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¿TONTAS?

Las maltratadas, ¿son mujeres tontas?

¿Quién de nosotras no ha soltado una crítica fácil sobre alguna mujer tonta que padece a ciencia y conciencia el maltrato psicologico un hombre? Sí, así le decimos: “Mira, Fulanita, no seas tonta y deja a ese tipo”. Hasta ella misma llega a decirse: “Es que soy una tonta por quererlo, pero...”

Hace unos días vi la película Te doy mis ojos. Mi experiencia en consultorio me ha permitido entrar en contacto con mujeres que, como Pilar (la protagonista del filme), llegan a descubrir que su fragilidad no es algo connatural a su persona, pero lo hacen luego de haber caminado un durísimo camino.

Para ser mujer maltratada no se necesita provenir de un determinado estrato económico, social o cultural. El fenómeno es universal y puede verse con sólo aplicar un poco de atención a nuestro alrededor.

¿Qué necesitan esas mujeres que, como Pilar, se obstinan en defender no el amor, sino su idea del amor o la supuesta estabilidad de sus hijos, y se mantienen unidas a una pareja que maltrata física o psicológicamente ? Bueno, primero que nada no necesitan criticonería ni sonrisitas compasivas. Ellas enfrentan una situación muy compleja: mientras más tiempo dura la situación de maltrato, más rápido decrecen su autoestima, su propio respeto, sus habilidades y posibilidades de salir adelante.

A ellas no les es fácil quedarse de la noche a la mañana “sin nada”, criticadas, no apoyadas ni por sus madres que les aconsejan: échate “un buche de agua”, conserva tu matrimonio, no te metas en problemas legales pues nadie te hará caso después, bla, bla, bla.

¿Quién, quién se preocupa por sus sentimientos? Quién les pregunta ¿cómo estás viviendo el maltrato?, ¿qué es lo que tú quisieras hacer al respecto? , ¿por dónde te gustaría comenzar? Quién las acompaña y comprende su miedo, su frustración, su soledad, su impotencia. Me parece que no les es fácil; que intuyen, sólo intuyen, el camino a seguir pero no hay claridad. Y no saber cómo hacerle no quiere decir tontería.

Observando a Pilar en la oscura sala de cine, recordé la experiencia de algunas mujeres de carne y hueso. En muchos casos no tuvieron quién les hiciera las preguntas importantes, y sobre todo, nadie les puso atención cuando ellas trataron de responderlas. Tal vez la pregunta que todas las mujeres maltratadas esperan que alguien les formule sea: ¿Qué es lo que se rompe dentro de una mujer cuando un hombre la maltrata?

En la gran pantalla, la escena transcurre en cámara lenta. Pilar se da cuenta: quien está rota es ella. Es una escena que lo dice todo: el dolor aparece en su rostro (nada que ver con la humillación ni el terror ante su devaluado marido, va más allá de eso). Es oírse, sentirse, darse cuenta de lo que definitivamente ya no quiere. Es saber que nada de lo que diga o acuse remediará su situación: tendrá que hacerse cargo del resto de la historia y de su propio sentimiento.

Apoyándose en una pequeña red de mujeres (incluyendo a su hermana, que se quedará al cuidado de su hijo), rota como está, sin gritos ni acusaciones, sin reproches, con su dolor, desde la responsabilidad de su propia vida, Pilar desaparece. No se va sola, la acompañan sus habilidades y su esperanza. Ahora ella se encargará de hacer su historia diferente.

Creo que Pilar es un personaje inspirador; hay millones como ella en el mundo. Probablemente tú tienes una al lado; tal vez vecina, tal vez hermana, tal vez tú misma. A ti, a ellas, les recuerdo: las mujeres que soportan el maltrato no son tontas, sólo están tremendamente solas y necesitan un apoyo, una mínima base para comenzar primero quizá a sentirse, a tocar el fondo de sus sentimientos y a ponerles nombre. Y así, entonces, encontrar sus propias respuestas.

Se requiere muchísima fuerza para tolerar humillaciones, maltrato emocional, manipulación y golpes: ¿por qué no utilizar esa misma fuerza para dejarlos atrás?

En pleno siglo XXI, miles de mujeres son víctimas de relaciones en las que son constantes abuso y violencia; lo particular del asunto es que se niegan a recibir ayuda, pues han llegado a ser adictas a ellas.

En cálculos conservadores se estima que 1 de cada 3 mujeres es sometida a abuso emocional severo y, por lo menos, 1 de cada 4 es atacada físicamente por su compañero; en 10% de casos la violencia es grave. Asimismo, se considera que entre 25% y 40% de las pacientes que ingresan al área de urgencias de los centros hospitalarios han sido golpeadas por su pareja.

Cabe destacar que la mayoría de las afectadas difícilmente reconocen que su nexo amoroso es enfermizo y mucho menos aceptan recibir ayuda para salvarse de tales uniones, en donde uno de los integrantes de la pareja se dedica a abusar emocional y/o físicamente del otro. El primero de estos casos se caracteriza por agresión constante mediante desvaloración, subestimación, insultos, infidelidad y burla, en tanto el físico va desde empujones, forcejeos y apretones, hasta brutales golpizas.

El origen… la familia

"Aunque parezca producto de novela de terror o de cultura lejana, miles de mujeres -y varios hombres también- de este México del siglo XXI son víctimas de relaciones destructivas y, lo que es peor, son adictas a ellas", así lo afirma el psiquiatra Ernesto Lammoglia en su libro El triángulo del dolor.

De acuerdo al Dr. Lammoglia, especialista ampliamente reconocido por el trabajo que desarrolla con mujeres maltratadas, ciertos individuos manifiestan conductas agresivas porque desde pequeños sus progenitores les hicieron sentirse responsables de los demás, "guardianes" de los problemas que se presentaban en casa, fomentando en ellos la supuesta supremacía masculina relacionada a la propiedad; en consecuencia, el varón desarrolla firme creencia de que sus hermanas, hijas y esposa les pertenecen y, como en la antigua Roma, consideran que hasta pueden "hipotecarlas" si así lo desean.

En cuanto a por qué existen féminas que toleran el maltrato, el especialista explica que ello tiene origen en cierta educación que inculca en ellas sumisión y dependencia, además de que no "alimenta" su autoestima; por ello, las características tanto del agresor como de quien recibe el maltrato dan lugar a que ambos se "enganchen" en este tipo de relaciones.

Ahora bien, se ha detectado que frecuentemente la violencia entre la pareja inicia desde el noviazgo y se manifiesta en diversas formas, con jaloneos y movimientos para detener, sujetar o controlar. Posteriormente, el mando del hombre se ejerce con frases como "no te dejo salir", además, protesta por el tipo de peinado o ropa que luce su compañera, inician las escenas de celos y la rudeza empieza a subir de tono.

Una vez que estos individuos se casan o deciden vivir juntos, el agresor "esconde" a la víctima de sus familiares y amigos para que no puedan brindarle apoyo, en tanto ella le obedece en todo pensando que así evitará conflictos; no obstante, él siempre busca la forma de iniciar las discusiones.

Como puede apreciarse, el aislamiento de la víctima es el eje del maltrato y constituye el paso en que empieza a ejercerse el dominio; después, el agresor pretende demostrar que la mujer es de su propiedad, incluso, mediante golpes, además de minimizar su valor llamándola: "inútil" o "tonta", "no entiendes" y "no sirves como mujer", entre otros destructivos calificativos.

Pégame… pero no me dejes

¿Por qué ellas permanecen con su pareja? El especialista explica que se debe a que no tienen expectativas acerca de la realidad y van cayendo en estado de indefensión; además, generalmente el hombre presenta cambios bruscos de comportamiento, es decir, hay momentos en que se arrepiente de sus acciones, ofrece disculpas y se torna afectuoso, haciéndole creer a la otra persona que todo puede cambiar. De esta manera inicia un círculo llamado "fase de tensión-maltrato-reconciliación".

Por otra parte, las víctimas de violencia doméstica rara vez se quejan de haber sido maltratadas, incluso, a pesar de presentar hematomas (moretones), fracturas o raspones, y procuran ocultar tales señales bajo la vestimenta o maquillaje, o bien inventan explicaciones absurdas o improbables para justificar las lesiones que les aquejan; al mismo tiempo, su malestar físico suele estar acompañado de síntomas de depresión.

Aunque el panorama descrito puede parecer "laberinto sin salida", el psiquiatra afirma que las personas "atrapadas" en relaciones destructivas tienen enormes posibilidades de liberarse de quien las maltrata y restablecer su vida en condiciones dignas y saludables, con la felicidad y tranquilidad a que todo ser humano tiene derecho.

El proceso de recuperación inicia cuando hay cambio en la actitud de la mujer afectada, pues en el momento que rebasa su capacidad de resistencia decide reconocer que su vida de pareja es destructiva y que sólo está fungiendo como "costal de entrenamiento" emocional o físico del individuo que la altera.

¿Cuáles son los pasos que debe seguir quien a fuerza de maltratos y vejaciones ha perdido autoestima, fe y respeto hacia sí misma? La respuesta se encuentra en la decisión de entregarse a proceso de recuperación, acompañada de personas que hayan sufrido y superado situaciones similares -las cuales no deben buscarse mucho, pues están en todas partes-, y recurrir a un especialista en salud mental (psicólogo o psiquiatra) que conozca y respete este tipo de problemas.

El trabajo de dicho profesional es relativamente sencillo porque a él acuden quienes están conscientes de su sufrimiento, por lo que se dedica a fortalecer la autoestima de la paciente, ayudarle a superar lo vivido y estimular la responsabilidad de atender su seguridad personal.

Asimismo, quien requiere asesoría o mayor información sobre este tema puede llamar a Víctimatel al 5625-7212 y 5625-7119; Locatel al 5658-1111; Centro de Apoyo a la Mujer 5588-8181, o Saptel al 5395-1111, todos en la Ciudad de México

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