21 de Diciembre del 2004...Palabra y gozo.

Palabra y gozo

" Las palabras sin pensamiento no van al cielo".

Shakespeare

Cada quién su Navidad. En mi caso hace ya algún tiempo que no envío cartas a Santa Claus. No soy religioso y por lo tanto esa fibra no me conmueve. Sin embargo, como lo ha descrito deslumbrantemente Carlos Fuentes en ese gran libro que es En Esto Creo, Jesús como personaje y hecho histórico siempre obliga a la reflexión. Las lecciones son infinitas. Para estas fechas pudiéramos tomar a la palabra y su valor como eje. Quizá alguna de las primeras reflexiones sobre el poder de la palabra sean precisamente las bíblicas. En el Génesis está la muestra. Dios dijo "Haya luz". Dijo Dios "Haya firmamento en medio de las aguas, que se separen unas de las otras..." Y por supuesto en San Juan "al principio era el verbo y el verbo es Dios" Así que, para los creyentes tener conciencia del poder de la palabra es mandato.

Para los no creyentes el valor de la palabra también es claro. Shakespeare ya nos dio su versión. Huxley agregaría: "Gracias a las palabras nos hemos elevado por encima de los animales, pero también por ellas nos hundimos frecuentemente al nivel de los demonios". Bien haríamos los mexicanos en volver a tomar en serio a la palabra. La plaza pública está convertida en una arena en la cual las imprecisiones intencionales, las incansables maledicencias, las denostaciones, los insultos francos y hasta las leperadas se han convertido en lo cotidiano. ¿Para qué decirles necios a los diputados? ¿Qué gana el Presidente de todos los mexicanos? ¡No nos vayan a salir ahora con que ésa es otra conquista de la democracia! Ya lo decía Gramsci, en política sólo con buenas formas se allanan las diferencias. Entre más delicado sea un asunto, más cuidado debemos poner en su tratamiento. Entre maledicencias e insultos nadie cede, nadie accede al dicho del otro. Así que mi deseo navideño se encamina a recuperar el bien decir para pensar mejor. Cero tolerancia a los agravios.

El lector me regala su confianza, su atención. No hay cómo valorar algo así. Como cada año, lo único que tengo para regalar son algunas sugerencias. Se trata de objetos portadores de mensajes que nos pueden ayudar a recrearnos, nutrirnos y, por qué no, gozar. Un gran lector y querido amigo, Eulalio Ferrer me regaló hace unos meses un libro apasionante: Los Discursos del Poder, Belacqua, 2003, Barcelona. El texto es una fantástica recopilación contextualizada de las palabras que cambiaron el curso de los hechos. De Cortés a Churchill, Einstein, Malcolm X, o el Che o los Kennedy pasando por Robespierre o Napoleón. No tiene desperdicio. / Ese gran escritor francés que es Michel Tournier nos volvió ofrecer una joya: Celebraciones, El Acantilado, 2002, Barcelona. Viñetas, reflexiones tan breves como intensas que Tournier nos lanza desde la distancia que ha interpuesto entre el ruido y su vida: el árbol y el bosque, la bajamar, la rodilla, el alma del vino. Su prosa, como siempre, es nítida. La sabiduría gotea. / Una sorpresa fue la novela El Lector, Compactos de Anagrama, 2000, Barcelona, de un autor alemán, Bernhard Schlink. Es una demostración del poderío latente en una buena pluma. Es una historia contemporánea, tierna y terrible, intrigante. No lo puede uno soltar.

La obra de ese gran arquitecto y artista que es Teodoro González de León andaba suelta. Por fortuna entre varias instituciones (UNAM, El Colegio Nacional, Conaculta, SRE) decidieron la publicación de un bello y generoso libro que reúne su brillante y extensísima obra. Dos ensayos de presentación y análisis a cargo de Miquel Adrià y William J.R. Curtis abren el camino a los planos y fotografías de muchas de sus edificaciones. Con las públicas tiene uno la fortuna de poder convivir. Con las privadas sólo a través del texto. El título para fortuna de todos es impreciso: Obra Completa. / La edición conmemorativa del cuarto centenario de la aparición de Don Quijote de la Mancha, Alfaguara, 2004, Brasil, impulsada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua es un gran suceso editorial. Los materiales de Vargas Llosa, Ayala, De Riquer y Rico son una auténtica relectura del clásico. La limpieza del texto, la riqueza de las notas y el bien logrado libro-objeto, trae además la sorpresa de su muy accesible precio. Obligado. / A "Chucho" Silva-Herzog Márquez debo este año dos regalos. El primero es la correspondencia de Isaiah Berlin (Letters, 1928-1946; Cambridge University Press, 2004), autor del cual los dos somos admiradores. El prefacio y toda la recopilación se le deben por supuesto Henry Hardy. Berlin es un filósofo que delata su pensamiento poco a poco, siempre refiriéndose a otros temas como pretexto. Letters está repleto de pistas. / El otro regalo fue The Fog of War, el documental de Errol Morris. En él, de manera descarnada, el ex Secretario de Defensa estadounidense Robert S. McNamara relata cómo se vivió, entre otros sucesos, la guerra de Vietnam desde dentro. La realización es espléndida.

Canadiense, poeta y cantante muy particular, Leonard Cohen encontró desde los sesenta su propio sendero. Suzanne nos marcó a muchos. Cohen regresa ahora, a sus 70 años, con una voz sincera y por ello cascada y nos entrega en su tono a veces burlón y profundo un nuevo CD con el extraño título, More Best of Leonard Cohen. "Take This Waltz" es una muestra magistral de su pluma intrigante que descubre territorios sensibles. / De Billy Joel todo mundo canta "The Piano Man", pocos se refieren al fresco y sólido compositor de música "culta". Fantasies and Desilusions, música para solo de piano es un delicioso paseo por armonías clásicas tocadas por la modernidad. / De Wim Mertens desconozco todo, nacionalidad, formación, etcétera. Pero una pieza, "Estrategia de Ruptura", me indica que estamos ante un gran autor. Se trata del misterioso paseo de una voz acompañada de un piano por territorios melódicos entre el canto gregoriano y el soul, por extraño que parezca. Cualquier información se agradecería enormemente.

Quizá el museo de arte contemporáneo en México con mayor definición conceptual sea el fundado por Manuel Felguérez en Zacatecas. Arte abstracto y sólo arte abstracto. El sitio es alucinante pues la modernidad contrasta y se acopla con los trazos antiguos de la ex prisión y ex convento. Pero quien desea hacer una visita cualquier día y sin moverse de su casa ya puede recurrir al catálogo. La sala con las obras monumentales de la fallida feria de Osaka en los setenta con obra de Brian Nissen, Arnaldo Coen, Lilia Carrillo, Aceves Navarro, Corsas, por supuesto Felguérez, entre otros, es inolvidable. / Corpus, Rizzoli, 2003, Nueva York, de Alejandra Figueroa: alucinante viaje fotográfico por el desnudo escultórico. / Leonardo Da Vinci, Taschen, 2003, Colonia, un lujo de edición a un precio asombroso. / Finalmente Memoria de mis putas tristes, Mondadori, 2004, Barcelona, simplemente García Márquez como en el mejor de sus clásicos. Gozo puro.

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14 de Diciembre del 2004... Presidente Virtual

Presidente virtual

José Gutiérrez Vivó le pregunta: y en caso de que usted fuera el próximo Presidente, cómo solucionaría X problema. Después de uno de esos típicos silencios suyos, López Obrador responde "yo voy a", y de nuevo queda en silencio. El jefe de Gobierno reconsidera y dice "es que dije voy a..." y corrige introduciendo algún tipo de condición: en caso de llegar o algo así. La anécdota refleja el estado de ánimo del gobernante. Pero también desnuda un entorno que puede ser muy peligroso.

Creo que no necesito ratificar mi convencimiento no sólo de la utilidad sino de la trascendencia de las encuestas. En ciencias sociales hay un antes y un después de la aparición de la llamada demoscopía. La forma de conocer, la epistemología de varias disciplinas sociales, simplemente se transformó con la aparición de este fantástico instrumento capaz de rastrear percepciones y valores. La base de información científica se amplió de manera admirable. Qué hubieran dado teóricos como Weber o Toynbee por contar con la Encuesta Mundial de Valores. Además las encuestas y la democracia están íntimamente ligadas. Allí donde se conocen las necesidades, los reclamos, las demandas, los miedos y, por qué no, las ambiciones y deseos de la población, los gobernantes están en mucho mejor condición de atender a los gobernados. Allí donde gobiernan dictadores las encuestas son vistas como armas de la subversión.

Por supuesto que las encuestas tienen limitaciones o mejor dicho quienes las usan deben estar conscientes de para qué sirven y para qué no. Los gobernantes que no atienden las encuestas se alejan del sentir popular. Los gobernantes que sólo se guían por encuestas carecen de visión de Estado. Las populares encuestas preelectorales son instrumentos bastante confiables, pero tienen una condicionante insalvable: su capacidad de acierto decrece exponencialmente conforme se alejan de la diana. De allí la importancia de poder hacer levantamientos horas antes de las jornadas electorales. De lejos se vuelven aproximaciones muy endebles cuando no quimeras. Dos o tres semanas de distancia pueden ser suficientes para que un acontecimiento, una declaración errónea de un candidato por ejemplo, altere los resultados de una contienda. Así de volátil es la opinión pública. Para ejemplos recientes los sustos que se llevaron los priistas en Veracruz y Sinaloa: todas las encuestas les daban a sus candidatos una amplia ventaja y dos sucesos muy concretos estuvieron a punto de derrocarlos. Entonces, la mejor encuesta de intención de voto es la más cercana al día de la elección.

Recuerdo al lector todo lo anterior porque en México en los últimos dos años se ha desatado un súbito entusiasmo por difundir múltiples encuestas de intención de voto sobre el proceso del 2006. Por supuesto que los ejercicios son interesantes, además me imagino que les incrementan los ratings a las televisoras. El negocio para los encuestadores no podría ser mejor. Pero seamos honestos, cualquier especialista sabe que hay algo de irresponsabilidad en tomárselas muy en serio. De entrada ningún partido ha definido a su candidato. Todos sabemos que de la forma como se construya una candidatura depende, en buena medida, la aceptación popular de los candidatos. Es decir, los partos son determinantes. Si los procesos internos son claros y convincentes, los candidatos crecen. Le ocurrió a Fox y también a Labastida. En contraste, el parto de Salinas de Gortari fue terrible y así le fue.

La imagen de los candidatos se va haciendo o deshaciendo poco a poco durante los meses de exposición intensa de las campañas. Algunos crecen otros se desmoronan. Son los casos de Fox, que fue un espléndido candidato, y de Labastida, que cayó en un deterioro creciente. En fin, las variables son tantas que mucho puede ocurrir en el camino. De allí que las encuestas de inclinación de voto levantadas con excesiva antelación no sean demasiado confiables. ¿Qué valor hubiera tenido una encuesta levantada en el 2001 que propusiese como candidatos a Bush o a la señora Clinton? No creo que el lector recuerde alguna así, no la recuerda simplemente porque no se levantan y si alguien lo hace pocos se lo toman en serio. No están hechas para eso. De hecho, no son instrumentos de predicción. Veamos experiencias locales: siete meses antes de la elección del año 2000, ya con los candidatos definidos, los principales levantamientos (Reforma, El Universal, GEA, CEO, entre otros) daban ventaja al PRI con Labastida. En algunos casos hasta 20 puntos porcentuales de ventaja. Creo que no necesito recordar quién ganó. En el 2003 ocurrió exactamente lo mismo seis meses antes Reforma, El Universal, GEA y Arcop entre otros, le daban una amplia ventaja al PAN para las elecciones intermedias. Súmese a ello el millón y medio de spots de Presidencia que sólo se detuvieron por el ultimátum del IFE y sin embargo el votante votó como venía votando, en orden PRI, PAN y muy abajo PRD.

En México llevamos dos años diciendo, sin demasiados matices, que López Obrador es casi seguro el próximo Presidente. Sin embargo, todas las elecciones locales ratifican el 1, 2 y 3, PRI, PAN y PRD. Una pregunta: ¿por qué van a salir los votantes sistemáticos del PRI o del PAN a votar por López Obrador? No olvidemos además al 25 por ciento de indecisos que podrían inclinar la balanza. El asunto dista mucho de ser claro. Por si fuera poco, en las últimas elecciones locales el castigo al PRD ha sido brutal: en varias entidades no logró ni siquiera alcanzar el 10 por ciento de la votación. Lo malo de estos pronósticos a destiempo, el utilizar una lente que simplemente no sirve para mirar tan lejos, es que van generando expectativas sociales. No digo que López Obrador no pudiera conquistar la Presidencia. Lo que sí afirmo es que resultaría verdaderamente atípico que lograra situarse 20 puntos porcentuales por arriba de su partido. Cárdenas lo logró en 88, pero en condiciones de división de la primera fuerza política. No es el caso.

Lo que sí resulta claro es que este juego de cifras a destiempo, esta consagración de un Presidente virtual, ha propiciado que tratemos con un actor político totalmente desbordado, que actúa como si ya tuviera los votos en la bolsa. Pero ese es, después de todo, un problema menor. El mayor puede surgir si en los meses de campaña, cuando las encuestas preelectorales verdaderamente cobren vigencia, un candidato del PRI o del PAN rebasa a López Obrador. Es muy factible que ocurra. ¿Qué explicaciones se le van a dar al gran público? ¿Cómo rebatir que la contienda no fue justa y equitativa o que era cierto el complot de PRIAN en contra del López Obrador? ¿Cómo explicar que la consagración previa, dos años de preeminencia de López Obrador, se desmoronan en semanas? Allí México va a pagar el costo de andar ungiendo presidentes virtuales.

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  7 de Diciembre del 2004... Seis tesis inutiles

"No hay peor mentira que la que nos decimos a nosotros mismos".

Luciano Talbek

¿Qué falló? Es claro que la gestión de Vicente Fox tendrá logros. La ley de acceso a la información pública y la creación del IFAI; haber evitado actos de represión -hasta donde vamos- y sostener la disciplina fiscal serán algunos de ellos. Del lado de las carencias estará un brutal deterioro de la autoridad y la incapacidad para generar consensos y provocar cambios. Lograr que las cosas ocurran es la gran diferencia entre gobernar y flotar. Su estrategia política, si es que algo así existió, fue un fracaso. Habrá quien se cubra diciendo que el "diseño institucional" no le permitió a Fox avanzar más, que es imposible llegar a acuerdos con una Oposición fragmentada y terca. Pero algo no cuadra. Vale la hipótesis de que incluso con un PRI y un PRD unidos, hubiera sido imposible avanzar. El gran obstáculo ha sido la burda lectura que de México hizo el régimen. Con ánimo de aprendizaje es tiempo de recapitular los yerros centrales.

1. Desprecio por el pasado. La promoción sistemática de la idea de la larga noche priista, donde todo era corrupción, mal gobierno y represión, funcionó espléndidamente durante la campaña. Polarizó al País en contra del PRI y convirtió a la elección en un plebiscito: ¿más de lo mismo o el cambio? Así ganaron, que no es poco mérito. Pero ese mismo discurso instalado en la Presidencia es (fue) irresponsable cuando no esquizofrénico. El gran acierto de campaña ha sido el gran error de gobierno, una gran trampa. Basta escuchar los actuales spots publicitarios donde se ratifica la tesis: "en cuatro años no ha pasado nada", dicen, ninguno de los horrores del pasado priista se ha repetido. Pero resulta que en el quinto año de ese bombardeo alrededor de 4 de cada 10 mexicanos le siguen dando su voto al partido responsable de la oscuridad y el horror. ¿Son acaso idiotas, como lo dije durante la campaña? Pero los foxistas sí se creyeron su insostenible caricatura. Así gobiernan. Se mintieron a sí mismos. Viven envenenados con su propio elixir.

2. México sin priistas. Al no reconocer los aciertos que hubo en el pasado partieron de una tesis falsa: el PRI se desmoronaría. Despreciaron al interlocutor, que pasaba por una merecida crisis, y no leyeron la realidad. Apostaron a un vuelco panista que traería una cómoda mayoría en el Legislativo en el 2003. La teoría del vuelco es tan popular como frágil. El PRD cayó en ese engaño después del 88. Increíble: los foxistas negaron los resultados de las elecciones locales que durante tres años mostraban a un PRI, herido si se quiere, pero que seguía siendo la primera fuerza. Esa posibilidad simplemente no entraba en su lectura. Por eso continuaron con el inútil golpeteo en bloque. Por ese camino cancelaron la única alianza que les hubiera permitido lograr reformas. Perdieron a un segmento del PRI que estaba y en parte está a favor de los necesarios e impopulares cambios. Oficialmente todo en el PRI es lodo. Se derrumbaron los puentes. Muchos priistas ofendidos se polarizaron. El costo que México ha de pagar por esas inútiles ofensas es inconmensurable.

3. La vanidosa popularidad. La popularidad de Vicente Fox sigue siendo alta. Pero, ¿para qué ha servido? La búsqueda y conservación de esa popularidad le ha costado muy caro al País. Confiados en esa popularidad, Fox y su equipo cercano cometieron otro error craso: distanciarse de su propio partido. Echarle hoy la culpa a la Oposición fragmentada sin mencionar la tensión entre la Presidencia y el PAN es contar sólo la mitad de la historia. Recordemos cuando el panismo dejó solo a su Secretario de Hacienda en la Cámara de Diputados. Locura pura. La tensión interna en el PAN por el protagonismo de la señora Sahagún agravó las cosas. ¿Qué Presidente puede lograr acuerdos cuando no sólo se pelea e insulta a sus opositores sino además se distancia de su propio partido? Un ejemplo: escalar el enfrentamiento con el Legislativo con motivo del presupuesto vuelve a situar a los opositores como el demonio mismo y a Fox como víctima. Seguramente le dará popularidad, pero no ayuda en nada a gobernar. Un Presidente menos popular pero más efectivo hubiera sido un mejor arreglo.

4. Prepotencia. Era natural que el régimen foxista no tuviese todos los cuadros para administrar el aparato federal. Por ello era claro que tendría que recurrir a personajes con experiencia, como el caso de Gil Díaz. Pero salvo esa excepción, nadie que hubiese tenido algo que ver con el partido de la oscuridad debía entrar. Ese error empobreció al foxismo gravemente. Por ejemplo, se ha designado a tres Secretarios de Energía, todos ellos capaces sin duda, pero sin experiencia en el tema. En Pemex y en CFE hay espléndidos técnicos que a México le ha costado décadas formar y que sin duda hubiesen tenido un buen desarrollo. Qué importa la filiación o simpatía, el País va primero. ¿Por qué multiplicar innecesariamente el costo de aprendizaje? Esa autolimitación de Fox se volvió patética cuando también les pusieron cruz a muchos panistas. Se perdió el principio de realidad. Pensar que solos podían con todo es prepotencia pura.

5. Distracción. Ley de presupuesto, segunda vuelta en legisladores y Ejecutivo, reelección de diputados, ausencia absoluta del titular del Ejecutivo, reglamentación del veto, fortalecimiento de alianzas y coaliciones, regulación de las precampañas; la agenda política para lidiar con la creciente y deseable pluralidad, estaba y está bastante clara. Muñoz Ledo se las trabajó hace cuatro años. De las garantías políticas dependían los riesgos que las fuerzas políticas tomaran en los temas impopulares. Pero la gestión se distrajo. En el camino aparecieron asuntos quizá atractivos pero sin viabilidad o simplemente no prioritarios, desde la idea de una nueva Constitución hasta el voto de los mexicanos en Estados Unidos o los casinos. A 18 meses de la elección presidencial no hay ninguna reforma que brinde garantías de estabilidad y capacidad de gobierno a las futuras gestiones. Las consecuencias ya las estamos viviendo y podrían agravarse. La distracción canceló la previsión.

6. No querer a la Presidencia. Vicente Fox y su equipo odiaban y odian al PRI. Están en su derecho. Pero las instituciones nos pertenecen a todos. La solemnidad nos agobiaba, es cierto, pero en el afán por aligerar al personaje que encarna la responsabilidad se ha herido a la institución. Permitir que los Secretarios amenacen con sus renuncias, tolerar los pleitos y zancadillas entre ellos, no hacer las remociones inevitables o admitir el actual juego sucesorio en demérito de sus obligaciones, es algo que Vicente Fox no debió aceptar por respeto a la investidura. Querer la Presidencia es requisito para ser buen Presidente.

Pero ya es demasiado tarde. Nunca dudaron de sí mismos. Éste es el costo de la vanidad.

 

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