TESTIMONIO DE JOSÉ JOAQUÍN ÁVILA MORA     

                   
Sobre lo ocurrido en la Vereda antigua de la Caldera y hoy felizmente llamada Marilandia.  Allí llegué después de haber corrido por el boleteo y amenaza de secuestro en los llanos para conseguir una propiedad que pudiera permutarla por aquella que tristemente tuve que dejar en el llano.  Encontré, como única alternativa, recibir la finca las brisas que hoy rodea al santuario de MARILANDIA.

Cuando recibí esa finca me pareció un paisaje muy bello, pero las tierras eran muy pobres o mal preparadas. Me sentí defraudado en esta negociación. Pero, en el ir y venir a la finca las Brisas, vi, en pleno invierno que subían unas piedras a lomo de mula y pregunté a los señores Acosta, quienes me vendieron la finca:

"¿ Para qué son esas piedras que suben a lomo de mula? La respuesta de uno de ellos fue: 
"Es un viejo loco que está tratando de hacer una capilla pero es posiblemente para despistar a los habitantes de la región. Volví a preguntar ¿Pero, quién es ese señor? Me dijeron es un negrito que es abogado y se llama LINO SEVILLANO.

Días después volví a la finca y recorriéndola a caballo me encontré con un señor con cara de pastor que llevaba sobre su cabeza una montera; tenía una modesta mochila de lana; unas botas de caucho y un bastón. Pensando que era alguien de la región me acerqué con el caballo y le pregunté: Usted conoce a un señor LINO SEVILLANO? En ese momento el doctor SEVILLANO levantó la cara y me dijo: "soy yo". Lo saludé y entablamos una conversación amigable. Le pregunté qué quería hacer él con esa piedra que subían a lomo de mula? y me dijo que una capilla dedicada a la Virgen.

Cuando vi que no había más de 100 piedras pensé seriamente que realmente el doctor LINO SEVILLANO estaba loco. Siguió el tiempo y un mes después arrepentido del negocio quise despedirme de él, porque quería devolver ese predio, pues me sentía engañado. Le conté que me regresaba para el Llano y me dijo: "No haga eso, usted no sabe las bendiciones que mi Dios tiene previstas para esta región. Este bosque natural con esta rueca de ríos, con toda esta belleza sólo puede ser para el culto a Dios en la tranquilidad y en la belleza". Me dijo que en un futuro sería el pueblo de Dios. Le pregunté ¿qué es un pueblo de Dios? Y, él, de inmediato me respondió: "Pueblo de Dios es un lugar donde se ha de vivir en paz y donde la conversión es el único tributo que la gente pueda ofrecerle a la Virgen y Jesucristo. En un pueblo de Dios habrá ricos, pobres, desamparados, enfermos pero también muchos amigos que crean en Dios; que crean en la Virgen y en ellos. Esos serán los pobladores del pueblo de Dios, a lo mejor con un comunidad religiosa y de sacerdotes, vendrán hermanas, existirá una escuela para los niños, habrá a lo mejor hogar de ancianos, habrá un hogar de niños desamparados, habrá un hogar para todas las personas que quieran venir a orar en este sitio.

En ese momento se atropellaron en mi los sentimientos  de fe o de falta de fe; creerle o no creerle al doctor LINO y volví a pensar que definitivamente el doctor SEVILLANO no estaba en sus cabales. Con el tiempo decidí quedarme con ese predio y dos años después veo que es una realidad que ese pueblo de Dios seguramente va a existir. Todas las cosas que el doctor SEVILLANO dijo en aquel tiempo se están cumpliendo...

Me decía él un día, cuando yo le reconocía sus palabras la efectividad de lo que me profetizaba: que no era él porque el solo no puede hacer nada era Jesucristo era Dios, era la Virgen. Todos ellos estaban haciendo el pueblo de Dios.

A los tres meses de haber recibido ese predio y haberme sentido imposibilitado para andar tuve que asistir al hospital para que me hicieran unos exámenes y en efecto me encontraron un tumor en un pulmón que en un principio se dijo era maligno y que habría hecho metástasis en el área pulmonar. Después de someterme a todos los exámenes, se aproximaba mi operación. Subí a mi finca para darle instrucciones al mayordomo y a pagarle. Estaba muy triste. Me encontré al doctor LINO SEVILLANO; nos fuimos caminando por la carretera hacía la capilla y le conté lo que me ocurría. Tal vez para ese momento el doctor SEVILLANO me había cogido cierto aprecio y vi que le causaba dolor mi situación física. Me abrazó y me dijo: "Ven oramos aquí en este bosque"... Piensa que Jesucristo está sangrando por su costado y que de su costado rasgado está manando sangre permanentemente y esa sangre está lavando tu pulmón. Haz esto, siempre que puedas.

Oramos con el doctor LINO SEVILLANO un rato y cuando nos despedimos me dijo: "estoy seguro que eso no será cáncer". Tenga la seguridad que no será cáncer.

Faltaba un examen final, me lo hacían una semana después de haberme entrevistado con el doctor LINO. Cuando salí del examen la doctora que me tomó los resultados dijo: Vea que raro: aquí aparece un tumor encausalado; no hay metástasis; así que ese tumor no es maligno.  De todas maneras me interné en el hospital y después de la cirugía, cuando apenas empezaba a despertar  de la anestesia el doctor López, cirujano que me operó, me dijo: "no es cáncer", es un carbono ocasionado por el humo del cigarrillo que se volvió tumor, pero está limpio, no es canceroso.

En el final de ese comentario pienso que algo especial sucedió: "UN MILAGRO"; porque en el diagnóstico médico era un cáncer con metástasis y la realidad fue otra.

Este comentario lo hago porque yo no he sido o fui hasta entonces muy creyente; pero cada día que amanece y cada día que termina, desde entonces, veo la vida de distinta manera y siempre tengo que encomendarme con inmensa gratitud a la Virgen y a su hijo Jesucristo.     

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                       Padre       FERNANDO OREJUELA OSORIO
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