TESTIMONIO DEL PADRE JORGE ALBERTO HERNÁNDEZ VEGA.
(Superior. Comunidad
Inmaculada)
En el
año de 1970 ingresó a la comunidad franciscana para ponerme al
servicio de Dios.
Al instante
mismo en que ingresé a esta comunidad Religiosa me di cuenta que no
era precisamente lo que había vivido Francisco de Asís, sin embargo,
sin ser muy conocedor
de la situación de la Iglesia y del mundo, permanecí en esa
comunidad 8 años. A lo largo de este tiempo hice el propósito de
conocer más a fondo esta Espiritualidad y otras Espiritualidades que
Dios había suscitado en el tiempo a la Iglesia y en una búsqueda
incansable muchas veces me cuestionaba ¿por qué la Iglesia
permanecía en una situación de ruina? Pero también me
encontraba confrontado ante la situación que vivía en la comunidad
franciscana y mi deseo era vivir eso que Francisco había vivido y lo
quería vivir con sinceridad y honestidad.
El medio ambiente
era imposible, se gozaba de mucha comodidad, de muchas posibilidades
humanas y mi insatisfacción seguía. Fue cuando tomé la resolución de
salirme de la comunidad porque llegué a la conclusión que no podía
vivir de la fama de Francisco. Sentía la invitación de Dios de vivir
algo similar pero no sabía ¿cómo, cuándo y dónde?
Entonces
ingresé al clero secular de la diócesis de Facatativá y allí también
me di cuenta que la situación era muy similar.
Sintiéndome
como acorralado solicité al señor Obispo el permiso para vivir una
experiencia distinta, enfocando el sacerdocio y una Espiritualidad
cristiana nueva.
Advirtiéndome el señor Obispo que no iba a
ser comprendido, me concedió el permiso. Tiempo después fui ordenado
sacerdote con grandes interrogantes; pero con la esperanza de pronto
de vivir estas intuiciones que tenía en mi corazón.
Seis años
después de ordenado y sin lograr de realizar mis inquietudes, quise
retirarme del sacerdocio y enfocar mi vida en el campo de la
profesión Psiquiátrica. Estando en estos momentos de difíciles
decisiones fue cuando conocí a LINO SEVILLANO por intermedio de
Elizabeth de Gaitán, quien lo conocía anteriormente. La primera
impresión que me dio al conocerlo fue que era un hombre de Dios,
totalmente abandonado a la Providencia Divina.
A partir de
una imagen de la Rosa mística que yo le regalé a él, comencé a
conocerlo más de cerca a él y lo que Dios había comenzado con
él.
Cuando leí las tres primeras Actas, me di cuenta que eso
era de Dios y que era eso precisamente lo que yo necesitaba para
salvar mi sacerdocio. Fue lo que me reafirmó en seguir adelante en
mi vocación y uniéndome a este propósito de Dios con Lino, Inés de
García y Catherine de Jacob, nos aventuramos a vivir y a dispersar
esta Espiritualidad a donde el Señor nos mandaba.
He sido
testigo de las maravillas que el Señor a hecho en mí: en gran parte
mi conversión personal; encontrarle un sentido más profundo a mi
sacerdocio y poder cooperar con algo en la reconstrucción de la
Iglesia en estos tiempos.
También he sido testigo de las
cosas grandes que Dios a hecho desde esta Espiritualidad; de
la transformación de las personas que se han vinculado a ella y de
los muchos frutos que se bislumbran ya en estos últimos años, como
es la comunidad de la
INMACULADA CONCEPCION
que integrada por 18 jóvenes, que bajo mi cuidado crece en la
parroquia de Puente de Piedra dentro de la diócesis de Facatativa
1; que aspiran a la vida sacerdotal y religiosa y de la
manera tan insólita como el Señor usando como una red el Seminario
"María, Señal de Jesucristo" ha venido pescando estas vocaciones y
también de lo que el Señor hará en la Iglesia y en el mundo a través
de ellas.
Quiero reafirmar, con profundo reconocimiento, que
esta Espiritualidad de los hijos de la Hija de Dios de la Orden
Trinitaria es en verdad una propuesta nueva, novísima y novedosa de
vivir el Evangelio como una nueva alianza de Salvación propuesta a
la Iglesia y a la humanidad entera, es verdad que María, la
Inmaculada Concepción y siempre Virgen nos enseña como vivir el
plan, criterio y voluntad de Dios para reconstrucción del hombre, la
familia, la Iglesia, la sociedad y el mundo.
Esta alianza
ciertamente es una de las grandes señales de los tiempos para la
salvación de los hombres por los efectos que ya se disfrutan de
quienes hemos asumido esta espiritualidad, este misterio grande del
amor de Dios por el hombre. Una vez más se hace presente para
ponerse a su alcance sobre todo para quienes quieren vivir
auténticamente el Evangelio en una experiencia gozosa de amor a Dios
y al prójimo, viviendo a plenitud el ambiente, clima de VIRGINIDAD,
que es la clave y el secreto para acatar la voluntad de Dios.
Estoy decidido a seguir asumiendo, con todos los riesgos que
ello implica, en estos tiempos tan obscuros y difíciles vivir esta
Espiritualidad, que sea motivo de mi donación total a ella para que
a todos los hombres llegue la salvación de Dios.