orgullo y frivolidad y de todos vuestros hechos malos.
122 Nombrad de entre vosotros a un maestro; y no tomen todos la palabra al mismo tiempo, sino hable uno a la vez y escuchen todos lo que él dijere, para que cuando todos hayan hablado, todos sean edificados de todos y cada hombre tenga igual privilegio.
123 Mirad que os améis los unos a los otros; cesad de ser codiciosos; aprended a compartir unos con otros como el evangelio lo requiere.
124 Cesad de ser ociosos; cesad de ser impuros; cesad de criticaros el uno al otro; cesad de dormir más de lo necesario; acostaos temprano para que no os fatiguéis; levantaos temprano para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados.
125 Y sobre todo, vestíos, como con un manto, con el vínculo de la caridad, que es el vínculo de la perfección y de la paz.
126 Orad siempre para que no desmayéis, hasta que yo venga. He aquí, vendré presto y os tomaré para mí. Amén.
127 Y además, el orden de la casa preparada para la presidencia de la escuela de los profetas, establecida para su instrucción en todas las cosas que les convienen, sí, para todos los oficiales de la iglesia, o en otras palabras, aquellos que son llamados al ministerio en la iglesia, comenzando por los sumos sacerdotes, hasta los diáconos,
128 y éste será el orden de la casa de la presidencia de la escuela: El que sea nombrado presidente o maestro ocupará su lugar en la casa que será preparada para él.
129 De manera que será el primero en la casa de Dios, en un lugar desde el cual los congregados que estén en la casa puedan oír sus palabras atenta y distintamente, sin hablar en voz alta.
130 Y al entrar en la casa de Dios, porque ha de ser el primero en la casa —he aquí, esto es bello, para que sirva él de ejemplo—
131 entréguese él en oración, de rodillas ante Dios, en señal o memoria del convenio sempiterno.
132 Y cuando alguien entre después de él, levántese el maestro, y con las manos extendidas directamente hacia el cielo, salude a su hermano o hermanos con estas palabras:
133 ¿Eres hermano, o sois hermanos? Os saludo en el nombre del Señor Jesucristo, en señal o memoria del convenio sempiterno, convenio en el cual os recibo en confraternidad, con una determinación que es fija, inalterable e inmutable, de ser vuestro amigo y hermano por la gracia de Dios en los lazos de amor, de andar conforme a todos los mandamientos de Dios, irreprensible, con acción de gracias, para siempre jamás. Amén.
134 Y el que sea hallado indigno de este saludo no tendrá cabida entre vosotros; porque no le permitiréis que profane mi casa.
135 Y el que entra y es fiel ante mí, y es un hermano, o si son hermanos, saludarán, con las manos extendidas hacia el cielo, al presidente o al maestro con esta misma oración y convenio, o diciendo Amén, en señal de acuerdo.
136 He aquí, de cierto os digo, ésta es una norma para vosotros en cuanto a la manera de saludaros el uno al otro en la casa de Dios, en la escuela de los profetas.
137 Y se os manda hacer esto con oración y acción de gracias, según lo que os inspire a decir el Espíritu en todos vuestros hechos en la casa del Señor, en la escuela de los profetas, para que llegue a ser un santuario, un tabernáculo del Santo Espíritu para vuestra edificación.
138 Y no recibiréis entre vosotros a nadie en esta escuela, a menos que esté limpio de la sangre de esta generación;
139 y será recibido mediante la ordenanza del lavamiento de los pies, porque para este fin fue instituida.
140 Y además, el presidente o élder presidente de la iglesia administrará la ordenanza del lavamiento de los pies.
141 Se comenzará con oración; y después de participar del pan y del vino, ha de ceñirse según el modelo dado en el capítulo decimotercero del testimonio de Juan concerniente a mí. Amén.

SECCIÓN 89

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 27 de febrero de 1833 (History of the Church, 1:327–329). El hecho de que algunos hermanos de aquella época usaran tabaco en sus reuniones llevó al Profeta a meditar en el asunto, y consiguientemente preguntó al Señor en cuanto a ello. Esta revelación, conocida como la Palabra de Sabiduría, fue el resultado. El Profeta originalmente escribió los primeros tres versículos como introducción y descripción inspiradas.

1–9, Se proscribe el uso del vino, de las bebidas fuertes, del tabaco y de las bebidas calientes;
10–17, Se decretan las hierbas, las frutas, la carne y el grano para el uso del hombre y de los animales;
18–21, La obediencia a las leyes del evangelio, incluso a la Palabra de Sabiduría, trae bendiciones temporales y espirituales.

1 UNA Palabra de Sabiduría para el beneficio del consejo de sumos sacerdotes reunido en Kirtland, y la iglesia, y también los santos de Sión
2 —para ser enviada por vía de salutación; no por mandamiento ni restricción, sino por revelación y la palabra de sabiduría, demostrando el orden y la voluntad de Dios en la salvación temporal de todos los santos en los últimos días—
3 dada como un principio con promesa, adaptada a la capacidad del débil y del más débil de todos los santos, que son o que pueden ser llamados santos.
4 He aquí, de cierto, así os dice el Señor: Por motivo de las maldades y designios que existen y que existirán en el corazón de hombres conspiradores en los últimos días, os he amonestado y os prevengo, dándoos esta palabra de sabiduría por revelación:
5 Que si entre vosotros hay quien beba vino o bebidas fuertes, he aquí, no es bueno ni propio a los ojos de vuestro Padre, sino cuando os reunís para ofrecerle vuestros sacramentos.
6 Y he aquí, éste debe ser vino, sí, vino puro de la uva de la vid, de vuestra propia hechura.
7 Y además, las bebidas fuertes no son para el vientre, sino para el lavamiento de vuestros cuerpos.
8 Y además, el tabaco no es para el cuerpo ni para el vientre, y no es bueno para el hombre, sino que es una hierba para magulladuras y para todo ganado enfermo, que se ha de usar con juicio y destreza.
9 Y además, las bebidas calientes no son para el cuerpo ni para el vientre.
10 Y además, de cierto os digo que Dios ha dispuesto toda hierba saludable para la constitución, naturaleza y uso del hombre:
11 Cada hierba en su sazón y cada fruta en su sazón; todas éstas para usarse con prudencia y acción de gracias.
12 Sí, también la carne de las bestias y de las aves del cielo, yo, el Señor, he dispuesto para el uso del hombre, con acción de gracias; sin embargo, han de usarse limitadamente;
13 y a mí me complace que no se usen, sino en temporadas de invierno, o de frío, o hambre.
14 Se ha dispuesto todo grano para el uso del hombre y de las bestias, como sostén de vida; no solamente para el hombre, sino para las bestias del campo, las aves del cielo y todo animal silvestre que corre o se arrastra sobre la tierra;
15 y a éstos Dios los ha hecho para el uso del hombre, sólo en tiempo de carestía y hambre extremada.
16 Todo grano es bueno para alimentar al hombre, así como también el fruto de la vid; lo que produce fruto, ya sea dentro de la tierra, ya sea arriba de la tierra;
17 sin embargo, el trigo para el hombre, el maíz para el buey, la avena para el caballo, el centeno para las aves, los puercos y toda bestia del campo, y la cebada para todo animal útil y para bebidas moderadas, así como también otros granos.
18 Y todos los santos que se acuerden de guardar y hacer estas cosas, rindiendo obediencia a los mandamientos, recibirán salud en el ombligo y médula en los huesos;
19 y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos;
20 y correrán sin fatigarse, y andarán sin desmayar.
21 Y yo, el Señor, les prometo que el ángel destructor pasará de ellos, como de los hijos de Israel, y no los matará. Amén.

SECCIÓN 90

Revelación dada a José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 8 de marzo de 1833 (History of the Church, 1:329–331). Esta revelación constituye un paso adicional en el establecimiento de la Primera Presidencia (véase el encabezamiento de la sección 81); como consecuencia de ella, los consejeros mencionados fueron ordenados el 18 de marzo de 1833.

1–5, Las llaves del reino se han entregado a José Smith y, por medio de él, a la Iglesia;
6–7, Sidney Rigdon y Frederick G. Williams han de servir en la Primera Presidencia;
8–11, El evangelio debe predicarse a las naciones de Israel, a los gentiles y a los judíos, y todo hombre lo escuchará en su propia lengua;
12–18, José Smith y sus consejeros deben poner en orden los asuntos de la Iglesia;
19–37, El Señor exhorta a varias personas a andar rectamente y a servir en su reino.

1 ASÍ dice el Señor: De cierto, de cierto te digo, hijo mío, te son perdonados tus pecados, según tu petición, porque tus oraciones y las oraciones de tus hermanos han llegado a mis oídos.
2 Por tanto, bendito eres de aquí en adelante, tú que posees las llaves del reino que te fueron dadas, reino que está surgiendo por última vez.
3 De cierto te digo, las llaves de este reino nunca te serán quitadas mientras estés en el mundo, ni tampoco en el venidero;
4 no obstante, por tu conducto se darán los oráculos a otro, sí, a la iglesia.
5 Y quienes reciban los oráculos de Dios, tengan cuidado de cómo los estiman, no sea que los menosprecien, y con ello incurran en la condenación, y tropiecen y caigan cuando desciendan las tempestades y soplen los vientos y vengan las lluvias, y den con ímpetu contra su casa.
6 Y además, de cierto digo a tus hermanos, Sidney Rigdon y Frederick G. Williams, que también sus pecados les son perdonados, y se les considera igual que a ti en la posesión de las llaves de este último reino;
7 y también, mediante tu administración, las llaves de la escuela de los profetas que he mandado organizar;
8 para que con esto se perfeccionen en su ministerio para la salvación de Sión, y de las naciones de Israel y cuantos de los gentiles creyeren;
9 para que por tu administración reciban ellos la palabra, y por medio de su administración salga la palabra hasta los cabos de la tierra, primero a los gentiles y entonces, he aquí, volverán a los judíos.
10 Y entonces vendrá el día en que el brazo del Señor se manifestará con poder para convencer a las naciones, las naciones paganas, la casa de José, del evangelio de su salvación.
11 Porque acontecerá que en aquel día todo hombre oirá la plenitud del evangelio en su propia lengua y en su propio idioma, por conducto de los que son ordenados a este poder, mediante la administración del Consolador, derramado sobre ellos para revelar a Jesucristo.
12 Y ahora, de cierto os digo, os doy el mandamiento de continuar en el ministerio y en la presidencia.
13 Y cuando hayáis terminado la traducción de los profetas, habéis de presidir los asuntos de la iglesia y de la escuela de allí en adelante;
14 y de cuando en cuando, según lo manifieste el Consolador, recibir revelaciones para aclarar los misterios del reino;
15 y poner en orden las iglesias, y estudiar y aprender, y familiarizaros con todos los libros buenos y con los idiomas, lenguas y pueblos.
16 Y éste será vuestro cargo y misión toda vuestra vida: Presidir los consejos y poner en orden todos los asuntos de esta iglesia y reino.
17 No os avergoncéis, ni os sintáis confundidos; mas sed amonestados en toda vuestra altivez y orgullo, porque esto tiende un lazo a vuestras almas.
18 Poned vuestras casas en orden; apartad lejos de vosotros la pereza y la inmundicia.
19 Ahora, de cierto te digo, prepárese una casa, lo más pronto que sea posible, para la familia de tu consejero y escribiente, a saber, Frederick G. Williams.
20 Y continúe con su familia mi anciano siervo, Joseph Smith, padre, en la casa donde ahora reside; y no sea vendida hasta que la boca del Señor lo diga.
21 Y permanezca mi consejero, a saber, Sidney Rigdon, donde ahora reside hasta que la boca del Señor lo diga.
22 Y procure con diligencia el obispo conseguir un agente; y sea un hombre que tenga ahorradas riquezas, un hombre de Dios y fuerte en su fe,
23 para que así pueda liquidar toda deuda; a fin de que el almacén del Señor no caiga en descrédito ante los ojos del pueblo.
24 Escudriñad diligentemente, orad siempre, sed creyentes, y todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien, si andáis en la rectitud y recordáis el convenio que habéis hecho el uno con el otro.
25 Sean pequeñas vuestras familias, especialmente la de mi siervo anciano, Joseph Smith, padre, en cuanto al número de los que no son de vuestras familias;
26 a fin de que aquellas cosas que se os han proporcionado para llevar a cabo mi obra no os sean quitadas y dadas a los que no son dignos,
27 y así se os impida cumplir las cosas que os he mandado.
28 Y además, de cierto te digo, es mi voluntad que mi sierva Vienna Jaques reciba dinero para sus gastos y suba a la tierra de Sión;
29 y el resto del dinero me sea consagrado, y ella sea recompensada en mi propio y debido tiempo.
30 De cierto te digo, me parece conveniente que ella suba a la tierra de Sión y reciba una heredad de manos del obispo;
31 para que se establezca en paz, en tanto que sea fiel, y no pase sus días en ocio de allí en adelante.
32 Y he aquí, de cierto te digo que has de escribir este mandamiento y decir a tus hermanos de Sión, con saludo cariñoso, que también te he llamado para presidir a Sión en mi propio y debido tiempo.
33 Por tanto, cesen de molestarme en cuanto a este asunto.
34 He aquí, te digo que tus hermanos que están en Sión empiezan a arrepentirse, y los ángeles se regocijan a causa de ellos.
35 No obstante, no estoy bien complacido con muchas cosas; y no estoy bien complacido con mis siervos William E. McLellin y Sidney Gilbert; y también el obispo y otros tienen mucho de que arrepentirse.
36 Pero de cierto te digo, que yo, el Señor, contenderé con Sión y litigaré con sus fuertes, y la disciplinaré hasta que triunfe y se purifique ante mí.
37 Porque no será quitada de su lugar. Yo, el Señor, lo he decretado. Amén.

SECCIÓN 91

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 9 de marzo de 1833 (History of the Church, 1:331–332). En esos días, el Profeta se hallaba ocupado en la traducción del Antiguo Testamento. Habiendo llegado a esa parte de los escritos antiguos que se conoce como los libros apócrifos, se dirigió al Señor y recibió esta instrucción.

1–3, Los libros apócrifos, en su mayoría, se han traducido correctamente, pero contienen muchas interpolaciones de los hombres que no son verdaderas;
4–6, Beneficiarán a los que sean iluminados por el Espíritu.

1 DE cierto, así dice el Señor concerniente a los libros apócrifos: Contienen muchas cosas verdaderas, y en su mayoría se han traducido correctamente;
2 hay muchas cosas en ellos que no son verdaderas, que son interpolaciones de los hombres.
3 De cierto os digo, que no es necesario que los libros apócrifos sean traducidos.
4 Por tanto, quien los lea, que entienda, porque el Espíritu manifiesta la verdad;
5 y el que sea iluminado por el Espíritu logrará beneficio de ellos;
6 y el que no reciba por medio del Espíritu no puede beneficiarse. Por consiguiente, no es necesario que sean traducidos. Amén.

SECCIÓN 92

Revelación dada a José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 15 de marzo de 1833 (History of the Church, 1:333). La revelación va dirigida a Frederick G. Williams, que recientemente había sido nombrado consejero de la Primera Presidencia.

1–2, Un mandamiento concerniente a la admisión en la orden unida.

1 DE cierto, así dice el Señor, doy a la orden unida, organizada conforme al mandamiento previamente dado, una revelación y mandamiento concerniente a mi siervo Frederick G. Williams, de admitirlo en la orden. Lo que digo a uno lo digo a todos.
2 Y además, te digo a ti, mi siervo Frederick G. Williams, tú serás un miembro activo en esta orden; y en tanto que seas fiel en guardar todos los mandamientos anteriores, serás bendecido para siempre. Amén.

SECCIÓN 93

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 6 de mayo de 1833 (History of the Church, 1:343–346).

1–5, Todos los que son fieles verán al Señor;
6–18, Juan dio testimonio de que el Hijo de Dios recibió gracia sobre gracia hasta que recibió la plenitud de la gloria del Padre;
19–20, Los hombres fieles que progresen de gracia en gracia también recibirán de su plenitud;
21–22, Aquellos que son engendrados por medio de Cristo constituyen la Iglesia del Primogénito;
23–28, Cristo recibió la plenitud de toda la verdad y, por medio de la obediencia, el hombre también puede lograrlo;
29–32, El hombre fue en el principio con Dios;
33–35, Los elementos son eternos y el hombre puede recibir una plenitud de gozo en la Resurrección;
36–37, La gloria de Dios es la inteligencia;
38–40, Los niños son inocentes ante Dios por motivo de la redención de Cristo;
41–53, Se manda a los hermanos que están a la cabeza de la Iglesia poner en orden a sus familias.

1 DE cierto, así dice el Señor: Acontecerá que toda alma que deseche sus pecados y venga a mí, invoque mi nombre, obedezca mi voz y guarde mis mandamientos, verá mi faz y sabrá que yo soy;
2 y que yo soy la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo;
3 y que soy en el Padre, y el Padre en mí, y el Padre y yo somos uno,
4 el Padre, porque me dio de su plenitud, y el Hijo, porque estuve en el mundo, e hice de la carne mi tabernáculo y habité entre los hijos de los hombres.
5 Estuve en el mundo y recibí de mi Padre, y sus obras plenamente se manifestaron.
6 Y Juan vio la plenitud de mi gloria y dio testimonio de ella; y la plenitud del testimonio de Juan más adelante ha de ser revelada.
7 Y él dio testimonio, diciendo: Vi su gloria, que él era en el principio, antes que el mundo fuese;
8 así que, en el principio era el Verbo, porque él era el Verbo, sí, el mensajero de salvación,
9 la luz y el Redentor del mundo; el Espíritu de verdad que vino al mundo, porque el mundo fue hecho por él, y en él estaban la vida y la luz de los hombres.
10 Los mundos por él fueron hechos, y por él los hombres fueron hechos; todas las cosas fueron hechas por él, mediante él y de él.
11 Y yo, Juan, doy testimonio de que vi su gloria, como la gloria del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, sí, el Espíritu de verdad que vino y moró en la carne, y habitó entre nosotros.
12 Y yo, Juan, vi que no recibió de la plenitud al principio, mas recibía gracia sobre gracia;
13 y no recibió de la plenitud al principio, sino que continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud;
14 y por esto fue llamado el Hijo de Dios, porque no recibió de la plenitud al principio.
15 Y yo, Juan, doy testimonio, y he aquí, los cielos fueron abiertos, y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma y reposó sobre él; y vino una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo Amado.
16 Y yo, Juan, testifico que recibió la plenitud de la gloria del Padre;
17 y recibió todo poder, tanto en el cielo como en la tierra, y la gloria del Padre fue con él, porque moró en él.
18 Y acontecerá que si sois fieles, recibiréis la plenitud del testimonio de Juan.
19 Os digo estas palabras para que comprendáis y sepáis cómo adorar, y sepáis qué adoráis, para que vengáis al Padre en mi nombre, y en el debido tiempo recibáis de su plenitud.
20 Porque si guardáis mis mandamientos, recibiréis de su plenitud y seréis glorificados en mí como yo lo soy en el Padre; por lo tanto, os digo, recibiréis gracia sobre gracia.
21 Y ahora, de cierto os digo, yo estuve en el principio con el Padre, y soy el Primogénito;
22 y todos los que por medio de mí son engendrados, son partícipes de esa gloria, y son la iglesia del Primogénito.
23 Vosotros también estuvisteis en el principio con el Padre; lo que es Espíritu, sí, el Espíritu de verdad;
24 y la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser;
25 y lo que sea más o menos que esto es el espíritu de aquel inicuo que fue mentiroso desde el principio.
26 El Espíritu de verdad es de Dios. Yo soy el Espíritu de verdad, y Juan dio testimonio de mí, diciendo: Él recibió la plenitud de la verdad, sí, aun de toda la verdad;
27 y ningún hombre recibe la plenitud, a menos que guarde sus mandamientos.
28 El que guarda sus mandamientos recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas.
29 También el hombre fue en el principio con Dios. La inteligencia, o sea, la luz de verdad, no fue creada ni hecha, ni tampoco lo puede ser.
30 Toda verdad es independiente para obrar por sí misma en aquella esfera en que Dios la ha colocado, así como toda inteligencia; de otra manera, no hay existencia.
31 He aquí, esto constituye el albedrío del hombre y la condenación del hombre; porque claramente les es manifestado lo que existió desde el principio, y no reciben la luz.
32 Y todo hombre cuyo espíritu no recibe la luz está bajo condenación.
33 Porque el hombre es espíritu. Los elementos son eternos; y espíritu y elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo;
34 y cuando están separados, el hombre no puede recibir una plenitud de gozo.
35 Los elementos son el tabernáculo de Dios; sí, el hombre es el tabernáculo de Dios, a saber, templos; y el templo que fuere profanado, Dios lo destruirá.
36 La gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras, luz y verdad.
37 La luz y la verdad desechan a aquel inicuo.
38 Todos los espíritus de los hombres fueron inocentes en el principio; y habiéndolo redimido Dios de la caída, el hombre llegó a quedar de nuevo en su estado de infancia, inocente delante de Dios.
39 Y aquel inicuo viene y despoja a los hijos de los hombres de la luz y la verdad, por medio de la desobediencia, y a causa de las tradiciones de sus padres.
40 Pero yo os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad.
41 Mas de cierto te digo, mi siervo Frederick G. Williams, que tú has continuado bajo esta condenación;
42 no has enseñado a tus hijos e hijas la luz y la verdad, conforme a los mandamientos; y aquel inicuo todavía tiene poder sobre ti, y ésta es la causa de tu aflicción.
43 Y ahora te doy un mandamiento: Si quieres verte libre, has de poner tu propia casa en orden, porque hay en tu casa muchas cosas que no son rectas.
44 De cierto le digo a mi siervo Sidney Rigdon, que en ciertas cosas no ha guardado los mandamientos en cuanto a sus hijos; por tanto, ponga en orden su casa primero.
45 De cierto le digo a mi siervo José Smith, hijo, o en otras palabras, os llamaré amigos, porque sois mis amigos y tendréis una herencia conmigo
46 —os llamé siervos por causa del mundo, y sois sus siervos por mi causa—
47 y ahora, de cierto le digo a mi siervo José Smith, hijo: No has guardado los mandamientos, y debes ser reprendido ante el Señor;
48 es necesario que los de tu familia se arrepientan y abandonen algunas cosas, y que atiendan con mayor diligencia a tus palabras, o serán quitados de su lugar.
49 Lo que digo a uno lo digo a todos; orad en todo tiempo, no sea que aquel inicuo logre poder en vosotros y os quite de vuestro lugar.
50 Mi siervo Newel K. Whitney, obispo de mi iglesia, también tiene necesidad de ser reprendido, y de poner en orden a su familia, y procurar que sean más diligentes y atentos en el hogar, y que oren siempre, o serán quitados de su lugar.
51 Ahora os digo, mis amigos, emprenda su viaje con rapidez mi siervo Sidney Rigdon, y también proclame el año agradable del Señor y el evangelio de salvación, conforme a las palabras que yo le dé; y por vuestra oración unánime de fe lo sostendré.
52 Y apresúrense también mis siervos José Smith, hijo, y Frederick G. Williams, y les será dado según la oración de fe; y si guardáis mis palabras, no seréis confundidos en este mundo ni en el venidero.
53 Y de cierto os digo, es mi voluntad que os deis prisa para traducir mis Escrituras y para adquirir un conocimiento de la historia, y de los países y de los reinos, y de las leyes de Dios y de los hombres, y todo esto para la salvación de Sión. Amén.

SECCIÓN 94

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 6 de mayo de 1833 (History of the Church, 1:346–347). Hyrum Smith, Reynolds Cahoon y Jared Carter son nombrados para formar un comité de construcción de la Iglesia.

1–9, Un mandamiento relacionado con la construcción de una casa para la obra de la Presidencia;
10–12, Se ha de edificar una casa para imprimir;
13–17, Se señalan ciertas heredades.

1 Y ADEMÁS, de cierto os digo, mis amigos, os mando dar principio a la obra de proyectar y preparar el comienzo y fundación de la ciudad de la estaca de Sión, aquí en la tierra de Kirtland, principiando por mi casa.
2 Y he aquí, debe hacerse según el modelo que os he dado.
3 Conságreseme el primer solar hacia el sur a fin de edificarle una casa a la presidencia, para la obra de la presidencia, de recibir revelaciones; y para la obra del ministerio de la presidencia en todas las cosas pertenecientes a la iglesia y al reino.

4 De cierto os digo, que el salón interior medirá cincuenta y cinco pies de ancho por sesenta y cinco de largo.
5 Habrá un salón abajo y otro arriba, conforme al modelo que después os será dado.
6 Y se dedicará al Señor desde su fundamento, según el orden del sacerdocio, de acuerdo con el modelo que os será indicado más adelante.
7 Y se dedicará íntegramente al Señor para la obra de la presidencia.
8 Y no consentiréis que ninguna cosa inmunda entre en ella; y mi gloria estará allí, y mi presencia estará allí.
9 Mas si entrare allí alguna cosa inmunda, mi gloria no estará allí, ni mi presencia entrará en ella.
10 Y además, de cierto os digo, se me dedicará el segundo solar hacia el sur a fin de que se me edifique una casa para el trabajo de imprimir la traducción de mis Escrituras y cualquiera otra cosa que os mande.
11 Y el salón interior será de cincuenta y cinco pies de ancho por sesenta y cinco de largo, y habrá un salón abajo y otro arriba.
12 Y esta casa será consagrada totalmente al Señor desde sus cimientos, para la obra de imprimir, en todas las cosas que yo os mande, para que sea santa, sin mancha, de acuerdo con el modelo en todas las cosas según os sea dado.
13 Y en el tercer solar, mi siervo Hyrum Smith recibirá su heredad.
14 Y en los solares primero y segundo hacia el norte, mis siervos Reynolds Cahoon y Jared Carter recibirán sus heredades,
15 para que hagan la obra que les he señalado, de formar un comité para construir mis casas, de acuerdo con el mandamiento que yo, Dios el Señor, os he dado.
16 No se han de edificar estas dos casas hasta que os dé un mandamiento en cuanto a ellas.
17 Y ahora no os doy más en esta ocasión. Amén.

SECCIÓN 95

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 1º de junio de 1833 (History of the Church, 1:350–352). Esta revelación es una continuación de las instrucciones divinas de edificar casas de adoración e instrucción, especialmente la casa del Señor. Véase la sección 88:119–136 y la sección 94.

1–6, Se reprende a los santos por no haber construido la casa del Señor;
7–10, El Señor desea usar su casa para investir a los de su pueblo con poder de lo alto;
11–17, La casa se ha de dedicar como sitio de adoración y para la escuela de los Apóstoles.

1 DE cierto, así dice el Señor a vosotros a quienes amo, y a los que amo también disciplino para que les sean perdonados sus pecados, porque con el castigo preparo un medio para librarlos de la tentación en todas las cosas, y yo os he amado.
2 Es necesario, pues, que seáis disciplinados y quedéis reprendidos delante de mi faz;
3 porque habéis cometido un pecado muy grave contra mí, al no haber considerado en todas las cosas el gran mandamiento que os he dado concerniente a la edificación de mi casa;
4 para la preparación con la cual me propongo preparar a mis apóstoles para que poden mi viña por última vez, a fin de que realice mi obra extraña, para que derrame mi Espíritu sobre toda carne.
5 Mas he aquí, de cierto os digo que hay entre vosotros muchos que han sido ordenados, a quienes he llamado, pero pocos de ellos son escogidos.
6 Los que no son escogidos han cometido un pecado muy grave, pues andan en tinieblas al mediodía.
7 Y por esta causa os di el mandamiento de convocar vuestra asamblea solemne, a fin de que vuestros ayunos y vuestros lamentos suban a los oídos del Señor de Sabaot, que interpretado quiere decir el creador del primer día, el principio y el fin.
8 Sí, de cierto os digo, os mandé edificar una casa, en la cual me propongo investir con poder de lo alto a los que he escogido;
9 porque ésta es la promesa del Padre para vosotros; por tanto, os mando permanecer, así como mis apóstoles en Jerusalén.
10 No obstante, mis siervos cometieron un pecado muy grave; y surgieron contenciones en la escuela de los profetas, lo cual me acongojó mucho, dice vuestro Señor; por consiguiente, les mandé salir para que fueran castigados.
11 De cierto os digo, es mi voluntad que edifiquéis una casa. Si guardáis mis mandamientos, tendréis poder para construirla.
12 Si no guardáis mis mandamientos, el amor del Padre no permanecerá con vosotros; por tanto, andaréis en tinieblas.
13 Ahora, he aquí sabiduría y la voluntad del Señor: Edifíquese la casa, no según la manera del mundo, porque no os permito vivir conforme a la manera del mundo;
14 edificadla, pues, de acuerdo con el modelo que mostraré a tres de vosotros, a quienes nombraréis y ordenaréis a este poder.
15 Y el tamaño del salón será de cincuenta y cinco pies de ancho por sesenta y cinco de largo, en la parte interior.
16 Y me dedicaréis la parte baja del salón interior para vuestras ofrendas sacramentales y para vuestra predicación, vuestros ayunos y oraciones, y para ofrecerme vuestros más santos deseos, dice vuestro Señor.
17 Y dedicadme la parte superior del salón para la escuela de mis apóstoles, dice el Hijo Ahmán; o en otras palabras, Alfa; o en otras palabras, Omega; a saber, Jesucristo vuestro Señor. Amén.

SECCIÓN 96

Revelación dada a José Smith el Profeta en la cual se indica el orden de la ciudad o estaca de Sión de Kirtland, Ohio, el 4 de junio de 1833. Se dio de ejemplo a los santos radicados en Kirtland (History of the Church, 1:352–353). La ocasión fue una conferencia de sumos sacerdotes, y el tema principal que se consideró fue la manera de disponer de ciertos terrenos, conocidos como la hacienda French, que la Iglesia poseía cerca de Kirtland. En vista de que en la conferencia no se pudo llegar a un acuerdo en cuanto a quién debía hacerse cargo de la hacienda, todos consintieron en consultar al Señor en cuanto al asunto.

1, La Estaca de Sión de Kirtland debe fortalecerse;
2–5, El obispo es el que ha de dividir las heredades de los santos;
6–9, John Johnson ha de ser miembro de la orden unida.

1 HE aquí, os digo, os muestro sabiduría para que sepáis cómo obrar concerniente a este asunto, porque me es conveniente que se fortalezca esta estaca que he establecido para la fuerza de Sión.
2 Por tanto, hágase cargo mi siervo Newel K. Whitney del lugar que se os ha señalado, sobre el cual me propongo edificar mi santa casa.
3 Y además, divídase en solares, según fuere prudente, para el beneficio de los que buscan heredades, conforme a lo que determinéis entre vosotros en concilio.
4 Tened cuidado, pues, de atender a este asunto y a la porción que sea necesaria para el beneficio de mi orden, con objeto de llevar mi palabra a los hijos de los hombres.
5 Porque he aquí, de cierto os digo, esto es lo que me es más conveniente, que salga mi palabra a los hijos de los hombres con objeto de sojuzgar sus corazones para vuestro bien. Así sea. Amén.
6 Y además, de cierto os digo, que me es prudente y oportuno que mi siervo John Johnson, cuya ofrenda he aceptado y cuyas oraciones he oído, a quien hago promesa de vida eterna, si guarda mis mandamientos desde ahora en adelante
7 —porque es descendiente de José y partícipe de las bendiciones de la promesa hecha a sus padres—
8 de cierto os digo, me es oportuno que sea miembro de la orden, para que ayude a llevar mi palabra a los hijos de los hombres.
9 Por tanto, lo ordenaréis para esta bendición, y procurará diligentemente liquidar los gravámenes que pesan sobre la casa que se os ha señalado, para que él more en ella. Así sea. Amén.

SECCIÓN 97

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 2 de agosto de 1833 (History of the Church, 1:400–402). Esta revelación se refiere particularmente a los asuntos de los santos que se hallaban en Sión, Condado de Jackson, Misuri, en respuesta a la petición del Profeta al Señor de que les proporcionara información. En esos días, los miembros de la Iglesia establecidos en Misuri estaban pasando por una severa persecución y, el 23 de julio de 1833, se les había obligado a firmar un acuerdo de salir del Condado de Jackson.

1–2, Muchos de los santos radicados en Sión (Condado de Jackson, Misuri) son bendecidos por su fidelidad;
3–5, Se encomia a Parley P. Pratt por sus tareas en la escuela de Sión;
6–9, Aquellos que cumplen sus convenios son aceptados por el Señor;
10–17, Se ha de construir en Sión una casa en donde los puros de corazón verán a Dios;
18–21, Sión es los puros de corazón;
22–28, Sión se librará del azote del Señor si es fiel.

1 DE cierto os digo, mis amigos, os hablo con mi voz, que es la voz de mi Espíritu, para mostraros mi voluntad concerniente a vuestros hermanos en la tierra de Sión, muchos de los cuales son verdaderamente humildes y procuran diligentemente adquirir sabiduría y hallar la verdad.
2 De cierto, de cierto os digo, benditos son, porque prevalecerán; pues yo, el Señor, manifiesto misericordia a todos los mansos, y a cuantos sea mi voluntad, a fin de que yo sea justificado cuando los traiga a juicio.
3 He aquí, concerniente a la escuela en Sión, os digo que yo, el Señor, estoy bien complacido con que exista una escuela en Sión, y también con mi siervo Parley P. Pratt, porque permanece en mí.
4 Y si persevera en mí, seguirá presidiendo la escuela en la tierra de Sión hasta que yo le dé otros mandamientos.
5 Y lo bendeciré con multiplicidad de bendiciones en la exposición de todas las Escrituras y misterios para la edificación de la escuela y de la iglesia en Sión.
6 Y en cuanto al resto de la escuela, yo, el Señor, estoy dispuesto a ser misericordioso; no obstante, hay quienes deben ser disciplinados, y sus obras serán descubiertas.
7 El hacha está puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y echado en el fuego. Yo, el Señor, lo he declarado.
8 De cierto os digo, que todos los que de entre ellos saben que su corazón es sincero y está quebrantado, y su espíritu es contrito, y están dispuestos a cumplir sus convenios con sacrificio, sí, cualquier sacrificio que yo, el Señor, mandare, éstos son aceptados por mí.
9 Porque yo, el Señor, los haré producir como un árbol muy fructífero plantado en buena tierra, junto a un arroyo de aguas puras, que produce mucho fruto precioso.
10 De cierto os digo, es mi voluntad que se me edifique una casa en la tierra de Sión, semejante al modelo que os he dado.
11 Sí, edifíquese cuanto antes con los diezmos de mi pueblo.
12 He aquí, éste es el diezmo y el sacrificio que yo, el Señor, requiero de las manos de ellos, a fin de que se me edifique una casa para la salvación de Sión;
13 un lugar de acción de gracias para todos los santos, y un sitio de instrucción para todos aquellos que son llamados a la obra del ministerio en sus varios llamamientos y oficios;
14 a fin de que se perfeccionen en el entendimiento de su ministerio, en teoría, en principio y en doctrina, en todas las cosas pertenecientes al reino de Dios sobre la tierra, las llaves del cual se os han conferido.
15 Y si mi pueblo me edifica una casa en el nombre del Señor, y no permite que entre en ella ninguna cosa inmunda para profanarla, mi gloria descansará sobre ella.
16 Sí, y mi presencia estará allí, porque vendré a ella; y todos los de corazón puro que allí entren verán a Dios.
17 Mas si fuere profanada, no vendré a ella, ni mi gloria estará allí; porque no entraré en templos inmundos.
18 Y ahora bien, he aquí, si Sión hace estas cosas, prosperará, y se ensanchará y llegará a ser gloriosa en extremo, y muy grande y muy terrible.
19 Y las naciones de la tierra la honrarán y dirán: Ciertamente Sión es la ciudad de nuestro Dios, e indudablemente Sión no puede caer ni ser quitada de su lugar, porque Dios está allí, y la mano del Señor está allí;
20 y él ha jurado por el poder de su fuerza ser su salvación y su alto refugio.
21 Por tanto, de cierto, así dice el Señor: Regocíjese Sión, porque ésta es Sión: LOS PUROS DE CORAZÓN; por consiguiente, regocíjese Sión mientras se lamentan todos los inicuos.
22 Porque he aquí, la venganza vendrá pronto sobre los impíos, como el torbellino; y ¿quién podrá escapar de ella?
23 El azote del Señor pasará de noche y de día, y su rumor afligirá a todo pueblo; sí, y no cesará hasta que venga el Señor;
24 porque se ha encendido la indignación del Señor en contra de sus abominaciones y todas sus obras inicuas.
25 Sin embargo, Sión escapará si procura hacer todo lo que le he mandado.
26 Mas si no procura hacer lo que le he mandado, la visitaré según todas sus obras, con penosa aflicción, con pestilencia, con plagas, con la espada, con venganza y fuego devorador.
27 Sin embargo, léasele a sus oídos esta sola vez, que yo, el Señor, he aceptado su ofrenda; y si no peca más, ninguna de estas cosas le sobrevendrá;
28 y la bendeciré con bendiciones, y multiplicaré una multiplicidad de bendiciones sobre ella y sobre sus generaciones para siempre jamás, dice el Señor, vuestro Dios. Amén.

SECCIÓN 98

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 6 de agosto de 1833 (History of the Church, 1:403–406). Esta revelación vino como consecuencia de la persecución de que eran objeto los santos en Misuri. No era sino natural que los santos de Misuri, después de haber padecido físicamente y también tras haber perdido sus propiedades, se hubieran sentido inclinados hacia la represalia y la venganza. Por tanto, el Señor dio esta revelación. Aunque indudablemente habían llegado al Profeta en Kirtland algunas noticias de los problemas que había en Misuri (a una distancia de casi 1.450 kilómetros), no habría podido enterarse de la gravedad de la situación en esta fecha, sino por medio de la revelación.

1–3, Las aflicciones que padezcan los santos serán para su bien;
4–8, Los santos deben apoyar la ley constitucional del país;
9–10, Se debe apoyar a hombres honrados, sabios y rectos para el gobierno secular;
11–15, Aquellos que pierdan su vida en la causa del Señor tendrán vida eterna;
16–18, Renunciad a la guerra y proclamad la paz;
19–22, Se reprende a los santos que viven en Kirtland y se les manda que se arrepientan;
23–32, El Señor revela sus leyes concernientes a las persecuciones y aflicciones que se imponen sobre su pueblo;
33–38, La guerra se justifica únicamente cuando el Señor la ordena;
39–48, Los santos deben perdonar a sus enemigos, los cuales, si se arrepienten, también se librarán de la venganza del Señor.

1 DE cierto os digo, mis amigos, no temáis, consuélense vuestros corazones; sí, regocijaos para siempre, y en todas las cosas dad gracias;
2 esperando pacientemente en el Señor, porque vuestras oraciones han entrado en los oídos del Señor de Sabaot, y están inscritas con este sello y testimonio: El Señor ha jurado y decretado que serán otorgadas.
3 Por lo tanto, él os concede esta promesa, con un convenio inmutable de que serán cumplidas; y todas las cosas con que habéis sido afligidos obrarán juntamente para vuestro bien y para la gloria de mi nombre, dice el Señor.
4 Y ahora, de cierto os digo, concerniente a las leyes del país, es mi voluntad que mi pueblo procure hacer todo cuanto yo le mande.
5 Y la ley del país que es constitucional, que apoya ese principio de libertad en la preservación de derechos y privilegios, pertenece a toda la humanidad y es justificable ante mí.
6 Por tanto, yo, el Señor, os justifico, así como a vuestros hermanos de mi iglesia, en apoyar la que fuere la ley constitucional del país;
7 y en cuanto a la ley del hombre, lo que sea más o menos que esto, del mal proviene.
8 Yo, Dios el Señor, os hago libres; por consiguiente, sois verdaderamente libres; y la ley también os hace libres.
9 Sin embargo, cuando los inicuos gobiernan, el pueblo se lamenta.
10 Por tanto, debe buscarse diligentemente a hombres honrados y sabios, y a hombres buenos y sabios debéis esforzaros por apoyar; de lo contrario, lo que sea menos que esto del mal procede.
11 Y os doy un mandamiento, que vosotros desechéis todo lo malo y os alleguéis a todo lo bueno, y que viváis de acuerdo con toda palabra que sale de la boca de Dios.
12 Porque él dará a los fieles línea sobre línea, precepto tras precepto; y en esto os pondré a prueba y os probaré.
13 Y el que diere su vida en mi causa, por mi nombre, la hallará otra vez, sí, vida eterna.
14 No temáis, pues, a vuestros enemigos, porque he decretado en mi corazón probaros en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi convenio aun hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos.
15 Porque si no permanecéis en mi convenio, no sois dignos de mí.
16 Por tanto, renunciad a la guerra y proclamad la paz, y procurad diligentemente hacer volver el corazón de los hijos a sus padres, y el corazón de los padres a los hijos;
17 y además, el corazón de los judíos a los profetas, y los profetas a los judíos; no sea que yo venga y hiera toda la tierra con una maldición, y toda carne sea consumida ante mí.
18 No se turbe vuestro corazón, porque en la casa de mi Padre muchas moradas hay, y he preparado lugar para vosotros; y donde mi Padre y yo estamos, allí también estaréis vosotros.
19 He aquí, yo, el Señor, no estoy bien complacido con muchos de los que son de la iglesia en Kirtland;
20 porque no abandonan sus pecados, ni sus malas costumbres, ni el orgullo de sus corazones, ni su codicia ni todas sus cosas abominables, para observar las palabras de sabiduría y de vida eterna que yo les he dado.
21 De cierto os digo, que yo, el Señor, los disciplinaré y haré lo que yo tenga a bien, si no se arrepienten y observan todo lo que les he dicho.
22 Y de nuevo os digo, si procuráis hacer todo lo que os mando, yo, el Señor, apartaré toda ira e indignación de vosotros, y las puertas del infierno no prevalecerán en contra de vosotros.
23 Ahora os hablo concerniente a vuestras familias: Si los hombres os hieren a vosotros o a vuestras familias una vez, y lo soportáis con paciencia, sin injuriarlos ni procurar vengaros, seréis recompensados;
24 mas si no lo soportáis con paciencia, os será contado por medida justa impartida a vosotros.
25 Y además, si vuestro enemigo os hiere por segunda vez, y no injuriáis a vuestro enemigo, mas lo soportáis pacientemente, vuestra recompensa será cien tantos más;
26 y además, si os hiere por tercera vez, y lo soportáis con paciencia, vuestra recompensa os será cuadruplicada;
27 y estos tres testimonios acusarán a vuestro enemigo si no se arrepiente, y no serán borrados.
28 Y ahora, de cierto os digo, si dicho enemigo se escapa de mi venganza, de modo que no es traído a juicio delante de mí, entonces os aseguraréis de advertirle en mi nombre que no venga más contra vosotros, ni contra vuestra familia, ni tampoco contra los hijos de vuestros hijos hasta la tercera y la cuarta generación.
29 Y si entonces viene contra vosotros o vuestros hijos, o los hijos de vuestros hijos hasta la tercera o la cuarta generación, entregaré a vuestro enemigo en vuestras manos;
30 y entonces si lo perdonáis, seréis recompensados por vuestra rectitud; y también vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos, hasta la tercera y la cuarta generación.
31 Sin embargo, está en vuestras manos; y si le pagáis de acuerdo con sus obras, quedáis justificados; si ha atentado contra vuestra vida, y peligra vuestra vida a causa de él, vuestro enemigo está en vuestras manos y quedáis justificados.
32 He aquí, ésta es la ley que di a mi siervo Nefi, y a tus padres José, y Jacob, e Isaac, y Abraham, y a todos mis profetas y apóstoles antiguos.
33 Y además, ésta es la ley que di a mis antiguos: que no saliesen a la guerra contra ninguna nación, tribu, lengua o pueblo, salvo que yo, el Señor, se lo mandara.
34 Y si alguna nación, lengua o pueblo proclamaba la guerra en contra de ellos, primero izaran un estandarte de paz a esa nación, lengua o pueblo;
35 y si ese pueblo no aceptaba la oferta de paz, ni la segunda, ni la tercera vez, habían de traer estos testimonios ante el Señor;
36 entonces, yo, el Señor, les daba un mandamiento, y los justificaba para salir a luchar contra esa nación, lengua o pueblo.
37 Y yo, el Señor, peleaba sus batallas, y las batallas de sus hijos, y de los hijos de sus hijos, hasta que se vengaban de todos sus enemigos, hasta la tercera y la cuarta generación.
38 He aquí, ésta es la norma para todo pueblo, dice el Señor tu Dios, para que haya justificación delante de mí.
39 Y además, de cierto os digo, que si vuestro enemigo, después de haber venido contra vosotros la primera vez, se arrepiente y viene a vosotros a pediros perdón, lo perdonaréis, y no lo tendréis por más tiempo como testimonio contra él;
40 y así hasta la segunda y la tercera vez; y cuantas veces vuestro enemigo se arrepienta de las ofensas que haya cometido contra vosotros, lo perdonaréis, hasta setenta veces siete.
41 Y si os agravia y no se arrepiente la primera vez, aun así lo perdonaréis.
42 Y si os agravia la segunda vez, y no se arrepiente, aun así habéis de perdonarlo.
43 Y si os agravia por tercera vez, y no se arrepiente, también habéis de perdonarlo.
44 Mas si os agravia la cuarta vez, no lo habéis de perdonar, sino que traeréis estos testimonios ante el Señor; y no serán borrados hasta que se arrepienta y os reponga con cuatro tantos en todas las cosas en que él os haya agraviado.
45 Y si hace esto, lo perdonaréis de todo corazón; y si no lo hace, yo, el Señor, os vengaré de vuestro enemigo cien veces;
46 y de sus hijos, y de los hijos de los hijos de todos los que me odien, hasta la tercera y la cuarta generación.
47 Mas si los hijos se arrepienten, o los hijos de sus hijos, y se tornan al Señor su Dios, con todo su corazón, alma, mente y fuerza, y restituyen con cuatro tantos todas sus ofensas que cometieron ellos o sus padres, o los padres de sus padres, entonces se apartará de ellos vuestra indignación;
48 y no vendrá más sobre ellos la venganza, dice el Señor vuestro Dios, y sus ofensas nunca más serán presentadas como testimonio en contra de ellos ante el Señor. Amén.

SECCIÓN 99

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a John Murdock, en agosto de 1832, en Hiram, Ohio. Aunque en las ediciones de Doctrina y Convenios, comenzando con la de 1876, se ha indicado que esta revelación se dio en Kirtland en agosto de 1833, las ediciones anteriores y otros registros históricos certifican la información correcta.

1–8, John Murdock es llamado a proclamar el evangelio, y quienes le reciban, reciben al Señor y obtendrán misericordia.

1 HE aquí, así dice el Señor a mi siervo John Murdock: Eres llamado para ir a las regiones del Este, de casa en casa, de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, a proclamar mi evangelio sempiterno a sus habitantes, en medio de la persecución e iniquidad.

2 Y el que te reciba, me recibe a mí; y tendrás el poder para declarar mi palabra con la demostración de mi Santo Espíritu.
3 Y quienes te reciban como niños pequeños, recibirán mi reino; y benditos son, porque alcanzarán misericordia.
4 Y quienes te rechacen, serán rechazados de mi Padre y de su casa, y limpiarás tus pies en lugares secretos por el camino como testimonio contra ellos.
5 Y he aquí, vengo pronto para hacer juicio, a fin de convencer a todos de sus obras inicuas que han cometido en contra de mí, como está escrito de mí en el libro.
6 Y ahora, de cierto te digo, no conviene que salgas hasta que se provea para tus hijos, y sean enviados con bondad al obispo en Sión.
7 Y después de pocos años, si lo deseas de mí, también podrás ir a la buena tierra para poseer tu heredad;
8 de otra manera, continuarás proclamando mi evangelio hasta que seas llevado. Amén.

SECCIÓN 100

Revelación dada a José Smith el Profeta y a Sidney Rigdon en Perrysburg, Nueva York, el 12 de octubre de 1833 (History of the Church, 1:416, 419–421). Estos dos hermanos, habiéndose alejado de sus familias durante varios días, sintieron alguna inquietud en cuanto a ellas.

1–4, José y Sidney han de predicar el evangelio para la salvación de almas;
5–8, Les será dado en la hora precisa lo que deban decir;
9–12, Sidney ha de ser el portavoz y José será un revelador, y potente en testimonio;
13–17, El Señor levantará a un pueblo puro, y los obedientes serán salvos.

1 DE cierto, así os dice el Señor a vosotros, mis amigos Sidney y José, vuestras familias están bien; están en mis manos y haré con ellas como me parezca bien, porque en mí se halla todo poder.
2 Por tanto, seguidme y escuchad los consejos que os daré.
3 He aquí, tengo mucha gente en este lugar, en las regiones inmediatas; y se abrirá una puerta eficaz en las regiones circunvecinas en estas tierras del Este.
4 Por consiguiente, yo, el Señor, os he permitido venir a este lugar; pues así me era conveniente para la salvación de almas.
5 Por tanto, de cierto os digo, alzad vuestra voz a este pueblo; expresad los pensamientos que pondré en vuestro corazón, y no seréis confundidos delante de los hombres;
6 porque os será dado en la hora, sí, en el momento preciso, lo que habéis de decir.
7 Mas os doy el mandamiento de que cualquier cosa que declaréis en mi nombre se declare con solemnidad de corazón, con el espíritu de mansedumbre, en todas las cosas.
8 Y os prometo que si hacéis esto, se derramará el Espíritu Santo para testificar de todas las cosas que habléis.
9 Y me es prudente que tú, mi siervo Sidney, seas portavoz para este pueblo; sí, en verdad, te ordenaré para este llamamiento, sí, de ser portavoz de mi siervo José.
10 A él lo facultaré para ser potente en testimonio;
11 y a ti te facultaré para ser potente en explicar todas las Escrituras, a fin de que seas su portavoz; y él será para ti un revelador, para que sepas la certeza de todas las cosas pertenecientes a mi reino sobre la tierra.
12 Continuad, pues, vuestro viaje, y regocíjense vuestros corazones, porque he aquí, estoy con vosotros hasta el fin.
13 Y ahora os doy una palabra concerniente a Sión. Aunque sea afligida por un corto tiempo, Sión será redimida.
14 Vuestros hermanos, mis siervos Orson Hyde y John Gould, están en mis manos; y si guardan mis mandamientos, se salvarán.
15 Por tanto, consuélense vuestros corazones, porque todas las cosas obrarán juntamente para el bien de los que andan en rectitud, así como para la santificación de la iglesia.
16 Porque levantaré para mí un pueblo puro que me servirá en rectitud.
17 Y todos los que invoquen el nombre del Señor y guarden sus mandamientos, serán salvos. Así sea. Amén.

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