La destrucción de los "Versos revolucionarios" y de los "Versículos higiénicos" nos había dejado sin ninguna obra por parte de Fernando. Sin embargo, no por eso dejó de escribir. Los poemas y las "Narraciones malditas" me fueron entregadas hacia diciembre de 1989, ya que el comentario que les sigue lo escribí durante las navidades.
* * *
POEMAS
* H *
Tú eres la estrella polar,
la luz invernal,
y la aurora boreal.
No puedo olvidarte.
* * *
¡Nicaragua libre! ¡Nicaragua libre!
Lucha a fondo, lucha a muerte;
barricadas, muchas barricadas,
que no pasen, que no crucen.
¡Nicaragua libre! ¡Nicaragua libre!
Todos unidos, jamás serán vencidos.
Todo un pueblo a luchar.
¡Nicaragua libre! ¡Nicaragua libre!
A defender nuestra patria
a toda costa.
¡Nicaragua libre! ¡Nicaragua libre!
Con manos, con piedras,
con ladrillos, con utensilios de labrar.
¡Nicaragua libre! ¡Nicaragua libre!
Patria o Muerte.
* * *
Chica bonita, chica de mis sueños.
No te siento odio; ni rencor;
sólo amor.
Chica guapa, chica atractiva;
me enloqueces, me arrastras,
eres el diablo.
Chica erótica, chica sexy.
No puedo contigo,
no puedo meterte un polvo.
Chica inteligente, chica lista,
alucino contigo,
eres la más lista.
Chica querida, chica amada.
Sin comentarios.
NARRACIONES MALDITAS
En un lugar de mi mente, remoto, lejano, minúsculo,
empezaba a oír chasquidos de gotas de sangre;
licuando en mi cerebro instantáneas de sonidos guturales,
ensordecedores, terribles, malditos, imposibles de soportar.
¡De pronto! A través de mis tímpanos llegaba una ligera música de trompeta.
Era el arcángel San Gabriel que venía a salvarme de la gran rayada.
Una rayada de cocaína, morfina y alcohol.
De una sobredosis de sexo, drogas y rock' roll.
Levanté mis brazos hacia el cielo y mi cabeza empezaba a despegarse lentamente del resto del cuerpo.
La cabeza se elevaba como un ascensor del Empire State; era una auténtica gozada porque dejaba de pronto de oír los sonidos guturales.
De la cabeza empezaban a salir notas musicales a ritmo de R&B.
El arcángel San Gabriel empezó a bailar al son de las notas.
Empezaba así el gran espectáculo del cielo con toda su marcha.
Marcha alucinante, Marcha auténtica, una Marcha enloquecida.
Aquí empezaba la Rayada del LSD de las doce de la noche.
BLUES DEL AUTOBÚS
Son ya las 4:30 A.M.. Me levanto soñoliento, empiezo a vestirme.
Me dirijo a la cocina, caliento la leche y me la mamo toda.
A continuación, voy al baño, me miro al espejo y se rompe por medio (no era de extrañar, realmente soy feo).
Abro la puerta, la escalera está oscura, toco el interruptor de la luz y se enciende.
Ya estoy dentro del ascensor, son momentos de Nescafé, voy bajando lentamente hasta el final.
Voy caminando hasta la puerta del patio y me doy cuenta de que han chorado las dos làmparas pequeñas de la pared.
Ya estoy en la calle, empiezo a caminar.
Aún es de noche, una noche fría típica de invierno.
Se me cruza un gato negro, lo cual es de mal agüero.
Continúo mi camino tranquilamente como si no pasase nada.
Doblo la esquina y veo a las primeras personas de la mañana, esperando al autobús para ir al trabajo.
Llego a mi parada habitual, esperando cinco minutos a la llegada del bus.
Dobla por una esquina el bus Ford Motor Company con toda su impresionante carrocería.
Subo, saludo al conductor y me siento. El conmductor pone un cassette. Resulta ser de B.B. King, un gran guitarrista de blues.
Por eso he titulado a esta pequeña historieta "Blues del autobús."
ROADRUNNER
¡Roadrunner! ¡Roadrunner!
Viene a toda hostia; es el rayo, el trueno y yo qué sé más.
Es alucinante, es polvareda, es virtuosidad.
¡Roadrunner! ¡Roadrunner!
Pesadilla de los guardias de tráfico, desmoralizante para los conductores. Maldición para los camioneros más osados.
¡Roadrunner! ¡Roadrunner!
No respeta señales de tráfico, ni semáforos, ni siquiera la línea recta.
¡Roadrunner! ¡Roadrunner!
Da puestos de trabajo a los enterradores, no faltan cajas negras, ni cruces, ni clavos. Se enriquecen enormemente.
¡Roadrunner! ¡Roadrunner!
Se pegó la gran hostia y se acabó Roadrunner.
FERNANDO TOLEDO
* * *
COMENTARIO DE BENJAMÍN ALBEROLA
Vamos a glosar las hazañas de un poeta sincero, sincero de verdad. Pocos son, en realidad, los relatos con que ha querido regalarnos, y acaso aduzca alguien que en sus obras no escasean intolerables atentados contra el buen estilo; pero la sinceridad de su prosa y la profunda amargura que emana de sus poemas le hacen merecedor de todo nuestro aprecio: se trata de Fernando Toledo, y nadie podrá nunca escribir como él.
Se reveló para mí en los "Versos revolucionarios", una trilogía de poemas en la que -de forma absolutamente magistral- se lamentaba de su propia sobrancia y expresaba sus grandes preocupaciones. Por desgracia, algún imbécil, haciendo limpieza, se encontró con ellos y, sin saber lo que hacía, privó a la basca de una obra capital para entenderse a sí misma.
A continuación, mientras su pensamiento madura, guarda un período de silencio, aunque no deja de echar a volar su imaginación en caprichosos ríos de palabras. No volvemos a escuchar sus excelentes versos hasta el II Congreso Experimental de Higueruelas, en que escribe algunos poemas y, aparte de ello, vierte su visión de la basca en una obra monumental, pura expresión de sí: nos referimos a los "Versículos higiénicos".
Lo cierto es que cuando los compuso estaba totalmente borracho, lo cual no quita en absoluto valor a su obra: al contrario, su sinceridad llega aquí, en algunos casos, a límites insospechados. Los "Versículos higiénicos" deben su nombre a que, efectivamente, fueron escritos sobre papel higiénico. Por desgracia, también estos versos han desaparecido, porque algún despistado debió usar el papel en que estaban escritos para limpiarse el culo, con lo que la taza se tragó otra obra maestra.
Su última producción representa la culminación, hasta el momento, de su obra: sus últimas vivencias han enriquecido hasta tal punto su pensamiento que no dudamos en considerarlo absolutamente genial. En él se desarrolla la vertiente amorosa, como podemos ver en "Tú eres la estrella polar" y "Chica bonita". Ya en Higueruelas había apuntado este aspecto de su lírica, pero con un matiz más "genital" y libidinoso que el actual, de tendencia más espiritual.
Conserva temas de sus anteriores producciones: "Nicaragua libre" afronta el tema latinoamericano revolucionario, a que tan aficionado es el autor. Las "Narraciones malditas", por su parte, atacan el tema nocturno, marchoso: en los "Versos revolucionarios" encontramos ya un esbozo del mismo, pero aquí aparecen ya las vivencias del autor y el relato adquiere un sesgo alucinante, irreal, con una clara llamada religiosa, onstante en el autor.
El "Blues del autobús" merece atención especial porque llega a constituir una expresión de la filosofía de la vida del autor, nueva en su producción. En nuestra opinión, no es posible un conocimiento del autor sin prestar atención a este texto.
Finalmente, "Roadrunner", en mi opinión, es el toque que le faltaba a un poeta completo: el de humorista de los suburbios. No he de decir sino que, al leerlo, me encontré riendo a carcajada limpia, con la lengua fuera, exactamente igual que el autor. Y entonces comprendí.