30 Que lengüita

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" ¿Cuál es en el hombre la mejor cosa y la peor? La lengua".

Baltasar Gracián

En esta vergonzosa historia hay, en apariencia, dos actores: uno vivo y en funciones y otro fallecido hace casi 20 años. Cualquiera con un poco de sensatez comprenderá que, en verdad, sólo hay un actor: el vivo. No deja de haber algo patológico e incluso canallesco en eso de aparentar que se discute con alguien que ya no está en este mundo para defenderse. ¡Qué fácil! Es una debilidad humana bastante común, sobre todo en los que saben que entre vivos jamás se hubiesen sentado en la misma mesa de discusión. No deja de ser también una brutal falta de educación, aunque se diga en medio de elegancias.

El vivo se refiere al desaparecido como "un antecesor mío", lo cual no deja de ser bastante mañoso. Primero supone que haber ocupado la misma silla los hace iguales. Por favor, es difícil confundir a Santa Anna y Juárez e igual se sentaron. Las diferencias están de la silla para arriba. Los puestos no hermanan, por el contrario acentúan las diferencias. Unos trascienden, otros no. Segundo, el uso del "mío" es muy delatador: a) da a la expresión un sentido indebido de propiedad, b) pone como eje a quien está en funciones, lo cual denota poco sentido de la pequeñez de los hombres en un acontecer histórico, es vanidoso. Tan sencillo que era decir por ejemplo un Secretario de los años tales. Supongamos además que el sucesor del antecesor, o sea el vivo, es en teoría justamente uno de los encargados centrales de generar consensos en el país. Supongamos también que para la República no son días normales, por primera ocasión en la historia reciente el País no cuenta con una ley de ingresos y un presupuesto de egresos y ya se ha violentado el término constitucional. La ingobernabilidad merodea, lo mostró Tláhuac. No es momento para andar amarrando navajas con los interlocutores políticos obligados, atacando injustamente a uno de sus pensadores más señeros y respetados. Resulta que en una ceremonia de trámite el vivo se lanza contra el desaparecido y dice: "Estamos conscientes de que estamos (sic) cumpliendo con una misión histórica en este gobierno del cambio y de transición; un gobierno totalmente distinto, diferente a los gobiernos del pasado, no solamente en el estilo de los funcionarios, sino en el fondo".

Cuando las personas empiezan a hablar de su "misión histórica" algo anda mal. Ya no dialogan con sus coterráneos, sino con seres superiores que sí los comprenden. Muchos tiranos de derecha e izquierda, igual Hitler que Mao o Stalin, consideraban que tenían una "misión" que cumplir. Por eso nada debía detenerlos. No es gratuito que a la palabra se le den connotaciones religiosas y que por ello se denominen misiones a los sitios donde vivían los misioneros, los que tenían una encomienda divina. Los miembros de un Estado laico tienen deberes, no misiones. Un servidor público puede tener un mandato popular, si es un Presidente y en su nivel un legislador. Pero el miembro de un gabinete tiene cuando más un encargo. Es un empleado del Presidente, aunque con frecuencia se les olvide. Pero en la expresión hay más todavía: el actual gobierno se distingue por el fondo y el estilo. Según la Real Academia estilo se refiere a dos acepciones al modo, a la manera, a la forma; la otra alude al uso, a la práctica, a la costumbre, a la moda. Por salud mental tomemos la primera versión, demos por bueno que estilo quiso implicar forma. Aunque no deja de haber diferencias. Hay puntos irrebatibles en la expresión del funcionario: éste es un gobierno inconfundible.

Pero vayamos al meollo: "No quedamos satisfechos -dice el vivo- con la vieja definición de un antecesor mío, que la forma es el fondo". El funcionario ni siquiera conoce bien la expresión, seguramente no la leyó. Textualmente dice: "En política frecuentemente la forma es fondo". Las diferencias no son menores. Quien la pronunció, que algo sabía de política, aseveró que en esa actividad la forma frecuentemente se convierte en fondo. No dijo que la forma sustituyese al fondo, por favor, entonces para qué utilizar dos palabras. En política en ocasiones la forma es parte del fondo, que es distinto. Por ejemplo si un Presidente en su toma de posesión comienza dirigiéndose a sus hijos en lugar de a la ciudadanía, esa ruptura de las formas toca el fondo. Lo mismo si en un Estado laico el titular del Ejecutivo en una gran ceremonia pública toma un crucifijo que le da una hija o si le besa públicamente la mano al Papa. También si un Secretario de Gobernación distorsiona sonoramente a un muy sobresaliente pensador de la Oposición. Brutal descuido de las formas con consecuencias en el fondo, formas que por lo visto no fueron entendidas por ese gobierno con un estilo tan distinto pero también con una interpretación tan equívoca del fondo.

Pero allí no terminó el asunto, el funcionario siguió: "Ése era un juego de palabras que bien podía haber servido para las administraciones pasadas, cuando eran los magos de las formas, los magos de esas formas simuladas, de democracia siempre a medias, de un don de lenguaje corriente (???) que no podemos asumir en esta administración". Y entonces vino el remate genial: "Aquí el fondo es fondo; servicio público, honestidad, compromiso, lealtad. No a medias, no en las formas y sí en el fondo". Lo dicho no tiene desperdicio y es dramático. Lo primero es la ignorancia, la discusión sobre la relación entre forma y fondo nació desde los diálogos de Platón, la retomó Aristóteles y de allí en adelante ha estado siempre vigente. Referirse a los juegos de palabras con desprecio habla del desconocimiento total de los conceptistas, autores como Góngora, Quevedo, Gracián, fuente de inspiración permanente de su antecesor. Es justamente en esa gran capacidad de manejo de la palabra que aparecían verdades humanas. Tomemos a Gracián, a la genial expresión el fondo es fondo quizá diría "No hay simple que no sea malicioso". Al desconocimiento sobre el "juego de palabras" quizá respondería que "No puede ser entendido quien no es entendedor". Así podría seguir ese español universal "jugando con las palabras".

Todo mundo puede cometer un error o caer en un dislate aunque, como diría Gracián, "En materia de cordura todo altibajo es fealdad", pero resulta que la dependencia ratificó en boletín las expresiones del Secretario. Hay además de la basura una parte muy ofensiva de sus palabras, aquella en la cual afirma que los magos de las formas, todos antes de él en su característico simplismo, no tenían compromiso, eran desleales y deshonestos. Vaya lengüita para un Secretario. Así, cómo va a haber acuerdos en México. Cuatro años lo han intentado, a pesar de todo el pasado delata su mediocridad. Por cierto del sucesor no recuerdo el nombre, creo que impulsó alguna ley de casinos. En cambio el nombre del antecesor no se me olvida: Jesús Reyes Heroles.

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23 Mirando lejos

Mirando lejos

" Vete a América", comenta el actual presidente de la Real Academia Española que le dijo su antecesor. Con alrededor de 40 millones de habitantes España se empequeñece frente a los nuevos hablantes del español. Así la Real Academia tendría que modernizarse, atender al factor poblacional, ir a los hispanohablantes, mirar lejos. Lo primero sería cambiar la relación con las academias locales. Lejos debían quedar los aires imperiales. Una nueva relación más de colegas debía ser establecida. Cuando más somos el hermano mayor, dice Víctor García de la Concha, este visionario académico hoy encargado de buscar los nuevos rumbos para la RAE, nacimos antes, eso es todo.

Con rapidez, lo que muchos veían como un torpe paquidermo, incorporó miles de acepciones provenientes de otras latitudes. El Diccionario de la Lengua Española, producto central y carta de presentación de la Real Academia Española, empezó a quitarse cierto aire a naftalina. Pero no era suficiente, había que atender el reclamo sistemático de dar solución a las dudas que se les planteaban a las academias. De allí que en la reunión de Santo Domingo las 22 organizaciones resolvieran la elaboración de un Diccionario Panhispánico de Dudas. Mirando lejos los encargados de mantener viva, funcional y coherente a nuestra lengua, aparecen ahora con una nueva puerta de entrada que se aleja de las rigideces para presentar coincidencias y diferencias en los usos. Pero quizá el paso más importante es dejar abiertas las dudas. No hay fórmulas mágicas para disolverlas, tampoco una institución facultada para decretar la salida.

Así por un lado la Real Academia y las academias locales se abrieron a modismos y usos que enriquecen nuestro idioma y que con frecuencia resultan insustituibles. Toda lengua es sitio de encuentro, de mestizaje, de aprendizaje del otro. El español no sólo no es excepción sino que al contrario es una lengua particularmente rica en la diversidad de sus raíces latinas, árabes, sefardíes, etcétera. Hoy el reto continúa entre el encuentro cotidiano de los mexicanos, salvadoreños, puertorriqueños, cubanos que por millones han migrado, con los anglicismos. Súmese a ello las miles de acepciones caribeñas o los argentinismos o los mexicanismos y por qué no, los españolismos por fin aceptados por la Academia.

Está el otro lado, la apertura tiene un límite, pues todo lenguaje supone un código común de entendimiento. Garantizarlo es también una misión de las academias. Ésa fue parte de la agenda en Rosario. Si el español ha de convertirse y mantenerse como lengua franca para 450 ó 500 millones de seres humanos, si de verdad ha de lograr su internacionalización, todos los países debemos trabajar en sostener ese código común. El guaraní, el maya, el quechua o la lengua original de que se trate, deben de ser cuidadas y preservadas en tanto sea posible. Pero el único puente que nos puede unir a todos, del lago Michigan a la Patagonia pasando por la península Ibérica es el español. Eso es mirar lejos.

Por mirar lejos es que el presidente chino Hu Jintao coincidió con sus homólogos brasileño y argentino. De visita en estos países dejó sentir lo que es ser grande, pues el monto de las inversiones anunciadas podría rondar los 100 mil millones de dólares. La anunciada superpotencia oriental busca ya garantizarse en el mediano plazo abastecimiento de ciertos alimentos así como alianzas en ramas industriales muy prometedoras. Por supuesto el sector energético es prioritario para China pero también lo es la soja o ciertos medicamentos. Por eso precisamente después de brindar con los presidentes brasileño y argentino y de asistir a la reunión de la APEC en Santiago, Hu Jintao se encaminó a Cuba. Allí, en la Isla controlada por el "comunista" Castro, se planean ya inversiones millonarias en la búsqueda de petróleo en las costas de la isla, así como en el níquel, el turismo o la biotecnología.

Hoy China es el destino de la mayor porción, por mucho, de inversión extranjera en cualquier economía emergente ¿Cómo lo lograron? En parte con una formación intensiva de cuadros técnicos, para que fuera ese factor y no la mano de obra barata la que atrajera al inversionista. Lo mismo hizo la India, mirando también muy lejos. Hoy ambas naciones son ya más atractivas a los inversionistas por esa mano de obra calificada que por cualquier otro motivo. Hace poco tiempo Goldman-Sachs publicó una actualización de su conocido estudio sobre el grupo de naciones BRICs (Brasil, Rusia, India y China). Las proyecciones son todavía más asombrosas. El número de personas con un ingreso superior a los 3000 dólares -considerado un piso de entrada a las clases medias- podría duplicarse en los próximos tres años. En una década una cifra cercana a los 800 millones habrían cruzado el umbral. Para el 2025 podría haber 200 millones -más que la población de Japón- con ingresos superiores a los 15 mil dólares. En fin, corren rumbo al bienestar y progreso.

No es casual tampoco que en la reunión de APEC se resolviera incluir a la corrupción como uno de los problemas centrales del área. Lo que hace apenas una década parecía un factor tangencial para el desarrollo, la corrupción, ha demostrado ser determinante. De poco sirven los recursos naturales, de poco garantizar un juego democrático, de poco los acuerdos comerciales, cuando toda la actividad económica de nuestros países está invadida de este fenómeno. No insistiré en el tema y sus efectos perversos sobre la inversión, competitividad y la justicia, sí en cambio en el hecho de que la APEC lo ponga en el centro del debate. No es casual en tanto que Rusia, China, Japón, Filipinas, Perú y por supuesto México, entre otros del área, aparecen como dolorosos casos de naciones cruzadas por la corrupción. Si quieren mirar de verdad lejos deberán disminuir la pandemia. De no ser así en un par de décadas y a pesar de tasas de crecimiento acelerado, ciertas naciones de APEC se habrán rezagado frente por ejemplo a la Unión Europea. Las fantásticas oportunidades comerciales del área Asia-Pacífico para algunas naciones se verán severamente empañadas por la corrupción. Otros como los propios Estados Unidos o Chile nos habrán sacado ventaja. Las desigualdades estarán allí de nuevo.

Así en Madrid pero también en otras latitudes, los académicos de la lengua miran lejos. El papel de don José Moreno de Alba al frente de la Academia Mexicana ha sido muy destacado. Su objetivo está a dos o tres décadas de distancia: un español más fuerte. Por su parte los chinos, los brasileños, en parte los argentinos y hasta los cubanos, con todos sus problemas, tienen en mente alianzas estratégicas que les traerán más prosperidad. La APEC hace lo propio y encara un problema nodal. Pero ¿y en México? Aquí el régimen, sus negociadores y los opositores no encuentran mejor quehacer que hundir al país, al único que tenemos, por cierto.

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16 Factura

Factura

A Mauricio Achar, quien con su enorme corazón era capaz de mirar muy lejos.

¿Qué quieren? ¿Cómo se imaginan al país que habitarán sus hijos? Quiero pensar que tienen familia, descendencia y que de vez en vez, se ven proyectados en ella y que quizá, por un instante, se cuestionarán sobre el futuro. Entendemos que sus nobles ocupaciones no les dejan tiempo para la reflexión de largo plazo, pero resulta que en sus manos está el instrumento más poderoso para construir un País: la producción de las leyes. Allí los tenemos, de nuevo frente a la nación, pasándose la pelota de una Cámara a otra, discutiendo caprichos y asuntos que en perspectiva resultan muy menores. Le pelean al Presidente su intención de un déficit de una décima menor, pero ni el Ejecutivo ni ellos asumen que el asunto de pensiones podría implicar por lo menos cuatro puntos más que no están considerando. Nuestro déficit real, si tomamos en cuenta las pensiones y Pidiregas, podría andar en alrededor de 5 por ciento del PIB. Incluir todo fue un reclamo del PAN en el primer ejercicio presupuestal pero, por lo visto, ya se les olvidó. Claro, los que vengan que aren.

Los mil millones de la interminable discusión son una migaja frente a lo que necesitamos. El Alzheimer nacional es muy grave. ¿No estuvimos durante casi un año siguiendo el inédito ejercicio de la Conago, no acaso por primera ocasión en nuestra historia reciente se arribó a una serie de acuerdos aprobados por los responsables directos de los gobiernos estatales, los señores Gobernadores? ¿Dónde quedó todo ese trabajo? ¿Dónde la discusión sobre las reformas de fondo, la laboral, la de seguridad, la de telecomunicaciones, la del sector energético y, por supuesto, la fiscal de fondo? Nada, simplemente desaparecieron de la agenda. Ah, eso sí, a última hora se les ocurre un impuesto al inventario que gravaría a las empresas con un monto cercano a los 40 mil millones de pesos. Por supuesto, con el profesionalismo que los caracteriza, ni siquiera tuvieron tiempo de consultar al sector empresarial, que ya mide las consecuencias de la nueva sangría. ¿Amparos masivos, puede ser? ¿Alguna otra ocurrencia?

Se modificó el artículo 74 constitucional precisamente para que los señores legisladores tuvieran más tiempo y discutieran con sensatez una verdadera reforma que ampliase la base fiscal y fortaleciera la recaudación. En Conago, la cúpula política del país discutió largos meses. Pero aquí estamos de nuevo a horas de que venza el plazo, observando cómo brincan miles de millones de pesos de un programa a otro: "Oportunidades" sale recortado y Enciclomedia también, pero ciencia y tecnología no reciben más y no queda claro en qué se aplicarán los excedentes petroleros. Genial. Porque mientras ellos son incapaces de fijar acuerdos fiscales que de verdad provoquen mayor crecimiento, mayor equidad y justicia, nuestra economía de nuevo se vuelve más dependiente del petróleo. Ya nos ocurrió, ya sufrimos las consecuencias, no hay novedad, pero claro, los señores legisladores del 2004 nada tienen que ver con sus antecesores en este acto de miopía.

Así, mientras los señores legisladores discuten sus ocurrencias, Nora Lustig, experta en desarrollo, nos hace saber que a pesar de que la economía cuenta con los recursos, México incumplirá con las metas de salud planteadas por Naciones Unidas. No se invierte lo suficiente, se invierte mal, de manera inequitativa. Si invirtiéramos 10 por ciento más en salud se abatirían la mortalidad materna e infantil y la cosecha en salud también repercutiría en la propia economía. Pero no, aquí los señores legisladores tienen su propias verdades, siempre de última hora, y están en la mejor disposición de seguir con un esquema fiscal que no atrapa a la mitad de los causantes potenciales, que permite exenciones a clientelas y grupos poderosos. Legislaturas entran y salen invocando cualquier cantidad de fantasmas en sus miopes negociaciones que se plasman en los horrores de nuestro país.

Un ejemplo tan sólo. El Inegi dio a conocer esta semana un dato aterrador. En los últimos cinco años los costos económicos por degradación ambiental y agotamiento de recursos naturales representan una cifra de 10.5 por ciento del total de la riqueza nacional. O sea que cada año perderíamos poco más del 2 por ciento. Se trata de un apasionante estudio pionero que busca cuantificar el impacto económico del deterioro ambiental y la pérdida de recursos naturales. Se encamina a lo inevitable del largo plazo: a la responsabilidad ecológica global, al desarrollo sustentable. Si quisiéramos de verdad llegar a tiempo a esta cita, valdría la pena que comenzáramos a tomar las previsiones del caso. Pero ya saben, aquí estamos muy entretenidos con averiguar las verdaderas intenciones del compló y mantener en alto la memoria del ilustre Bejarano y compañía o en impulsar los casinos.

Así, por ejemplo, se entiende que los legisladores no tengan tiempo para asombrarse de que en México se pierda alrededor del 1 por ciento de nuestra riqueza forestal al año, más o menos 10 millones de árboles. Qué dieran muchas naciones por tener tan sólo una parcialidad de esos recursos. Pero en México somos incapaces de contener a los taladores clandestinos que circulan su mercancía nada menos que por nuestras carreteras. Miles de toneladas con el brutal costo en degradación de tierras, pérdida de suelo y bosques que mueren sin poderse recuperar. Ni siquiera una verdadera y eficiente Policía forestal tenemos. La lista de pérdidas es terrible: 1.3 millones de metros cúbicos al año de hidrocarburos; 762 mil toneladas de suelos erosionados anualmente; 147 millones de toneladas de contaminantes arrojadas a la atmósfera cada año; 21 mil 608 millones de metros cúbicos al año de agua contaminada y un total de 59 mil 850 millones de dólares por pérdidas en agotamiento de recursos en una década.

Menos inversión en salud, menos en ciencia y tecnología, menos en programas asistenciales exitosos, cancelación de la propuesta de Enciclomedia para llevar a los estudiantes mexicanos a la vía interactiva, cero pasos en infraestructura energética, cero pasos en la generalización impositiva o en la reducción de las exenciones. Nada nuevo en seguridad. Qué pensarán los señores legisladores, del partido que sean, cuando llegan a sus casas. Por este camino ni sus hijos ni sus nietos verán un País más próspero, más justo, más seguro. De poco valdrá echarle la culpa a Vicente Fox, de nada servirá enlistar las torpezas de su gobierno. Sus actuales rencillas se mirarán como lo que son: mezquindades. El daño estará hecho. El País habrá mermado brutalmente sus recursos, habrá más pobres, muchos más compatriotas se encontrarán del otro lado, la desigualdad interna habrá aumentado, la inseguridad habrá lacerado más familias. Quién sabe qué partido esté en el poder, poco importa. Pero en la factura de nuestras vergüenzas su miopía ocupará un lugar preponderante. Felicidades por un logro tan meritorio.

 

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9 Y los ganadores son...

Y los ganadores son...

" Las que conducen y arrastran al mundo no son las máquinas sino las ideas".

Víctor Hugo

En México hay alrededor de 55 millones de pobres y 20 millones de miserables denominados "pobres extremos". México es, tristemente, uno de los casos más dramáticos de mala distribución del ingreso, es decir que el pastel nacional se reparte mal, beneficiando a los que ya tienen y a los que más tienen. Las distancias se agrandan. La justicia es el gran tema de nuestro país. Pero no sólo lo es para los que carecen de todo o casi, también para los empresarios, para los comerciantes, para el ciudadano común la justicia es vital. En las sociedades injustas el consumo, los mercados no crecen al ritmo que podrían y eso afecta a los negocios. Las sociedades injustas son más inseguras, allí los inocentes son víctimas sistemáticas. Las sociedades injustas e inseguras alejan a los inversionistas y eso provoca más miseria. La injusticia es un problema madre y un mal negocio para todos.

El Siglo 20 mostró que las revoluciones son quimeras. La idea de ese gran acto justiciero, fundacional y casi instantáneo, se desmoronó. Las principales revoluciones, la rusa, la china, la mexicana, por mencionar algunas, no lograron consolidar formas estables de generación de riqueza. Las revoluciones no acabaron con la injusticia y rara vez devinieron en sistemas democráticos. La lección es clara: la justicia se construye lentamente y sólo aparece allí donde se busca prosperidad. La segunda mitad del Siglo 20 mostró que las sociedades cuentan con dos instrumentos centrales para generar mayor justicia. El primero es el empleo formal. Un salario justo, con las prestaciones de ley correspondientes ha demostrado ser pilar de la justicia. La salud pública, la vivienda popular como objetivo ineludible y, finalmente, los sistemas sólidos de pensiones son las verdaderas armas que pudieron desplazar a la pólvora de los revolucionarios.

El segundo instrumento universal para generar justicia son los sistemas fiscales. Los principios básicos para que la fórmula funcione son pocos y sencillos: primero, que paguen todos los que deben pagar, es decir los que tienen ingresos; segundo, que paguen más los que más tienen y, tercero, que el Estado sea eficiente en la recaudación e invierta en sus esenciales, salud, educación, seguridad e infraestructura que sólo puede ser desarrollada por el propio Estado. No a las excepciones, sí a un sistema fiscal general, fuerte y progresivo es la idea guía. Los países que la han seguido lentamente pero sin falta arriban a estadios de mayor justicia social. La injusticia no es fatalidad histórica. La justicia es una construcción humana y el plano es claro.

Las lecciones son dolorosas y a la vez esperanzadoras. Los recursos naturales que sí son resultado de una distribución azarosa y con frecuencia caprichosa, pasan a un segundo término. Venezuela, Brasil, Colombia, México son ejemplos de vastos recursos y terrible injusticia. Finlandia, Singapur o Japón son ejemplos en el extremo contrario. Quienes pelean por caminar con seriedad hacia esquemas sociales de mayor justicia con frecuencia luchan por un ganador anónimo: un niño en una comunidad serrana que tendrá acceso a una clínica o a una escuela; un anciano que puede pasar en paz sus últimos años con una pensión justa. El discurso justiciero del marxismo peleaba a favor de ciertas clases sociales, de ciertas organizaciones, de ciertos grupos. Hoy la lucha es muy diferente.

El discurso justiciero moderno pelea a favor de categorías abstractas, no por ello menos reales: los mexicanos de los deciles de menores ingresos; los trabajadores que se jubilen en el 2030; los empresarios con ingresos entre tal y cual, etcétera. En las sociedades con mayor justicia social los verdaderos ganadores son con frecuencia anónimos que carecen de una cabal representación política. Sin embargo, para un ciudadano común no debería haber demasiadas dudas de quién lucha verdaderamente por la justicia y quién se le opone. Quien se opone a la inversión que genera empleo, a la larga, está provocando mayor injusticia. Quien se opone a la generalización y fortalecimiento de un sistema fiscal, está preservando a los miserables. Quien se opone a la extensión y fortalecimiento de los sistemas de salud pública y pensiones es un enemigo de la justicia. Quien se opone a que el Estado garantice la infraestructura necesaria para que la economía florezca, se creen empleos y se recaude más, es un perpetuador de injusticia. El fondo es bastante claro.

La confusión política hoy nos ahoga. La idea de justicia naufraga. El ciudadano común difícilmente puede distinguir quién defiende qué. Quebrada la representación corporativa del PRI y montados en una popular moda antineoliberal, sea esto lo que sea, muchos representantes populares hoy defienden posturas verdaderamente arcaicas y vergonzosas por contrarias a la justicia. Oponerse a la generalización de los impuestos garantiza la permanencia de millones de miserables. Claro, los ganadores son ciertas clientelas partidarias de la peor ralea. Defender la economía informal, el ambulantaje, es la mejor forma de que el Estado no tenga dinero para romper los círculos de pobreza que perpetúan formas indignas de supervivencia.

Oponerse a la modernización del sector energético del país frena las inversiones y la creación de empleo, con lo cual muchos pobres de hoy serán padres de miserables de mañana. Eso sí, los sindicatos de Pemex, Luz y Fuerza y CFE están encantados con la continuidad de sus prebendas. Los ganadores concretos son muy pocos, los perdedores son y serán millones de pobres. Oponerse a la fría revisión del sistema de pensiones y al fortalecimiento de las instituciones de salud, les permite a unos pocos continuar con sus actuales privilegios, a la vez le garantiza a las futuras generaciones tener un mal servicio, pensiones de pena o simplemente no tener acceso a la salud pública. Cada ocasión que uno de esos pequeños grupos obtiene una victoria en contra de la modernización de México debemos imaginar lo que padecerán otros por su culpa. Invocando sus mezquinas ideas de justicia grupal, defendiendo lo indefendible, muchos legisladores y políticos son ya los responsables de la futura injusticia general de su país. Los ganadores de hoy son los progenitores políticos de los miserables de mañana.

P.D. Por cierto, sería muy conveniente que al amparo del derecho a la información se ventilaran públicamente los contratos colectivos de, por ejemplo, el sindicato de Pemex, de Luz y Fuerza, del Seguro Social, de CFE, entre otros. Simplemente para compararlos con otras empresas o instituciones del mundo. Digo.

 

 

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2 El poder de la sinrazón

El poder de la sinrazón

Es irritante aceptarlo: el destino del gran imperio estadounidense es, en parte, nuestro propio destino. Lo que en estas horas se decida en EU nos concierne. Pero la palabra imperio provoca más emociones que razones. Los externos, los que miran al imperio desde lejos o desde abajo, con frecuencia son -¿somos?- conducidos por la víscera. Por el contrario, los internos, los defensores de las acciones imperiales tienen problemas para entender por qué alguien puede rechazar tantas bondades.

Quizá por eso Paul Kennedy, el brillante historiador de Yale, ha preferido llamarlas potencias. Desde las dinastías Ming hasta la actual potencia estadounidense, pasando por la Inglaterra del 19 o la Francia del 18 o la España del 17, lo innegable es que los imperios también han sido ejes de acciones civilizatorias. Las sombras no pueden ocultar las luces evidentes.

De ser así, como dice Felipe González, lo relevante es que los imperios sepan serlo, es decir que asuman su carácter civilizatorio con inteligencia. Ese es el vértice de la discusión de hoy. Como en pocas ocasiones, y a partir de la invasión de Iraq, la polémica se centra en el hecho de que las acciones de George W. Bush son las de un guerrero pedestre, sin estrategia, sin visión, repleto de fobias, que nada tiene que ver con un plan civilizatorio.

Sin los armamentos de destrucción masiva como prueba la invasión de Iraq queda como un atropello contra un pueblo gobernado, eso sí, por un dictador terrible como hay muchos. Pero el camino seguido no puede ser fórmula. Imborrable para la historia será la forma como Bush atropelló el derecho internacional y a Naciones Unidas. Kerry no es menos imperial que el Presidente texano, pero sí plantea una estrategia -fortalecimiento del multilateralismo, alianza amplia, identificación del verdadero enemigo- con una visión que va más allá de una equívoca venganza.

Una de las confusiones repetidas de los imperios es pensar que pueden caminar solos en el mundo. ¿Qué se piensa en otras latitudes de las acciones guerreras de Bush? La respuesta está en el espléndido ejercicio de encuestas múltiples en 10 países -México a través de Grupo Reforma- que retrata un evidente rechazo ciudadano a Bush. Aunque sólo los ciudadanos estadounidenses votan en EU, el inédito ejercicio es un termómetro que mide una resistencia real. Pero faltaban los conceptos. Es allí cuando aparece el Presidente español que no deja de sorprender.

Ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Rodríguez Zapatero lanzó una espléndida pieza. Haber sufrido la guerra civil, la dictadura, las dificultades para construir una democracia, pero sobre todo décadas de terrorismo, le dan a la voz de España un gran peso. "Treinta años resistiendo al terrorismo nos han enseñado que el mayor riesgo de una victoria de los terroristas se produce cuando para luchar contra el terror la democracia traiciona su propia esencia".

Sigue la advertencia directa a Bush, la traición consiste en que "los Estados limitan las libertades, cuestionan las garantías judiciales o realizan operaciones militares preventivas... es con la legalidad, la democracia y la política como somos más fuertes y ellos más débiles". De allí el Presidente de España pasó a exigir racionalidad en el combate al terrorismo: sólo corregir las grandes injusticias privará a los terroristas de sustento popular. Ganar la paz supone restablecer la soberanía de Iraq, encauzar la democracia y fomentar la prosperidad. Haber sido imperio deja enseñanzas.

Viene entonces una definición de largo alcance, como representante de un país surgido de la diversidad cultural "quiero proponer una Alianza de Civilizaciones entre el mundo occidental y el mundo árabe y musulmán". Hay en la propuesta diferencias de fondo, de sustancia. Enrique Gil Calvo las ha planteado brillantemente en El País: no al "choque de civilizaciones"; no al uso del singular, civilización; sí al maridaje, sí también al reconocimiento de mínimos de convivencia que deben ser respetados.

Gil Calvo retoma a Isaiah Berlin, no se trata de imponer un destino homogéneo para todos. Se trata, eso sí, de que esos mínimos sean el medio para arribar al despliegue de la diversidad humana. Los mínimos son claros: derechos humanos, democracia, legalidad, igualdad de géneros, de oportunidades, no a la imposición de creencia alguna, sí a la libertad de selección de cualquiera. En pocas palabras, creer "en la fuerza de la educación y la cultura", dijo Rodríguez Zapatero. Gil Calvo va más allá: ¿es correcto identificar civilización con universalismo cultural como algo contrario a la pluralidad de civilizaciones? El punto es muy delicado: "cierta tradición del pensamiento occidental, que se retrotrae por un lado al idealismo platónico... y (el) monoteísmo judeo-cristiano parece creer que civilización no hay más que una".

El encadenamiento es conocido, el racionalismo desprendido de la Ilustración tiende a caer en la razón única. Sin embargo, también está la corriente heredera de politeísmo presocrático que rechaza la posibilidad de unificar la racionalidad dada una permanente confrontación de valores. ¿Hasta dónde el "no entiendo por qué no nos quieren" de Bush se deriva de su formación religiosa y su afiliación a la razón única, a la civilización única? En contraste, la propuesta de Rodríguez Zapatero, una Alianza de Civilizaciones, que sin embargo no cede en los mínimos se mira como una aproximación mucho más amable, moderna, pero sobre todo más inteligente. No a la confrontación inútil, sí al inexorable acto civilizatorio.

Así, mientras la Unión Europea discute la posible incorporación de un país musulmán, Turquía, los EU podrían ratificar al incomprendido Bush. ¿Cómo explicarlo? "La libertad en el contexto de la religión estadounidense significa estar a solas con Dios o con Jesús, el Dios estadounidense o el Cristo estadounidense" ha escrito ese brillante humanista, estadounidense por cierto, que es Harold Bloom. La tesis de su polémico libro es clara: el dialogo religioso es entre cada estadounidense (creyente) y Dios. Ellos estuvieron antes que todos y están solos con El. ¿Cómo encontrar acomodo al otro? ¿Cómo imaginarlo con los mismos derechos en un sitio dónde el diálogo siempre ha sido de dos?

Hay momentos, escribió Kierkegaard, en que creemos que todo lo que confrontamos es religioso y la política nos da una sorpresa. También puede ocurrir lo contrario. Cuando un imperio no sabe serlo, cuando la irracionalidad se instala ufana, cuando una gran nación atenta contra su propia razón de ser, quizá ocurre que los motivos no pasan por la cabeza. Los observadores desesperan y exigen al otro mirar por su propio destino. De poco sirve. Es difícil resignarse al gran poder de la sinrazón. Veremos.

 

 

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