26 de octubre del 2004... Fango
Nuevo video liberado nada menos que por la instancia local de investigación, es decir por la autoridad. Es una prueba procesal, nada importa. Los horarios AAA de lleno al asunto. La nación toda sigue el inaudible documento del que se desprenden "terribles conjeturas". Por supuesto Salinas como gran conspirador. Actores principales, son los mismos sospechosos de pillos, miembros de la pandilla que desde hace medio año entretiene al país. Mientras tanto el jefe de Gobierno acude una vez más al escapismo político y por supuesto se evade de todo. A la par los asambleístas se insultan en triste espectáculo: mentirosos, traidores, racistas, de todo se dicen. El ciudadano observa.
El vehículo del Presidente de México es detenido y zarandeado por trabajadores del sector educativo que se oponen a las reformas del ISSSTE. Lo conminan a bajarse y discutir, así en directo. Los guardias presidenciales hacen lo que pueden por sacar adelante al primer Mandatario. El suceso ocurre casualmente el mismo día en que la Comisión Instructora da un paso hacia el desafuero de uno de los miembros de la pandilla. Mientras tanto los priistas capitalinos dan otra lección de (in)civilidad en una elección interna, vuelan las sillas y los golpes. Precioso espectáculo. En Guanajuato, tras una "irrupción pacífica" (recontra sic) en el Congreso -¡hay ejemplos federales que emular, faltaba más!- el dirigente de la Alianza Binacional Bracero Proa amaga con volver a tomar el rancho del Presidente, eso si no se concretan los dineros para indemnizar a sus huestes. Como condimento de la semana la señora Sahagún vuelve a las andanzas -"a mí nadie ni nada me para"- y reaparece en las costosas pantallas televisivas. El ciudadano observa.
En la misma semana la consultoría AT Kearney ratifica lo que ya se venía anunciando: la inversión extranjera hacia México decrece. Por supuesto los oficiales y los oficiosos, incluido el propio Presidente, refutan a la agencia. Se van contra el mensajero, no leen el mensaje. Allí está la cifra. Con diferencia de horas el Foro Económico Mundial nos hace saber que la calidad de las instituciones públicas se deterioró a lo largo del último año, pasó del lugar 50 al 59. Como consecuencia la competitividad de México descendió. Qué tanto es tantito, en competitividad tan sólo fue un sitial, del 47 al 48, de 104 países. No armen escándalo. De la misma fuente se nos avisa que en el Índice de Competitividad en los Negocios también descendimos del 48 al 53. México se sale, lenta pero sistemáticamente, de los territorios atractivos y esperanzadores del planeta. El ciudadano observa.
Pero en fin, aquí estamos muy entretenidos con los videos de la pandilla, las escaramuzas de los legisladores, las puntadas de las ambiciosas cónyuges, el complot que todo lo explica, la cobertura especial de las televisoras al jefe de Gobierno, seguramente para allanarle el camino y, por si fuera poco, en convertir a Gloria Trevi en heroína. Qué nos importa que la inversión en ciencia y tecnología decrezca a 0.35 por ciento del PIB. No nos comparemos con Suecia que le dedica 4.27 por ciento o con Corea con casi 3 por ciento, pero también China nos supera con 1.29 por ciento y por supuesto Brasil, que lanzó hace unas horas su primer cohete, con el 1 por ciento. Y después nos preguntamos por qué las diferencias. Fue promesa de la campaña foxista llegar al 1 por ciento tal y como lo recordó el Rector de la UNAM, pero en fin, por qué ponerse en ese plan. Total, qué nos importa que de todos los científicos becados por México desde 1970, la mitad no haya regresado. Para qué atender al llamado de la Academia Mexicana de Ciencias que advierte que Estados Unidos se queda con alrededor del 85 por ciento de los que no regresan y que miles abandonan la academia por falta de empleo. En fin, México puede regalar científicos, la generosidad siempre nos ha caracterizado.
Entretenidos como estamos en detectar las mentiras cruzadas de nuestros gobernantes y en hacer apuestas para el 2006, las calificaciones internacionales no nos tocan. Así por ejemplo para qué preocuparse de la calificación para México de 3.6 sobre 10 del Índice de Percepción de Corrupción, también liberado en estos días. Qué nos importa que países como Belice, Latvia o Namibia obtengan mejor calificación. Nosotros no perdemos el tiempo en tonterías y mejor nos concentramos en la telecomedia nacional y su emocionante entrega por capítulos. Que España o China por ejemplo hayan decidido extender horizontalmente la computación y el inglés y un segundo idioma es asunto que no debe preocuparnos. Ya nos las arreglaremos con el mundo, nuestro nacionalismo siempre será más fuerte y para demostrarlo allí está la victoria frente a la Real Academia de la Lengua que por fin reconoce el uso de la grafía México con x. Es cuestión de insistirle y el mundo nos aceptará tal y como somos, corruptos, poco educados, poco competitivos, con pocos técnicos y científicos, e irresponsables.
Gaetano Mosca lanzó hace casi un siglo un término que a muchos molestó: clase política. Su propuesta era tan clara como incómoda: un país necesita preparar a sus dirigentes. El Gobierno, los empresarios, la academia, todos deben actuar con una meta común, que gobiernen los mejores. Esos "mejores" deben de serlo no sólo en su capacidad técnica sino también en su consistencia ética. Hay "mejores" de izquierda, de derecha, de centro, eso es lo de menos. Mosca argumentó contra los defensores de lo popular como mandato supremo: los mejores sabrán anteponer los intereses comunes a los particulares, los mejores sabrán plantear las verdades poco populares pero necesarias. Las naciones necesitan guías. Sin referentes éticos las naciones naufragan.
México vive días en que la degradación política pareciera no tener fin. El desfile de corruptelas en todos lo partidos, el brutal cinismo de los principales actores sumados a la ignorancia y falta de preparación están hundiendo a México en el fango. Mientras tanto el mundo se transforma a velocidades insospechadas. Por supuesto que faltan nuevos acuerdos institucionales para administrar la pluralidad democrática. Pero mucho me temo que nuevas reglas del juego en manos de pillos y cínicos difícilmente darán buenos resultados. Este circo repleto de monstruos y seres deformes no es parte de la "normalidad democrática" que en últimas fechas todo lo quiere justificar. Responsables somos todos. Es el PRI, es el PAN, es el PRD, es la Presidencia, son los diputados, son los ciudadanos apáticos y los empresarios comodinos, son los medios en una insana competencia de morbo pestilente. El resultado es éste: un país atrapado en el fango por no haber pactado lo elemental, las escorias, vengan de donde vengan, deben ser desechadas. Defender a las propias es tener que tragar las ajenas. Sin poda no habrá regeneración.
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19 de octubre del 2004....¿Identidad vs. Prosperidad?
A María Amparo Casar
PRAGA.- El mundo se mueve a una velocidad inusitada. Después de un largo debate un juez inglés aprueba suspender las acciones médicas que prolongaban artificialmente la vida de un bebé. Los padres se oponen pero acatan. Hace unos días, y ante el rostro complacido del Presidente español, el Congreso de ese país aprueba por unanimidad, 320 votos a favor, una ley que penaliza la violencia de género en cualquier sentido, pero que castiga con mayor fuerza a los varones. Es una ley contra el machismo. Ya nada nos sorprende y sin embargo esa actitud le resta interés intelectual a la vida. Hace unos días se anunció la que quizá sea la decisión más difícil tomada por la Unión Europea: el inicio del proceso para integrar a Turquía.
El origen de la Unión Europea está en dos convenios comerciales sobre carbón y acero evidentemente favorables a Francia y Alemania. En ese momento, mediados de los años 50, superar las heridas y frustraciones de la guerra pareció el principal obstáculo. No existía una propuesta regional sino simplemente una alianza de ramas económicas. Los beneficios fueron tales que lentamente se pensó en caminar hacia una integración de ciertos mercados. La cercanía geográfica y el carácter complementario de las economías produjo un criterio, ahora sí regional. Cierto pragmatismo predominaba: el beneficio del consumidor final fue la guía. Nada se hablaba de coincidencias en otras esferas, cada quien su identidad. El mundo bipolar, la Guerra Fría iniciaba un largo periodo de tensión internacional. Europa toda estaba tratando de ponerse en pie después de la terrible destrucción. Vino entonces una evolución alucinante. Más miembros, reglas económicas comunes, una representación supranacional, la desaparición de las fronteras, un pasaporte común, una moneda común y, finalmente, una Constitución para todos. En medio siglo la Unión Europea sacudió todos los paradigmas organizativos de la vida política. La soberanía, el Estado nación, los nacionalismos, las diferencias culturales, todo se podía subsumir a un nuevo orden con gran prosperidad. Irlanda enterró la pobreza en 20 años.
De la Comunidad Económica Europea se pasó a la Unión Europea. Una discusión se mantuvo contenida: hasta dónde llega Europa, dónde acaba lo europeo. La idea del territorio bañado por los vientos del sur, euro, cobijaba también territorios en los cuales las diferencias culturales eran enormes. La inclusión de España y Portugal fue para muchos una verdadera afrenta: estaban demasiado cercanos al mundo árabe, lo llevaban en la sangre. El éxito notable de la inclusión de la península Ibérica y el desmoronamiento de la Unión Soviética, la inclusión de los 10 nuevos miembros llevó a la Unión a aceptar una realidad negada popularmente. Puede algún griego, o chipriota, o maltés, o italiano del mezzogiorno, húngaro serbio, rumano o por supuesto un español considerar a la cultura islámica como algo ajeno, se preguntaba Alberto Oliart en El País recientemente. Cómo explicar Europa sin hacer referencia al Imperio Otomano, a los largos siglos de las Cruzadas, a la Biblia como piedra de toque de religiones predominantes, católicos y protestantes. Cómo eludir a Abraham como patriarca común también para el Islam. Pero de nuevo, ¿cuáles son los límites?
Una región no puede extenderse indefinidamente sin dejar de ser región. ¿Puede Rusia ser incorporada a la Unión sin desvirtuar el origen? Y entonces, si Turquía es aceptada, por qué no Marruecos? O quizá lo que ocurre es que la Unión Europea se ha convertido en un proceso civilizatorio, para utilizar la expresión de Norbert Elías. Un seguidor del Islam y un anglicano tienen tan poco en común desde la perspectiva étnica o cultural como un flamenco y un griego, y sin embargo pueden pertenecer a la misma fórmula de organización política. La discusión se traslada así a otro plano: lo que verdaderamente trasciende son esas normas comunes que suponen nuevas instancias de intermediación y prosperidad. Braudel diría quizá es que el hecho ratifica el gran poder del comercio como agente civilizatorio. La necesidad de establecer garantías a los comerciantes fue uno de los impulsos centrales para la aparición del Estado-nación que hoy pareciera eclipsarse. ¿No estaremos acaso ante el nacimiento de una fórmula de convivencia de tal manera exitosa que es capaz de situarse por encima de las diferencias de lenguaje, de religión, de identidad, una fórmula que necesariamente se sobrepone a los dañinos nacionalismos?
En la última década 10 nuevas naciones tuvieron que cumplir con los estándares de la Unión. Su vida política tuvo que aceptar la lista de requisitos de una democracia formal. Las economías tuvieron que acceder no sólo al reconocimiento pleno de los derechos patrimoniales y de la propiedad, sino además establecer los mecanismos de regulación de mercados. Los sistemas de administración de justicia también pasaron por las Horcas Caudinas de la Unión. Ser europeo hoy para alguien que vive en Lituania o en Estonia o en Malta ante todo supone que imperen ciertas normas de convivencia. Todo lo demás sigue allí, pero pasa a ser lo de menos. Uno de los mayores avances es, sin duda, una lectura severa del respeto a los derechos humanos que alude a conceptos universales que no aceptan fronteras. De ser así, por qué no mirar a Medio Oriente o de lleno al continente africano.
La posible incorporación de Turquía, por su dimensión poblacional, casi 70 millones y creciendo, por la representación política que ello supone, provoca miedos en los centroeuropeos e incluso entre los fuertes como Alemania. Se trata de la aceptación de un código de derechos que no tiene vuelta atrás.
Si a ello sumamos la contracción poblacional de la mayoría de las naciones europeas, caeremos en cuenta de los fantásticos ajustes en las composiciones étnicas que se vivirán en la zona. Pero la prosperidad va primero.
¿Y América Latina? La lección no podía ser mayor. Los latinoamericanos no nos cansamos de repetir nuestros orígenes comunes. Somos campeones en el discurso de la hermandad regional. Pero en los hechos queda claro que el continente americano tiene varios ejes. México mirando al norte en busca de un impulso a su crecimiento que no ha logrado reponer adentro. Brasil por su lado con sus tradicionales ambiciones de imperio y alejado por voluntad de cualquier alternativa que suponga compartir con el norte. Por lo pronto ni siquiera hablar inglés les parece conveniente. Centroamérica buscando en la unión lo que la dimensión natural de los países les negó: peso. Mientras la Unión Europea allana las diferencias milenarias, todo en aras del bienestar, muchos latinoamericanos las exaltan, todo en aras de la identidad. Al final del día el destino será diferente y mucho me temo que los niveles de bienestar también lo serán.
¿Acaso sin saberlo habremos optado por ser pobres?
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12 de octubre del 2004... Democratas o subversivos
"El derecho del sufragio suprime el derecho de insurrección" Víctor Hugo
"No vamos a hablar hoy, es viernes, de una vez les adelanto mi pronóstico, estoy viendo que van a ganar los Cardenales de San Luis la Serie Mundial, eso es básicamente lo que puedo decirles. Amor y paz y buen fin de semana, que la pasen bien", ésa fue la burlona respuesta de un sonriente López Obrador. La segunda interrupción violenta de los perredistas en la máxima tribuna política no le mereció más comentario. Su evasión no tiene nada de gracioso. ¿Qué acaso no se enteró de lo que harían sus huestes locales el martes? Los engaños de la diputada Padierna le deben de haber parecido dignos de elogio. La fotografía de los asambleístas dormidos sobre la tribuna le debe haber causado hilaridad. López Obrador debe, en su fuero íntimo, haber festejado que la diputada se sentara en la silla del presidente de la Cámara Baja. Ja, ja, ja. Era un triunfo. Sólo así se explica uno su reacción. Eludir un juicio sobre lo ocurrido es algo más que evasión, es quizá cobardía.
Vayamos de nuevo a los hechos. De qué sonreía el jefe de Gobierno de la capital del país, uno de los "líderes morales" de una de las tres fuerzas nacionales. Por qué andaba tan de buen humor esa mañana. Si los hechos le hubieran disgustado, lo conocemos bien, no se hubiera tocado el corazón para hacer alguna crítica hiriente. Pero no fue así, de hecho pareciera que los vio como una victoria. ¿De verdad no sabía nada o fingió demencia? No es que una masa se haya salido de curso, de control. Para nada. Hubo que coordinar la marcha, preparar la manta, mentir -toda una estrategia- eso en la primera ocasión.
En la segunda el diputado Gómez les abre la puerta, los conduce hasta la tribuna y ya allí vienen los atropellos y por supuesto la foto culminante, el supremo acto de usurpación, la diputada Padierna sentada en la silla que la República le tiene asignada a quien preside la Cámara. La afrenta estaba culminada, ellos pisotean las instituciones y qué. Cuando algo no les convence o les conviene simplemente se brincan la raya institucional, le moleste a quien le moleste. O quizá, López Obrador, perdón por la suspicacia, sí sabía de la afrenta programada, conocía la estrategia desde el principio y simplemente estuvo de acuerdo. "Ésos son mis muchachos, los que son más leales a mí que a las leyes".
Porque el problema es que López Obrador quiere ser Presidente de un país de más de 105 millones de habitantes. Y entonces uno se pregunta si de verdad entiende lo que es un Estado de derecho o sigue pensando que cualquier estratagema que conduzca al poder está justificada. Como ellos tienen la "razón histórica", como ellos son los únicos justicieros autonombrados, tienen todo el derecho a destruir las instituciones. ¡Viva el Che Guevara! A destruir instituciones hasta que nosotros quedemos en ellas. La reforma al artículo 122 es quizá inoportuna y por supuesto debatible, todo lo es. De eso se trata en una democracia. Pero lo único no debatible en una democracia es acabar por la fuerza con el diálogo. Como no estoy de acuerdo con lo que tú dices te tapo la boca. Imaginemos a AMLO candidato perredista a la Presidencia rodeado de los mismos que lo acompañaron en esta aventura subversiva. Supongamos que la votación no lo favorece en julio del 2006. ¿Qué harán? ¿Tomar por asalto las instalaciones del Consejo General del IFE? O si una decisión del Tribunal Electoral les disgusta, acaso estrangularían la sala de plenos.
Vayamos más allá, supongamos que AMLO es Presidente. Pero resulta que la Cámara no le aprueba su propuesta de Ley de Ingresos y por ende el presupuesto. ¿Qué va a hacer? ¿Recurrirá de nuevo a los Bejaranos, con amplia experiencia en la materia, para tomar San Lázaro? ¿Convocará a un mitin en el Zócalo? ¿Amenazará de nuevo con tirar miles de toneladas de basura frente al recinto legislativo? ¿Buscará acaso el diálogo? "No, no, no, no; ellos están empatados con el PRI, es el PRIAN, es para manejar siempre el doble juego, la hipocresía de siempre", ésa fue la respuesta del gobernante el pasado sábado a la posibilidad de dialogar con el PAN sobre la reforma al 122. Ser duro demanda consistencia y AMLO la tiene. El ánimo de víctima es inocultable.
Que al interior del PRD exista un grupo de saboteadores profesionales no es novedad. Basta simplemente con recordar sus terribles incursiones en la vida de la UNAM para saber de lo que son capaces. Lo que sí resulta muy triste y preocupante es el papel de comparsas de muchos de sus colegas partidarios. Este es momento de definiciones. Relativizar los hechos de San Lázaro es resbalar en la amoralidad. La toma violenta de la tribuna de la Cámara y la interrupción del debate no deben encontrar ninguna justificación. Abrirle las puertas a la violencia física como forma de imponer ideas o de impedir que las de otros avancen es un acto de barbarie sin más. Es que es parte del complot, es que buscan perjudicar a AMLO, la desesperación explica los hechos, todas las versiones que hemos escuchado no hacen sino exhibir la pobreza de convicciones verdaderamente democráticas.
¿Dónde está Cuauhtémoc?, porque incluso en los peores momentos del 88 la convicción pacifista y legal no flaqueó como ahora. ¿Cómo puede López Obrador hablar de resistencia civil, que es un instrumento extremo de quien al fin y al cabo no está dispuesto a acceder a la violencia, si al mismo tiempo está organizando a sus huestes para herir a la democracia mexicana? ¿Quién es López Obrador, un luchador social, un demócrata convencido, un activista, un rebelde, un provocador o un subversivo, es decir aquel que intenta reventar lo existente? No puede jugar con todas las cartas a la vez dependiendo de la situación. ¿O será acaso un gran simulador? ¿Y si en el asunto del desafuero le va mal y tiene que enfrentar los procesos pendientes y los pierde, que ocurrirá entonces? ¿Aceptará lo que el Judicial, digamos la Suprema Corte, decida o los declarará ilegítimos y rodeará las instalaciones?
Basta de hipocresías y dobleces. Lo ocurrido en San Lázaro es un agravio a todos los mexicanos. Ha costado muchas vidas, mucho tiempo, muchos oprobios construir una incipiente democracia. Nadie tiene derecho a herirla así. Por el bien de todos debe haber consecuencias jurídicas. Tolerar a los intolerantes es alentar una señal perversa en contra de la democracia. Pareciera que algunos perredistas sólo quieren una parte del pacto democrático, la que les da derechos. La otra, la que supone aceptar de una vez por todas el imperio de la ley, ésa no la han hecho suya. Hay un problema: los que subvierten una dictadura o un régimen autoritario pueden ser catalogados de héroes. Los que boicotean las fórmulas democráticas simplemente son subversivos.
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5 de octubre del 2004... Embrutecimiento
Imaginemos una embarcación enfilada a un despeñadero. Se sabe del abismo próximo, se reclama a los cuatro vientos corregir el rumbo. Entre los pasajeros el miedo se empieza a transformar en pánico. Si se gira el timón el peligro desaparece. Así de sencillo, pero resulta que al parecer nadie está en posibilidad de hacerlo. En el puente de mando la tripulación está enfrascada en una riña sin fin. Primero perdieron la compostura, dejaron atrás las buenas maneras de las que hablaba Gramsci. Después se hicieron de palabras. Las mutuas ofensas crecieron. El capitán del barco y sus primeros mandos se dejaron llevar por la ira.
Son ya parte central de la batalla. La sensatez desapareció. El tiempo pasa entre amenazas, leperadas y puñetazos. Lo que más intriga a los aterrados pasajeros es qué tipo de locura ha invadido las mentes de los tripulantes que incluso su propia destrucción pareciera no importarles.
Los dirigentes políticos de nuestro país no se han percatado de que están "En el mismo barco", para usar la imagen de Peter Sloterdijk. Si el problema de pensiones, en particular las del ISSSTE, no encuentra salida pronto, la bomba financiera le estallará a la próxima Administración sea del signo que sea. Si no se aplica cirugía mayor a las instituciones de seguridad y justicia, el reclamo ciudadano puede desbordarse en más acciones criminales de justicia en propia mano. Por si fuera poco, el principal motivo aludido por los inversionistas extranjeros para no acudir con sus capitales a México es ya la inseguridad y la debilidad del aparato jurídico. Opciones hay en el horno, pues tanto el Ejecutivo federal como Convergencia han sometido ya iniciativas de ley que, por lo visto, reposan en el Legislativo.
Las heridas infligidas a la sociedad se multiplican y nuestros tripulantes siguen en sus reyertas. ¿Qué les pasa?
Sólo una clase política tocada por un ánimo suicida puede hacer caso omiso de los boquetes de la nave. Todos tienen reparación, pero los niveles de competitividad nacional seguirán descendiendo porque hemos sido incapaces de, por ejemplo, garantizar en el futuro un fluido eléctrico a buen precio y de calidad. PRI, PAN o PRD, quien llegue al Gobierno en el 2006, va a padecer las consecuencias en escasez de recursos, caída de las inversiones, desempleo. Incluso si el boquete se reparara próximamente, el daño causado a la economía por años de expectativas negras es ya altísimo. Para no variar llegamos tarde. Y lo mismo se podría decir en relación a otros asuntos urgentes como el fortalecimiento de las finanzas públicas por vía tributaria o las necesarias inversiones en infraestructura.
Pero por lo visto la viabilidad del País hoy depende de la miope riña entre la tripulación. La clase política está despedazada. La opinión pública ha perdido toda esperanza en el Legislativo. El Judicial viene de una debilidad histórica crónica y, por si fuera poco, el otro eje, el presidencialismo, está sangrando. De eso trató precisamente el desfile de propuestas organizado por Manuel Camacho y Diego Valadés hace unos días, de revisar las reglas básicas de convivencia que permitan suspender la riña. Muchas de ellas ya son conocidas, los críticos y estudiosos las hemos venido repitiendo desde hace años. Quizá lo relevante del caso es que ahora algunas fueron asumidas abiertamente por políticos en activo. Pudiéramos estar más cerca de algunos consensos.
Va desde abajo. Para que el triste espectáculo de riñas pedestres se redujera, habría que reglamentar las campañas y precampañas, evitar a toda costa las vergüenzas nacionales del Pemexgate y los Amigos de Fox. Habría también que revisar, a la luz de las tristes experiencias, las facultades de fiscalización del IFE. Me atrevería a sugerir quizá traspasarlas al Órgano Superior de Fiscalización, institución especializada en dicha actividad. Se habló también -felicidades- de la posibilidad de caminar hacia una segunda vuelta. Es un mecanismo imperfecto sin duda pero el mejor que se ha encontrado para propiciar gobiernos mayoritarios. La segunda vuelta ha probado sus bondades en muchos países, sobre todo si se aplica en el Legislativo y en el Ejecutivo. Sartori ha investigado al respecto. Un Presidente con el 65 ó 70 por ciento del electorado en su contra es una situación no deseable cuyos adelantos los estamos viviendo desde el 2000. No es la única fórmula para propiciar alianzas de gobierno estables, habría que revisar otras que provocan el mismo efecto desde el inicio de los procesos.
Se habló también, por fortuna, de la reelección de legisladores, propuesta que ha rondado desde hace años. México es notoria excepción al respecto. El costo nacional de un Legislativo de improvisados y sin posibilidad real de especialización lo estamos viendo con sus repercusiones en confrontaciones absurdas y parálisis. Sobra decir que la mal parida iniciativa de reelección de presidentes municipales podría de verdad convertirse en un nuevo anclaje -ya que andamos con imágenes marinas- de la vida nacional. El impacto de tener continuidad en la obra pública más inmediata al ciudadano, conduciría a un florecimiento de muchas inversiones. Las reformas propuestas incluyeron un asunto central, me refiero a los mecanismos que le garanticen al Ejecutivo que sus iniciativas no podrán ser archivadas por motivos políticos. Por medio de la "iniciativa preferente" y plazos para discusión en el Legislativo de ciertas iniciativas, se podría garantizar una relación más fluida entre poderes. No contar con un mecanismo que subsane la laguna de una posible no aprobación del presupuesto es simplemente irresponsable.
Pero la mayor irresponsabilidad de todas, que por cierto no vi plasmada en las relatorías del encuentro, es mantener vigente el actual mecanismo constitucional para la sustitución del Ejecutivo en caso de ausencia absoluta. PRI, PAN o PRD, ninguna fuerza política en su sano juicio, desearía enfrentar una emergencia de esa índole con el actual galimatías. Esa faltó.
Pero quizá la propuesta más llamativa haya sido la de buscar una fórmula semiparlamentaria de gobierno en la cual la jefatura de Estado y la de Gobierno se dividieran. Porfirio Muñoz Ledo ha defendido esta postura desde hace años. Es inevitable contemplarla para poder agilizar la administración política de un país de complejidad creciente.
Las propuestas para evitar la tragedia, siempre perfectibles por supuesto, están de nuevo sobre la mesa. La pregunta es quién va a tener la sensatez suficiente para detener los puñetazos un momento y sentar a los 10 mexicanos claves -el Presidente, los líderes de los partidos, los líderes de las fracciones parlamentarias- a discutir sobre el amenazado futuro de México.
Se acordarán todavía que ellos son responsables del timón. O quizá tantos golpes ya provocaron embrutecimiento colectivo.
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