ODISEA SEPIA

por Gladys Fuentes.

 

Al fin la luz de cristal desaparece. En mi horizonte el cielo vuelve a ser azul, el sol real brilla. Mas lo que parece una imagen de paz y sosiego se ve alterada por el resplandor de millones de espadas cortando el aire, como si de un monstruo indomable se tratase, ya se levantan furiosas sobre la escena sangrienta hasta rasgar el azul del cielo para caer luego vertiginosas sobre el enorme, cansado y dolorido cuerpo de la gran bestia helada. Las horas avanzan, el horizonte se tiñe de sepias altisonantes. Al este, el ejército de sentimientos helados no se rinde, impetuoso va ganando terreno al amoroso ocre que resiste protegido por su escudo luminoso. Al Sur, un vacío de almas absorbidas por el abismo insondable de los egoístas deseos, al Oeste, el majestuoso ejército de la ternura borra los contenedores oscuros, quebradizos y entumecidos que se resisten a su triste destino. Ahora el cielo ha empezado a poblarse de espectadores curiosos, millones de ojos observan como los negros soldados, los del alma fría, se agazapan tratando de recobrar fuerzas, reptan silenciosos sobre la sangre verde, las lágrimas ocres y el sudor sepia de los amantes, que día a día destruyen su amor, para noche a noche, crearlo de nuevo, en una eterna odisea en busca de la perfección... Vuelve la luz encerrada en una botella de cristal, vuelve la mano del creador y otra vez soy un lienzo en blanco... también él busca la perfección.

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