LO INESPERADO

por Vicente Mujica Moreno

 

Estimado señor:

El motivo de contestarle a su carta que intenta averiguar el paradero del señor Ángel Turégano, es sobretodo el de sosegarle a usted en sus pesquisas. Me entenderá más adelante.

Como puede ver, no soy Ángel Turégano, pero lo conocí, y tuve que ver mucho con él por motivos laborales, ya que fui durante algunos años su jefe. Mi nombre es Edelmiro Barrats.

El señor Turégano llegó a nuestra empresa hacia el otoño de 1966. Por entonces yo todavía no era subdirector de esta gran compañía sino sólo un prometedor ejecutivo que hacía de eslabón entre el escalón de la investigación básica y el de las esferas más elevadas donde se tomaban decisiones respecto a la rentabilidad comercial de lo que se investigaba en cada momento.

El curriculum de Don Ángel era apabullante: químico con premio extraordinario del Doctorado, estancias en distintas universidades y laboratorios extranjeros de gran prestigio, empleado en grandes firmas relacionadas con la biofarmacologia. Sabíamos que procedía de Argentina, pero como ya le he comentado, también había residido en otros países como Estados Unidos, Austria, Gran Bretaña e incluso Japón, durante periodos de tiempo variables.

El señor Turégano vivía solo, aunque mencionó que tuvo mujer, que había fallecido hacía años, y de la que no parecía haber tenido hijos.

La causa de que la carta enviada por usted a su domicilio, haya llegado hasta mi poder, es que dada su vida solitaria y la ausencia de parientes, toda la correspondencia que aún recibe en su casa es derivada hacia su antiguo trabajo, que es el único punto de referencia para saber de él.

Don Ángel Turégano se encuentra ahora en Tejas, Estados Unidos. Y esto es así porque sus acciones horrorosas, han permitido aplicarle la legislación relativa a extradiciones vigente en España con aquel país.

Sus crímenes terminaron aquí, en Barcelona hace dos años, cuando la policía investigaba el asesinato con ensañamiento de dos gemelas universitarias que precisamente se encontraban en periodo de prácticas en nuestras instalaciones.

Nadie podía suponer que la personalidad afable y tranquila de nuestro empleado, fuera la misma que había ideado el vil asesinato de aquellas dos chicas.

Sólo para que tenga una muestra de lo poco que uno puede estar seguro respecto al conocimiento de los demás, y a pesar de que la narración pueda resultar repugnante, le relataré lo que hizo en su última actuación, si se puede expresar así.

Tras convencer a las hermanas de que las acompañase a su estudio de trabajo donde archivaba una supuesta información privilegiada respecto a clonación embrionaria, las chicas, encandiladas por la posibilidad de acceder a algo que estaría vedado al resto de sus compañeros, le siguieron confiadas hasta donde él las guió. Una vez en su apartamento, consiguió adormecerlas con altas dosis de tranxilium en sus cafés; dosis suficientes para volverlas indefensas, pero no para evitarles el sufrimiento que les aguardaba. Las ató firmemente a las patas de los pesados muebles del salón. Había ideado una especie de túnel en T, hecho de PVC transparente. Las amordazó. Conectó las ramas pequeñas de la T a sus vaginas, y por la rama más larga soltó varios hurones que guardaba en una jaula, y que había mantenido todo el tiempo que pudo sin alimentar. Es fácil, y espantoso, imaginar lo demás: fueron devoradas hasta sus intestinos. Cuando la policía descubrió aquello, los animales ya no estaban allí, se habían abierto paso a través de la pared abdominal de aquellas infelices intentando buscar una salida.

Había cometido desmanes semejantes en todos los sitios que había visitado. Fueron especialmente crueles y numerosos en Estados Unidos, y por eso el motivo de su extradición.

Me he estremecido al leer su carta ya que recordé inmediatamente que en sus confesiones, este sujeto mencionó entre sus víctimas a la señorita Enma Eizips, que fue uno de sus primeros delitos, y a la que siempre se había atribuido una muerte accidental al ser arrollada por un tren al intentar cruzar un paso a nivel. No fue así. En realidad fue arrojada después de muerta a la vía para borrar las huellas del sutil y nefando crimen. Había sido asesinada con una aguja de hacer punto, muy larga y muy fina. El asesino la introdujo por un sitio que casi no deja señas apreciables, entre el pliegue del párpado superior con el arco de la ceja, hasta llegar al cerebro.

Siento haberle dado tan funestas noticias, muy alejadas del regalo de los dioses que usted esperaba.

Créame, que no hubiera contestado a su carta, pero fue su inusual apellido y mi memoria de tan trágicos hechos, los que me obligaron a contestarle dada la alta probabilidad de que algún familiar suyo pudiera haber sido víctima del que usted tenía por su amigo.

Para más información puede dirigirse a la cárcel federal de Dallas, Texas, Estados Unidos. Sección de máxima seguridad para reos con condena de muerte.

 

 

 

Atentamente,

 

 

Edelmiro Barrats

Subdirector Ejecutivo

 

Barcelona a 20 de diciembre de 2000

 

 

 

 

 

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