LEYENDAS DE PARRAS

 

 SI ERES CARDIACO NO ENTRES

Esta página esta dedicada a todos los Parreños, que en forma verbal y de generación en generación nos han trasmitido estos cuentos y leyendas hasta nuestros días. También un agradecimiento a la ayuda del Prof. Ignacio Montelongo R. por su valiosa ayuda para hacer posible esta página. Así mismo vaya un saludo a mí pariente, Don  Gabriel Robledo Luna donde quiera que se encuentre.

No es una, sino que son muchas, las leyendas que han originado la vida de los habitantes de Parras; a lo largo de su discurrir histórico varias veces centenario.

Antes de contemplar unas cuantas de ellas, conviene declarar qué se entiende por historia, qué es un mito, qué es una leyenda. Establecidos estos conceptos fundamentales, nos centraremos en nuestro asunto.

La historia es una narración de un suceso acaecido en tiempo pasado. Así , la historia relata por ejemplo, lo que sucedió, en la Batalla de Santa Isabel.

El mito es la narración de un asunto imaginario, no sucedió jamás . Fue inventada por alguna persona para inventar por alguna persona para lograr un fin; didáctico o de otro tipo. Por ejemplo, todos los mitos griegos y todos los de cualquier otra cultura antigua.

La narración legendaria o leyenda; se sitúa;  para su clasificación conceptual, en medio de las anteriores definiciones. Por leyenda entendemos la narración, en parte histórica , o sea verdadera, en parte imaginativa de un suceso acaecido ciertamente, y como tal; conocido por la historia, pero a cuyo relato se le han añadido elementos no sucedidos jamás.

En parte es un relato verdadero, en parte proviene; de la invención humana. Citemos; por ejemplo, los corridos populares, y más el caso del llamado Siete Leguas por ejemplo. Con un fondo histórico (algo pasó), el autor añade elementos que nunca ocurrieron. A esta mezcla se le denomina leyenda.

Parras es un sitio fuente de leyendas numerosas por ser un asentamiento humano antiguo. Desde su fundación dió origen a episodios legendarios. Consideremos algunos de ellos.

FANTASMAS QUE PROTEGEN LOS TESOROS

En una de tantas huertas frondosas que guardan la ciudad de Parras, se encuentran enterrados dos tesoros. No falta quien pretenda de vez en cuando hacerse de ellos.

Pero sus guardianes, unos fantasmas, se interponen cada vez que esto sucede y lo impiden eficazmente.  Uno de ellos es un sacerdote, fallecido en Parras. Él le pide a quien se acerca al lugar del tesoro que, antes de apoderarse de el, realice dos acciones:

Una consiste en llevarle a su sepulcro una rosa blanca, otra, levantar la segunda torre al templo de San Ignacio.

Tres Franceses vigilan el otro tesoro situado en la misma huerta. Ellos no son tan amables ni tan poéticos como el padre.

Cuando ven que alguien tiene la vista puesta en su tesoro, se le aparecen blandiendo las espadas que usaba el ejercito francés de Maximiliano, derrotado en la batalla de Santa Isabel  y obligan al buscador, a retirarse rápidamente de aquel lugar, con el ánimo asustado por tal aparición.

La acción de los franceses va más allá de este amago violento. Por la noche visitan la casa donde duerme quien de día pretendía apoderarse del tesoro. Durante toda ella le mueven la cama en la que yace , para que no concilie el sueño. En la madrugada , a manera de despedida le arañan el cuerpo.

 

EL TESORO DEL FRANCISCANO.

 En Parras vivieron los Padres Franciscanos en dos ocasiones, a finales del siglo y antes de mediados del siglo. En el siglo atendieron el culto del santuario de Guadalupe y cuidaron el del Rosario.

Un franciscano de la primera época enterró un tesoro en la huerta del Antiguo Curato. Su espíritu tiene ahora el deseo de que los moradores de Parras adquirieran esta riqueza y  al contrario de los franceses, la ofrece a algún ser mortal siempre que le es posible trasladarse del otro mundo al nuestro.

 Aunque lo ha ofrecido a muchas personas, ninguna de éstas ha podido cumplir el deseo del franciscano. Cuando el religioso llega a este mundo, siempre lo hace de noche viste su hábito religioso. Sale a la calle. Escoge una casa.

 Penetra en ella sin ser notado. Su capucha le cubre totalmente el rostro. Llega al lecho del afortunado escogido en esa ocasión. Con voz muy baja le indica que ha venido del mundo invisible hasta el mundo visible para ofrecerle que saque el tesoro depositado en el fondo de la Noria del Antiguo Curato.

Si el mortal acepta cumplir el encargo del franciscano, éste le pide que, a cambio, le mande celebrar misas. Cuando el afortunado muestra su deseo de cumplir la voluntad de quién llegó más allá del cielo, éste agradeciendo la servicialidad; del mortal.

Se despide de él y se quita su capucha. El futuro dueño del tesoro no ve, entonces, sino una horrible calavera desfigurada, La visión desaparece. Un pavor infinito acoge a quien acaba de hablar con el visitante.

Al día siguiente, el que iba ser dueño del tesoro amanece muy enfermo. Todo el día lo pasa con su cuerpo frío, seco, tieso. En la noche fallece.

 

EL TESORO DEL CURATO.


Por muchísimos años ha existido una cantina muy famosa llamada "El paso del Águila", corrían los años treinta de este siglo y en ese tiempo el encargado de dicha cantina era el señor Marcelino Bernal, y nosotros sus amigos lo llamábamos chelino.

Una noche que asistíamos en compañía de chelino a dar una vuelta decidimos regresar como a las 2 de la mañana y acompañar a nuestro amigo a la cantina donde el se quedaba a dormir, nos sentamos enfrente del curato y nos empezó a relatar una anécdota.

 Nuestro amigo chelino nos dice, miren ustedes esto que les voy a contar no es nada nuevo, en varias ocasiones escuchaba melodiosos cánticos religiosos y enseguida un murmullo de mucha gente que reza, me llamaba la atención pero, no hacia nada por que la calle se veía muy iluminada. Un día precisamente en Jueves de Corpus de ese año, cuando yo y un compadre a las 12 de la noche empezamos a oír armoniosos cánticos religiosos, así como el sonar de una campanita, como las que usan en las iglesias y vino a mi mente, el recuerdo de los ruidos que siempre escuchaba pero nunca había salido, cuando mi compadre me dice que vamos a asomarnos, cuando salimos nos dio en los ojos el resplandor de una luz muy intensa, como de color rosa, pero que alumbraba toda la plazuela.

Seguimos por la banqueta y vimos una gran procesión que venia, por la calle Mina, encabezada por un sacerdote vestido con todos sus ornamentos y que traía en sus manos el incensario y caminando hacia atrás iba derramando el incienso al frente del Palio. En esos momentos la procesión iba llegando a la esquina que hace un callejoncito con la calle Mina, la procesión hizo alto, frente del Curato, que entonces tenia un gran portón semidestruido por el tiempo, pero cual seria nuestra sorpresa que apareció ante nosotros un hermoso portón totalmente iluminado, el que abrieron de par en par, dos sacerdotes con sus hábitos negros. Desde afuera se veía un enorme patio hermosamente iluminado y se divisaba una enorme noria.

A un lado de la noria se veían dos pequeñas bardas, como que daban entrada a un subterráneo y claramente se veía como iban entrando y se perdía en esta procesión. Al buscar una explicación para esta aparición supimos que el Rey de España, decreto la expulsión de los sacerdotes jesuitas de todo su reino, entonces los sacerdotes no tuvieron tiempo de esconder debidamente los ornamentos y las demás cosas sagradas de la iglesia, y siendo el Curato el sitio que podían ocupar, reunieron en ese lugar lo de todos los templos y como escondite escogieron la ancha noria de donde se provenían de agua y ahí arrojaron los ornamentos, vasos sagrados, cálices, custodias y todo lo que según se sabe son de oro puro, por lo que dentro de la noria quedo sepultado un valiosísimo tesoro.

 

 

 

 

UNA ALMA SIN DESCANSO.


Cuenta la leyenda de una bella joven que era muy alegre y que le gustaban mucho las fiestas, un día padeció una terrible enfermedad que la llevo a la muerte.

Una noche había una fiesta y apareció una joven muy hermosa a la que solo un muchacho se le acerco para pedirle que bailara y así duraron hasta que al sonar las 12 de la noche y ella le dijo que se tenia que retirar y el se ofreció a llevarla hasta su casa, como hacia mucho frió él le presto su chaqueta y le dijo que al día siguiente volvería por ella.

Al llegar al callejoncito ella le dijo que no tenia que llevarla hasta su casa y que ella seguiría sola, despidiéndose. Al día siguiente el volvió por su chaqueta al lugar donde había dejado a la joven, pero el avanzó por todo un camino, hasta llegar a una casa donde toco la puerta y le abrió una señora que se sorprendió, cuando se le pregunto por una joven que era su hija ya fallecida y se lo dijo a él, sorprendiéndose de igual manera, pues no creyó lo que le dijo la señora y para comprobárselo, lo llevo hasta la tumba de su hija donde,  se encontraba la chaqueta que le había prestado la noche anterior.

 

 

LA DAMA MISTERIOSA DEL PANTEÓN DE SAN JOSÉ.

 

Quien no conocía en Parras al Sr. Don Enrique López, el propietario del mas antiguo sitio de automóviles, "El sitio Reforma".
Don Enrique nos dice, miren les voy a contar algo muy misterioso que me acaba de pasar, apenas la semana pasada, y lo que les voy a contar pues créanmelo porque les aseguro que es cierto.
Venia yo en mi coche de la Hacienda del Rosario, a donde había ido a dejar a uno de los señores Madero y llegando a la placita me detuvo un señor con aspecto de agente viajero, con un portafolio en la mano quien me dijo, que cuanto le cobraba por irlo a dejar a la Hacienda de San Lorenzo, que le urgía mucho estar allá para tratar un negocio que traía entre manos.

Eran ya las once de la noche, entonces no había carretera y el camino a San Lorenzo pasaba por enfrente del panteón de San José, seguí
pasando Camiseta y a San Lorenzo se entraba por un sitio abierto en medio de dos cerros que se llamaba y aun se llama así ; El portezuelo.

Habiendo dejado a mi cliente emprendí de inmediato mi regreso, a la ciudad. Iba ya llegando frente al panteón de san José cuando, en el silencio de la noche escuche las doce campanadas de la campana de la fabrica. Ya llegando frente al panteón de San José divise un señora que hacia señal de que me detuviera, pero yo no ví de done salio esta persona, pues cuando la ví ya estaba parada a la orilla del camino.

Al acercarme me dí cuenta que era una señora muy bien vestida, hasta podría decir que elegante, quien traía un ancho chal, con el que se cubría y al detenerme le abrí la puerta, del coche y se sentó en el asiento trasero, pero siempre con la cara cubierta, como ella no me hablaba yo tampoco le dirigí la palabra.

Seguimos el camino a la ciudad y ni ella ni yo hablamos y la dama misteriosa, con la mano me iba señalando por donde habría de seguir. Entrando por la calle Mina llegamos a la calle de Madero y me indico que tomara esa calle llegando hasta frente a la Placita del Beso y frente al portón de la mutualista; Benito Juárez me indico que me detuviera y así tapado el rostro antes de bajar del auto me entrego una moneda grande, bajo del coche y se dirigió el portón de la mutualista que como digo estaba cerrado.
La ví que iba llegando al portón pero, ante la curiosidad de la moneda, le di un vistazo y la ví atravesando la madera de la puerta.

 

 

 EL CHARRO DEL CERRO DEL MUERTO.

 

Al oriente de la ciudad hay un cerro que se llama del Santo Cristo, cuidado por un tiempo por las monjas del asilo Quinta Manuelita, que hay en ese lugar.

Cuenta la leyenda que anteriormente al cerro le llamaban los vecinos de ese lugar y en la actualidad se le sigue llamando "El cerro del Muerto" debido a que en ese lugar se aparecía en las noches de luna llena, un charro que escoltaba por veredas que llegaban a las goteras de esta ciudad, una carreta que presumiblemente contenía un cargamento de monedas y víveres que se
traían para el pago de peones del Marques de Aguayo, qué en aquellos tiempos era el amo y señor de esta región.

Este cargamento, despertaba la codicia de los bandoleros de la época, logrando en una ocasión emboscar, a los conductores de esta carreta y a este jinete vestido de charro, que los custodiaba, robándolos y asesinándolos y para no despertar sospechas de su fechoría, los enterraron a ellos y al cargamento en aquel lugar, aledaño al cerro del muerto.

Durante años estos asesinos buscaron en vano este cargamento, pero no lo encontraron y aún en nuestros días, las gentes que conocen las leyendas y le dan credibilidad, porque en mas de una ocasión han escuchado, el pesado crujir de la carreta, el cansado andar de los caballos, que la tiran, o ven bajo las noches oscuras o de la luz tenue de la luna, las siluetas que a través de los tiempos, buscan a su amo para hacerle entrega de su valioso cargamento. Si algún día acudes por estos lugares podrás observar que, personas aficionadas siguen en busca del cargamento, que se trajo a nuestra región y que en algún lugar se encuentra todavía.

 

LA MISTERIOSA LAVANDERA DE LA PUERTA DEL SINDICATO.

Autor: Don Gabriel Robledo Luna (QPD).

E la humilde barriada donde pasé mis primeros años, como en las barriadas de todos los pueblos, siempre hay una persona que por la edad y la forma agitada de su vida, es la que se recuerda siempre para obtener conocimientos de relatos de misterio, de tragedia, trascendencia histórica o de cualquier otra índole. 

En nuestra barriada, pues, también teníamos una persona de ese tiempo que lo era nada menos que un señor ya entrado en años de nombre Don Eleuterio Vielma, a quien cariñosamente llamábamos: "don Lute", todos los del barrio.

Por las noches de verano principalmente nos juntábamos la chiquillada del barrio y nos colocábamos a cada lado de la acequia, por donde día y noche pasaba el agua que iba a regar todas las frondosas huertas de los alrededores.

Una de tantas noches en que nos dimos cuenta de que nuestro amigo estaba de magnifico buen humor, pues acababa de contar a las personas mayores una de sus aventuras de juventud, entonces toda la chiquillada le pedíamos que nos contara uno o alguna de esas leyendas, o aventuras de su vida de las que tantas veces contaba a las gentes mayores del barrio.

 Entonces Don Lute nos dice: yo creo que ustedes ya han oído contar a sus padres de la "Lavandera" que poco después de las 12 de la noche se aparece lavando a un lado de la puerta del sindicato que da a la orilla de agua, sin embargo yo creo que no lo han creído, ya que de día y noche las mujeres del barrio acuden a lavar su ropa, la que tienden en la cerca de las huertas cercanas.

Pues bien dice "lute" yo como ustedes no creía en semejante cuento pues siendo yo trabajador de la hulera, infinidad de veces había pasado por ese lugar y ya fuera antes o después de las 12 de la noche, nunca había visto nada anormal, pero si en varias ocasiones que trabajando en el 2o turno de la guyulera, al venir para mí casa siempre pasaba cuando no a las 12:00 de la noche, a veces después de esa hora y varias veces a esa hora ví a una señora inclinada sobre su lavadero, lavando afanosamente y enjuagando de cuando en cuando las prendas  lavadas, pensando que se trataba de cualquier señora de estos rumbos que aprovechaba la noche para estar más a gusto en su trabajo, nunca me preocupe por saber quien era y menos por saludarla, pues siempre pensé que se trataba de alguna persona de los barrios vecinos a quien por tal motivo yo no conocía a quien con mí saludo molestara.

En una ocasión en que el segundo turno de la guayulera no laboró por serias descomposturas de la planta eléctrica, varios compañeros y yo en vez de venirnos a nuestras casas nos fuimos a la cantina  entonces llamada "El Resbalón" famosísima y muy concurrida, donde nos tomamos una copa, entablando animada platica con todos los concurrentes, pero cuando empezamos a notar que empezaban a suscitarse discusiones violentas y temerosos que siguiera alguna pelea de las que en esa cantina sucedían muy seguido, que casi siempre resultaban sangrientas y trágicas, optamos por retirarnos, tomando mis amigos y yo por la calle de la orilla de agua, casi todos mis compañeros eran de esos rumbos, después de dejar en el "Puente de los Castillos" a mis últimos compañeros yo sólo me dirigía a mí casa por lo que tenía que pasar por frente a la puerta del sindicato.

Era una de esas noches de luna llena, en como se dice había una luz, "como a la mitad del día". Poco antes de llegar al sitio donde se colocaban las lavanderas, divise a una persona, que colocada de aquel lado de la acequia, cerca de la puerta del sindicato, lavaba afanosamente y hasta oí el ruido que se hace al enjuagar la ropa.

Esa noche, al pasar frente a la lavandera le dije: "Buenas noches, señora", sin recibir ninguna contestación, me seguí por el callejón de la orilla de agua, pero  desde luego bastante disgustado por la actitud de la lavandera que no contestó mí saludo, pero sucede, que en esos momentos me acuerdo de lo que contaban en el barrio,  de la misteriosa lavandera que veían en ese sitio, y animado por las copas que había tomado, decidí comprobar si esa lavandera era en verdad una aparecida o se trataba de alguna persona normal.

Como la noche estaba tan quieta, empecé a escuchar cuando la campana de la fábrica, empezaba a dar las 12 de la noche. Deseoso de comprobar la misteriosa versión que circulaba por el barrio, volví frente a donde se encontraba la lavandera, entonces, hasta con voz mas fuerte le dije: Buenas noches, señora y me quede viéndola esperando la respuesta, pero cual no sería
mi sorpresa que en vez de contestarme, la señora levanto los brazos, que yo ví, perfectamente que eran puros huesos descarnados,  la mujer levanto la cara y se apretó con sus manos huesosas las sienes y entonces enseño la cara, tenia las mejillas descarnadas y  los ojos en sus dos cuencas ondas brillaban, como dos brazas encendidas.

En esos momentos oí un ruido a mis espaldas y al volver la cara, ví a un enorme perro negro que me miro con sus ojos que, desprendían enormes llamas y gruñía amenazadoramente. El perro se paso de largo y no obstante que la puerta del sindicato estaba cerrada lo ví desaparecer.

Tremendamente asustado ante la visión del enorme perro que, me amenazaba me dí, la vuelta de inmediato para donde había visto a la lavandera, pero esa visión, también ya había desaparecido. No dejo de sobrecogerme de terror, al ver que la
dama había desaparecido. Pues no era posible que entrara con el portón cerrado.

 

EL AGUACATE DEL AHORCADO.

Autor: DON GABRIEL ROBLEDO LUNA (QPD)


Al bajar del Puente de las maravillas que baja de "La orilla de agua" entra uno a ese callejoncito que, viene a entroncar con la calle que desemboca sobre una casa que ostenta una enorme barda de piedra, a las que las gentes que hemos vivido por ese rumbo conocíamos como "La pila de los Nolascos", cuyo nombre oficial es  Coronel Rodríguez. Al bajar el puente, como a unos veinte pasos había un frondoso aguacate, el que poco a poco se fue secando hasta quedar con todo su ramaje sin hojas.

La chiquillería de esos barrios de ese puente y el callejoncito, era nuestra pasada obligada hacia la escuela, por lo que en la mañana pasábamos por ese lugar.

Justo Montero, un muchacho del barrio que siempre me esperaba a la salida de la escuela para venirnos juntos hasta el barrio, una de las veces, que lo dejaron castigaron y entonces yo tuve que esperarlo, saliendo cuando ya casi había oscurecido, más de prisa nos venimos para nuestra casa pero, al llegar a la plaza Justo me dijo, ahora nos vamos por "El Caracol", no quiero que pasemos por el aguacate que está a la bajada del puente, porque la otra noche que veníamos de una función de títeres, en el Teatro Juárez al pasar frente a dicho aguacate, de la rama grande que se extiende hasta medio callejón,
vimos el cuerpo de un hombre colgado, que movía insistentemente las piernas y lanzaba horribles lamentos, como que quería decir algunas palabras que nadie le pudo entender.

Y que me sigue diciendo Justo ni mis amigos ni yo pudimos con la curiosidad, pues a pesar del miedo estuvimos por breves instantes, observando el cuerpo de ese infeliz que ya agonizaba.

Yo nunca había visto nada por ese callejón, me quede altamente impresionado y cuando llegue a mi casa le conté a mi padre lo que me había contado Justo y él me dijo efectivamente, a través de los años han sido muchas las gentes que han contemplado esa horrible visión.

Platicando en una ocasión con un vecino de nombre Francisco Juárez, le conté lo que me había dicho sobre la aparición del ahorcado que colgaba del aguacate del callejón y me dijo que sí era cierto, qué él y otros amigos ya habían visto varias veces, y me dijo: a ese señor ahorcado yo lo conocí y hasta fuimos amigos, era un señor ya de edad, de oficio herrero de nombre Don Martín, quien tenía su esposa, de nombre Hortensia y una hija jovencita muy agraciada de nombre Guadalupe a quien llamábamos Lupita, ese señor con su familia vivía en esa casa que está en la esquina al terminar el callejón que entronca con la calle Rodríguez, él tenía rentada la casa y la huerta y en un portal que daba a dicha huerta tenía instalado un taller de fragua, donde él trabajaba diariamente.

Por esos años, me sigue platicando el señor Juárez estábamos, en plena revolución y un día llegaron a Parras, según decían en esos días un contingente no menor de veinte mil hombres que iban a rescatar la plaza de Torreón que hacía poco había sido tomada por el Centauro del Norte, General Francisco Villa.

Con ese motivo por esos días Parras estuvo totalmente invadido por dichas tropas Federales y desde luego nuestro amigo don Martín tuvo mucho trabajo en su herrería, pues eran miles de caballos, de los cuales muchos necesitaban herraduras y don Martín le hacía ese trabajo al igual que todos los herreros del pueblo.

Una de esas ocasiones llegó un oficial joven que ostentaba el grado de Capitán, quien personalmente traía su caballo para que lo  mejor posible le arreglaran las herraduras, por loa que ahí se estuvo en el taller mientras don Martín le hacía el trabajo.

Lupita y la mamá que casi a diario invadían el taller  de don Martín, pero ese día Lupita salió al patio frente al taller a fin de llevar un poco de agua de la noria que se encontraba por esos lugares.

El Capitán vió a Lupita y se quedó maravillado de su belleza y se enamoró de la muchacha, con quien trató de entablar platica, pero ella se negó rotundamente pues así se lo tenía prohibido su padre,  sin embargo el Capitán no resistió la tentación de hablar con Lupita y le suplicó a don Martín que en calidad de novios le permitiera tratar a Lupita, con la inteligencia de que él sabría respetarla debidamente.

En esa forma empezó un romance entre dichos jóvenes quienes a diario platicaban siempre dentro de la casa por allí en alguna sombra de la huerta o en las noches en la ventana de la casa.

Pero sucede que uno de esos días se recibió la orden de partir al siguiente día por la mañana con rumbo a Torreón por lo que el oficial se llegó hasta la casa de su novia, acompañado de una escolta de seis soldados de su Regimiento, para decirle a don Martín que salían otro día a Torreón y que él quería llevarse a Lupita en la inteligencia que llegando a Torreón se casaría con ella.

Desde luego la negativa de don Martín  fue absoluta, pues lo dijo no señor, mí hija es una muchacha honrada y de su casa sale solamente cuando se haya casado. El Capitán suplicaba y ofrecía casarse de inmediato en Torreón con Lupita pero ante la negativa de don Martín el capitán entró a la recamara de Lupita y pretendió sacarla a fuerza.

Don Martín era un hombre fuerte, logró dominar al Capitán arrojándolo fuera de la casa y cerrando tanto la puerta como la ventana. Entonces ordenó tanto a su esposa como a Lupita que se pusieran a salvo saliendo por la huerta que fuesen a refugiarse con unos parientes que vivían en el ojo de agua que él mientras haría frente al Capitán si acaso volvía con la misma necedad.

Don Martín sacó de una de sus petacas una carabina 30-30 que tenía  y se preparó a vender cara su vida.

 El Capitán se repuso de la golpiza recibida y entonces organizó a los soldados que lo acompañaban y ante la negativa de don Martín de no abrir la puerta, la echaron abajo pero al querer entrar  fueron recibidos a balazos por don Martín quien abatió a dos de los soldados  de la escolta, quienes verdaderamente asustados se retiraron y desde la huerta contigua estuvieron contestando el fuego. El Capitán ya verdaderamente encolerizado, fue al cuartel y trajo una fuerte escolta pues creían que don Martín lo habían reforzado algunas gentes, entablándose un terrible tiroteo el que duró hasta que a don Martín se le acabó el poco parque que tenía, no sin antes abatir otros dos soldados que intentaron entrar en su casa. Al suspender el fuego los soldados se abalanzaron por la puerta en tanto que don Martín trataba de ganar huerta para salvarse, lo que no logró, pues antes de llegar a la pared que da a la calle, fue alcanzado por los soldados quienes al acogerlo preso lo golpearon brutalmente.

Habiéndose escuchado en el cuartel lo nutrido del fuego entre los soldados y don Martín, se presentó personalmente el General en jefe  a quien se le informó ampliamente  de estos hechos y se le entregó al prisionero, quien ordenó que para ejemplo de los demás fuese colgado de inmediato.

No encontrando lugar más apropiado para ejecutar a aquel infeliz que había luchado para salvar el honor de su familia, divisaron el aguacate que estaba al bajar el puente, hasta allí arrastraron a don Martín colgándolo de una de las ramas que daban hasta en medio del callejón, donde dejaron el cuerpo balanceándose.

Otro día la tropa salió con rumbo a Torreón y entonces el vecindario pudo rescatar el cadáver de don Martín a quien dieron cristiana sepultura.

En esta forma me dice Pancho Juárez fue como sucedieron los hechos donde un hombre valiente, un padre abnegado, prefirió perder la vida antes de manchar el honor de su familia.

Pocos años después ya seco el aguacate fue derribado pero quedó viva la leyenda que el vulgo bautizó como "EL AGUACATE DEL AHORCADO".    

  

 

 

ECOS DE UNA BATALLA SE ESCUCHAN EN EL PORTEZUELO.

 

Era Don Juan Barrios, un vecino de la ciudad de Saltillo y cuando llegó a esta ciudad de Parras, con el propósito de poner a disposición del publico de esta ciudad, diferentes medios de transporte urbano, principalmente, coches de caballos como los que se usaban aquí en Parras.

Una de tantas ocasiones eran como las once de la noche, cuando llegó Don Juan Barrios a pedirme que lo acompañara a dejar un pasaje a San Lorenzo.

En aquellos tiempos no había carretera y el camino a San Lorenzo se hacia, tomando la calle de Mina que siguiéndola en línea recta, va a pasar frente, al panteón de San José y siguiendo un camino carretero, pasa frente al barrio de Camiseta y siguiendo dicho camino, llegaba hasta un lugar que era el paso, obligado para llegar a San Lorenzo, una pasada estrecha, abierta en plena roca y difícil de transitar.

El lugar al que nos referimos aun existe y se llama el Portezuelo para pasarlo, teníamos que bajarnos del coche y Don Juan se quedó, maniobrando a los caballos, nosotros estábamos bastante lejos y desde esa distancia vimos, a Don Juan que corría hasta nosotros y entonces nos dice, que si no oímos nada y le respondimos que no, Don Juan nos dice acabo de darme, cuenta porque razón los caballos se niegan a pasar, pues en cuanto pisa uno el lado opuesto del Portezuelo, se escucha una algarabía terrible de ruidos de lucha, carreras de caballos, maldiciones y truenos como de disparos de fusil y fuertes estampidos como dicen que truenan los cañones en las grandes batallas.

Seguimos a Don Juan y efectivamente en cuanto pasaba uno el Portezuelo, se fue escuchando un ruido formidable, ensordecedor. Durante quince minutos mas o menos estuvimos oyendo esos ruidos sin ver a ninguna persona y de momento ceso todo ese ruido y el lugar quedo en silencio.

 

 

EL CABALLERO NEGRO DEL ASILO DEL NIÑO JESÚS.

Autor: Don Gabriel Robledo Luna. (QPD)

Todavía por los años veinte, en la casa que se levanta frente a la explanada que existe enseguida del Hotel Walter hoy asiento de las oficinas de la Comisión Federal de Electricidad, en la parte superior de los muros de dicha casa había un letrero de color negro que decía "Asilo del niño Jesús".

Por esos años había dejado de funcionar dicho asilo y la casa y huerta habían pasado a propiedad de los Sres. Aguirre, quienes rentaban dichas instalaciones para casa habitación. Por esos años llego a la ciudad un súbdito inglés, que se instalo en dicha casa, y a quien toda la gente conocía como Mr. Clarck.

Desde su llegada Mr. Clarck, hizo amistad con las familias de alta sociedad Parrense y decían que era un virtuoso del piano.

Mr. Clarck, desde que llego a Parras, rentó todas las instalaciones del antiguo Asilo del niño Jesús, en donde vivía en compañía solamente de una sirvienta, una solterona de nombre Margarita y un mozo que era un joven de nombre, José Luís.

Una de esas noches en que habíamos quedado de esperar a José Luís en el callejón, para que nos acompañara a una boda a la que estábamos invitados, estuvimos mucho tiempo a que brincara por la pared, pero viendo que no salía nosotros nos fuimos a la fiesta y no nos volvimos a acordar de él. Pero sucede que habiéndoles preguntado a otros amigos si lo habían visto, también nos dijeron que hacía  días que no lo veían y creían que esos días había andado con nosotros.

Pero una de tantas noches en que el grupo de amigos nos encontrábamos en la Plaza Hidalgo llegó, José Luís hasta nosotros quien traía un aspecto de enfermo y cuando le dijimos que si iba con nosotros al baile al que asistiríamos aquella noche, nos dijo que no iba arreglado y en segunda se sentía bastante débil, pues ya tenía una semana en cama. Entonces todos con gran interés le preguntamos que le había pasado y empieza diciéndonos, que en el cuarto donde él dormía a un lado de la recamara de Mr. Clarck que estaba frente a la huerta había una banqueta que llegaba hasta un cuarto abandonado que estaba a la orilla de la huerta, que cada día  ya después de la media noche escuchaba los pasos de una persona, que paseaba por dicha banqueta escuchando hasta el ruido del bastón, al pegar sobre la banqueta.

Nos sigue diciendo José Luís que el pensaba que era su patrón, que salía a caminar por la banqueta y que mas se convenció cuando una noche se asomó y vió a una persona vestida igual que su amo Mr. Clarck pero pensó que esa noche había llegado temprano y para hacer sueño se había puesto a pasear por la banqueta de la casa.

Pero una noche de la semana pasada en que empecé a oír el ruido de los pasos y del bastón al pegar sobre la banqueta, no resistió la tentación de saber de quien se trataba, y por la puerta de su cuarto que da a la banqueta salió a fin de ver si en verdad se trataba de su amo que como nos decía nunca llegaba antes de las dos o tres de la madrugada, armado de valor, nos dice José Luís y empuñando la pistola que me había dado mí patrón para usarla en caso de una emergencia,

 Me coloque al final de la banqueta a la entrada del cuarto abandonado mientras el desconocido estaba en el otro extremo de la banqueta. Amartille la pistola cuando el desconocido iniciaba ya la vuelta en esta dirección pero al llegar frente a mi me di cuenta de que no era mi patrón, pues frente a mi tenia a un espectro horrible, con una cara desencarnada que arrojaba lumbre por los ojos y por la boca, no obstante que yo estaba obstruyendo el paso, no supe ni como pero lo ví entrar al cuarto abandonado todavía en momentos a pesar de la horrible visón contemplada entré al cuatro a buscar el espectro, pero este había desaparecido y en cambio oí una voz cavernosa de un acento que parecía ser el resultado de un eco profundo que me dijo: "Acércate que aquí está el tesoro" al oír esa voz, la sangre se me heló en las venas y ya no supe de mí.

Como Mr. Clarck al llegar entraba directamente a su cuarto y como no sabía que yo estaba vigilando, él entraba y se acostaba tranquilamente sin hacer ninguna inspección de la casa, a eso se debió que nadie se dió cuenta que yo estaba desmayado a la entrada del cuarto abandonado. Ya salido el sol desperté con un terrible dolor de cabeza y una enorme debilidad de cuerpo, al grado que apenas tuve fuerzas para llegar a mí cama acostándome en ella, perdiendo nuevamente el sentido. Fue Margarita la sirvienta de la casa quien intrigada de no haberme visto en mis labores cotidianas de regar las plantas del jardín y barrer y regar todo el frente de la casa y de no haberme presentado almorzar como lo hacía diariamente, fue a buscarme a mí cuarto donde me encontró como dormido haciendo esfuerzos por despertarme, lo que al fin logró, pero de inmediato

El joven platicó sobre lo sucedido y muchas personas se lo confirmaron, pero le dijeron que el hombre que se aparecía donde el se paraba, había un tesoro pero que nunca lo habían encontrado y que esa misteriosa , aparición se sigue manifestando.

Pasaron varios meses y no volvimos a ver a José Luís, fuimos a buscarlo varias veces a la casa de Mr. Clarck y nadie salía parecía que la casa estaba abandonada.

Al fin un domingo estando varios amigos reunidos en la plaza vimos a José Luís que venía a reunirse con nosotros y entonces con gran interés le preguntamos que le había pasado.

Entonces José Luís nos contó que habían pasado varios días, cuando volvieron los mismos señores a reunirse con Mr. Clarck y de la misma manera estuvieron hablando largamente, saliendo a hacer una inspección por la huerta y se retiraron.

A la mañana siguiente nos llamó Mr. Clarck a al sirvienta y a mí y nos dijo: pues miren ustedes, yo tengo que salir posiblemente y desde luego no necesitaré de sus servicios, en cuanto regrese yo los mando llamar, pagándonos por adelantado dos semanas de trabajo.

Exactamente a a las dos semanas fué un señor y nos dijo que Mr. Clarck ya había regresado de su viaje que nos esperaba en la casa, donde acudimos desde luego siguiendo el desempeño de nuestras tareas, pero ya solamente por dos semanas, pues una noche Mr. Clarck nos llamó y nos dijo que estaba muy agradecido por la forma en que le habíamos servido, pero que él tenía que retirarse a su patria Inglaterra pues había recibido noticias de que su hermano mayor se encontraba gravemente enfermo esperándose de un momento a otro un desenlace funesto, por lo que él quería estar a su lado y que por tal motivo nos daba las gracias por la forma tan eficaz como le habíamos servido y dijo además que nos iba a regalar una cantidad de dinero para nuestras necesidades más urgentes mientras conseguíamos un nuevo trabajo y de mis ahorros les regalo estas moneditas de oro para que las guarden como un recuerdo de su patrón Mr. Clarck.

A tí José Luís te voy hacer un encargo especial, mira tengo pagada la renta hasta fin de mes, así que te voy a dejar la llave para que el lunes vengas y hagas un aseo general, des una buena regada a las plantas y cuando hayas terminado este trabajo vas a la casa de los señores Aguirre y les entregas las llaves, por este trabajo especial te voy a pagar esto y me dió otras varias moneditas de oro.

Margarita y yo nos retiramos haciendo comentarios de la inusitada largueza de nuestro patrón, pues siempre era muy exigente con las cuentas de los mandados que nos encargaba.

El siguiente lunes por la mañana fuí a la casa a cumplir con las ordenes del patrón y la encontré completamente sola sin nada de lo que teníamos en uso,  solamente escobas y tinas seguían en su lugar. Ese día hice una limpieza general de la casa antes de retirarme con miedo y todo, fuí hasta el cuarto abandonado de la casa donde había visto desaparecer el moustro y cual no sería mí sorpresa encontré todo el piso que era de loza, levantado con un enorme pozo abierto en el suelo y en el centro se notaba perfectamente el hueco que habían dejado al sacarlo, un recipiente de forma redonda. Recordando las palabras del moustro "Acércate, que aquí está el tesoro". de inmediato me convencí que Mr. Clarck ayudado por aquellos señores que lo venían a visitar sacaron el dinero, lo que quedó en en el más completo misterio, pues Mr. Clarck ní a sus más cercanas amistades, les avisó de su ida a Inglaterra, cosa que solamente yo supe y de esa manera, con la sacada del tesoro terminó la paseada del Caballero Negro de Asilo del niño Jesús, nos dice José Luís derrotado que con mí susto puse en manos de mí patrón, que se fué a su patria a disfrutar de la gran fortuna que sin ningún trabajo encontró en Parras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL BRAMAR DE LA SIERRA.

Gigantesca, majestuosa, la Sierra de Parras se yergue imperturbable al paso del tiempo, como un colosal paréntesis azul verde.

Testigo semicircundante de todas las generaciones que han habitado este suelo. Protectora muralla natural que nace allá donde el viento agita las arenosas dunas del desierto..... Fresca, Fuerte, Vigorosa, con crestas que asemejan cascos de guerreros legendarios, brillantes y relucientes apuntando al filo del amanecer hacia el infinito azul.

Guerreros de petos petrificados, inmóviles y poderosos que ostentan colores de guerra pintados por magníficos crepúsculos, que te elevan en hombros cuando trepas o yaces en sus cimas o sus faldas en las oscuras, límpidas y hermosas noches de verano y crees que extender la mano basta para desprender las estrellas de tan cerca que parecen estar y que cuelgan como dorados granos de uva.

Ha estado ahí a lo largo de millones de años, cual centinela que vela el sueño al que seguros nos abandonamos. Cancerbero que de vez en vez deja escapar de la profundidad de su pecho un ronco bramido como para recordarnos que está viva.

Desde hace muchísimos años, ha corrido el relato de que cuando la quietud y el silencio de la noche se cierne sobre la apacible ciudad, éstos son rotos con un rumor creciente que parece brotar de lo más profundo de la sierra. El bramido ronco es algo incomprensible que se agita embravecido en sus entrañas , como aprisionado.

Luego de algunos segundos, el estertor pierde su intensidad, desvaneciéndose en la oscuridad y el silencio y la tranquilidad vuelve al valle.

Cuenta la antiquísima leyenda sobre este suceso, de que el bramido proviene de un brazo de mar que corre interiormente a lo largo de nuestra sierra, golpeando la corriente las cavernas subterráneas cuando  suben las mareas o se incrementa el caudal de los ríos. Y que la enorme montaña que nos resguarda será reventada por la fuerza del torrente que bulle en su seno, arrasando y dejando sepultado bajo las aguas este bello lugar.

Los viajeros y peregrinos que pasen a lo lejos recordarán y exclamarán: "Aquí existía un hermoso lugar llamado Parras".

Muchos de los habitantes de esta tierra, han tenido la oportunidad de escuchar el bramar de la sierra en el silencio de la noche, no dejando de sorprenderse, impresionarse e incluso atemorizarse ante tan extraño echo.

La montaña eleva su voz en la quietud y silencio y nos recuerda que esta viva.

Que vibren los caminos en la Cuesta de la Lima y la del Cura, los senderos de las Siete Vueltas y de La Leona.

Que el paraje de Carreras de Chacón, siga luciendo impresionante.

Que los cañones que sobrevuelan el aguilucho y el halcón tengan paredes de piedras laja multicolores.

Que donde crece el gatuño, la lechuguilla, el madroño, el cacto, el oyamel, el pino, el sotol, se guarezcan la cascabel y los depredadores.

Que el gruñido del oso y el gato montés, el aullar del coyote, el chillido de la lechuza y el canto del búho es su propia voz.

Que la paz de su semblante luzca en las cobrizas alas de faisán, en el candor de la codorniz y en la nobleza y gallardía del venado que pace en los pastizales.

Que las riquezas del tesoro de Chacón sigan ocultas en algún lugar inaccesible y protegidas con la magia de un conjuro.

Que se acreciente su voz y se agigante, porque la centinela azul que nos protege nos pide protección también en su bramido.

 

 

EL TESORO DE DOÑA TRANQUILINA DE LEÓN.

Autor: Don Gabriel Robledo Luna.

La calle y terreno donde ahora se levanta el edificio del Sindicato de Obreros Progresistas de "La Estrella" allá por los años 14,18, 20 de este siglo, dicho terreno estaba ocupado por una casa de grandes dimensiones, que era la residencia del señor Don Daniel de León, cuya residencia personal, era la casa que por muchos años ocupó la Presidencia Municipal desde el 1 de Enero de 1927, fecha en la que tomó posesión como Presidente Municipal el señor Don Alfonso Mendoza un día antes de que estallara en Parras el movimiento Cristero de 1927.

En esa casa donde se levantaba como decimos ahora el asiento del Sindicato "La Estrella", vivía un respetable caballero, don Daniel de León, en compañía de su esposa una señora a quien solo conocíamos por Doña Angelita. En la siguiente casa que hoy ocupa la familia de nuestro estimado amigo recientemente fallecido, don Eugenio González, allí vivía con su familia el único hijo de Don Daniel de León, de nombre Higinio de León, que en unión de su padre se dedicaba a cuidar y levantar las cosechas de las innumerables huertas y propiedades de doña Tranquilina.

Todos los chicos del los barrios circunvecinos conocíamos la enorme casa de los de León pues en tiempos de cosecha doña Angelita nos ocupaba a pizcar la gran cantidad manzana y perón que cosechaba sobretodo en una hermosa huerta que ocupaba todo el terreno inclusive la calle de donde ahora se levanta el edificio de la Escuela Técnico Industrial, el Club de Empleados, ya desaparecidos y la Escuela Secundaria Federal "Presidente Madero", como en esa huerta y la contigua al Sindicato al lado poniente que era también de su propiedad había un gran patio de vides, la cosecha de uva de doña Angelita la encargaba a varias muchachas también vecinas que se encargaban de cortarla, y ya en la casa la limpiaban y empacaban para mandarla fuera de Parras.

Para pizcar la manzana y el perón, doña Angelita nos hacia que trajésemos de nuestras casas una canasta, la que íbamos llenando de manzanas o perones según lo que se nos ordenaba pizcar y al llenarla veníamos a vaciarla sobre el piso de la enorme bodega, la que después usó el Sindicato como su primer Auditorio.

Doña angelita no nos pagaba con dinero nuestro trabajo de la pizca solo que al terminar nuestro trabajo nos llenaba nuestra canasta de manzanas, las que vendíamos en alguna tienda o casa a cambio de lo cual cuando mucho nos pagaban UN PESO.

Era don Manuelito un viejecito muy amable y muy platicador el velador de la casa de don Daniel de León y después de terminar nuestro trabajo nos quedábamos platicando con don Manuelito, quien nos contaba de tesoros y aparecidos que según nos decía él había visto en distintas huertas y casas ruinosas de nuestra ciudad.

Aunque don Manuelito tenía su casa con una pequeña huerta que le había regalado doña Tranquilina que era su patrona, sin embargo allí en una enorme esquina de la enorme casona de los De León, tenía un cuarto perfectamente bien arreglado que le servía de dormitorio y desde el cual vigilaba toda la noche toda la casa a su cuidado.

Una tarde estaba Manuelito muy platicador y a varios chicos que lo acompañábamos esa tarde nos invitó para que conociéramos las Bodegas de Vinos de la familia de León, llevándonos hasta donde se encontraban los grandes toneles y  las pilas de fermentación, explicándonos para que era cada cosa de las que allí se encontraban.

Un día de esos en que íbamos a trabajar en la precolección de la manzana y el perón, entramos y la casa estaba sola, nos fuimos hasta el cuarto de don Manuelito y lo encontramos muy cambiado y arreglado, cosa que nos llamó la atención, preguntándole de inmediato que había pasado porqué todo estaba tan solo y tan abandonado.

Entonces don Manuelito enjugándose las lágrimas que brotaban de sus ojos nos dice: Saben muchachos, que ahora en la madrugada falleció mí querida patrona doña Tranquilina de León. Ahora no se trabajará en ninguna de las huertas y bodegas de su propiedad y nos vamos a juntar todos los trabajadores para acompañarla en su casa y después acompañar el cadáver hasta el panteón de  San Antonio donde será sepultada, al lado de su esposo don Ascensión.

Esperamos que don manuelito se acabara de arreglar y salimos a la calle que hoy se llama Martín Torres, allí nos despedimos, pues él se fué a la casa de su patrona, a fin de estar presente en el velorio después en el entierro.

Pasados algunos días, las actividades en la casa de los De León, se reanudaron como de costumbre y desde luego don Manuelito siguió, desempeñando sus labores como velador de toda esa enorme propiedad.

Pocos años después de fallecida doña Tranquilina, falleció don Daniel de león y casi enseguida murió doña Angelita.

Habiendo muerto intestada doña Tranquilina de León, propietaria de todos esos bienes que poseía, no solo en Parras, sino en distintas ciudades del país, pues decían que era de las socias principales de la compañía tranviaria de Torreón, así como de las fundidoras de fierro  y acero de Monterrey y de la Empresa Minera del Cerro del Mercado en la ciudad de Durango.

Ante esta situación se dice que fué el Lic. General don Adrián Aguirre Benavides quien denunció dicho intestado y sostuvo una cruenta lucha judicial con sus herederos, situación que no se resolvió hasta después de la muerte de don Daniel de León, habiéndose repartido los bienes, por sentencia judicial entre el denunciante del intestado y el Gobierno Federal, así fué como el señor Gobernador don Manuel Pérez Treviño vendió la casa, residencia de don Daniel al Sindicato de "La Estrella" y otra de las propiedades.

Otro sobrino de doña Tranquilina, don Higinio de León, que vivía con su familia en la casa que como decimos ahora residencia de los herederos de don Eugenio González, habiéndose trasladado a la Villa de Viesca donde poseía unas "Salinas" de cuyo producto siguieron viviendo por varios años.

De cuando en cuando seguíamos platicando con do Manuelito, quien ya bastante entrado en años seguía viviendo en la casita contigua al Sindicato, la que no le pudieron quitar, pues su patrona doña Tranquilina se la había entregado con las escrituras debidamente requisitadas.

En una de tantas ocasiones don Manuelito nos platicó a varios que en una de las piezas de esa casa ahora propiedad del Sindicato había enterrada una gran cantidad de dinero en monedas de oro y hasta esa fecha no sabía que nadie las hubiese sacado, pues uno de los directivos del Sindicato le había platicado que una noche en que se quedó hasta media noche a terminar una lista que tenía que entregar sin falta al otro día, no obstante que solo en la pieza donde él estaba trabajando había luz encendida y todo el edificio a obscuras, al salir de la pieza donde estaba trabajando vió que en una pieza cercana había luz, pensando de momento que a lo mejor otro compañero se había quedado a también a trabajar y él no se había dado cuenta. Para cerciorarme me dice el obrero, me dirigí a dicha pieza y cuando quise entrar me encontré con que la puerta estaba cerrada con candado por fuera, por lo que bastante intrigado me asomé por una ventana que daba al patio y ví perfectamente que dentro estaba una señora elegantemente vestida, quien se paseaba de un lado a otro de la pieza, lo cual me llenó de miedo y de inmediato me fuí al zaguán y abandoné la casa, presa de un miedo atroz.

Por esto que me contó este obrero yo creo, dice don Manuelito que está sepultado allí ese tesoro.

Miren muchachos esto que les voy a contar a ustedes ya se los conté a algunos directivos del Sindicato con la esperanza que me hicieran caso y buscaran la forma de desenterrar ese dinero..

Hace muchos años, todavía estaba no precisamente joven, pero todavía bastante fuerte y habiendo conquistado con mí trabajo la completa confianza de mí patrona doña Tranquilina de León, un día me llamó allá a la residencia en la calle Real, como llamábamos antes a la calle de Ramos Arizpe, me hizo pasar a su despacho y ya solos los dos me dijo: Tú eres el trabajador de más confianza que hay a mí servicio y por ello te voy a encargar algo que necesito que quede en el más profundo secreto, pues sí esto se llegará a saber echaría por tierra los planes que yo tengo para el porvenir de mí familia.

Mire Manuel me dice doña Tranquilina, en la pieza que sirve de sala de la casa de mí sobrino Daniel y de Angelita, se va a levantar el piso de ladrillo que tiene pues quiero que se le ponga piso de piedra, cubriéndolo con unas lozas negras que acabo de comprar. Los albañiles se encargarán de levantar el piso y cuando ya esté libre de todo tú vas a hacer en el centro de la pieza un hoyo, donde quepan dos costales que tengo aquí  en mí oficina y que serán llevados a aquella casa en el momento en que tú ya hayas terminado el pozo que te indico, de seta maniobra sigue diciendo doña Tranquilina, nada más tú y yo sabremos, pues se trata de sepultar allí en la sala  una cantidad de dinero para tenerla en un lugar seguro y para que nadie sepa lo que los costales tienen adentro, buscaré la forma de trasladarlos a aquella casa revueltos el dinero con trigo y maíz para después separarlo allá antes de enterrarlo.

Así fué dice don Manuelito como a los pocos días llegaron unos albañiles a la casa y se pusieron a levantar el piso de ladrillo dejando al descubierto la tierra del piso, cuando acabaron los albañiles mí patrona les dijo que le dejaran de momento que ella les hablaría en cuanto llegaran las lozas que ella quería poner en el piso.

Fué así que aprovechando la noche, en el que todo estaba quieto, empecé a escarbar en el piso de la sala y a la vuelta de ocho noches consecutivas logré abrir un pozo en el que según mí patrona cabrían los dos costales que ella quería enterrar en ese sitio.

Una noche en que don Daniel y doña Angelita tuvieron que viajar a Monterrey, vino mí patrona a la casa y me enseñó los dos costales que quería enterrar en la sala, entonces en presencia de mí patrona tapé muy bien el pozo al grado que no se notaba que se hubiese removido el piso, sacando al patio la tierra que había sobrado.

Terminado el trabajo, dice don Manuelito, mí patrona me regaló varias monedas como estas y nos enseñó un centenario de oro, monedas que yo guardaba para dejárselas a mis hijos.

Mira Manuel dice mí patrona, esa casita que está enseguida de la casa grande, también es de mí propiedad, desde ahora es tuya para que nadie trate de quitártela, voy a ordenar a mí abogado que haga las escrituras y que las requisite debidamente.

En la forma que pude dí las gracias a mí patrona, prometiéndole nuevamente que yo sabría guardar debidamente el secreto que me confiaba.

Entonces nosotros le decíamos a don Manuelito: y porqué usted no busca quién lo ayude a sacar ese tesoro, a lo que él dice:

Yo ya estoy viejo, además la casa ya es una propiedad particular y deben ser sus dueños los que hagan esa maniobra, por eso como les dije yo ya les revelé el secreto a algunos Directivos del Sindicato porque tengo la esperanza que sí sacan el dinero no se olvidarán de mí y en alguna forma me han de ayudar.

Poco tiempo después de esta platica falleció don Manuelito hasta estos momentos no tenemos conocimiento que se haya desenterrado ese fabuloso tesoro que dió en llamarse  "EL TESORO DE DOÑA TRANQUILINA DE LEÓN".

 

 

" EL MISTERIO DEL BAÑO BLANCO "

Autor: Don Gabriel Robledo Luna (QPD)

Todos los que vivimos por el rumbo de "La orilla de Agua" y que en muchas ocasiones nuestro paso obligado era precisamente por esos lugares, siempre estuvimos oyendo platicas sobre el caso misterioso del "Baño Blanco" un pequeño cuartito que se levanta a la orilla de una huerta que exactamente frente a donde ahora se encuentran las instalaciones de Agua Potable, un cuarto abandonado a la orilla de la acequia y del que se decía que muy a menudo infinidad de personas que paseaban por ese sitio veían una pequeña luz, la que provenía de una enorme vela que se veía encendida en el centro de dicho cuarto, pero la sola existencia de esa vela llenaba de pavor a los que la veían y no se atrevían a entrar a ese misteriosos cuartito.

Yo tenía un primo que era mayor de edad, unos dos o tres años mayor que yo, pero que era bastante arriesgado sobre cuando de aparecidos se trataba manifestando siempre que él ya había demostrado en varias ocasiones que esas leyendas de aparecidos eran puros cuentos para asustar a los que de ellos creían.

Una noche que regresábamos del Teatro Juárez, un Domingo por la noche después de presenciar los más escalofriantes episodios, de la serie que se exhibió ese fin de semana, todavía de películas mudas y que se titulaba " LAS CALAVERAS DEL TERROR", yo venía algo impresionado, no así mismo mí primo Luís que se reía del miedo que yo tenía después de haber presenciado las escenas de tan escalofriante serie.

Después de pasar el "Puente de los Castillos" , tomamos la orilla de agua para llegar a nuestra casa, él a la suya que quedaba enfrente del cerro y yo a la mía que quedaba abajo, también frente al cerro que llamamos "La Secación" y al pasar frente a cuartito del baño blanco, vimos una luz que estaba encendida dentro del cuarto y desde la orilla de la acequia, se veía una enorme vela que estaba en el centro del cuarto.

Yo en verdad me asuste y le dije a mí primo que nos fuéramos cuanto antes, contestándome mí primo que sí yo tenía miedo que me fuera que él iba a ver que era lo que había dentro del cuarto. Yo ví a mí primo tan decidido que ya no le dije nada y más que de prisa me fuí para mí casa donde le conté a mí madre que mí primo Luís se había quedado frente al baño blanco y que me había dicho que él iba a entrar.

Ya en mí casa todos dormían solo mí madre me esperaba por lo que habiendo llegado nos acostamos a dormir hasta el día siguiente en que a muy temprana hora ya estaba mí tía Josefa, madre de Luís, quien estaba informando a mí madre que la noche anterior, como a las 2 de la mañana, unos amigos habían llevado a Luís a la casa, desmayado diciendo que lo habían encontrado sin sentido a la orilla de la acequia frente al baño blanco.

La mamá de Luís platico que se hizo necesario llamar al doctor quien lo atendió quedándose hasta que mí primo recobrara el conocimiento y preguntarle que le había pasado, todavía casi sin poder hablar le platicó que queriendo cerciorarse de lo que platicaba la gente de lo que se veía dentro del baño blanco cuando aparecía esa luz prendida, él brincó la acequia y entró en el cuartito, que en un lado junto a la pared, vió una mujer vestida elegantemente que tenía en sus brazos el cuerpo de un hombre vestido de guerrillero de los que aparecen en en los magazines, diciendo mí primo Luís que la mujer sollozaba tristemente, pero que a los pocos momentos levantó la cara dejando ver sus rostro que rea un verdadero esqueleto y de los ojos dejaba escapar enormes lengüetas de fuego. Mí primo Luís le sigue platicando que al ver esa horrible visión le entró un pánico terrible y que pretendió salir y huir para su casa, pero que él no supo como pero lo cierto es que apenas alcanzó a salir y perdió el conocimiento y ya no supo más hasta esos momentos en que despertaba ya en su casa.

El doctor le dijo, no se asuste joven, pues no es usted el primero que contempla esa horrible visón, pues no hace mucho tiempo atendí también a un vecino de estos rumbos, quien alcanzó a brincar la acequia pero quedó tendido en medio de la calle y me contó lo mismo que usted.

Mí primo y yo conocíamos a un viejecito que era el que cuidaba la huerta donde se encontraba el baño blanco y habiendo sabido lo que que le había pasado a mí primo una tarde que pasamos por allí nos llamó para decirnos: Miren ustedes supe lo que le pasó a este joven al entrar al baño blanco y quiero decirles que yo conozco esa historia, pues siendo muy joven, casi un niño, yo trabajé como mozo con los antiguos dueños de esta huerta la que tenía el frente por la calle de abajo.

En esta casa vivía un matrimonio más o menos rico formado por don Andrés y doña Ernestina, padres de una hermosa joven de nombre María Luisa. Estábamos en plena invasión Francesa estando esta ciudad fuertemente guarnecida por un Batallón de soldados Franceses, así como por un numeroso grupo de soldados "afrancesados" o traidores que servían a los  invasores.

En los alrededores operaban un grupo de soldados mexicanos, que luchaban contra  los invasores y muy seguido atacaban Parras y hubo una ocasión en que lograron derrotar a los franceses  y tuvieron en su poder la plaza por algunos días. En ese tiempo el jefe de los chinacos el Coronel Antonio, conoció a la encantadora  María Luisa de la que se enamoró perdidamente, igual que la joven de él.

Reforzados los franceses volvieron a tomar la plaza los guerrilleros tuvieron que volver a las montañas cercanas a Parras en espera de otra oportunidad para caer nuevamente sobre la ciudad. Pero Antonio y la joven María Luisa no dejaron de verse de cuando en cuando se entrevistaban en el cuartito que está al final de la huerta. habiéndose dado cuenta don Andrés el papá de María Luisa, que prohibió estas entrevistas terminantemente a su hija y que siguiera viéndose con el guerrillero, más como la joven no obedeció, entonces don Andrés puso su queja ante el jefe Político don Máximo Campos, quien puso gran interés a este asunto pues se le presentaba la oportunidad de acabar con uno de los guerrilleros mexicanos más temidos en ese tiempo.

Pasó largo tiempo sin que la joven y el guerrillero tuviesen nuevas entrevistas, pero creyendo ambos que ya habían cesado la vigilancia de los franceses una noche se entrevistaron en el mismo lugar pero de pronto oyeron un tropel y una gritería, eran los soldados franceses y los afrancesados que habían descubierto la presencia del coronel mexicano, los amantes se despidieron y el coronel pretendió salir para enfrentarse a los franceses y a los traidores, pues queriendo salir del cuartito, fue acribillado a balazos quedando tendido con la mitad del cuerpo dentro del cuarto.

La desventurada novia, haciendo grandes esfuerzos levantó el cuerpo de su amado quedándose con el sobre sus rodillas, hasta que exhaló el ultimo aliento.

pocos momentos después llega el padre de la joven don Andrés quien se mostró muy sorprendido de lo que había pasado no obstante que él era quien había mandado avisar a las tropas de la presencia del coronel.

María Luisa estuvo a punto de volverse loca, pues el golpe recibido había sido terrible y casi todas las noches se llegaba hasta el cuartito donde había pasado la tragedia y encendía una enorme vela de cera sentándose frente a ella, derramado abundantes lagrimas, retirándose casi siempre hasta que ya había amanecido.

Al fin María Luisa falleció victima de una desconocida enfermedad, sus padres le dieron cristiana sepultura en uno de los panteones de la ciudad y ellos ya viejos y bastante apenados abandonaron la ciudad no sabiéndose a donde se fueron a vivir después.

Poco tiempo después empezó a circular entre el vecindario el rumor de que en el cuarto que le llamaban el Baño Blanco, aparecía de cuando en cuando una enorme vela encendida, así como de que ya varias gentes habían contemplado la visión de que estuvo a punto de causar la muerte a mí primo Luís, que finalmente después de ser curado de susto, pudo rehacer su vida, sin poder olvidar por toda su existencia la horrible visón del "BAÑO BLANCO".

 

"LA MISTERIOSA CUEVA DEL RANCHO DE LOS YEGUALES"

Autor: Don Gabriel Robledo Luna. (QPD)

Un Domingo del mes de Agosto de fines de aquellos años de 1930, cuando un grupo de amigos nos divertíamos jugando billar en El  Montecarlo, establecimiento propiedad del señor don Eduardo Perales, llegó hasta ese lugar, un joven de aspecto campesino, pero muy bien trajeado con una chamarra de piel, pantalón de casimir negro, estilo charro y una gorra tejana galoneada y zapatos estilo vaquero, de una edad menor de 35 años.

Después de ver jugar varios partidos, pidió que lo dejáramos tomar parte de este juego y como íbamos de compañero , yo con todo gusto le cedí mí taco y me puse a contemplar el juego.

El visitante desconocido se estuvo divirtiendo alegremente con todos nosotros hasta nos obsequió refrescos, lo que aceptamos de muy buena gana pues a esas horas ya se sentía un calor sofocante.

Terminado el partido de billar nos despedimos todos los amigos de allí nos encontrábamos dirigiéndonos cada cual a nuestra casa.

El desconocido y yo nos fuimos juntos, pues íbamos por el mismo camino yo me quedaría en el barrio del Rincón, mientras él seguiría hasta el Ojo de Agua donde estaba hospedado. En el camino fuimos platicando amigablemente diciéndome que él se llamaba Ramiro Menchaca y que actualmente vivía en el rancho Los Yeguales y que estaba encargado de una de las cuevas de "guano" un fertilizante que una empresa sacaba de esa cueva y lo enviaba a Monterrey, que su trabajo era anotar las cargas que diariamente extraían de dicho guano, entregándoselas a los arrieros extendiéndoles las boletas respectivas para que el sábado de cada semana les fueran liquidadas por el pagador de la empresa.

Yo también le dí mí nombre y le enseñé mí casa en  el barrio del Rincón la que puse a sus ordenes, despidiéndonos amigablemente con la promesa de volvernos a ver el siguiente domingo.

En esta forma tanto yo, como todos los de mí grupo nos hicimos amigos de Ramiro quien casi cada quince días venía a Parras, pues se había echo novio de una muchacha muy guapa del barrio de "La Loma de San Isidro" a quien nosotros le habíamos puesto el nombre de "la borrada", por los hermosos ojos borrados que tenía, novia con quien Ramiro platicaba solamente los domingos después de misa mayor, en que todas las muchachas y muchachos nos íbamos a dar la vuelta al mercado Porfirio Díaz como se llamaba todavía en ese tiempo. Nuestro amigo Ramiro era muy obsequioso con nosotros, pues muy seguido nos invitaba a comer o cenar al restaurante del Hotel Parras que entonces era lo mejor que había en Parras y siempre traía mucho dinero, por lo que nosotros pensábamos que era rico, pues no creíamos que le pagaran tanto dinero como empleado de la Empresa Guanera en la que prestaba servicios.

Yo tenía unos amigos de apellido Macias, que eran originarios del rancho Los Yeguales a quienes les describí a mí amigo y les pregunté sí lo conocían, manifestándome que era la primera vez que lo oían nombrar, pero que de todas maneras iban a investigar para comprobar sí efectivamente trabajaba en la Empresa Guanera la que en realidad sí estaba operando en una de las montañas donde se encontraba ese fertilizante que en aquellos tiempos adquirió tanto prestigio y tan alto precio. Pocas semanas después veía a mis amigos  los Macias y ellos me informaron que habían preguntado a los encargados de la empresa sobre un joven de nombre Ramiro Menchaca que se les había informado que trabajaba para dicha empresa, diciéndoles que efectivamente allí había prestado sus servicios ese joven, pero que de la fecha hacía ya varios meses que no asistía  al trabajo ní lo habían visto por ahí. Mis amigos y yo nos seguimos juntando con nuestro amigo Ramiro, pero yo nunca le dije de lo que me había informado mis amigos los Macias y tampoco les conté al resto de mis amigos, una de las veces que andábamos con nuestro amigo Ramiro nos sorprendió diciéndonos que nos invitaba el siguiente domingo a Torreón a ver la corrida en que se presentaban los mejores matadores de toros del momento, Armillita, Lorenzo Garza, mexicanos y El Niño de la Palma un gran torero español, diciéndonos a la vez que él nos invitaba y por lo mismo todos los gastos corría por su cuenta.

Como luego dicen nosotros no nos hicimos del rogar, diciéndole que ya veía que no éramos menos de 6 los que nos reuníamos y que el gasto sería bastante fuerte y nos daba pena que el solo pagase. Entonces él nos dijo ya no discutan más sí están dispuestos a ir, díganme para comprar con tiempo los boletos del tren y ya en Torreón escogeremos un hotel donde pasar la noche del sábado para estar a buena hora y adquirir los boletos de la corrida.

Bueno Ramiro sí estamos de acuerdo en ir contigo a Torreón, en la forma que nos invitaste, pero permítenos avisar a nuestros padres y mañana te resolvemos definitivamente, al cabo ahora es sábado y mañana nos vemos como de costumbre.

Al día siguiente, domingo que nos vimos con Ramiro le dijimos que sí lo acompañábamos y ya nos pusimos de acuerdo en todos los detalles para el viaje.

De esa manera todos los amigos juntos acompañamos a Ramiro y pasamos la noche del sábado y el domingo en medio de gran  alegría pues Ramiro mí amigo estaba tan obsequioso que al entrar a la corrida pagó un habanero como se acostumbraba en esos tiempos lucir como se asistía a la fiesta brava. El tremendo gasto que hizo Ramiro, al llevarnos por su cuenta a la corrida de toros en Torreón, si nos puso a pensar en la riqueza de nuestro amigo. Un domingos fuimos Ramiro y yo a la tanda del Teatro Juárez con unas muchachas y después lo invite a cenar a mí casa. Esa noche teníamos luna llena y Ramiro y yo nos salimos a la calle orilla de agua a admirar el hermoso paisaje que pintaba la luz de la luna llena al reflejarse en las quietas aguas de la acequia que entonces siempre iba llena hasta sus bordes y el hermoso claroscuro que pintaba entre las sombras de los árboles y la plateada luz de la luna que matizaba de reflejos plateados toda la callecita de la orilla de la acequia. Después comentamos de muchas cosas y viendo que Ramiro estaba en esos instantes muy voluntarioso en sus platicas y confidencias le digo. Oye Ramiro, dispénsame, desde luego que me meta en lo que no me importa, platícame de donde sacas tanto dinero, que te permite ser tan generoso con tus amigos, lo cual te agradecemos desde luego. Pues mira Robledo, tú eres la primera persona a quien le platico de estas cosas en la inteligencia que no se lo dirás a nadie.

Esta historia empieza cuando yo llegué hace tres años a los alrededores de ese rancho que se llama Los Yeguales, me dice Ramiro, trabajando con la empresa que empezó a extraer guano de una cueva que se encuentra enclavada a la mitad de la montaña, mí padre es muy amigo de los dueños y me consiguió el trabajo de administrador de Empresa en esta región cuyo trabajo, no ganaba gran cosa, pero sí completaba mí subsistencia y gastos personales, no gastábamos en asistencia pues había un cocinero que nos hacía las tres comidas, pagado por la empresa desde luego.

Construimos una cabaña muy amplia donde dormíamos los ocho o diez trabajadores que diariamente atendíamos, lo relativo a al bajada y empacada del guano, así como su traslado a la primera estación de ferrocarril donde se enviaba a Monterrey.

Un domingo que no pude ir al pueblo, tomé mí rifle calibre 22 y una caja de cartuchos y para matar el tiempo me llevé mí lonche y me fuí de cacería por toda la orilla de la montaña.

Me encontré con una hondonada y empecé a bajarla pensando que allí entre los altos yerbajales, podría encontrase algún conejo o liebre o cualquier otro animal, pues no había visto nada por ahí, ya dentro de la hondonada, al salir de una maraña de hizaches, me encontré frente a la entrada de una cueva a la que me asomé y ví que presentaba una enorme extensión, por lo que temiendo que dentro si hubiese un animal feroz, pues decían que al otro lado de la sierra había osos, seguí sobre el barranco de la hondonada y ya había dejado atrás la puerta de la cueva, cuando dije: lo que es ahora me la juego y voy a ver que hay en esa cueva, con mí cuchillo de campo corté un grueso tronco de mezquite y lo agarré de modo de poder usar como arma ofensiva y defensiva, por sí llegara a salirme un animal feroz.

Me devolví y ya decidido entré a la cueva, estaba sola y solo ratas corría a mí paso, divise con la curiosidad que la cueva daba vuelta y entonces sí ante tanta oscuridad, cogí ramas gruesas que estaban en el piso y con ellas hice a modo de una antorcha y seguí hasta la vuelta de la cueva. Bueno Robledo, me dice Ramiro no lo vas a creer pero desde cerca de mis pies en ese recodo de la cueva hasta donde terminaba la cueva, había una gran cantidad de dinero que llegaba hasta donde terminaba la cueva, yo no me asuste continua mí amigo, pues presa de una verdadera ansiedad recogí todas las monedas que pude, llené la bolsa del lonche, me llene todos los bolsillos y con la antorcha encendida me dirigí hacia la puerta. Pero la puerta había desaparecido y hasta se me heló la sangre cuando escuche una voz cavernosa que decía: "TODO O NADA"

La verdad Robledo, no sabia, que hacer, rodeado de una terrible oscuridad y cerrada la puerta de la cueva, yo pensé, mejor vacié el dinero y me voy, pues esto es cosa del diablo, todo asustado, vacié todo el dinero que había echado a la bolsa del lonche y acabando de vaciar las bolsas de mí guayabera, me invadió una claridad y con inmenso gusto vi abierta la puerta de la cueva y con gran ansiedad me eche a correr y salí, llegando hasta el centro  de la hondonada, en donde con un poco de batalla pude orientarme y a gran prisa tomé el camino por la orilla de la montaña con dirección a nuestro paraje.

Era tal la emoción y ansiedad que me invadía, que no me había dado cuenta que las dos bolsas del pantalón no las había vaciado y las traía llenas de las monedas que había dentro de la cueva. Antes de llegar a nuestro paraje y aprovechando que ya casi estaba oscuro, me detuve ante un barranco, allí hice un hoyo y guardé todas las monedas que traía en las bolsas del pantalón.

Toda la semana estuve inquieto, vigilando mí pequeño tesoro y el sábado le pedí permiso al jefe que venía con el pagador, de faltar lunes y martes al trabajo, lo que me concedió, dejando a uno de los muchachos encargado de mí puesto.

Me vine a Parras ese sábado y al siguiente me fuí a Torreón, llevando conmigo las monedas, me hospedé en el Hotel Casa Blanca y al siguiente día muy temprano tome una moneda que era como esta, enseñándome un peso de aquellos  del principio del siglo por un lado tenía un sol y en la otra cara, un águila y alrededor decía República Mexicana, pesos grandes muy mal hechos y muy mal grabados.

Y me sigue diciendo Ramiro, fuí con un joyero que encontré por allí cerca y le pregunté que en cuanto me compraba ese peso, el joyero lo tomó en sus manos lo estuvo observando y me dijo, este peso es plata pura y lo menos que puedo darte por el son cuando menos Diez Pesos de los de ahora, yo no te la compro por que acabo de comprar plata, estoy sin dinero ya con ese dato me fuí al hotel, recogí las monedas y me fuí directamente al Banco de la Laguna, donde no quisieron darme mas que 8 pesos actuales por cada una de las monedas que llevaba. Acepte lo que me daban, pero les pedí que una parte del dinero me lo dieran en billetes pues no iba yo andar cargando ese dinero que eran más de QUINIENTOS PESOS.

Ya con ese dinero en el bolsillo, me vine a Parras y para el miércoles ya estaba en el paraje, trabajando como de costumbre. Parte de ese dinero lo mandé a mí padre a Monterrey, me compré ropa y todas las cosas que necesitaba de urgencia y termine con el dinero que me había dado el Banco.

Aunque con miedo uno de esos sábados me encamine nuevamente a la cueva, con el propósito de recoger unas cuantas monedas, tantas como las que me cupieran en la bolsa del pantalón y sí no había  ninguna dificultad,  de esa misma manera iba a seguir sacando monedas.

 

 

 

 

 

 

 

La Aparición de San Francisco Xavier

Cuentan las crónicas que, cuando el P. Juan Agustín de Espinoza se dirigía rumbo a la actual ciudad
Parrense, para iniciar la evangelización de los antiguos indígenas y fundar esta misión, experimentó un desconsuelo grande ante el incierto futuro que le aguardaba. Se encontraba una noche sumergido en sus pensamientos, considerando las dificultades que enfrentaría, y dudaba sí seguir adelante o no, cuando se le apareció el misionero de Oriente San Francisco Xavier. Le dijo al Padre Juan Agustín: ¿ de qué vas triste? , ¿ de qué son tales desconsuelos ? vas a realizar una obra muy valiosa; ante gente necesitada. Aliéntate y alégrate. Al término de esta visión, el padre sintió un júbilo; inmenso y prosiguió su camino, firme e incansable.

 

LOS NIÑOS EMPALADOS

Una de las haciendas más antiguas de esta región se llamóCastañuela. Su existencia esta situada cerca del actual Municipio de Gral. Cepeda, los arquitectos novo hispanos nos construyeron una gran presa.
En esa época las lluvias eran abundantes. La presa se llenaba a su límite con mucha frecuencia.

El agua salía del nivel máximo y arrasaba siembras y casas. Para evitar futuros derramos que ocasionaban grandes pérdidas económicas, los antiguos dueños construyeron en el borde de la presa, unos agujeros donde metían, cuando la época de lluvias se acercaba, a varios niños. Los colocaban a cierta distancia unos de otros. Diariamente les llevaban la comida. Los niños no podían salir de aquel lugar.

Su misión consistía en gritar cuando el nivel de agua ascendía y la presa amenazaba vomitar el líquido furioso. Al oír los gritos de estos niños, los habitantes de la hacienda acudían a abrir las compuertas para que saliera el agua por los cauces que habían construido para tal efecto.

Varias veces, sin embargo, el agua se acumuló en la presa cuando era de noche y los niños dormían profundamente. No despertaron ni pudieron gritar.

Murieron ahogados no pocos de ellos. Sus cuerpos permanecieron enterrados en los muros de la presa y allí se encuentran hasta nuestros días.

 

 

LA LEYENDA DE LA MARQUESA DE AGUAYO.

Autor: Don Gabriel Robledo Luna (QPD)

Éramos un puñado de niños y las diversiones eran iguales a las de los demás niños de nuestra edad, con juegos sencillos y fabulosos; de día invadíamos los terrenos de la viña para hacer nuestros pequeños hurtos, pero sobretodo, para divertirnos haciendo enojar a el férreo vigilante al que nosotros conocíamos como Don Nato el del caballo flaco, cuya imagen semejaba a Don Quijote de la Mancha, el de la ridícula figura; por la noche, ese mismo lugar servía para acrecentar nuestra imaginación, convirtiendo ese lugar en un campo de batalla en el que cada uno de nosotros quería ser el más fiero guerrero. Ese lugar que nosotros conocíamos como La Viña, se encuentra ubicado en las calles de 2 de abril y la carretera que lleva hasta Paila, llegando hasta la Calzada del Márquez y que antiguamente se le conocía como la calle de la vía del Ferrocarril  todavía no hacían sus aparición las fincas de carácter modernista ni lo que se conoce como la Ciudad Deportiva y ningún otro edificio que anunciara el despertar al progreso de Parras; existía en ese lugar una iglesia y que al parecer aún existe en propiedad de un ingeniero, casi detrás de la gasolinera.

Cierta noche en que nuestros juegos nos habían llevado más allá de lo normal y en donde los que asumían el papel de malos estaban a punto de ganar, y cuando la noche era más oscura y la luna temerosa se ocultaba detrás de una solitaria nube, nos sorprendió un tintineo como si fuera la campana de un leproso, nosotros corrimos apresuradamente hasta el lugar frente a esas ruinas que nosotros conocíamos como la iglesia de La Viña y que servía como base de nuestros juegos; apenas había llegado el último de nosotros cuando escuchamos un grito lúgubre y aterrador, que por un momento nos dejo paralizados por el miedo, repuestos un poco del susto echamos a correr hacia la salida, llegamos temblorosos y jadeantes hasta el cruce de las
calles cinco de mayo y la antigua calle Falcón, y que hoy se conoce como Flores Tapia, donde era nuestro sitio de reunían y punto de partida de nuestras correrías.

Empezamos a narrar lo que cada uno había oído o visto; unos juraban a ver visto a una mujer que parecía flotar por aire y que
lloraba de una manera lastimera, otros juraban que era el grito de una fiera herida y yo solamente escuche un terrible grito por que el miedo me hizo ser el más veloz de mis compañeros. Los días fueron pasando en una sucesión rápida, de semanas, meses y los sucesos de aquella noche quedaron grabados en nuestra mente para siempre, como una de las cosas más importantes en nuestra niñez. 

Para esas fechas aún vivía mi padrino Manuel Vásquez, pero ya estaba paralítico y acabado, llevando sobre sus espaldas la
historia de muchos, pero muchos años los que había pasado al cuidado de los intereses de la familia Madero. Todos los días visitábamos al padrino para levantarlo y sacarlo a pasear, pero sobre todo que nos contara las fabulosas historias de las que había sido participe, o que a su vez, sus mayores le contaron; cierto día mí hermano y yo nos atrevimos a comentarle lo que nos había
pasado al estar jugando en La Viña, esperando que quizás no nos ceyera, o por que no nos fuera a regañar, pero para nuestra sorpresa nos contestó - otra vez la Marquesa anda por aquí - nuestro temor se convirtió en asombro tanto que casi suplicando le pedimos que nos contara eso que el conocía sobre la Marquesa, comenzando así su relato:

Hace ya muchos años, me contaron mis abuelos, y a ellos a su vez sus abuelos les habían contado, esto - lo que ahora es Parras, perteneció a un gran hombre que vino de España, dejándose arrastrar por su espíritu aventurero, contando con solamente con la quinta parte de la vida de un hombre de cien años; cuentease que las primeras actividades de este caballero, en estas tierras jóvenes fueron de comerciante, combinando estas actividades con la Agricultura y Ganadería, en su primer tiempo, en estas tierras su vida transcurrió sin ninguna alteración y zozobra, pero cierto día estando Don Francisco supervisando los trabajos de una de sus minas en Avino,
cerca de Peñón Blanco, perteneciente a la Nueva Vizcaya hoy estado de Durango, cuando hasta ahí le llevaron la noticia de que el mineral de inde había sido invadido por los indios, presto tomó sus armas y unos cuantos hombres que laboraban en sus minas y se dirigió a combatir a los rebeldes, en una lucha desigual por el número de sus enemigos el caballeo Español fué herido, quedando sus cuerpo marcado por una gran cicatriz, tomando sus vida un nuevo derrotero, convaleciente aún, participó en muchas batallas, siendo ascendido primero a caudillo, después a capitán, jurándose él mismo, buscar la manera de llevar la paz a la región. El caballero y capitán español de Urdiñola fué siempre un valiente y arrojado que sofocó varios levantamientos de los indios pertenecientes a esta región de Coahuila, en uno de esos levantamientos, después de una cruenta pelea los hizo esconderse en la sierra, hasta donde fué a seguirlos para concertar la paz, dándoles tierras para que vivieran en paz cesando las muertes, robos y daños ocasionados por éstos indios.

La figura de este hombre es muy controvertida, mientras unos opinan que era cruel y sanguinario hay otros que dicen que era
todo lo contrario, pero lo cierto es que llegó a sofocar levantamientos con su sola presencia sin derramar una sola gota de sangre, siempre se rodeó de gente valiente y fiel como lo fué el capitán Don Diego de Aguirre, que como homenaje, a una de nuestras bebidas espirituosas llevan su nombre. Por estas campañas y otras en contra de los indios, le fué encomendado la conducción y el establecimiento de los indios en Tizatlán para formar una nueva colonia tlaxcalteca; para ello fué nombrado como teniente de
gobernador y capitán General por su majestad en este reino, estableciendo estancias agrícolas y ganaderas en el sur de Coahuila, destacándose por su extensión y número de ganado las de san Francisco de los Patos y Parras, ambas propiedades de éste caballero, que gracias a su audacia y a su venta de comerciante lo hicieron dueño de las tierras que en ese tiempo se conocían como las del valle del Pirineo, que estaban en posesión de un tal López de Ibarra en proporción de tres caballerías de un señor de apellido Barraza, dos caballerías y un molino, y una que quizás sea la más importante: la de zubia, que constaba de dos caballerías para donde se terminaba el río y se hacía una angostura, ahí se juntaban los cerros y se enconchaban, lugar donde crecían las uvas, tunas y mezquites todos ellos de un sabor exquisito y algunas otras mercedes que el capitán de Urdiñola compró o le cedieron junto con el ganado que en ellas pastaban.

Este caballero español que en su tierra de origen su familia solo poseían una pequeña propiedad, inició en América un gran
latifundio, todo parecía indicar que era el hijo predilecto de la diosa fortuna pues tenía en sus manos cuanto un ser humano puede desear. Las más ricas tierras del Norte de la Nueva España una mujer hermosa como compañera y esposa, dinero, fama, y poder, pero no era dueño de su destino, su buena estrella empezó a eclipsarse, siendo victima de la maldad y la mentira congénita en el ser humano, acusado injustamente de darle muerte a su esposa Doña Leonor, hija de del capitán Don Alonso López, rico minero que tenia propiedades en Zacatecas y grandes porciones de terreno en el Norte y Sur de Coahuila. A estas alturas del relato, nuestro ánimo empezaba a decaer, pensábamos mí hermano y yo escuchar una historia de fantasmas y aparecidos, no la historia de un caballero español como mi padrino le decía al Capitán Urdiñola, que no tenía nada de irreal ni fantástico; más mi padrino con la sola mirada nos imponía obediencia, mi presencia física estaba ahí pero mi imaginación volaba en pos de lo fantástico y lo irreal.

Y continuo su relato...... el caballero y Capitán Urdiñola se sumió en una melancolía que duró por muchos días, había sufrido junto con ella por mucho tiempo viéndola acabarse lentamente en medio de grandes dolores sentía la impotencia de no poder vencer a la muerte el, vencedor de muchas batallas ahora estaba ahí, impotente, sintiendo la presencia de la muerte y no poder tocarla eso lo hacía sufrir, mando traer desde España los más prestigiados médicos de la época y los más renombrados curanderos indígenas, ofreciendo la mitad de su fortuna a la persona que curara a su esposa, pero poco a poco se le fue muriendo hasta que un día su cuerpo quedo inerte; cuentan los que lo vieron que cuando murió, beso amorosamente la boca de su amada esposa cuyo rostro fue horriblemente desfigurado por la enfermedad. Dicen que no derramo ni una sola gota de llanto, solo la noche y las estrellas fueron testigos de su dolor, más ellas por siempre guardaron el secreto de las lágrimas de Urdiñola, ese caballero, actor principal de nuestro relato. Un año y medio después fue acusado y hecho prisionero por el asesinato de su esposa y su fiel criado de apellido Landa verde; según los acusadores, había envenenado a su esposa y a su criado por que eran amantes hubo dos testigos que juraron haber visto dos cartas anónimas en donde se le hacía saber; la relaciones que su criado llevaba con su esposa, declarando también que lo habían oído jurar que los mataría de la manera más cruel que se conociera , envenenándolos poco a poco para que sufrieran y que gozaría al verlos arrastrase a sus pies pidiéndole perdón.

El caballero Urdiñola fue juzgado y absuelto; por la audiencia de Guadalajara, comprobándose que las acusaciones fueron falsas y que todo se debió a la envidia que un vecino le tenía y que todos los testigos eran falsos, de su matrimonio tuvo dos hijas, Doña María y Doña Isabel, a las que les legó su fortuna; cuentan los que lo vieron que el Capitán Urdiñola murió en un convento jesuita, en Sonora .; Este caballero Español que fue calumniado en gran manera, pintado como cruel ysanguinario solo hizo lo que su deber le marcaba, utilizando la mano dura solo cuando fue necesario; sentó las bases para la industrialización de toda la región, plantó parras seleccionadas, construyo los primeros lugares y bodegas vinícolas en Parras y estancias agrícolas en General Cepeda ; en fin, trajo la bonanza al latifundio más grande de México que posteriormente se conoció como del Marqués de Aguayo  y que sirve de base e a nuestro relato.

Así  llegamos hasta Doña Francisca de Valdés Alcega y Urdiñola, nieta del capitán y heredera del vasto imperio y de las grandes riquezas de sus padres y abuelos, contrae segundas con apuesto joven; que ocupaba el humilde cargo de protector de indios tlaxcaltecas y cuauhuichiles, cuyo nombre; era el era el de Agustín de Echevers y Subiza, el que solicitó al Virrey el título de Marques de San Miguel de Aguayo.

Doña Francisca había quedado viuda de su primer matrimonio, pero ni el primero ni el segundo había logrado que sus hijos vivieran, el solo recuerdo de sus frustrados embarazos la postraba en una profunda melancolía que la hacia perder la razón y cuando la crisis era más aguda, cuentan que salía por la noche desnuda y lanzando lúgubres lamentos y se encaminaba hasta el lugar donde habían sido enterrados sus hijos y trataba de sacarlos de su tumba, cuando esto sucedía el ya para entonces Marques de Aguayo, optaba por trasladarla hasta su estancia en Parras, en donde poseía dos casas, una enfrente de la otra, conocidas como la de arriba y la de abajo; la de arriba era la principal, tenia una vivienda muy grande y cómoda con una capilla adornada por dos altares y a espalda de ella había formado una huerta y viña de ciento cincuenta pasos cruzada con un bello emparrado y una calle de nogales muy frondosos que hacían un paseo muy delicioso, al que después la gente conocía como la Viña.

Ahí en esa estancia la marquesa venia a reposar su locura, de día vagaba desesperada buscando algo que nunca encontraba y por la noche solía salir desnuda lanzando gritos lastimeros por no encontrar a sus hijos, hasta quedar tirada en cualquier rincón de la viña, en cada nuevo embarazo solían atarle las manos en alguno de los frondosos nogales para que no se golpeara el vientre,
cuando su embarazo era mas avanzado solía recobrar la razón y entrar en un trance místico en los que se le veía todo el día rezar.

En uno de esos momentos en que sus rezos eran mas profundos, cuentan que le pareció ver a un sacerdote que decía misa en la capilla de su hacienda y ella entraba a oírla, cuando vio salir a otro sacerdote que dijo sobre su cabeza un evangelio, ordenándole que mandara decir una misa.

Al otro día, entre las mismas dudas le pareció ver al mismo sacerdote que hincado ante la virgen, le ofrecía un memorial, al poco tiempo parió una niña hermosísima lo que le ocultaron a su madre, porque creían que había nacido muerta, la niña fue bautizada poniéndole el nombre de Francisca Javiera, cuentan que en el bautismo, el sacerdote en lugar de agua bendita trajo el agua
hirviendo.

Doña Francisca nunca recobro totalmente la razón y fue recluida en sus estancia de Parras, en donde se dice que murió privada de sus facultades mentales y sepultada en su pequeña iglesia. Y aun la marquesa se pasea por las noches de luna asustando con sus gritos de aquellas personas que por su arrojo penetran en sus dominios.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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