31 de agosto del 2004 .... De héroes y competencia.

"Pobres de los países que no tienen héroes". "Pobres de los países que necesitan héroes".Bertolt Brecht.

Medallero Atenas 2004: México lugar 60. Se puede responder con filosofía. "La competencia envilece: uno es sin tener que demostrarlo". "Competir es un acto de vanidad". "Se puede ser el mejor sin tener que cantarlo a los cuatro vientos". Todo esto es válido y sin embargo el ser humano compite, compite en todo, compite sistemáticamente, compite por orgullo, pero también compite por la vida.

La competencia es toda una filosofía de vida. Quien decide competir tiene de entrada que aceptar sus debilidades. Mido 1.34, el basquetbol no es lo mío. Pero en el ajedrez no importa la longitud de piernas, tampoco para levantar pesas o montar un caballo. Competir es una filosofía, pues quien compite innova. Siempre habrá una forma de hacer que una flecha viaje más rápido, que un televisor sea más fiel a la imagen, que una grúa cargue más peso o un barco gaste menos combustible. La competencia es en buena medida la responsable de muchos de los avances tecnológicos y científicos. Por supuesto todo tiene su lado negativo. Siempre habrá una bomba más eficaz.

De nuevo esgrimir razones morales en contra de la competencia es inútil: desde la Antigüedad el mundo compite todos los días y esa competencia determina el futuro de los pueblos. La conquista del Mediterráneo fue una competencia, feroz pero competencia. El comercio, motor de las naciones, es competencia por definición. El avance científico y tecnológico es estimulado por la competencia. La competencia enseña mucho, por ejemplo enseña a medir, a contar, a comparar, a aprender de los otros. Por lo general las naciones que asumen una actitud de competencia lentamente la despliegan en todas sus áreas. Compiten con los deportistas, pero también con la productividad de las industrias, con el rendimiento de los estudiantes, de las universidades, con el apego a las leyes.

Los países como un todo compiten por demostrar cuál tiene mejor democracia, más respeto a los derechos humanos o mejor conservación del ambiente. Las naciones que compiten exitosamente producen más, tienen más calidad en sus productos y servicios, venden más, exportan más y, finalmente, como resultado de esa competencia, viven mejor. Casi siempre son los mismos que, por cierto, tienen más científicos, más técnicos, los mismos que reportan mejores niveles educativos y los que registran más patentes al año. Así que la competencia puede dejar atrás la discusión filosófica porque en la práctica conlleva bienestar.

Pero claro, los niveles educativos o la productividad tienen poco sex appeal. Nadie sale a gritar por las calles cuando su país resulta primero en educación científica, por ejemplo. Pero si la ideología de la competencia está allí, alguien se preocupará por haber sido desplazado del primer lugar. En contraste, los deportes mueven a la pasión nacional. Un país entero es capaz de paralizarse por ver a su corredora, como ocurrió el martes pasado con Ana Guevara, en su máximo esfuerzo. La diferencia estriba entonces en cómo adoptamos la competencia, al triunfo y a la derrota. La tragedia de los juegos olímpicos de Atenas no radica sólo en el número de medallas obtenidas, sino en la forma cavernaria como justificamos nuestra derrota. Con 104 millones de habitantes, la gran mayoría jóvenes, la undécima economía del mundo, con un grado de institucionalización mucho mayor que otras naciones, México pareciera no haber comprendido de qué trata la competencia. Tampoco pareciera pesarnos el ridículo.

De entrada no somos capaces de admitir nuestras limitaciones, vamos a todo y por supuesto en todo quedamos mal. Además pareciera que la derrota no nos duele. Enviamos más de 100 deportistas de los cuales la gran mayoría no tenía ninguna posibilidad de obtener un lugar decoroso. No es su culpa pero, ¿por qué tienen que exponer el nombre de México a sabiendas de que la derrota es lo más probable? Eso habla de una vanidad personal que está por arriba del amor por el país. ¿Qué ejemplo le están dando a las futuras generaciones? Son perdedores profesionales, con una diferencia, llevan la camiseta de México. Por eso el desencanto es desgarrador. Finalmente el tratamiento hacia los pocos vencedores es de héroes y heroínas, lo cual desvirtúa totalmente el carácter profesional que tiene toda competencia, deportiva. Si la calidad de los automóviles que exportamos dependiese de un obrero genial, estaríamos en la tumba. Por eso no acertamos a tener buenos rendimientos, porque andamos a la caza de seres de excepción cuando se trata de formar, entrenar, sostener y competir con terrestres.

Cada cuatro años es lo mismo. Millones de mexicanos, sobre todo los jóvenes, se montan en una ola de entusiasmo infundado. Por fortuna siempre hay seres de excepción como Ana Guevara o Belem Guerrero o los hermanos Salazar, pero la verdad es que el ánimo nacional sale, y con razón, bastante mellado. Por población, por ingreso, por nivel educativo, por tamaño de la economía, por dónde se le mire, no estamos en el nivel que debiéramos. Países mucho más pequeños, Cuba, Bahamas, Dominicana, más pobres: Ucrania, Marruecos, Etiopía, con menor desarrollo institucional Zimbawe, Kenia, Camerún, logran superarnos y por mucho. Competir es mucho más que ir a las competencias. La productividad de México se viene cayendo desde hace años. Los costos de los energéticos, del transporte, de la economía informal, de la tramitología, de la inseguridad, de las telecomunicaciones y varios más nos están sacando de la competencia. Y los mexicanos no hacemos nada. Claro, los chinos, los chilenos entre otros, están ocupando nuestro lugar en los grandes mercados. Pero aquí seguimos, esperando un golpe de suerte. A ver si de chiripa nos sacamos alguna "medallita" de consolación.

Pero esas medallas no forman nación. El mérito es de Ana Guevara y de los otros, no de nuestra organización, una organización nacional que propicie y facilite el camino a todos los que tienen posibilidades. Es al revés, los felicitamos con el corazón en la mano por lo que hicieron a pesar de lo poco que el país les ofreció. Por eso los hacemos héroes, porque lograron sobresalir en un medio que les fue hostil, adverso. Y por eso los niños, los jóvenes, los que no han caído todavía en la desilusión, se enorgullecen de ellos, pero no del País. El día que logremos dejar atrás a los héroes, el día que sepamos que ganar es un acto racional y no un milagro, ese día habremos aprendido que la competencia es supervivencia.


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24 de agosto del 2004.... El juego no es de juego

A la memoria de Víctor Urquidi, una mente preclara.

Todo Estado es un proyecto ético. Al final del día es una lucha por imponer ciertas concepciones de la vida, ciertos valores. El problema radica en que los valores enarbolados no siempre son totalmente compatibles. De hecho, con frecuencia son contradictorios. Surge así el dilema: qué va primero, qué se debe privilegiar. Los valores absolutos no existen en la realidad. Quienes han intentado implantar un gran valor, un valor supremo, por sobre cualquier otra consideración normalmente terminan concibiendo engendros. El comunismo era el imperio absoluto de la igualdad sobre cualquier otro valor, la libertad incluida. El nacionalismo extremo es responsable de horribles monstruos autoritarios.

La libertad individual es uno de los valores centrales del Estado democrático. Debemos ampliar ese ámbito de decisión individual tanto como sea posible. Pero tampoco puede ser manejado como un valor absoluto. Si no hubiera límites a los impulsos individuales viviríamos en la selva. Lo deseable para un liberal es que esos límites sean los menos posibles. Sin embargo hay una frontera muy clara al individuo: el daño a terceros, peor aun cuando el tercero es la sociedad. Uno podría defender el derecho de una persona a introducir en su cuerpo las sustancias que quiera incluso si se autodestruye. El problema es cuando en el camino se hiere a otros. Por eso en todos los Estados, incluidos los de mayor raigambre liberal, existen restricciones a ciertas actividades, ingerir alcohol o drogas por ejemplo. Toda esta discusión podría parecer etérea, abstracta y no lo es. Se trata de nuestra vida cotidiana. Denise Dresser relata en Gritos y susurros, en unas líneas desgarradoras, cómo un borracho segó la vida de su padre y su hermana cuando ella tenía siete años.

Como el absoluto no funciona ni siquiera en el caso de la libertad, los grandes liberales del Siglo 20 se dedicaron a afinar la discusión. Isaiah Berlin, uno de los más brillantes liberales, acuñó dos aproximaciones, la libertad positiva y negativa. La primera alude a todos esos derechos inmanentes al individuo que no aceptan regulación alguna. La libertad de creencia, de expresión, etcétera. Es la libertad para algo. Pero existe también la libertad negativa, cuando se libera al individuo de algo. Las garantías en contra de algo o alguien son responsabilidad del Estado.

Vamos a México, septiembre del 2004. En México existe el juego, es legal pero encausado por el Estado. Allí están la Lotería Nacional y Pronósticos Deportivos. Además, la legislación reconoce el juego popular vinculado a festividades tradicionales como la Feria de San Marcos y muchas otras. Quien desea jugar en México conoce sus opciones y las ejerce. Sin embargo la ley es restrictiva en tanto que limita su expansión en manos privadas. Desde hace muchos años los grandes intereses vinculados a los casinos y otras modalidades han tratado de abrir al País al juego en grandes proporciones. De hecho ya existen apuestas electrónicas en varias ciudades que entraron buscando subterfugios de la ley. Recientemente se ha impulsado, con un costoso cabildeo, una iniciativa de ley que ha escalado en el Legislativo y podría ser aprobada en semanas. Estamos ante una situación de alarma. ¿Por qué?

En el pasado, y sobre todo por la carencia de información fáctica, los argumentos en contra del juego con frecuencia resbalaban en moralinas absurdas: el juego en sí mismo es malo, es de depravados, de viciosos, etcétera. Se trata de una versión oscurantista. Los prejuicios no valen en la plaza pública. La discusión hoy, en una sociedad que se precie de ser democrática, debe darse en otro nivel. Gracias a la información surgida en los últimos años se pueden establecer varias cuestiones.

El juego multiplica la comisión de delitos. En 1996 el Presidente Clinton creó una comisión de análisis del impacto del juego. La información generada se suma a la de otros estudios como los de Earl Grinols de la Universidad de Illinois. Las conclusiones no dejan duda: en los últimos 20 años los condados que incorporaron el juego incrementaron su índice delictivo en 44 por ciento. Los delitos comprobados van desde el lavado de dinero y tráfico de drogas a la prostitución ilegal. La Comisión de Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos en Europa del Este estableció un vínculo entre la adicción a las apuestas y la prostitución infantil. Allí están los hechos.

El juego daña el capital social. Se ha establecido que la ludopatía, la inclinación compulsiva y patológica al juego, es un mal que podría afectar a un porcentaje que va del 1.7 por ciento a 7.3 por ciento de la población. Estudios de Harvard y de la provincia de Quebec en Canadá demuestran que la mayor exposición, la apertura de centros de juego, incrementa el porcentaje. Pero, al fin y al cabo, a cada quien sus vicios. La afición a ciertos deportes también puede llegar a ser patológica. La gran diferencia es que el jugador compulsivo, como los adictos, con gran frecuencia y ante la desesperación por jugar, se ve involucrado en actos delictivos. El asunto concierne entonces a la salud pública. Por si fuera poco, SMR Research Corporation estableció que en EU las bancarrotas se incrementan en relación al promedio estatal en proporción al número de casinos: un 18 por ciento en aquellos condados con un casino; 35 por ciento en aquellos con más de cinco casinos. En Atlantic City el promedio de bancarrotas es 71 por ciento superior al del estado de Nueva Jersey. Los ludópatas van a la bancarrota con gran frecuencia.

Los costos sociales del juego en gran escala comienzan a ser cuantificados y son brutales. En Minnesota entre cuentas incobrables, impuestos evadidos, falsificación de documentos, fraudes, robos comunes además de prostitución ilegal y tráfico de drogas, sólo en los casos de delitos vinculados al juego, el acumulado suma al año cientos de millones de dólares. A favor de la nueva Ley Federal de Juegos con Apuestas y Sorteos se alega que entrarán 2 mil millones de dólares en dos años, que se crearán alrededor de 50 mil empleos directos más los beneficios de la construcción de los casinos. Se argumenta que la recaudación se incrementará en 700 millones de dólares. Hay sin embargo muchas dudas sobre los beneficios económicos para la población en el largo plazo.

La pregunta central está allí: ¿debe el Estado mexicano fomentar por motivos económicos de dudosa solvencia una actividad con un impacto social tan negativo? Por lo pronto el asunto es muy debatible y ese debate no se ha dado en la opinión pública. Justo en el momento en que otros países alertan sobre las funestas consecuencias de esa actividad, nosotros decidimos hacerla una estrategia de crecimiento. Sí, es un asunto de libertades, de evitarnos los costos personales y sociales. ¿Cuál es la prisa? ¿O quizá en un debate abierto los argumentos se desmoronarán?




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17 de agosto del 2004 .... La invasion de los enanos.

La invasión de los enanos

¿Está México preparado para la democracia? El dictador mexicano respondió que sí. Trató sin embargo de perpetuarse aún más en el poder. Provocó con ello el alzamiento maderista. Llegaría así la cruda traición de Huerta. Después vendría la revolución social, con un millón de muertos. De allí a la era de los caudillos, del encadenamiento de intrigas y traiciones ni siquiera imaginadas por Shakespeare. La solución fue el sistema autoritario de partido hegemónico. Se trató de un sistema benigno, como lo califican algunos autores, en tanto que tuvo cierta capacidad de respuesta para las necesidades sociales, propició crecimiento y movilidad social, y la represión fue mucho menor que en otros casos.

Ese sistema autoritario tuvo además otras ventajas: incorporó cuadros altamente capacitados y operó como fuerza modernizadora. Al final, lentamente, fue accediendo a una apertura política y en un trecho de alrededor de un cuarto de siglo cedió el poder sin revueltas, asonadas o cuartelazos. Los lados oscuros de ese sistema autoritario fueron varios, una corrupción que todo lo invadió y, por supuesto, actos de represión como el 68, el 71 y los ocurridos durante la llamada "guerra sucia". Terminamos el Siglo 20 con la idea de que la alternancia era culminación de un largo trayecto hacia la democracia y el buen gobierno. Visto en retrospectiva, Díaz quizá debió de haber respondido con un rotundo no, pero era incorrecto decirlo. Las formas democráticas funcionan con demócratas que les dan vida. Hace un siglo esos demócratas eran excepción, pensaría uno. Pero bueno, México es hoy otro, debe serlo. Un siglo después, cualquiera contestaría a la misma pregunta: claro que estamos preparados para la democracia. Pero algo anda muy mal y todos lo sabemos.

Dentro de dos semanas Vicente Fox rendirá su cuarto Informe de Gobierno. Los juicios sobre los logros y deficiencias de su gestión de alguna manera están ya lanzados. Mucho era previsible: buena fe, inexperiencia, incapacidad, etcétera, pero valía la pena pagar esos costos. Sin embargo ahora merodea una preocupación muy honda, que va más allá de Fox y que estalla al pensar en el 2006. Es algo muy grave: la clase política de nuestro país está invadida de enanos. Da la impresión de que el reacomodo de las fuerzas y la carencia de liderazgos auténticos desataron los controles y autocontroles mínimos en las instituciones, en especial en los partidos. Sin guías y líderes reales, pero sobre todo sin principios, el espectáculo es el de una jauría de chacales dispuestos a lo que sea con tal de llegar y conservar el poder. El desfile ha sido verdaderamente vergonzoso. El asunto va mucho más allá de la simple división entre partidos: incluye a todos.

Partidos que convierten a borrachos conocidos y prepotentes, pseudoactrices ignorantes, juniors huecos, en legisladores. Gobernadores que se organizan atentados para ocultar sus parrandas. Funcionarios de alto rango que contrabandean armas en aviones privados. Jugadores incontrolables encargados de los centavos. Gobernadores que "enjaulan", por supuesto ilegalmente, a folklóricos Presidentes Municipales de los cuales todo es creíble. Candidatos a Alcalde que la opinión pública vincula con comisión de delitos graves, incluido el homicidio. Esposas que desde el poder quieren llegar al poder sin importarles la ética ni lo que digan sus partidos. Presidentas de partidos con amantes millonarios capaces de regar buenos dineros por aquí y por allá para impulsar campañas y otros asuntos. Diputados contrabandistas confesos.

Embajadores sin ninguna experiencia pero con el sueño muy delicado que compran, con dineros públicos faltaba más, colchones de precios ofensivos. Asociaciones supuestamente filantrópicas vinculadas a la Presidencia que reciben dineros de grandes corporaciones que a su vez son beneficiarias de la misma asociación que han beneficiado. Diputados federales que deciden donar sumas millonarias, digamos 30 millones de pesos, a muy cuestionables organizaciones ciudadanas que terminan comprando tangas. Instituciones abocadas en teoría a la asistencia pública donando dinero a empresas riquísimas. Diputados federales, sin ninguna vocación pública, que se "desnudan" en televisión para hacerse populares. Presidentes de partidos "jóvenes" hablando de millones de dólares por un trámite.

Han pasado semanas, meses, años y el desfile pareciera no tener fin e incluso irse nutriendo de nuevos personajes. Súmese a ello un Jefe de Gobierno del Distrito Federal que desprecia la ley, finge demencia frente a la corrupción que lo rodea, mientras distribuye cientos de miles de panfletos que buscan exacerbar odios sociales. Por supuesto que hay problemas de diseño institucional para propiciar acuerdos y alianzas. Por ello es urgente analizar la "segunda vuelta", los requisitos de alianzas y coaliciones y la posibilidad de un régimen semiparlamentario. Pero las instituciones no van a cambiar la estrechez de miras, la falta de profesionalismo, de seriedad mínima y, en algunos casos, de cordura de buena parte de nuestros políticos.

¿Dónde están los hombres de principios, de ideas, los estudiosos que los hay en el PRI, el PAN y el PRD? Pareciera que han sido engullidos por los chacales. Al estar dispuestos a convivir con ellos, al aceptar en los hechos sus envilecidos códigos de entendimiento de la vida y de conducta, todo por garantizar una curul o una Presidencia Municipal o lo que sea, renunciaron a un principio básico. A decir de Duverger, todo partido político es en su origen como un club: se reserva el derecho de admisión. La competencia política en México no está llevando ni remotamente a los mejores al poder. Al contrario, pareciera que hemos caído en un efecto perverso en que la degradación a la corta paga. De allí la importancia de fortalecer la carrera política con la reelección de diputados, senadores y Presidentes Municipales. Ensanchar el servicio civil de carrera también puede ayudar.

El asunto es muy grave. La clase política emergente es una vergüenza. Es claro que los partidos no han tenido la capacidad de formar y conservar en el poder cuadros que garanticen un mínimo de conocimiento, vocación y ética. Surtir candidatos a 2 mil 429 municipios cada tres años, a cientos de diputaciones locales, a 500 diputados federales y todo el resto de mecanismos republicanos, ha convertido la política en México en un atractivo juego de oportunistas, frívolos, corruptos y, en el mejor de los casos, de ignorantes. Podrán ganar una elección pero difícilmente podrían engañar dos veces. El poder, por fortuna, desnuda. ¿Políticas de Estado, acuerdos, visión de largo plazo? Por favor, si la República está invadida de enanos.




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10 de agosto del 2004 .... Victor Urquídi.

Víctor Urquidi

La vida es muy tramposa. Uno se acostumbra a lo bueno con facilidad. Se da por sentado que está allí y que seguirá allí. Nos olvidamos de la fragilidad, ella sí inseparable, humana demasiado humana. Con frecuencia no es sino ante la posibilidad del vacío que reflexionamos.

Lo primero fue el nombre, así, en abstracto: Víctor Urquidi. El nombre no me remitía a un rostro, a una persona en concreto. Se trataba, eso sí lo sabía bien, de un gran estudioso de las ciencias sociales. Pero Urquidi, a diferencia de muchos en los años 70, no publicaba textos rabiosos en contra del capitalismo, ni vociferaba en contra del Estado. Era un ave rara, nadaba contra corriente. En sus textos había información dura, mediciones, técnica, no sólo buenos deseos. El autor no estaba peleado con el mundo, no le interesaba estar del lado "políticamente correcto" sino razonar y razonar bien, para paliar así la pobreza y la desigualdad.

La primera ocasión en que el nombre casó con un rostro fue en una conferencia, si no recuerdo mal en la Facultad de Economía de la UNAM. Rodeado de enjundiosos marxistas, aquel hombre de formas suaves esperó paciente su turno, tomó la palabra y sin elevar un instante la voz, eso si quitándose y poniéndose los anteojos una y otra vez, arrasó sin misericordia con los otros panelistas.

Sin enojo alguno, con cierto humor hiriente, les demostró contradicciones, errores imperdonables de comprensión de la materia y, sobre todo, desinformación. El contraste era brutal: él hacía ciencia, los datos abundaban, los otros rezaban un credo. Recibió un aplauso muy frío y no se inmutó ante las agresivas respuestas en forma de arengas que le lanzaron. Nadie contrargumentó. Estaba en la boca del lobo. Lo sabía y no había hecho una sola concesión. Apareció ante mí uno de los atributos que con los años más apreciaría en él: la seriedad. No jugaba.

Formalmente era un economista que anunciaba las terribles consecuencias de la irresponsabilidad gubernamental en el manejo de la economía. Además recurría a una herramienta poco usual en aquel momento: comparaba a México con otras experiencias, sobre todo de América Latina.

Comparar era entonces herejía: nosotros teníamos nuestra propia ruta, no en balde todavía se hablaba del "milagro mexicano". Nadie atendió a las advertencias y, el tiempo, por desgracia les dio la razón. Hoy todavía pagamos los costos. Pero aquel individuo, además de ser un economista bien formado e informado, introducía siempre temas novedosos y nada populares. Fue él de los primeros en alertar sobre el desbocado crecimiento demográfico. Las grandes tendencias estaban allí y Urquidi las recordaba cada vez que podía.

Tiempo después y gracias a la existencia de amigos mutuos empezamos a tener encuentros. Conocí al ser humano detrás de las líneas. Conversador animado, Víctor Urquidi no cede a charlas superficiales. No le gusta perder el tiempo. Esta allí dispuesto a conversar las horas que sea necesario, pero que haya materia de discusión y cierto orden. Fue allí que aprecié aun más a ese gran banco viviente de información.

Lector incansable de periódicos y revistas extranjeras, Víctor siempre aparece con un comentario sobre la formación de cuadros técnicos en la India o sobre las fórmulas para incrementar el ahorro interno en Chile o sobre las vías exitosas para combatir la pobreza en no sé donde. The Economist, Financial Times, New York Times, son en él referentes cotidianos. Brota su formación inglesa en la London School. El mundo es su marco de referencia. Ser así hoy es quizá menos meritorio, no lo era hace un cuarto de siglo cuando teníamos la terrible costumbre de sólo mirarnos al ombligo.

Conversar con Víctor es un muy grato, pero su mirada larga y fija siempre recuerda que está en un ejercicio intelectual sin pausa. No es pose magisterial, pero para él razonar es lo más divertido. Ese gran académico y hombre de razón tiene, sin embargo, un lado sorpresivo. Avecindado en Tepoztlán desde hace décadas, los fines de semana se transforma en un campirano lector de sombrero de paja. Así, el ex asesor del Banco Mundial, del Banco de México, de Secretaría de Hacienda, de Naciones Unidas y ex presidente del Colegio de México descansa haciendo adobes. Quizá por eso fue que creó junto con otros amigos notables el Centro Tepoztlán.

No se imagine el lector nada demasiado elaborado. Se trata de un aula de materiales prefabricados pintada de colores vivos en la cual Víctor reúne desde hace décadas a especialistas, académicos y también políticos a discutir temas relevantes. Así, algunos sábados por la mañana Víctor Urquidi convoca a un encuentro para bordar varias horas sobre un tema relevante. Impera la concentración. No hay interrupciones. El objetivo uno: informarse y, de nuevo, razonar. Hay que aportar unos pesos para café y galletas.

Otro gran atributo de Víctor Urquidi es el de estar siempre en los temas límite, en la vanguardia. Fue él quien introdujo de nuevo el papel de la ciencia y la técnica en el desarrollo. Fue él quien impulsó con fuerza la noción de desarrollo sustentable. Es él quien insiste en la desigualdad como gran obstáculo nacional. Situado siempre más allá de la coyuntura, Víctor Urquidi ha actuado como una memoria de los grandes temas nacionales. Viajero incansable que cuenta sus vuelos anuales por decenas, Víctor hizo de la observación del mundo una verdadera profesión.

Víctor Urquidi nunca ha jugado a ser un opositor o un "outsider", un jugador exterior al poder. Comprendió que la utilidad de sus conocimientos suponía incidir en quienes están en el poder. Pero a la vez ha sabido guardar la distancia necesaria para de verdad poder tener un juicio independiente. El trabaja para la razón y para nadie más. Caminar por ese sendero es un asunto particularmente complicado. Presidentes, Secretarios, altos mandos de la empresa lo han fomentado durante décadas sin que él ceda en su papel de ser un provocador de raciocinio. Sus posiciones, respetuosas pero firmes y sin concesiones, incomodan. Ganar fama pública no le quita el sueño, sí en cambio incidir en las decisiones que marcan el destino de nuestro País.

El camino andado por Víctor Urquidi ha sido largo, muy largo. Baste recordar que fue uno de los pocos mexicanos que asistió a la reunión de Bretton Woods, soportó la era del pensamiento ideológico, hizo ciencia entre mares de demagogia.

Hoy, con 85 años de edad, Víctor Urquidi puede mirar tranquilo su gran cosecha: infinidad de escritos, alumnos, instituciones y, sobre todo, una forma de leer al mundo. Las ciencias sociales de México le deben mucho. Cierta modernidad analítica que por fortuna ya visita a nuestro país se le debe a esa mente fría, crítica y soberbiamente informada. En un país invadido por la notoriedad hueca, brilla la existencia de alguien que sin estruendos ni aspavientos supo mirar lejos. La lección de este gran pionero está allí: estudiar, conocer y razonar sin concesiones.




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3 de agosto del 2004 .... Maniquíes

Maniquíes

"Listo para el deber" fue la primera expresión del nuevo JFK. El saludo militar acompañó a una sonrisa provocadora. El discurso, una espléndida pieza oratoria, -¡cómo se extraña la buena oratoria!- cumplió con sus objetivos. Kerry quería presentarse como el líder fuerte que puede guiar a la nación más poderosa del orbe. Ni grandes planes burocráticos, ni retórica partidaria. John Forbes Kerry vendió al hombre. Habló de su historia personal, de los orígenes de su familia, de la participación de su padre en la Guerra Mundial, de su propia experiencia guerrera. Por supuesto habló de su visión económica, pero no de economía como tal. Ineludible, fijó su postura sobre los impuestos. Tema central fue la guerra, cómo lidiar con ella, cómo salirse de ella. Los temas estaban allí -faltó América Latina, ¿omisión voluntaria o lapsus?, veremos-, pero insisto, Kerry no quiso desarrollar un frío listado de asuntos a tratar. Vendió sus ideales y compromisos como una garantía. Esto soy yo, aquí me tienen.

En general la política anglosajona recurre a esa fórmula: las capacidades profesionales son secundarias. Esas se pueden suplir. Lo primero son los ideales, las convicciones. Son ellas las que pueden convencer del rumbo que mantendrá una persona en el poder. En la gran biografía de Winston Churchill escrita por William Manchester, The Last Lion, se desnuda mil veces como el personaje que gozaba de la credibilidad de sus conciudadanos, no porque fuera infalible, sus grandes errores eran muy conocidos, sino porque se sabía exactamente cuáles eran sus referentes morales. La política al final de cuentas es una confrontación de moralidades. Los asuntos públicos siempre serán complejos, los políticos siempre se ven orillados a decir medias verdades. Pero entonces por lo menos debemos saber cuáles son sus límites.

De allí la valía de posturas testimoniales, yo he defendido desde el Senado, decía Kerry esa noche, para demostrar su congruencia. La prueba de fuego es precisamente ésa: asumir posturas políticas y poder dar la cara por ellas. Por supuesto que los gobernantes estadounidenses le han fallado a su pueblo, pero es en la forma de asumir los compromisos donde podríamos aprender algo. Quizá porque aquí no hay carrera parlamentaria, quizá como producto del tapadismo y de la jefatura de partido hegemónico en manos del Presidente, motivos hay muchos, el hecho es que los políticos mexicanos rara vez fijan posturas. Uno pensaría que lograda la alternancia en el Ejecutivo y con una evidente pluralidad, las cosas al respecto podrían cambiar. Sin embargo parece que no es así.

En los últimos meses he escuchado, sobre todo entre empresarios, la inquietud de no saber quiénes son en realidad los que hoy se perfilan como los más viables sucesores de Vicente Fox. A menos que haya sorpresas estaríamos hablando de una lista muy corta, cinco, cuando más seis. Entre más se acerca la contienda menos probabilidades hay de que otros se agreguen. Así que Calderón, ¿Castañeda?, Creel, Jackson, López Obrador y Madrazo están hoy en la mira. Todo mundo los conoce, pocos afirman saber bien a bien cuál es su pensamiento. Las personas tienen buena o mala impresión de ellos, pero no está allí la información sobre sus compromisos personales. De hecho el miedo surge porque a varios de ellos los creen capaces de todo. ¡Cómo no vamos a tener desconfianza, es tanto como firmar un cheque en blanco, o embarcarse sin conocer al capitán!

Algunos de ellos tienen muchos años ya de exposición pública y sin embargo su ideario no está a la mano. Castañeda fue comunista dicen, qué tal que lo sigue siendo. López Obrador invadía pozos, defiende la vía violenta, odia a Estados Unidos, ¿cómo podría ser Presidente? Creel es ultraconservador, está resentido con la Revolución Mexicana, es porfiriano. Jackson es un echeverrista embozado. Madrazo es un autoritario de colección. Calderón es premoderno. Los estereotipos que se manejan son muy radicales y son en parte producto del vacío. Cómo es posible que después de tanta exposición pública, la ciudadanía carezca de amarres mínimos para saber cuáles son las definiciones políticas y personales básicas de estos hombres públicos. Salvo Castañeda que tiene una larga y rica obra publicada, la más reciente sobre sus compromisos para el 2006, el resto más bien ha huido del testimonio escrito. En general los políticos huyen del negro sobre blanco.

El asunto se está volviendo disfuncional para el País e incluso para ellos. Es claro que todavía no están en campaña y que sus posturas sobre ciertos asuntos candentes -a favor o en contra de la apertura del sector energético- se las están guardando para evitar costos políticos. Pero también es claro que la desconfianza generalizada sobre el grupo del cual saldrá un vencedor lastima al país. En ese sentido pareciera que todos, salvo Castañeda, están esperando un "destape" que les autorice a exponerse públicamente. Aun así habría que ver si son capaces de presentar su marco ético personal -religioso, biográfico, de compromisos personales que los anclen ante la opinión pública.

Sé que el asunto en México suena muy subjetivo. Pareciera que incluso violenta la privacía. Pero no es así, cuando uno compara a México con otras democracias consolidadas es evidente que los políticos en nuestro país se solapan. No hay tradición de compromisos parlamentarios, no hay asignación de carteras por proyectos que se hayan defendido y, aun más grave, la sombra del régimen presidencial los cubre a todos. Por respeto al "señor Presidente" todavía hoy los políticos ocultan sus verdaderas convicciones. ¿Es acaso un exceso que a dos años de elegir Presidente los mexicanos vayamos conociendo las posturas básicas de quienes habrán de gobernarnos? ¿Creen en la propiedad privada como un derecho natural sí o no? Por supuesto hay asuntos muy incómodos. ¿Qué piensa el futuro Presidente de México sobre el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, qué piensa del aborto o sobre las uniones legales entre personas del mismo sexo? ¿Han consumido droga como Edwards lo admite? Y como ésas hay muchas.

Un asunto es la privacía, que todos debemos defender a capa y espada, y otra muy distinta el eludir temas centrales que están en la plaza pública y que como gobernantes tarde o temprano los tocarán. Cierta certidumbre no la pueden dar las instituciones, ella mana solamente de los individuos que encarnan la política. Nada gana el país con esta indefinición que pretende erigir en el mejor candidato al que menos posturas asume. Por esa vía la política terminaría por ser un juego de acomodaticios por no decir cobardes. La gran política es defensa e incluso promoción de las convicciones éticas. Nuestra política necesita seres humanos, de carne y hueso, y no maniquíes. Ya es hora de que demos el paso.




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2 de agosto del 2004 .... Avanza la democracia en la tierra de Juárez

OAXACA.- Dice Ryszard Kapuscinski que son cinco los sentidos básicos del periodista: estar, ver, oír, compartir y pensar. Hay uno que sin embargo cruza todos: la búsqueda de lo atípico o excepcional. El periodista ve, escucha, comparte, piensa y quiere estar en lo excepcional. Ese sexto sentido puede sin embargo convertirse en algo perverso. La persecución de lo excepcional puede conducir a desear lo indeseable.

Recuerdo haber participado en una observación electoral a finales de los años 80 en Michoacán. Alguien en la parte trasera del vehículo comenzó a gritar: "quiero ver sangre". "Yo no", le dije.

Al cierre de la jornada electoral de Oaxaca un sentimiento anticlimático invade a los observadores, a la prensa, a los opositores, a los furibundos de siempre. Podría afirmarse que nada verdaderamente excepcional ocurrió este domingo. La instalación de casillas sufrió algunos retrasos, es bastante común en entidades mal comunicadas, pero el asunto se subsanó horas después. No hay hasta ahora enfrentamientos graves que reportar, cuando más incidentes menores, aislados. A Nuevo Milenio, la organización civil que condujo la observación ciudadana, casualmente le quemaron la caja telefónica que le permitía comunicarse. Aparecieron personajes extraños. En algunas comunidades algunas urnas fueron robadas. También hubo pequeños zafarranchos.

Todas situaciones indebidas, odiosas, indignantes, pero insuficientes para invalidar un proceso. Tan es así que a las nueve de la noche los dos contendientes principales festejan su triunfo. Indirectamente acreditan el proceso.

Lo deseable es lo que ocurrió, aunque los resultados finales desagraden inevitablemente a alguna de las partes. El proceso fue pacífico, muy concurrido, altamente competitivo e intensamente observado. Casi dos mil observadores en sí ya es un dato. Y entonces, si todo fue así, ¿por qué hubo tanta expectación?

Lo primero sería la muy controvertida fama pública del Gobernador. Se le cree capaz de todo, el autoatentado de hace apenas unos meses lo comprueba. Su discurso público es bravo, de confrontación. Lo que se cuenta de él "en corto" habla de un personaje extravagante y profundamente autoritario. "Murat construyendo un mejor futuro, 1200 kilómetros de carreteras", se lee en la propaganda personalizada. Sin embargo, de nuevo nada grave ocurrió hasta ahora.

¿Cómo interpretar el carácter anticlimático de la elección? Los priistas dicen: "ya ven, se los dijimos, todo eran cuentos de la conspiración panista contra el Gobernador". La versión tiene, sin embargo, un lado débil: ¿hubiera sido similar el proceso sin alta observación de medios nacionales y extranjeros? O quizá valga una interpretación diversa. Todos los viejos mecanismos de compra de voto, recolección de credenciales, amedrentamiento suave y no tanto, manipulación de medios, etcétera, estuvieron presentes hasta el límite de lo ilegal. Pero por fortuna todos los candados interpuestos sirvieron.

Para comenzar es la primera elección en la historia del estado en la cual los partidos acreditan representantes en todas las casillas. Gran avance. La observación cruzada es la mejor forma de inhibir irregularidades. Por primera ocasión la competencia política real, la posibilidad de que la oposición llegase a la gubernatura generó una movilización notable. La necesaria tensión de un proceso limpio no limitó a ciertos municipios o regiones, fue general. Los ojos del país cayeron sobre la entidad.

¿Hubiera podido haber un macrofraude? Difícilmente. Las lecciones a aprender están allí. Incluso en una entidad con problemas de dispersión y aislamiento severos, los candados básicos funcionaron.

Ahora bien, lo que no hemos sido capaces de contener es el amplio repertorio de acciones previas a la jornada, que vuelven una elección algo no ilegal pero sí inmoral. Taxistas a los cuales se les condicionaba la entrega de placas a que entregaran al menos tres credenciales de elector. Despensas entregadas en vastas áreas. En municipios tan cercanos a la capital como Tlacolula todavía ayer andaban circulando varilla y cemento de promoción. Yo no puedo hacer política, pero sí puedo preguntarles, nada me lo impide: ¿quien les ayudó en la última inundación? ¿El PAN, el PRD? Digo, nada más acuérdense el día de la elección. El gobernante no infringe la ley, pero no deja de haber cierta coacción.

Pero quizá lo más difícil de aceptar en la elección de Oaxaca es el hecho de que una figura prototipo de las formas autoritarias como el actual Gobernador pueda seguir teniendo aceptación. Toda elección valora parcialmente a los gobernantes salientes. No podemos fingir demencia, independientemente de la gubernatura que tiene otras coordenadas, la mayoría priista en el Congreso local es ominosa, preocupante, no alienta a la pluralidad (hasta las 10 de la noche ese partido llevaba 22 de los 25 distritos de mayoría).

La gran porción de votantes del estado son jóvenes y ese PRI aquí ha sabido cautivarlos. La obra pública, la sensación de rumbo y autoridad, lo que se quiera, jugaron su papel. El hecho es que un gobernante como Murat, impensable en otras latitudes de México, sigue siendo un triunfador. Siempre y cuando jueguen dentro de las reglas democráticas, hay poco que alegar. Se trata de toda una interpretación de la vida que también tiene derecho a estar allí. Tratar de explicar la amplia presencia política del PRI exclusivamente por coacción y compra de voto, lo que logra es ocultar la complejidad del fenómeno cultural.

¿Puede el PRI mantener una convivencia interna entre militantes que quieren rescatar una tradición de eficacia pero hacerla compatible con los requisitos de la democracia, junto a representantes del viejo autoritarismo? Unos y otros tienen tan poco que ver como las características de las entidades que gobiernan. ¿Puede un partido en México ambicionar a la homogeneidad de principios con la heterogeneidad social que persiste?

Y sin embargo admitamos que las formas democráticas lentamente se van imponiendo. Sea cual sea el resultado final, incluso si se ratificara la victoria en la gubernatura del PRI, la pedagogía jurídica tuvo hoy un avance en Oaxaca. En eso no hay marcha atrás. No perdamos perspectiva: estas elecciones fueron cualitativamente mejores. Las próximas deberán serlo. Quisiéramos lograrlo todo a la vez: perfección en las formas y coincidencia en el contenido. Pero recordemos el frío veredicto: las democracias no necesariamente engendran liberales. Pero los auténticos liberales no pueden vivir fuera de las democracias, por eso las hicieron nacer. En el estado de Juárez las formas democráticas avanzan, los liberales todavía no mandan.




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1 de agosto del 2004 ....Una elección ni limpia ni blanca

Una elección ni limpia ni blanca

Elecciones 2004 Oaxaca

 

OAXACA, Oax.- Hoy, 1 de agosto, los oaxaqueños habrán de elegir Gobernador. Cuatro millones de habitantes y 2 millones 276 mil electores. Sin embargo, lo que está en juego va mucho más allá que la renovación de un ejecutivo local.

"Si ves un 'mapache' ¡Denúncialo!", es el cintillo de Noticias; El Imparcial destaca el llamado del Arzobispo a dejar los fanatismos. En la última semana, el Presidente Fox ha llamado al Gobernador a lograr que impere un ambiente de sensatez. Lo mismo corrió en voz del secretario de Gobernación.

El Gobernador contestó al Presidente con la rudeza que lo caracteriza, pidiendo que no se metan en su estado, que mejor ponga orden en sus despachos y en su casa. El hecho concreto es que la tropa vigila la capital y Huautla entre otras áreas. El hecho es que un enfrentamiento entre contingentes dejó un muerto y varios heridos.

Por más quejas que se puedan tener contra la llamada transición, es imposible no reconocer el carácter pacífico del trayecto. Pero en Oaxaca se pudiera romper el molde. En estas elecciones se cristaliza la existencia, la sobrevivencia, la persistencia, la resistencia de otro México.

¿Hasta dónde defenderá el PRI central esos modos de hacer política, su cara sucia, por una gubernatura? ¿Hasta dónde controla el PRI central a los nuevos virreyes en que se han convertido algunos Gobernadores? ¿Hasta dónde la elección de Oaxaca se puede convertir en un nuevo rompimiento del PRI con el gobierno de Vicente Fox?

Justo en el momento en que el rescate financiero del IMSS da alguna esperanza, junto frente a las posibilidades reales de algunas reformas en seguridad en un nuevo periodo legislativo, justo en ese momento una elección tensa y turbia podría romper cualquier incipiente acuerdo.

La elección en Oaxaca es atípica. La complejidad del estado en primer lugar: 570 municipios, de los cuales 418 se rigen por usos y costumbres. Allí se vota en bloque. La secresía, uno de los grandes inventos de la democracia occidental, es relegada frente a las dinámicas comunitarias.

Atípica es la complejidad étnica: 18 grupos. Atípica es la dispersión de las 14 mil comunidades sembradas en una orografía particularmente difícil. Atípica es la marginación que en 250 municipios es considerada muy alta. Hay comunidades con índices de desarrollo humano 0.3 en una base de 10 puntos. Atípica es la estructura política, pues además de los municipios están los delegados de gobierno que para todo fin práctico son operadores del Gobernador frente a los municipios.

Por si fuera poco, la diversidad política que con rapidez se extendió en todo el país aquí pareciera por momentos impotente frente a la maquinaria priista que ganó las 11 diputaciones locales de mayoría y 24 de las 25 federales de mayoría. Sin embargo la presencia opositora crece en los municipios más poblados como Huajuapan, Salina Cruz o Matías Romero en manos del PAN.

La capital del estado ha estado fuera del control priista durante nueve años. La presencia del PRD, aunque muy dividido, avanza sobre todo en el Istmo. ¿Por dónde votarán los oaxaqueños? Porque el PRI gana las diputaciones y su aparato regional es potente, pero la oposición atrapa a los electores en otras pistas, principalmente las presidencias municipales. En ese mismo estado del control férreo por parte del gobernador no pudo contener que un ex priista, Gabino Cue, lograra una penetración que disputa la gubernatura. Incluso si el PRI gana la elección de hoy, ha quedado demostrado que la vieja maquinaria priista ya ni siquiera en Oaxaca puede contener el cambio.

Oaxaca vive hoy una situación similar a las que se vivieron en San Luis Potosí a principios de los 90 o el Michoacán del incipiente PRD.

La desconfianza y la tensión previas a la jornada son en parte el resultado de un bombardeo sobre la opinión pública de cifras.

Oaxaca vivió en esta elección una "guerra de encuestas" como hacía tiempo no la veíamos. Las elaboradas para el PRI le dan una victoria más o menos holgada, pero varias independientes apuntan a un empate técnico. Si hoy el opositor Cué gana, no se demostrará la falibilidad de las encuestas. Por el contrario, se ratificará que allí donde impera un ambiente de opresión política el votante oculta su voto. Sin embargo, para que ello opere es necesaria la secresía que en Oaxaca está seriamente limitada.

La elección de hoy es por fortuna también atípica pues hacía tiempo que la compra de voto con despensas y electrodomésticos no se hacía de manera tan burda.

Pero también hay casos muy sonados en los cuales el intento de compra fracasa estrepitosamente mostrando a una ciudadanía que se queda con la licuadora pero vota como le da la gana.

En Oaxaca opera además algo poco común en otras latitudes del país, me refiero a la extensión de organizaciones sociales que se cuentan por cientos. Son ellas un tejido intermedio que ha mostrado sus bondades para el buen funcionamiento de las instituciones.

Ulises Ruiz llega amparado por la coalición PRI-PVEM-PT y todo el apoyo del Gobernador sobre el cual ya recaen denuncias por violentar la ley electoral.

Gabino Cué se presenta con su propio grupo partidario PAN-PRD-Convergencia bajo el nombre Todos Somos Oaxaca.

Un tercer frente es heredero de la lucha triqui. A pesar de todos los obstáculos interpuestos se espera tener resultados previos esta misma noche.

Como en los hoy viejos tiempos, los observadores electorales, nacionales e internacionales se volvieron a hacer necesarios en una elección que recuerda a un México muy común a finales de los anos 80.

¿Qué señales saldrán de Oaxaca? Una elección limpia ya no lo fue. Tampoco fue blanca, pero aún puede empeorar.

Si las artimañas, presiones y francas violaciones a la ley continúan en la jornada electoral, triunfan y quedan impunes, esta elección se convertirá en un referente obligado de un México de vergüenza que se niega a morir.

¿Qué cara llevará el PRI en el 2006 la de Nuevo León, un PRI moderno capaz de recuperar plazas con buenos candidatos y buenas campañas, o el rostro del PRI en Oaxaca sinónimo antidemocracia y autoritarismo. En buena medida hoy se definirá ese retrato.




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