PALABRAS

Aqui encontraremos la raiz latina de las palabras, asi como su evolución y como se fueron transformando hasta quedar como las conocemos actualmente

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA  

ambrosía

Era el manjar de los dioses del Olimpo, alimento de un sabor delicioso que causaba una sensación de extrema felicidad. A los mortales estaba prohibido comer ambrosía, pero quien lograra hacerlo se convertiría en inmortal.

La palabra, formada por el prefijo privativo am- y brotos, significaba, etimológicamente, inmortal y tras pasar al latín como ambrosia, llegó sin cambios a nuestra lengua. En 1596, el poeta Bartolomé Leonardo de Argensola escribía:

(...) que sin reparo a Tántalo atormentacon tanto exceso y pena congojosa, porque dio a su mortal turba sedienta néctar con que inmortal vida consiga y [ ambrosía ] que hurtó al cielo preciosa.

Sin embargo, tal vez en nuestro lenguaje habitual del siglo XXI, más prosaico o tal vez menos ambicioso, ambrosía es cualquier manjar agradable, de gusto suave y delicado.

 

alcohol

La búsqueda de la belleza por parte de las mujeres ha estimulado numerosas invenciones a lo largo de los siglos hasta llegar a los avances de la cosmética moderna, un ramo que hoy mueve miles de millones de dólares en la industria química y en la publicidad. Tal actividad no podría menos que dejar sus huellas en el lenguaje, en el que la etimología de vocablos como alcohol y belladona (ya enviado) constituye apenas un par de ejemplos de la incidencia de la búsqueda de la belleza en la historia del idioma.

El hábito femenino de ennegrecerse los párpados para embellecerse no es nuevo; los ojos oscuros, u oscurecidos, ya estaban presentes en el modelo de belleza de la Baja Edad Media en los países mediterráneos. Pero como en aquella época las mujeres todavía no contaban con los productos de la cosmética moderna, se valían de un polvo hecho a partir del metaloide antimonio.

Autores castellanos del siglo XIII describían el alcohol como 'un polvillo finísimo de antimonio empleado por las mujeres para ennegrecerse los ojos' y explicaban que el término provenía del árabe vulgar al kohól o al khul en árabe clásico, que significaba 'antimonio'.

El antimonio era largamente triturado para lograr aquel polvillo pero, por los años del Descubrimiento, la palabra ya era usada para referirse también a 'cualquier esencia obtenida por trituración, sublimación o destilación'. Fue Paracelso el primero en llamar alcohol al 'espíritu del vino', ese sutilísimo vapor exhalado por algunas bebidas, que llena de alegría y exalta el espíritu de quien las bebe, como se sabe desde los tiempos bíblicos. De ahí el calificativo 'espiritoso' o 'espirituoso', aplicado a las bebidas alcohólicas.

 

apocalipsis

Último libro canónico del Nuevo Testamento, contiene las revelaciones atribuidas al apóstol Juan, referentes en su mayor parte al fin del mundo.

Por lo terrible de sus revelaciones, apocalipsis se ha convertido en la palabra preferida de los predicadores que anuncian el fin del mundo poniendo las manos sobre la Biblia, pero en realidad denomina genéricamente los antiguos escritos judíos o cristianos (especialmente el último libro canónico del Nuevo Testamento, atribuido a San Juan) que contienen revelaciones, en particular sobre el fin del mundo, casi siempre presentadas en forma de visiones.

Algunos estudiosos creen que el Apocalipsis del Nuevo Testamento es en realidad una colección de trabajos de varios autores desconocidos, que habrían vivido en el último cuarto del siglo I.

  Apocalipsis es la revelación profética de un acontecimiento dramático para la Humanidad, en el que las fuerzas del mal vencen a las del bien en un gran cataclismo que constituiría el fin del mundo.

Según otras interpretaciones de los mismos textos religiosos habrá un cataclismo cósmico en el cual Dios destruirá los poderes dominantes del Mal e instaurará la supremacía del Bien en un reinado mesiánico.

A pesar de que el Apocalipsis bíblico es el más conocido en nuestra civilización, la literatura apocalíptica se remonta a la religión persa, fundada en el siglo vi antes de Cristo por el profeta Zoroastro.

Su nombre deriva del latín apocalipsis, que a su vez proviene del griego apokalypsis, que significa ‘acto de descubrir, descubrimiento, revelación’.

AFORISMO

Es conocida la ascendencia italiana de Alberti, que el propio poeta recordaba, pero su vínculo con Italia se torna intenso cuando el autor va a vivir a Roma en los años 60. María Asunción Mateo analizó la obra del poeta y lo que le impulsó a escoger Italia y, en concreto, Roma.

aforismo - Sentencia breve que se da como regla, resumiendo algún conocimiento esencial o una reflexión filosófica. || Máxima que se da como guía en una ciencia o arte.

Aforismo proviene del sustantivo griego horos (mojón), del cual se deriva el verbo aphorizein (separar, definir) y de éste, el sustantivo aphorismós (definición).

Los primeros aforismos fueron los principios médicos expresados por Hipócrates (460-377 a. de C.), como el que sigue:

Las enfermedades son crisis de purificación, de eliminación tóxica. Los síntomas son defensas naturales del cuerpo. Nosotros los llamamos enfermedades, pero en realidad no son sino la curación de la enfermedad. Todas las enfermedades son una misma, y su causa es una misma en todas ellas, aunque se manifiestan por medio de diferentes síntomas, de acuerdo con la determinada parte del cuerpo en que aparezcan.

En el ensayo Aforismos y conocimiento, de Carlos Enrique Berbeglia, se dice que los aforismos "no dan pie a la duda, promueven la acción gracias a la certeza que imprimen, establecen claras demarcaciones de género, raza, clase social, etc., permiten la reflexión del lector pero en forma circular y no necesitan ser demostrados". Es la diferencia que existe entre estos dichos y los refranes, que son sentencin alusión al hecho de que esta enfermedad mental se caracteriza, entre otros síntomas, por una doble personalidad.

La primera gran división del cristianismo, el Cisma de Oriente, ocurrió en 1054 con la separación de las Iglesias de Roma y Bizancio, y el segundo, el Cisma de Occidente, entre 1378 y 1417, período en el que hubo varios papas a la vez, unos con sede en Roma y otros en Aviñón (Francia).

En 1495, en el Diccionario latino-español de Antonio de Nebrija se registró por primera vez en español el adjetivo cismático, que califica a aquellos que dejan de reconocer a una determinada autoridad religiosa.

Aunque este término se ha usado también en política para designar a los que se escinden de un partido u organización política, el término disidente se ha impuesto en esa área área con preferencia sobre cismático

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bancarrota
 

Hacia fines de la Edad Media, con el vigoroso surgimiento de la burguesía, en los más importantes centros comerciales de Europa, como Venecia y Florencia, aparecieron lugares donde la naciente clase empresarial hacía sus transacciones financieras. Los que tenían un excedente de dinero podían prestarlo a intereses a aquellos que necesitaban efectivo para adquirir mercaderías. Los comerciantes y noveles financistas llevaban a cabo esas transacciones sentados en largos bancos de madera sobre los cuales extendían sus piezas de oro.

La palabra italiana banca, enseguida trasmitida al francés como banque, adquirió muy pronto el sentido de ‘mostrador del que presta dinero’ y, más tarde, empresa de transacciones de crédito. El vocablo original, empleado para denominar al simple banco de madera, es el vocablo germánico bangk, probablemente adquirido del noruego banki. En su establecimiento de crédito, la palabra italiana se extendió muy pronto a otras lenguas, no sólo romances, como el español y el portugués banco y el francés banque, sino también el alemán Bank, el inglés bank, idéntico al neerlandés y al danés.

Es claro que, tal como ocurre hoy, muchos financistas hacían mal sus cálculos y quebraban o, como decían ya los florentinos de aquella época, caían en banca rotta (bancarrota) que se repite en portugués con la misma grafía, en francés como banqueroute y en inglés, bankruptcy.

(V. cheque)

*** Babia, estar en ***

Babia es el nombre de una comarca agrícola poco conocida, situada en las

montañas de la actual provincia española de León, dotada de importantes obras de

irrigación y alejada de las grandes ciudades.

León fue uno de los reinos más antiguos de la Península, anterior incluso al de

de Castilla que sólo se independizó de León en el siglo XI, por lo que en el

himno leonés se afirma que el reino “tuvo 24 reyes antes que Castilla leyes”.

Sin embargo, dos siglos más tarde, durante el reinado de Fernando III de León,

ambos reinos se unieron nuevamente bajo la denominación de Castilla y León.

En la Edad Media, Babia era una comarca de caza abundante, de modo que los reyes

la eligieron como lugar de descanso donde solían refugiarse para verse libres de

las intrigas palaciegas. Por esa razón, solía ocurrir con cierta frecuencia que

los monarcas fueran buscados por algún súbdito para resolver algún problema

urgente y la respuesta fuera invariablemente: “el rey está en Babia”.

La expresión *estar en Babia* se tornó popular y se incorporó al patrimonio de

la lengua para denominar una actitud desentendida, distraída o de falta de

interés ante algún problema apremiante.

bachiller

En las ceremonias de graduación de las primeras universidades europeas, en la baja Edad Media, los graduandos ceñían sus sienes con una corona de laureles adornada con bayas.

El nombre de esta fruta llegó al español proveniente del francés baie y éste, del latín baca, mientras que 'laurel' se derivó del latín laurus. A partir de baca y laurus se formó en bajo latín bacalarius, palabra que se usaba allá por el siglo IX para designar a los graduados.

En Francia, éstos eran llamados bachelor en la Canción de Rolando (1080) y, posteriormente, bachelier (bachiller), mientras que el título que ostentaban se llamaba baccalauréat, y llegó a nosotros como 'bachillerato'

bayoneta

Esta arma se desarrolló por primera vez hacia mediados del siglo XVI en la ciudad francesa de Bayona, de donde se cree que haya tomado su nombre. El etimólogo francés Albert Dauzat respalda esta etimología y señala que el vocablo baïonnette aparece por primera vez en francés en documentos de 1555. Sin embargo, esta etimología no es aceptada por todos; hay quien sostiene que el nombre bayoneta proviene del francés antiguo baïon, que significaba 'ballesta de cerrojo'.

Los primeros soldados que usaron esta arma blanca, que se encajaba en la boca del mosquete, fueron los vascos. La bayoneta mostró su eficiencia hasta la I Guerra Mundial, cuando apareció en escena la pistola de calibre .45, cuyos disparos son capaces de levantar un hombre en el aire, que fue diseñada específicamente como arma disuasiva para contener las cargas a bayoneta calada. No bostante, la bayoneta todavía es usada en las guerras modernas, aunque con algunas modificaciones y en forma cada vez más limitada.

bálsamo
Los egipcios y los judíos embalsamaban a sus muertos con la savia aromática extraída por incisión del tronco de algunos árboles. Al oxidarse en contacto con el aire, los aceites esenciales contenidos en el líquido se convierten en resina y en los ácidos benzoico y cinámico, que también son usados para aliviar el dolor de las heridas. Recordemos que María Magdalena untó con bálsamo los pies de Jesús. La palabra proviene del latín balsamum y ésta del griego balsamon, que tendría origen oriental, según se cree.

 bingo

Una noche fría de 1929, el vendedor de juguetes neoyorquino Edwin Lowe conducía su coche por una carretera del sur de los Estados Unidos, cansado y deprimido. Hacía pocos meses que la Gran Depresión había sacudido los cimientos de la economía norteamericana y conmovido el mundo y se vivían días difíciles. Mientras buscaba un hotel donde pernoctar, Lowe vio al borde de la carretera una tienda colorida con muchas luces y música, y se acercó a ver de qué se trataba. Estacionó su auto y, al entrar, en medio de una densa humareda de cigarros, vio un cierto número de personas sentadas cada una ante una mesa, sobre la cual tenían un cartón y un montoncito de frijoles. Un sujeto que actuaba como una especie de animador extraía bolillas numeradas de una bolsa y cantaba los números ante los circunstantes, que de vez en cuando ponían un frijol sobre los cartones.

Al acercarse un poco más, Lowe vio que los participantes tenían ante sí una especie de cartón de lotería, con los números del 1 al 75 alineados en cinco columnas y, al completar una línea, el jugador gritaba triunfalmente: ‘¡beano!’, del inglés bean (frijol).

Entusiasmado con la novedad y ya menos deprimido, el vendedor viajero se llevó a Nueva York la idea del juego, que ensayó con éxito con amigos y familiares. Un día, uno de los jugadores en la casa de Lowe, emocionado por haber ganado la partida, se equivocó y, en vez de «¡beano!», gritó «¡bingo!», palabra que acabó adoptada como nombre del juego. El vendedor siguió desarrollando la idea y terminó por encabezar cada una de las cinco líneas de números por una de las letras de la palabra bingo.

Con este juego, Lowe amasó una cuantiosa fortuna y al final de la recesión ya era un hombre muy rico.

 

bisiesto

Desde hace 2.000 años, cuando Julio César creó el calendario que llamamos juliano, un año de cada cuatro es bisiesto; es decir, febrero tiene 29 días en vez de 28. Este ajuste se hizo necesario porque la duración del año -una vuelta completa de la Tierra en su órbita- no es de 365 días exactos, sino 365 días, 5 horas y 56 minutos. El calendario juliano no era lo suficientemente preciso, y en 1582 sufrió algunas modificaciones impuestas por el papa Gregorio X mediante la bula Inter gravíssimas, que dio origen al denominado calendario gregoriano, que rige aún hoy.

Pero, ¿por qué bisiesto? ...En los tiempos de Julio César, el primer día de cada mes se llamaba calendas, el séptimo eran las nonas y el décimoquinto día eran los idus. Al 28 de febrero los romanos lo llamaban primum dies ante calendas martium (primer día antes de las calendas de marzo); el 27 de febrero era el secundum dies ante calendas martias (segundo día antes de las calendas de marzo); el 26 de febrero, tertium dies..., y así sucesivamente.

Para introducir su novedad, el año bisiesto, Julio César intercaló un día entre el sexto y el quinto día antes de las calendas, o sea entre, los días que hoy llamamos 23 y 24 de febrero. Este día adicional fue llamado bis sextus dies ante calendas martias, o sea, "doble día sexto antes de las calendas de marzo". El año que contenía ese día se llamó bissextus, adjetivo que llegó a nuestra lengua como bisiesto.

 

bodega

Es una de las palabras más antiguas de nuestro idioma; Corominas la encontró a partir de 1095, o sea un siglo después de la época admitida como "nacimiento" del castellano como lengua autónoma. Proviene del latín apotheca que significaba tanto bodega como despensa y era derivada del griego apotheké, que significaba a su vez depósito o almacén de provisiones. A su vez, apotheké, derivaba de la forma verbal apotíthemi, que quería decir ´yo deposito´. Curiosamente, mientras el idioma castellano tomó de apotheké el nombre de los lugares donde se almacena o se vende el vino, en el alemán moderno Apotheke significa farmacia. Pero la voz latina apotheké permaneció en español en botica.

boda

En el castellano del siglo X, la ceremonia del sacramento se llamaba votas, del latín vota, plural de votum (votos, promesas, juramentos), que aludía al voto de fidelidad de la mujer y de protección por parte del hombre. ¡Vaya desigualdad!

En algunos de los primeros documentos conocidos en español, como en el Fuero de Aragón (1017), aparecía en lugar de 'nupcias' , con la grafía uotas, pero en Nebrija, a fines del siglo XV, figuraba como bota. Sin embargo, en el Fuero Juzgo, mucho antes de Nebrija (1241) ya se había usado boda, con grafía idéntica a la de hoy.

La palabra existe con la misma grafía en portugués, con la particularidad de que en esa lengua ibérica dio lugar también en el siglo XVI a bodo, que era como se llamaba en Portugal a los regalos dados a los pobres a la puerta de la iglesia en ocasión de una boda. Y en el gallego del siglo XIII, voda eran los juegos de los niños en una fiesta de casamiento.

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ceremonia
En su sentido primigenio es un acto ritual. La palabra proviene del bajo latín ceremonia, y ésta del latín clásico caeremonia (rito religioso, gesto de veneración o reverencia). Se cree que proviene del nombre de la ciudad de Caere, hoy Cerveteri, que mil años atrás fue la principal ciudad etrusca. La palabra aparece registrada en inglés desde el siglo XIV bajo la forma ceremoyn, pero es probable que haya llegado a Gran Bretaña en el siglo XI, con las huestes normandasdel Guillermo el Conquistador.

 Ceremonia está registrada en castellano desde 1375, bajo la forma cerimonia, que se repite en Nebrija (1495) y aparece, junto con la actual, en Covarrubias (1611).

carótida

Las carótidas son cada una de las dos arterias derecha e izquierda, que pasan por el cuello e irrigan tanto el cuello como la cabeza. En su inicio, se llaman arterias carótidas primitivas, y después se bifurcan a ambos lados en arteria carótida externa y arteria carótida interna.

Por el hecho de irrigar el cerebro, si se reduce la circulación de estos vasos la persona puede, como mínimo, perder el sentido o quedar en estado de estupor.

En griego, este estado era llamado karos, de donde se derivó en esa lengua el verbo karoun (adormecer) y se derivó el sustantivo karotides, que llegó hasta nosotros para denominar esas arterias. Los diccionarios españoles registran la poco conocida palabra carosis que significa ‘adormecimiento´, también derivada del vocablo griego.

El dramaturgo español Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) pensaba que no eran arterias sino glándulas, como se desprende de este trecho de su monumental obra Teatro crítico universal (1726-40):

Sabido esto por el Cirujano, que refirió el suceso, y dudando que aquel hombre estuviese perfectamente curado, quiso registrarle. Había pasado ya bastante tiempo. En efecto vio bien cicatrizada la llaga; pero al mismo tiempo halló, que el hombre se quejaba de un tumor en la glándula carótida izquierda.

Sin embargo, la historia de este término puede rastrearse hasta una época muy anterior a los griegos. En efecto, éstos la tomaron de la raíz ker- que empleaban los pueblos prehistóricos indoeuropeos, que migraron hacia Europa y Asia 1500 años antes de Cristo, para referirse al mareo, adormecimiento o estupor.

catalizar

Las ciencias sociales y la prensa utilizan cada vez con más frecuencia esta palabra con el sentido de ‘estimular’ o ‘acelerar’ un determinado proceso, como vemos en este texto extraído de un libro de arte: El Omega Workshop, que seguía de cerca, como reconocía el mismo Fry, el ejemplo contemporáneo del Atelier Martine de Poiret, debía pues catalizar los intereses y las energías creativas de los jóvenes artistas brindándoles la manera de poder expresarse libremente. Este ejemplo corresponde a un uso de catalizar en sentido figurado, puesto que se trata de un término técnico usado originalmente en química. Los profesionales de esta ciencia, que es la que estudia las sustancias, saben que el desarrollo de una reacción molecular no es instantáneo, sino que la velocidad con que ocurre varía de acuerdo con numerosos parámetros. En muchos casos, es posible aumentar la velocidad de una reacción mediante el añadido de una sustancia que, sin sufrir ningún cambio químico, agiliza la transformación de otras, implicadas en el proceso. Es lo que ocurre en la elaboración del ácido sulfúrico, en la que la transformación del dióxido de azufre en trióxido es acelerada —catalizada— por la presencia, en caliente, del platino o del pentóxido de vanadio. Estos últimos son los catalizadores de la reacción. Catalizar proviene del griego katálysis (disolución), derivada del verbo katalyein (disolver, desatar), de katá (hacia abajo), partícula procedente del indoeuropeo kat- (abajo) y de lyein (soltar, disgregar), también con origen en el indoeuropeo leu- (aflojar, dividir, cortar). proviene del griego (disolución), derivada del verbo (disolver, desatar), de (hacia abajo), partícula procedente del indoeuropeo (abajo) y de (soltar, disgregar), también con origen en el indoeuropeo (aflojar, dividir, cortar). La palabra fue usada por primera vez en 1836 por el químico sueco Jöns Jacob Berzelius, al observar un factor común en numerosas reacciones químicas: determinadas sustancias permanecían inalteradas durante el proceso de reacción en el que influían, debido a una fuerza que él denominó ‘catalítica’. Berzelius introdujo el término catálisis para denominar las reacciones químicas originadas por la influencia de esas fuerzas. Sin embargo, fue el químico alemán Johann Wolfgang Döbereiner, quien observó en 1823 el primer fenómeno de este tipo al encender hidrógeno por la catálisis de una esponja de platino.

CALIFA.

A la muerte de Mahoma (632 d. de C.), el profeta musulmán fue sucedido por los califas, que eran sus sucesores, con la calidad de jefes seculares y religiosos. Aunque la palabra española de origen árabe *califa* existe por lo menos desde el siglo XI en francés, como *algalife*, y el Diccionario de la Real Academia la haga derivar del francés, Corominas afirma que llegó a nuestra lengua hacia fines del siglo XIII directamente del árabe *halifa*, que significaba ‘sucesor de Mahoma’, formada a partir del verbo árabe *halaf* (suceder). *Califa* tiene el mismo origen que *jalifa*, aunque este vocablo designa hoy en el árabe hablado en Marruecos a una autoridad que existía antes del protectorado español.

calambre

Este vocablo proviene del germánico kramph, que pasó al alemán moderno Krampf, al inglés cramp y al francés crampe. Corominas estima probable que en Francia haya pasado antes por crambe para llegar luego a Asturias por transliteración como cambre y luego a Castilla y Aragón, hacia fines del siglo XIII, como clambre y calambre, y a Portugal, como cãibra

contrabando

Entre los francos, ban era la denominación genérica de las numerosas prohibiciones que regían a ese pueblo. La palabra se mantuvo en el francés y e influyó asimismo en la formación del vocablo italiano bando, con el sentido de 'edicto dado a conocer en forma pública y solemne'.

Fue del italiano que bando llegó a Castilla con el mismo significado. Uno de estos edictos o bandos establecía severas penas para los que trajeran mercancías del exterior sin pagar los impuestos debidos a la Corona. Hacerlo era contrariar el bando real, o sea, cometer el delito de contrabando, como anotaba en 1611 Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana.

cóctel

Si bien conocemos el origen de esta palabra inglesa, se ignora la forma cómo

pasó a usarse para designar cierto tipo de bebidas. Según una historia no

comprobada narrada por Roberto Vilches, un posadero estadounidense solía juntar

en una botella todos los restos de bebida abandonados por sus clientes y, cierto

día, habiendo sufrido uno de ellos un desmayo, le dio a beber la mezcla y el

hombre se recuperó de inmediato. La mezcla habría sido llamada *cocktail* (en

inglés, cola de gallo), en alusión al hecho de que los gallos, después de caer

en la riña, levantan la cola antes de erguirse de nuevo para continuar luchando.

Verdadera o no esta historia, lo cierto es que la palabra nació en Estados

Unidos a comienzos del siglo XIX, en la taberna narrada o en alguna otra,

formada con *cock* (gallo) y *tail* (cola), o sea ‘cola de gallo’.

En la ciudad brasileña de Sao Paulo, los bebedores tienen a su alcance una

bebida popular de bajo costo conocida como ‘rabo de galo’ (cola de gallo),

aunque probablemente ninguno de los que la beben conoce la relación semántica

con cóctel. ¿Será una coincidencia?

cómico

Debe haber pocas cosas tan difíciles de explicar racionalmente como la naturaleza de lo cómico. Incontables autores, como el filósofo y escritor francés Henri Bergson (1859-1941) -en su obra La risa (1900)- y el médico austríaco Sigmund Freud (1856-1939) -en su trabajo sobre el chiste y su relación con el inconsciente-, han intentado explicar de qué reímos, pero sólo lograron buenas aproximaciones.

Bergson observó que lo cómico sólo aparece en lo humano y señaló que no hay comicidad en lo inanimado. Comentó asimismo que aquello que nos causa gracia supone una cierta insensibilidad transitoria, pues reímos de lo que es ridículo en los demás.

La palabra cómico proviene del latín comicus y ésta del griego komikós, que significan 'relativo a la comedia', palabra ésta con la cual comparte el mismo origen: komos (fiesta dionisíaca u orgía*).

CORBATA

El nombre de este accesorio para la vestimenta llegó al español a través del francés cravate, y tomó su nombre de los mercenarios croatas que formaban parte del ejército francés del Antiguo Régimen, durante los siglos XVII y XVIII. Estos soldados constituían un regimiento de caballería que era llamado Royal-Croate y, como parte de su uniforme, usaban en el cuello una cinta de paño rojo que se llamó 'cravate', una forma afrancesada de 'croate'. En Italia, la pieza adoptó por razones idénticas el nombre de 'corvatta' o 'crovatta', derivada de 'crovatta' (croata). Cabe mencionar que tanto el francés 'croate' como el italiano 'crovatte' se derivaron del vocablo serbiocroata 'hrvat' (croata). El uso del nuevo adminículo se generalizó después de la Revolución Francesa y tuvo un auge sin precedentes a mediados del siglo XIX, una época en la cual se discutía sobre los mejores nudos de corbata (incorporados al uso por los ingleses) y los colores más adecuados a cada situación. El diario parisino L'Illustration comentó la corbata negra con que el emperador del Brasil, Pedro II, se presentó en cierta cena en París: "N'a pas craint de se montrer en cravate noire chez son cousin le duc d'Aumale" (No teme mostrarse con corbata negra en la casa de su primo, el duque de Aumale). En 1924, el sastre neoyorquino Jesse Langdorf le dio a la pieza su forma actual, al presentar un modelo con el corte angular en los extremos.

 

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defensa

Antiguamente —y aun hoy en muchos países— los organismos oficiales encargados de asuntos militares eran llamados Ministerio de Guerra, un nombre que aludía exactamente a la función que cumplían: hacer la guerra o prepararse para ella. Sin embargo, con el paso del tiempo, los gobernantes fueron comprendiendo que la guerra suele ser una empresa que da poco prestigio y que quienes se defienden de ella se granjean más simpatía por parte del público y de la prensa. Así, los ministerios pasaron a llamarse, simpáticamente, ‘de Defensa’, así como las asignaciones presupuestarias se llamaron ‘gastos de Defensa’, aunque estuvieran destinadas a atacar a otros países. En efecto, mientras hoy se entiende que hacer la guerra es una tarea menos noble que lo que se creía algunos siglos atrás, las invocaciones a la ‘defensa nacional’ todavía despiertan sentimientos patrióticos. Algún ingenuo podría pensar que si todos se defienden, nadie hará la guerra, pero los hechos no confirman esa suposición.

Defensa se formó en latín a partir del verbo latino defendo, -ere, que se derivaba, a su vez, del verbo arcaico fendo, -ere (incitar, estimular, golpear), que ya no era usado en la época clásica. A este verbo se antepuso el prefijo de-, que en este caso significa ‘rechazar’, ‘repeler’, para formar defendere (rechazar a un enemigo, proteger o protegerse). Si a fendere se antepone el prefijo ob- (hacia delante, con el sentido de oposición), éste se convierte en of- (por estar antes de f), y se forma offendere (chocar con algo, golpear algo, disgustar a alguien), de donde se derivó nuestro verbo ofender.

difunto

La vinculación de la idea de la muerte con la del pago de una deuda está presente en más de una palabra de nuestra lengua, como podemos ver en el texto sobre bono, ya enviado. Otra de esas palabras es difunto, que proviene del latín defunctus, formada por el prefijo de- con functus, el participio pasivo del verbo fungi (cumplir, acabar, pagar una deuda). El significado originario de defunctus no estaba vinculado con la idea de la muerte, sino que se aplicaba, como adjetivo, a la persona que había saldado alguna cuenta o cumplido con alguna obligación.

En el latín tardío, la Iglesia católica utilizó este término como eufemismo para 'muerto'.

 desastre 

La antigua creencia en que las posiciones relativas de los astros y estrellas tienen alguna influencia sobre la vida de las personas dio lugar al surgimiento de numerosas palabras referentes a ideas sobre la suerte o el azar, como desastre, procedente del provenzal antiguo desastre, que significaba 'desgracia', y provenía del italiano disastro, con el mismo significado. El provenzal tiene también otro término, malastre, para referirse a un hecho infortunado causado por la mala influencia de los astros.

La palabra aparece registrada por primera vez en nuestra lengua en 1444, en el Laberinto de Fortuna, de Juan de Mena (1411-1456).

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entretenimiento
Entretener aparece en castellano por lo menos desde el siglo XVI: "entretenedor", "entretenido" y "entretenimiento" en los diccionarios bilingües de Cristóbal de las Casas (1570) y R. Percivale (1591) y "entretener" en el Quijote (1605).
La palabra proviene probablemente del francés, lengua en la cual era empleada desde el siglo XII como entretenir con el sentido de "mantener juntos" del latín inter (entre), y el latín vulgar tenire (tener), del latín clásico tenere. La palabra pasó al inglés en el siglo XVI bajo la forma entertainment.

esponsorizar
No se puede recomendar el uso de esta palabra de origen inglés, sobre todo cuando en español contamos con la muy castiza patrocinar, pero ya que los académicos de la lengua han decidido incluirla en el Diccionario, vayamos a buscar su historia.

En realidad, el uso en castellano del verbo esponsorizar o del sustantivo espónsor (éste no incluido en el Diccionario, pero muy empleado) es consecuencia de traducciones tan infames como perezosas del verbo inglés to sponsor (patrocinar), y del sustantivo sponsor (patrocinador). Ninguna de estas palabras inglesas tiene origen anglosajón, sino que ambas llegaron a esa lengua a partir del latín spondere (prometer, asegurar, garantizar), que ya está en nuestra lengua en vocablos como esponsales y esposa*.

 

estupendo

El verbo latino stupeo, stupere significaba ‘estar (o quedar) inmovilizado, paralizado, entorpecido o congelado’. Stupuerunt flumina bruma decía el poeta épico Valerius Flaccus para significar ‘los ríos se congelaron con el frío’.

Los autores clásicos latinos hicieron metáforas en las que el ‘entorpecimiento’ denotado por el verbo se convertía en admiración o encanto. Stupere in titulis decía Horacio, con el sentido de ‘quedarse deslumbrado con los títulos’. Ut terrae stupeant lucescere, escribió Virgilio con la denotación de ‘cómo la tierra se admira de ver lucir’.

Fue así que la denotación de ‘atontamiento’ de stupeo dejó su lugar al matiz de admiración y elogio que damos hoy a estupendo. El significado original se mantuvo, por cierto, en estúpido, procedente de latín stupidus, también oriundo del verbo stupeo.

 

eclipse

Hace 5.000 años, los sacerdotes caldeos conocían la trayectoria de los astros a punto de predecir con precisión la fecha de los eclipses, a los que atribuían un significado de desgracia y malos presagios. Únicos conocedores de los secretos del cielo, estos primeros astrónomos se valían de sus conocimientos para aumentar su poder e influencia atemorizando a la población. Decían que "adivinaban" cuándo el sol se ocultaría detrás de la luna y cuándo la luna desaparecería del cielo, cubierta por la sombra de la tierra. No sabemos como los caldeos denominaron al fenómeno, pero 2.500 años después del auge de la civilización caldea, en los ejércitos de Esparta y Atenas, se llamaba ekleipon a los desertores, palabra derivada de eklipsis, que significaba abandono o desaparición. A medida que los griegos avanzaron en el conocimiento de los astros, tomaron esta palabra para designar la periódica "desaparición" del sol y de la luna

eliminar

Esta antigua palabra de origen latino no parece haber llegado al español directamente desde la lengua de los césares sino, más probablemente, del francés, puesto que su primer registro en castellano data del siglo XIX, como en este texto de la **Historia del reinado de Carlos III en España*** (1843), de Antonio Ferrer del Río: "Semejantes debates se deben eliminar de la historia. ¿A qué describir el encono con que se zahirieron ciegamente alumnos tan aventajados de las Musas, a tiempo de hallarse estimadas las letras y de poderse espaciar en ancho campo, donde para todos crecían laureles?" Sin embargo, el vocablo *éliminer* ya era usado en francés por lo menos desde el siglo xv, mientras que *eliminate* está documentado en inglés desde el siglo XVII. La palabra latina *eliminare* estaba formada por el prefijo e-, que da la idea de ‘salir’ y el sustantivo *limen, liminis* (umbral), o sea que inicialmente *eliminare* significó, tanto en latín como en inglés y francés, ‘sacar hacia fuera’ y sólo más tarde adquirió el sentido de ‘excluir’ que en español tuvo siempre.

economía

Se oye decir con frecuencia que los mejores economistas no son los que egresan de las grandes universidades sino las amas de casa, que administran cuidadosamente cada centavo para mantener el delicado equilibrio del presupuesto familiar. Tal afirmación encuentra apoyo en la etimología, la disciplina que estudia el origen de las palabras. En efecto, *economía* viene del griego *oikonomiá*, que inicialmente significó precisamente ama de casa y, más tarde, administrador. El vocablo griego estaba formado por 'oikos' (casa, usado aquí en el sentido de patrimonio) y 'némein' (administrar). Los primeros economistas se llamaron en realidad *ecónomos*. Son los sacerdotes que se encargan de la administración de los bienes de una diócesis o de una congregación religiosa. Pero la voz *economía* adquirió un significado más amplio a partir del siglo XVII, con el desarrollo del naciente capitalismo y el crecimiento del comercio internacional, que llevó a extender su significado para designar también la administración de los recursos de una nación (economía política), sentido que conserva hasta hoy. Muchos son los ideólogos de las primeras doctrinas de la moderna economía política, pero entre ellos cabe destacar a Adam Smith y David Ricardo en el siglo XVIII, John Stuart Mill y Carlos Marx en el siglo XIX y John Maynard Keynes en la primera mitad del siglo XX.

esquirol
Esta palabra tiene un significado curioso en nuestra lengua: se aplica con una connotación despectiva a los ‘rompehuelgas’, los trabajadores que se prestan a trabajar durante una huelga. Lo de ‘curioso’ viene dado por el hecho de que la palabra latina original sciurus, proveniente del griego skiouros, se refería al animal que conocemos como ardilla. En otras lenguas, el roedor recibió su nombre a partir su etimología grecolatina, y se llama en inglés squirrel; en portugués, esquilo; en catalán, esquirol; en francés, écureuil, y tal vez de allí provenga también el equivalente alemán Eichhörnchen.

En español, en cambio, el vocablo latino fue desdeñado y prevaleció una antiquísima palabra anterior a la llegada de las legiones romanas a la Península Ibérica: harda, que el castellano antiguo compartía con el bereber, el árabe hispánico y el vasco, y que aparecía incluso en el Diccionario de Nebrija (1495):

Harda animal como liron. (LAT. scyurus.i.)

Más recientemente, harda perdió la hache y se adoptó su diminutivo: ardilla.

Pero todavía nos falta explicar por qué esquirol adquirió en español una denotación tan ajena a sus raíces etimológicas y a su significado en otras lenguas contemporáneas.

A fines del siglo XIX, había un pueblo catalán llamado Santa María de Corcó, que contaba con una posada en la que pernoctaban los viajeros, conocida por una característica llamativa: en su vestíbulo había una ardilla (en catalán esquirol, como se dijo) que corría sin cesar en una jaula rotativa. La novedad adquirió tal fama en la región que la posada acabó por llamarse L’Esquirol y en los mapas de comienzos del siglo XIX el pueblo ya aparecía con su nombre cambiado a L’Esquirol.

En las primeras décadas del siglo pasado, algunos pueblos cercanos a L’Esquirol contaban con fábricas textiles, que sufrieron huelgas en 1902, en 1908 y en 1917. En las tres ocasiones, algunos habitantes de L’Esquirol se ofrecieron para trabajar en lugar de los huelguistas, por lo que algunos los llamaron ‘rompehuelgas’ y otros, en forma no menos despectiva, esquiroles.

Palabras
9 minutos con juan gabriel

http://www.youtube.com/watch?v=Xo8x0bihGtA

otrs 9 minutos con juanga

http://www.youtube.com/watch?v=jOmBCXkHIZg&mode=related&search=

Juanga a maria Felix

http://www.youtube.com/watch?v=mL99SEBiC1s

 

potpurri marco antonio solis

http://www.youtube.com/watch?v=e7Ctj-DDs18&mode=related&search=

Si no te hubieras ido

http://www.youtube.com/watch?v=kUXxbWEgWKg

FFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF

fallecer
Frecuentemente se usa como equivalente a morir, tal vez como eufemismo, pero la sinonimia no es muy exacta. Fallecer es morir en el sentido de ‘llegar al fin de la vida’, como ocurre en la vejez o al cabo de una larga enfermedad, tiene un matiz de desfallecimiento, de proceso gradual. El buen uso del lenguaje exige que no se utilice fallecer para referirse a una muerte súbita o en un accidente: suena muy mal ‘fallecieron ochenta personas en la caída de un avión’.

La palabra proviene del verbo latino fallere (engañar, no cumplir, ser infiel, fingir), a partir del cual se formó también fallar. De este verbo se derivó el adjetivo latino falax, fallacis (impostor, pérfido, mentiroso) y también el vocablo del latín vulgar falla, que dio lugar a fallecer y a desfallecer. El supino de fallere era falsus, de donde provienen falso y falta.

Cabe precisar que el fallo de un juez es palabra de origen diferente: el castellano antiguo fallar (hallar, encontrar, darse con).

 

FELIGRES

Feligrés es aquel que asiste y participa en los cultos de una determinada iglesia (en el sentido de templo o parroquia).

Esta palabra apareció por primera vez en nuestra lengua en el siglo X, bajo la forma filiigleses y, con su forma actual, en 1245. Proviene del bajo latín fili eclesiae (hijos de la iglesia). En esta expresión fili eclesiae, la segunda palabra es una forma vulgar derivada del latín clásico ecclesia, a su vez procedente del griego ekklesia.

***fecha ***

Proviene de *fecho*, el participio pasivo del verbo fazer, ‘hacer’ en español

antiguo (y en el portugués de hoy), o sea, ‘hecha’. Inicialmente significó no

sólo indicación de tiempo de un escrito sino también de lugar, puesto que una

carta se iniciaba con algo así como ‘fecha en Sevilla, el 22 de junio’ o, como

en la carta de Don Quijote a Dulcinea, ‘fecha en las entrañas de Sierra Morena,

a 27 de agosto’.

GGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG GALPÒN

 

Esta palabra de origen americano significa ‘barraca de construcción simple’ y es poco conocida en la Península Ibérica. Sin embargo, hacia comienzos del siglo XVII, se usaba en Castilla *galpol*, que le dio origen, y que significaba ‘gran salón de un palacio’. *Galpol* había sido llevada a España desde México, como corrupción de la voz náhuatl *kalpulli*, que significaba ‘casa grande’ o ‘sala grande’. Era con ese sentido que Fernández de Oviedo usaba *galpón* en 1535, como referencia al palacio de Moctezuma. La palabra se extendió rápidamente, tanto que en 1602 el peruano Garcilaso la empleaba en Perú con la denotación de ‘casa grande donde habitan varias familias’, pero su sentido se fue alterando con el tiempo y hoy denota construcciones más modestas que un palacio imperial.

 

garrapata

Alfonso de Palencia en su Vocabulario, publicado en 1490, definía garrapata como un "arácnido que vive parásito sobre ciertos animales chupándoles la sangre", aunque en la clasificación moderna, muy posterior a Palencia, la garrapata no es un arácnido, sino un ácaro.

Corominas observa que este término parece ser una metátesis de gaparrata, palabra formada por la voz caparra, que designa a la garrapata en vasco, en mozárabe y en catalán occidental.

Es probable que pertenezca al sustrato ibérico anterior a la llegada de los romanos. El propio Corominas señala su semejanza con la palabra vasca kapar(r)a, que significa ‘zarza’, tal vez porque la zarza se adhiere a la piel como la garrapata.

 

gaznápiro

Este adjetivo se aplica hoy al sujeto ‘palurdo, simplón, torpe, que se queda embobado con cualquier cosa’. Está registrado en nuestra lengua desde la primera mitad del siglo xix, aunque el Diccionario sólo lo incorpora en su edición de 1884. El origen de la palabra es incierto, pero Corominas propone un vocablo gesnapper, supuestamente formado por los soldados españoles en Flandes con las palabras neerlandesas gesnapp (parloteo, charla) y snapper (charlatán).

 

GARRAPATA

Alfonso de Palencia, en su Vocabulario, publicado en 1490, definía garrapata como un «arácnido que vive parásito sobre ciertos animales chupándoles la sangre», aunque en la clasificación moderna, muy posterior a Palencia, la garrapata no es un arácnido sino un ácaro.

Corominas observa que este término parece ser una metátesis1 de gaparrata, palabra formada por la voz caparra que designa a la garrapata en vasco, en mozárabe y en catalán occidental.

Es probable que pertenezca al sustrato ibérico anterior a la llegada de los romanos. El propio Corominas señala su semejanza con la palabra vasca kapar(r)a, que significa ‘zarza’, tal vez porque la zarza se adhiere a la piel, como la garrapata.

*** gimnasia ***

En la antigua lengua griega, *gymnós* significaba ‘desnudo’. Los atletas

competían completamente desnudos, como podemos apreciar en las esculturas de

Praxíteles. La “indumentaria” era la misma de los alumnos y docentes de algunas

escuelas de filosofía, como la de los *gimnosofistas*, así llamados porque

acudían a clase sin ropa.

Por esa razón, la palabra *gymnasion* se aplicó tanto al sitio usado para la

práctica de ejercicios físicos como a algunos lugares de enseñanza.

glorieta
En el siglo XII, hubo en París un palacio que se llamó Gloriette. Más tarde, por influencia del sufijo -ette, que en francés sugiere diminutivo, se aplicó a pequeñas habitaciones bellamente decoradas y, finalmente, a un espacio semiabierto en jardines, generalmente cubierto de plantas trepadoras.

 Glorieta aparece registrada por primera vez en español en 1607, en el Tesoro de las lenguas francesa y castellana, de Oudin.

*** gringo ***

Muchas historias interesantes se han creado sobre el origen de esta palabra. Una

de ellas cuenta que *gringo* habría surgido del sistema de señales de los trenes

ingleses, cuando éstos fueron instalados en México, en particular, de la luz

verde, que indicaba que el paso estaba abierto: **green go** (verde, ir).

Sin embargo, *gringo* es una antigua palabra española. Veamos cómo la define el

diccionario académico (1884):

Gringo - Voz usada familiarmente. Vale tanto como griego en esta frase: hablar

en gringo. Hacerlo en un lenguaje ininteligible.

 

Antiguamente existía la costumbre de mencionar las locuciones latinas junto con

su forma en griego, hasta que en cierta época la Iglesia católica determinó que

la comprensión del griego no era necesaria para la erudición católica. A partir

de ese momento, fue considerado un idioma extraño y, como tal, se convirtió en

símbolo de cualquier habla incomprensible.

En el diccionario de Esteban de Terreros (1765-83) se explica que «gringos

llaman en Málaga a los extranjeros, que tienen cierta especie de acento, que los

priva de una locución fácil y natural castellana, y en Madrid dan el mismo

nombre con particularidad a los irlandeses».

En América el vocablo se popularizó con variantes: en México es usado casi

exclusivamente para referirse a los estadounidenses; en la Argentina se aplicó

en la primera mitad del siglo xx a los italianos, aunque actualmente se tiende a

usarlo para denominar también a los norteamericanos.

Según Corominas, la alteración fonética de ‘griego’ a ‘gringo’ se habría

procesado en dos tiempos: primero, de *griego* a *grigo*, una reducción normal

en castellano y más tarde, de *grigo* a *gringo*.

GENETICA

La genética es la ciencia que trata de la herencia biológica y de las leyes que la rigen. Su nombre se deriva del griego gennetikós (genitivo, engendrador), derivado de génnesis (origen, nacimiento), procedente del indoeuropeo gen-, que significa ‘generación, producción’. Este término indoeuropeo está presente en el origen de numerosas palabras en todas las lenguas modernas, tales como en español: general, generación y genital, entre muchas otras. En las lenguas modernas, la palabra surge inicialmente en el inglés genetics, hacia 1865, pero sólo adquiere su significado actual por obra del genetista inglés William Bateson en 1906, y se propaga rápidamente al francés génétique, al italiano genetica, al alemán Genetik y al español y portugués genética.

Puerto Rico

Cristóbal Colón llegó a la isla de Borinquén el 19 de noviembre de 1493 y la llamó San Juan Bautista. A partir de 1521, la actual capital de la isla fue llamada Puerto Rico, por la excelencia de su puerto y por los metales preciosos que se creía que allí existían. Más tarde, el nombre escogido por Colón fue parcialmente recuperado al denominar la ciudad como San Juan de Puerto Rico.

Finalmente, el nombre se dividió en dos partes: San Juan quedó para la ciudad y Puerto Rico para la isla, que en 1898 fue anexada por Estados Unidos. El gentilicio de los isleños es puertorriqueño, aunque el Diccionario de la Real Academia Española admite también portorriqueño, pero, en recuerdo del nombre precolombino de Puerto Rico, se usan también boricua, borincano y borinqueño.

GIGANTE

Con la sangre derramada por el dios griego del Cielo, Urano, cuando fue mutilado por su hijo Cronos, quedó embarazada la madre de éste Gea, la Tierra, quien dio a luz a los gigantes para que cumplieran una venganza. A pesar de su origen divino, los gigantes eran mortales o, al menos, podían ser muertos por acción simultánea de un dios y un mortal. Se trataba de seres enormes, de fuerza invencible y aspecto aterrador. Tenían una espesa cabellera, una barba hirsuta y sus piernas eran cuerpos de serpientes. Para matarlos, Zeus contaba con la ayuda de Palas Atenea pero, como necesitaba la participación de un mortal, recurrió a Hércules. La lucha fue larga y terrible, pero los gigantes acabaron exterminados. La palabra griega ***gigas, gigantos*** pasó al latín como ***gigas, gigantis*** y al francés antiguo como ***jayant***, que evolucionó en esa lengua hacia el actual *géant*. De *jayant* proviene también el vocablo español *jayán* (persona de gran estatura, robusta y de muchas fuerzas), que apareció en el idioma en tiempos del Quijote (1605), aunque gigante ya se usaba con su forma actual desde la primera mitad del siglo XIII. He aquí uno de los trechos del Quijote en que se usa jayán: "El ermitaño le dijo: -Hermano, no haya más, por caridad; soltad la piedra. Sancho respondió que no quería si primero aquel jayán no se daba por vencido. Llegó al soldado el ermitaño, diciéndole: -Señor soldado, este labrador es medio tonto, como ha podido colegir (...). " ***Gigante*** se utiliza actualmente no sólo para las personas de gran estatura, sino también para cualquier cosa que exceda en mucho su tamaño normal. En Medicina, surgió en el siglo XX el derivado ***gigantismo***, como denominación de un trastorno del crecimiento caracterizado por un desarrollo excesivo del cuerpo. En las últimas décadas, este vocablo fue adoptado también por teóricos liberales para referirse al desarrollo que consideran “excesivo” del Estado.

GOL

Esta palabra, tal vez la más universal en el mundo del fútbol, proviene del vocablo inglés goal, que significa meta u objetivo, con origen en el inglés medieval gol (límite). Los ingleses, que crearon este deporte en la segunda mitad del siglo XIX, llamaron goal al arco del fútbol, goalkeeper (golero, portero, guardavalla o guardameta) al jugador que cuida el arco y goal line a la línea de gol.

Sin embargo, por extensión, también se llamó goal ─y en nuestra lengua, gol─ al acto de introducir la pelota en la valla adversaria. Así, las palabras españolas como meta, arco, valla y portería se usan indistintamente para designar el lugar que, entre tres maderos, es cuidado por el portero, mientras que gol se reserva más bien para el acto de vencer al guardameta introduciendo el balón en ese espacio de 7,32 m de largo por 2,44 m de alto.

guillotina

No es verdad que el doctor Guillotin haya inventado la guillotina, y mucho menos que haya muerto ejecutado mediante ese mortífero dispositivo. En los años turbulentos del Terror que siguieron a la Toma de la Bastilla, muchos franceses perdieron la vida decapitados por la guillotina de los revolucionarios, pero este método de ejecución no era tan original como suele creerse; un dispositivo parecido ya había sido ensayado 200 años antes en Italia, bajo el nombre de mannaia. La guillotina, tal como se puso de moda en Francia durante la Revolución, fue inventada por los herreros Schmidt y Clairin y probada con unos carneritos por el doctor Louis, quien luego se la ofreció a la recién creada Asamblea Nacional. En 1789, en los primeros días de la Revolución, Guillotin sugirió que todos los reos fueran ejecutados mediante el mismo método, desde un villano ladrón hasta la propia María Antonieta. La Asamblea Nacional aprobó la idea en 1792 y miles de cabezas rodaron desde entonces y durante varios años. Pero Guillotin murió en 1814, en su casa, con la cabeza firmemente unida al pescuezo y lamentando hasta el último de sus días que el siniestro instrumento hubiera pasado a la Historia con su nombre.

HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH

hábeas corpus
Este sintagma del lenguaje jurídico proviene de la expresión latina habeas corpus ad subiiciendum (‘que tengas tu cuerpo para mostrar’ o que ‘tu cuerpo sea mostrado’), y se emplea para denominar el derecho de un ciudadano que preso a comparecer en forma pública e inmediata ante un juez, para que éste resuelva si su detención fue legal y si debe ser puesto o no en libertad.

La primera vez que se empleó esta expresión fue en la Carta Magna, arrancada por los nobles ingleses al rey Juan Sin Tierra en 1215, por la cual la soberanía pasó del monarca a la nobleza, que se organizó en una organización que perdura hasta nuestros días con el nombre de Cámara de los Lores.

En la Carta Magna se establecía que ningún hombre libre podría ser detenido, preso, ni desposeído de sus propiedades sin una ley previa que justificase tales actos. Según el texto de la Carta Magna, «Nadie puede ser castigado de ninguna manera sino por sentencia legalmente pronunciada contra él, por sus iguales o pares, según la ley del país. A nadie debe rehusar el Rey pronta justicia, la que no podrá ser vendida a persona alguna».

A pesar de que todo indica que la expresión hábeas corpus nació allí, el principio jurídico en el cual se basa ya existía en el derecho romano, en el recurso conocido como Interdicto de homine libero exhibendo (recurso de mostrar al hombre libre), expresado en la fórmula Quem liberum dolo malo retines, exhibeas, que se aplicaba a todo particular que restringiera la libertad de un hombre que tuviera derecho a ella, para que lo presentara de inmediato ante el pretor, quien decidiría al respecto.

La locución hábeas corpus ha sido castellanizada e incluida en el Diccionario de la Real Academia, por lo que se debe escribir con tilde, de acuerdo con las normas de nuestra lengua.

hermenéutica
Es el arte de interpretar textos. Los griegos llamaban hermenéus a quienes oficiaban de intérpretes o traductores de cualquier lengua o explicadores de cualquier disciplina. A partir de los hermenéus se formó el adjetivo hermeneutikós (relativo a la interpretación), que en nuestra lengua dio lugar al sustantivo hermenéutica, aplicado inicialmente a interpretación de la Biblia y, en un sentido más amplio, a la interpretación del fenómeno religioso como un todo, a las teorías filosóficas del significado y a la comprensión e incluso la interpretación de los textos literarios.

En los siglos XIX y XX, la hermenéutica alcanzó el estatus de sistema filosófico, merced a los trabajos de Wilhelm Dilthey, Edmund Husserl y Martin Heidegger.

hemorragia

Llámase así el flujo de sangre que corre debido a la ruptura de un vaso. La hemorragia será venosa si el vaso roto es una vena, o arterial si se trata de una arteria. En el primer caso, es de sangre de tonalidad oscura, que va hacia los pulmones para recibir oxígeno; en el segundo, se trata de sangre de un rojo vivo, que viene de los pulmones para distribuir oxígeno en los tejidos de todo el cuerpo.

La palabra proviene del latín hæmorragia, tomada del vocablo griego haimorrhagia, formado con haima (sangre) y un derivado del verbo rhegnunai (romper, reventar, derramar).

En nuestra lengua abundan las palabras derivadas de haima: hemoglobina’, hemólisis, hemorroide y muchas otras, en su mayoría del área médica, pero también ajenas a ella, como hematita ¯un tipo de mineral de hierro, literalmente ‘sangre que parece piedra’.

 

 

*** halloween *** (pronunciar jalouín)

Por fuerza de la mundialización, tradiciones heredadas de esta antiquísima

fiesta de origen celta se están extendiendo tan rápidamente en los países

hispanohablantesque tal vez valga la pena echar una ojeada a su origen, por más

que *halloween* no sea una palabra de nuestro idioma.

En la Antigüedad, en Bretaña, Escocia e Irlanda, se festejaba la fiesta de

Samhain el 31 de octubre, último día del año en los antiguos calendarios celtas

y anglosajones. En esas ocasiones, se encendían grandes hogueras en lo alto de

las colinas para ahuyentar a los malos espíritus y se creía que las almas de los

muertos visitaban sus antiguas casas, acompañadas de brujas y espíritus.

Con la llegada del cristianismo, se estableció el primero de noviembre como Día

de Todos los Santos y el 31 de octubre pasó a llamarse en inglés *All Saints

eve* (víspera del Día de Todos los Santos) o también *all Hallowseve*, de

donde derivó *halloween*. *Hallow* es palabra del inglés antiguo que significa

‘santo’ o ‘sagrado’ y que, como el moderno vocablo *holy* proviene del germánico

*khailag*.

Muchas de las tradiciones de *halloween* se convirtieron en juegos infantiles

que los inmigrantes irlandeses llevaron en el siglo XIX a los Estados Unidos y

desde

allí se han extendido en las últimas décadas por el mundo hispánico.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

impresionismo

En 1874, un grupo de pintores antiacadémicos (formado por Camille Pisarro, Paul Cézanne, Claude Monet, Edgar Degas y Auguste Renoir, entre otros) vieron sus trabajos rechazados por el salón tradicional de París y resolvieron presentar una exposición alternativa en el salón del fotógrafo Félix Nadar. El nombre de uno de los trabajos allí presentados, titulado Impresión, salida del sol, de Monet, fue tomado por el crítico parisién Louis Leroy para denigrar a los pintores, calificándolos despectivamente como "impresionistas".

Con este grupo se inaugura una era de colores puros y vivos y de pinceladas visibles y separadas, en contraste con la terminación perfeccionista de los clásicos. Se trataba de fijar en la tela, no la imagen fotográfica de la realidad, sino las formas y colores tales como los percibe el ojo en un instante; deseaban plasmar en la tela la realidad que percibían sin consideraciones estéticas. «Pinto como los pájaros cantan», decía Monet.

A pesar de la intención peyorativa de Leroy, los pintores tomaron para sí el nombre de impresionistas; hasta entonces habían sido llamados ‘pintores de manera clara’, para distinguirlos de los ‘de manera oscura’, como se denominaba a los clásicos.

La palabra francesa impression, de donde proviene el nombre de esta escuela, se formó a partir del verbo imprimer, registrado en esa lengua en 1356 con el sentido de ‘oprimir’, ‘presionar’, pero también con el de ‘provocar un sentimiento’. A partir de la invención de la imprenta por Gutenberg, entre los diversos significados de este verbo se incluyó ‘imprimir’ (un libro) y también ‘impresionar’.

Impression proviene del latín impressio (marca, impresión en el espíritu), sustantivo femenino derivado del verbo imprimere, formado por in- (en) y premere (apretar), derivado del indoeuropeo per- (golpear). proviene del latín (marca, impresión en el espíritu), sustantivo femenino derivado del verbo formado por (en) y (apretar), derivado del indoeuropeo per- (golpear).

 

JJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJ

jacinto

Hyacincthos se llamó el hijo de la musa Clío, un joven dotado de gran belleza que era muy amigo de Apolo, por más que las malas lenguas -que ya las había en aquella época- dijeran que el dios del sol se había apasionado por él.

Un día, al lanzar Apolo el disco, el viento lo desvió con tan mala fortuna que alcanzó a Hyacincthos en la cabeza, matándolo en forma instantánea. Desolado por el accidente, Apolo transformó la sangre que salió de la herida de su amigo en una flor de color azul, o a veces violeta: el jacinto.

Debido a su bella tonalidad, este nombre fue dado también a una piedra semipreciosa, el circón, que por alguna razón que desconocemos es señalada como símbolo de la lealtad e indicada para la meditación. No obstante, hay piedras de circón de otros colores, tales como rojo y amarillo.

El nombre de Hyacincthos pasó al latín como Hyacinthus y como Hyacinthe al francés, lengua de la cual llegó al español como Jacinto. El nombre de la planta se registró por primera vez en nuestra lengua en 1438.

junio

Sexto mes del año, es uno de los cuatro con treinta días. Su nombre es un homenaje a la diosa romana Juno, Hera para los griegos.

Entre los romanos, Juno era la diosa de la maternidad, protectora de las mujeres y del Estado, esposa de Júpiter y reina del Olimpo. Llamada Juno Moneta (en latín 'la que avisa') dio origen con este apodo a la palabra moneda.

 

 

KKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKK

LLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL

lagarto

Los latinos llamaron lacertus a aquel reptil cuyo nombre llegó a nosotros como lagarto, después de pasar por lacartus en el latín medieval vulgar. Lo curioso es cómo esta palabra ingresó al inglés con artículo (el lagarto) y adoptó en esa lengua la forma allegater en Shakespeare (Romeo y Julieta), hoy alligator.

*** lechuga ***

 

¿Alguna vez se le ocurrió que la palabra *lechuga* pudiera tener algo que ver

con *leche*?

¿No? Sin embargo, algunos tipos de lechuga segregan un líquido blanco, lechoso,

que es el que dio nombre a esta planta en latín: *lactuca*. Este nombre pasó al

francés como *laitue* y al inglés, inicialmente como *letuse* y luego en la

forma actual *lettuce*.

La palabra se registra en español como *lechuga* desde 1400. El fragmento

siguiente fue extraído de un Tratado de agricultura del año 1504, firmado por

Gabriel Alonso de Herrera:

 

 

...aquella pelotilla con más estiércol de aquello y la ponen en tierra bien

estercolada y la simiente del rábano cresce hacia baxo como suele y la lechuga

hacia riba y terná en sí algo del sabor de las otras plantas o simientes.

ladrón
Los mercenarios que formaban parte de la escolta de los emperadores de Roma se llamaban latro, latronis, y el verbo latrocinare significaba 'servir en el ejército'.

Con la descomposición del Imperio Romano, la paga de los latronis empezó a demorarse hasta que terminó por no llegar más, con lo que, por tratarse de asalariados que tenían el derecho de portar armas, terminaron por convertirse en ladrones y salteadores, dando lugar al significado actual de ladrón y latrocinio.

 

licenciado

Tiene el mismo origen que lícito: el latín licitus (permitido), participio pasivo del verbo licere (‘ser lícito’ o también ‘estar en venta’).

De ahí el significado de licencia con el sentido de ‘permiso’, y de licenciado como aquel que tiene un permiso otorgado por una universidad para ejercer una determinada actividad.

La idea de permisividad a que alude licere aparece también en licencioso, palabra que se refiere al uso abusivo y descontrolado de la libertad.

Del otro significado del verbo latino, ‘estar en venta’, se derivó licitación y toda su familia: licitar, licitante, licitador.

linchar

Linchar es el acto de hacer justicia por la propia mano, ejecutando a un supuesto delincuente, sin forma de proceso ni sentencia legal, generalmente a manos de una turba. La práctica de esos actos brutales, que con frecuencia llevan al asesinato de inocentes, floreció en los Estados Unidos durante los años que siguieron a la Independencia, cuando la justicia británica se retiró y la nueva justicia demoró en consolidarse en muchos lugares, en los que el desorden imperó durante largo tiempo.

La palabra proviene del nombre del plantador virginiano William Lynch, quien durante la revolución independentista había luchado con el grado de capitán y formado un grupo irregular para castigar a los monárquicos, pero que una vez constituida la nueva nación se dedicó a reprimir a presuntos delincuentes. Algunos autores mencionan una supuesta ‘ley de Lynch’ que nunca existió como tal; en realidad, dieron ese nombre a un documento suscrito por Lynch y sus vecinos del condado de Pittsylvannia en el que se decía: «Considerando el intolerable número de pérdidas que hemos sufrido a manos de hombres sin ley que hasta ahora han escapado de la justicia, hemos decidido infligir a los sospechosos que no desistan de sus prácticas perversas, los castigos corporales que juzguemos proporcionales a los delitos perpetrados».

Esta práctica se siguió aplicando, principalmente por parte de racistas blancos, mucho después de que la justicia estadounidense estuviera plenamente consolidada, a tal punto que entre 1882 y 1951 fueron asesinadas por linchamiento en los Estados Unidos 4730 personas, el 73 por ciento de las cuales eran ciudadanos negros.

lama ***

Mientras la llama olímpica está cumpliendo su periplo por el planeta antes de los Juegos de Atenas, podemos aprovechar la ocasión para buscar el origen de la palabra llama, cuyos antecedentes más remotos los hallamos en la raíz bhel- que, en las lenguas prehistóricas de los pueblos indoeuropeos, unos quince siglos antes de nuestra era, significaba 'brillar' o 'quemar' y subsistió en palabras del griego clásico, como phlegein (encender, quemar), y en el sustantivo phlox, phlogos (llama, fuego o lengua de fuego que produce luz y calor), de cuyo acusativo singular (phloga) se formó en el griego medieval la palabra con la cual los griegos siguen designando hasta hoy la llama olímpica: flogha.

Phlox se encuentra en las obras de Homero: en la Ilíada con el significado de ‘fuego centelleante’ y en la Odisea con el de ‘fuego divino’. En el siglo V antes de nuestra era, que fue llamado el "siglo de oro" de Atenas, tanto Píndaro como los tres grandes dramaturgos helénicos (Sófocles, Eurípides y Esquilo) denominaron con el término phlox ‘el relámpago-trueno’ lanzado por Zeus, y también, metafóricamente, ‘la pasión’.

Phlegein llegó al latín convertida en fulgeo (quemar, brillar, relampaguear), que dio origen a flamma (llama, fuego). Este término latino derivó en castellano a llama, palabra que está registrada en nuestra lengua desde el siglo XIII. Flama dio origen a muchas otras palabras castellanas, tales como 'flama', 'flameante' y 'flamear'.

 

 

 

MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM

merienda
Es una ‘comida ligera que se ingiere a media tarde’. La palabra proviene del latín merenda, que para la mayor parte de los autores clásicos significaba lo mismo que hoy merienda para nosotros. Sin embargo, Plauto y Festo usaron merenda también como sinónimo de cena. Es muy probable que la merenda latina se derivase del verbo merere (merecer); Virgilio utilizó merendo con el sentido de ‘haciendo el bien, obsequiando’.

Algunos etimólogos han afirmado, equivocadamente, que merenda había significado, en realidad, ‘almuerzo’, con base en una supuesta relación etimológica con meridiem (mediodía) y en el hecho de que en algunas comarcas de España haya tenido en cierta época ese significado.

En este error —señalado por Corominas— incurre Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611). Curiosamente, sin embargo, en la misma entrada, el autor toledano admite que la merienda se comía "quando ya se merecia" por haber trabajado.

En rigor, vale lo que se comía al medio dia, que era poca cosa, esperando comer de propósito à la cena: y assi se dixo merienda quasi meridiana o quase merenda, porque se daua despues de haber trabajado, quando ya se merecia.

Sin embargo, tanto en el italiano como en el portugués moderno, merenda se mantuvo intacta con el sentido que tenía originalmente en latín.

mastín

Antigua raza de perros ovejeros, caracterizados por su gran tamaño y carácter manso. Su nombre se remonta al latín y alude precisamente a la mansedumbre de este animal: mansuetinos (domesticado), formada partir de mansuetus (domado, manso), que a su vez provenía de manus (mano) y suetus (acostumbrado). A partir de mansuetinos se formó en francés antiguo mastin, (actualmente, mâtin). En el francés actual se usa también con frecuencia la voz inglesa mastiff.

 

 

Maricastaña, el tiempo de ***

Cuando hablamos del ‘tiempo de Maricastaña’, nos referimos a una época muy lejana, pero pocos saben quién fue ni en qué época vivió Maricastaña. El autor argentino Héctor Zimmerman habla de «crónicas muy detalladas» registradas en Galicia allá por el siglo XIV, según las cuales habría existido en Lugo una rica terrateniente llamada María Castaña, casada con un tal Marín Cego.

Esta señora, que era mujer de armas tomar, participó activamente en las luchas de los hacendados contra los tributos abusivos cobrados por el obispo Pedro López de Aguiar. Según las crónicas, en una reyerta Maricastaña (así era llamada) mató con ayuda de su marido y de sus dos cuñados al recaudador del obispo, Francisco Fernández. Un relato fechado el 8 de junio de 1386, publicado por la diputación de Lugo, narra que en esa fecha Maricastaña confesó sus delitos y fue condenada a donar todos sus bienes a la catedral.

A pesar de la vasta documentación existente, hay quien afirma que esta señora nunca existió, sino que se trata de un personaje de una leyenda celta contada en inglés con una protagonista llamado Auburn Mary (algo así como ‘María de color castaño’).

En todo caso, se trata de una historia muy, muy antigua... del tiempo de Maricastaña.

 

MAUSOLEO

En todos los tiempos, al no poder superar su destino mortal, los poderosos buscaron medios de dejar su marca en el mundo. Con ese propósito, irguieron suntuosos mausoleos en los cuales sus restos deberían quedar guardados hasta el fin de los tiempos. Curiosamente, el primero en la historia de estos monumentos fúnebres no fue planeado así por el homenajeado, Mausolo, el rey de Caria, muerto en 353 antes de Cristo, a los 24 años de edad, antes de haber tenido tiempo de pensar en la muerte. En su breve vida, Mausolo guerreó contra Atenas, amplió el territorio de Caria e instaló en Halicárnaso la capital del país, que hasta entonces había estado en Mylasa. A su muerte, Artemisa II, su mujer y hermana, llamó a los arquitectos y artistas más famosos de su tiempo para encargarles la construcción de un panteón monumental en memoria de Mausolo, y el resultado fue tan hermoso que se convirtió en una de las Siete Maravillas de la Antigüedad, bajo el nombre de Mausoleo. La obra fue construida en Halicárnaso, ciudad que hoy está en territorio turco con el nombre de Bodrum. En las afueras, todavía hay algunos fragmentos del Mausoleo, pero buena parte del monumento fue robada por ingleses y hoy está en el Museo Británico. La palabra mausoleo nos ha llegado a través del latín mausoleum, procedente del griego mausoleion (de Mausoleo).



*** mentor ***

Significa 'consejero' o 'guía' y se usa para referirse a una persona de cierta edad que orienta a otra más joven o de menos experiencia.

En 1698, el marqués François de Fénelon (1651-1715) fue nombrado preceptor de los tres hijos del Gran Delfín de Francia, uno de los cuales era el duque de Borgoña. Como se trataba de un chico difícil, Fénelon escribió para él una historia titulada Aventuras de Telémaco (1699), sobre el hijo adolescente de Ulises, que emprendió una expedición para hallar a su padre y librar a su madre Penélope de los pretendientes que la asediaban. Como Telémaco era muy joven, en la narración de Fénelon la diosa Palas Atenea adopta la forma del anciano Mentor, que acompaña al heredero del reino de Ítaca, lo guía y aconseja.

El nombre griego del anciano y amigo de Ulises, Mentor, proviene de la raíz indoeuropea men- (pensar, meditar) y fue adoptado sin variaciones primero por el inglés y luego por el francés, español y portugués y, por el italiano, como mentore.
 

 

malaria

En 1898 el patólogo inglés Ronald Ross descubrió que la malaria era causada en el ser humano por las picaduras del mosquito anófeles, mediante las cuales inocula en el organismo uno de los tres tipos de protozoario que ocasionan la dolencia: el Plasmodio vivax, el malariæ y el falciparum.

Hasta entonces se creía que la malaria era trasmitida por el aire, como explica su nombre, que deriva de la locución italiana mal aria (mal aire). El otro nombre de la enfermedad, paludismo, proviene del latín palus (laguna, estanque, pantano), pues se creía que era el aire de esos lugares el que causaba el mal, y no los mosquitos que proliferan en las aguas estancadas. Palus dio origen también al nombre del puerto de Palos de Moguer, situado en las marismas onubenses, de donde Cristóbal Colón partió en 1492.

melodía

Es una sucesión coordinada de notas con tono y duración específicos, enlazadas en el tiempo para producir una expresión musical coherente. La melodía es junto con el ritmo el aspecto ‘horizontal’ de la música que avanza en el tiempo, mientras que la armonía es el aspecto ‘vertical’, el sonido simultáneo de tonos distintos.

La palabra llegó al castellano proveniente del bajo latín melodia, que a su vez proviene del griego meloidia (canto, canto coral), formada por melos (canción, tonada, música, miembro de una tonada) y el griego oidía (canto), de aeídein (cantar).

menú

La palabra latina minutus se formó a partir del verbo minuere (disminuir) y significaba ‘pequeño’, ‘menudo’ y también ‘disminuido’ (v. minuto). En francés este vocablo fue adoptado con el mismo sentido que en español, pero en cierto momento surgió una nueva acepción que, inicialmente, denotó ‘detallado’ y más adelante, ‘lista’, ‘relación’.

Más tarde surgiría de esta acepción francesa la expresión menu de repas, que significa en ese idioma ‘lista de comidas’, reducida finalmente a su forma actual menu, que al llegar al español tuvo apenas que añadir un tilde.

Menú se usó en español desde fines del siglo XIX, como en este texto del escritor Fernando Trigo, fechado en 1890:

se usó en español desde fines del siglo XIX, como en este texto del escritor Fernando Trigo, fechado en 1890: Unos, alrededor nuestro, con el hambre sana de a bordo, se reservan para cualquier título del francés rimbombante del menú y encuéntranse sorprendidos con sesos fritos... Otros, presumiendo de avisados, llenan de una vez con el tinto macón la batería de copas.

En el Diccionario de Zerollo (1895), menú fue incluido como "palabra francesa equivalente a la castellana minuta, lista de manjares", pero la Academia sólo la incluiría en su Diccionario de 1927.

mentor

En 1698, el marqués François de Fénelon (1651-1715) fue nombrado preceptor de los tres hijos del Gran Delfín de Francia, uno de los cuales era el duque de Borgoña. Como se trataba de un chico difícil, Fénelon escribió para él una historia titulada Aventuras de Telémaco (1699), sobre el hijo adolescente de Ulises, que había emprendido una expedición para hallar a su padre y librar así a su madre, Penélope, de los pretendientes que la asediaban. Como Telémaco era muy joven, en la narración de Fénelon, la diosa Palas Atenea toma la forma del anciano Mentor, que acompaña al heredero del reino de Ítaca, lo guía y aconseja.

El nombre griego del anciano amigo de Ulises, Mentor, proviene de la raíz indoeuropea men- (pensar, meditar, que en español también está en 'mente', 'mención' y 'memoria') y fue adoptado primero en inglés y luego en otras lenguas para referirse a una persona de cierta edad que guía y orienta a otra más joven.

 

*** milonga ***

 

Es sabido que la música popular rioplatense suele expresar quejas, lamentos,

sufrimientos, penas de amor y de nostalgia. Tal vez esto pueda explicar el

nombre de la *milonga*, uno de los ritmos típicos rioplatenses, que fue tomado

del vocablo africano *milonga*, que en la lengua quimbundo, traída a América por

los esclavos, significaba ‘queja’, ‘lamento’, ‘calumnia’ o ‘demanda’. Se cree

que la milonga, como el tango, se deriva en última instancia de ritmos africanos

que llegaron a América en boca de los esclavos.

*** músculo ***

Observando el movimiento de los músculos de la parte superior de la pierna al

contraerse y distenderse, los antiguos romanos lo compararon con un ratoncito

que va y viene, y adoptaron para denominarlo la palabra *musculus*, diminutivo

en latín de *mus* (ratón), que llegó al castellano como *músculo*.

Con el tiempo, el uso de este vocablo se fue extendiendo para denominar a todos

los músculos del cuerpo, mientras que para los de la parte superior de la pierna

se fue reservando la palabra *muslo*, derivada del anterior.

METÁTESIS

Figura de dicción que consiste en el cambio de lugar de algún sonido en una palabra.
MIGRAÑA La palabra griega *kranion* era el diminutivo de *kranos* (casco, yelmo y, más tarde, cráneo), que llegó al español hacia 1580 como cráneo, con su significado actual. Al dolor de cabeza que afecta sólo una parte de la cabeza (jaqueca) los griegos lo llamaron *hemikranea* y los latinos hemicrania, mediante la yuxtaposición del prefijo *hemi-* (medio), o sea, que afectaba la mitad y *kranion*. Finalmente, llegó al español como ‘hemicránea’, pero en el habla popular este vocablo culto no demoró en convertirse en *migraña*. El Diccionario de la Real Academia recoge hoy ambas formas, *hemicránea* y *migraña*, aunque en ninguno de los dos artículos se hace referencia al otro. MIMBRE Este vocablo, que designa a un sauce cuyas ramas se usan en cestería, nos viene de la prehistoria de la Humanidad. En efecto, llegó al español a partir de latín *vimine*, acusativo de *vimen* (rama flexible y también el propio mimbre), pero se sabe que el vocablo latino proviene de la raíz prehistórica indoeuropea *wei-men* (rama flexible), formada con *wei* (curvar, doblar) y *men* (producto). A pesar del cambio de la consonante inicial ocurrido en español, *vimen* se introdujo al portugués como *vime*. El mimbre o mimbrera, que es originario de Europa y Asia, pertenece a la familia de las Salicáceas y su nombre botánico es **Salix fragilis*.

NNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNN

nadie, nada

Ambas palabras se derivan de dos formas del participio pasivo del verbo latino nasci (nacer): nadie, del participio plural nati, y nada, del femenino singular nata.

Veamos el primer caso: nadie proviene de la locución latina homines nati non fecerunt, que literalmente significaba ‘personas nacidas no lo hicieron’ o, más propiamente, ‘nadie lo hizo’. Aparece registrado en español bajo la forma nadi desde el Cantar de Mio Cid y desde Berceo, usado sólo en frases negativas como nadi no lo hicieron, como figura en muchos casos hasta fines del siglo xv. En el Poema de Mio Cid se lee: No lo dizen a nadi e finco esta razon.

Posteriormente, evolucionó hacia naid y naide, considerado como un vulgarismo, aunque fue usado por Santa Teresa.

[...] que importa mucho que de sequedades ni de inquietud y destraimiento en los pensamientos naide se apriete ni aflija. (Santa Teresa de Jesús: Su vida).

Corominas señala que se pasó a usar nadie «como reacción contra el vulgarismo». Nada, por su parte, se derivó de la expresión latina res nata (cosa nacida), que pasó al castellano como ‘nada cosa’ y, posteriormente, nada. Corominas observa que expresiones como ‘no hizo nada cosa’ se utilizan hasta hoy en el castellano hablado en los estados norteamericanos de Colorado y Nuevo México, rico en expresiones consideradas arcaicas por el resto de la comunidad hispanohablante.

 

narcisismo
>
>Narciso era un joven de extraordinaria belleza pero que desdeñaba el
amor.
>Cuando nació, sus padres consultaron al viejo adivino Tiresias, quien
les
>dijo que el niño llegaría a viejo si evitase mirarse a sí mismo.
Durante su
>adolescencia, Narciso despertó intensas pasiones en incontables ninfas
y
>jóvenes de su edad, pero jamás se interesó por ninguna de ellas. Hasta
que
>un día la ninfa Eco se enamoró perdidamente de él y, desesperada ante
la
>indiferencia del amado, se retiró a la soledad y adelgazó hasta quedar
>convertida en una roca fría, que sigue repitiendo hasta hoy las voces
que
>oye a su alrededor (v. eco).
>Dispuesta a vengar a Eco, la diosa Némesis, un día de mucho calor,
hizo que
>Narciso se inclinase a beber sobre una fuente, pero cuando el joven
vio su
>rostro tan hermoso se apasionó inmediatamente por él e inclinó su
cabeza
>dentro de la fuente, con lo que murió ahogado en pocos minutos. Al pie
de
>la fuente, nació más tarde una flor que los griegos llamaron
nárkissos, y
>que llegó hasta nosotros como narciso, a través del latín narcissus.
>El psicoanálisis retomó la leyenda de Narciso para explicar el proceso
>psíquico por el cual algunas personas son incapaces de amar a otro y
sólo
>se aman a sí mismas, lo que a veces desemboca en el amor a personas
del
>mismo sexo. Sigmund Freud en su obra Introducción al narcisismo (1914)
lo
>define como "el estancamiento de toda la energía de la libido en el
yo". La
>palabra se usó primero en alemán como Narzismus (y no Narzissismus)
que fue
>traducida al inglés inicialmente con Narcissus-like, luego narcismus y
>finalmente el término actual narcissism, que llegó al español como
>narcisismo, registrado por primera vez en la edición del DRAE de 1936.
>
>
 

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

obedecer

El sentido del oído sirvió de referencia para la formación de numerosas palabras de nuestra lengua (v. absurdo y discrepar). Éste también es el caso de obedecer, palabra proveniente del latín obedire, que se formó a partir del prefijo ob- antepuesto a audire (oír). Inicialmente, significó ‘dar oídos’, ‘dar crédito’, ‘creer’, pero Cicerón ya empleó este verbo con su sentido actual de ‘cumplir una orden’. Obeditum est enixè, decía Tito Livio, con el sentido de ‘obedecieron prontamente’.

orín

Aunque esta palabra suele ser confundida con ‘orina’, y por más que el Diccionario de la Academia incluya una acepción con ese sentido, lo cierto es que orín es una palabra diferente, con una etimología totalmente distinta de la de ‘orina’.

Significa apenas ‘herrumbre’, el óxido de color castaño rojizo que se suele formar en la superficie del hierro. Proviene del latín ærugo, æruginis, que en latín vulgar se convirtió en aurigo, aurigines, vocablo usado inicialmente como denominación del hongo de los cereales, que cubre los vegetales de un color castaño amarillento. Se cree que la transición de la forma clásica a la vulgar ocurrió debido a la influencia de aurum (oro).

Existen registros en español de esta palabra desde el siglo xv, y aparece ya en el primer capítulo del Quijote, cuando Cervantes describe las armas del hidalgo:

Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón.

 

 

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propóleo
Los griegos llamaban própolis a las puertas de una ciudad, voz formada por el prefijo pro- y polis (ciudad). Más tarde, Plinio empleó esta palabra en latín para dar nombre a la cera –extraída de las yemas de los árboles– con la que las abejas recubren la entrada de sus colmenas a fin de protegerlas contra hongos y bacterias.

Las propiedades antibióticas y fungicidas de esta sustancia, que en nuestra lengua se llama propóleo, eran conocidas desde la más remota antigüedad por los sacerdotes egipcios, por los médicos griegos y romanos así como por algunas culturas sudamericanas.

Ciertamente, propóleo está vinculada a través de polis con muchas otras palabras de nuestra lengua, tales como político (relativo a la ciudad), metrópolis (ciudad madre) y policlínica (establecimiento de salud pública para la atención de una ciudad).

Cabe añadir que polis proviene del sánscrito pur (ciudad fortificada), que se encuentra en el nombre de Singapur (ciudad de los leones).

 

palestra

Llegó a nuestra lengua proveniente del latín palæstra y éste, del griego palaístra (lugar donde se lucha), derivado del verbo palaíein (luchar).(lugar donde se lucha), derivado del verbo (luchar).

Griegos y latinos llamaban así a los gimnasios o lugares donde se luchaba y, por extensión, a la propia lucha. A partir de cierta época, los antiguos pasaron a denominar con la misma voz el lugar donde se desarrollan ejercicios literarios o se debate algún tema, asociando el concepto con el de ‘lucha intelectual’.

A partir de esta acepción, se formó la expresión salir a la palestra o saltar a la palestra, que significa ‘tomar parte activa en una competencia pública’ o también ‘aparecer públicamente’.

La palabra griega se originó a partir del nombre de Palestra, la hija del rey Pándoco de Arcadia. Esta joven era amante de Hermes y, al enterarse de que su padre se disponía a matarlo, puso al dios al corriente de la maligna intención del rey y le pidió que le diera muerte primero para, de esa manera, salvar la vida. Como homenaje de gratitud a Palestra, Hermes dio a los gimnasios el nombre de palestra.

En portugués, palestra significa ‘conferencia’ o ‘charla’.

petulancia

El Diccionario define petulancia como una actitud de "vana y exagerada presunción" y menciona que proviene del latín petulantia. Los romanos usaban esta palabra para aludir a un comportamiento desmedido, exagerado, atrevido, o insolente.

El vocablo latino proviene del verbo petere (ir a algún lugar), pero con el sentido de hacerlo en forma agresiva, incluso insolente. También tenía otros sentidos, como el de ‘atacar’ o ‘herir’, el ‘demandar a alguien’ ante los tribunales y el de ‘elevarse’. Ovidio decía petere astra (elevarse hasta los astros) y Plinio, más modesto, petere palmi altitudinem (elevarse a un palmo de altura). Cicerón, por su parte, al referirse a una lucha en el Coliseo decía gladiatores petendo vehementem (los gladiadores atacándose con vehemencia).

A partir de este verbo, se formó el adjetivo petulans, que se aplicaba a la persona agresiva, siempre dispuesta a atacar, y también al sujeto insolente o meramente irreverente y petulantia, arriba mencionada, al comportamiento de los petulans. En cierto momento, se formaron asimismo los cuerpos militares de petulantes, que eran batallones auxiliares de las legiones romanas.

Corominas afirma que la palabra petulante se registra en español desde el siglo XVII. Sin embargo, el notable etimólogo catalán no disponía de los modernos corpus informatizados que hoy nos permiten saber en pocos minutos que este vocablo ya era conocido en 1490, cuando su significado fue explicado por Alonso de Palencia en su Universal Vocabulario:

Petulans. tis. de todo genero. que agora lo toman por osado & demasiado. Otro tiempo se dizian azedos demandadores. & propriamente moços de cambiadores. los quales muchas vezes y espessas demandan demasiados preçios: que toman nombre de pedidores. O es petulans suzio importuno. En esto es diffirente el petulante del lasciuo: que el petulante viene de temeridad y el lasciuo del iuego y gazaiado.

El verbo latino proviene del griego peto, petannumi, que se deriva, a su vez, de la raíz indoeuropea pet- (precipitarse), también presente en palabras como ímpetu, petición, apetito, entre otras.

PERGAMINO

Piel de la res, limpia del vellón o del pelo, raída, adobada y estirada, que sirve para escribir en ella, para forrar libros o para otros usos. (DRAE) Diversas culturas de la Antigüedad han utilizado pieles de animales como soporte de escritura de textos sagrados y literarios; el más antiguo de los pergaminos que se han hallado hasta ahora pertenece a la IV Dinastía egipcia (2700-2500 a. de C.). En su Historia Natural, Plinio el Viejo describe la rivalidad que existía en el siglo II antes de Cristo entre la biblioteca de Alejandría y la de Pérgamo (actual Bérgamo), que en esa época tenía unos 200.000 volúmenes. Plinio explica que, en función de esta rivalidad, Ptolomeo V de Egipto dejó de exportar papiros a Pérgamo, ante lo cual el rey de esta ciudad, Eumenes II, ordenó que se perfeccionase la fabricación del soporte hecho con pieles de ovejas, cabras, vacas y otros animales. Tras ser lavadas y sumergidas en cal para eliminar la grasa y los pelos, estas pieles eran tensadas en bastidores y pulidas con cuchillas y polvo de piedra pómez hasta conseguir una fina membrana apta para soporte de la escritura. Con cueros procedentes de animales muy jóvenes, e incluso de animales nonatos, obtenían unos resultados excelentes, al punto que el pergamino llegó a sustituir por completo al papiro. Estas hojas de cuero de Pérgamo se usaron como soporte de escritura durante diecisiete siglos, hasta que el pergamino fue sustituido por el papel en el siglo XV, con la invención de la imprenta. En la actualidad, los pergaminos se usan para encuadernaciones de lujo, para la construcción de instrumentos musicales de percusión y para pantallas de lámparas. En latín se lo llamó membrana, voz usada hasta la Edad Media, y como tal figura en el Diccionario hispano-latino (1495) de Antonio de Nebrija: “Membrana, pergamino. Lat. Pergamena charta”. En el edicto sobre precios máximos de Diocleciano, aparece la expresión membrana pergamenea, ‘membrana de Pérgamo’. El nombre griego de esta ciudad fue Pergamon, y pergamenos significó ‘de Pérgamo’, que pasó al latín como pergamenus, y al latín medieval como pergamena charta o pergaminum. No obstante, Gonzalo de Berceo ya usaba la forma pergamino. De pergamino proviene el verbo apergaminarse, que significa ponerse la piel seca y rugosa como el pergamino, generalmente debido al envejecimiento. ------------------------------------------------------------------ ------------------------------------------- El apellido del día *** Martorelli, Martorello *** Martorelli es un apellido italiano originario de la región central de la península y de la costa de Campania, cerca de Cosenza. Martorelli es más raro, hay un núcleo en Cosenza y otro en Italia central. Ambos provienen del nombre de pila medieval Marturellus. Martorelli se expandió además hacia varios países americanos en el siglo XX. Conozca la historia de su apellido y el escudo de armas de su familia en: www.apellidos.com.br Ahora también camisetas con su escudo de armas. -------

 

 

piano

Este instrumento fue inventado en 1698 por el fabricante florentino de clavecines Bartolomeo Cristofori, cuyo primer modelo quedó listo en 1709 y se llamó gravicembalo col piano e forte (clavecín con suave y fuerte), aunque fue más conocido inicialmente como pianoforte, que más tarde se abrevió a piano, y así llegó a nuestra lengua. En la actualidad se conocen dos pianos fabricados por Cristofori: uno de ellos, de 1720, está en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York; el otro, fechado en 1726, está en el museo de la Universidad Karl Marx, de Leipzig.

Cristofori llevó adelante su proyecto del piano al constatar que el clavecín no permitía hacer que los tonos fueran más suaves —en italiano, piano— o más fuertes o recios —en italiano, forte.

pícaro

El pícaro fue el héroe de la narrativa picaresca española, que tuvo su máxima expresión en El lazarillo de Tormes. Era un personaje sin recursos, que se valía de toda clase de tretas para sobrevivir.

Sobre el origen de la palabra, hay dudas. Se ha dicho que los primeros pícaros fueron los soldados españoles que regresaban a la Península después de las campañas en la Picardía francesa, y quedaban abandonados a su suerte, desarrollando para sobrevivir las artimañas que su ingenio les permitiera. Sin embargo, Corominas pone en duda esta etimología, pues le parece más probable que la palabra provenga del verbo ‘picar’, que en cierta época, expresaba varias tareas desempeñadas por estos personajes, tales como pinche de cocina y picador de toros. Como respaldo de su tesis, el etimólogo catalán observó que pícaro era palabra usada ya en 1525, aunque con el sentido de ‘pinche de cocina’.

pírrico

Pirro, el rey de Epiro, era un militar famoso por su dominio de la estrategia militar. En 281 a. de C., recibió un pedido de ayuda de la colonia griega de Tarentum, hoy Tarento, que estaba en guerra con los romanos. Pirro acudió al llamado con 25 000 hombres y se enfrentó con los romanos en la sangrienta batalla de Heraklea, en la que obtuvo la victoria a costa de la pérdida de 13 000 soldados.

Un año más tarde volvió a derrotar a los romanos en la batalla de Ausculum, en la provincia de Apulia (Puglia), pero nuevamente sufrió pérdidas tan severas que el general victorioso expresó: «Otra victoria como ésta y seremos destruidos».

Desde entonces, la expresión victoria pírrica ¯del griego pyrrikós¯ se usa para calificar un triunfo que tiene un costo más elevado para el vencedor que para el vencido.

pompa

Es el acompañamiento numeroso y solemne, con gran aparatosidad, que se hace en una función de regocijo o fúnebre.

Entre los romanos, pompa podía referirse tanto a los cortejos fúnebres como a los desfiles, séquitos o comitivas. En estos últimos casos, tenía una connotación de ostentación, que se conserva en su significado del español moderno. La palabra se derivaba del griego pompé, que podía significar ‘escolta’ o ‘procesión’, como también ‘primer envío’ (esta acepción proviene del verbo pempéin, ‘enviar, escoltar’).

Su uso en castellano lo documentó por primera vez Alfonso Martínez de Toledo en Arcipreste de Talavera, y Corbacho, en 1438. En los siglos xv y xvi fue una palabra muy usada, frecuentemente con el sentido de soberbio, y como tal apareció en el Quijote y, sobre todo, en Pedro Calderón de la Barca, que la empleaba con mucha frecuencia, como en este trecho de La vida es sueño:

Miradme otra vez sujeto

a mi fortuna; y pues sé

que toda esta vida es sueño,

idos, sombras que fingís

hoy a mis sentidos muertos

cuerpo y voz, siendo verdad

que ni tenéis voz ni cuerpo;

que no quiero majestades

fingidas, pompas no quiero

La acepción usada en pompa de jabón corresponde a otra palabra homónima de diferente origen.

Polonia

El nombre de este país centroeuropeo de población eslava y católica proviene de la palabra polaca pole (campo), término formado a partir de polanie, que es como se denominaba a un pueblo eslavo afincado entre los ríos Oder y Vístula a principios de la Edad Media, según la crónica que el abad Teodosio de Kiev escribió en el siglo xi, corroborada en la Historia de los emperadores (siglo xiii), de Gervasio:

[...] Polonia, sic dicta in eorum idiomate quasi campania [...], (Polonia, llamada algo así como campo, en su idioma).

Según estos autores, pole dio lugar al gentilicio poliak y al nombre del país, Polska, que llegó al francés como Pologne, al inglés como Poland, al alemán como Polen, al portugués como Polônia y al español como Polonia, así documentada desde el siglo xiii, en el libro anónimo de Los siete sabios de Roma: Y ellos anduvieron muchos reinos e tierras y, en fin, desposáronle con la hija del rey de Polonia que era muy fermosa.

 

 

 

Papa

En los primeros siglos del cristianismo, todos los eclesiásticos eran llamados 'papa', voz tomada del latín papas y éste del griego pappas (papá), usado como tratamiento de respeto. Desde el siglo III, se llamó Papa solamente a los obispos y sólo a partir del siglo V la palabra se reservó al Sumo Pontífice. Como nombre de familia, se usó en varias lenguas neolatinas como pápa, pero fue la afrancesada corte española del siglo XVIII que tomó del francés la forma aguda 'papá'.

piedra

Cuenta el Evangelio que en sus últimos días Jesús se dirigió al apóstol Pedro, originariamente llamado Simón, para decirle: Tu est Petrus et super hanc petram edificabo eclesian meam (Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia -Mateo 16, 18-). Petra era un helenismo que penetró al latín hablado, pero fue evitado por los clásicos. Sin embargo, difícilmente habría sido usado por Jesús, que hablaba arameo (en esta lengua, el término para piedra es kefa); parece más probable que aquella cita haya nacido en las traducciones de la Biblia al latín, puesto que ni el término griego Petros ni el arameo Kefa habían sido usados antes como nombres de persona. La palabra aparece por primera vez en nuestra lengua en el siglo XI como pietra, aunque en 1074 ya hay registros de la forma actual piedra. Del agua fezist vino e de la piedra pan. (Poema de Mío Cid) La voz griega se perpetuó en las lenguas romances, entre las que mencionamos el portugués pedra, el francés pierre y el italiano pietra.

piedra ***

Cuenta el Evangelio de Mateo que en sus últimos días Jesús se dirigió al apóstol Pedro, originariamente llamado Simón, para decirle: Tu est Petrus et super hanc petram edificabo eclesian meam (Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia - Mt. 16, 18).

Petra era un helenismo que penetró al latín hablado, pero fue evitado por los clásicos y que difícilmente habría sido usado por Jesús, que hablaba arameo (en esta lengua, el término para piedra es kefa); parece más probable que aquella cita haya nacido en las traducciones de la Biblia al latín. Ni el término griego Petros ni el arameo Kefa habían sido usados antes como nombres de persona. La palabra aparece por primera vez en nuestra lengua en el siglo XI como pietra, aunque en 1074 ya hay registros de la forma actual, piedra.

Del agua fezist vino e de la piedra pan (Poema de Mío Cid).

La voz griega se perpetuó en las lenguas romances, entre las que mencionamos el portugués pedra, el francés pierre y el italiano pietra.

Polonia

El nombre de este país centroeuropeo de población eslava y católica proviene de la palabra polaca pole (campo), término formado a partir de polanie, que es el nombre con el que se denominaba a un pueblo eslavo afincado entre los ríos Oder y Vístula a principios de la Edad Media, según la crónica que el abad Teodosio de Kiev escribió en el siglo XI, corroborada en la Historia de los emperadores (siglo XIII), de Gervasio:

...Polonia, sic dicta in eorum idiomate quasi campania... (Polonia, llamada algo así como campo, en su idioma).

Según estos autores, pole dio lugar al gentilicio poliak y al nombre del país, Polska, que llegó al francés como Pologne, al inglés como Poland, al alemán como Polen, al portugués como Polônia y al español como Polonia, así documentada desde el siglo XIII: en el libro anónimo de Los siete sabios de Roma:

Y ellos anduvieron muchos reinos e tierras y, en fin, desposáronle con la hija del rey de Polonia que era muy fermosa.

 

PROLETARIO

Cuando Karl Marx presentó al mundo en 1848 su Manifiesto comunista con el conocido llamamiento ‘proletarios del mundo, uníos’ la palabra proletario ya contaba con más de 2.000 años de vida. En la Roma imperial, los *proletarii* eran los ciudadanos de la clase social más baja, que no tenían propiedades y cuya única utilidad para el Estado era generar proles (hijos) para engrosar los ejércitos del Imperio. Los marxistas retomaron el término para designar a los obreros de la sociedad capitalista del siglo XIX quienes, tal como los proletarios romanos, no tenían, según Marx, nada que ofrecer a la sociedad excepto su fuerza de trabajo y su prole, para reproducir las relaciones capitalistas de producción.

prestidigitador

Una falsa etimología, no por eso menos difundida, es que prestidigitador proviene del latín præstus (pronto) y digitus (dedo). En realidad, se originó en el bajo latín præstigium (fantasmagoría, juegos de habilidad manual) y su derivada præstigiator (el que hace juegos de mano). Sin embargo, el respetado Dictionnaire d’étymologie de Albert Dauzat recoge como buena esta falsa versión, que surgió por primera vez en francés en 1829, como prestidigitateur en lugar de prestigiateur. Esta forma fue adoptada en castellano en 1855 como prestidigitador. En español, prestigio* significó inicialmente ‘juegos de mano’, como en latín, y más tarde, ‘fascinación o ilusión con que se impresiona a alguien’. Este último significado fue evolucionando hacia el actual, de ‘ascendiente’ e ‘influencia’

 

QQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQQ

 

quinina

Corría el año 1633 y la esposa del virrey del Perú, Ana de Osorio, condesa de Chinchón, padecía una fiebre tropical contra la cual los médicos españoles del virreinato confesaban que no podían hacer nada. El virrey, muy enamorado de su esposa y desesperado ante la amenaza de perderla, llamó a un curandero indígena, que le aplicó quinina. Aunque el virrey no esperaba ningún milagro, la mujer mejoró de inmediato, la fiebre cedió en pocas horas, y al día siguiente ya estaba curada.

El milagro había sido obra de la quinina, un medicamento que los europeos desconocían debido a su desprecio por lo que juzgaban ‘supersticiones’ de los indios. El virrey ordenó a su médico que llevara a Europa la planta de la que se extraía el milagroso remedio, una sustancia blanca, amorfa, sin olor, muy amarga y poco soluble, que se emplea en forma de sales para combatir, principalmente, la elevada fiebre causada por las varias formas de malaria.

En el Viejo Continente, la planta de la quina fue llamada Chinchona en homenaje a la condesa, que no había tenido otro mérito que curarse con él. Un siglo más tarde, el botánico Carl von Linneo, por error bautizó a la planta como Cinchona, nombre científico que lleva hasta hoy.

Aunque algunos autores sugirieron que el nombre de la quina es de origen quechua, parece más probable que la designación española ‘chinchona’ haya vuelto a América, donde dio lugar entre los incas a quinquina y quinaquina, de donde más tarde se formó el vocablo español quinina.

 

QUETZAL.

 El quetzal es la moneda de Guatemala desde 1927, cotizada en 2005 a 7,65 por dólar. Pero la palabra es también el nombre del ave nacional de Guatemala y figura en el escudo de ese país centroamericano, aunque puede ser hallado desde los bosques de México y Centroamérica hasta el altiplano boliviano. Su porte majestuoso y el brillante colorido de sus plumas lo tornaron en la época precolombina en el pájaro sagrado de las culturas azteca y tolteca. La palabra se originó en la palabra náhuatl *quetzalii* (pluma verde).

RRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR

remunerar

Palabra usada desde muy antiguo en nuestra lengua con el sentido de ‘retribuir’ o de ‘premiar’. Aparece en castellano por lo menos desde el siglo XVI, como en este trecho del Libro de los siete sabios de Roma (1530):

(...) muchas veces con vos la mar e nunca me avéis hecho merced alguna, e por ende si en lugar de [ remuneración ] yo recabaré con vuestra señoría que me deis vuestro hijo en cinco años, si tuviere ingenio yo le enseñaré quanto yo e mis compañeros (...).

El origen más remoto de este vocablo lo encontramos en la raíz indoeuropea mei-, que dio lugar al latín munus, muneris (cargo, oficio, obligación), de donde surgió, el verbo munero, -are (regalar, gratificar) y, de éste, remunero, -are (remunerar, pagar y también, ser remunerado).

Munus dio lugar asimismo a otras palabras latinas que pervivieron en castellano y en otras lenguas romances, como municipius (municipio), munificentia (munificencia) e inmunis (inmune, libre de toda obligación y, más tarde, a salvo de ciertas enfermedades).

 

rueca

Los pueblos germanos desarrollaron la hilandería desde muy antiguo, y fueron ellos quienes llevaron los secretos de esta arte a Roma.

La rueca, usada para hilar antes de la revolución industrial, era un instrumento movido manualmente por una rueda, que contaba con una varilla en cuyo extremo se colocaba la lana, el cáñamo o el algodón para hilar.

Nada más natural, pues, que la palabra germánica rukko, usada para designar la rueca, llegara al latín vulgar con las invasiones bárbaras o, tal vez, un poco antes. Los romanos adoptaron así el nombre rucca, que llegó al español hacia 1400 como rueca.

***raglan ***

 

 

Lord Fitzroy James Henry Somerset (1768-1865), fue nombrado primer barón de

Raglan en 1852, poco antes de la Guerra de Crimea. En esa contienda, que se

desarrolló entre 1853 y 1856, Somerset lideró las tropas británicas en la

victoria que obtuvieron en la batalla de Alma. Sin embargo, menos de un mes más

tarde, se le atribuyó la culpa por la derrota de la Brigada Ligera de

caballería.

Lord Raglan, que era un hombre elegante, solía usar una casaca cuyas mangas no

se cortaban en el hombro, como es habitual sino que, en su parte superior,

llegaban hasta el cuello. Este tipo de manga se hizo popular en Londres hacia

1855 y desde entonces se le llama manga *raglan*. Este vocablo, de uso corriente

en muchos países hispanohablantes, no ha sido incluido hasta hoy en el

Diccionario de la Real Academia.

 

*** reno ***
 
A pesar de que los renos son los animales que tiran de los trineos en el extremo
norte de Europa, incluso los de Papá Noel, la palabra que los designa nos llegó
desde más cerca, del francés *renne*, tras una larga historia. En efecto,
*renne* tampoco era voz originaria de esa lengua: se registró por primera vez en
francés en una traducción de 1552, del alemán antiguo *Reen*, tras haber pasado
por el sueco *ren*, que a su vez la tomó del islandés *hreindejri* .
En español, este vocablo aparece por primera vez en el diccionario de Terrero:
 
«Animal que solo se halla en los Paises frios. Fr. Renne, ó rene, ó segun
algunos ranne. Lat. Hyppelaphus. Es parecido al ciervo, si bien algo mayor que
él, y menor que el Alce. Tiene tres órdenes de cuernos; dos delante, y uno
detras. Los lapones le domestican, y les sirve para llevar arrastrando en sus
trineos, ó carretones las cargas sobre la nieve, y hielo con gran velocidad.»
 
En diccionarios anteriores, como el de Nebrija (1495), el vocablo figuraba
apenas como nombre del río Rhin.

retahíla

El Diccionario define esta palabra como "una serie de cosas que están, suceden o se mencionan por su orden". Sin embargo, el uso, verificado en diversos corpus, indica que retahíla se utiliza normalmente para ‘una serie de cosas desagradables o negativas’, como vemos en este ejemplo de 1640, tomado de El siglo pitagórico, de Antonio Enríquez Gómez:

¿No me dirás qué fama o qué memoria, qué tesoros, qué premios o qué gloria tienes buscando vidas con una retahíla de homicidas? Infame, ¿quién te mete en la vida de Pedro, o qué promete oficio que espió faltas ajenas, siendo las propias [...].

Retahíla parece haberse formado en el latín medieval peninsular recta fila, que era el plural de rectum filum (línea recta).

robar

En su Historia de la lengua española, el académico Rafael Lapesa (1908-2001) observó que la influencia de los visigodos en las lenguas hispánicas fue relativamente escasa, pues estos invasores germánicos fueron asimilados por la cultura latina en un corto período y abandonaron su lengua en poco tiempo.

Sin embargo, son muchas las palabras con que estos pueblos estamparon su impronta en nuestra lengua, sustantivos y nombres propios, principalmente. Así, Fridenandus, Rodericus, Gundisalvus y Gelovira no demoraron en españolizarse como Fernando, Rodrigo, Gonzalo y Elvira.

Cabe recordar que el hábito favorito de estos pueblos guerreros era el pillaje a los vencidos, quienes se veían, generalmente, despojados de todos sus bienes. El acto de robar con violencia se expresaba en la lengua de los visigodos con el verbo raubon, que en el alemán moderno cambió a rauben, y que en castellano se convirtió en robar, tras pasar por el latín vulgar raubare. ¿Y qué robaban los visigodos? Pues todo lo que podían, obviamente, pero para la mayoría de los habitantes de la Europa medieval ese ‘todo’ se resumía en algunas ropas y unos pocos enseres domésticos, que eran convertidos en botín o, en germánico, raupa, palabra que en español se convirtió en ropa.

 

ROBAR

En su Historia de la lengua española, el académico Rafael Lapesa (1908-2001) observó que la influencia de los visigodos en las lenguas hispánicas fue relativamente escasa, pues estos invasores germánicos fueron rápidamente asimilados por la cultura latina y abandonaron su lengua en poco tiempo.

Sin embargo, son muchas las palabras con que estos pueblos estamparon su impronta en nuestra lengua, principalmente sustantivos y nombres propios. Así, Fridenandus, Rodericus, Gundisalvus y Gelovira no demoraron en españolizarse como Fernando, Rodrigo, Gonzalo y Elvira. Cabe recordar que el hábito favorito de estos pueblos guerreros había sido el pillaje a los vencidos, quienes generalmente eran despojados de todos sus bienes.

El acto de robar con violencia se expresaba en la lengua de los visigodos con el verbo raubon, que en el alemán moderno cambió a rauben, y que en castellano se convirtió en robar, tras pasar por el latín vulgar raubare.

¿Y qué robaban los visigodos? Pues todo lo que podían, obviamente, pero para la mayoría de los habitantes de la Europa medieval ese ‘todo’ se resumía a algunas ropas y unos pocos enseres domésticos, que eran convertidos en botín o, en germánico, raupa, palabra que en español se convirtió en ropa.

SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

sagrado
El concepto de lo sagrado, como algo digno de respeto o de veneración, acompaña al hombre desde las épocas más primitivas. Los pueblos prehistóricos indoeuropeos empleaban la raíz sak- y su forma sufijada sak-ro para nombra todo aquello que merecía su veneración y era, por tanto, objeto de rituales sagrados. Para denominar a aquellos que llevaban a cabo tales ritos, los indoeuropeos añadieron la raíz -dhot- (hacer) y formaron sak-ro-dhot que llegó a nosotros como sacerdote pasando por el latín sacerdos, -otis. Ovidio decía sacra alteram, patrem (el padre, otro objeto sagrado).

El hueso sacro, situado en la base de la columna vertebral y en la porción superior de la pelvis, era llamado por los latinos os sacrum (hueso sagrado), presumiblemente porque en tiempos anteriores a ellos, y probablemente en otras culturas, fue un hueso ofrecido a los dioses en sacrificios. Este sintagma latino es una traducción del griego hierón ostéon, del mismo significado y empleado para designar el mismo hueso.

sexo
En los últimos años, la palabra género se viene imponiendo en español, erróneamente, para reemplazar a sexo, entendido como ‘condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas’.

Sexo proviene del latín sexus, exactamente con el mismo significado que tiene hoy en nuestra lengua, según la Academia Española. Plinio decía parere virilem sexum (dar a luz un varón).

proviene del latín exactamente con el mismo significado que tiene hoy en nuestra lengua, según la Academia Española. Plinio decía (dar a luz un varón).

Algunos etimólogos, entre ellos Eric Partridge, sostienen que el vocablo latino puede haberse originado en secare (‘cortar’ o ‘separar’, como en secta), originado en el indoeuropeo sekw-con base en la idea de que la población se divide en varones y mujeres.

El género en castellano no debe referirse a las personas, sino a los objetos inanimados, puesto que se trata de una categoría meramente gramatical ‘a la que pertenece un sustantivo o un pronombre por el hecho de concertar con él una forma y, generalmente sólo una, de la flexión del adjetivo y del pronombre’.

La aplicación de género a personas está basada en un error de traducción del inglés gender, que en esa lengua se aplica a las diferencias entre varones y mujeres, diferencias que, por lo menos desde los latinos, pero probablemente desde tiempos prehistóricos son denominados por la palabra que en español conocemos como sexo. Género, aplicado a personas, es un calco semántico del inglés, impulsado por la manía estadounidense de lo ‘políticamente correcto’ y elevado por la fuerza a la categoría de concepto sociológico.

sismo
Palabra proveniente del griego seismós ‘conmoción’, ‘sacudida’ y también ‘temblor de tierra’ y usada en español de dos formas: sismo y seísmo, ambas incluidas en el diccionario de la Academia desde 1947. Hasta la primera mitad del siglo pasado, se utilizaba la palabra ‘terremoto’ como denominación de los temblores de tierra.
Por esa razón, la palabra no nos llegó a partir del griego sino por intermedio del francés seisme, empleada en esa lengua desde fines del siglo XIX. El vocablo francés fue creado a partir de la invención del sismógrafo hacia 1880, por el geólogo John Milne, el ingeniero Thomas Gray, ambos británicos, y el físico escocés James Alfred Ewing. El aparato destinado a medir la intensidad de los terremotos se llamó en inglés seismograph, apelando a la palabra griega, y luego en francés sismomètre y llegó a nuestra lengua.como sismógrafo, palabra incluida en el diccionario desde 1899, medio siglo antes que sismo. En inglés, la palabra griega sólo fue adoptada para denominar el aparato que mide la intensidad de los terremotos, pero éstos siguieron llamándose earthquake.
A diferencia de otros aparatos, que toman su nombre de la cosa medida, en español y en francés el sismógrafo dio una nueva denominación a los terremotos.

seminario

Voz procedente del latín seminarium. Es el lugar donde se forma la semilla (sementis) de los jóvenes que se dedicarán a la carrera eclesiástica.

Tiene, pues, el mismo significado de semilla, simiente y semen, entre otras muchas palabras.

A pesar de que seminario designa hasta hoy el lugar donde se forman los futuros sacerdotes, su significado se ha extendido para denotar también una clase en la que el profesor y sus discípulos se reúnen para realizar algún tipo de investigación.

saxófono
 

Instrumento musical de viento, de metal, con boquilla de madera y con caña; tiene varias llaves, es de invención moderna y muy usado, principalmente en bandas militares y orquestas de jazz.

El fabricante de instrumentos musicales belga Antoine-Joseph-Adolphe Sax, era famoso en el mundo entero por la calidad de sus productos. Era también clarinetista, aunque estaba desconforme con el clarinete que, según él, no le permitía expresarse como deseaba. Sax buscaba un instrumento similar, pero con algunas características del óboe, hasta que en 1841 acabó inventando éste que, años más tarde, sería denominado con la combinación del nombre de su creador con el sufijo -fono, del griego phonos (voz, sonido). El nuevo instrumento llegó nueve años más tarde a España, donde inicialmente se le llamó sax-hophon. Después del entusiasmo inicial, el saxófono (o saxofón) quedó relegado al olvido por algunos años, hasta que el movimiento jazzístico norteamericano descubriera que la resonante novedad se adecuaba perfectamente al ritmo sincopado. Fue a partir de entonces que el saxófono conquistó el mundo.

 

 

smorgasborg

Palabra de origen sueco que designa a una comida autóctona de ese país, hoy difundida en el mundo entero. En su forma tradicional, el smörgasbord consiste en un pan con manteca con varios tipos de carnes, frías y calientes, de res y de pescado, ensaladas, huevos y quesos.

La palabra está formada por smörgas, que significa 'pan con manteca', formada por smor (manteca) y gas (ganso). En su origen, smor parece estar remotamente vinculada con el antiguo vocablo germánico smerwjan, con el mismo significado. La sílaba final, bord, significa 'mesa'.

Datos históricos sugieren que este plato de gustos tan variados se originó por la costumbre de familias numerosas de campesinos suecos, que solían reunirse ante una gran mesa llevando cada uno lo que podía: algunos contribuían con un pedazo de carne, otros con un buen pez que acaban de pescar y otros con vegetales de su huerta, en general, bastante más que apenas manteca con carne de ganso.

satélite

A pesar de que se sabe desde hace varios siglos que la Luna es satélite de la Tierra y que muchos otros planetas, como Júpiter o Saturno, tienen satélites, lo cierto es que esta palabra se tornó de uso cotidiano sólo a partir de 1957, cuando la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial, el Sputnik. Pocos imaginaban por entonces que aquella novedad –que era vista como una hazaña tecnológica, pero sin mayores consecuencias prácticas– tendría una importancia tan fundamental en las telecomunicaciones del mundo de hoy. El vocablo español proviene del latín satelles, satellitis, usado por los romanos para designar a los soldados de la escolta personal de un príncipe o emperador. Posteriormente, por una bella metáfora, la palabra pasó a designar, aún en latín, a los cuerpos celestes que orbitan en torno de algunos planetas.

SALARIO

La palabra del día" *salario* La sal desempeñó un papel muy importante en la economía de las sociedades de la Antigüedad clásica, no sólo por su valor de uso (condimento, fabricación de tintes y jabones y, sobre todo, como conservante de carnes y pescados), sino también como medida de valor y medio de cambio, al punto que en algunas sociedades se usó como referencia para la paga de los soldados que en aquellos tiempos, cuando no existía la gran industria de hoy, era la única remuneración que se pagaba de manera uniforme a un gran número de personas. En la Roma de los césares, del latín 'sal' (sal) se derivó el adjetivo 'salarius', que significaba "de la sal, perteneciente a la sal", y de éste se formó el sustantivo 'salarium' (ración de sal, salario), con el cual se designaba el sueldo de los soldados. La raíz del latín 'sal' está en el étimo indoeuropeo sal-, con idéntico significado, de donde también proceden palabras como salsa, salami, salino, salitre, etc. Como veremos en una próxima entrega, las palabras sueldo y soldado también están estrechamente ligadas.

El apellido del día *Porta* Apellido originario de la región de Liguria y Lombardía, se extendió a Nápoles, Puglia y Cerdeña y, más tarde, a toda la América hispana. Se cree que los primeros en usar este apellido eran personas que vivían en los barrios cercanos a las puertas de la ciudad, quienes lo usaron primero para identificar el lugar donde vivían y más tarde lo incorporaron a su nombre.

El latín del día Quae in aliis libertas est, in aliis licentia vocatur. "Lo que para algunos es libertad, para otros es libertinaje". Quintiliano. CORRECCIÓN: En el último envío, un error dactilográfico sustituyó 'necedad' por 'necesidad'. La frase correcta de Cicerón era, pues, "La necedad es la madre de todos los males".

SILUETA

Cuidar la silueta suele ser una preocupación muy frecuente en las mujeres que temen aumentar de peso y perder elegancia. Algunos vestidos son diseñados en forma de realzar la belleza de la silueta femenina, entendida como los contornos del cuerpo.

De un modo más genérico, silueta es un dibujo de la sombra de un objeto, o sea, de su contorno, sin tener en cuenta los detalles de ese objeto.

La palabra proviene del francés silhouette, y fue tomado del nombre de un austero ministro de Hacienda de Francia del gobierno de Luis XV, Étienne de Silhouette (1709-1767), quien llegó al cargo en marzo de 1759 por recomendación de Madame Pompadour y que tenía la afición de recortar en papel retratos de siluetas. Silhouette se granjeó al mismo tiempo la animadversión de la nobleza y de la pequeña burguesía, perjudicadas por sus medidas, con lo que su impopularidad muy pronto se generalizó en toda Francia al punto en que en noviembre del mismo año se vio obligado a renunciar.

Pero la afición del ministro de recortar dibujos de contornos, que los cortesanos llamaban con desprecio portraits à la Silhouette ("retratos al estilo Silhouette"), se había hecho famosa y contaba con una popularidad mucho mayor que la del alto funcionario nombrado por la favorita del rey.

En 1788, silhouette ya aparecía en francés para designar dibujos de contornos y en 1835 la palabra era admitida por la Academia Francesa. Pero fue Chateaubriand quien en 1841 usó por primera vez silhouette para referirse específicamente a los contornos de cuerpos humanos.

Silueta apareció por primera vez en el Diccionario de la Real Academia en su edición de 1869, y ya en 1864 era usada por el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), en Desde mi celda:

Absorto en estos pensamientos, doblo el periódico y me dirijo a mi habitación. Cruzo la sombría calle de árboles y llego a la primera cerca del monasterio, cuya dentellada silueta destaca por oscuro sobre el cielo, en un todo semejante a la de un castillo feudal.

* * * sirena * * *

En la mitología griega, las sirenas eran bellísimas ninfas con busto de mujer y cuerpo de ave, aunque a veces son representadas con cuerpo de pez; solían sen-tarse sobre las rocas de una isla del Mediterráneo, probablemente Capri, desde donde atraían a los marineros con la dulzura de su canto, llevando a los barcos a estrellarse en sus acantilados. Después, las crueles sirenas devoraban a los in-cautos que se habían dejado seducir.

En la Odisea se cuenta cómo Ulises tapó sus oídos y los de sus marineros con cera y se hizo amarrar por sus hombres a un mástil para no ser atraído, pero al pasar cerca de las sirenas llegó a oír su canto, y ordenó que lo liberasen para ir hacia ellas, pero los marineros se lo impidieron y el barco pudo alejarse indem-ne. Según algunas versiones, tras ese fracaso las sirenas se suicidaron.

Los Argonautas, en su viaje en busca del vellocino de oro, habían pasado por un peligro semejante, pero Orfeo entonó un cántico tan melodioso que los marine-ros no se sintieron atraídos por el canto de las sirenas.

El nombre griego de las sirenas era seiren, que pasó al latín como siren, sirenis, y al latín tardío como sirena, palabra que en el siglo XV fue recogida por el cas-tellano, inicialmente como serena. Esta forma se extendió bastante por la Penín-sula Ibérica y llegó al gallego como serea, al portugués como sereia, forma que se matiene hasta hoy en Asturias, pero poco a poco se fue imponiendo sirena, que era considerada más culta por provenir del latín clásico.

 

sismo

Palabra proveniente del griego seismós ‘conmoción’, ‘sacudida’ y también ‘temblor de tierra’ y usada en español de dos formas: sismo y seísmo, ambas incluidas en el diccionario de la Academia desde 1947. Hasta la primera mitad del siglo pasado, se utilizaba la palabra ‘terremoto’ como denominación de los temblores de tierra. Por esa razón, la palabra no nos llegó a partir del griego sino por intermedio del francés seisme, empleada en esa lengua desde fines del siglo XIX. El vocablo francés fue creado a partir de la invención del sismógrafo hacia 1880, por el geólogo John Milne, el ingeniero Thomas Gray, ambos británicos, y el físico escocés James Alfred Ewing. El aparato destinado a medir la intensidad de los terremotos se llamó en inglés seismograph, apelando a la palabra griega, y luego en francés sismomètre y llegó a nuestra lengua.como sismógrafo, palabra incluida en el diccionario desde 1899, medio siglo antes que sismo. En inglés, la palabra griega sólo fue adoptada para denominar el aparato que mide la intensidad de los terremotos, pero éstos siguieron llamándose earthquake. A diferencia de otros aparatos, que toman su nombre de la cosa medida, en español y en francés el sismógrafo dio una nueva denominación a los terremotos.

 


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tertulia

El escritor cristiano Quinto Septimio Florencio Tertuliano nació en Cartago en el año 155 de padres paganos que le costearon una sólida formación en Derecho, la cual le valdría una notable fama como jurista en Roma. A los cuarenta años se convirtió al cristianismo y volvió a su ciudad natal donde se dedicó a difundir la nueva fe y se convirtió en importante autor eclesiástico.

En el siglo xvii se puso de moda aludir a Tertuliano en los cenáculos culturales de Madrid y, por asociación, se dio el nombre de tertulia a la parte del teatro donde se sentaban estos espectadores „Ÿhasta entonces llamada ‘desván’„Ÿ y también a las reuniones de eruditos. Los miembros de una tertulia son contertulios.

A fines del siglo xvii el padre Diego Calleja escribía sobre

 

...los que por alusivo gracejo llamamos tertulios, que sin aver cursado por destino las Facultades, con su mucho ingenio y alguna aplicación suelen hazer, no en vano, muy buen juizio de todo.

 

Corominas y Pascual sugieren que puede haber contribuido a esa moda un juego de palabras que se hacía en la antigua Roma con su nombre en latín, Tertullius, que podía ser leído como ter Tullius (el que vale tres veces más que Tulio, o sea, Cicerón). Este juego de palabras se originó en la corrupción de un pasaje de San Agustín en el cual philosophaster Tullios se convirtió, por error o por broma, en philosophus ter Tullius.

testículo

El testículo es un ´pequeño testigo` de la virilidad de un hombre. No es raro (y nunca lo fue desde la más remota antigüedad) que los padres muestren a sus amigos los testículos de sus bebés, como prueba de la condición viril de sus herederos varones.

En latín, testiculos es un diminutivo de testis (testigo).

 

trabajo

En este Día de los Trabajadores, tal vez sea oportuno recordar que la idea de trabajo estuvo desde muy antiguo asociada al concepto de tortura. En efecto, la palabra trabajo proviene de tripalium, que era el nombre de un temible instrumento de tortura.

Tripalium (tres palos) es un vocablo del bajo latín del siglo VI de nuestra era, época en la cual los reos eran atados al tripalium, una especie de cepo formado por tres maderos cruzados donde quedaban inmovilizados mientras se les azotaba.

De tripalium

derivó inicialmente tripaliare

(torturar) y posteriormente trebajo (esfuerzo, sufrimiento, sacrificio).

Trebajo evolucionó posteriormente hacia trabajo, vinculándose poco a poco con la idea de 'labor'. Lo mismo ocurrió en francés, lengua en la cual tripalium derivó en travail (trabajo), vocablo al cual los ingleses dieron la forma travel y un nuevo significado, asociándola inicialmente a la idea de 'viaje cansador' y, más tarde, simplemente viaje.

 

 

trivial
Los maestros medievales dividían las artes liberales en dos grupos: uno de tres y otro de cuatro elementos. El primer grupo -que era llamado en latín trivium (tres caminos)- estaba compuesto por la Gramática, la Lógica y la Retórica, mientras que el segundo grupo, llamado quadrivium (cuatro caminos), estaba compuesto por la Aritmética, la Astronomía, la Música y la Retórica.
El adjetivo trivialis se aplicaba a las tres artes del trivium, que por pertenecer a ese grupo eran llamadas ars triviales, pero también denominaba la calidad de un lugar de encuentro y de un cruce de tres caminos. Pero triviales significaba asimismo 'grosero, ordinario, común'. Se puede suponer que esto ocurrió tal vez porque las artes del trivium fueran consideradas menos importantes, pero también puede haber sido porque un cruce de caminos es un lugar de encuentro con desconocidos, lo que da oportunidad a conversaciones ligeras, que hoy llamaríamos 'triviales'.

TANTALIO

El tantalio es un metal escaso, de número atómico 73, que suele aparecer en la naturaleza en compañía del niobio. Fue descubierto por el sueco Ekeberg en 1802. Es usado en la fabricación de materiales quirúrgicos y prótesis debido a su característica más saliente, su notable resistencia a la corrosión, que le valió el nombre.

En efecto, este metal se llama así en alusión a Tántalo, rey de Frigia, extremadamente rico, hijo de Zeus y de Pluto; ésta, hija de Cronos o de Atlas. En la mitología griega, Tántalo era admitido en las fiestas de los dioses, pero cometió el error de contar a los hombres los secretos que oyó y, como castigo, fue condenado a quedarse en los Infiernos eternamente sumergido en agua hasta el cuello, pero no podía beberla porque el líquido huía cada vez que intentaba sumergir la boca en él. Este castigo, que se llamó "suplicio de Tántalo", fue la razón del nombre del tantalio, debido a su resistencia a absorber los ácidos en que se lo sumerge.

Este mito sirvió también para bautizar otro metal mencionado más arriba, el niobio, de número atómico 41, que se llamó así en alusión a Níobe, la hija de Tántalo que siempre acompañaba a su padre, pues el niobio es hallado siempre junto al tantalio.

El apellido del día

Palombo, Palumbo. Son apellidos italianos oriundos del Lacio, con ramas en los Abruzos y Apulia. Ambos provienen de la palabra palumbo (paloma, en ciertos dialectos), pero se cree que algunas de sus ramas se originaron en el nombre de pueblos como Colpalombo, Roccapalumbia, Santa Palomba y otros.

El latín del día

Scriptorum chorus omnis amat nemus et fugit urbem. Rite cliens Bacchi somno gaudentis umbrae. (Horacio).

"A todos los escritores les gusta el bosque y huyen de la ciudad; según la costumbre, son clientes de Baco, amigo del sueño y de la sombra".

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venir
El verbo latino venire (venio, -is) equivale al español venir, pero los autores clásicos le habían dado una amplia gama de significados, tales como ‘avanzar’, ‘atacar’, ‘nacer’ (el sol o un astro), ‘resultar’ (en el sentido de ‘ser producto de una operación aritmética’). Virgilio decía aquila veniente para significar ‘cuando el águila cae (sobre las palomas)’ y Cicerón usaba venire contra alienum con el sentido de ‘entablar un juicio a un extranjero’. El supino de venio es ventum, de donde procede ventus, -i (viento) y también ventura y aventura.

El sentido de ‘llegar’ lo obtenían los latinos con el prefijo ad-, formando el verbo advenire (advenio, -is), a partir cuya forma supina adventum se derivaron palabras castellanas como adviento y advenimiento.

Con el prefijo prae- se formó praevenire, con el sentido de ‘preparar’, ‘avisar’ o ‘advertir’, o sea, prevenir; y con el prefijo con-, el verbo convenire, con el sentido de ‘ir juntos a un lugar’ o ‘ir todos al mismo lugar’, de donde se derivaron las palabras castellanas convenio, conveniente, convención y convento.

Si en cambio se anteponía el prefijo in- se formaba el verbo invenire (encontrar, descubrir, inventar, obtener). El supino de invenire era inventum, que dio lugar al sustantivo masculino inventus, empleado por Plinio con el sentido de ‘invención’ o ‘hallazgo’, y que derivó en nuestro invento. Pero la denotación de ‘hallazgo’ dio lugar también al latín medieval inventorium (‘lo que se encuentra’, ‘lo que está allí), de donde proviene nuestro inventario.

En el castellano medieval se formó avenir, con el sentido de ponerse de acuerdo, avenirse, como ocurre con las parejas o con los socios ‘bien avenidos’.

 

 

venéreo

Proviene del nombre de Venus, la diosa romana del amor y del sexo. La palabra llegó a nosotros a partir del adjetivo latino venereus, referente al placer o a la relación sexual, para la cual el inglés adoptó venereal en el siglo xv. También ‘venerar’ y ‘viernes’, así como el nombre del más brillante de los planetas, Venus, tienen origen en el nombre de la diosa romana del amor, que para los griegos es Afrodita, pero los ecos de esta última en nuestra lengua debemos buscarlos en ‘afrodisíaco’.

En Roma, la familia Iulia, a la que pertenecía Julio César, pretendía descender de una unión de Venus con Eneas. (Ver afrodisíaco y latino)

 

 

ventrílocuo

Los ilusionistas de circos, ferias y auditorios sólo empezaron a usar la artimaña de atribuir a un muñeco su propia voz a partir del siglo xvi, una ilusión que se tornó mucho más convincente desde el siglo pasado, cuando la introducción de micrófonos y altavoces permitió mejorar considerablemente las técnicas de los ventrílocuos. El truco consiste en hablar sin mover los labios, al tiempo que se mueve la boca del muñeco, causando así la ilusión de que es el muñeco quien habla.

A pesar de que la popularización del truco es relativamente reciente, se sabe de la existencia de ventrílocuos desde el siglo vi antes de nuestra era, cuando esta técnica era usada por magos que decían hablar con los muertos. Durante la Edad Media, la Iglesia católica no veía con buenos ojos las actividades de los ventrílocuos y hubo quien afirmaba que hablaban con el demonio; pero cuando se entendió que se trataba de mera diversión, la actitud eclesiástica se hizo un poco más tolerante.

El primer ventrílocuo conocido fue un bufón de la corte del rey de Francia, Francisco I, en el siglo xvi, de nombre Louis Brabant. El rey de Inglaterra Carlos I, en la primera mitad del siglo xvii, dispuso del ventrílocuo Henry King, también llamado ‘el susurrador del rey’.

La palabra proviene del bajo latín ventriloquus (el que habla con el vientre), que a su vez se formó con venter, ventris (vientre, estómago) y loqui (hablar).

 

 

 

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*** veredicto *** A pesar de no ser una lengua latina, el inglés incluye en su léxico incontables voces de ese origen, que fueron dejadas allí por los romanos. Y a veces ocurre que esas palabras latinas vertidas al inglés son relatinizadas y pasan a formar parte de las lenguas romances. Es el caso de *veredicto*, un vocablo formado a partir de la españolización de la palabra inglesa *verdict* (dicho verdadero). Sin embargo, es fácil percibir que el latín no estaba ausente de esa palabra inglesa, que fue tomada en la Edad Media del francés normando *veir dit*, con el mismo significado. El *veredicto* es el fallo de un jurado, que proclama a un reo ‘inocente’ o ‘culpable’, y no debe ser confundido con la *sentencia*, que es la decisión de un juez o de un tribunal.
 

*** vermicelli ***

 

 

Si alguien se sienta en un restaurante y le ofrecen 'gusanillos', problablemente

rechazará el plato y pedirá otra cosa o tal vez hasta salga en busca de otra

casa. Sin embargo, no es otra cosa lo que nos nos proponen en los restaurantes

de cocina italiana cuando nos ofrecen *vermicelli*, palabra que en italiano es

el plural de *vermicello* que, a su vez, es el diminutivo de *verme* (gusano),

nombre que se dio a esta pasta debido a su forma cilíndrica. Esta última

palabra, procedente del latín *vermis*, también está presente en castellano para

denominar los parásitos intestinales.

Es curioso que la Real Academia no haya incluido en el Diccionario la forma

castellanizada 'vermicheli', como hizo con 'espagueti' (de *spaghetti*), con

'tallarín' (de *tagliarini') o con 'ravioli', esta última registrada sin cambios

en su forma italiana.

*** veredicto ***

 

A pesar de no ser una lengua latina, el inglés incluye en su léxico incontables

voces de ese origen, que fueron dejadas allí por los romanos. Y a veces ocurre

que esas palabras latinas vertidas al inglés son relatinizadas y pasan a formar

parte de las lenguas romances.

Es el caso de *veredicto*, un vocablo formado a partir de la españolización de

la palabra inglesa *verdict* (dicho verdadero). Sin embargo, es fácil percibir

que el latín no estaba ausente de esa palabra inglesa, que fue tomada en la Edad

Media del francés normando *veir dit*, con el mismo significado.

El *veredicto* es el fallo de un jurado, que proclama a un reo ‘inocente’ o

‘culpable’, y no debe ser confundido con la *sentencia*, que es la decisión de

un juez o de un tribunal.

volcán

Un volcán consiste en una fisura en la corteza de la tierra, generalmente en forma de cono, en cuyo punto más alto hay un agujero que conduce al interior del planeta. Desde este agujero suele expelerse materia ígnea en forma incandescente proveniente de las profundidades de la Tierra.

Vulcano era el dios del fuego y de los metales en la mitología romana, llamado Hefestos por los griegos, y casado con Venus, la diosa del amor y de la belleza femenina (Afrodita para los griegos).

Vulcano era herrero y, según la tradición latina, tendría su taller en la cima del monte Etna, donde hay un volcán, pero los griegos lo habían situado en la isla volcánica de Lemnos. Así como del nombre de Venus se formó la palabra 'venéreo' y de Afrodita 'afrodisíaco', de Vulcano los romanos formaron vulcanus, que llegaría a nosotros como volcán. En español, la palabra se usó desde el siglo xiii, inicialmente aplicada como parte del nombre de los tres volcanes italianos -Etna, Vesubio y Stromboli- pero posteriormente fue convertida en nombre común por los descubridores castellanos y portugueses, quienes la aplicaron a los numerosos montes ígneos que hallaron en África, América y las Azores.

víctima

En los primeros siglos de la lengua latina, victuma y, más frecuentemente, victima eran las palabras que designaban a los seres humanos o animales vivos que habían sido elegidos para morir en sacrificios ofrecidos a los dioses. Victimarius era el nombre del verdugo encargado de matar a esos hombres o animales, hoy en español, victimario. Con el tiempo, víctima se fue aplicando no sólo a las personas y animales inmolados, sino también a aquellos que sufrían agresiones, torturas, accidentes o incluso enfermedades, una evolución que no ocurrió en el español sino aún en el propio latín, como vemos en estas palabras de Ovidio: Victima decipientis error (Seré víctima de un defraudador).

¿Pero cómo llegó al latín la palabra victima? Debemos admitir que no está claro, pero por podemos observar que muy cerca de este vocablo están victus (alimento, aunque también vencido) y vinctus (encadenado). Lo único cierto es que el papel de la víctima es cargar con los pecados de todos, ser ‘sacrificada’ ─de sacrum facere (hacer algo sagrado)─ para que la sociedad se vea libre de sus culpas. Para los cristianos, ése fue el papel de Jesucristo, llamado ‘cordero de Dios que quita los pecados del mundo’, es decir, una víctima sacrificada para expiar las culpas de los demás.

 

VITOFILIA

vitolfilia - Afición a coleccionar los anillos o vitolas que adornan los cigarros puros.

Con el estallido de la demanda mundial de cigarros habanos, ocurrida alrededor de 1840, la industria tabacalera cubana entró en un período de apogeo que llevó el volumen de las exportaciones a multiplicarse por diez en pocos años, con lo que el ramo abrió sus puertas a un sinnúmero de novedades procedentes del exterior, principalmente de Europa.

Una de ellas fue la introducción de los anillos de papel que desde entonces se ponen en los puros, con hermosas imágenes y colores vivos. Inicialmente, estos anillos fueron realizados mediante métodos litográficos de impresión en relieve, pero después nuevas técnicas dotaron de una belleza sobrecogedora a los cigarros que ya eran calificados como los mejores del mundo.

La mayor variedad de estos dibujos, que eran verdaderas obras de arte, partió inicialmente de los fabricantes de los afamados cigarros Romeo y Julieta¸ quienes en poco tiempo ofrecieron una variedad de entre 400 y 500 anillos, muchos de los cuales habían sido diseñados por artistas famosos para un único comprador.

No demoró en surgir la afición a coleccionar estos anillos, la vitolfilia, nombre que pasó al inglés como vitolphily, originado en el nombre de estas vitolas. Se trata de un vocablo de procedencia incierta que Corominas supone que pueda derivarse del portugués bitola (norma reguladora o medida de un diámetro o abertura), cuyo primer registro en la lengua de Camões data de 1603, aunque como vitolla.

Tachinardi - Apellido italiano encontrado en Cremona, Milán y Pavia, cuenta con una rama en el Brasil y otra en la Argentina. Proviene del nombre germánico Daghenhardus que en Italia se convirtió en Tachinardo.

Vanitas vanitatum, et omnia vanitas. Palabras de la Biblia, Eclesiastés, en la traducción de la Vulgata.

"Vanidad de vanidades y todo es vanidad".

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YATE

En la antigua lengua germánica, así como en el alemán moderno, jagen significa 'cazar'. Los germanos llamaban jachtschiff (barco de caza) a un velero rápido y ligero que era usado con ese propósito. Hacia el siglo XVI, la marina de guerra holandesa adoptó ese tipo de barco para perseguir en su costa a piratas y contrabandistas y lo llamó jaght.

Un siglo más tarde, este velero fue usado por primera vez como nave de recreo, cuando la Dutch East India Company le regaló uno con esa finalidad al rey Carlos II de Inglaterra. Armadores ingleses no tardaron en copiar el diseño holandés para fabricar lujosos navíos de recreo para los nobles y burgueses ricos. En inglés, la palabra pasó por varias grafías, tales como yeogh, yaught y jacht, antes de la forma actual yacht, que hacia mediados del siglo XIX llegó a nuestra lengua como yate.

 

 




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