SECCIÓN 61

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a orillas del río Misuri, en McIlwaine's Bend, el 12 de agosto de 1831 (History of the Church, 1:202–205). En su viaje de regreso a Kirtland, el Profeta y diez élderes habían viajado por el río Misuri en canoas. Al tercer día del viaje, tropezaron con muchos peligros. El élder William W. Phelps, en una visión a la luz del día, vio al destructor andar con poder sobre la haz de las aguas.

1–12, El Señor ha decretado muchas destrucciones sobre las aguas;
13–22, Juan maldijo las aguas, y el destructor anda sobre la haz de ellas;
23–29, Algunos tienen poder para mandar a las aguas;
30–35, Los élderes han de viajar de dos en dos y predicar el evangelio;
36–39, Deben prepararse para la venida del Hijo del Hombre.

1 HE aquí, escuchad la voz del que tiene todo poder, que es de eternidad en eternidad, el Alfa y la Omega, el principio y el fin.
2 He aquí, de cierto os dice el Señor, oh élderes de mi iglesia que os habéis congregado en este lugar, cuyos pecados ahora os son perdonados, porque yo, el Señor, perdono los pecados y soy misericordioso con aquellos que los confiesan con corazones humildes;
3 mas de cierto os digo, que no es menester que esta compañía entera de mis élderes viaje con prisa sobre las aguas, mientras los habitantes de ambos lados perecen en la incredulidad.
4 No obstante, lo he permitido para que deis testimonio; he aquí, hay muchos peligros sobre las aguas, y especialmente desde ahora en adelante;
5 porque yo, el Señor, he decretado en mi ira muchas destrucciones sobre las aguas; sí, y especialmente sobre éstas.
6 No obstante, toda carne está en mi mano, y el que de entre vosotros sea fiel no perecerá en el agua.
7 Conviene, pues, que mis siervos Sidney Gilbert y William W. Phelps salgan rápidamente para cumplir con su encargo y misión.
8 Sin embargo, no os permití salir sino hasta que fueseis disciplinados por todos vuestros pecados, a fin de que seáis uno y no perezcáis en la maldad;
9 mas ahora, de cierto os digo, es mi voluntad que os separéis. Por tanto, tomen a sus compañeros anteriores mis siervos Sidney Gilbert y William W. Phelps, y emprendan su viaje con prisa para cumplir su misión, y por medio de la fe vencerán;
10 y si son fieles, serán preservados; y yo, el Señor, estaré con ellos.
11 Y tomen los otros lo que necesiten de ropa.
12 Lleve consigo mi siervo Sidney Gilbert lo que no hace falta, según lo que acordéis.
13 Y ahora bien, he aquí, os di un mandamiento sobre estas cosas para vuestro bien; y yo, el Señor, razonaré con vosotros como con los hombres en la antigüedad.
14 He aquí, yo, el Señor, en el principio bendije las aguas; mas en los postreros días, maldije las aguas por boca de mi siervo Juan.
15 Por lo que, vendrán días en que ninguna carne estará a salvo sobre las aguas.
16 Y se dirá en días venideros que nadie puede subir a la tierra de Sión sobre las aguas, salvo el que es recto de corazón.
17 Y así como yo, el Señor, en el principio maldije la tierra, así en los últimos días la he bendecido, en su tiempo, para el uso de mis santos, a fin de que participen de su grosura.
18 Y ahora os doy un mandamiento, y lo que digo a uno lo digo a todos, de prevenir a vuestros hermanos concerniente a estas aguas, para que no viajen sobre ellas, no sea que se debilite su fe y caigan en trampas;
19 yo, el Señor, he decretado, y el destructor anda sobre la haz de las aguas, y no revoco el decreto.
20 Yo, el Señor, estuve enojado ayer con vosotros, mas hoy se ha apartado mi ira.
21 Por tanto, tocante a aquellos de quienes he dicho que salgan con prisa, de nuevo os digo, emprendan su viaje cuanto antes.
22 Y después de un corto tiempo, si cumplen su misión, a mí me es igual que vayan por agua o por tierra; hágase conforme a lo que más tarde les sea manifestado, según su criterio.
23 Y ahora, concerniente a mis siervos Sidney Rigdon, José Smith, hijo, y Oliver Cowdery: No viajen otra vez sobre las aguas, salvo por el canal, al ir a sus hogares; o en otras palabras, no viajarán sobre las aguas, sino por el canal.
24 He aquí, yo, el Señor, he señalado a mis santos la manera de viajar, y he aquí, ésta es la manera: Después de partir del canal, irán por tierra, por cuanto se les ha mandado viajar y subir a la tierra de Sión;
25 y harán como los hijos de Israel, asentando su campamento por el camino.
26 Y he aquí, daréis este mandamiento a todos vuestros hermanos.
27 No obstante, a quien se dé poder para mandar a las aguas, a éste le hará el Espíritu conocer todos sus caminos;
28 por tanto, haga lo que el Espíritu del Dios viviente le mande, bien sea sobre la tierra o sobre las aguas, según lo que yo me proponga hacer de ahora en adelante.
29 Y a vosotros os es manifestado el curso, o sea, la vía por la que han de viajar los santos del campamento del Señor.
30 Y además, de cierto os digo, mis siervos Sidney Rigdon, José Smith, hijo, y Oliver Cowdery, no han de abrir su boca entre las congregaciones de los inicuos, sino hasta que lleguen a Cincinnati;
31 y en ese lugar alzarán sus voces a Dios contra esa gente, sí, a aquel cuya ira está encendida en contra de su maldad, un pueblo casi maduro para la destrucción.
32 Y de allí vayan ellos a las congregaciones de sus hermanos, porque ahora mismo sus obras hacen más falta entre ellos que entre las congregaciones de los impíos.
33 Y ahora, concerniente a los demás, viajen y declaren la palabra entre las congregaciones de los inicuos, a medida que sea manifestada.
34 Y si hacen esto, limpiarán sus vestidos y quedarán sin mancha ante mí.
35 Y viajen juntos, o de dos en dos, como les parezca mejor, pero no se separen mis siervos Reynolds Cahoon y Samuel H. Smith, con quienes estoy muy complacido, hasta que lleguen a sus hogares, y esto para un sabio propósito mío.
36 Y ahora de cierto os digo, y lo que digo a uno lo digo a todos: Sed de buen ánimo, hijitos, porque estoy en medio de vosotros, y no os he abandonado;
37 y por cuanto os habéis humillado ante mí, vuestras son las bendiciones del reino.
38 Ceñid vuestros lomos, y sed vigilantes y sobrios, mirando hacia la venida del Hijo del Hombre, porque viene a la hora que no pensáis.
39 Orad siempre para que no entréis en tentación, a fin de que podáis aguantar el día de su venida, ya sea en vida o en muerte. Así sea. Amén.

SECCIÓN 62

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta, a orillas del río Misuri, en Chariton, Misuri, el 13 de agosto de 1831 (History of the Church, 1:205–206). En ese día, el Profeta y su grupo, que viajaban de Independence a Kirtland, encontraron a varios élderes que se dirigían a la tierra de Sión, y, después de saludos gozosos, el Profeta recibió esta revelación.

1–3, Los testimonios quedan escritos en los cielos;
4–9, Los élderes deben viajar y predicar según su juicio y conforme los dirija el Espíritu.

1 HE aquí, escuchad, oh élderes de mi iglesia, dice el Señor, vuestro Dios, sí, Jesucristo, vuestro intercesor, que conoce las flaquezas del hombre y sabe cómo socorrer a los que son tentados.
2 Y de cierto, mis ojos están sobre los que todavía no han subido a la tierra de Sión; por tanto, vuestra misión no se ha cumplido aún.
3 Sin embargo, benditos sois, porque el testimonio que habéis dado se ha escrito en el cielo para que lo vean los ángeles; y ellos se regocijan a causa de vosotros, y vuestros pecados os son perdonados.
4 Y ahora, continuad vuestro viaje. Congregaos en la tierra de Sión; y efectuad una reunión y regocijaos juntos, y ofreced un sacramento al Altísimo.
5 Y entonces podréis volver para testificar, sí, ya sea juntos, o de dos en dos, como os parezca bien, a mí me es igual; solamente sed fieles y declarad las buenas nuevas a los habitantes de la tierra, o entre las congregaciones de los inicuos.
6 He aquí, yo, el Señor, os he congregado para que se cumpla la promesa de que los fieles de entre vosotros serían preservados y se regocijarían juntos en la tierra de Misuri. Yo, el Señor, prometo a los fieles y no puedo mentir.
7 Yo, el Señor, estoy dispuesto, y si alguno de vosotros desea ir a caballo, o en mula, o por carro, recibirá esta bendición, si la recibe de mano del Señor con un corazón agradecido en todas las cosas.
8 Queda en vosotros hacer estas cosas según vuestro juicio y las indicaciones del Espíritu.
9 He aquí, el reino es vuestro; y estoy siempre con los fieles. Así sea. Amén.

SECCIÓN 63

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, a fines de agosto de 1831 (History of the Church, 1:206–211). El Profeta, Sidney Rigdon y Oliver Cowdery habían llegado a Kirtland el 27 de agosto, tras su visita a Misuri. El Profeta escribió lo siguiente como prefacio de esta revelación: "En estos días de la infancia de la Iglesia, había un gran anhelo de recibir la palabra del Señor concerniente a todo asunto que de alguna manera se relacionara con nuestra salvación; y por ser la tierra de Sión el objeto temporal más importante del momento ante nosotros, le pedí al Señor más información sobre el recogimiento de los santos, la compra de terrenos y otros asuntos" (History of the Church, 1:207).

1–6, Un día de ira sobrevendrá a los inicuos;
7–12, Las señales vienen por la fe;
13–19, Los de corazón adúltero negarán la fe y serán arrojados al lago de fuego;
20, Los fieles recibirán una herencia sobre la tierra transfigurada;
21, No se ha revelado aún el relato completo de los acontecimientos acaecidos sobre el Monte de la Transfiguración;
22–23, Los obedientes reciben los misterios del reino;
24–31, Se han de comprar tierras o heredades en Sión;
32–35, El Señor decreta guerras, y los inicuos matan a los inicuos;
36–48, Los santos se han de congregar en Sión y proporcionar dinero para edificarla;
49–54, Se aseguran las bendiciones sobre los fieles en la Segunda Venida, en la Resurrección y durante el Milenio;
55–58, Éste es un día de amonestación;
59–66, Aquellos que usan el nombre del Señor sin autoridad lo toman en vano.

1 ESCUCHAD, oh pueblo, abrid vuestro corazón y dad oído desde lejos; escuchad, vosotros los que os llamáis el pueblo del Señor, oíd su palabra y su voluntad concerniente a vosotros.
2 Sí, en verdad os digo, escuchad la voz de aquel cuya ira está encendida en contra de los inicuos y los rebeldes;
3 que tiene a bien tomar a los que quiere tomar, y preservar en vida a los que quiere preservar;
4 que edifica de acuerdo con su propia voluntad y placer; y destruye cuando le place, y tiene poder para echar el alma al infierno.
5 He aquí, yo, el Señor, emito mi voz, y será obedecida.
6 Por tanto, de cierto digo: Cuídese el inicuo, y el rebelde tema y tiemble, y selle sus labios el incrédulo, porque el día de la ira les sobrevendrá como torbellino, y toda carne sabrá que yo soy Dios.
7 Y aquel que buscare señales verá señales, mas no para salvación.
8 En verdad os digo que hay entre vosotros quienes buscan señales, y los ha habido aun desde el principio;
9 pero he aquí, la fe no viene por las señales, mas las señales siguen a los que creen.
10 Sí, las señales vienen por la fe, no por la voluntad de los hombres, ni como les plazca, sino por la voluntad de Dios.
11 Sí, las señales vienen por la fe para producir obras poderosas, porque sin fe ningún hombre agrada a Dios; y con el que Dios está enojado, no está bien complacido; por tanto, a éstos no muestra señales, sino en ira para su condenación.
12 Por tanto, yo, el Señor, no estoy complacido con los que de entre vosotros han buscado señales y prodigios para lograr la fe, y no en bien de los hombres para mi gloria.
13 Sin embargo, doy mandamientos, y muchos se han apartado de mis mandamientos y no los han guardado.
14 Hubo entre vosotros adúlteros y adúlteras, algunos de los cuales se han apartado de vosotros, y todavía permanecen otros que más adelante serán descubiertos.
15 Cuídense los tales, y arrepiéntanse cuanto antes, no sea que el juicio venga sobre ellos como un ardid, y se manifieste su insensatez, y sus obras los sigan ante los ojos del pueblo.
16 Y de cierto os digo, como ya he dicho, el que mira a una mujer para codiciarla, o si alguien comete adulterio en su corazón, no tendrá el Espíritu, sino que negará la fe y temerá.
17 Por lo que, yo, el Señor, he dicho que los temerosos, los incrédulos, y todos los mentirosos y quienquiera que ame y obre la mentira, y el fornicario y el hechicero, tendrán su parte en ese lago que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte.
18 De cierto digo, que éstos no tendrán parte en la primera resurrección.
19 Y ahora bien, he aquí, yo, el Señor, os digo que no sois justificados, porque estas cosas existen entre vosotros.
20 Sin embargo, el que persevere con fe y haga mi voluntad, vencerá; y recibirá una herencia sobre la tierra cuando venga el día de la transfiguración;
21 cuando la tierra sea transfigurada según el modelo que les fue mostrado a mis apóstoles sobre el monte, relato cuya plenitud todavía no habéis recibido.
22 Y ahora, de cierto os digo, como dije que os haría saber mi voluntad a vosotros, he aquí, os la daré a conocer, no por vía de mandamiento, porque hay muchos que no procuran guardar mis mandamientos.
23 Mas a quien guarde mis mandamientos concederé los misterios de mi reino, y serán en él un manantial de aguas vivas que brota para vida eterna.
24 Y ahora bien, he aquí, la voluntad del Señor vuestro Dios concerniente a sus santos es que se reúnan juntamente en la tierra de Sión, no con prisa, no sea que haya confusión, lo cual trae pestilencia.
25 He aquí la tierra de Sión. Yo, el Señor, la tengo en mis propias manos;
26 no obstante, yo, el Señor, doy a César las cosas que son de César.
27 Por tanto, yo, el Señor, quiero que compréis las tierras, para que aventajéis al mundo y tengáis derecho sobre él, a fin de que los del mundo no sean agitados a la ira.
28 Porque Satanás agita sus corazones a la ira contra vosotros, y al derramamiento de sangre.
29 Por tanto, la tierra de Sión no se obtendrá sino por compra o por sangre, de otra manera no habrá heredad para vosotros.
30 Y si fuere por compra, he aquí, benditos sois;
31 y si fuere por sangre, por cuanto os es vedado verter sangre, he aquí, vuestros enemigos estarán sobre vosotros, y seréis escarnecidos de ciudad en ciudad y de sinagoga en sinagoga, y no quedarán sino pocos para recibir una heredad.
32 Yo, el Señor, estoy enojado con los inicuos; les niego mi Espíritu a los habitantes de la tierra.
33 He jurado en mi ira y he decretado guerras sobre la faz de la tierra, y los inicuos matarán a los inicuos, y el temor se apoderará de todo hombre;
34 y también los santos apenas escaparán; sin embargo, yo, el Señor, estoy con ellos, y descenderé en el cielo, de la presencia de mi Padre, y a los malvados los consumiré con fuego inextinguible.
35 Y he aquí, esto no es aún, sino ya pronto.
36 Por tanto, viendo que yo, el Señor, he decretado todas estas cosas sobre la faz de la tierra, quiero que mis santos se congreguen en la tierra de Sión;
37 y que todo hombre tome la rectitud en sus manos y la fidelidad sobre sus lomos, y levante la voz de amonestación a los habitantes de la tierra; y declare, tanto por palabra como por fuga, que la desolación sobrevendrá a los inicuos.
38 Por tanto, arreglen sus asuntos temporales mis discípulos de Kirtland, que moran en esta granja.
39 Disponga del terreno mi siervo Titus Billings, quien lo tiene a su cargo, a fin de estar preparado para hacer su viaje a la tierra de Sión la primavera entrante, junto con los que moran sobre dicho terreno, salvo aquellos que yo reserve para mí, los cuales no saldrán hasta que yo les mande.
40 Y remítase a la tierra de Sión todo el dinero disponible, ya sea mucho o poco, me es igual, a quienes he nombrado para recibirlo.
41 He aquí, yo, el Señor, daré poder a mi siervo José Smith, hijo, para que pueda discernir, por medio del Espíritu, a los que han de subir a la tierra de Sión, y a aquellos de mis discípulos que permanecerán.
42 Retenga mi siervo Newel K. Whitney su tienda o, en otras palabras, la tienda, por un corto tiempo todavía.
43 Sin embargo, aporte todo el dinero que pueda, para que se mande a la tierra de Sión.
44 He aquí, estas cosas están en sus propias manos; obre él de acuerdo con la prudencia.
45 De cierto digo, ordénesele agente de los discípulos que permanezcan, y confiérasele este poder;
46 y visite cuanto antes las iglesias, junto con mi siervo Oliver Cowdery, explicándoles estas cosas. He aquí, ésta es mi voluntad, recoger fondos en la forma en que yo he indicado.
47 El que sea fiel y persevere, vencerá al mundo.
48 El que mande tesoros a la tierra de Sión recibirá una herencia en este mundo, y sus obras lo seguirán, y además, un galardón en el mundo venidero.
49 Sí, y bienaventurados los muertos que mueran en el Señor desde ahora en adelante. Cuando el Señor venga, y las cosas viejas dejen de ser, y todas las cosas se tornen nuevas, se levantarán de los muertos y no morirán después, y recibirán una herencia ante el Señor en la ciudad santa.
50 Y el que viva cuando el Señor venga, y haya guardado la fe, bendito es; sin embargo, le es señalado morir a la edad del hombre.
51 Por tanto, los niños crecerán hasta envejecer; los ancianos morirán; mas no dormirán en el polvo, antes serán cambiados en un abrir y cerrar de ojos.
52 Así que, por esta causa los apóstoles predicaron al mundo la resurrección de los muertos.
53 Estas cosas son las que habéis de esperar; y hablando según la manera del Señor, están ahora a las puertas, y en un tiempo que está por venir, sí, en el día de la venida del Hijo del Hombre.
54 Y hasta aquella hora habrá vírgenes insensatas entre las sensatas; y en esa hora se hará una separación completa de los justos y los malvados; y en aquel día enviaré a mis ángeles para extirpar a los inicuos y arrojarlos al fuego inextinguible.
55 Y ahora bien, he aquí, de cierto os digo, yo, el Señor, no estoy complacido con mi siervo Sidney Rigdon; se enalteció en su corazón y no aceptó consejos, antes contristó al Espíritu;
56 por tanto, su escrito no es aceptable ante el Señor, y preparará otro; y si el Señor no lo recibe, he aquí, no ocupará más el puesto al cual lo he nombrado.
57 Y además, de cierto os digo, sean ordenados a este poder los que con mansedumbre desean en su corazón llamar a los pecadores al arrepentimiento.
58 Porque éste es un día de amonestación y no de muchas palabras. Porque yo, el Señor, no seré burlado en los últimos días.
59 He aquí, yo de arriba soy, y mi poder yace abajo. Estoy sobre todas las cosas, y en todo, y en medio de todo, y escudriño todas las cosas; y vendrá el día en que todas las cosas me estarán sujetas.
60 He aquí, soy el Alfa y la Omega, sí, Jesucristo.
61 Por tanto, cuídense todos los hombres de cómo toman mi nombre en sus labios;
62 porque he aquí, de cierto os digo, que hay muchos que están bajo esta condenación, que toman el nombre del Señor y lo usan en vano sin tener autoridad.
63 Arrepiéntanse, pues, de sus pecados los de la iglesia; y yo, el Señor, los reconoceré; de lo contrario, serán desarraigados.
64 Recordad que lo que viene de arriba es sagrado, y debe expresarse con cuidado y por constreñimiento del Espíritu; y en esto no hay condenación, y mediante la oración recibís el Espíritu; por tanto, si no hay esto, permanece la condenación.
65 Búsquense un hogar mis siervos José Smith, hijo, y Sidney Rigdon, según se lo manifieste el Espíritu por medio de la oración.
66 Falta vencer estas cosas mediante la paciencia, para que quienes tal hagan reciban un más excelente y eterno peso de gloria, o de lo contrario, una mayor condenación. Amén.

SECCIÓN 64

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a los élderes de la Iglesia en Kirtland, Ohio, el 11 de septiembre de 1831 (History of the Church, 1:211–214). El Profeta se estaba preparando para trasladarse a Hiram, Ohio, para reanudar su trabajo de la traducción de la Biblia, que se había dejado de lado mientras estuvo en Misuri. Un grupo de hermanos, a quienes se les había mandado viajar a Sión (Misuri), se hallaban diligentemente ocupados haciendo los preparativos para salir en octubre. En esa época de tanta actividad, se recibió esta revelación.

1–11, Se manda a los santos que se perdonen unos a otros, no sea que permanezca en ellos el mayor pecado;
12–22, Los que no se arrepientan han de comparecer ante la Iglesia;
23–25, El que es diezmado no será quemado a la venida del Señor;
26–32, Se amonesta a los santos a evitar las deudas;
33–36, Los rebeldes serán desterrados de Sión;
37–40, La Iglesia juzgará a las naciones;
41–43, Sión florecerá.

1 HE aquí, así os dice el Señor vuestro Dios: Oh élderes de mi iglesia, escuchad y oíd, y recibid mi voluntad concerniente a vosotros.
2 Pues de cierto os digo, es mi voluntad que venzáis al mundo; por tanto, tendré compasión de vosotros.
3 Hay entre vosotros quienes han pecado; pero de cierto os digo, sólo por esta vez, para mi propia gloria y para la salvación de las almas, que os he perdonado vuestros pecados.
4 Seré misericordioso para con vosotros, porque os he dado el reino.
5 Y las llaves de los misterios del reino no le serán quitadas a mi siervo José Smith, hijo, por los medios que he señalado, mientras viva, si obedece mis ordenanzas.
6 Hay quienes han buscado motivo contra él sin causa;
7 no obstante, él ha pecado; mas de cierto os digo, que yo, el Señor, perdono los pecados de aquellos que los confiesan ante mí y piden perdón, si no han pecado de muerte.
8 En la antigüedad mis discípulos buscaron motivo el uno contra el otro, y no se perdonaron unos a otros en su corazón; y por esta maldad fueron afligidos y disciplinados con severidad.
9 Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado.
10 Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres.
11 Y debéis decir en vuestros corazones: Juzgue Dios entre tú y yo, y te premie de acuerdo con tus hechos.
12 Y traeréis ante la iglesia al que no se arrepienta de sus pecados, ni los confiese, y haréis con él según lo que las Escrituras os dicen, ya sea por mandamiento o por revelación.
13 Y haréis esto para que Dios sea glorificado; no porque no perdonáis, no teniendo compasión, sino para que seáis justificados a los ojos de la ley, para que no ofendáis al que es vuestro legislador.
14 En verdad, os digo que por esta causa haréis estas cosas.
15 He aquí, yo, el Señor, me enojé con el que fue mi siervo, Ezra Booth, así como con mi siervo Isaac Morley, porque no guardaron la ley, ni tampoco el mandamiento;
16 buscaron lo malo en su corazón, y yo, el Señor, retuve mi Espíritu. Condenaron por malo aquello en que no había mal; no obstante, he perdonado a mi siervo Isaac Morley.
17 Y he aquí, también mi siervo Edward Partridge ha pecado, y Satanás procura destruir su alma; mas cuando se les haga saber estas cosas, y se arrepientan de lo malo, serán perdonados.
18 Y ahora, de cierto os digo, me conviene que dentro de unas semanas, mi siervo Sidney Gilbert vuelva a su negocio y a su agencia en la tierra de Sión;
19 y que se dé a conocer a mis discípulos lo que él ha visto y oído, para que no perezcan. Y por esta causa he dicho estas cosas.
20 Y además, os digo que para que mi siervo Isaac Morley no sea tentado más de lo que pueda resistir, y aconseje erróneamente para vuestro perjuicio, yo mandé vender su granja.
21 No quiero que mi siervo Frederick G. Williams venda su granja, porque yo, el Señor, deseo retener una firme posesión en la tierra de Kirtland por el período de cinco años, durante el cual no destruiré a los inicuos, para que así pueda salvar a algunos.
22 Y después de ese día, yo, el Señor, no tendré por culpable a nadie que suba con un corazón sincero a la tierra de Sión; porque yo, el Señor, requiero el corazón de los hijos de los hombres.
23 He aquí, el tiempo presente es llamado hoy hasta la venida del Hijo del Hombre; y en verdad, es un día de sacrificio y de requerir el diezmo de mi pueblo, porque el que es diezmado no será quemado en su venida.
24 Porque después del día de hoy viene la quema —esto es, hablando según la manera del Señor— porque de cierto os digo, mañana todos los soberbios y los que hacen maldad serán como rastrojo; y yo los quemaré, porque soy el Señor de los Ejércitos; y no perdonaré a ninguno que se quede en Babilonia.
25 Por tanto, si me creéis, trabajaréis mientras dure lo que es llamado hoy.
26 No conviene que mis siervos, Newel K. Whitney y Sidney Gilbert, vendan su tienda y bienes que tienen aquí; porque no es prudente, sino hasta que suba a la tierra de Sión el resto de los miembros de la iglesia que quedan en este lugar.
27 He aquí, en mis leyes está dicho, o sea, prohibido, contraer deudas con vuestros enemigos;
28 mas he aquí, en ningún tiempo se ha dicho que el Señor no ha de tomar cuando él quiera, y pagar como bien le parezca.
29 De modo que, siendo vosotros agentes, estáis en la obra del Señor; y lo que hagáis conforme a su voluntad es asunto del Señor.
30 Y él os ha puesto para abastecer a sus santos en estos últimos días, a fin de que obtengan una heredad en la tierra de Sión.
31 Y he aquí, que yo, el Señor —y mis palabras son ciertas y no fallarán— os declaro que la obtendrán.
32 Mas todas las cosas tienen que acontecer en su hora.
33 Por tanto, no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una gran obra. Y de las cosas pequeñas proceden las grandes.
34 He aquí, el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta; y los de buena voluntad y los obedientes comerán de la abundancia de la tierra de Sión en estos postreros días.
35 Y los rebeldes serán desterrados de la tierra de Sión, y serán expulsados y no heredarán la tierra.
36 Porque, de cierto os digo, los rebeldes no son de la sangre de Efraín; por consiguiente, serán desarraigados.
37 He aquí, en estos postreros días, yo, el Señor, he hecho a mi iglesia semejante a un juez que se sienta en un monte, o sea, en un lugar alto, para juzgar a las naciones.
38 Pues sucederá que los habitantes de Sión juzgarán todas las cosas pertenecientes a Sión.
39 Y probarán a los mentirosos y a los hipócritas, y los que no fueren apóstoles y profetas serán descubiertos.
40 Y aun el obispo, que es juez, y sus consejeros serán condenados, si no son fieles en sus mayordomías; y otros serán instalados en su lugar.
41 Porque, he aquí, os digo que Sión florecerá, y la gloria del Señor descansará sobre ella;
42 y será por pendón al pueblo, y vendrán a ella de toda nación debajo de los cielos.
43 Y llegará el día en que las naciones de la tierra temblarán a causa de ella, y temerán por motivo de sus poderosos. El Señor lo ha proferido. Amén.

SECCIÓN 65

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Hiram, Ohio, en octubre de 1831 (History of the Church, 1:218). El Profeta señala esta revelación como una oración.

1–2, Las llaves del reino de Dios se han entregado al hombre sobre la tierra, y la causa del evangelio triunfará;
3–6, El reino milenario de los cielos descenderá y se unirá al reino de Dios sobre la tierra.

1 ESCUCHAD y oíd una voz como de uno enviado de lo alto, uno potente y poderoso, cuyas salidas son hasta los cabos de la tierra; sí, cuya voz se dirige a los hombres: Preparad la vía del Señor, enderezad sus sendas.
2 Las llaves del reino de Dios han sido entregadas al hombre en la tierra, y de allí rodará el evangelio hasta los extremos de ella, como la piedra cortada del monte, no con mano, ha de rodar, hasta que llene toda la tierra.
3 Sí, una voz que proclama: Preparad la vía del Señor, disponed la cena del Cordero, aparejad para el Esposo.
4 Orad al Señor, invocad su santo nombre, dad a conocer sus maravillosas obras entre el pueblo.
5 Implorad al Señor, a fin de que su reino se extienda sobre la faz de la tierra, para que sus habitantes lo reciban y estén preparados para los días que han de venir, en los cuales el Hijo del Hombre descenderá en el cielo, revestido del resplandor de su gloria, para recibir el reino de Dios establecido sobre la tierra.
6 Por tanto, extiéndase el reino de Dios, para que venga el reino de los cielos, a fin de que tú, oh Dios, seas glorificado en los cielos así como en la tierra, para que tus enemigos sean vencidos; porque tuya es la honra, el poder, y la gloria, para siempre jamás. Amén.

SECCIÓN 66

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Orange, Ohio, el 25 de octubre de 1831 (History of the Church, 1:219–221). Ése fue el primer día de una conferencia importante. Como prefacio de esta revelación, el Profeta escribió: "A solicitud de William E. McLellin, consulté al Señor y recibí lo siguiente" (History of the Church, 1:220).

1–4, El convenio sempiterno es la plenitud del evangelio;
5–8, Los élderes han de predicar, testificar y razonar con la gente;
9–13, El fiel servicio en el ministerio asegura una herencia de vida eterna.

1 HE aquí, así dice el Señor a mi siervo William E. McLellin: Bendito eres, por cuanto te has apartado de tus iniquidades y has recibido mis verdades, dice el Señor tu Redentor, el Salvador del mundo, sí, de cuantos creen en mi nombre.
2 De cierto te digo, bendito eres por haber recibido mi convenio sempiterno, sí, la plenitud de mi evangelio, enviado a los hijos de los hombres para que tengan vida y lleguen a ser partícipes de las glorias que serán reveladas en los postreros días, como lo escribieron los profetas y los apóstoles en días antiguos.
3 De cierto te digo, mi siervo William, te encuentras limpio, mas no del todo; arrepiéntete, pues, de las cosas que no me complacen, dice el Señor, porque él te las mostrará.
4 Y ahora, en verdad, yo, el Señor, te enseñaré lo que quiero con respecto a ti, o sea, lo que es mi voluntad concerniente a ti.
5 He aquí, de cierto te digo, es mi voluntad que proclames mi evangelio de tierra en tierra, y de ciudad en ciudad, sí, en las regiones circunvecinas donde no se haya proclamado.
6 No demores muchos días en este lugar; no subas todavía a la tierra de Sión; pero lo que puedas enviar, envíalo; fuera de eso, no pienses en tus bienes.
7 Ve a las tierras del Este, testifica en todo lugar, a todo pueblo, en sus sinagogas, razonando con la gente.
8 Vaya contigo mi siervo Samuel H. Smith; no lo abandones, y dale tus instrucciones; y el que fuere fiel será fortalecido en todo lugar, y yo, el Señor, iré con vosotros.
9 Pon tus manos sobre los enfermos, y sanarán. No vuelvas hasta que yo, el Señor, te lo mande. Ten paciencia en la aflicción. Pide, y recibirás; llama, y se te abrirá.
10 Procura no verte abrumado. Abandona toda iniquidad. No cometas adulterio: una tentación que te ha molestado.
11 Obedece estas palabras, porque son verdaderas y fieles; y magnificarás tu oficio e impulsarás a muchos hasta Sión con cantos de gozo perpetuo sobre su cabeza.
12 Persevera en estas cosas hasta el fin, y tendrás una corona de vida eterna a la diestra de mi Padre, que es lleno de gracia y de verdad.
13 De cierto, así dice el Señor tu Dios, tu Redentor, sí, Jesucristo. Amén.

SECCIÓN 67

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Hiram, Ohio, en noviembre de 1831 (History of the Church, 1:224–225). Hubo en la ocasión una conferencia especial, en la cual se consideró y se aprobó la publicación de las revelaciones que ya se habían recibido del Señor por medio del Profeta (véase el encabezamiento de la sección 1). Se decidió que Oliver Cowdery y John Whitmer debían llevar los manuscritos de las revelaciones a Independence, donde W. W. Phelps las publicaría con el título de "Book of Commandments" (El Libro de Mandamientos). Muchos de los hermanos dieron solemne testimonio de que las revelaciones recopiladas hasta entonces para publicarse eran ciertamente verdaderas, según lo que les testificó el Espíritu Santo que se derramó sobre ellos. El Profeta escribe que después de haberse recibido la revelación conocida como la sección 1, surgió una conversación negativa con respecto al lenguaje usado en las revelaciones. Siguió la presente revelación.

1–3, El Señor escucha las oraciones de sus élderes y vela por ellos;
4–9, Desafía a la persona más sabia a reproducir la menor de sus revelaciones;
10–14, Los élderes fieles serán vivificados por el Espíritu y verán la faz de Dios.

1 HE aquí, escuchad, oh élderes de mi iglesia que os habéis congregado, cuyas oraciones he oído, cuyos corazones conozco y cuyos deseos han ascendido a mí.
2 He aquí, mis ojos están sobre vosotros, y los cielos y la tierra están en mis manos, y las riquezas de la eternidad son mías para dar.
3 Os esforzasteis en creer que recibiríais la bendición que se os había ofrecido; mas he aquí, de cierto os digo que existían temores en vuestros corazones, y en verdad, ésta es la razón por la que no la recibisteis.
4 Y ahora yo, el Señor, os doy un testimonio de la verdad de estos mandamientos que se hallan delante de vosotros.
5 Vuestros ojos han estado sobre mi siervo José Smith, hijo; y su lenguaje y sus imperfecciones habéis conocido, y en vuestro corazón habéis procurado conocimiento para poder expresaros en un lenguaje superior al suyo. Esto también lo sabéis.
6 Ahora, escoged del Libro de Mandamientos el menor de entre ellos, y nombrad al que de vosotros sea el más sabio;
7 y si hay entre vosotros alguien que pueda hacer uno semejante, entonces sois justificados al decir que no sabéis que son verdaderos;
8 mas si no podéis hacer uno semejante, estáis bajo condenación si no testificáis que son verdaderos.
9 Porque sabéis que no hay injusticia en ellos, y lo que es justo desciende de lo alto, del Padre de las luces.
10 Y además, de cierto os digo que es vuestro el privilegio, y os hago una promesa a vosotros los que habéis sido ordenados a este ministerio, que si os despojáis de toda envidia y temor, y os humilláis delante de mí —porque no sois suficientemente humildes—, el velo se rasgará, y me veréis y sabréis que yo soy, no con la mente carnal o natural, sino con la espiritual.
11 Porque ningún hombre en la carne ha visto a Dios jamás, a menos que haya sido vivificado por el Espíritu de Dios.
12 Ni puede hombre natural alguno aguantar la presencia de Dios, ni conforme a la mente carnal.
13 No podéis aguantar ahora la presencia de Dios, ni la ministración de ángeles; por consiguiente, continuad con paciencia hasta perfeccionaros.
14 No volváis atrás en vuestras mentes, y cuando seáis dignos, veréis y sabréis en mi propio y debido tiempo lo que os fue conferido por la mano de mi siervo José Smith, hijo. Amén.

SECCIÓN 68

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Hiram, Ohio, en noviembre de 1831, a solicitud de Orson Hyde, Luke S. Johnson, Lyman E. Johnson y William E. McLellin (History of the Church, 1:227–229). Aun cuando se dio esa revelación como respuesta a la súplica de que se diera a conocer la voluntad del Señor con respecto a los élderes mencionados, mucho de su contenido se refiere a toda la Iglesia.

1–5, Cuando son inspirados por el Espíritu Santo, las palabras de los élderes son Escritura;
6–12, Los élderes han de predicar y bautizar, y las señales acompañarán a los verdaderos creyentes;
13–24, El primogénito de entre los hijos de Aarón puede servir de Obispo Presidente (es decir, poseer las llaves de la presidencia como obispo) bajo la dirección de la Primera Presidencia;
25–28, Se manda a los padres enseñar el evangelio a sus hijos;
29–35, Los santos deben observar el día del Señor, trabajar diligentemente y orar.

1 MI siervo Orson Hyde fue llamado mediante su ordenación para proclamar el evangelio sempiterno por el Espíritu del Dios viviente, de pueblo en pueblo, y de tierra en tierra, entre las congregaciones de los inicuos, en sus sinagogas, razonando con ellos y declarándoles todas las Escrituras.
2 Y he aquí, ésta es la norma para todos los que fueron ordenados a este sacerdocio, cuya misión de que salgan les ha sido indicada;
3 y ésta es la norma para ellos: Hablarán conforme los inspire el Espíritu Santo.
4 Y lo que hablen cuando sean inspirados por el Espíritu Santo será Escritura, será la voluntad del Señor, será la intención del Señor, será la palabra del Señor, será la voz del Señor y el poder de Dios para salvación.
5 He aquí, ésta es la promesa del Señor a vosotros, oh mis siervos.
6 Sed de buen ánimo, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé; y testificaréis de mí, sí, Jesucristo, que soy el Hijo del Dios viviente; que fui, que soy y que he de venir.
7 Ésta es la palabra del Señor a ti, mi siervo Orson Hyde, y también a Luke Johnson, a Lyman Johnson y a William E. McLellin, mis siervos, y a todos los fieles élderes de mi iglesia.
8 Id por todo el mundo, predicad el evangelio a toda criatura, obrando mediante la autoridad que os he dado, bautizando en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
9 Y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; y el que no creyere, será condenado.
10 Y el que creyere será bendecido con señales que le acompañarán, tal como está escrito.
11 Y a vosotros os será permitido conocer las señales de los tiempos, y las señales de la venida del Hijo del Hombre;
12 Y se os dará el poder de sellar para vida eterna a todos de quienes el Padre testifique. Amén.
13 Y ahora, en cuanto a los asuntos, aparte de los convenios y mandamientos, éstos son:
14 Quedan por ser apartados más adelante, en el debido tiempo del Señor, otros obispos en la iglesia, los cuales ejercerán su ministerio como el primero.
15 Por consiguiente, han de ser sumos sacerdotes dignos, y serán nombrados por la Primera Presidencia del Sacerdocio de Melquisedec, a menos que sean descendientes literales de Aarón;
16 y si son descendientes literales de Aarón, tienen el derecho legal de ocupar el obispado, si son los primogénitos de entre los hijos de Aarón;
17 porque el primogénito posee el derecho de la presidencia de este sacerdocio y las llaves o autoridad de éste.
18 Ningún hombre tiene el derecho legal de ocupar este oficio, de tener las llaves de este sacerdocio, salvo que sea descendiente literal y el primogénito de Aarón.
19 Pero en vista de que un sumo sacerdote del Sacerdocio de Melquisedec tiene la autoridad para funcionar en todos los oficios menores, él puede desempeñar el oficio de obispo cuando no se encuentre a un descendiente literal de Aarón, siempre que sea llamado, apartado y ordenado a este poder por mano de la Primera Presidencia del Sacerdocio de Melquisedec.
20 Y un descendiente literal de Aarón también debe ser designado por esta Presidencia, y considerado digno, y por mano de ellos ser ungido y ordenado; de otra manera, no queda legalmente autorizado para oficiar en su sacerdocio.
21 Mas en virtud del decreto concerniente a su derecho del sacerdocio que desciende de padre a hijo, pueden reclamar su unción, si en cualquier momento pueden comprobar su linaje, o lo determinan por revelación del Señor bajo las manos de la Presidencia ya nombrada.
22 Y además, ningún obispo o sumo sacerdote que fuere apartado para este ministerio ha de ser juzgado ni condenado por delito alguno, sino ante la Primera Presidencia de la iglesia;
23 y si es hallado culpable ante esta Presidencia, por testimonio irrefutable, será condenado;
24 y si se arrepiente será perdonado, de acuerdo con los convenios y los mandamientos de la iglesia.
25 Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres.
26 Porque ésta será una ley para los habitantes de Sión, o en cualquiera de sus estacas que se hayan organizado.
27 Y sus hijos serán bautizados para la remisión de sus pecados cuando tengan ocho años de edad, y recibirán la imposición de manos.
28 Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor.
29 Y los habitantes de Sión también observarán el día del Señor para santificarlo.
30 Y en vista de que se les manda trabajar, los habitantes de Sión también han de recordar sus tareas con toda fidelidad, porque se tendrá presente al ocioso ante el Señor.
31 Ahora, yo, el Señor, no estoy bien complacido con los habitantes de Sión, porque hay ociosos entre ellos; y sus hijos también están creciendo en la iniquidad; tampoco buscan con empeño las riquezas de la eternidad, antes sus ojos están llenos de avaricia.
32 Estas cosas no deben ser, y tienen que ser desechadas de entre ellos; por consiguiente, lleve mi siervo Oliver Cowdery estas palabras a la tierra de Sión.
33 Y un mandamiento les doy: Quien no cumpla con sus oraciones ante el Señor en el momento debido, hágase memoria de él ante el juez de mi pueblo.
34 Estas palabras son verdaderas y fieles; por tanto, no las violéis, ni tampoco quitéis de ellas.
35 He aquí, soy el Alfa y la Omega, y vengo pronto. Amén.

SECCIÓN 69

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Hiram, Ohio, en noviembre de 1831 (History of the Church, 1:234–235). La recopilación de revelaciones que se tenía por objeto publicar en breve se había aprobado en la conferencia especial del 1º de noviembre. El día 3 de noviembre se agregó la revelación que aparece en esta obra como la sección 133 y se le llamó el Apéndice. Por voto de la conferencia, se nombró a Oliver Cowdery para que llevara el manuscrito de las revelaciones y los mandamientos recopilados a Independence, Misuri, con el fin de que se publicaran. También debía llevar consigo el dinero que se había aportado para la edificación de la Iglesia en Misuri. En vista de que en el curso de su viaje tendría que pasar por un territorio poco poblado para llegar a la frontera, fue conveniente que llevara un compañero de viaje.

1–2, John Whitmer ha de acompañar a Oliver Cowdery a Misuri;
3–8, También ha de predicar, recopilar, anotar y escribir datos históricos.

1 ESCUCHADME, dice el Señor vuestro Dios, por el bien de mi siervo Oliver Cowdery. No me parece prudente que se le confíen los mandamientos ni el dinero que llevará a la tierra de Sión, salvo que vaya con él uno que sea leal y fiel.
2 Por tanto, yo, el Señor, dispongo que mi siervo John Whitmer acompañe a mi siervo Oliver Cowdery.
3 Y también que él continúe escribiendo y recopilando una historia de todas las cosas importantes que él observe y sepa concernientes a mi iglesia;
4 y además, que reciba consejo y ayuda de mi siervo Oliver Cowdery y de otros.
5 Y también mis siervos que andan por la tierra deben enviar un informe de sus mayordomías a la tierra de Sión;
6 porque la tierra de Sión será la cabecera, así como el lugar para recibir y hacer todas estas cosas.
7 No obstante, viaje mi siervo John Whitmer varias veces de un lugar a otro, de iglesia en iglesia, para que más fácilmente adquiera conocimiento,
8 predicando y explicando, escribiendo, copiando, seleccionando y obteniendo todas las cosas que sean para el bien de la iglesia, y para las generaciones futuras que crecerán en la tierra de Sión, para poseerla de generación en generación para siempre jamás. Amén.

SECCIÓN 70

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 12 de noviembre de 1831 (History of the Church, 1:235–237). En la historia que escribió el Profeta, dice que se efectuaron cuatro conferencias especiales, desde el 1º de noviembre hasta el día 12 inclusive. En la última de esas asambleas, se consideró la gran importancia del Libro de Mandamientos, posteriormente llamado Doctrina y Convenios; y el Profeta declara que el libro es "el fundamento de la Iglesia en estos últimos días, así como un beneficio para el mundo, que manifiesta que de nuevo se han confiado al hombre las llaves de los misterios del reino de nuestro Salvador" (History of the Church, 1:235).

1–5, Se nombran mayordomos para publicar las revelaciones;
6–13, Aquellos que obran en las cosas espirituales son dignos de su salario;
14–18, Los santos deben ser iguales en cuanto a las cosas temporales.

1 HE aquí, escuchad, oh habitantes de Sión, y todos vosotros los de mi iglesia que estáis lejos, y oíd la palabra del Señor que comunico a mi siervo José Smith, hijo, y también a mis siervos Martin Harris, Oliver Cowdery, John Whitmer, Sidney Rigdon y William W. Phelps, por vía de mandamiento a ellos.
2 Porque les doy un mandamiento; por consiguiente, escuchad y oíd, porque así les dice el Señor:
3 Yo, el Señor, los he nombrado y ordenado mayordomos de las revelaciones y mandamientos que les he dado, y que en lo porvenir les daré;
4 y les exigiré un informe de esta mayordomía en el día del juicio.
5 Por tanto, yo los he nombrado, y ésta es su obra en la iglesia de Dios: administrar estas cosas y lo que a ellas atañe, sí, los beneficios que rindan.
6 Por tanto, les doy el mandamiento de no dar estas cosas a la iglesia ni al mundo;
7 no obstante, si reciben más de lo que se requiera para sus necesidades y carencias, se entregará a mi almacén;
8 y se consagrarán los beneficios para los habitantes de Sión y sus generaciones, si llegan a ser herederos de acuerdo con las leyes del reino.
9 He aquí, esto es lo que el Señor requiere de todo hombre en su mayordomía, tal como yo, el Señor, le he señalado, o en lo porvenir le señale a cualquier hombre.
10 Y he aquí, ninguno de los que pertenecen a la iglesia del Dios viviente queda exento de esta ley;
11 sí, ni el obispo, ni el agente que se encarga del almacén del Señor, ni el que es nombrado a una mayordomía en cosas temporales.
12 El que es nombrado para administrar cosas espirituales es digno de su salario; así como los que son nombrados a una mayordomía para administrar en cosas temporales;
13 sí, y más abundantemente, y esta abundancia les es multiplicada por las manifestaciones del Espíritu.
14 No obstante, en vuestras cosas temporales seréis iguales, y esto no de mala gana; de lo contrario, se retendrá la abundancia de las manifestaciones del Espíritu.
15 Ahora, doy este mandamiento a mis siervos para su beneficio, mientras permanezcan, como manifestación de mis bendiciones sobre su cabeza, y como recompensa de su diligencia y para su seguridad;
16 por alimento y por vestido; por heredad; por casas y terrenos, en cualesquiera circunstancias que yo, el Señor, los coloque y dondequiera que yo, el Señor, los envíe.
17 Porque sobre muchas cosas han sido fieles, y han hecho bien, por cuanto no han pecado.
18 He aquí, yo, el Señor, soy misericordioso y los bendeciré, y entrarán en el gozo de estas cosas. Así sea. Amén.

SECCIÓN 71

Revelación dada a José Smith el Profeta y a Sidney Rigdon en Hiram, Ohio, el 1º de diciembre de 1831 (History of the Church, 1:238–239). El Profeta había continuado la traducción de la Biblia, con Sidney Rigdon como su escribiente, hasta que se recibió esta revelación, ocasión en la cual se suspendió temporalmente dicha obra, a fin de que pudieran cumplir con las instrucciones que se dan en esta revelación. Los hermanos debían salir a predicar a fin de calmar los sentimientos hostiles que habían surgido contra la Iglesia como resultado de unos artículos publicados en los periódicos y escritos por Ezra Booth, que había apostatado.

1–4, José Smith y Sidney Rigdon son enviados a proclamar el evangelio;
5–11, Los enemigos de los santos serán confundidos.

1 HE aquí, así os dice el Señor a vosotros, mis siervos José Smith, hijo, y Sidney Rigdon: Ciertamente ha llegado el tiempo en que es necesario y oportuno que abráis vuestra boca para proclamar mi evangelio, las cosas del reino, explicando sus misterios por medio de las Escrituras, de acuerdo con la porción del Espíritu y del poder que se os dará según mi voluntad.
2 De cierto os digo, proclamad al mundo en las regiones circunvecinas, y también en la iglesia, durante una temporada, hasta que se os avise.
3 En verdad, ésta es una misión que os doy por un tiempo.
4 Por tanto, obrad en mi viña. Llamad a los habitantes de la tierra, y testificad y preparad la vía para los mandamientos y las revelaciones que han de venir.
5 Ahora, he aquí, esto es prudente; quien lee, que entienda y también reciba;
6 porque a quien reciba le será dado más abundantemente, a saber, poder.
7 Confundid, pues, a vuestros enemigos; invitadlos a discutir con vosotros en público y en privado; y si sois fieles, será manifestada su vergüenza.
8 Por tanto, dejadlos que propongan sus potentes razonamientos en contra del Señor.
9 De cierto, así os dice el Señor, no hay arma forjada en contra de vosotros que haya de prosperar;
10 y si hombre alguno alza su voz en contra de vosotros, será confundido en mi propio y debido tiempo.
11 Así que, guardad mis mandamientos; son verdaderos y fieles. Así sea. Amén.

SECCIÓN 72

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Kirtland, Ohio, el 4 de diciembre de 1831 (History of the Church, 1:239–241). Varios élderes y miembros se habían reunido para aprender su deber y recibir mayor edificación en cuanto a las enseñanzas de la Iglesia. Esta sección es una compilación de dos revelaciones que se recibieron el mismo día. En los versículos del 1 al 8 se da a conocer el llamamiento de Newel K. Whitney como obispo. Éste fue entonces llamado y ordenado, tras lo cual se recibieron los versículos del 9 al 26, en los que se da información adicional en cuanto a los deberes del obispo.

1–8, Los élderes deben entregar un informe de su mayordomía al obispo;
9–15, El obispo se encarga de administrar el almacén y de velar por los pobres y los necesitados;
16–26, Los obispos deben certificar la dignidad de los élderes.

1 ESCUCHAD y oíd la voz del Señor, oh vosotros que os habéis congregado, que sois los sumos sacerdotes de mi iglesia, a quienes se han dado el reino y el poder.
2 Porque de cierto, así dice el Señor, me es oportuno que se os nombre un obispo a vosotros, o de entre vosotros, para la iglesia en esta parte de la viña del Señor.
3 Y de cierto, en esto habéis obrado sabiamente, porque el Señor requiere de la mano de todo mayordomo, que dé cuenta de su mayordomía, tanto en el tiempo como en la eternidad.
4 Porque el que es fiel y sabio en esta vida es considerado digno de heredar las mansiones preparadas para él por mi Padre.
5 De cierto os digo, los élderes de la iglesia en esta parte de mi viña entregarán un informe de su mayordomía al obispo que nombraré en esta parte de mi viña.
6 Estas cosas se registrarán para entregarse al obispo en Sión.
7 Y el deber del obispo se hará saber mediante los mandamientos que se han dado, así como por la voz de la conferencia.
8 Y ahora, de cierto os digo, mi siervo Newel K. Whitney es el hombre que será nombrado y ordenado a este poder. Ésta es la voluntad del Señor vuestro Dios, vuestro Redentor. Así sea. Amén.
9 La palabra del Señor que, además de la ley ya dada, hace saber el deber del obispo que le ha sido ordenado a la iglesia en esta parte de la viña, el cual es el siguiente:
10 Administrar el almacén del Señor; recibir los fondos de la iglesia en esta parte de la viña;
11 recibir los informes de los élderes, como ya se ha mandado, y atender a sus necesidades; y ellos pagarán por lo que reciban, si tienen con qué pagar;
12 a fin de que también esto se consagre para el bienestar de la iglesia, para los pobres y los necesitados.
13 Y en cuanto al que no tenga con qué pagar, se entregará la cuenta al obispo de Sión, el cual pagará la deuda con lo que el Señor ponga en sus manos.
14 Y las labores de los fieles que obran en cosas espirituales, administrando el evangelio y las cosas del reino a la iglesia y al mundo, responderán por la deuda ante el obispo en Sión;
15 de manera que proviene de la iglesia; porque según la ley, todo hombre que venga a Sión debe poner todas las cosas ante el obispo en Sión.
16 Y ahora, de cierto os digo, que como todo élder en esta parte de la viña tiene que dar cuenta de su mayordomía al obispo de esta parte de la viña,
17 un certificado del juez u obispo de esta parte de la viña, dirigido al obispo en Sión, hace a todo hombre aceptable, y satisface todo requisito para una heredad, y para ser recibido como mayordomo sabio y obrero fiel;
18 de otra manera, no será aceptado por el obispo de Sión.
19 Y ahora, de cierto os digo, que todo élder que dé cuenta al obispo de la iglesia en esta parte de la viña, sea recomendado por la iglesia o las iglesias en donde esté obrando, a fin de que él y sus cuentas queden aprobados en todas las cosas.
20 Y además, mis siervos que son nombrados administradores de los intereses literarios de la iglesia tienen el derecho de pedir auxilio al obispo u obispos en todas las cosas;
21 para que se publiquen las revelaciones y vayan a los cabos de la tierra; para que también ellos obtengan fondos que beneficiarán a la iglesia en todas las cosas;
22 para que también ellos se hagan dignos de ser aprobados en todas las cosas, y de ser contados como mayordomos sabios.
23 Y ahora bien, he aquí, esto servirá de norma a todas las esparcidas ramas de mi iglesia, en cualquier parte en que estén establecidas. Y ahora doy fin a mis palabras. Amén.
24 Unas breves palabras, además de las leyes del reino, con respecto a los miembros de la iglesia, aquellos que el Santo Espíritu designe para subir a Sión, y los que tengan el privilegio de subir allá:
25 Lleven consigo, para el obispo, un certificado de tres de los élderes de la iglesia o un certificado del obispo;
26 de otra manera, el que suba a la tierra de Sión no será considerado mayordomo sabio. Esto es también una norma. Amén.

SECCIÓN 73

Revelación dada a José Smith el Profeta y a Sidney Rigdon en Hiram, Ohio, el 10 de enero de 1832 (History of the Church, 1:241–242). Desde los primeros días del anterior mes de diciembre, el Profeta y Sidney se habían ocupado en predicar, y por este medio se logró disminuir en gran manera los sentimientos desfavorables que habían surgido contra la Iglesia (véase el encabezamiento de la sección 71).

1–2, Los élderes han de continuar predicando;
3–6, José Smith y Sidney Rigdon han de continuar la traducción de la Biblia hasta que quede terminada.

1 PORQUE de cierto, así dice el Señor, me conviene que continúen predicando el evangelio y exhortando a las iglesias en las regiones circunvecinas, hasta el tiempo de la conferencia;
2 y entonces, he aquí, la voz de la conferencia les señalará sus misiones respectivas.
3 Ahora, de cierto os declaro, mis siervos José Smith, hijo, y Sidney Rigdon, dice el Señor, es menester reanudar la traducción;
4 y en tanto que sea práctico, predicar en las regiones circunvecinas hasta el tiempo de la conferencia; y después, conviene continuar el trabajo de la traducción hasta terminarla.
5 Sea esto por norma a los élderes hasta que se imparta conocimiento adicional, así como está escrito.
6 Ahora, no os doy más en esta ocasión. Ceñid vuestros lomos y sed sobrios. Así sea. Amén.

SECCIÓN 74

Revelación dada a José Smith el Profeta en Hiram, Ohio, en enero de 1832 (History of the Church, 1:242). El Profeta escribe: "Al recibir la palabra anterior del Señor [D. y C. 73], reanudé la traducción de las Escrituras y trabajé diligentemente hasta poco antes de la conferencia que se iba a verificar el 25 de enero. Durante ese período, también recibí lo siguiente, como explicación de la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 7, versículo 14" (History of the Church, 1:242).

1–5, Pablo exhorta a la Iglesia de su época a no observar la ley de Moisés;
6–7, Los niños pequeños son santos y son santificados por medio de la Expiación.

1 PORQUE el marido incrédulo es santificado por la mujer, y la mujer incrédula por el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.
2 En los días de los apóstoles se observaba la ley de la circuncisión entre todos los judíos que no creían en el evangelio de Jesucristo.
3 Y aconteció que surgió una contienda grande entre el pueblo concerniente a la ley de la circuncisión, porque el marido incrédulo deseaba que sus hijos fuesen circuncidados y se sujetasen a la ley de Moisés, la cual había sido cumplida.
4 Y aconteció que los hijos, habiéndose criado bajo la sujeción de la ley de Moisés, se guiaban por las tradiciones de sus padres y no creían en el evangelio de Cristo, de manera que llegaron a ser inmundos.
5 Fue, pues, por esta causa que el apóstol escribió a los de la iglesia, dándoles un mandamiento, no del Señor, sino de sí mismo, de que el creyente no se uniera al incrédulo, a menos que se abrogara la ley de Moisés entre ellos,
6 para que sus hijos permaneciesen incircuncisos, y que fuese abrogada la tradición que decía que los niños pequeños son inmundos, porque existía entre los judíos;
7 mas los niños pequeños son santos, porque son santificados por la expiación de Jesucristo; y esto es lo que significan las Escrituras.

SECCIÓN 75

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Amherst, Ohio, el 25 de enero de 1832 (History of the Church, 1:242–245). La ocasión fue la de una conferencia previamente convocada. En esa conferencia, José Smith fue sostenido y ordenado Presidente del Sumo Sacerdocio. Ciertos élderes, que habían tropezado con dificultades al procurar hacer comprender a los hombres su mensaje, deseaban saber más detalladamente en cuanto a sus deberes inmediatos. Siguió esta revelación.

1–5, Los élderes fieles que predican el evangelio lograrán la vida eterna;
6–12, Se debe orar para recibir al Consolador, el cual enseña todas las cosas;
13–22, Los élderes juzgarán a aquellos que rechacen su mensaje;
23–36, Las familias de los misioneros deben recibir ayuda de la Iglesia.

1 DE cierto, de cierto os digo yo, que hablo por la voz de mi Espíritu, sí, el Alfa y la Omega, vuestro Señor y vuestro Dios:
2 Escuchad, oh vosotros que habéis presentado vuestros nombres para salir a proclamar mi evangelio y podar mi viña.
3 He aquí, os digo que es mi voluntad que salgáis y no demoréis, que no estéis ociosos, sino que obréis con vuestra fuerza,
4 alzando vuestra voz como con el son de trompeta, proclamando la verdad de acuerdo con las revelaciones y los mandamientos que os he dado.
5 Así que, si sois fieles, seréis premiados con muchas gavillas y coronados con honor, gloria, inmortalidad y vida eterna.
6 Por tanto, de cierto digo a mi siervo William E. McLellin, que revoco la comisión que le di de ir a las regiones del Este;
7 y le doy una nueva comisión y un nuevo mandamiento, en el cual yo, el Señor, lo reprendo por las murmuraciones de su corazón;
8 y pecó; no obstante, lo perdono y otra vez le digo: Ve a las regiones del Sur.
9 Y vaya con él mi siervo Luke Johnson, y proclamen las cosas que les he mandado,
10 invocando el nombre del Señor para que venga el Consolador, que les enseñará todas las cosas que les sean necesarias,
11 orando siempre para no desmayar; y si hacen esto, estaré con ellos hasta el fin.
12 He aquí, ésta es la voluntad del Señor vuestro Dios en cuanto a vosotros. Así sea. Amén.
13 Y además, de cierto así dice el Señor: Emprendan su viaje a las regiones del Este mis siervos Orson Hyde y Samuel H. Smith, y proclamen las cosas que les he mandado; y si son fieles, he aquí, estaré con ellos hasta el fin.
14 Y además de cierto digo a mis siervos Lyman Johnson y Orson Pratt, que también ellos viajen a las regiones del Este; y he aquí, estoy con ellos también hasta el fin.
15 Y además, digo a mis siervos Asa Dodds y Calves Wilson, que también ellos viajen a las regiones del Oeste, y proclamen mi evangelio como les he mandado.
16 Y el que sea fiel vencerá todas las cosas y será enaltecido en el postrer día.
17 Y además, digo a mis siervos Major N. Ashley y Burr Riggs, que viajen también a la región del Sur.
18 Sí, viajen todos éstos como les he mandado, yendo de casa en casa, de aldea en aldea y de ciudad en ciudad.
19 Y en cualquier casa donde entréis y os reciban, dejad allí vuestra bendición.
20 Y de cualquier casa donde entréis y no os reciban, saldréis de allí en seguida, y sacudiréis el polvo de vuestros pies como testimonio en contra de ellos.
21 Y os llenaréis de gozo y alegría; y sabed esto, que en el día del juicio seréis jueces de los de esa casa, y los condenaréis;
22 y será más tolerable para el pagano en el día del juicio que para los de esa casa; por tanto, ceñid vuestros lomos, sed fieles y venceréis todas las cosas, y seréis enaltecidos en el postrer día. Así sea. Amén.
23 Y además, así os dice el Señor a vosotros, oh élderes de mi iglesia, que habéis presentado vuestros nombres a fin de saber su voluntad concerniente a vosotros:
24 He aquí, os digo que es el deber de la iglesia ayudar a sostener a las familias de éstos, y también a las familias de los que son llamados y han de ser enviados al mundo para proclamarle el evangelio.
25 Por tanto, yo, el Señor, os doy este mandamiento de buscar lugares para vuestras familias, hasta donde vuestros hermanos estén dispuestos a abrir su corazón.
26 Y cuantos puedan obtener lugares para sus familias y auxilio de la iglesia para ellas, no dejen de ir al mundo, bien sea al este o al oeste, al norte o al sur.
27 Pidan, y recibirán; llamen, y les será abierto; y les será revelado de lo alto, sí por el Consolador, adonde han de ir.
28 Y además, de cierto os digo que todo hombre que tiene la obligación de mantener a su propia familia, hágalo, y de ninguna manera perderá su corona; y obre en la iglesia.
29 Sea diligente cada cual en todas las cosas. No habrá lugar en la iglesia para el ocioso, a no ser que se arrepienta y enmiende sus costumbres.
30 Únanse, pues, en el ministerio mis siervos Simeon Carter y Emer Harris;
31 como también mis siervos Ezra Thayre y Thomas B. Marsh;
32 también mis siervos Hyrum Smith y Reynolds Cahoon;
33 también mis siervos Daniel Stanton y Seymour Brunson;
34 así como mis siervos Sylvester Smith y Gideon Carter;
35 y de la misma manera mis siervos Ruggles Eames y Stephen Burnett;
36 y también mis siervos Micah B. Welton y Eden Smith. Así sea. Amén.

SECCIÓN 76

Visión manifestada a José Smith el Profeta y a Sidney Rigdon en Hiram, Ohio, el 16 de febrero de 1832 (History of the Church, 1:245–252). Al anotar esta visión, el Profeta escribió como prefacio: "A mi regreso de la conferencia de Amherst, reanudé la traducción de las Escrituras. Según las varias revelaciones que se habían recibido, era patente que se habían quitado de la Biblia muchos puntos importantes relacionados con la salvación del hombre, o que se habían perdido antes de que se recopilara. Parecía de por sí evidente, a juzgar por las verdades que quedaban, que si Dios premiaba a cada uno de acuerdo con las obras hechas en la carne, el término 'cielo', al referirse a la morada eterna de los santos, tenía que incluir más de un reino. Consiguientemente...mientras traducíamos el Evangelio según San Juan, el hermano Rigdon y yo vimos la siguiente visión" (History of the Church, 1:245). Fue después que el Profeta hubo traducido Juan 5:29 que se recibió esta visión.

1–4, El Señor es Dios;
5–10, Los misterios del reino serán revelados a todos los fieles;
11–17, Todos saldrán o en la resurrección de los justos o en la de los injustos;
18–24, Los habitantes de muchos mundos son engendrados hijos e hijas para Dios por medio de la expiación de Jesucristo;
25–29, Un ángel de Dios cayó y se convirtió en el diablo;
30–49, Los hijos de perdición padecen condenación eterna; todos los demás logran algún grado de salvación;
50–70, Se describen la gloria y el galardón de los seres exaltados en el reino celestial;
71–80, Aquellos que heredarán el reino terrestre;
81–113, El estado de los que se hallarán en la gloria telestial, en la terrestre y en la celestial;
114–119, Los fieles podrán ver y comprender los misterios del Reino de Dios mediante el poder del Espíritu Santo.

1 ¡OÍD, oh cielos, escucha, oh tierra, y regocijaos, vosotros los habitantes de ellos, porque el Señor es Dios, y aparte de él no hay Salvador!
2 Grande es su sabiduría, maravillosas son sus vías, y la magnitud de sus obras nadie la puede saber.
3 Sus propósitos nunca fracasan, ni hay quien pueda detener su mano.
4 De eternidad en eternidad él es el mismo, y sus años nunca se acaban.
5 Porque así dice el Señor: Yo, el Señor, soy misericordioso y benigno para con los que me temen, y me deleito en honrar a los que me sirven en rectitud y en verdad hasta el fin.
6 Grande será su galardón y eterna será su gloria.
7 Y a ellos les revelaré todos los misterios, sí, todos los misterios ocultos de mi reino desde los días antiguos, y por siglos futuros, les haré saber la buena disposición de mi voluntad tocante a todas las cosas pertenecientes a mi reino.
8 Sí, aun las maravillas de la eternidad sabrán ellos, y las cosas venideras les enseñaré, sí, cosas de muchas generaciones.
9 Y su sabiduría será grande, y su conocimiento llegará hasta el cielo; y ante ellos perecerá la sabiduría de los sabios y se desvanecerá el entendimiento del prudente.
10 Porque por mi Espíritu los iluminaré, y por mi poder les revelaré los secretos de mi voluntad; sí, cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han llegado siquiera al corazón del hombre.
11 Nosotros, José Smith, hijo, y Sidney Rigdon, estando en el Espíritu el día dieciséis de febrero, del año de nuestro Señor mil ochocientos treinta y dos,
12 fueron abiertos nuestros ojos e iluminados nuestros entendimientos por el poder del Espíritu, al grado de poder ver y comprender las cosas de Dios,
13 aun aquellas cosas que existieron desde el principio, antes que el mundo fuese, las cuales el Padre decretó por medio de su Hijo Unigénito, que estaba en el seno del Padre aun desde el principio,
14 de quien damos testimonio, y el testimonio que damos es la plenitud del evangelio de Jesucristo, que es el Hijo, a quien vimos y con el cual conversamos en la visión celestial.
15 Porque mientras hacíamos la traducción que el Señor nos había designado, llegamos al versículo veintinueve del quinto capítulo de Juan, que nos fue revelado así:
16 Hablando de la resurrección de los muertos, concerniente a los que oirán la voz del Hijo del Hombre:
17 Y saldrán; los que hayan hecho el bien, en la resurrección de los justos; y los que hayan hecho el mal, en la resurrección de los injustos.
18 Ahora, a causa de esto nos maravillamos, porque nos fue revelado por el Espíritu.
19 Y mientras meditábamos en estas cosas, el Señor tocó los ojos de nuestro entendimiento y fueron abiertos, y la gloria del Señor brilló alrededor.
20 Y vimos la gloria del Hijo, a la diestra del Padre, y recibimos de su plenitud;
21 y vimos a los santos ángeles y a los que son santificados delante de su trono, adorando a Dios y al Cordero, y lo adoran para siempre jamás.
22 Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive!
23 Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre;
24 que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios.
25 Y esto también vimos, de lo cual damos testimonio, que un ángel de Dios que tenía autoridad delante de Dios, el cual se rebeló en contra del Hijo Unigénito, a quien el Padre amaba y el cual estaba en el seno del Padre, fue arrojado de la presencia de Dios y del Hijo,
26 y fue llamado Perdición, porque los cielos lloraron por él; y era Lucifer, un hijo de la mañana.
27 Y vimos; y he aquí, ¡ha caído, un hijo de la mañana ha caído!
28 Y mientras nos hallábamos aún en el Espíritu, el Señor nos mandó que escribiésemos la visión; porque vimos a Satanás, la serpiente antigua, sí, el diablo, que se rebeló contra Dios y procuró usurpar el reino de nuestro Dios y su Cristo;
29 por tanto, les hace la guerra a los santos de Dios, y los rodea por todos lados.
30 Y vimos una visión de los sufrimientos de aquellos a quienes hizo la guerra y venció, porque la voz del Señor vino a nosotros con estas palabras:
31 Así dice el Señor concerniente a todos los que conocen mi poder, y han llegado a participar de él, y se dejaron vencer a causa del poder del diablo, y niegan la verdad y se rebelan contra mi poder.
32 Estos son los hijos de perdición, de quienes digo que mejor hubiera sido para ellos no haber nacido;
33 porque son vasos de ira, condenados a padecer la ira de Dios con el diablo y sus ángeles en la eternidad;
34 concerniente a los cuales he dicho que no hay perdón en este mundo ni en el venidero,
35 habiendo negado al Santo Espíritu después de haberlo recibido, y habiendo negado al Unigénito del Padre, crucificándolo para sí mismos y exponiéndolo a vituperio.
36 Éstos son los que irán al lago de fuego y azufre, con el diablo y sus ángeles,
37 y los únicos sobre quienes tendrá poder alguno la segunda muerte;
38 sí, en verdad, los únicos que no serán redimidos en el debido tiempo del Señor, después de padecer su ira.
39 Porque todos los demás saldrán en la resurrección de los muertos, mediante el triunfo y la gloria del Cordero, que fue inmolado, que estaba en el seno del Padre desde antes que los mundos fuesen hechos.
40 Y éste es el evangelio, las buenas nuevas, que la voz de los cielos nos testificó:
41 Que vino al mundo, sí, Jesús, para ser crucificado por el mundo y para llevar los pecados del mundo, y para santificarlo y limpiarlo de toda iniquidad;
42 para que por medio de él fuesen salvos todos aquellos a quienes el Padre había puesto en su poder y había hecho mediante él;
43 y él glorifica al Padre y salva todas las obras de sus manos, menos a esos hijos de perdición que niegan al Hijo después que el Padre lo ha revelado.
44 Por tanto, a todos salva él menos a ellos; éstos irán al castigo perpetuo, que es castigo sin fin, castigo eterno, para reinar con el diablo y sus ángeles por la eternidad, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga, lo cual es su tormento;
45 y ni el fin de ello, ni el lugar, ni su tormento, ningún hombre lo sabe;
46 ni tampoco fue, ni es, ni será revelado al hombre, salvo a quienes se hacen participantes de ello;
47 sin embargo, yo, el Señor, lo manifiesto en visión a muchos, pero en seguida lo cierro otra vez;
48 por consiguiente, no comprenden el fin, la anchura, la altura, la profundidad ni la miseria de ello, ni tampoco hombre alguno, sino los que son ordenados a esta condenación.
49 Y oímos la voz decir: Escribid la visión, porque he aquí, éste es el fin de la visión de los padecimientos de los impíos.
50 Y otra vez testificamos, porque vimos y oímos, y éste es el testimonio del evangelio de Cristo concerniente a los que saldrán en la resurrección de los justos:
51 Éstos son los que recibieron el testimonio de Jesús, y creyeron en su nombre, y fueron bautizados según la manera de su sepultura, siendo sepultados en el agua en su nombre; y esto de acuerdo con el mandamiento que él ha dado,
52 para que, guardando los mandamientos, fuesen lavados y limpiados de todos sus pecados, y recibiesen el Santo Espíritu por la imposición de las manos del que es ordenado y sellado para ejercer este poder;
53 y son quienes vencen por la fe, y son sellados por el Santo Espíritu de la promesa, que el Padre derrama sobre todos los que son justos y fieles.
54 Éstos son los que constituyen la Iglesia del Primogénito.
55 Son aquellos en cuyas manos el Padre ha entregado todas las cosas;
56 son sacerdotes y reyes que han recibido de su plenitud y de su gloria;
57 y son sacerdotes del Altísimo, según el orden de Melquisedec, que fue según el orden de Enoc, que fue según el orden del Hijo Unigénito.
58 De modo que, como está escrito, son dioses, sí, los hijos de Dios.
59 Por consiguiente, todas las cosas son suyas, sea vida o muerte, o cosas presentes o cosas futuras, todas son suyas, y ellos son de Cristo y Cristo es de Dios.
60 Y vencerán todas las cosas.
61 Por tanto, nadie se gloríe en el hombre, más bien gloríese en Dios, el cual subyugará a todo enemigo debajo de sus pies.
62 Éstos morarán en la presencia de Dios y de su Cristo para siempre jamás.
63 Éstos son los que él traerá consigo cuando venga en las nubes del cielo para reinar en la tierra sobre su pueblo.
64 Son los que tendrán parte en la primera resurrección.
65 Son quienes saldrán en la resurrección de los justos.
66 Son los que han venido al monte de Sión y a la ciudad del Dios viviente, el lugar celestial, el más santo de todos.
67 Son los que se han allegado a una hueste innumerable de ángeles, a la asamblea general e iglesia de Enoc y del Primogénito.
68 Son aquellos cuyos nombres están escritos en el cielo, donde Dios y Cristo son los jueces de todo.
69 Son hombres justos hechos perfectos mediante Jesús, el mediador del nuevo convenio, que obró esta perfecta expiación derramando su propia sangre.
70 Éstos son aquellos cuyos cuerpos son celestiales, cuya gloria es la del sol, sí, la gloria de Dios, el más alto de todos, de cuya gloria está escrito que tiene como símbolo el sol del firmamento.
71 Y además, vimos el mundo terrestre, y he aquí, éstos son los de lo terrestre, cuya gloria se distingue de la gloria de los de la iglesia del Primogénito que han recibido la plenitud del Padre, así como la de la luna difiere del sol en el firmamento.
72 He aquí, éstos son los que murieron sin ley;
73 y también los que son los espíritus de los hombres encerrados en prisión, a quienes el Hijo visitó y predicó el evangelio, para que fuesen juzgados según los hombres en la carne;
74 quienes no recibieron el testimonio de Jesús en la carne, mas después lo recibieron.
75 Éstos son los hombres honorables de la tierra que fueron cegados por las artimañas de los hombres.
76 Son los que reciben de su gloria, mas no de su plenitud.
77 Son los que reciben de la presencia del Hijo, mas no de la plenitud del Padre.
78 Por consiguiente, son cuerpos terrestres y no son cuerpos celestiales, y difieren en gloria como la luna difiere del sol.
79 Éstos son aquellos que no son valientes en el testimonio de Jesús; así que, no obtienen la corona en el reino de nuestro Dios.
80 Y éste es el fin de la visión que vimos de lo terrestre, que el Señor nos mandó escribir mientras todavía estábamos en el Espíritu.
81 Y además, vimos la gloria de lo telestial, la gloria de lo menor, así como la gloria de las estrellas difiere de la gloria de la luna en el firmamento.
82 Éstos son los que no recibieron el evangelio de Cristo ni el testimonio de Jesús.
83 Son los que no niegan al Santo Espíritu.
84 Son aquellos que son arrojados al infierno.
85 Son éstos los que no serán redimidos del diablo sino hasta la última resurrección, hasta que el Señor, Cristo el Cordero, haya cumplido su obra.
86 Son los que no reciben de su plenitud en el mundo eterno, sino del Santo Espíritu por medio de la ministración de lo terrestre;
87 y lo terrestre, por la ministración de lo celestial.
88 Y lo telestial también lo recibe por la ministración de ángeles que son designados para ministrar por ellos, o sea, que son nombrados para ser sus espíritus ministrantes; porque serán herederos de la salvación.
89 Y así vimos en la visión celestial la gloria de lo telestial, que sobrepuja a toda comprensión;
90 y ningún hombre la conoce sino aquel a quien Dios la ha revelado.
91 Y así vimos la gloria de lo terrestre, que excede a la gloria de lo telestial en todas las cosas, sí, en gloria, en poder, en fuerza y en dominio.
92 Y así vimos la gloria de lo celestial, que sobrepuja a todas las cosas; donde Dios, el Padre, reina en su trono para siempre jamás;
93 ante cuyo trono todas las cosas se inclinan en humilde reverencia, y le rinden gloria para siempre jamás.
94 Los que moran en su presencia son la iglesia del Primogénito; y ven como son vistos, y conocen como son conocidos, habiendo recibido de su plenitud y de su gracia;
95 y él los hace iguales en poder, en fuerza y en dominio.
96 Y la gloria de lo celestial es una, así como la gloria del sol es una.
97 Y la gloria de lo terrestre es una, así como es una la gloria de la luna.
98 Y la gloria de lo telestial es una, así como la gloria de las estrellas es una; porque como una estrella es diferente de otra en gloria, así difieren uno y otro en gloria en el mundo telestial;
99 porque éstos son los que dicen ser de Pablo, y de Apolos, y de Cefas.
100 Son los que declaran ser unos de uno y otros de otro: unos de Cristo y otros de Juan, unos de Moisés, unos de Elías, unos de Esaías, unos de Isaías, y otros de Enoc;
101 mas no recibieron el evangelio, ni el testimonio de Jesús, ni a los profetas, ni el convenio sempiterno.
102 En fin, todos éstos son los que no serán reunidos con los santos para ser arrebatados con la iglesia del Primogénito y recibidos en la nube.
103 Éstos son los mentirosos y los hechiceros, los adúlteros y los fornicarios, y quienquiera que ama y obra mentira.
104 Son los que padecen la ira de Dios en la tierra.
105 Son los que padecen la venganza del fuego eterno.
106 Son aquellos que son arrojados al infierno, y padecen la ira de Dios Todopoderoso hasta el cumplimiento de los tiempos, cuando Cristo haya subyugado a todo enemigo debajo de sus pies y haya perfeccionado su obra;
107 cuando entregue el reino y lo presente sin mancha al Padre, diciendo: He vencido y pisado, yo solo, el lagar, sí, el lagar del furor de la ira del Dios Omnipotente.
108 Entonces será coronado con la corona de su gloria, para sentarse sobre el trono de su poder y reinar para siempre jamás.
109 Mas he aquí, vimos la gloria y los habitantes del mundo telestial, y eran tan innumerables como las estrellas en el firmamento del cielo, o como las arenas en las playas del mar;
110 y oímos la voz del Señor decir: Todos éstos doblarán la rodilla, y toda lengua confesará al que se sienta sobre el trono para siempre jamás;
111 porque serán juzgados de acuerdo con sus obras, y cada hombre recibirá, conforme a sus propias obras, su dominio correspondiente en las mansiones que están preparadas;
112 y serán siervos del Altísimo; mas a donde Dios y Cristo moran no podrán venir, por los siglos de los siglos.
113 Éste es el fin de la visión que vimos, que se nos mandó escribir mientras estábamos aún en el Espíritu.
114 Pero grandes y maravillosas son las obras del Señor y los misterios de su reino que él nos enseñó, los cuales sobrepujan a toda comprensión en gloria, en poder y en dominio,
115 los cuales nos mandó no escribir mientras estábamos aún en el Espíritu, y no es lícito que el hombre los declare;
116 ni tampoco es el hombre capaz de darlos a conocer, porque sólo se ven y se comprenden por el poder del Santo Espíritu que Dios confiere a los que lo aman y se purifican ante él;
117 a quienes concede este privilegio de ver y conocer por sí mismos,
118 para que por el poder y la manifestación del Espíritu, mientras estén en la carne, puedan aguantar su presencia en el mundo de gloria.
119 Y a Dios y al Cordero sean la gloria, la honra y el dominio para siempre jamás. Amén.

SECCIÓN 77

Revelación dada a José Smith el Profeta en Hiram, Ohio, en marzo de 1832 (History of the Church, 1:253–255). El Profeta escribió: "En relación con la traducción de las Escrituras, recibí la siguiente explicación del Apocalipsis o la Revelación de San Juan" (History of the Church, 1:253).

1–4, Los animales tienen espíritu y morarán en felicidad eterna sobre una tierra inmortal;
5–7, Esta tierra tiene una existencia temporal de 7.000 años;
8–10, Varios ángeles restauran el evangelio y ministran sobre la tierra;
11, Los 144.000 son sellados;
12–14, Cristo vendrá al principio del séptimo milenio;
15, Serán levantados dos profetas a la nación judía.

1 PREGUNTA.– ¿Qué es el mar de vidrio del que habla Juan en el capítulo 4, versículo 6, del Apocalipsis?
Respuesta.– Es la tierra en su estado santificado, inmortal y eterno.
2 P.– ¿Qué hemos de entender por los cuatro seres vivientes de los que habla el mismo versículo?
R.– Son expresiones metafóricas que usa Juan el Revelador para describir los cielos, el paraíso de Dios, la felicidad del hombre, y la de los animales, y de lo que se arrastra y de las aves del cielo; siendo lo espiritual a semejanza de lo temporal, y lo temporal a semejanza de lo espiritual; el espíritu del hombre a semejanza de su persona, como también el espíritu de los animales y toda otra criatura que Dios ha creado.
3 P.– ¿Están limitados los cuatro seres vivientes a animales particulares, o representan clases u órdenes?
R.– Están limitados a cuatro animales particulares, mostrados a Juan para representar la gloria de las clases de seres en su orden o esfera de creación decretados, en cuanto al gozo de su felicidad eterna.
4 P.– ¿Qué hemos de entender por los ojos y las alas que tenían los seres vivientes?
R.– Sus ojos son una representación de luz y conocimiento, es decir, están llenos de conocimiento; y sus alas representan el poder para moverse, para obrar, etc.
5 P.– ¿Qué hemos de entender por los veinticuatro ancianos de los que habla Juan?
R.– Hemos de entender que estos ancianos que Juan vio habían sido fieles en la obra del ministerio, y habían muerto. Pertenecían a las siete iglesias y estaban entonces en el paraíso de Dios.
6 P.– ¿Qué hemos de entender por el libro que Juan vio, sellado por fuera con siete sellos?
R.– Que contiene la voluntad, los misterios y las obras revelados de Dios; las cosas ocultas de su administración concernientes a esta tierra durante los siete mil años de su permanencia, o sea, su duración temporal.
7 P.– ¿Qué hemos de entender por los siete sellos con que estaba sellado?
R.– Que el primer sello contiene las cosas de los primeros mil años; el segundo, las de los siguientes mil años, y así hasta el séptimo.
8 P.– ¿Qué hemos de entender por los cuatro ángeles de los que se habla en el capítulo 7, y versículo 1, del Apocalipsis?
R.– Que son cuatro ángeles enviados de Dios, a quienes es dado poder sobre las cuatro partes de la tierra, para salvar la vida y para destruir; son los que tienen el evangelio eterno para darlo a toda nación, tribu, lengua y pueblo, y tienen el poder de cerrar los cielos, de sellar para vida o de echar abajo a las regiones de las tinieblas.
9 P.– ¿Qué hemos de entender por el ángel que asciende del oriente, versículo 2, capítulo 7, del Apocalipsis?
R.– Que el ángel que asciende del oriente es aquel a quien es dado el sello del Dios viviente sobre las doce tribus de Israel; por consiguiente, clama a los cuatro ángeles que tienen el evangelio eterno, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. Y si queréis recibirlo, éste es Elías, que habría de venir a congregar a las tribus de Israel y a restaurar todas las cosas.
10 P.– ¿En qué tiempo se cumplirán las cosas de las que se habla en este capítulo?
R.– Se cumplirán en el sexto milenio, o sea, cuando sea abierto el sexto sello.
11 P.– ¿Qué hemos de entender por los ciento cuarenta y cuatro mil sellados de entre las tribus de Israel, doce mil de cada tribu?
R.– Que aquellos que son sellados son sumos sacerdotes, ordenados según el santo orden de Dios para administrar el evangelio eterno; porque son éstos los que son ordenados de entre toda nación, tribu, lengua y pueblo, por los ángeles a quienes es dado poder sobre las naciones de la tierra para traer a cuantos quieran venir a la iglesia del Primogénito.
12 P.– ¿Qué hemos de entender por el son de trompetas que se menciona en el capítulo 8 del Apocalipsis?
R.– Que así como Dios hizo el mundo en seis días, y en el séptimo día acabó su obra y la santificó, y también formó al hombre del polvo de la tierra, de igual manera, al principiar el séptimo milenio, el Señor Dios santificará la tierra, consumará la salvación del hombre y juzgará y redimirá todas las cosas, salvo lo que no haya puesto en su poder, cuando él haya sellado todo hasta el fin de todas las cosas; y el son de las trompetas de los siete ángeles es la preparación y terminación de su obra al comenzar el séptimo milenio, la preparación de la vía antes de la hora de su venida.
13 P.– ¿Cuándo se cumplirán las cosas que están escritas en el capítulo 9 del Apocalipsis?
R.– Se cumplirán después que sea abierto el séptimo sello, antes de la venida de Cristo.
14 P.– ¿Qué hemos de entender por el libro pequeño que Juan comió, tal como se menciona en el capítulo 10 del Apocalipsis?
R.– Hemos de entender que fue una misión y ordenanza para él, de recoger a las tribus de Israel; he aquí, éste es Elías, el cual, como está escrito, tiene que venir y restaurar todas las cosas.
15 P.– ¿Qué se da a entender por los dos testigos, en el capítulo 11 del Apocalipsis?
R.– Son dos profetas que le serán levantados a la nación judía en los postreros días, en la época de la restauración, para profetizar a los judíos, después que éstos se hayan congregado y hayan edificado la ciudad de Jerusalén en la tierra de sus padres.

SECCIÓN 78

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Hiram, Ohio, en marzo de 1832 (History of the Church, 1:255–257). La orden que dio el Señor a José Smith, con objeto de establecer un almacén para los pobres. No siempre convenía dar a conocer al mundo la identidad de las personas a quienes el Señor se dirigía en las revelaciones; por eso, en la publicación de ésta y de otras revelaciones subsiguientes, se hizo referencia a los hermanos por otros nombres distintos de los suyos propios. Cuando pasó la necesidad de conservar incógnitos los nombres de los hermanos, se imprimieron sus nombres verdaderos entre corchetes. En vista de que hoy no hay ninguna necesidad particular de continuar usando los nombres poco comunes o seudónimos, solamente se usan los nombres verdaderos cual se hallan en los manuscritos originales.

1–4, Los santos deben organizarse y establecer un almacén;
5–12, El uso prudente de sus bienes conducirá a los miembros a la salvación;
13–14, La Iglesia debe ser independiente de los poderes terrenales;
15–16, Miguel (Adán) sirve bajo la dirección del Muy Santo (Cristo);
17–22, Benditos son los fieles, porque ellos heredarán todas las cosas.

1 EL Señor habló a José Smith, hijo, diciendo: Escuchadme, dice el Señor vuestro Dios, vosotros que habéis sido ordenados al sumo sacerdocio de mi iglesia, y que os habéis congregado;
2 y oíd el consejo de aquel que os ha ordenado de lo alto, que hablará en vuestros oídos las palabras de sabiduría, a fin de que halléis salvación en lo que habéis presentado ante mí, dice el Señor Dios.
3 Pues de cierto os digo, ha llegado la hora y está cerca; y he aquí, es necesario que haya una organización de mi pueblo, a fin de reglamentar y establecer los asuntos del almacén para los pobres de entre mi pueblo, tanto en este lugar como en la tierra de Sión,
4 como establecimiento y orden permanentes y sempiternos para mi iglesia, a fin de adelantar la causa que habéis abrazado, para la salvación del hombre y la gloria de vuestro Padre que está en los cielos;
5 para que seáis iguales en los vínculos de cosas celestiales, sí, y de cosas terrenales también, a fin de obtener cosas celestiales.
6 Porque si no sois iguales en las cosas terrenales, no podéis ser iguales en la consecución de cosas celestiales;
7 pues si queréis que os dé un lugar en el mundo celestial, es preciso que os preparéis, haciendo lo que os he mandado y requerido.
8 Y ahora, de cierto así dice el Señor, conviene que vosotros que constituís esta orden hagáis todas las cosas para mi gloria;
9 o en otras palabras, siéntense mis siervos Newel K. Whitney, José Smith, hijo, y Sidney Rigdon en concilio con los santos que están en Sión;
10 de otra manera, Satanás procurará desviar sus corazones de la verdad, de manera que sean cegados y no comprendan las cosas que están preparadas para ellos.
11 Por tanto, os doy el mandamiento de prepararos y organizaros por medio de un vínculo o convenio sempiterno que no se puede violar.
12 Y quien lo violare perderá su oficio y estado en la iglesia, y será entregado a los bofetones de Satanás hasta el día de la redención.
13 He aquí, ésta es la preparación con la cual os preparo, y el fundamento y la norma que os doy, mediante los cuales podréis cumplir los mandamientos que os son dados;
14 a fin de que mediante mi providencia, no obstante las tribulaciones que os sobrevengan, la iglesia se sostenga independiente de todas las otras criaturas bajo el mundo celestial;
15 para que ascendáis hasta alcanzar la corona preparada para vosotros, y seáis hechos gobernantes sobre muchos reinos, dice Dios el Señor, el Santo de Sión, el cual ha establecido los cimientos de Adán-ondi-Ahmán;
16 y el que ha nombrado a Miguel por príncipe vuestro, y le ha asentado los pies, y lo ha puesto en alto, y le ha dado las llaves de la salvación bajo el consejo y dirección del Muy Santo, que es sin principio de días ni fin de vida.
17 De cierto, de cierto os digo, sois niños pequeños, y todavía no habéis entendido cuán grandes bendiciones el Padre tiene en sus propias manos y ha preparado para vosotros;
18 y no podéis sobrellevar ahora todas las cosas; no obstante, sed de buen ánimo, porque yo os guiaré. De vosotros son el reino y sus bendiciones, y las riquezas de la eternidad son vuestras.
19 Y el que reciba todas las cosas con gratitud será glorificado; y le serán añadidas las cosas de esta tierra, hasta cien tantos, sí, y más.
20 Haced, pues, las cosas que os he mandado, dice vuestro Redentor, el Hijo Ahmán, el cual prepara todas las cosas antes de llevaros;
21 porque sois la iglesia del Primogénito, y él os arrebatará en una nube, y señalará a cada hombre su porción.
22 Y el que es mayordomo fiel y sabio heredará todas las cosas. Amén.

SECCIÓN 79

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Hiram, Ohio, en marzo de 1832 (History of the Church, 1:257).

1–4, Jared Carter es llamado a predicar el evangelio por medio del Consolador.

1 DE cierto te digo, que es mi voluntad que mi siervo Jared Carter vaya otra vez a las tierras del Este, de un lugar a otro, y de ciudad en ciudad, mediante el poder de la ordenación con que ha sido ordenado, para proclamar alegres nuevas de gran gozo, sí, el evangelio eterno.
2 Y enviaré sobre él al Consolador, que le enseñará la verdad y el camino que debe seguir;
3 y si es fiel, lo coronaré de nuevo con gavillas.
4 Por tanto, regocíjese tu corazón, mi siervo Jared Carter, y no temas, dice tu Señor, que es Jesucristo. Amén.

SECCIÓN 80

Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Hiram, Ohio, en marzo de 1832 (History of the Church, 1:257).

1–5, Stephen Burnett y Eden Smith son llamados a predicar en cualquier lugar que ellos escojan.

1 DE cierto, así te dice el Señor, mi siervo Stephen Burnett: Ve, ve entre los del mundo y predica el evangelio a toda criatura a quien llegue el son de tu voz.
2 Y por cuanto deseas un compañero, te doy a mi siervo Eden Smith.
3 Por tanto, id y predicad mi evangelio, bien sea al norte o al sur, al este o al oeste, no importa, porque no podréis errar.
4 Por consiguiente, declarad las cosas que habéis oído, y que ciertamente creéis y sabéis que son verdaderas.
5 He aquí, ésta es la voluntad del que os ha llamado, vuestro Redentor, sí, Jesucristo. Amén.

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