Una habitación, un hotel, una visita
Son las cuatro de la mañana, estoy escribiendo un relato
me siento desnudo. Es verano.
Ya no trabajo, normal, era de esperar.
Escribo a ton y són sin puta idea de lo que voy a escribir.
Pero me apetece escribir.
He comprado un paquete de Camel y la revista Man con un especial de chicas en Ibiza.
Me levantado para coger un cigarrillo y fumarmelo mientras escribo.
Llevo tres años sin escribir, desde entonces han ocurrido muchas cosas.
Me he separado de mis amigos, tengo otros, la corrupción se profundiza, empezamos a asistir al "Felipegate", se desvela poco a poco el caso gal y la X.
Por otra parte la derecha avanza, más civilizada y democrática.
Veo películas, leo, me masturbo con frecuencia, me acuesto con prostitutas y malgasto el dinero. Llevo una vida existencialista y bohemia.
La habitación es de categoría A con todas sus comodidades, un buen baño, hilo musical etc...
Sólo me falta una chica rubia o morena para que me (ilegible).
Bueno aquí termino mi relato, tengo que descansar para el desayuno.
La diana es a las 9 P.M.
Fernando Toledo
Comentario
ANTECEDENTES
Llevaba Fernando Toledo algún tiempo ya sin dar a conocer su última obra literaria. En realidad, a partir de aproximadamente marzo de 1993, se produce un cambio en su conducta difícil de explicar. A partir de entonces, las relaciones con sus amigos se hacen mucho más esporádicas, lo cual deja bastante confundidos a éstos, que ignoran qué hacer para detener -y revertir- el proceso de separación. aparte de algunos breves encuentros, las actuaciones se reducen a una pequeña acampada (30 de julio - 2 de agosto de 1993) cerca del pueblo castellonense de Almedíjar, y a la preparación y ejecución de la manifestación en la Facultad de Medicina, con ocasión del examen del MIR de Willy Fogg, el 2 de octubre de 1993. A partir de entonces, Fernando Toledo desaparece prácticamente de las sociedad de sus amigos. Ni siquiera está presente en la Nochevieja de 1993, que tiene lugar en el chalé de Willy Fogg en Villamarchante, lo que ya marca la separación permanente de sus amigos; desde entonces, ha sido visto en contadas ocasiones, siempre solo, en diversos puntos de la ciudad. Yo le vi el 18 de marzo de 1995, en plenas Fallas, alrededor de las ocho de la tarde, paseando por la animada Gran Vía de Germanías, cerca de Ruzafa; después, una vez hube vuelto de Rusia, le volví a ver el 25 de julio de 1995, cruzando la Avenida Pérez Galdós hacia la Esquinia de Verano (Buzonia). Quedó sin respuesta una carta que yo le había enviado a finales de abril de 1994.
En ambos casos, la conversación entre Fernando Toledo y el que suscribe se redujo poco más que a intercambiar saludos, por eso fue una agradable sorpresa encontrar en mi buzón la, por lo que parece, última producción literaria de Toledo, en un sobre con membrete de un conocido hotel de Valencia, dirigido a mí.
EL TEMA DEL RELATO
Nuestro autor parece haber sido presa de un inesperado apetito narrativo, que hacía ya varios años que no le asaltaba. Cabe añadir que este abandono por parte de la inspiración no es particular de Fernando; pasados los veinticinco cuesta más tomar el bolígrafo para escribir con cierta imaginación, reduciéndose su función a rellenar quinielas o crucigramas, y yo mismo, pese a no haber parado nunca de escribir, agarro el bolígrafo con mucha mayor desgana que otras veces, cuando no tenía dificultades en rellenar páginas con cualquier excusa.
Y he aquí lo particular, entre otras cosas, del relato que analizamos. el autor ni siquiera necesita una excusa, un motivo sobre el que construir un relato; no sabe sobre qué escribir, pero quiere hacerlo. El título ("Una habitación, un hotel, una visita") es la excusa que elige, pero luego no es consecuente con la misma; el título ha precedido al relato, ha ido delante de él, y finalmente ha quedado misteriosamente mutilado. Porque se comprende la referencia a la habitación y al hotel; pero, ¿dónde está la visita? Caben dos posibilidades: O bien el autor pensaba continuar su relato con la aparición de la visita, y la obra quedó inconclusa por cualquier razón, o bien el relato y su título viven vidas separadas. Desde luego, es evidente, porque el propio autor lo confiesa, que no tenía un plan previo y que va escribiendo lo que le va viniendo a la cabeza ¡Pero en algo estaría pensando, cuando escribió el título!
En estas circunstancias, el relato presenta unas desconexiones altamente interesantes.
LA VIDA DEL AUTOR
El componente autobiográfico del relato es el más importante de todos en el relato que analizamos; pero, de cualquier manera, Fernando no da detalles concretos sobre la vida que ha ido llevando durante los tres años en que no ha escrito nuevas obras. Como suceso (elemento sincrónico), indica únicamente que "me he separado de mis amigos, tengo otros", y luego enumera algunos acontecimientos de política nacional. Un caso curioso, ya que es la primera vez que el autor hace en su obra referencias relacionadas con el mundo de la política, a pesar de que es muy aficionado a la misma.
A continuación, deja de lado el elemento sincrónico, la anécdota concreta, para pasar al elemento diacrónico (el hábito, la costumbre). sus confesiones sobre sus hábitos no pasarían la censura de Franco: "Veo películas, me masturbo con frecuencia, me acuesto con prostitutas y malgasto el dinero." Casi cualquier persona, excepto unos cuantos privilegiados y Julio Iglesias, después de escribir una retahíla semejante, incluirían un propósito de enmienda; no así Fernando, cuya siguiente frase es nada menos que: "Llevo una vida existencialista y bohemia."
No parecen calificativos con carga negativa. Muy al contrario, Fernando Toledo parece satisfecho, o al menos conforme, con el tipo de vida que lleva; pero, ¿de verdad son consecuentes adjetivos como "existencialista" y "bohemio" con la descripción de su vida recién efectuada? No estoy muy seguro, y creo poder afirmar que Sartre y Camus tampoco lo estarían, a no ser que entendamos el existencialismo de forma diferente a como lo hacían ellos. Tal vez el autor haya querido decir "hedonista", con lo que todo quedaría claro.
Y, ¿qué hay de lo de "bohemio"? Lo admitiremos con las debidas reservas, en atención a que el autor, después de todo, tampoco da demasiados detalles para ajustar este calificativo.
EL HOTEL Y EL FINAL DEL RELATO
Es muy interesante que Fernando elija un hotel como escenario de su relato, y concretamente una "habitación A con todas sus comodidades", en la que sólo falta "una chica rubia o morena". Eso concuerda más o menos con el componente bohemio que reclama el autor para calificar su vida, mas en todo caso sitúa sus andanzas en un estrato diferente al de anteriores relatos, en que la acción tenía lugar en ambientes marginales. En esta ocasión, en cambio, el autor sube considerablemente de clase social.
De todas maneras, este hecho facilita al autor el hallar un final consecuente. El desayuno exige madrugar, y en los hoteles no perdonan con el horario, así que hay que descansar, porque "la diana es a las 9 P.M." (Suponemos que es un "lapsus" del autor, que quiere decir A.M.).
El final es menos abrupto y más suave que en otras ocasiones, y se integra más armónicamente en el conjunto del relato.
En general, podemos concluir que el autor continúa, tras su largo período de silencio, con su estilo complejo, no siempre comprensible, pero siempre íntimo y, sin excepción, sincero a más no poder. El retorno de Fernando a la actividad literaria, en suma, es una excelente noticia que esperamos tenga su continuación próximamente.
Benjamín Alberola (09.08.1995)