DOCTRINA Y CONVENIOS
Portada
Introducción
Testimonio de los 12 Apóstoles
Tabla Cronológica
La Perla de Gran Precio
Secciones:
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27 28 29 30
31 32 33 34 35 36 37 38 39 40
41 42 43 44 45 46 47 48 49 50
51 52 53 54 55 56 57 58 59 60
61 62 63 64 65 66 67 68 69 70
71 72 73 74 75 76 77 78 79 80
81 82 83 84 85 86 87 88 89 90
91 92 93 94 95 96 97 98 99 100
101 102 103 104 105 106 107 108 109 110
111 112 113 114 115 116 117 118 119 120
121 122 123 124 125 126 127 128 129 130
131 132 133 134 135 136 137 138
Declaraciones Oficiales:
1 2
SECCIÓN 1
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta, durante una
conferencia especial de los élderes de la Iglesia, efectuada en Hiram,
Ohio, el 1º de noviembre de 1831 (History of the Church [Historia de la
Iglesia], 1:221–224). Antes de esta ocasión, se habían recibido
muchas revelaciones del Señor, y la compilación de ellas para
publicarse en forma de libro fue uno de los asuntos principales que se aprobaron
en la conferencia. Esta sección constituye el prefacio del Señor
de las doctrinas, los convenios y los mandamientos que se han dado en esta dispensación.
1–7, La voz de amonestación se dirige a todo pueblo;
8–16, La apostasía y la maldad preceden a la Segunda Venida;
17–23, José Smith es llamado para restaurar en la tierra las verdades
y los poderes del Señor;
24–33, Sale a luz el Libro de Mormón y se establece la Iglesia
verdadera;
34–36, La paz será quitada de la tierra;
37–39, Escudriñad estos mandamientos.
1 ESCUCHAD, oh pueblo de mi iglesia, dice la voz de aquel que mora en las alturas,
y cuyos ojos están sobre todos los hombres; sí, de cierto digo:
Escuchad, pueblos lejanos; y vosotros los que estáis sobre las islas
del mar, oíd juntamente.
2 Porque, en verdad, la voz del Señor se dirige a todo hombre, y no hay
quien escape; ni habrá ojo que no vea, ni oído que no oiga, ni
corazón que no sea penetrado.
3 Y los rebeldes serán traspasados de mucho pesar; porque se pregonarán
sus iniquidades desde los techos de las casas, y sus hechos secretos serán
revelados.
4 Y la voz de amonestación irá a todo pueblo por boca de mis discípulos,
a quienes he escogido en estos últimos días.
5 E irán y no habrá quien los detenga, porque yo, el Señor,
los he mandado.
6 He aquí, ésta es mi autoridad y la autoridad de mis siervos,
así como mi prefacio para el libro de mis mandamientos que les he dado
para que os sea publicado, oh habitantes de la tierra.
7 Por tanto, temed y temblad, oh pueblo, porque se cumplirá lo que yo,
el Señor, he decretado en ellos.
8 Y de cierto os digo, que a los que salgan para llevar estas nuevas a los habitantes
de la tierra, les es dado poder para sellar, tanto en la tierra como en el cielo,
al incrédulo y al rebelde;
9 sí, en verdad, sellarlos para el día en que la ira de Dios sea
derramada sin medida sobre los malvados;
10 para el día en que el Señor venga a recompensar a cada hombre
según sus obras, y medir a cada cual con la medida con que haya medido
a su prójimo.
11 Por tanto, la voz del Señor habla hasta los extremos de la tierra,
para que oigan todos los que quieran oír:
12 Preparaos, preparaos para lo que ha de venir, porque el Señor está
cerca;
13 y la ira del Señor está encendida, y su espada se embriaga
en el cielo y caerá sobre los habitantes de la tierra.
14 Y será revelado el brazo del Señor; y vendrá el día
en que aquellos que no oyeren la voz del Señor, ni la voz de sus siervos,
ni prestaren atención a las palabras de los profetas y apóstoles,
serán desarraigados de entre el pueblo;
15 porque se han desviado de mis ordenanzas y han violado mi convenio sempiterno.
16 No buscan al Señor para establecer su justicia, antes todo hombre
anda por su propio camino, y en pos de la imagen de su propio dios, cuya imagen
es a semejanza del mundo y cuya substancia es la de un ídolo que se envejece
y perecerá en Babilonia, sí, Babilonia la grande que caerá.
17 Por tanto, yo, el Señor, sabiendo las calamidades que sobrevendrían
a los habitantes de la tierra, llamé a mi siervo José Smith, hijo,
y le hablé desde los cielos y le di mandamientos;
18 y también a otros di mandamientos de proclamar estas cosas al mundo;
y todo esto para que se cumpliese lo que escribieron los profetas:
19 Lo débil del mundo vendrá y abatirá lo fuerte y poderoso,
para que el hombre no aconseje a su prójimo, ni ponga su confianza en
el brazo de la carne;
20 sino que todo hombre hable en el nombre de Dios el Señor, el Salvador
del mundo;
21 para que también la fe aumente en la tierra;
22 para que se establezca mi convenio sempiterno;
23 para que la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles
y sencillos hasta los cabos de la tierra, y ante reyes y gobernantes.
24 He aquí, soy Dios, y lo he declarado; estos mandamientos son míos,
y se dieron a mis siervos en su debilidad, según su manera de hablar,
para que alcanzasen conocimiento;
25 y para que cuando errasen, fuese manifestado;
26 y para que cuando buscasen sabiduría, fuesen instruidos;
27 y para que cuando pecasen, fueran disciplinados para que se arrepintieran;
28 y para que cuando fuesen humildes, fuesen fortalecidos y bendecidos desde
lo alto, y recibieran conocimiento de cuando en cuando.
29 Y para que mi siervo José Smith, hijo, después de haber recibido
los anales de los nefitas, tuviera el poder para traducir el Libro de Mormón
mediante la misericordia y el poder de Dios.
30 Y también, para que aquellos a quienes se dieron estos mandamientos
tuviesen el poder para establecer los cimientos de esta iglesia y de hacerla
salir de la obscuridad y de las tinieblas, la única iglesia verdadera
y viviente sobre la faz de toda la tierra, con la cual yo, el Señor,
estoy bien complacido, hablando a la iglesia colectiva y no individualmente,
31 porque yo, el Señor, no puedo considerar el pecado con el más
mínimo grado de tolerancia.
32 No obstante, el que se arrepienta y cumpla los mandamientos del Señor
será perdonado;
33 y al que no se arrepienta, le será quitada aun la luz que haya recibido;
porque mi Espíritu no luchará siempre con el hombre, dice el Señor
de los Ejércitos.
34 Y de nuevo, de cierto os digo, oh habitantes de la tierra: Yo, el Señor,
estoy dispuesto a hacer saber estas cosas a toda carne;
35 porque no hago acepción de personas, y quiero que todo hombre sepa
que el día viene con rapidez; la hora no es aún, mas está
próxima, cuando la paz será quitada de la tierra, y el diablo
tendrá poder sobre su propio dominio.
36 Y también el Señor tendrá poder sobre sus santos, y
reinará en medio de ellos, y bajará en juicio sobre Idumea, o
sea, el mundo.
37 Escudriñad estos mandamientos porque son verdaderos y fidedignos,
y las profecías y promesas que contienen se cumplirán todas.
38 Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y
aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que
toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos,
es lo mismo.
39 Porque he aquí, el Señor es Dios, y el Espíritu da testimonio,
y el testimonio es verdadero, y la verdad permanece para siempre jamás.
Amén.
SECCIÓN 2
Algunas de las palabras del ángel Moroni dirigidas a José Smith
el Profeta, mientras éste se hallaba en casa de su padre en Manchester,
Nueva York, la noche del 21 de septiembre de 1823 (History of the Church, 1:12).
Moroni fue el último de una larga sucesión de historiadores que
habían preparado los anales que ahora se presentan al mundo como el Libro
de Mormón. (Compárese con Malaquías 4:5–6; véanse
también las secciones 27:9; 110:13–16 y 128:18.)
1, Elías el profeta ha de revelar el sacerdocio;
2–3, En el corazón de los hijos se plantan las promesas hechas
a los padres.
1 HE aquí, yo os revelaré el sacerdocio, por conducto de Elías
el profeta, antes de la venida del grande y terrible día del Señor.
2 Y él plantará en el corazón de los hijos las promesas
hechas a los padres, y el corazón de los hijos se volverá hacia
sus padres.
3 De no ser así, toda la tierra sería totalmente asolada a su
venida.
SECCIÓN 3
Revelación dada a José Smith el Profeta en Harmony, Pensilvania,
en julio de 1828, con referencia a la pérdida de 116 páginas del
manuscrito traducidas de la primera parte del Libro de Mormón, que llevaba
el nombre del libro de Lehi. El Profeta con renuencia había permitido
que esas páginas pasaran de sus manos a las de Martin Harris, el cual
había actuado durante un breve período de tiempo como escribiente
en la traducción del Libro de Mormón. La revelación se
dio por medio del Urim y Tumim. (History of the Church, 1:21–23; véase
también la sección 10.)
1–4, La vía del Señor es un giro eterno;
5–15, José Smith debe arrepentirse o perderá el don de traducir;
16–20, El Libro de Mormón sale a luz para salvar a la posteridad
de Lehi.
1 LAS obras, los designios y los propósitos de Dios no se pueden frustrar
ni tampoco pueden reducirse a la nada.
2 Porque Dios no anda por vías torcidas, ni se vuelve a la derecha ni
a la izquierda, ni se aparta de lo que ha dicho; por tanto, sus sendas son rectas
y su vía es un giro eterno.
3 Recuerda, recuerda que no es la obra de Dios la que se frustra, sino la de
los hombres;
4 porque aun cuando un hombre reciba muchas revelaciones, y tenga poder para
hacer muchas obras poderosas, y sin embargo se jacta de su propia fuerza, y
desprecia los consejos de Dios, y sigue los dictados de su propia voluntad y
de sus deseos carnales, tendrá que caer e incurrir en la venganza de
un Dios justo.
5 He aquí, se te confiaron estas cosas, pero cuán estrictos fueron
tus mandamientos; y recuerda también las promesas que te fueron hechas,
si no los quebrantabas.
6 Y he aquí, con cuánta frecuencia has transgredido los mandamientos
y las leyes de Dios, y has seguido las persuasiones de los hombres.
7 Pues he aquí, no debiste haber temido al hombre más que a Dios.
Aunque los hombres desdeñan los consejos de Dios y desprecian sus palabras,
8 sin embargo, tú debiste haber sido fiel; y con su brazo extendido,
él te hubiera defendido de todos los dardos encendidos del adversario;
y habría estado contigo en todo momento de dificultad.
9 He aquí, tú eres José, y se te escogió para hacer
la obra del Señor, pero caerás por motivo de la transgresión,
si no estás prevenido.
10 Mas recuerda que Dios es misericordioso; arrepiéntete, pues, de lo
que has hecho contrario al mandamiento que te di, y todavía eres escogido,
y eres llamado de nuevo a la obra.
11 A menos que hagas esto, serás desamparado, y llegarás a ser
como los demás hombres, y no tendrás más don.
12 Y al entregar lo que tradujiste por la visión y el poder que Dios
te había dado, entregaste lo que era sagrado en manos de un hombre inicuo,
13 que ha despreciado los consejos de Dios y quebrantado las más santas
promesas hechas ante Dios, y ha confiado en su propio juicio y se ha jactado
de su propia sabiduría.
14 Y ésta es la razón por la cual has perdido tus privilegios
por una temporada;
15 porque has permitido que el consejo de tu director sea hollado desde el principio.
16 Sin embargo, mi obra avanzará, pues por cuanto el conocimiento de
un Salvador ha venido al mundo, mediante el testimonio de los judíos,
así también llegará a mi pueblo el conocimiento de un Salvador,
17 y a los nefitas, a los jacobitas, a los josefitas y a los zoramitas, mediante
el testimonio de sus padres,
18 y este testimonio llegará al conocimiento de los lamanitas, los lemuelitas
y los ismaelitas, que degeneraron en la incredulidad a causa de la iniquidad
de sus padres, a quienes el Señor permitió que destruyeran a sus
hermanos, los nefitas, a causa de sus maldades y abominaciones.
19 Y para este propósito mismo se preservan estas planchas que contienen
esta historia, a fin de que se cumplan las promesas del Señor a su pueblo;
20 y para que los lamanitas lleguen al conocimiento de sus padres, y sepan de
las promesas del Señor, y crean en el evangelio y tengan confianza en
los méritos de Jesucristo, y sean glorificados por medio de la fe en
su nombre, y se salven mediante su arrepentimiento. Amén.
SECCIÓN 4
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a su padre,
Joseph Smith, padre, en Harmony, Pensilvania, en febrero de 1829 (History of
the Church, 1:28.)
1–4, El servicio fiel salva a los ministros del Señor;
5–6, Los atributos divinos los califican para el ministerio;
7, Se deben procurar las cosas de Dios.
1 HE aquí, una obra maravillosa está a punto de aparecer entre
los hijos de los hombres.
2 Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad
que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza,
para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día.
3 De modo que, si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la
obra;
4 pues he aquí, el campo blanco está ya para la siega; y he aquí,
quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí, de modo que no perece,
sino que trae salvación a su alma;
5 y fe, esperanza, caridad y amor, con la mira puesta únicamente en la
gloria de Dios, lo califican para la obra.
6 Tened presente la fe, la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia,
la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad, diligencia.
7 Pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá. Amén.
SECCIÓN 5
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta en Harmony,
Pensilvania, en marzo de 1829, a solicitud de Martin Harris (History of the
Church, 1:28–31).
1–10, Esta generación recibirá la palabra del Señor
por medio de José Smith;
11–18, Tres testigos darán testimonio del Libro de Mormón;
19–20, La palabra del Señor se verificará como en épocas
anteriores;
21–35, Martin Harris podrá arrepentirse y ser uno de los testigos.
1 HE aquí, te digo que por cuanto mi siervo Martin Harris ha deseado
un testimonio de mi mano de que tú, mi siervo José Smith, hijo,
tienes las planchas de las cuales has testificado y dado fe de haber recibido
de mí,
2 y ahora bien, he aquí, esto le dirás: Aquel que te habló,
te dijo: Yo, el Señor, soy Dios, y te he entregado estas cosas a ti,
mi siervo José Smith, hijo, y te he mandado que seas testigo de ellas;
3 y te he requerido concertar un convenio conmigo, de no mostrarlas sino a las
personas a quienes yo te mandé; y no tienes poder alguno sobre ellas
salvo que yo te lo conceda.
4 Y tienes un don para traducir las planchas; y éste es el primer don
que te conferí; y te he mandado no profesar tener ningún otro
don sino hasta que mi propósito se cumpla en esto; porque no te concederé
ningún otro don hasta que se realice.
5 En verdad, te digo que sobrevendrán angustias a los habitantes de la
tierra si no escuchan mis palabras;
6 porque más adelante serás ordenado, y saldrás, y comunicarás
mis palabras a los hijos de los hombres.
7 He aquí, si no quieren creer mis palabras, no te creerían a
ti, mi siervo José, aunque te fuese posible mostrarles todas estas cosas
que te he encomendado.
8 ¡Oh, esta incrédula y porfiada generación! Mi enojo está
encendido en contra de ella.
9 He aquí, en verdad te digo, he reservado esas cosas que te he confiado
a ti, mi siervo José, para un sabio propósito mío, y será
revelado a las generaciones futuras;
10 pero esta generación recibirá mi palabra por medio de ti;
11 y además de tu testimonio, el testimonio de tres de mis siervos que
llamaré y ordenaré, y a quienes mostraré estas cosas; y
saldrán con mis palabras dadas por medio de ti.
12 Sí, sabrán con certeza que estas cosas son verdaderas, porque
desde el cielo se lo declararé.
13 Les daré poder para que miren y contemplen estas cosas tal como son;
14 y a ningún otro concederé este poder, de recibir este mismo
testimonio entre los de esta generación, en esta época en que
comienza a surgir mi iglesia y a salir del desierto, clara como la luna, resplandeciente
como el sol e imponente como un ejército con sus pendones.
15 Y enviaré el testimonio de tres testigos de mi palabra.
16 Y he aquí, a los que creyeren en mis palabras visitaré con
la manifestación de mi Espíritu; y nacerán de mí,
sí, del agua y del Espíritu:
17 —y debes esperar todavía un poco, porque aún no has sido
ordenado—
18 y su testimonio también saldrá para condenar a los de esta
generación, si endurecen sus corazones en contra de ellos;
19 porque se desatará una plaga asoladora entre los habitantes de la
tierra, y seguirá derramándose de cuando en cuando, si no se arrepienten,
hasta que quede vacía la tierra, y sus habitantes sean consumidos y enteramente
destruidos por el resplandor de mi venida.
20 He aquí, te digo estas cosas, así como anuncié al pueblo
la destrucción de Jerusalén; y se verificará mi palabra
en esta ocasión como se ha verificado antes.
21 Y ahora, mi siervo José, te mando que te arrepientas y camines más
rectamente ante mí, y no cedas más a las persuasiones de los hombres;
22 y que seas firme en guardar los mandamientos que te he dado; y si haces esto,
he aquí, te concedo la vida eterna, aun cuando te quiten la vida.
23 Y ahora nuevamente te hablo, mi siervo José, concerniente al hombre
que desea el testimonio:
24 He aquí, le digo que se ensalza y no se humilla suficientemente delante
de mí; mas si se postra ante mí, y se humilla con ferviente oración
y fe, con sinceridad de corazón, entonces le concederé que mire
las cosas que desea ver.
25 Y entonces dirá a los de esta generación: He aquí, yo
he visto las cosas que el Señor ha mostrado a José Smith, hijo,
y ciertamente sé que son verdaderas, porque las he visto, pues se me
han mostrado por el poder de Dios y no del hombre.
26 Y yo, el Señor, le mando a mi siervo Martin Harris que no les hable
más acerca de estas cosas, sino que sólo diga: Las he visto, y
me han sido mostradas por el poder de Dios; y éstas son las palabras
que él dirá.
27 Mas si niega esto, quebrantará el convenio que previamente hizo conmigo,
y he aquí, será condenado.
28 Y ahora, a menos que se humille y confiese ante mí las cosas malas
que ha hecho, y haga convenio conmigo de que guardará mis mandamientos,
y ejerza la fe en mí, he aquí, le digo que no recibirá
tal manifestación, porque no le permitiré ver las cosas de las
que he hablado.
29 Y si esto sucediere, te mando, mi siervo José, que le digas que no
haga más, ni me importune más concerniente a este asunto.
30 Y si tal fuere el caso, he aquí, José, te digo que cuando hayas
traducido unas páginas más, te detengas un tiempo, sí,
hasta que otra vez te lo mande; entonces podrás traducir de nuevo.
31 Y a menos que hagas esto, he aquí, no tendrás más don,
y yo recogeré las cosas que te he confiado.
32 Y porque preveo la asechanza para destruirte, sí, preveo que si mi
siervo Martin Harris no se humilla y recibe un testimonio de mi mano, caerá
en transgresión;
33 y hay muchos que te acechan para destruirte de sobre la faz de la tierra;
y por esta causa, para que tus días se alarguen, te he dado estos mandamientos.
34 Sí, por esta causa dije: Detente y espera hasta que te mande, y te
proporcionaré los medios para que cumplas lo que te he mandado.
35 Y si eres fiel en guardar mis mandamientos, serás enaltecido en el
postrer día. Amén.
SECCIÓN 6
Revelación dada a José Smith el Profeta y a Oliver Cowdery en
Harmony, Pensilvania, en abril de 1829 (History of the Church, 1:32–35).
Oliver Cowdery comenzó su obra como escribiente en la traducción
del Libro de Mormón el 7 de abril de 1829. Ya había recibido una
manifestación divina de la veracidad del testimonio del Profeta con respecto
a las planchas sobre las cuales estaba grabada la historia del Libro de Mormón.
El Profeta preguntó al Señor por medio del Urim y Tumim y recibió
esta respuesta.
1–6, Los obreros del campo del Señor logran la salvación;
7–13, No hay don mayor que el de la salvación;
14–27, El testimonio de la verdad se recibe por el poder del Espíritu;
28–37, Mirad hacia Cristo y haced el bien continuamente.
1 UNA obra grande y maravillosa está a punto de aparecer entre los hijos
de los hombres.
2 He aquí, yo soy Dios; escuchad mi palabra que es viva y poderosa, más
cortante que una espada de dos filos, que penetra hasta partir las coyunturas
y los tuétanos; por consiguiente, prestad atención a mis palabras.
3 He aquí, el campo blanco está ya para la siega; por tanto, quien
deseare cosechar, meta su hoz con su fuerza y siegue mientras dure el día,
a fin de que atesore para su alma la salvación sempiterna en el reino
de Dios.
4 Sí, quien meta su hoz y coseche es llamado por Dios.
5 Por consiguiente, si me pedís, recibiréis; si llamáis,
se os abrirá.
6 Ahora, ya que habéis pedido, he aquí, os digo: Guardad mis mandamientos
y procurad sacar a luz y establecer la causa de Sión;
7 no busquéis riquezas sino sabiduría; y he aquí, los misterios
de Dios os serán revelados, y entonces seréis ricos. He aquí,
rico es el que tiene la vida eterna.
8 De cierto, de cierto os digo, que se os concederá según lo que
de mí deseareis; y si queréis, seréis el medio para hacer
mucho bien en esta generación.
9 No prediquéis sino el arrepentimiento a esta generación; guardad
mis mandamientos, y ayudad a que salga a luz mi obra, según mis mandamientos,
y seréis bendecidos.
10 He aquí, tienes un don, y bendito eres a causa de tu don. Recuerda
que es sagrado y viene de arriba;
11 y si preguntas, conocerás misterios grandes y maravillosos; por tanto,
ejercerás tu don para descubrir misterios, a fin de traer a muchos al
conocimiento de la verdad, sí, de convencerlos del error de sus caminos.
12 No des a conocer tu don a nadie, sino a los que son de tu fe. No trates con
liviandad las cosas sagradas.
13 Si haces lo bueno, sí, y te conservas fiel hasta el fin, serás
salvo en el reino de Dios, que es el máximo de todos los dones de Dios;
porque no hay don más grande que el de la salvación.
14 De cierto, de cierto te digo, bendito eres por lo que has hecho; porque me
has consultado, y he aquí, cuantas veces lo has hecho, has recibido instrucción
de mi Espíritu. De lo contrario, no habrías llegado al lugar donde
ahora estás.
15 He aquí, tú sabes que me has preguntado y yo te iluminé
la mente; y ahora te digo estas cosas para que sepas que te ha iluminado el
Espíritu de verdad;
16 sí, te las digo para que sepas que no hay quien conozca tus pensamientos
y las intenciones de tu corazón sino Dios.
17 Te digo estas cosas para que te sean por testimonio de que las palabras o
la obra que tú has estado escribiendo son verdaderas.
18 Por tanto, sé diligente; apoya fielmente a mi siervo José en
cualquier circunstancia difícil en que se encontrare por causa de la
palabra.
19 Amonéstalo en sus faltas y también recibe amonestación
de él. Sé paciente; sé sobrio; sé moderado; ten
paciencia, fe, esperanza y caridad.
20 He aquí, tú eres Oliver, y te he hablado a causa de tus deseos;
por tanto, atesora estas palabras en tu corazón. Sé fiel y diligente
en guardar los mandamientos de Dios, y te estrecharé entre los brazos
de mi amor.
21 He aquí, soy Jesucristo, el Hijo de Dios. Soy el mismo que vine a
los míos, y los míos no me recibieron. Soy la luz que brilla en
las tinieblas, y las tinieblas no la comprenden.
22 De cierto, de cierto te digo: Si deseas más testimonio, piensa en
la noche en que me imploraste en tu corazón, a fin de saber tocante a
la verdad de estas cosas.
23 ¿No hablé paz a tu mente en cuanto al asunto? ¿Qué
mayor testimonio puedes tener que de Dios?
24 Y ahora bien, he aquí, ahora has recibido un testimonio; porque si
te he declarado cosas que ningún hombre conoce, ¿no has recibido
un testimonio?
25 Y he aquí, si lo deseas de mí, te concederé un don para
traducir, igual que mi siervo José.
26 De cierto, de cierto te digo, hay anales que contienen mucho de mi evangelio,
los cuales se han retenido por causa de la iniquidad del pueblo;
27 y ahora te mando, si tienes deseos buenos —deseos de allegar tesoros
para ti en los cielos— que ayudes con tu don a sacar a luz aquellas partes
de mis Escrituras que se han ocultado por causa de la iniquidad.
28 Y ahora bien, he aquí, ahora os doy, a ti y también a mi siervo
José, las llaves de este don que hará salir a luz este ministerio;
y por boca de dos o tres testigos se establecerá toda palabra.
29 De cierto, de cierto os digo, que si rechazan mis palabras y esta parte de
mi evangelio y ministerio, benditos sois, porque no os pueden hacer más
de lo que me hicieron a mí.
30 Y aun cuando hicieren con vosotros lo que hicieron conmigo, benditos sois,
porque moraréis conmigo en gloria.
31 Mas si no rechazan mis palabras que se establecerán por el testimonio
que será dado, benditos son, y entonces vosotros tendréis gozo
en el fruto de vuestras labores.
32 De cierto, de cierto os digo, como dije a mis discípulos: Donde estén
dos o tres congregados en mi nombre, respecto de una cosa, he aquí, allí
estaré yo en medio de ellos, así como estoy yo en medio de vosotros.
33 No tengáis miedo, hijos míos, de hacer lo bueno, porque lo
que sembréis, eso mismo cosecharéis. Por tanto, si sembráis
lo bueno, también cosecharéis lo bueno para vuestra recompensa.
34 Así que, no temáis, rebañito; haced lo bueno; aunque
se combinen en contra de vosotros la tierra y el infierno, pues si estáis
edificados sobre mi roca, no pueden prevalecer.
35 He aquí, no os condeno; id y no pequéis más; cumplid
con solemnidad la obra que os he mandado.
36 Elevad hacia mí todo pensamiento; no dudéis; no temáis.
37 Mirad las heridas que traspasaron mi costado, y también las marcas
de los clavos en mis manos y pies; sed fieles; guardad mis mandamientos y heredaréis
el reino de los cielos. Amén.
SECCIÓN 7
Revelación dada a José Smith el Profeta y a Oliver Cowdery en
Harmony, Pensilvania, en abril de 1829, cuando preguntaron, por medio del Urim
y Tumim, si Juan, el discípulo amado, había permanecido en la
carne o había muerto. La revelación es una versión traducida
del relato escrito por Juan en un pergamino que él mismo escondió
(History of the Church, 1:35–36).
1–3, Juan el Amado vivirá hasta que venga el Señor;
4–8, Pedro, Santiago y Juan poseen las llaves del evangelio.
1 Y EL Señor me dijo: Juan, mi amado, ¿qué deseas? Pues
lo que quieras pedir te será concedido.
2 Y yo le dije: Señor, dame poder sobre la muerte, para que viva y traiga
almas a ti.
3 Y el Señor me dijo: De cierto, de cierto te digo, que porque deseas
esto, permanecerás hasta que yo venga en mi gloria, y profetizarás
ante naciones, tribus, lenguas y pueblos.
4 Y por esta razón dijo el Señor a Pedro: Si quiero que él
quede hasta que yo venga, ¿qué tiene que ver contigo? Porque su
deseo fue traer almas a mí, mas tú deseaste venir presto a mí
en mi reino.
5 Te digo, Pedro, que éste fue un buen deseo; pero mi amado ha deseado
hacer más, o sea, una obra mayor aún entre los hombres, de la
que hasta ahora ha realizado.
6 Sí, él ha emprendido una obra mayor; por tanto, lo haré
como llama de fuego y como ángel ministrante; él ministrará
en bien de los que serán herederos de salvación, que moran en
la tierra.
7 Y haré que tú ministres en bien de él y de tu hermano
Santiago; y a vosotros tres os daré este poder y las llaves de este ministerio
hasta que yo venga.
8 De cierto os digo, que a los dos se os concederá de acuerdo con vuestros
deseos, porque ambos os regocijáis en lo que habéis deseado.
SECCIÓN 8
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a Oliver Cowdery,
en Harmony, Pensilvania, en abril de 1829 (History of the Church, 1:36–37).
En el curso de la traducción del Libro de Mormón, Oliver, que
continuaba sirviendo de amanuense, escribiendo lo que el Profeta le dictaba,
sintió el deseo de ser investido con el don de traducir. El Señor
respondió a su súplica concediéndole esta revelación.
1–5, La revelación viene por el poder del Espíritu Santo;
6–12, El conocimiento de los misterios de Dios y el poder para traducir
anales antiguos vienen por la fe.
1 OLIVER Cowdery, de cierto, de cierto te digo: Así como vive el Señor,
que es tu Dios y tu Redentor, que ciertamente recibirás conocimiento
de cuantas cosas pidieres con fe, con un corazón sincero, creyendo que
recibirás conocimiento concerniente a los grabados sobre anales antiguos,
que son de antaño, los cuales contienen aquellas partes de mis Escrituras
de que se ha hablado por la manifestación de mi Espíritu.
2 Sí, he aquí, hablaré a tu mente y a tu corazón
por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará
en tu corazón.
3 Ahora, he aquí, éste es el espíritu de revelación;
he aquí, es el espíritu mediante el cual Moisés condujo
a los hijos de Israel a través del Mar Rojo sobre tierra seca.
4 Por tanto, éste es tu don; empéñate en él y serás
bendecido, porque te librará de las manos de tus enemigos, pues de no
ser así, te matarían y llevarían tu alma a la destrucción.
5 ¡Oh, acuérdate de estas palabras y guarda mis mandamientos! Recuerda
que éste es tu don.
6 Ahora bien, éste no es tu único don, porque tienes otro don,
el cual es el don de Aarón; he aquí, te ha manifestado muchas
cosas;
7 he aquí, no hay otro poder, sino el de Dios, que haga que este don
de Aarón esté contigo.
8 No dudes, pues, porque es el don de Dios; y lo tendrás en tus manos
y harás obras maravillosas; y ningún poder te lo podrá
arrebatar de las manos, porque es la obra de Dios.
9 De modo que, cualquier cosa que me pidas que te diga por ese medio, te la
concederé, y recibirás conocimiento concerniente a ella.
10 Recuerda que sin fe no puedes hacer nada; por tanto, pide con fe. No juegues
con estas cosas; no pidas lo que no debes.
11 Pide que se te conceda conocer los misterios de Dios y que puedas traducir
y recibir conocimiento de todos esos antiguos anales que han sido escondidos,
que son sagrados; y según tu fe te será hecho.
12 He aquí, soy yo quien lo he hablado; y soy el mismo que te hablé
desde el principio. Amén.
SECCIÓN 9
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a Oliver Cowdery
en Harmony, Pensilvania, en abril de 1829 (History of the Church, 1:37–38).
Se amonesta a Oliver a ser paciente y se le insta a conformarse, por lo pronto,
con escribir lo que le dicte el traductor, en lugar de intentar traducir.
1–6, Todavía han de traducirse otros anales antiguos;
7–14, El Libro de Mormón se traduce por el estudio y por la confirmación
espiritual.
1 HE aquí, hijo mío, te digo que a causa de no haber traducido
conforme a lo que deseaste de mí, y de haber empezado de nuevo a escribir
por mi siervo José Smith, hijo, así quisiera yo que continuases
hasta concluir estos anales que le he confiado a él.
2 Y entonces, he aquí, te daré poder para ayudar a traducir otros
anales que tengo.
3 Ten paciencia, hijo mío, porque es según mi sabiduría,
y no es oportuno que traduzcas por ahora.
4 He aquí, la obra a la cual has sido llamado es la de escribir por mi
siervo José.
5 Y he aquí, es por motivo de que no continuaste como al comienzo, cuando
empezaste a traducir, que te he quitado este privilegio.
6 No te quejes, hijo mío, porque es según mi sabiduría
el haber obrado contigo de esta manera.
7 He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería
cuando no pensaste sino en pedirme.
8 Pero he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu mente; entonces has
de preguntarme si está bien; y si así fuere, haré que tu
pecho arda dentro de ti; por tanto, sentirás que está bien.
9 Mas si no estuviere bien, no sentirás tal cosa, sino que te sobrevendrá
un estupor de pensamiento que te hará olvidar lo que está mal;
por lo tanto, no puedes escribir lo que es sagrado a no ser que lo recibas de
mí.
10 Ahora, si hubieses sabido esto, habrías podido traducir; sin embargo,
no es oportuno que traduzcas ahora.
11 He aquí, cuando comenzaste fue oportuno; mas tuviste miedo, y ha pasado
el momento, y ahora ya no conviene;
12 porque, ¿no ves que le he dado a mi siervo José fuerza suficiente
mediante la cual esto se compensa? Y a ninguno de vosotros dos he condenado.
13 Haz esto que te he mandado, y prosperarás. Sé fiel y no cedas
a ninguna tentación.
14 Consérvate firme en la obra a la cual te he llamado, y ni un cabello
de tu cabeza se perderá, y en el postrer día serás enaltecido.
Amén.
SECCIÓN 10
Revelación dada a José Smith el Profeta en Harmony, Pensilvania,
en el verano de 1828 (History of the Church, 1:20–23). En ésta
el Señor le informa a José de los cambios que hombres perversos
habían hecho en las 116 páginas manuscritas de la traducción
del libro de Lehi, en el Libro de Mormón. Estas páginas manuscritas
se habían perdido de las manos de Martin Harris, a quien se habían
confiado las hojas provisionalmente. (Véase el encabezamiento de la sección
3.) El vil designio consistía en esperar hasta que se tradujera de nuevo
la materia que contenían las páginas robadas, y entonces desacreditar
al traductor mostrando las discrepancias causadas por los cambios. En el Libro
de Mormón se indica que el demonio había concebido este propósito
inicuo y que el Señor lo sabía aun mientras Mormón, el
antiguo historiador nefita, hacía el compendio de las planchas acumuladas
(véase Las Palabras de Mormón 1:3–7).
1–26, Satanás incita a hombres inicuos a oponerse a la obra del
Señor;
27–33, Su propósito es procurar destruir las almas de los hombres;
34–52, El evangelio ha de ir a los lamanitas y a todas las naciones por
medio del Libro de Mormón;
53–63, El Señor establecerá su Iglesia y su evangelio entre
los hombres;
64–70, Recogerá en su Iglesia a los que se arrepientan y salvará
a los obedientes.
1 HE aquí, te digo que por haber entregado en manos de un hombre inicuo
esos escritos para lo cual se te dio el poder de traducirlos por medio del Urim
y Tumim, ahora los has perdido.
2 Y al mismo tiempo perdiste tu don y se ofuscó tu mente.
3 No obstante, otra vez te es restaurado; procura, por tanto, ser fiel, y sigue
hasta concluir el resto de la traducción como has empezado.
4 No corras más aprisa, ni trabajes más de lo que tus fuerzas
y los medios proporcionados te permitan traducir; mas sé diligente hasta
el fin.
5 Ora siempre para que salgas triunfante; sí, para que venzas a Satanás
y te libres de las manos de los siervos de Satanás que apoyan su obra.
6 He aquí, han procurado destruirte; sí, hasta el hombre en quien
has confiado ha intentado destruirte.
7 Y por esta razón dije que es un hombre inicuo, porque ha procurado
llevarse las cosas que te han sido confiadas; y también ha intentado
destruir tu don.
8 Y por haber entregado los escritos en sus manos, he aquí, hombres perversos
te los han quitado.
9 De modo que los has entregado, sí, aquello que era sagrado, a la maldad.
10 Y he aquí, Satanás ha incitado sus corazones a cambiar las
palabras que has hecho escribir, o sea, que has traducido, las cuales han salido
de tus manos.
11 Y he aquí, te digo que por haber cambiado ellos las palabras, ahora
dicen lo contrario de lo que tradujiste e hiciste escribir.
12 Y de esta manera el diablo ha procurado poner en marcha un plan astuto para
destruir esta obra;
13 porque les ha puesto en el corazón hacer esto para que, mintiendo,
digan que te han sorprendido en las palabras que has fingido haber traducido.
14 De cierto te digo, que no permitiré que Satanás realice su
perverso designio en esto.
15 Porque he aquí, les ha puesto en el corazón hacer que tientes
al Señor tu Dios, al pedir traducirlo de nuevo.
16 Y entonces, he aquí, dicen y piensan en sus corazones: Veremos si
Dios le ha dado el poder de traducir; si es así, le dará poder
otra vez;
17 y si Dios le da poder otra vez, o si traduce de nuevo, es decir, si produce
las mismas palabras, he aquí, las tenemos con nosotros y las hemos alterado;
18 de manera que no estarán de acuerdo, y diremos que ha mentido en sus
palabras, y que no tiene ningún don ni poder;
19 así lo destruiremos, como también la obra; y haremos esto para
que al final no seamos avergonzados, y para obtener la gloria del mundo.
20 De cierto, de cierto te digo, que Satanás ejerce un gran dominio en
sus corazones y los incita a la iniquidad contra lo bueno;
21 y corruptos están sus corazones y llenos de maldades y abominaciones;
y aman las tinieblas más bien que la luz, porque sus hechos son malos;
por tanto, no recurren a mí.
22 Satanás los incita a fin de conducir sus almas a la destrucción.
23 Y así ha ideado un plan astuto, pensando destruir la obra de Dios;
pero lo demandaré de las manos de ellos, y se tornará para su
vergüenza y condenación en el día del juicio.
24 Sí, él incita sus corazones a la ira contra esta obra.
25 Sí, les dice: Engañad y acechad para poder destruir; he aquí,
en esto no hay daño. Y así los lisonjea y les dice que no es pecado
mentir para sorprender a un hombre en la mentira, a fin de destruirlo.
26 Y de este modo los halaga y los conduce hasta que arrastra sus almas al infierno;
y así hace que caigan en su propio ardid.
27 Y así va y viene, acá y allá sobre la tierra, procurando
destruir las almas de los hombres.
28 De cierto, de cierto te digo: ¡Ay de aquel que miente para engañar,
porque supone que otro miente para engañar!, porque no se exime a tales
de la justicia de Dios.
29 Y he aquí, han cambiado estas palabras, porque Satanás les
dice que tú los has engañado; y así los adula para que
cometan iniquidad, a fin de hacer que tientes al Señor tu Dios.
30 He aquí, te digo que no volverás a traducir aquellas palabras
que han salido de tus manos;
31 porque he aquí, no realizarán sus malos designios de mentir
contra esas palabras. Pues, he aquí, si produces las mismas palabras,
dirán que has mentido y que has fingido traducir, pero que tú
mismo te has contradicho.
32 Y he aquí, publicarán esto, y Satanás endurecerá
el corazón del pueblo, agitándolo a la ira en contra de ti, para
que no crean mis palabras.
33 Así piensa Satanás vencer tu testimonio en esta generación,
para que en ella la obra no salga a luz.
34 Pero mira, aquí hay sabiduría; y porque te manifiesto sabiduría,
y te doy mandamientos en cuanto a lo que has de hacer respecto de estas cosas,
no lo muestres al mundo hasta haber terminado el trabajo de la traducción.
35 No te maravilles de que te dije: Aquí hay sabiduría, no lo
muestres al mundo; pues yo dije que no lo muestres al mundo a fin de que seas
preservado.
36 He aquí, no te digo que no lo muestres a los justos;
37 pero como no siempre puedes juzgar quiénes son justos, o como no siempre
puedes discernir a los malvados de los justos, es por lo que te digo que guardes
silencio hasta que yo considere propio dar a conocer al mundo todas las cosas
concernientes al asunto.
38 Y ahora de cierto te digo, que un relato de las cosas que has escrito, que
han desaparecido de tus manos, está grabado en las planchas de Nefi;
39 sí, y recordarás que en esos escritos se decía que se
hallaba una relación más particular de estas cosas en las planchas
de Nefi.
40 Y debido a que el relato grabado en las planchas de Nefi habla más
particularmente de las cosas que en mi sabiduría quisiera traer al conocimiento
del pueblo en esta historia,
41 traducirás, por tanto, lo que está grabado en las planchas
de Nefi hasta llegar al reinado del rey Benjamín, o hasta llegar a lo
que has traducido y retenido;
42 y he aquí, lo publicarás como la relación de Nefi; y
así confundiré a los que han alterado mis palabras.
43 No permitiré que destruyan mi obra; sí, les mostraré
que mi sabiduría es más potente que la astucia del diablo.
44 He aquí, ellos sólo tienen una parte, o sea, un compendio del
relato de Nefi.
45 He aquí, hay muchas cosas grabadas en las planchas de Nefi que dan
mayor claridad a mi evangelio; por tanto, me es prudente que traduzcas esta
primera parte de los grabados de Nefi y la incluyas en esta obra.
46 Y he aquí, el resto de esta obra contiene todas aquellas partes de
mi evangelio que mis santos profetas, sí, y también mis discípulos,
pidieron en sus oraciones que llegaran a este pueblo.
47 Y les dije que les sería concedido según su fe en sus oraciones;
48 sí, y ésta fue su fe: que mi evangelio, el cual les entregué
a fin de que lo predicasen en sus días, llegara a sus hermanos los lamanitas,
y también a todos los que hubieren llegado a ser lamanitas a causa de
sus disensiones.
49 Mas esto no es todo: su fe en sus oraciones era que este evangelio también
se diera a conocer, si acaso otras naciones llegasen a poseer esta tierra;
50 y así dejaron sobre esta tierra una bendición en sus oraciones,
para que quien creyese en este evangelio sobre esta tierra, tuviera la vida
eterna;
51 sí, que éste fuese accesible para todos, de la nación,
tribu, lengua o pueblo que fueren.
52 Y ahora bien, he aquí, según su fe en sus oraciones traeré
esta parte de mi evangelio al conocimiento de mi pueblo. He aquí, no
la traigo para destruir lo que han recibido, sino para aumentarlo.
53 Y por esta causa he dicho: Si los de esta generación no endurecen
sus corazones, estableceré entre ellos mi iglesia.
54 Ahora, no digo esto para destruir mi iglesia, sino para edificarla.
55 Por lo tanto, quienes pertenecen a mi iglesia no necesitan temer, porque
los tales heredarán el reino de los cielos.
56 Pero aquellos que no me temen ni guardan mis mandamientos, sino que establecen
iglesias para sí para lucrar, sí, y todos los que obran inicuamente
y edifican el reino del diablo, sí, de cierto, de cierto te digo, que
son ellos a quienes inquietaré y haré que tiemblen y se estremezcan
hasta el centro.
57 He aquí, soy Jesucristo, el Hijo de Dios. Vine a los míos,
y los míos no me recibieron.
58 Soy la luz que brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprenden.
59 Soy aquel que dije a mis discípulos: Otras ovejas tengo que no son
de este redil; y hubo muchos que no me entendieron.
60 Y le mostraré a este pueblo que tenía otras ovejas, y que eran
una rama de la casa de Jacob;
61 y le daré a conocer sus obras maravillosas que hicieron en mi nombre;
62 sí, y también sacaré a luz mi evangelio que les fue
enseñado, y he aquí, no negarán lo que tú has recibido,
sino que lo edificarán y pondrán de manifiesto los puntos verdaderos
de mi doctrina, sí, y la única doctrina que hay en mí.
63 Y hago esto para establecer mi evangelio, a fin de que no haya tanta contención;
sí, Satanás incita el corazón del pueblo para que contiendan
sobre los puntos de mi doctrina; y en estas cosas yerran, porque pervierten
las Escrituras y no las entienden.
64 Por tanto, les descubriré este gran misterio;
65 pues he aquí, los juntaré como la gallina junta a sus polluelos
debajo de sus alas, si no endurecen sus corazones;
66 sí, si quieren venir, pueden hacerlo, y beber de las aguas de la vida
libremente.
67 He aquí, ésta es mi doctrina: quienes se arrepienten y vienen
a mí, tales son mi iglesia.
68 Quien declare más o menos que esto no es de mí, sino que está
en contra de mí; por consiguiente, no es de mi iglesia.
69 Y ahora bien, he aquí, a los que son de mi iglesia, y perseveran en
ella hasta el fin, estableceré sobre mi roca, y las puertas del infierno
no prevalecerán en contra de ellos.
70 Y ahora, recuerda las palabras de aquel que es la vida y la luz del mundo,
tu Redentor, tu Señor y tu Dios. Amén.
SECCIÓN 11
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a su hermano
Hyrum Smith, en Harmony, Pensilvania, en mayo de 1829 (History of the Church,
1:39–46). Esta revelación se recibió por medio del Urim
y Tumim en respuesta a la pregunta y súplica de José. En History
of the Church se infiere que esta revelación se recibió después
de la restauración del Sacerdocio Aarónico.
1–6, Los obreros de la viña lograrán la salvación;
7–14, Busca sabiduría, proclama el arrepentimiento, confía
en el Espíritu;
15–22, Guarda los mandamientos y estudia la palabra del Señor;
23–27, No niegues el espíritu de revelación y de profecía;
28–30, Aquellos que reciban a Cristo llegarán a ser hijos de Dios.
1 UNA obra grande y maravillosa está a punto de aparecer entre los hijos
de los hombres.
2 He aquí, yo soy Dios; escucha mi palabra que es viva y poderosa, más
cortante que una espada de dos filos, que penetra hasta partir las coyunturas
y los tuétanos; por consiguiente, presta atención a mi palabra.
3 He aquí, el campo blanco está ya para la siega; por tanto, quien
deseare cosechar, meta su hoz con su fuerza y siegue mientras dure el día,
a fin de que atesore para su alma la salvación sempiterna en el reino
de Dios.
4 Sí, quien meta su hoz y coseche es llamado por Dios.
5 Por consiguiente, si me pides, recibirás; si llamas, se te abrirá.
6 Ahora, ya que has pedido, he aquí, te digo: Guarda mis mandamientos
y procura sacar a luz y establecer la causa de Sión.
7 No busques riquezas sino sabiduría; y he aquí, los misterios
de Dios te serán revelados, y entonces serás rico. He aquí,
rico es el que tiene la vida eterna.
8 De cierto, de cierto te digo, que se te concederá según lo que
de mí deseares; y si quieres, serás el medio para hacer mucho
bien en esta generación.
9 No prediques sino el arrepentimiento a esta generación. Guarda mis
mandamientos y ayuda a que salga a luz mi obra, según mis mandamientos,
y serás bendecido.
10 He aquí, tienes un don, o tendrás un don, si de mí lo
deseas con fe, con un corazón sincero, creyendo en el poder de Jesucristo,
o en mi poder que te habla;
11 porque he aquí, soy yo el que hablo; he aquí, soy la luz que
brilla en las tinieblas, y por mi poder te doy estas palabras.
12 Y ahora, de cierto, de cierto te digo: Pon tu confianza en ese Espíritu
que induce a hacer lo bueno, sí, a obrar justamente, a andar humildemente,
a juzgar con rectitud; y éste es mi Espíritu.
13 De cierto, de cierto te digo: Te daré de mi Espíritu, el cual
iluminará tu mente y llenará tu alma de gozo;
14 y entonces conocerás, o por este medio sabrás, todas las cosas
que de mí deseares, que corresponden a la rectitud, con fe, creyendo
en mí que recibirás.
15 He aquí, te mando que no vayas a suponer que eres llamado a predicar
sino hasta que se te llame.
16 Espera un poco más, hasta que tengas mi palabra, mi roca, mi iglesia
y mi evangelio, para que con certeza conozcas mi doctrina.
17 Y entonces, he aquí, conforme a tus deseos, sí, de acuerdo
con tu fe te será hecho.
18 Guarda mis mandamientos; guarda silencio; invoca a mi Espíritu;
19 sí, allégate a mí con todo tu corazón para que
ayudes a revelar esas cosas de las que se ha hablado, sí, la traducción
de mi obra; sé paciente hasta que lo realices.
20 He aquí, ésta es tu obra: Guardar mis mandamientos, sí,
con toda tu alma, mente y fuerza.
21 No intentes declarar mi palabra, sino primero procura obtenerla, y entonces
será desatada tu lengua; luego, si lo deseas, tendrás mi Espíritu
y mi palabra, sí, el poder de Dios para convencer a los hombres.
22 Mas por ahora guarda silencio; estudia mi palabra que ha salido entre los
hijos de los hombres, y también estudia mi palabra que saldrá
entre ellos, o lo que ahora se está traduciendo, sí, hasta que
hayas logrado todo cuanto concederé a los hijos de los hombres en esta
generación, y entonces se añadirán a esto todas las cosas.
23 He aquí, tú eres Hyrum, mi hijo; busca el reino de Dios, y
todas las cosas serán añadidas según lo que es justo.
24 Edifica sobre mi roca, la cual es mi evangelio;
25 no niegues el espíritu de revelación ni el espíritu
de profecía, porque ¡ay de aquel que niega estas cosas!
26 Por lo tanto, atesora en tu corazón hasta el tiempo en que, según
mi sabiduría, has de salir.
27 He aquí, hablo a todos los que tienen deseos buenos y han metido sus
hoces para segar.
28 He aquí, soy Jesucristo, el Hijo de Dios. Soy la vida y la luz del
mundo.
29 Soy el mismo que vine a los míos, y los míos no me recibieron;
30 mas de cierto, de cierto te digo, que a cuantos me reciban daré el
poder de llegar a ser hijos de Dios, sí, a los que crean en mi nombre.
Amén.
SECCIÓN 12
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a Joseph Knight,
padre, en Harmony, Pensilvania, en mayo de 1829 (History of the Church, 1:47–48).
Joseph Knight creía en las declaraciones de José Smith referentes
a que tenía en sus manos las planchas del Libro de Mormón, así
como el trabajo de la traducción que entonces se estaba efectuando, y
en varias ocasiones había prestado ayuda material a José Smith
y a su escribiente, lo cual les permitió continuar traduciendo. A solicitud
de Joseph Knight, el Profeta preguntó al Señor y recibió
esta revelación.
1–6, Los obreros de la viña lograrán la salvación;
7–9, Todos los que tengan deseos de ayudar en la obra del Señor
y que posean las cualidades necesarias pueden hacerlo.
1 UNA obra grande y maravillosa está a punto de aparecer entre los hijos
de los hombres.
2 He aquí, yo soy Dios; escucha mi palabra que es viva y poderosa, más
cortante que una espada de dos filos, que penetra hasta partir las coyunturas
y los tuétanos; por consiguiente, presta atención a mi palabra.
3 He aquí, el campo blanco está ya para la siega; por tanto, quien
quisiere cosechar, meta su hoz con su fuerza y siegue mientras dure el día,
a fin de que atesore para su alma la salvación sempiterna en el reino
de Dios.
4 Sí, quien meta su hoz y coseche es llamado por Dios.
5 Por consiguiente, si me pides, recibirás; si llamas, se te abrirá.
6 Ahora, ya que has pedido, he aquí, te digo: Guarda mis mandamientos
y procura sacar a luz y establecer la causa de Sión.
7 He aquí, te hablo a ti y también a todos aquellos que tienen
deseos de hacer salir a luz y establecer esta obra.
8 Y nadie puede ayudar en ella a menos que sea humilde y lleno de amor, y tenga
fe, esperanza y caridad, y sea moderado en todas las cosas, cualesquiera que
le fueren confiadas.
9 He aquí, yo soy la luz y la vida del mundo, el que hablo estas palabras.
Por tanto, escucha con toda tu alma, y entonces eres llamado. Amén.
SECCIÓN 13
La ordenación de José Smith y de Oliver Cowdery, a orillas del
río Susquehanna, cerca de Harmony, Pensilvania, para recibir el Sacerdocio
Aarónico, el 15 de mayo de 1829 (History of the Church, 1:39–42).
La ordenación se efectuó bajo las manos de un ángel, quien
declaró ser Juan, el mismo que es llamado Juan el Bautista en el Nuevo
Testamento. El ángel explicó que obraba bajo la dirección
de Pedro, Santiago y Juan, los Apóstoles de la antigüedad, quienes
poseían las llaves del sacerdocio mayor, que era conocido como el Sacerdocio
de Melquisedec. Se prometió a José y a Oliver que en la ocasión
oportuna se les conferiría el Sacerdocio de Melquisedec. (Véase
también la sección 27:7, 9, 12.)
Se declaran las llaves y los poderes del Sacerdocio Aarónico.
1 SOBRE vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el
Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles,
y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para
la remisión de pecados; y este sacerdocio nunca más será
quitado de la tierra, hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al
Señor un sacrificio en rectitud.
SECCIÓN 14
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a David Whitmer,
en Fayette, Nueva York, en junio de 1829 (History of the Church, 1:48–50).
La familia Whitmer se había interesado en gran manera en la traducción
del Libro de Mormón. El Profeta estableció su residencia en la
casa de Peter Whitmer, padre, donde habitó hasta que el trabajo de la
traducción se completó y se obtuvo el título de propiedad
literaria del libro que se iba a imprimir. Tres de los hijos de la familia Whitmer,
habiendo recibido cada uno de ellos un testimonio en cuanto a la autenticidad
de la obra, se interesaron profundamente en el asunto de su deber individual.
Esta revelación y las dos que siguen (secciones 15 y 16) se dieron en
respuesta a la pregunta que se hizo por medio del Urim y Tumim. Más tarde,
David Whitmer llegó a ser uno de los Tres Testigos del Libro de Mormón.
1–6, Los obreros de la viña lograrán la salvación;
7–8, La vida eterna es el mayor de los dones de Dios;
9–11, Cristo creó los cielos y la tierra.
1 UNA obra grande y maravillosa está a punto de aparecer entre los hijos
de los hombres.
2 He aquí, yo soy Dios; escucha mi palabra que es viva y poderosa, más
cortante que una espada de dos filos, que penetra hasta partir las coyunturas
y los tuétanos; por consiguiente, presta atención a mi palabra.
3 He aquí, el campo blanco está ya para la siega; por tanto, quien
quisiere cosechar, meta su hoz con su fuerza y siegue mientras dure el día,
a fin de que atesore para su alma la salvación sempiterna en el reino
de Dios.
4 Sí, quien meta su hoz y coseche es llamado por Dios.
5 Por consiguiente, si me pides, recibirás; si llamas, se te abrirá.
6 Procura sacar a luz y establecer mi Sión. Guarda mis mandamientos en
todas las cosas.
7 Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la
vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios.
8 Y acontecerá que si pides al Padre en mi nombre, con fe, creyendo,
recibirás el Espíritu Santo, el cual inspira a hablar, para que
seas testigo de las cosas que oirás y verás, y también
para que declares el arrepentimiento a los de esta generación.
9 He aquí, soy Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, el que hice los
cielos y la tierra, una luz que no se puede esconder en las tinieblas;
10 por tanto, he de llevar la plenitud de mi evangelio, de los gentiles a la
casa de Israel.
11 Y he aquí, tú eres David, y eres llamado para ayudar; cosa
que si haces, y eres fiel, serás bendecido espiritual así como
temporalmente, y grande será tu galardón. Amén.
SECCIÓN 15
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a John Whitmer,
en Fayette, Nueva York, en junio de 1829 (History of the Church, 1:50). (Véase
el encabezamiento de la sección 14.) El mensaje es íntima e impresionantemente
personal, puesto que el Señor habla de lo que únicamente John
Whitmer y Él sabían. Más tarde, John Whitmer llegó
a ser uno de los Ocho Testigos del Libro de Mormón.
1–2, El brazo del Señor se extiende sobre toda la tierra;
3–6, Predicar el evangelio y salvar almas es lo de mayor valor.
1 DA oído, mi siervo John, y escucha las palabras de Jesucristo, tu Señor
y Redentor.
2 Pues he aquí, te hablo con claridad y con poder, porque mi brazo cubre
toda la tierra.
3 Y te declararé lo que ningún hombre sabe, sino tú y yo
únicamente,
4 porque muchas veces has deseado saber de mí lo que para ti sería
de mayor valor.
5 He aquí, bendito eres por esto, y por haber declarado mis palabras
que, de conformidad con mis mandamientos, yo te he comunicado.
6 Y ahora bien, he aquí, te digo que lo que será de mayor valor
para ti será declarar el arrepentimiento a este pueblo, a fin de que
traigas almas a mí, para que con ellas reposes en el reino de mi Padre.
Amén.
SECCIÓN 16
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a Peter Whitmer,
hijo, en Fayette, Nueva York, en junio de 1829 (History of the Church, 1:51).
(Véase el encabezamiento de la sección 14.) Más tarde,
Peter Whitmer, hijo, llegó a ser uno de los Ocho Testigos del Libro de
Mormón.
1–2, El brazo del Señor se extiende sobre toda la tierra;
3–6, Predicar el evangelio y salvar almas es lo de mayor valor.
1 DA oído, mi siervo Peter, y escucha las palabras de Jesucristo, tu
Señor y Redentor.
2 Pues he aquí, te hablo con claridad y con poder, porque mi brazo cubre
toda la tierra.
3 Y te declararé lo que ningún hombre sabe, sino tú y yo
únicamente,
4 porque muchas veces has deseado saber de mí lo que para ti sería
de mayor valor.
5 He aquí, bendito eres por esto, y por haber declarado mis palabras
que, de conformidad con mis mandamientos, yo te he comunicado.
6 Y ahora bien, he aquí, te digo que lo que será de mayor valor
para ti será declarar el arrepentimiento a este pueblo, a fin de que
traigas almas a mí, para que con ellas reposes en el reino de mi Padre.
Amén.
SECCIÓN 17
Revelación dada por medio de José Smith el Profeta a Oliver Cowdery,
a David Whitmer y a Martin Harris, en Fayette, Nueva York, en junio de 1829,
antes de que vieran ellos las planchas grabadas que contenían el relato
del Libro de Mormón (History of the Church, 1:52–57). José
y su escribiente, Oliver Cowdery, se habían enterado, por medio de la
traducción de las planchas del Libro de Mormón, de que tres testigos
especiales serían designados (véase Éter 5:2–4; 2
Nefi 11:3 y 27:12). Oliver Cowdery, David Whitmer y Martin Harris se sintieron
impulsados por un deseo inspirado a ser los tres testigos especiales. El Profeta
preguntó al Señor y, como respuesta, se dio esta revelación
por medio del Urim y Tumim.
1–4, Por medio de la fe, los Tres Testigos verán las planchas y
otros objetos sagrados;
5–9, Cristo da testimonio de la divinidad del Libro de Mormón.
1 HE aquí, os digo que tenéis que confiar en mi palabra, y si
lo hacéis con íntegro propósito de corazón, veréis
las planchas, y también el pectoral, la espada de Labán, el Urim
y Tumim que le fue dado al hermano de Jared en el monte, cuando habló
cara a cara con el Señor, así como los directores milagrosos que
recibió Lehi mientras se hallaba en el desierto, en las inmediaciones
del Mar Rojo.
2 Y será por vuestra fe que se os concederá verlas, sí,
mediante esa fe que tuvieron los profetas de la antigüedad.
3 Y después de haber logrado fe, y de haberlas visto con vuestros ojos,
testificaréis de ellas por el poder de Dios;
4 y haréis esto para que mi siervo José Smith, hijo, no sea destruido,
para que en esta obra realice yo mis propósitos justos para con los hijos
de los hombres.
5 Y testificaréis de haberlas visto, así como mi siervo José
Smith, hijo, las vio; porque es por mi poder que él las ha visto, y porque
tenía fe.
6 Y ha traducido el libro, sí, la parte que le he mandado; y vive vuestro
Señor y vuestro Dios, que es verdadero.
7 Por tanto, habéis recibido el mismo poder, la misma fe y el mismo don
que él;
8 y si cumplís estos últimos mandamientos míos que os he
dado, las puertas del infierno no prevalecerán en contra de vosotros;
porque mi gracia os es suficiente y seréis enaltecidos en el postrer
día.
9 Y yo, Jesucristo, vuestro Señor y Dios, os lo he hablado, a fin de
realizar mis propósitos justos para con los hijos de los hombres. Amén.
SECCIÓN 18
Revelación dada a José Smith el Profeta, a Oliver Cowdery y a
David Whitmer en Fayette, Nueva York, en junio de 1829 (History of the Church,
1:60–64). Cuando se confirió el Sacerdocio Aarónico, se
prometió el otorgamiento del Sacerdocio de Melquisedec (véase
el encabezamiento de la sección 13). En respuesta a las súplicas
en que se pedía conocimiento sobre el asunto, el Señor dio esta
revelación.
1–5, Las Escrituras indican cómo se ha de edificar la Iglesia;
6–8, El mundo está madurando en la iniquidad;
9–16, El valor de las almas es grande;
17–25, Para lograr la salvación, los hombres deben tomar sobre
sí el nombre de Cristo;
26–36, Se revelan el llamamiento y la misión de los Doce;
37–39, Oliver Cowdery y David Whitmer han de buscar a los Doce;
40–47, Para lograr la salvación, los hombres deben arrepentirse,
ser bautizados y guardar los mandamientos.
1 HE aquí, a causa de lo que tú, mi siervo Oliver Cowdery, has
deseado saber de mí, te digo estas palabras:
2 He aquí, te he manifestado por mi Espíritu en varias ocasiones,
que las cosas que has escrito son verdaderas; por tanto, sabes que son verdaderas.
3 Y si sabes que son verdaderas, he aquí, te mando que confíes
en las cosas que están escritas;
4 porque en ellas se hallan escritas todas las cosas concernientes al fundamento
de mi iglesia, mi evangelio y mi roca.
5 De modo que si edificas mi iglesia sobre el fundamento de mi evangelio y mi
roca, las puertas del infierno no prevalecerán en contra de ti.
6 He aquí, el mundo está madurando en la iniquidad; y es preciso
que sean instados los hijos de los hombres, tanto los gentiles como la casa
de Israel, a que se arrepientan.
7 Por tanto, ya que has sido bautizado por mano de mi siervo José Smith,
hijo, según lo que le he mandado, él ha cumplido con lo que le
mandé.
8 Ahora, no te maravilles de que lo haya llamado para mi propósito particular,
el cual me es conocido; por lo que, si es diligente en guardar mis mandamientos,
será bendecido para vida eterna; y su nombre es José.
9 Y ahora, Oliver Cowdery, te hablo a ti, y también a David Whitmer,
por vía de mandamiento, porque he aquí, mando a todos los hombres
en todas partes que se arrepientan; y os hablo a vosotros, como a Pablo mi apóstol,
porque sois llamados con el mismo llamamiento que él.
10 Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios;
11 porque he aquí, el Señor vuestro Redentor padeció la
muerte en la carne; por tanto, sufrió el dolor de todos los hombres,
a fin de que todo hombre pudiese arrepentirse y venir a él.
12 Y ha resucitado de entre los muertos, para traer a todos los hombres a él,
mediante las condiciones del arrepentimiento.
13 ¡Y cuán grande es su gozo por el alma que se arrepiente!
14 Así que, sois llamados a proclamar el arrepentimiento a este pueblo.
15 Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando
el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun cuando fuere una sola
alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino
de mi Padre!
16 Y ahora, si vuestro gozo será grande con un alma que me hayáis
traído al reino de mi Padre, ¡cuán grande no será
vuestro gozo si me trajereis muchas almas!
17 He aquí, tenéis mi evangelio ante vosotros, y mi roca y mi
salvación.
18 Pedid al Padre en mi nombre, con fe, creyendo que recibiréis, y tendréis
el Espíritu Santo, que manifiesta todas las cosas que son convenientes
a los hijos de los hombres.
19 Y si no tenéis fe, esperanza y caridad, no podréis hacer nada.
20 No contendáis en contra de ninguna iglesia, a menos que sea la iglesia
del diablo.
21 Tomad sobre vosotros el nombre de Cristo, y declarad la verdad con solemnidad.
22 Y cuantos se arrepientan y se bauticen en mi nombre —el cual es Jesucristo—
y perseveren hasta el fin, tales serán salvos.
23 He aquí, Jesucristo es el nombre dado por el Padre, y no hay otro
nombre dado, mediante el cual el hombre pueda ser salvo;
24 así que, es preciso que todos los hombres tomen sobre sí el
nombre dado por el Padre, porque por ese nombre serán llamados en el
postrer día;
25 por tanto, si no saben el nombre por el cual son llamados, no hay lugar para
ellos en el reino de mi Padre.
26 Y ahora bien, he aquí, hay otros que son llamados a declarar mi evangelio,
tanto a los gentiles como a los judíos;
27 sí, doce; y los Doce serán mis discípulos, y tomarán
sobre sí mi nombre; y los Doce serán aquellos que desearen tomar
sobre sí mi nombre con íntegro propósito de corazón.
28 Y si desearen tomar sobre sí mi nombre con íntegro propósito
de corazón, serán llamados para ir por todo el mundo a predicar
mi evangelio a toda criatura.
29 Y son ellos los que de mí son ordenados para bautizar en mi nombre,
de acuerdo con lo que está escrito;
30 y lo que está escrito lo tenéis ante vosotros; por lo que debéis
cumplirlo de acuerdo con las palabras que están escritas.
31 Y ahora, os hablo a vosotros, los Doce: He aquí, mi gracia os es suficiente;
tenéis que andar con rectitud delante de mí, y no pecar;
32 y he aquí, sois vosotros los que sois ordenados por mí para
ordenar presbíteros y maestros; para declarar mi evangelio, de acuerdo
con el poder del Espíritu Santo que está en vosotros, y según
los llamamientos y dones de Dios a los hombres.
33 Y yo, Jesucristo, vuestro Señor y vuestro Dios, lo he hablado.
34 Estas palabras no son de hombres, ni de hombre, sino mías; por tanto,
testificaréis que son de mí, y no del hombre.
35 Porque es mi voz la que os las declara; porque os son dadas por mi Espíritu,
y por mi poder las podéis leer los unos a los otros; y si no fuera por
mi poder, no podríais tenerlas.
36 Por tanto, podéis testificar que habéis oído mi voz
y que conocéis mis palabras.
37 Y ahora bien, he aquí, te concedo a ti, Oliver Cowdery, y también
a David Whitmer, que busquéis a los Doce, los cuales tendrán los
deseos de que he hablado;
38 y por sus deseos y sus obras los conoceréis.
39 Y cuando los hayáis encontrado, les enseñaréis estas
cosas.
40 Y os postraréis y adoraréis al Padre en mi nombre.
41 Y habéis de predicar al mundo, diciendo: Debéis arrepentiros
y bautizaros en el nombre de Jesucristo;
42 porque todos los hombres deben arrepentirse y bautizarse, y no únicamente
los hombres, sino las mujeres y los niños que hayan llegado a la edad
de responsabilidad.
43 Y ahora, después de haber recibido vosotros esto, debéis guardar
mis mandamientos en todas las cosas;
44 y por conducto de vuestras manos haré una obra maravillosa entre los
hijos de los hombres, para convencer a muchos de ellos de sus pecados, para
que se arrepientan y lleguen al reino de mi Padre.
45 Así que, las bendiciones que os doy son superiores a todas las cosas.
46 Y después de haber recibido esto, si no guardáis mis mandamientos,
no podréis salvaros en el reino de mi Padre.
47 He aquí, yo, Jesucristo, vuestro Señor, Dios y Redentor, lo
he hablado por el poder de mi Espíritu. Amén.
SECCIÓN 19
Revelación dada por medio de José Smith en Manchester, Nueva York,
en marzo de 1830 (History of the Church, 1:72–74). En su historia, el
Profeta la presentó como "un mandamiento de Dios, y no del hombre,
a Martin Harris, dado por Aquel que es Eterno" (History of the Church,
1:72).
1–3, Cristo tiene todo poder;
4–5, Todos los hombres deben arrepentirse o padecer;
6–12, Castigo eterno es castigo de Dios;
13–20, Cristo ha padecido por todos, para que no tengan que sufrir, si
se arrepienten;
21–28, Predica el evangelio de arrepentimiento;
29–41, Declara buenas nuevas.
1 YO soy el Alfa y la Omega, Cristo el Señor; sí, soy él,
el principio y el fin, el Redentor del mundo.
2 Habiendo ejecutado y cumplido la voluntad de aquel de quien soy, a saber,
el Padre, tocante a mí —habiéndolo hecho para sujetar a
mí todas las cosas—
3 reteniendo todo poder, aun el de destruir a Satanás y sus obras al
fin del mundo, y el último gran día del juicio que pronunciaré
sobre los habitantes del mundo, juzgando a cada hombre de acuerdo con sus obras
y las cosas que haya hecho.
4 Y en verdad, todo hombre tiene que arrepentirse o padecer, porque yo, Dios,
soy sin fin.
5 Por tanto, no abrogaré los juicios que pronuncie, sino que sobrevendrán
los lamentos, lloros, gemidos y crujir de dientes, sí, a los que se hallaren
a mi izquierda.
6 Sin embargo, no está escrito que no tendrá fin este tormento,
sino que está escrito tormento sin fin.
7 Además, está escrito condenación eterna; de modo que
es más explícito que otras Escrituras, a fin de que obre en el
corazón de los hijos de los hombres, enteramente para la gloria de mi
nombre.
8 Os explicaré, por tanto, este misterio, porque os conviene saber, así
como a mis apóstoles.
9 Os hablo a vosotros que sois escogidos en esto, como si fueseis uno, para
que entréis en mi reposo.
10 Pues he aquí, el misterio de la divinidad, ¡cuán grande
es! Porque, he aquí, yo soy sin fin, y el castigo que por mi mano se
da es castigo sin fin, porque Sin Fin es mi nombre. De ahí que:
11 Castigo eterno es castigo de Dios.
12 Castigo sin fin es castigo de Dios.
13 Por lo que, te mando que te arrepientas y guardes los mandamientos que en
mi nombre has recibido de las manos de mi siervo José Smith, hijo;
14 y es por mi omnipotencia que los has recibido;
15 así que, te mando que te arrepientas; arrepiéntete, no sea
que te hiera con la vara de mi boca, y con mi enojo, y con mi ira, y sean tus
padecimientos dolorosos; cuán dolorosos no lo sabes; cuán intensos
no lo sabes; sí, cuán difíciles de aguantar no lo sabes.
16 Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para
que no padezcan, si se arrepienten;
17 mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo;
18 padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del
dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu,
y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar.
19 Sin embargo, gloria sea al Padre, bebí, y acabé mis preparativos
para con los hijos de los hombres.
20 Por lo que otra vez te mando que te arrepientas, no sea que te humille con
mi omnipotencia; y que confieses tus pecados para que no sufras estos castigos
de que he hablado, los cuales en muy pequeño grado, sí, en grado
mínimo probaste en la ocasión en que retiré mi Espíritu.
21 Y te mando que no prediques más que el arrepentimiento, y que no muestres
estas cosas al mundo hasta que me sea prudente.
22 Porque por ahora no pueden tolerar carne, sino que deben recibir leche; por
tanto, no deben saber estas cosas, no sea que perezcan.
23 Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de
mi Espíritu, y en mí tendrás paz.
24 Yo soy Jesucristo; vine por la voluntad del Padre, y su voluntad cumplo.
25 Y además, te mando no codiciar la mujer de tu prójimo, ni atentar
contra la vida de tu prójimo.
26 Y también te mando no codiciar tus propios bienes, sino dar liberalmente
de ellos para imprimir el Libro de Mormón, el cual contiene la verdad
y la palabra de Dios,
27 que es mi palabra a los gentiles, a fin de que pronto vaya a los judíos,
de quienes los lamanitas son un resto, para que crean en el evangelio y no esperen
más la llegada de un Mesías que ya vino.
28 Y además, te mando que ores vocalmente así como en tu corazón;
sí, ante el mundo como también en secreto; así en público
como en privado.
29 Y tú declararás gozosas nuevas; sí, publícalo
sobre las montañas y en todo lugar alto, y entre todo pueblo que te sea
permitido ver.
30 Y lo harás con toda humildad, confiando en mí, no denigrando
a los que denigran.
31 Y de dogmas no hablarás, sino que declararás el arrepentimiento
y la fe en el Salvador, y la remisión de pecados por el bautismo y por
fuego, sí, por el Espíritu Santo.
32 He aquí, éste es un mandamiento grande, y el último
que te daré concerniente a este asunto, porque esto bastará para
tu conducta diaria hasta el fin de tu vida.
33 Y si desprecias estos consejos, te sobrevendrá la miseria; sí,
hasta tu destrucción y la de tus bienes.
34 Da una parte de tus bienes, sí, parte de tus terrenos, y todo menos
lo necesario para el sostén de tu familia.
35 Paga la deuda que has contraído con el impresor. Líbrate de
la servidumbre.
36 Deja tu casa y tu hogar, salvo cuando desees ver a los de tu familia;
37 y habla libremente a todos; sí, predica, exhorta, declara la verdad
en voz alta con el son de regocijo, diciendo: ¡Hosanna, hosanna, bendito
sea el nombre de Dios el Señor!
38 Ora siempre, y derramaré mi Espíritu sobre ti, y grande será
tu bendición, sí, más grande que si lograras los tesoros
de la tierra y corrupción en la medida correspondiente.
39 He aquí, ¿puedes leer esto sin regocijarte y sin que se exalte
tu corazón de alegría?
40 ¿O puedes seguir errante como guía ciego?
41 ¿O puedes ser humilde y manso, y conducirte prudentemente delante
de mí? Sí, ven a mí, tu Salvador. Amén.
SECCIÓN 20
Revelación sobre la organización y el gobierno de la Iglesia,
dada por medio de José Smith el Profeta en abril de 1830 (History of
the Church, 1:64–70). Al asentar esta revelación en el registro
histórico, el Profeta escribió: "Recibimos de Él [Jesucristo]
lo siguiente, por el espíritu de profecía y revelación,
lo que no solamente nos dio mucha información, sino que también
nos señaló el día preciso en el cual, de acuerdo con Su
voluntad y mandamiento, habíamos de proceder a organizar Su Iglesia una
vez más aquí sobre la tierra" (History of the Church, 1:64).
1–16, El Libro de Mormón demuestra la divinidad de la obra de los
últimos días;
17–28, Se afirman las doctrinas de la Creación, la Caída,
la Expiación y el bautismo;
29–37, Se declaran las leyes que rigen el arrepentimiento, la justificación,
la santificación y el bautismo;
38–67, Se hace un resumen de los deberes de los élderes, de los
presbíteros, de los maestros y de los diáconos;
68–74, Se revelan los deberes de los miembros, la bendición de
los niños y el modo de bautizar;
75–84, Se dan las oraciones para la Santa Cena y los reglamentos para
dirigir a los miembros de la Iglesia.
1 EL origen de la Iglesia de Cristo en estos últimos días, habiendo
transcurrido mil ochocientos treinta años desde la venida de nuestro
Señor y Salvador Jesucristo en la carne; habiendo sido debidamente organizada
y establecida de acuerdo con las leyes del país, por la voluntad y el
mandamiento de Dios, en el cuarto mes y el sexto día del mes que es llamado
abril,
2 mandamientos que fueron dados a José Smith, hijo, el cual fue llamado
por Dios y ordenado apóstol de Jesucristo, para ser el primer élder
de esta iglesia;
3 y a Oliver Cowdery, también llamado por Dios, apóstol de Jesucristo,
para ser el segundo élder de esta iglesia, y ordenado bajo su mano;
4 y esto de acuerdo con la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo,
a quien sea toda la gloria, ahora y para siempre. Amén.
5 Después de habérsele manifestado verdaderamente a este primer
élder que había recibido la remisión de sus pecados, de
nuevo se vio envuelto en las vanidades del mundo;
6 pero después de arrepentirse y de humillarse sinceramente, mediante
la fe, Dios le ministró por conducto de un santo ángel, cuyo semblante
era como relámpago, y cuyos vestidos eran puros y blancos, más
que cualquiera otra blancura;
7 y le dio mandamientos que lo inspiraron;
8 y le dio poder de lo alto para traducir el Libro de Mormón, por los
medios preparados de antemano,
9 el cual contiene la historia de un pueblo caído, y la plenitud del
evangelio de Jesucristo a los gentiles y también a los judíos;
10 el cual se dio por inspiración, y se confirma a otros por la ministración
de ángeles, y por ellos se declara al mundo;
11 probando al mundo que las Santas Escrituras son verdaderas, y que Dios inspira
a los hombres y los llama a su santa obra en esta edad y generación,
así como en las antiguas;
12 demostrando por este medio que él es el mismo Dios ayer, hoy y para
siempre. Amén.
13 Teniendo, pues, tan grandes testigos, por ellos será juzgado el mundo,
sí, cuantos desde ahora en adelante lleguen a tener conocimiento de esta
obra.
14 Y los que la reciban con fe, y obren con rectitud, recibirán una corona
de vida eterna;
15 mas para quienes endurezcan sus corazones en la incredulidad y la rechacen,
se tornará para su propia condenación.
16 Porque el Señor Dios lo ha hablado; y nosotros, los élderes
de la iglesia, hemos oído y damos testimonio de las palabras de la gloriosa
Majestad en las alturas, a quien sea la gloria para siempre jamás. Amén.
17 Por estas cosas sabemos que hay un Dios en el cielo, infinito y eterno, de
eternidad en eternidad el mismo Dios inmutable, el organizador de los cielos
y de la tierra, y de todo cuanto en ellos hay;
18 y que creó al hombre, varón y hembra, según su propia
imagen, y a su propia semejanza él los creó;
19 y les dio mandamientos de que lo amaran y lo sirvieran a él, el único
Dios verdadero y viviente, y que él fuese el único ser a quien
adorasen.
20 Pero por transgredir estas santas leyes, el hombre se volvió sensual
y diabólico, y llegó a ser hombre caído.
21 Por tanto, el Dios Omnipotente dio a su Hijo Unigénito, como está
escrito en esas Escrituras que de él se han dado.
22 Sufrió tentaciones pero no hizo caso de ellas.
23 Fue crucificado, murió y resucitó al tercer día;
24 y ascendió al cielo, para sentarse a la diestra del Padre, para reinar
con omnipotencia de acuerdo con la voluntad del Padre;
25 a fin de que fueran salvos cuantos creyeran y se bautizaran en su santo nombre,
y perseveraran con fe hasta el fin;
26 no sólo los que creyeron después que él vino en la carne,
en el meridiano de los tiempos, sino que tuviesen vida eterna todos los que
fueron desde el principio, sí, todos cuantos existieron antes que él
viniese, quienes creyeron en las palabras de los santos profetas, que hablaron
conforme fueron inspirados por el don del Espíritu Santo y testificaron
verdaderamente de él en todas las cosas,
27 así como los que vinieran después y creyeran en los dones y
llamamientos de Dios por el Espíritu Santo, el cual da testimonio del
Padre y del Hijo;
28 los cuales, Padre, Hijo y Espíritu Santo, son un Dios, infinito y
eterno, sin fin. Amén.
29 Y sabemos que es preciso que todos los hombres se arrepientan y crean en
el nombre de Jesucristo, y adoren al Padre en su nombre y perseveren con fe
en su nombre hasta el fin, o no podrán ser salvos en el reino de Dios.
30 Y sabemos que la justificación por la gracia de nuestro Señor
y Salvador Jesucristo es justa y verdadera;
31 y también sabemos que la santificación por la gracia de nuestro
Señor y Salvador Jesucristo es justa y verdadera, para con todos los
que aman y sirven a Dios con toda su alma, mente y fuerza.
32 Pero existe la posibilidad de que el hombre caiga de la gracia y se aleje
del Dios viviente;
33 por lo tanto, cuídese la iglesia y ore siempre, no sea que caiga en
tentación;
34 sí, y cuídense aun los que son santificados.
35 Y sabemos que estas cosas son verdaderas y concuerdan con las revelaciones
de Juan, no añadiendo ni quitando a la profecía de su libro, ni
a las Santas Escrituras, ni a las revelaciones de Dios que de aquí en
adelante vendrán por el don y el poder del Espíritu Santo, la
voz de Dios o la ministración de ángeles.
36 Y el Señor Dios lo ha hablado; y honra, poder y gloria sean dados
a su santo nombre, hoy y para siempre. Amén.
37 Además, por vía de mandamiento a la iglesia concerniente a
la manera del bautismo: Todos los que se humillen ante Dios, y deseen bautizarse,
y vengan con corazones quebrantados y con espíritus contritos, y testifiquen
ante la iglesia que se han arrepentido verdaderamente de todos sus pecados,
y que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de Jesucristo,
con la determinación de servirle hasta el fin, y verdaderamente manifiesten
por sus obras que han recibido del Espíritu de Cristo para la remisión
de sus pecados, serán recibidos en su iglesia por el bautismo.
38 El deber de los élderes, presbíteros, maestros, diáconos
y miembros de la Iglesia de Cristo: Un apóstol es un élder, y
es suyo el llamamiento de bautizar;
39 y ordenar a otros élderes, presbíteros, maestros y diáconos;
40 y bendecir el pan y el vino, emblemas de la carne y sangre de Cristo,
41 y confirmar por la imposición de manos a los que se bautizan en la
iglesia, para que reciban el bautismo de fuego y del Espíritu Santo,
de acuerdo con las Escrituras;
42 y enseñar, exponer, exhortar, bautizar y velar por la iglesia;
43 y confirmar a los miembros de la iglesia por la imposición de manos
y el otorgamiento del Espíritu Santo;
44 y hacerse cargo de todas las reuniones.
45 Los élderes han de dirigir las reuniones según los guíe
el Espíritu Santo, de acuerdo con los mandamientos y revelaciones de
Dios.
46 El deber del presbítero es predicar, enseñar, exponer, exhortar,
bautizar y bendecir la santa cena,
47 y visitar la casa de todos los miembros, y exhortarlos a orar vocalmente,
así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares.
48 Y también puede ordenar a otros presbíteros, maestros y diáconos.
49 Y ha de hacerse cargo de las reuniones cuando no esté presente ningún
élder;
50 mas cuando esté presente un élder, sólo ha de predicar,
enseñar, exponer, exhortar y bautizar;
51 y visitar la casa de todos los miembros, exhortándolos a orar vocalmente,
así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares.
52 En todos estos deberes, el presbítero debe ayudar al élder,
si la ocasión lo requiere.
53 El deber del maestro es velar siempre por los miembros de la iglesia, y estar
con ellos y fortalecerlos;
54 y cuidar de que no haya iniquidad en la iglesia, ni aspereza entre uno y
otro, ni mentiras, ni difamaciones, ni calumnias;
55 y ver que los miembros de la iglesia se reúnan con frecuencia, y también
ver que todos cumplan con sus deberes.
56 Y se hará cargo de las reuniones si está ausente el élder
o presbítero,
57 y los diáconos le ayudarán siempre en todos sus deberes en
la iglesia, si la ocasión lo requiere.
58 Pero ni los maestros ni los diáconos tienen la autoridad para bautizar,
bendecir la santa cena, ni imponer las manos;
59 deben, sin embargo, amonestar, exponer, exhortar, enseñar e invitar
a todos a venir a Cristo.
60 Todo élder, presbítero, maestro y diácono será
ordenado de acuerdo con los dones y llamamientos de Dios para él; y será
ordenado por el poder del Espíritu Santo que está en aquel que
lo ordena.
61 Los varios élderes que componen esta Iglesia de Cristo deben reunirse
en conferencia cada tres meses, o de cuando en cuando, de conformidad con lo
que determine y señale dicha conferencia;
62 y las referidas conferencias han de atender a cualquier asunto de la iglesia
que fuere necesario en esa ocasión.
63 Los élderes recibirán su licencia de otros élderes,
por el voto de la iglesia a la que pertenezcan, o de las conferencias.
64 Todo presbítero, maestro o diácono que fuere ordenado por un
presbítero, puede pedirle un certificado en esa ocasión, el cual
certificado, al presentarse a un élder, le dará el derecho de
recibir una licencia que lo autorizará para desempeñar los deberes
de su llamamiento, o la puede recibir de una conferencia.
65 No se ordenará a ninguna persona a oficio alguno en esta iglesia,
donde exista una rama de ella debidamente organizada, sin el voto de dicha iglesia;
66 pero donde no haya una rama de la iglesia en donde pueda pedirse el voto,
los élderes presidentes, los obispos viajantes, los del sumo consejo,
los sumos sacerdotes y los élderes pueden tener el privilegio de ordenar.
67 Todo presidente del sumo sacerdocio (o élder presidente), obispo,
miembro del sumo consejo y sumo sacerdote debe ser ordenado bajo la dirección
de un sumo consejo o conferencia general.
68 El deber de los miembros después de ser recibidos por el bautismo:
Los élderes o los presbíteros deben disponer de tiempo suficiente
para explicar al entendimiento de los miembros todas las cosas concernientes
a la Iglesia de Cristo, antes que éstos tomen la santa cena y sean confirmados
por la imposición de las manos de los élderes, a fin de que se
hagan todas las cosas en orden.
69 Y los miembros manifestarán ante la iglesia, así como ante
los élderes, por su comportamiento y proceder a la manera de Dios, que
son dignos de ello, andando en santidad delante del Señor, para que haya
obras y fe, de acuerdo con las Santas Escrituras.
70 Todo miembro de la Iglesia de Cristo que tenga hijos deberá traerlos
a los élderes ante la iglesia, quienes les impondrán las manos
en el nombre de Jesucristo y los bendecirán en su nombre.
71 Nadie puede ser recibido en la Iglesia de Cristo a no ser que haya llegado
a la edad de responsabilidad ante Dios, y sea capaz de arrepentirse.
72 El bautismo se debe administrar de la siguiente manera a todos los que se
arrepientan:
73 El que es llamado por Dios y tiene autoridad de Jesucristo para bautizar,
entrará en el agua con la persona que se haya presentado para el bautismo,
y dirá, llamándola por su nombre: Habiendo sido comisionado por
Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo. Amén.
74 Entonces la sumergirá en el agua, y saldrán del agua.
75 Conviene que la iglesia se reúna a menudo para tomar el pan y el vino
en memoria del Señor Jesús;
76 y el élder o presbítero lo bendecirá; y de esta manera
lo hará: Se arrodillará con la iglesia e invocará al Padre
en solemne oración, diciendo:
77 Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que
bendigas y santifiques este pan para las almas de todos los que participen de
él, para que lo coman en memoria del cuerpo de tu Hijo, y testifiquen
ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que están dispuestos a tomar sobre sí
el nombre de tu Hijo, y a recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos que
él les ha dado, para que siempre puedan tener su Espíritu consigo.
Amén.
78 La manera de bendecir el vino: Tomará también la copa y dirá:
79 Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que
bendigas y santifiques este vino para las almas de todos los que lo beban, para
que lo hagan en memoria de la sangre de tu Hijo, que por ellos se derramó;
para que testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que siempre se acuerdan
de él, para que puedan tener su Espíritu consigo. Amén.
80 Cualquier miembro de la Iglesia de Cristo que transgrediere o fuere sorprendido
en alguna falta, será tratado según las Escrituras.
81 Será el deber de las varias iglesias, que componen la Iglesia de Cristo,
mandar a uno o más de sus maestros para que asistan a las diversas conferencias
efectuadas por los élderes de la iglesia,
82 con una lista de los nombres de los varios miembros que se hayan unido a
la iglesia desde la última conferencia, o mandarla por conducto de algún
presbítero, para que uno de los élderes, nombrado de cuando en
cuando por los otros élderes, guarde en un libro una lista formal de
los nombres de todos los miembros de la iglesia;
83 y también, para que se borren del registro general de nombres de la
iglesia los de aquellos que hayan sido expulsados de ésta.
84 Todos los miembros que se trasladen de la iglesia donde residan a una iglesia
en donde no sean conocidos, pueden llevar una carta que haga constar que son
miembros inscritos y dignos; y puede firmar dicho certificado cualquier élder
o presbítero que conozca personalmente al miembro a quien se expida la
carta, o pueden firmarlo los maestros o diáconos de la iglesia.