DEHESA ENERO 2004












30El pupitre

No sé si ya lo he comentado, pero tengo un amigo cuyo nombre podría ser pronunciado sin que nadie percibiese amenaza a sus espaldas, pero cuyo apodo, cuando por error o frivolidad, es pronunciado provoca la instantánea desarmonía en el cosmos. Según me reportan, la última vez que esta palabra fue enunciada, ocurrió en Nueva York en un septiembre no muy distante y con los resultados que todos conocemos. No diré más porque el sigilo me lo impide.

Hace un rato me reuní a comer con este amigo impronunciable y como ya es nuestra costumbre, intercambiamos libros, penas y gozos. Hoy quiero detenerme en los primeros. El libro que yo le llevé era previsible y, por lo mismo, irrelevante. El se empecina en sorprenderme. Me ha llevado libros en alemán, me ha regalado biografías de Maquiavelo en italiano, no está lejos el día en que me regale alguna antología de poesía croata en su lengua original, pero hoy fue benigno y generoso; hoy me regaló un volumen preparado por la SEP acerca de la obra muralística dedicada a la educación que se preserva en distintos edificios públicos de todo el país. Es un libro lleno de imágenes conmovedoras. Cada reproducción me remitía al recurrente discurso de mi maestro Edmundo O'Gorman acerca del "Eros pedagógico", el intenso y húmedo placer que está a la mitad del trayecto entre la enseñanza y el aprendizaje.

De más está decir que el libro está lleno de pupitres, esos singulares muebles que algún día todos habitamos. De 1951 a 1962 yo fui arrendatario de muchos. Hoy recuerdo esos días terribles en los que algún avieso marista decía de improviso ¡revisión! y de inmediato, todos teníamos que abrir el pupitre y, como en cualquier aeropuerto actual, mostrábamos nuestras intimidades. Nadie quedaba indemne. Mi amigo Garritz empleaba el pupitre como criadero de viboritas de agua, el del Gordo del Olmo estaba pulcramente vacío, el compañero Carranza utilizaba ese espacio como depósito de refacciones de toda índole y el mío tenía muchos libros, pero ninguno relacionado con las tareas académicas. Nadie estaba en regla (venturosamente, nadie está en regla hoy), a todos nos tocaba alguna reprimenda edificante, pero lo importante era que todos, por amenaza o convicción, nos estábamos educando.

He revisado el libro que me regaló mi velado amigo. Mirando esa multitud de imágenes he podido ubicar con justeza el pequeñísimo fenómeno de mi educación y lo he colocado como una leve brizna de esa venturosa ráfaga educativa que provocaron seres tan distintos y distantes como Lizardi, Altamirano, Gabino Barreda, Justo Sierra y José Vasconcelos. Sin ánimos de autoexaltación me considero beneficiario de ese luminoso ímpetu. Desde el jardín de niños "Brígida Alfaro" hasta las aulas de la UNAM, mi país me ha proporcionado un pupitre y un lugar en este colorido mural de la educación mexicana. Éste ha sido mi privilegio, mi beneficio y la raíz de mi deber.

Veo ahora la cicatería del Estado mexicano en el rubro de la educación. Veo también un promocional televisivo lleno de pupitres vacíos que le pide a la sociedad civil que cumpla con eso que el Estado ya no quiere hacer. Veo el inmenso fraude que se cometió con los libros de texto gratuitos que de pronto, con la intervención del Jefe Diego según me dicen, se diluyó en el mexicanísimo "aquí no ha pasado nada". Veo a nuestra lamentable jerarquía eclesiástica pretendiendo absurdamente educarnos a golpe de excomunión y veo con enorme pena que en este mundo irreversiblemente globalizado, los únicos países que salen adelante son aquellos que le apuestan a la educación, a la investigación y al desarrollo tecnológico. Para vivir, para convivir, para sobrevivir, México necesita pupitres.

Mensaje adjunto

Olvidemos por un rato la pedagogía; pensemos en el Eros: HOY TOCA.

¿Qué tal durmió? CCIV

Recibo un comunicado del Excmo. Sr. Dr. Don José Luis Soberanes. Es tan agudo e irónico que casi no entiendo nada. Creo que incluye un aviso de que él no está dormido. Me da gusto. Me habla de cientos de cuartillas dedicadas al asunto de Juárez. A reserva de que me pruebe que son fruto de su trabajo, le ofrezco cambiárselas por el esclarecimiento de este horror. A 10 años de distancia, él afirma: ha llegado el tiempo de las investigaciones. Sigo citando: la sociedad exige justicia. Comento: sorprendentes y visionarios atisbos.


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29El gato y la gaviota

Regreso de Monterrey literalmente volando. Ninguna autoridad me entregó las llaves de la capital de Nuevo León. Nati dejó escapar esta oportunidad dorada. En cambio los regios me volvieron a otorgar con toda generosidad las llaves de su hospitalario aprecio. Desde el avión de ida me conseguí a un excelente y afable cuate llamado Othón (acuérdense, es el esposo de Zita) que me hizo un exhaustivo resumen noticioso de la regia actualidad y me hizo percibir que soy hijo predilecto aunque pródigo de muchas familias de la localidad. Me parece muy bien que la gente me quiera porque yo quiero mucho a la gente.

Ahora vengo de regreso cargado de recuerdos, de libros y de gratitud. El personal del Instituto Americano de Monterrey me recibió y me agasajó como si viniera yo de ganar el Súper Bowl (por si a alguien le interesa, estoy cinchérrimo con las Panteras y como dice mi tío Mauri: no discutan, apuesten). Di una charla que nos permitió divertirnos un buen rato, cenamos ricamente en un restorán llamado "La Catarina" (¡hay huauzontles!), me depositaron en céntrico hotel (dejé la puerta entreabierta a ver si se colaba alguna mujer del mal, pero no entró ni el chiflón), dormí muy mal (suelo dormir mal, pero cuando estoy solo duermo peor. Tómenlo en cuenta, muchachas), arranqué al aeropuerto con legañas en el cerebro (if any), me trepé al avión, desarmé toboganes y aquí me tienen volando de Monterrey a México y de la vigilia al sopor.

Un asunto ocupa mi atención: la lectura en voz alta. El benemérito Felipe Garrido en un libro que se titula "Leer en voz alta" o algo así, ya se ha ocupado de esta emocionante experiencia. Yo sólo quiero añadir que leerle en voz alta a nuestros hijos es una de las experiencias más entrañables y divertidas. Y la experiencia es de ida y vuelta. Estando como estoy en la primavera de mi invierno, puedo decir que mi vida ha estado llena de lecturas memorables, pero en el centro de todas están los cuentos de Oscar Wilde que mi madre me leyó hace más de 50 años. Ella estaba recostada cocinándose alguna nueva agonía y entonces yo (o ese yo que yo era hace medio siglo) se aproximaba a la cama con el tomo de obras completas de Wilde de Editorial Aguilar (traducción de Gómez de la Serna que no sabía inglés y que traducía del francés). Le ofrecía el libro a la que me amó antes de conocerme y ella con diligente amor me acurrucaba a su lado y me leía "El príncipe feliz", "El ruiseñor y la rosa", "El gigante egoísta" y "El fantasma de Canterville". Por aquellos tiempos, ya tenía yo varios años de lectura solitaria, pero ésta no tenía nada que ver con esta ceremonia en la que las palabras de Wilde pronunciadas en voz alta volaban en el aire y cada renglón era un hilo de plata que juntaba mi corazón al de mi madre. Creo que es el más intenso y enternecedor recuerdo que tengo de ella. En esto pensaba yo en el avión.

En el 2004 y con el patrocinio de Aeroméxico, pensé que ya no soy ése que escucha como si estuviera comulgando; ahora a mí me ha tocado leer en voz alta. Desde mi estancia en Madrid el año pasado, compré un libro de Luis Sepúlveda titulado "Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar" (Ed. Tusquets) para leérselo a Andrés Bucles Mollinedo (a ver si lo ponen en nómina). Ya hemos tenido algunas experiencias previas, casi todas alrededor de Harry Potter que, la verdad, no me acaba de seducir. Creo que esta historia nos funcionará mejor. Yo tengo una cierta vocación y condición gatuna y el Barón von Bukles, como todo niño, tiene el espíritu engaviotado. Creo, sinceramente creo, que leerle en voz alta es un modo de enseñarle a volar. Que así sea.

Nomás Faltaba

Escucho la noticia de que México ganó el campeonato mundial de improvisación. Felicito a los jóvenes actores que en la final derrotaron a Argentina 10-9. Los felicito, pero observo que, en ese terreno, llevamos mucha ventaja. Basta ver a políticos y funcionarios para concluir que llevamos varios siglos siendo los reyes de la improvisación. Quien conozca a Don Vicente y a Doña Marta no me dejará mentir.

¿Qué Tal Durmió? CCIII

Hay una mujer que se llama Guadalupe Morfín. Primero la admiré y ahora soy su amigo-tamal. Oigo a la gente decir que no ha hecho nada. Esa misma gente tendría que preguntarse: ¿qué la han dejado hacer? Los hombres (particularmente los gorditos) duermen satisfechos.


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28Troya; DF

No son muchas las historias que se pueden contar, aunque sí son infinitas las variaciones que se pueden hacer a partir de los escasos argumentos que los humanos hemos podido urdir. En Occidente hay dos historias que tienen ya 30 siglos de fertilizar nuestra imaginación. Me refiero a "La Ilíada" y "La Odisea". Me detengo en la primera y comparto con ustedes la opinión que tiene acerca de ella Jorge Luis Borges quien ya murió, pero que, hasta donde yo sé, no ha variado en sus opiniones acerca del heroísmo. Borges dice que la grandeza épica de "La Ilíada" y la capacidad que posee de alojarse en la memoria de los hombres residen en que se trata de una discreta historia de heroísmo: una ciudad llamada Troya se sabe derrotada y condenada; sin embargo, sus habitantes, aunque saben de su aciago destino, la defienden con todo ímpetu ¡y con toda alegría! durante los largos años que dura el asedio y, lejos de rendirse o huir, permanecen firmes en sus casas hasta que el fuego lo consuma todo.

El sábado pasado, yo estaba en pleno soroche (mal de montaña) en el Nevado de Toluca refrendando lo que ya sabía: el campo es muy hermoso y yo no tengo nada que ver con el campo. Cuando regresaron los expedicionarios comandados por Adriana Hillary y su sherpita Tensig Bucles que se habían lanzado al infinito y más arriba, yo me permití externar un deseo: lo que realmente me encantaría en este momento sería estar en un congestionamiento del Periférico. No te preocupes, se te va a cumplir, me dijo el rubio co-comandante de la misión. Así ocurrió. En menos de dos horas, ya estábamos atorados en el sabatino despelote vial. Tiempo tuvimos de sobra para examinar a un nutrido batallón de chilangos con casco que se afanaba en darle a la ciclopistita eso que llamamos "acabado de inauguración". Era obvio que se trataba de una manita de gato provisional, hecha en la inteligencia de que en México no hay nada más definitivo que lo provisional. Vimos los puentes diseñados por alguna mente muy perversa que se planteó dos objetivos: o se infartan cual futbolista húngaro en la subida, o craquelan a su jefecita en la bajada (les va a quedar la cara como de Elba Esther y sin necesidad de cirugías). Vi también que ya no cabemos, que estamos sitiados por nosotros mismos, que ya no alcanzan ni los caminos, ni las viviendas, ni los servicios, ni el oxígeno, ni el agua, ni la electricidad, ni el gas. Vi a una Ciudad de los Palacios que se ahoga en basura y que permite que sus niños, sus ancianos, sus árboles se enfermen de todo lo imaginable. Vi avanzar a la muerte que ya nos espera a la vuelta de cualquier esquina, balazo, puñalada, atropellamiento o infección; vi el enorme absurdo de llamar a esto la Ciudad de la Esperanza, a menos que lo que se quiera decir sea que, por lo pronto, no hay nada, pero que debemos esperar a que algo ocurra mañana. Y al ver todo esto, me puse a pensar en Troya y decidí que lo único digno y humano es defender con todo coraje, con toda alegría y con todo amor esta ciudad condenada porque, bien mirado, es lo único que tenemos y es el único lugar donde verdaderamente nos encontramos.

Quizá estemos condenados. Quizá se acabará la grandeza de México-Tenochtitlan, quizá nos acabaremos antes nosotros. No es importante. Allá en el Centro, los cilindreros siguen tocando "Alejandra", quedan todavía algunos carritos de helado llenos de campanillas, en los parques las parejas se siguen besando y haciendo de cosas (aunque los excomulguen los monaguillos de la vagina), sigue atardeciendo de un modo espectacular y las niñas y los niños cuando salen de la escuela convierten todo en un festival de palomas. Mi ciudad tan afeada, tan sucia, tan maloliente, tan redimida por los amigos, los volcanes y unos dulces prodigiosos que se llaman "Alegrías". Mi ciudad recorrida por seres que tardan cuatro horas en llegar a su trabajo, habitada por niños que duermen en el drenaje, por ancianos descobijados y hombres y mujeres sin trabajo. Me declaro su ciudadano. No la abandonaré jamás, ni dejaré de luchar y sonreír, aunque sepa o intuya o adivine que estoy en Troya, D.F.

¿Qué tal durmió? CCIII

Pregunta retórica. Don Patricio duerme maravillosamente.


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27El perjurio de la nieve 3

Soy extremadamente débil. Esa es mi desgracia. Desde el momento mismo en el que el Bucles me comunicó su chincual por entrar en comunión con la nevada sustancia, yo tendría que haber cancelado de tajo el asunto. No fue así; lo que hice fue comprar entero el boleto, meditar la cuestión y llegar a una determinación: el sábado 24, a las diez de la mañana, enfilaríamos la rugiente nave rumbo a las estribaciones del Popocatépetl. Así se lo comuniqué al departamento de operaciones y logística de mi magro núcleo familiar. Canito, la licenciada Viruta y la Pequeña Carlos emitieron una respuesta unánime: ni borrachos, ni trepanados participarían en el proyecto "¡Todos a la nieve con los Godínez!". Todavía no salíamos y ya teníamos tres bajas. Por su parte, la dócil Jaguara aceptó gustosa y me comunicó que el plan le parecía impecable, aunque se le podrían hacer leves modificaciones. Por eso fue que salimos a las 8:30 rumbo al Nevado de Toluca en compañía de cuatro parientes de la antedicha Jaguara quienes, digámoslo por amor a la justicia, son bastante presentables. Como bien se sabe, todo mexicano necesita de su Nico Mollinedo particular para avanzar por la vida sin temor al riesgo o a la soledad (muchas veces hemos hablado aquí de la condición mueganosa del espíritu meshica). Fue por eso que Osamita convidó al compañero Bernal, su cuaderno de cuadernos, a la nevada expedición. Ya con todo este personal empacado en una camioneta, el grupo, que parecía caricatura de Abel Quezada, se puso en movimiento rumbo al feudo de Montiel y su satánico ayudante Igor Pastor.

Considérese que yo me había dormido al filo de las cuatro de la mañana y así se entenderán los drásticos cerebrazos que me iba yo dando contra el vidrio durante el trayecto. Según me explicaron los del comité que mejoró mi proyecto original, la carretera al Nevado estaba mucho más despejada y la nieve resultaba más accesible. Esto se lo tendrían que haber explicado a los tres millones de capitalinos que, habiendo llegado a conclusiones similares, estaban ahí en la brecha que asciende al volcán. Realmente es un paraje muy hermoso donde podríamos tener un eficiente centro de recreación y deportes invernales. La soberana voluntad de los comuneros se ha opuesto reiteradamente al proyecto y hoy lo que tenemos es un ineficiente centro invernal. El camino que sube a las lagunas estaba cerrado por saturación y por un accidente que se había suscitado. Esto nos lo explicaron después de cobrarnos la cuota para usar ese camino. Si se siguen por allá, también hay nieve, nos dijeron a modo de consolación. Fuimos para allá. A los lados del camino había unos como charquitos blancos que anunciaban la proximidad del blanco elemento. Ahora hay que subir a pie, anunció la Jaguara blandiendo una zanahoria. ¿Y para qué quieres eso?, pregunté yo que siempre he tenido curiosidad científica. Para el muñeco de nieve, respondió la lideresa. ¿Dónde se la vas a poner? Pues en la nariz. Ah, bueno, supuse que ibas a incurrir en pornografía escultórica. ¿Subimos? Ni loco; yo me trepo ahí y me bajan en camilla. ¿Entonces? Yo me quedo aquí a cuidar la camioneta. Cual perro café, ahí me dejaron a un lado de la brecha.

Desde mi nevada soledad pude contemplar el comportamiento de mis conciudadanos. Pasaron cientos de coches y miles de excursionistas. Un bigotón jefe de familia que se sentía Dave Crockett le ordenó a su tropa de cinco moconetes hacer un alto a unos cuantos metros de mi oteadero. Los caperuzos se sentaron y su padre así los arengó: ¿Ven?, ¿ven por qué no le tengo confianza a su madre?, ella viene en coche y quedó de estar aquí, pero no está, luego no me pregunten por qué la trato mal. Los niños parecían teutoncitos oyendo a Hitler. ¡Vámonos!, a ver si así aprende, dijo el cacique gordo. Ellos se fueron, los míos regresaron. El Bucles venía transfigurado. ¿Viste mucha nieve? ¡Muchísima! ¿La viste bien? Sí, papá. Me da mucho gusto, porque creo que pasarán unos 30 años antes de que la vuelvas a ver.

Acelerador habemus

¡Gracias! Hacían falta 37 millones para el acelerador lineal de partículas. Se juntaron 40. El amor se abre paso.

¿Qué tal durmió? CCI

Comienza la tercer centena. Sigue la violencia contra las mujeres. Los hombres duermen.


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26¿Pero que nececidad?

Acabamos de dar por terminada "la primera semana nacional de Nico". Todo indica que ahora comienza la segunda. Ya le movieron el agua al tiburón y ahora no será fácil aplacarlo. Por lo pronto, no sabemos bien a bien de qué tamaño y especie es el escualo e ignoramos también a quién pertenecen esas manos patriotas y caritativas que comenzaron este meneo del "Nicogate". A este último respecto circulan las más variadas y peregrinas teorías y especulaciones. En este preciso caso, no es de mucha utilidad buscar al beneficiario de este arrimón propinado al Jefe de Gobierno. Bien mirado puede serle de utilidad a Madrazo, al foxismo, al priismo histórico, al panismo dividido e ineficiente, al revitalizado Cuauhtémoc Cárdenas, a Montiel y otros Gobernadores suspirantes, al inenarrable Doctor Simi y hasta al mismo AMLO (en caso de que quisiera suicidarse). Yo sin más ciencia que la latencia y sin más herramienta que el mexicanísimo tanteómetro, escojo a Madrazo (traidor emérito) y a Cuauhtémoc (o a alguno de sus oficiosos acólitos o acólitas) como mis principales sospechosos de la autoría intelectual de este nuevo escándalo que, una vez más, viene a distraer al país de sus tareas principales y lo desbarranca por la vía del amarillismo. Esto no es bueno, pero ya entrados en gastos, tampoco sería aconsejable dar por muerto al ratón ahora que ya se encarreró.

Así pues, no sabemos quién soltó la bola y, como ya decíamos, tampoco sabemos de qué tamaño es. Hasta el momento, no sabemos si la hipótesis del chofer solitario es la correcta, o si bien nos encontramos frente al complot de los temibles Mollinedo quienes, en una de ésas, ya saturaron más de media nómina del DF y están a punto de adquirir el control accionario de Telcel. La estrategia de López Obrador de minimizar el asunto me parece incorrecta de todas las maneras. La cuestión en sí no es menor, pero además se acrecienta si el farfullante indiciado es el que se autonombró paladín de la honestidad valiente y ha insistido en señalar fallas y dispendios similares en el Gobierno federal. ¿En qué quedamos, mi buen Pochitoque?

Sé que este enredo alegra a muchas personas; a mí me entristece comprobar cómo nuestra mejor mula se nos está echando y cerciorarme una vez más de lo mucho que a AMLO le aprieta el corsé del Estado de derecho y de la rendición de cuentas transparentes. Para peor y como ya dije, la estrategia de control de daños que ha escogido el Jefe de Gobierno parece inadecuada y riesgosa. No suena eficiente ni convincente que AMLO se aferre a la versión de que todo es una desmesura prefabricada por las fuerzas oscuras. Obviamente en esta ola se han trepado muchas fuerzas y personas de índole más bien dudosa casi todos ellas, pero esto no le resta peso ni sustancia a los hechos motivo del escándalo que no han sido refutados de una manera verosímil. En este caso, a AMLO le ocurre lo mismo que a Fox: ambos sabían que el PRI los iba a tener bajo la lupa; por lo mismo, su único resguardo sería la absoluta transparencia. No tomaron esto en cuenta y así les está yendo.

Todo esto, por si algo faltara, podría tener un adicional y espeluznante efecto: de acuerdo con las encuestas disponibles, si entre AMLO, los Mollinedo y los usufructuarios del escándalo logran tumbar a López Obrador de ese cómodo primer lugar que tenía en las preferencias para el 2006, oigan bien lo siguiente: paletas Tutsi Pop anuncia: cambio en la alineación, sale Andrés Manuel, entra Marta Sahagún. ¿Cómo sintieron?

El perjurio de la nieve II

Mientras escribo esto, una expedición organizada (es un decir) por mí (es otro decir) avanza intrépida por las faldas del Nevado de Toluca en pos de la nieve. Somos seis adultos y cuatro infantes. Todos somos nakísimos. Esto es como un capítulo suplementario de Mecánica Nacional o de la Familia Burrón. El Bucles que no es nako, sino hipernako, está feliz. Veo difícil mi retorno a la civilización. Por lo pronto, estoy atrincherado y dicto estas líneas. Los demás pastan alegremente (¡infames!) Dehesa sufre.

¿Qué tal durmió? CC

¡200 representaciones! Parece que fue ayer, pero fue hace diez años que mataron a la primera mujer en Ciudad Juárez. Ahora están pensando en una Fiscalía Especial. ¡Su esfuerzo es impresionante!... hasta podría pensarse que quieren despertar.


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23¿Y el 2004?

Siguen llegando cartas, firmas, donativos y correos electrónicos que apoyan de modo incondicional mi no candidatura a la Presidencia de la República. Todo esto ha sido tan conmovedor que me obliga a establecer un compromiso público en el que puntualice todo lo que quiero hacer en caso de no llegar a la Presidencia. Voy.

Investido como estoy de la alta dignidad de no candidato y habiendo escuchado (e ignorado) el sentir de la cúpula financiera, la cúpula política, la cúpula vaticana y la narcocúpula político-vaticana-financiera, he decidido que en el 2004 ponerse a pensar en el 2006 es propio de ociosos atarantados como el Dr. Simi quien, por consumir sus propios productos, ya decidió regir, primero, los destinos de México y ya luego los de la galaxia y sus simpáticos alrededores. No es mi caso. Esa es la enorme ventaja de no ser y no querer ser candidato como no sea a la sobrevivencia y a la persistencia en lo que uno es y en lo que uno sabe. Tengo información confiable acerca de que el 2006 llegará; pero es más confiable la noticia de que estamos en el 2004, un año que puede ser la clave para que lleguemos con cierta galanura, ya no digamos al 2006, sino al entero Siglo 21.

He estado de entrada por salida en Monterrey. Ahí he percibido lo que en todo México: nos preocupa con cierto morbo el 2006, pero todos estamos de acuerdo en que nuestra gran bronca es el 2004. Los suspirantes y aspirantes a la sillota y los politólogos de altos vuelos, en la medida en que ya saben lo que van a comer hoy, pueden hacer futurismo e imaginar "escenarios". Los de a pata quieren hoy tener trabajo, educación, seguridad, alimentación y cultura. Precisa o vagamente saben que el actual modelo de país ya no da más; que nuestro Presidente no es Konrad Adenauer, pero que si lo fuera, no podría hacer mucho más frente al encono y la torpeza política reinantes. Estoy seguro de que ésta no es hora de caudillos iluminados que se destapen y nos anuncien que ellos son el camino, la lux y la vida. Como nunca, es la hora del ciudadano que tiene que presionar, exigir, demandar la construcción de un acuerdo político nacional, la autorización de las reformas que el país necesita y el gran acto de concordia que nos permita no seguir coexistiendo como hasta ahora, sino conviviendo en circunstancias de mayor equidad.

Dicho de otra manera: por mí, que se destapen Hugo Sánchez o Marta Sahagún. Me da igual. Llegada la hora, veremos quién vota por ellos. Lo que sería una mala broma para el país es dar por hecho que el ciclo 2004-2006 está formado por años vacíos en los que nada ocurrirá. Más nos vale que ocurra todo. A diferencia de nuestros mandarines, China y Brasil no tienen tiempo que perder. Mientras nosotros andamos buscando facturas extraviadas en el pasado, ellos están hoy comprando presente y futuro. No se me atejonen, criaturas. Por favor, no nos demos por muertos en el 2004. Mejor que eso, démonos por vivos, llevemos a nuestros partidos políticos a una clínica de rehabilitación y exijámonos todos en este año un olvidado valor central: el patriotismo.

Supremo mensaje

En tono afable y mesurado, recibo de mi antiguo compañero de docencia Mariano Azuela, un comunicado que responde con garbo y puntualidad a los señalamientos, no muy gratos, que le he hecho en esta columna y en otros medios. Con cierta pena por mis salidas de tono, doy la cuenta por saldada y acepto la capacidad que tenemos los medios para sesgar y descontextualizar las palabras de cualquiera.

Cerramos una cuenta y abrimos otra: ¿cuánto nos vamos a tardar en transparentar nuestra justicia?, ¿sigue siendo un argumento válido ése que dice que México no tiene por qué acudir a modelos extranjeros, pues con nuestra propia sabiduría nos basta y nos sobra?

¿Qué tal durmió? CXCIX

Me encuentro en el aeropuerto de Monterrey a un amable lector que me cuenta que en su casa, todos, incluida una hija jovencita, leen esta columna. No sé si darle participación de utilidades o cobrarle regalías. Hace poco, me dice, fuimos la niña y yo a un pueblito de por aquí llamado "Villa Juárez"; mi hija sólo alcanzó a oír que íbamos a Juárez y me dijo con voz aterrorizada: ¡pero, papá, yo soy mujer! Esa muchachita no duerme; ustedes sí.

Mi candidato

Lo he pensado mucho. El bueno es Nicolás Mollinedo. Trabaja 20 horas diarias y sabe hacer de todo. Además: HOY TOCA


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22La lotería 2

¡LA REGADEEEERA!: Ya es hora de que alguien haga el elogio del benéfico regaderazo. Te explico un poco, lectora lector querido: hallábame leyendo "Desgracia" de Coetzee (Ed. Mondadori) que es una novela que te recomiendo ampliamente. Su protagonista es un maestro de literatura que, en pleno desbarranque existencial, se pregunta por qué y para qué decidió el hombre ejercer el don del habla. La respuesta llamémosla "oficial" sería: para formular y comunicar su pensamiento. El protagonista de "Desgracia" tiene otra teoría: el hombre emitió y emite sonidos para quejarse, para cantar, para conjurar su soledad y su terror ante la muerte. A mí esta segunda teoría me resulta enormemente seductora; tanto que se quedó a dormir conmigo y despertó en mis brazos. Me levanté con sexagenaria parsimonia, me dirigí a la regadera, me quedé como Dios me trajo al mundo y me dispuse a recibir un nuevo y discreto bautismo que lavara mis pecados nada originales. Bañarse en regadera es una maravilla; es un feliz retorno al universo amniótico; es uno de los actos más privados e íntimos; es pasarse en limpio. Ahí en la regadera me siento joven e inmortal, me quiero mucho, confabulo proyectos, ocurrencias, recuerdos, ideas, me reinauguro y me instalo en la más limpia y grata soledad (la sol-edad es la edad del sol). Somos el agua y yo y con eso basta para que el universo sea perfecto. En un plazo no mayor de dos minutos, la espalda copiosamente acariciada por el agua moviliza a la garganta y de pronto ya está uno cantando, bien o mal, canciones como "Camelia la tejana" (que es uno de mis grandes éxitos), "Oso corredor", "Yo no soy abusadora", "La múcura" y muchos éxitos más. ¡Coetzee!, me dije la mañana de autos, tiene razón Coetzee: no estoy cantando para nadie, no me interesa afinar o desafinar, no quiero comunicarle nada a nadie, no requiero de ovaciones o rechiflas; canto con la más absoluta gratuidad; canto porque hoy estoy vivo; canto por el puro gusto; canto porque es el mejor modo de abrazar a la vida y de besarla en su boca que también canta. La regadera.

¡EL CELULAAAR!: El periódico MURAL ha publicado ya varias notas acerca del horrendo servicio de telefonía celular que tenemos en México: el desgarriate numérico que necesitamos conocer y aplicar si es que pretendemos hablar a tal teléfono desde tal lugar (casi hay que tener una beca de Conacyt para dominar todas estas variantes); la ínfima calidad del servicio que prestan (y cobran) al no atender las recomendaciones (exigencias tendrían que ser) de la Cofetel. Les vale gorro. Hablen con cualquiera de los prestadores de este servicio (Telcel de modo muy señalado) y les dirán cosas tan absurdas como "el sistema GSM tiene actualmente algunas deficiencias, pero en un futuro será el mejor y el más amplio. ¡Qué poca!. En primer lugar, no son "algunas deficiencias", es "la deficiencia" y en segundo, si en el futuro va a ser maravilloso, que lo ofrezcan y lo cobren en el futuro. Por lo pronto, nuestros celulares son una creciente porquería y una muestra más de que en nuestro país al ciudadano lo tratan a patadas.

¡LA COBIJAAA!: Muchísimas gracias. Ustedes me han entregado 400 mil pesos y nos han regalado cobijas. Con todo esto vamos llegando a las 10 mil cobijas ya todas repartidas y cumpliendo plenamente su objetivo. Necesitamos más. El número de cuenta es 2611694 de Scotiabank Inverlat, sucursal 78, Centro Insurgentes, a nombre de Germán Dehesa o Gabriela Sáenz. Si desean informes o una rendición más precisa de cuentas, comuníquense al 5611 6513. El frío aprieta, pero nosotros apretamos mejor y más bonito.

¡EL ACELERADOOOR!: Si queremos dar un paso realmente importante para salvar a nuestros niños con cáncer, necesitamos comprar un santo aparatón (acelerador lineal de partículas) que cuesta 37 millones de pesos. "Fundación Azteca" se ha propuesto hacerlo. Va a estar en chino, pero a nosotros el chino se nos facilita mucho. Es cuestión de hacer nuestro donativo en cualquier Sanborns, tienda Elektra, o Banco Azteca. También se puede donar vía telefónica. Información en el 01800 6679441. Hazlo hoy por cualquier niño y no olvides que mañana puede ser también tu niño.

¿Qué tal durmió? CXCVIII

Supongo que bien. Si serán cínicos.


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21la lotería

Como ya saben, la realidad viene en múltiples presentaciones. Puede, por decir algo, venir sólida o en aerosol. En el primer caso, se abren los ojos y desde ese momento todo apunta en dirección a un mismo asunto al que hay que darle "seguimiento" (así dicen ahora) a lo largo de toda la vigilia y soltarlo, si bien nos va, cuando cerramos los ojos para descansar.

La vida aerosol, en cambio, se presenta vaporosa, variada, fugaz y contradictoria. Hoy me tocó uno de esos días y, al final de la jornada, vengo a ver que traigo la memoria como alcancía que, en unas cuantas horas, se rellenó con moneditas y monedotas de variadísimas procedencias y denominaciones. ¿Sobre qué escribiré ahora?, pues lo haré acerca de todas estas cartitas de lotería que el día me fue prodigando. ¡Cooorrre y se va...!

¡EL RAMÓN XIRAAAU!: Vía Federico Reyes Heroles, me encontré a pocos minutos de despertar con un justo y encomioso texto en honor de este hombre de bien que es mi maestro Ramón Xirau. Cuando lo conocí fumaba con cierto aire de extravío en el corredor principal de la Facultad de Filosofía y Letras. En nuestro encuentro más reciente, seguía con cara de extravío en la escalinata de acceso al hotel Palace de Madrid. No deja de ser curioso que un hombre tan hallado, tan bien hallado, como Ramón Xirau lleve cara de extravío. Mucho hizo él para que yo aprendiera a leer, a pensar y a escribir (no lo juzguen por los resultados, sino por su sabia y tenaz pedagogía). Con jubiloso fervor adjunto mi firma a lo que Federico dijo acerca de RX con inteligencia y con afecto.

¡EL DESTAPAAADO!: Ahora resulta que todos quieren ser presidentes. Si lo lograran, supongo que se dirán como Fox: ya que llegue, me pondré a averiguar para qué llegué (no es fácil). Se está choteando ya tanto este asunto, que me parece urgente anunciarle a la ciudad y al mundo que, tras mucho meditarlo, he decidido que yo, ni loco, ni borracho, ni trepanado, ni bajo tortura, aspiro o aspiraré a la naka pretensión de ser Presidente de la República. Creo que la Presidencia es un lugar privilegiado para no tener la menor utilidad real para el País. Tal como están las cosas, la suave patria agradece más al barrendero, al empresario y hasta al periodista que hacen bien su trabajo y no dejan de pensar en el bien común. Así pues, espero su apoyo palpable y macizo a esta trascendente decisión de no ser Presidente, ya no digamos del País, de nada, salvo de ese extraño territorio que es mi ser. A punto de concluir este comunicado, hablo con mi amigo El Gordo Gandhi quien me pide que aproveche el viaje y avise que él tampoco le entra. Ya somos dos.

¡LA DESTAPAAADA!: Creo que me expresé mal en mi artículo de ayer. No está en mí opinar, ni mucho menos decidir, acerca de la posible candidatura de Doña Marta. En lo personal, creo que, como cualquier mexicano, tiene el pleno derecho de anunciar su voluntad y llevarla hasta donde tope. Lo que yo digo es que no me veo (ni veo a mi gente) votando por ella. Creo que aquél que lo haga no nos estará diciendo mucho acerca de Marta Sahagún. Más bien nos estará comunicando la miserable idea que tiene acerca de lo que es México y acerca de quién es él.

¡EL BUUUCLES!: 11:30 de la mañana. Reunión con dos sufridas mujeres que fungen como maestras de nuestro productito: que si va bien, que tira baba que es un contento, que podría ir mejor. Lo usual. Lo alarmante es su aviso de que hay que cuidar lo que ocurre en Internet: los niños y niñas de tan tierna e inocente edad emplean la computadora para ofenderse, agredirse, calumniarse e intercambiar procacidades. El talento humano crea el martillo; algunos lo emplean como herramienta de progreso; otros lo usan para romperse la cabeza.

¿Qué tal durmió? Cxcvii

Sigue la lotería:

¡LA VEJAAADA!: Por "engañar" a su marido (que ya está casado en Estados Unidos) Matilde, la de Amealco, Qro., es lapidada y los civilizados oriundos de la región le untan chile en la vagina. Derechos Humanos del Estado decide que no hay que meterse porque son "usos y costumbres". Ojalá y el horror se concentrara exclusivamente en Ciudad Juárez. No es así. Es todo el país. Pregúntenle a cualquier usuaria del Metro de la Ciudad de México acerca del hostigamiento, el abuso, la salacidad masculinas. Las autoridades mayoritariamente prefieren seguir durmiendo.


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20Una mañanita gris

Este domingo 18, aquí en la capital, tuvimos un día extraordinario: transparente, radiante, con un desfile de atmósferas azules que comenzaron en un tono suavísimo que se disolvía en otro más intenso y en otro con irisaciones de oro y luego en celajes lavanda y el espectáculo siguió hasta concluir en el sobrio, elegante y misterioso azul de la media noche. Al fondo estaban los volcanes enteramente nevados. Sin palabras. Habrá que dar las gracias por este domingo exquisito.

De puertas para adentro el fin de semana fue igualmente satisfactorio. En la celebración del cumpleaños de Carmen Aristegui me encontré con la propia Carmen, que en sí misma es una fiesta, y con varios de mis mejores amigos, hombres y mujeres. De tan grata reunión me retiré con una desganada voluntad de trabajar que, por mexicanas artes, se convirtió en fuga rumbo al cine en compañía de la Jaguara. Fuimos, contra la súplica de amigos y conocidos, a ver una película horripilante que se llama "En Carne Viva" (In The Cut) con una Meg Ryan en calidad de damnificada erótica e igualita a Borola Burrón después de la explosión del bóiler. Es una película mala como el infierno. Estaba mejor "No Desearás la Mujer de tu Hijo", con Pedro Infante y Fernando Soler, que estaban pasando en la tele. Paradójicamente, ahí en el cine comprobé lo que ya sabía Dante Alighieri: si estás en el infierno con el ser que amas, en realidad estás en el paraíso.

El domingo, ya lo dije, fue sacramental, fervoroso y deportivo. San Justo Sierra nos protegió a los Pumas de las Aguilas neoliberales que no se animaron a devorarnos las entrañas. Contra mi pronóstico, los Patriotas congelaron a los Potros, pero mis finanzas se estabilizaron con el favor que me hicieron las Panteras al merendarse crudas a las extraviadas Aguilas de Filadelfia. Lo repito: fue un domingo muy satisfactorio.

El lunes vino turbulento. Yo tenía que estar en Los Pinos antes de las nueve de la mañana para atestiguar la firma de la nueva Ley General de Desarrollo Social. Sólo por Josefina Vázquez Mota (a) "La Viuda Alegre" soy capaz de levantarme a las siete de la mañana. A esa equívoca hora en mi casa sólo se despierta Osama bin Bucles y eventualmente su madre, pero su padre, jamás. Pues hoy me levanté. A las 7:30 compareció el Bucles con 18 suéteres en la habitación de sus padres. ¡Ni lo intentes!, le dijo su madre cuando vio que su vástago agarraba vuelo para volverse a acostar. Yo ya ni lo intenté. Ambos zarpamos rumbo a nuestros deberes. Ya podrían las mujeres revalorar nuestra condición recia y cumplidora (no lo harán jamás, yo las conozco).

San Angel-Los Pinos: 60 minutos de Periférico. ¡Nopueser! Y todavía llego y me salen con que ya cerramos, ya comenzó el acto. Puse tal cara de Oliver Twist, que unos hábiles muchachones tuvieron piedad y me colaron de contrabando en el auditorio. Muchos cuates míos en la mesa de honor: la ya referida Viuda, Bebeto Cárdenas, Xóchitl Gálvez, el Dr. Frenk y muchos más. Es digno de toda celebración que, aunque sea en algo, se pongan de acuerdo el Ejecutivo y el Legislativo, pero además la Ley General de Desarrollo Social me parece intrínsecamente buena y útil. No me parece relevante que sea una iniciativa foxista. Ya no podemos jugar a eso. Lo que sea bueno para nuestro país hay que apoyarlo sin importar a quién se le ocurrió. Sobre eso mismo habló con sorprendente sensatez el Presidente de México.

De Los Pinos salí como maqueche sin cordel a desayunar con el Dr. Watson Ebrard en afamado hotel de Reforma. Es posible que lo más importante de este desayuno haya sido una rubia mujer que estaba sentada cerca de nosotros y que tenía en los ojos todos los azules del domingo. Watson sufre porque -esto me consta- él quiere hacer bien su trabajo pero tiene al enemigo dentro y fuera de casa y, si esto no bastara, hay una tonelada de leyes obsoletas que, a la fecha, trabajan mucho más a favor del delincuente que del ciudadano y del impartidor o Procurador de justicia. Esto hay que arreglarlo. Mucho podemos hacer los ciudadanos. Piensen, por ejemplo, en lo que lograríamos si tuviéramos juicios públicos y rápidos. En fin. Comienza la semana. Me quedo muy orgulloso de tener buena amistad con mi Viuda y con el Dr. Watson.

¿Qué tal durmió? CXCVI

El despertador ya sonó 196 veces. Todo duerme.


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19Dos telefonemas

Germán, te voy a pasar a Vicente. Esto ocurría una tarde del primer semestre de 2000 y la que estaba al otro lado de la línea era Marta Sahagún. El antecedente inmediato de este telefonema había sido la visita bastante desastrosa que el candidato Fox había hecho a mi programa de radio: llegó tarde, estaba entre cansado y distraído y además su garganta estaba a punto de declararse en huelga. Nuestro encuentro había resultado fallidísimo (hasta hoy, 2004, así han sido todos mis encuentros con Vicente Fox). Aquí lo interesante es que Marta se dio perfecta cuenta de lo mal que habían ido las cosas y -todo esto son líricas suposiciones mías- decidió que había que hacer algo para restaurar la imagen de su candidato. Esta era la única explicación que se me ocurría para el inopinado telefonema. De hecho, cuando Vicente Fox tomó el aparato, lo escuché todavía más ronco, más distante y con menos ganas de hablar con nadie. Algo dijo de planear con tiempo un nuevo encuentro radiofónico (que nunca se realizó) y le devolvió el aparato a Marta. Ella, con ese insumergible buen ánimo que tiene, se despidió muy cordialmente y dio por terminada la comunicación. Desde ese momento y hasta hoy, con madrugadora boda presidencial de por medio, no he dejado de pensar en la extraña simbiosis de estos dos personajes. Se diría que él, en muchas ocasiones, es solamente el vicario de ella; que él está y ella es.

Justo es decir que yo sólo he recibido amabilidad y buen trato de doña Marta Sahagún de Fox; me saluda siempre con notorio afecto, me ha invitado dos o tres veces a Los Pinos, he tenido con ella una larga y confidencial plática (esa extraña "confidencialidad" que tiene la gente del poder para decirnos cosas que no deberían ser publicadas, aunque incluyen la secreta esperanza de que las publiquemos. Yo no lo he hecho, ni lo haré) y ella fue la que, hace unos meses, me entregó un premio que no era para mí (individuo), sino para mí (nosotros). A esa ceremonia llegó puntual, saludó a todo mundo, se detuvo unos instantes a saludar a la Jaguara, le hizo muchas monerías al Bucles que éste apenas correspondió (en su momento, me lo tupí, porque yo soy de esos señores a la antigua que suelen todavía mandar flores y ponerse de pie cuando una mujer se hace presente). Al entregarme el reconocimiento, doña Marta me dijo muy galanamente que algún día entendería yo el honor y el gusto que le daba entregarme ese premio. Bueno.

Hay otro recuerdo que me parece importante convocar. Se trata de la invitación que me hizo doña Marta para almorzar con ella en su "cabaña" de Los Pinos. Fue algo extrañísimo. Desde el momento de llegar hasta la hora de despedirnos e incluyendo todo lo que ahí sucedió, se platicó y se planeó, la voz cantante y los honores de la casa corrieron por cuenta de la profesora Elba Esther Gordillo, quien fungía como una especie de absurda anfitriona. Conocedor de los ímpetus protagónicos de doña Marta, no dejé y no dejo de preguntarme ¿por qué permitía tal expropiación? Hasta la fecha no lo sé; sólo imagino.

Así llegamos al segundo telefonema. Ocurrió el viernes pasado. Me llamó un reportero del suplemento "Enfoque" del periódico REFORMA. El reportero tenía una sola y concreta pregunta que hacerme: ¿qué me parecería la postulación de Marta Sahagún como candidata presidencial? Sin detenerme a pensarlo contesté: ella nos ha mandado todo tipo de señales contradictorias y que una vez más reproducen el llamado estilo Capulina (no sé, tal vez, podría ser, quizá, lo estoy pensando); así ha actuado ella y sólo ella sabrá por qué. De mí puedo decir que jamás he tenido la menor vacilación: que Marta Sahagún se postule para la Presidencia me parece ridículo, inadmisible, ventajoso, descontonero y un insulto para mi país. Eso pienso (sin ánimo de ofender).

Medio tiempo

América-Pumas. Escribo esto al término de los primeros 45 minutos. Nos están poniendo un baile infame. América ha hecho lo que se le da la gana. Bernal y el Parejita han hecho todo lo posible para que ganen los de Coapa. El Gonzo no existe. Dehesa sufre.

¿Qué tal durmió? CXCV

Si en México imperara la ley, hubiera seguridad y lográramos desterrar la impunidad y la corrupción, ni siquiera sería necesaria la reforma fiscal para incrementar nuestro PIB de manera más que satisfactoria. Ya despierten.


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16El perjurio de la nieve

Si comienza a nevar, me despiertas. Ya aplacadito y en su cama, el Bucles le hizo esta solicitud a su Jaguara Madre. Yo no sé de dónde ha sacado el Bucles este nevado chincual esquimal, pero para él, la nieve es la blanca página en la que redacta todas sus ilusiones. De hecho, y como ya fue informado oportunamente, esta afiebrada urgencia que tiene mi vastaguín de entrar en comunión con la nieve fue la que nos condujo a la ciudad de Nueva York donde, día a día, comprobamos la infiel ausencia del terso y gélido elemento. Y fue allá en Nueva York donde padre e hijo decidieron que si la vida no viene a ti, tú tienes que salir a buscar la vida. Para eso fue que nos pusimos en contacto con el hábil e intrépido Rafael y lo convencimos de que enfilara su camioneta rumbo al norte y que no se detuviera hasta que diéramos con la nieve. Estábamos dispuestos a llegar a Groenlandia, pero no hizo falta tal desmesura; a 90 minutos de la Gran Manzana dimos con una estación para esquiar que le proporcionó al Bucles abundantes y radiantes felicidades. Realmente fue una expedición temeraria, pero enormemente satisfactoria.

A los pocos días de haber regresado y todavía fatigados por tantas intensidades, comenzó a nevar en las orillitas del alto valle del Anáhuac. A mí este fenómeno me pareció una total falta de seriedad, pero al Bucles lo volvió a echar a andar. Andresito heredó de su madre una extraña atracción erótica por el "weather report" que es una opción televisiva que para ellos funciona como canal porno (a la Jaguara le basta con enterarse de que habrá monzón en el Golfo Indico para rodar gimiente por la alfombra). Fue ahí donde Andrés se enteró de que probablemente nevaría sobre la Ciudad de México a finales de esta semana. De aquí viene esa irrefrenable inquietud que no le permite dormir al Bucles y que, previsor como es, lo ha movido a negociar con su madre la inasistencia a clases en el caso de que la muy noble y leal ciudad de AMLO amanezca nevada...

Desde mi cuartel de invierno, yo los oía argüendear y mi mente, toda chípil, divagaba por muy extraños territorios. Por un rato pensé en un poema de M. Gutiérrez Nájera titulado "De blanco" que yo memoricé en mi infancia (..."¿No ves en el monte la nieve que albea?"...). Recordé también aquella escena inicial de "Al Faro" de Virginia Woolf donde un niño, a punto de dormirse, escucha el ofrecimiento de su madre que se compromete a llevarlo en una lancha, si hace buen tiempo, a conocer ese blanco y distante faro que tanto fascina al pequeño (la excursión sólo podrá cumplirse muchos años después cuando la familia ya no exista. El buen tiempo sólo comparece en los malos tiempos). Ya con la imaginación (la loca de la casa) suelta y galopante, me trasladé a Argentina y recordé ese bello relato de Bioy Casares que se titula "El perjurio de la nieve" y pensé que ese título era perfectamente aplicable a la difícil relación que Andrés "El breve" tiene con la irisada nieve; pero que también era aplicable a cualquier afán humano: mientras estamos vivos, siempre queremos algo que nos rehuye, si eventualmente lo alcanzamos, resulta que no es tan prodigioso como lo imaginábamos, pero entendemos también, si somos capaces de entender, que este logro es mucho menos importante que la energía y la dichosa tenacidad que invertimos en conseguirlo.

Hoy, jueves 15, Andrés despertó y de inmediato se asomó a la ventana y sus inaugurales ojos escrutaron el panorama: ni el menor rastro de nieve; sonrió e hizo un anuncio: mañana va a nevar (terco sí es), su madre lo forró como pelota para que acudiera a sus faenas escolares y, mientras tanto, en medio de la neblina, los volcanes asomaban su blanca y sustantiva belleza y una discreta dicha nevaba casi imperceptiblemente.

Profecías deportivas

Indianápolis derrotará a Nueva Inglaterra, Carolina hará lo propio con Filadelfia, los Pumas derrotarán al América 2-1. En el íntimo y amoroso torneo lo deseable será un empate con sabor a triunfo: HOY TOCA.

¿Qué tal durmió? CXCIV

Dice mi amiga Marta Lamas que el feminismo no es, no debe ser, la versión femenina del machismo. Tiene razón. Los machos atropellan y matan a las mujeres. Las mujeres dan vida (y dan lata).


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15Botecitos para navegar

AMLO también está chípil. Por lo menos, tiene cara chípil. Lo comprobé este martes 13 a las 19:40 hrs. en un salón de rumboso hotel capitalino. La presentación del Plan Maestro para el Rescate de Chapultepec y la campaña financiera que estamos emprendiendo para salirnos con nuestro plan eran los motivos que nos reunían. Marinela Servitje, que es una mujer moderna y por lo tanto ejecutiva hasta los linderos mismos de la tiranía, nos advirtió a "los de casa" que guay de nosotros si llegábamos después de las 18:30. Yo soy hombre o sea que no soy nadie para desobedecer a Marinela, mi boscosa patroncita: a la hora señalada ingresé a un desierto salón habitado exclusivamente por la ya mencionada Marinela y por Angeles Mastretta, amada cuatacha que iba a todo lo que daba. Tiempo hubo de sobra para que llegaran todos los invitados y para que hiciera su triunfal entrada AMLO que, en verdad, traía cara de acelga marchita.

A nuestro Jefe de Gobierno ni tiempo le dieron de sentarse. Sin haberlo solicitado, se le concedió el uso de la palabra, mismo que él empleó para avisarnos que su gobierno le entra con todo júbilo a este rescate de Chapultepec y que, por cada peso que aporte la sociedad, el GDF se pondrá con otro peso. Nunca nos lo hubiera dicho. Le vamos a tronar las finanzas y se le va a venir encima su techo de endeudamiento.

En serio, Chapultepec es por excelencia nuestro jardín y nuestro más disfrutable paraíso. Dejarlo morir sería un acto suicida como también lo es -esto lo dijo Angeles Mastretta- que sean los usuarios que disfrutan del bosque los que más lo ensucian, lo maltratan y lo dañan. Si este asunto no se corrige a fondo, no podremos hablar de un verdadero rescate. ¿De qué nos serviría restaurar toda la belleza y lozanía de nuestro bosque si aquellos que lo disfrutan lo pueden deteriorar y lastimar en unos cuantos días? Dos son nuestras tareas: devolverle su esplendor al más antiguo parque público de América y crear en los usuarios la conciencia de que mantenerlo limpio y hermoso es trabajo de todos. ¡Ay, manito!, ¿a poco van a lograr eso?, dirá la señora potosina. Respondo: señora mía (es un decir), no sé si lo logremos, pero lo estamos intentando al límite de nuestras fuerzas ("lo nuestro es intentar", dice Eliot).

Con la novedad de que estamos necesitando un chorro de lana. Nada más la recuperación de la Primera Sección nos va a costar 210 millones de pesos, o sea que nosotros, en breve plazo, tenemos que conseguir algo así como 105 millones para que AMLO se ponga con la otra mitad. Mi jefa Marinela y yo estamos de acuerdo en que los grandes donativos serán bienvenidos, pero que la apuesta importante la vamos a ganar con la colaboración de los ciudadanos comunes que depositen en los botecitos con los que vamos a inundar la ciudad ese dinero que, no necesito decirlo, se aplicará en la común tarea de restaurar el verdor de nuestro presente y en la siembra de nuestro futuro. Chapultepec es la alacena de nuestros amores y el mejor lugar para depositar nuestras esperanzas. La tarea de ayudarnos es ¡qué bueno! interminable.

Hoy, para que se lo sepan, enviamos (tú, él, yo) 700 cobijas a la zona del Ajusco donde el frío está en plan intratable, hagan de cuenta la pelada de Condoleezza Rice. A este helado respecto, los pronósticos son más bien siniestros. No permitas que el frío te gane el corazón. Comunícate al 5611 6513 y ponte del lado del calorcito. En cuanto se anuncie la Primavera y suspendamos la Operación Cobija, ni te me distraigas porque tú, él y yo nos embarcaremos en un bote que zarpará ligerísimo al rescate de Chapultepec.

Este primer barquito de papel es portador de un agradecido saludo para Rosa María Gómez Sosa, directora del Bosque, y para Fedro C. Guillén. En la reunión nadie los nombró, pero me consta su inteligente amor por nuestro jardín.

Para terminar pronto, les aviso que cuando salimos, AMLO se veía mucho más lozano y animado que cuando llegó. Como quien dice: lo restauramos.

Éramos pocos

Me bastó anunciar mi estado de chipilencia para que, de inmediato, un alma siniestra y calva me revirara un Fruit Cake. Creo que se lo reexpediré a Manlio Fabio.

¿Qué tal durmió? CXCIII

En el norte matan mujeres, en el sur también, en el centro ni les digo y en todo el país matan a hombres y mujeres. La ley duerme.


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14Cuando andamos chípeles

La chipilez o chipilencia, que de los dos modos la nombramos los aztecas, es una curiosa disposición del ánimo, la voluntad y el espíritu que, hasta donde yo sé, es exclusiva de los tenochcas. Así como a los portugueses les viene la saudade y a los gallegos la morriña, a los mesticitos nos viene la chipilez que es una curiosa mezcla de melancolía, fatalismo, autocompasión y desalentada voluntad de destruirlo todo o, en su caso, mejor no hacer nada.

La palabra "chípil" es de origen náhuatl y, en sus orígenes, se adjudicaba a los niños que, ante alguna noticia infausta como podría ser el nacimiento de un hermanito, el retorno a las labores, o el alejamiento de su nana; caían en un abismo hamletiano y mandaban a todo lo creado al puritito carash. Anda chípil, diagnosticaban nuestras madres cuando nos miraban comportarnos cual sobrinitos de Kafka desalentados, llorones, silenciosos e imbuidos de esa mansa rebeldía similar a la de Bartleby, el personaje de Melville que, ante todo lo que le solicitaban, respondía con voz tenue: "preferiría no hacerlo". La ciencia actual, que no brilla por su agudeza, diría que esos niños son bipolares. Yo digo que la chipilencia es mucho más compleja que eso y añadiría que no es privativa de los infantes.

Enero es el mes nacional de la chipilencia. Todos, incluida Guadalupe Loaeza, estamos chípiles y andamos con cara de que, en cuanto se postule Marta Sahagún (¡Ayyy, mis hijos!), el quinto sol se va a fundir irremisiblemente y el mundo, Guanajuato incluido, se consumirá en la tiniebla y en la helada desolación. Así andamos y cuando andamos así, veamos lo que veamos, todo nos parecerá un anuncio del inminente desastre.

Por darles una vívida muestra de lo que nos ocurre, les cuento que ayer lunes, hacia las ocho de la noche, en la zona sur del DF se fue la luz. Tragedia nacional, crisis de gabinete, conmoción geopolítica y todo esto en el breve espacio de un domicilio de interés social. El Bucles comenzó a ladrar maldiciones espantosas y a decir que él no había pedido venir al mundo, yo entré en fase convulsiva y la siempre práctica Jaguara echó mano de su vasta colección de velas decorativas, todas ellas muy hermosas y todas ellas perfectamente inútiles. El Bucles volvió a la carga y exigió hablar con el policía del condominio. Su pedagógica madre le explicó que el policía nada podía hacer al respecto. Su enchilado padre tuvo la tentación de explicarle que la policía mexicana nada puede hacer a ningún respecto, pero tampoco era cosa de que la criatura perdiera tan tempranamente la fe en nuestras recias instituciones. El caso es que la luz no regresaba y la chipilencia comenzó a aflorar. Media hora después de haberse ido, la luz volvió y nos sorprendió a los tres abrazados y hechos bolita en mi vasta cama tipo Embajada de México en la parisina OCDE. Eramos un grupo escultórico que podría titularse "El dolor de los aztecas". Junto con la luz regresó el buen ánimo. Con insumergible optimismo, la Jaguara propuso: ya que estamos así, ¿por qué no vemos los Simpson abrazados? ¡Sale!, dijo el Bucles. Se volvió a ir la luz. El llanto se extendió por toda Tenochtitlan. De acuerdo, estamos chípiles, pero no nos falta razón.

Cuando estamos chípiles los mexicanos hacemos juicios temerarios, pronósticos catastróficos y análisis torcidos. En plan chípil nada nos parece bien, a todo le encontramos un segundo y perverso sentido. Cuando estamos chípiles desconfiamos de todo y de todos. Si la Cumbre de Monterrey con todo y su logo como de la Comercial Mexicana resulta exitosa, decimos que de todas maneras no sirve para nada. Si resulta un fiasco, entonces proclamamos que nosotros ya lo habíamos dicho. Nada nos parece, nada nos acomoda y todos quisiéramos hablar con el policía del condominio.

En la eterna noche de nuestro desconsuelo, no estaría mal alzar los ojos y mirar rumbo a los volcanes. Están nevados y bellísimos. Son una excelente receta para la chipilencia.

OC XIV

Sigue el frío. La Operación Cobija es de primera necesidad. Comuníquense al 5611 6513. Mejor chípiles que congelados.

¿Qué tal durmió? CXCII

Sigan dormidotes y amanecerán con hipotermia en el alma. Están advertidos.


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13Sherlock Bátiz Y watzon Ebrard

¿Qué les pasa?, ¿qué tienen? Podrán ustedes, dúo dinámico, decir lo que quieran pero la impresión mayoritaria es que ustedes no dan una. Con o sin la asesoría de Giulianni, no dan una. Recibieron ustedes una ciudad peligrosa, pero, gracias a su decidida acción, se ha vuelto terrorífica. Por las noticias que recibo por vía electrónica o persona a persona, me entero de que un crecido número de capitalinos asaltados, lastimados y agraviados ya van por su segunda o tercera vuelta. Aquí en el DF están ocurriendo cosas que parecen extraídas de las páginas de "Hermelinda Linda". Ahí tienen la chocarrera historia de "la asesina serial" cuyo retrato hablado fabricado por nadie sabe quién sirvió para la aprehensión de una mujer que luego resultó que no era y a la fecha no sabemos quién es el asesino, aunque Sherlock Bátiz afirma que puede ser serial o puede no lo ser. Ahí tienen el noveladísimo asunto del Metro: que si se trató de una falla mecánica, que si se trató de un sabotaje, que no, que siempre no, que toda la bronca radica en que ¡se robaron 2 mil 500 metros de cable! mediante la gustada técnica del robo hormiga (¿alguien sabe del tiempo, de la tecnología y de la logística necesarias para robarse esa cantidad de cable?). Ahí tienen a Pancho, mi sufrido conductor, que cada vez que lo ven distraído, lo asaltan, lo amagan de muerte y le quitan el dinero que trae (al fin acá está su buey para reponerlo). Ahí tienen el sorprendente caso de los policías que sin querer se tropiezan con dos secuestrados y ahí tenemos todos nuestras historias particulares que nos hablan del estado de indefensión y de riesgo en que se encuentra la ciudadanía capitalina. Ya no sabemos ni a qué horas ni por dónde nos va a llegar la desgracia. Mientras escribo esto, la radio me trae un reportaje según el cual AMLO ha declarado -esto lo dice un locutor- que la inseguridad capitalina es culpa de las múltiples policías privadas que dizque estudian en las "academias patrulla" patrocinadas por el neoliberalismo. Francamente no me suena que AMLO se haya aventado una declaración así, aunque el diagnóstico de que vivimos en la total inseguridad es impecablemente certero.

Interrumpo por un rato esta redacción y transito rumbo a Constituyentes. En mi trayecto, atravieso las Lomas y en una esquina me topo con 10 motociclistas de azul que lucen imponentes con sus uniformes y sus cascos nuevos. Lo que ya no es tan imponente es la chorcha que se traen. Las motocicletas están apagadas y todos sonríen e intercambian gracejadas. Se ve que ellos no temen por su seguridad.

De regreso a mis tareas, me entero de que ¡por tercera vez!, las instalaciones de la revista "Este País" han sido saqueadas. Por supuesto que los dos asaltos anteriores, aunque han sido denunciados, no han sido aclarados. Ni siquiera hay mucho espacio para pensar en algún móvil político en contra de Federico Reyes Heroles y de todos aquellos que colaboran en esta utilísima publicación. El asunto es todavía más alarmante: a cualquiera nos pueden asaltar las veces que quieran, pues nadie nos protegerá, nadie dará a propósito con los que nos han agraviado, ni mucho menos nadie recuperará lo que nos ha sido robado. Como me dijo el agente encargado de investigar el saqueo de mi oficina: ¿por qué no se va a Pericoapa?, luego a los rateros les da por llevar ahí a vender ese tipo de aparatos. Magnífica solución: comprarle a los rateros lo que nos robaron (con la ventaja de que son precios castigadísimos).

Con estas cosas es con las que comenzamos a dejar de entender la altísima popularidad de AMLO. Acepto que junto a Madrazo o junto a doña Marta todos nos vemos gloriosos, pero AMLO es Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y no ha sido capaz de brindarle un mínimo de seguridad a sus habitantes. Esto es el paraíso del hampa y, a ciencia y paciencia de Sherlock Bátiz y Watson Ebrard, los ladrones viven su época de oro dentro y fuera del Gobierno. ¿Cuántos saqueos más necesitará "Este País" y esta ciudad para que alguien le procure esa justicia que vegeta patrocinada por nuestros impuestos?.

¿Qué tal durmió? CXCI

¿País de leyes?, ¿Estado de Derecho?, ¿a quién se le ocurrió eso? No es el caso de México. Aquí las leyes, el derecho, los funcionarios, duermen.


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12¡Ay, chihuahua!

En 1994, los empresarios de Chihuahua convinieron en dar un paso insólito: pedirle al Gobierno que les cobrara un impuesto adicional y que el dinero así obtenido fuera puesto bajo su custodia y aplicado a trabajos de interés social. De esta iniciativa nació la FECHAC (Fundación de Empresarios Chihuahuenses A.C.) cuyo trabajo ha sido ejemplar por la transparencia en el manejo de esos fondos y por la invaluable ayuda que han prestado a los grupos más vulnerables de su estado. Esta iniciativa, la organización a la que dio lugar y la pulcritud y eficiencia con la que ha trabajado a lo largo de estos nueve años, le han valido a la FECHAC reconocimientos nacionales e internacionales. De todo esto, yo puedo dar testimonio personal pues he tenido el gusto de trabajar conjuntamente con la FECHAC en el auxilio de la Tarahumara.

Algo muy perverso ocurre en nuestro país ya que, al parecer, nos ofende personalmente el éxito y la eficiencia de un proyecto. Tal parecería que la mediocridad y la corrupción fuera nuestra norma arquetípica y que tuviéramos el mandato de torpedear y destruir cualquier iniciativa que no se apegue a esa norma. De otra manera no entiendo, en verdad no entiendo, a qué horas y con qué fines se le ocurre a don Patricio Martínez y a sus huestes legislativas modificar el mandato legal que dio origen al exitoso trabajo de la FECHAC. Como lo oyen. En su sesión del 18 de diciembre de 2003, la LX Legislatura del Estado de Chihuahua decidió cargarse el esquema original de esta iniciativa y sustituirlo por otro totalmente alejado del espíritu que animó en sus principios a este generoso proyecto. Legalismos aparte y en palabras llanas e inteligibles lo que ha ocurrido es esto: el empresariado de Chihuahua libre y voluntariamente decidió pagar un impuesto adicional al que no estaba obligado y lo hizo con el fin de aplicar ese dinero al trabajo social en su Estado; lo que ha ocurrido ahora es que el Gobierno quiere tener injerencia y control sobre ese dinero ¡que no es suyo!. Esto es lo que ocurre allá en Chihuahua.

Solidariamente el empresariado chihuahuense ha manifestado su rechazo a esta modificación. Cosa rara, don Patricio no ha resollado y si las organizaciones no gubernamentales, la ciudadanía de Chihuahua y los medios de comunicación no se inconforman con este absurdo, pronto será un hecho consumado la desaparición de la FECHAC que, con toda razón, manifiesta que si es para ayudar a los grupos marginales, está dispuesta a seguir haciendo este desembolso adicional; pero si de lo que se trata es de poner este dinero en manos de los gobiernícolas, entonces no tienen por qué seguir pagando.

La FECHAC es un modelo exitoso que ya tendría que estar reproduciéndose en el resto de los Estados de México. Lejos de eso, la torpeza y la mala fe del Gobierno de Chihuahua ha puesto a la FECHAC en trance de desaparición. Un éxito más para don Patricio y una vergüenza más para nuestro país. ¡Ay, Chihuahua!.

Viernes frappé

Insisto: hay días en los que lo único inteligente que se puede hacer es permanecer en la cama tomando tecitos y leyendo novelas terribles (mientras más terribles, más estimulantes). El viernes 9 fue uno de esos días. Desoyendo los consejos de mi conciencia profunda, me levanté y así me fue. No di una. La ciudad estaba fría, gris, destemplada. Parecía la víspera del Apocalipsis. Mi programa de radio se difunde a través de una modernísima y costosa línea telefónica. En el momento oportuno, la susodicha línea se fue a inflar burros por el pivote y los recios participantes en el programa nos quedamos dos horas sin más audiencia que nosotros mismos. Terminó el suplicio, salí a la calle y en ese momento el cielo derrumbó todas sus madererías. Si con un aguacerito la ciudad se colapsa, con lo que ocurrió el viernes el Infierno de Dante queda a la altura de una tira cómica.

Con la seguridad de que nadie asistiría, me enfrenté al meteoro y me presenté a dar función de teatro. Se abrió el telón y ¡oh, prodigio!, la sala estaba llena. Gracias quiero dar a esos valerosos mexicanos que con su intrépida presencia nos entibiaron la vida. Si así trabajaran.

¿Qué tal durmió? clxc

Don Patricio: ¿alguna novedad acerca de las muertas de Juárez?. ¿No?. Siga durmiendo.


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9Lo de menos

Cuando no hay noticias, hay que inventarlas. Este es el noble ejercicio al que se entregan los informadores durante esos días en blanco que abarcan del 25 de diciembre al 7 de enero. Ante el hecho incontrovertible de que la industria de la noticia no puede detenerse y frente a una inmóvil realidad que está echadota cual vaca a media carretera sin dar señales de vida, a los chicos y las chicas de la información no nos queda más que inflar cualquier suceso o, ya de plano, inventar la noticia. De hecho, una nota sobredimensionada es ya una noticia inventada. Se reporta una fuga de gas en Azcapotzalco, no hay explosión, no hay lesionados, no hay intoxicados, pero al "lugar de los hechos" acuden hasta los de CNN, los noticieros radiofónicos hacen "coberturas especiales" y algún periódico reporta que varias señoras sufrieron "crisis nerviosas" cuando se pusieron a pensar (es un decir) en lo que les podría haber pasado. Llegan unas fotos muy bonitas de Marte (las podría haber tomado mi familia política) y, aunque parecen paisajes del Mezquital, todos los noticieros televisivos y todos los periódicos las reproducen y hasta las acompañan con sesudos estudios que analizan la posibilidad de construir ahí unidades habitacionales en un plazo no mayor de cinco mil años (es cosa de ir apartando el terrenito). Para esta finalidad de llenar espacios, nuestros aeropuertos han resultado de enorme utilidad. De ningún modo niego que, a partir del 11 de septiembre de 2001, el pánico norteamericano ha provocado que a todos aquellos que visitamos el territorio del imperio nos traten como potenciales vacas locas o emboscados parientes de Hussein; pero nada de esto es nuevo. Hace más de un año, en el aeropuerto de San Diego ya querían hacerme la autopsia en vida y no recibí la menor cobertura de López Dóriga. Tampoco me parece demasiado novedoso (ni aceptable) el hecho de que los sistemas norteamericanos de seguridad estén presentes en tareas de vigilancia que deberían de corresponder exclusivamente al Estado mexicano, pero insisto: ésa es una triste historia antigua y no una novedad navideña. Es la sequía noticiosa la que dota a estos asuntos de una transeúnte importancia que, mucho me temo, se disipará en cuanto "caliente el año".

En la misma tesitura se encuentra la aportación hecha por el Presidente Fox al hispánico vocabulario con el novedosísimo verbo "transquilar". Se diría que todos los mexicanos somos académicos de la lengua y celosos guardianes de la pureza idiomática. Eso por una parte. Por la otra, si cada vez que Fox le meta una patada a nuestra vapuleada lengua vamos a rasgarnos las vestiduras, mucho me temo que para marzo ya todos vamos a andar en los puros harapos. Tenemos sobradas pruebas de que las relaciones entre Fox y el español son difíciles, tensas y hostiles. Yo digo que eso sería lo de menos. Lo grave no es que nuestro mandatario se exprese en un extraño dialecto guanajuatense y que sus discursos los escriba un comité de lituanos; lo lesivo y alarmante para el país es la falta de consistencia, la contradicción permanente, el hartazgo y la falta de rumbo que el discurso presidencial, en el idioma que sea, deja adivinar. Olvídense del desgarriate verbal, preocupémonos por el desorden y la ineficiencia que está provocando la falta de coherencia, de mando y de conducción política.

Concluyo. Estamos en fase de noticias desechables. Que Fox diga "transquilar" me da una cierta ternura, pero no pasa de ahí. Que Granados Chapa comente que el Estado mexicano proporcionó a los norteamericanos información estratégica acerca de nuestra industria petrolera, eso sí me preocupa y me mueve a exigir una explicación. Lo que ocurre es que, entre tantas banalidades, las noticias sólidas se pierden. Lo de menos hace que perdamos de vista lo de más.

OC XIII

Ayúdanos a conseguir, a comprar, a distribuir cobijas. No te hagas. Informes en el 5611 6513. Y hablando de cobijas: HOY TOCA.

¿Qué tal durmió? CLXXXIX

El Dr. Carpizo está justificadamente airado porque no le permiten el acceso al expediente del Cardenal Sandoval. Nosotros tendríamos que estar igual de contrariados al no saber cuántas componendas y tonterías contienen los expedientes de las muertas de Juárez. La información también duerme.


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8Vendo cobija de mapache

¿Usted cree que se esté violando nuestra soberanía con las exigencias norteamericanas de seguridad aeroportuaria? Por distintos medios y en diversos tonos recibo esta pregunta para la cual no tengo una respuesta clara y contundente. Si acaso, tengo algunas observaciones: nadie me ha nombrado a mí centinela emérito de la soberanía nacional que es un cargo que ya se autoconfirió Manuel Bartlett sin mayores méritos ni resultados. Yo acabo de viajar a Estados Unidos y de regresar a México con escala en Los Cabos y en ningún momento me sentí atropellado o lesionado en mi soberanía personal; dicho de mejor modo: fui tratado con la misma ridícula e ineficiente paranoia que el resto de los mortales que circulan por los aeropuertos norteamericanos. Leo, me cuentan, oigo testimonios de personas a las que no les ha ido tan bien. Todo se inscribe en algo que ya habíamos comentado en un artículo anterior: los norteamericanos han generado un creciente terror frente al terror y, para mayor tristeza, ahora resulta que esa atmósfera de miedo es una importantísima aliada del lamentable Bushito en su campaña de reelección. Por si algo faltara, aparece un avejentadísimo Fox para decirnos que nuestra soberanía está muy bien resguardada (¿dónde la guardarán?) y que colaborar con Bush en su lucha contra el terrorismo le produce un placer casi sexual (¿será necesario tirarnos de ese modo al piso cual tapetes de Temoaya?). Mezclados todos estos ingredientes y sumados al diluvio de opiniones que se han vertido al respecto, yo he de confesar que no sé si todos estos delirios lesionan o no nuestra soberanía, aunque sospecho que la salud mental, los márgenes de libertad y la soberanía misma de los Estados Unidos sí están resultando severamente lastimados.

¿Y la cobija de mapache?, se preguntarán el exasperado lector y la señora potosina. Ahí voy. Todo tiene que ver con todo. La noche del martes yo era apenas mi pálida sombra. Derrumbado en mi cama, escuchaba los enérgicos alegatos del Bucles y la Jaguara en torno a la conveniencia o inconveniencia de acudir a la escuela antes del 21 de marzo. Mi grácil pero deterioradísimo cuerpo reposaba en una impresionante cobija de piel de mapache que conseguí a precio de locura. Este adminículo ha creado reacciones encontradas en el ámbito familiar. Yo estoy convencido de que acostado sobre ella me veo como Peter 0'Toole. Andrés dice que me parezco a Pumba, el jabalí del Rey León y la siempre solidaria Jaguara opina que me veo naquísimo. Dice que parezco "El Tirantes" de "Lagunilla mi Barrio". El caso es que yo estaba ahí dispuesto a dormir y así reparar todas las horas de avión (¡y de aeropuerto capitalino!) que traía yo entre ceja, oreja y madre. Con cara de mártir del cristianismo, el Bucles se había retirado a dormir y sus venerables progenitores se disponían a ver a López Dóriga. La Jaguara que últimamente para dormir usa un atuendo de Yeti con calcetines se durmió con la primera noticia; yo me tuve que asestar 25 reportajes sobre lo que ocurre en ese aeropuerto que acababa yo de abandonar y sobre nuestros heroicos policías que vuelan de gorra y que traen pistolas con balas de alta tecnología que, me temo, le van a rebotar a un fedayín gordito o con esa piel de lagartija apedreada que se estila en el oriente. Vi esto, vi el horripilante partido Tigres-Atlante, vi una película de Robert Redford, leí una novela tristísima ("La Señorita" de Ivo Andric) y descubrí dos cosas: ya eran las cinco de la mañana y yo tenía la garganta totalmente cerrada y los ojos como tomatitos. ¿Saben qué era?, ¡la cobija de mapache! Por lo menos ese fue mi desvelado diagnóstico: soy alérgico a los mapaches (tan decentes que se ven). Prosigue en 2004 mi búsqueda de calor nocturno. La Jaguara está encantada con mi decisión. Vendo o permuto una hermosa cobija de mapache.

¡Ya sé!

Tarde se les hacía. Ya llovieron los correos electrónicos para aclararme que el juego que quería yo ver era el de Seattle contra Green Bay (pues sí) y que el amigo de Tom Hanks era una pelota de volibol, aunque una lectora dice que era de futbol. ¡Ya! Digamos que era una pelota. Es enero, no sean así.

¿Qué tal durmió? CLXXXVIII

La justicia es tibia y confortante; la injusticia es helada e inhumana. ¿se imaginan el frío que ha hecho durante estos diez años en Ciudad Juárez?.


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7Perdido en los cabos

La verdad, no ando tan perdido, pero había que darle dramatismo al título. En principio, yo vine a este hermoso paraje mexicano porque un laboratorio farmacéutico me contrató para que les recetara una conferencia. Esta fue programada para el lunes en la noche, pero el único vuelo Nueva York-Los Cabos es el del domingo en la hipermadrugada. Fue por ese grave desajuste que su Charro Negro, solito y su alma, arrastraba la pata por un desolado hotel bajacaliforniano, el domingo a las tres de la tarde. Dehesa sufría y sufría harto. Nunca me había pasado esto de llegar a una convención antes que los convencionistas. Además, considérese que llevaba yo una semana recibiendo dosis brutales de cálida compañía administrada por mis parientes políticos que son autoadheribles. No les voy a decir que son el grupo ideal para pasar la vida, pero son apapachones y montoneros. Jamás creí que públicamente confesaría que los extrañé, pero era tal mi desolación sanluqueña que, en varios momentos, me sorprendí pensando: ¿qué será de mi suegrita? Aunque usted no lo crea.

Solo y amenazado, como gallina en autopista. Así andaba yo. Y había un agravante terrible: el futbol americano. Sé que la señora potosina va a beber cicuta con agua de tuna, pero tengo que hacer la fiel crónica de mi dominical postración de espíritu. Si algo me mantuvo sereno y alerta en el interminable viaje a Nueva York- Los Cabos, fue saber que llegaría con tiempo de ver un cachete del Tampa Bay- Seattle, el Denver-Indianápolis y el Sugar-Bowl. Por eso me registré a velocidad meteórica, por eso corrí rumbo a mi cuarto y por eso rompí en sollozos y mentadas cuando descubrí que en ese hotel no tenían los canales que transmiten el americano. A un hombre mayor (¡este año cumplo 60!) no se le hace eso. Todo era una burla: en un canal estaban pasando "El Chanfle"; en otro, Morelia y Toluca se batían en un lodazal habilitado como cancha en un lugar llamado Pilford o algo así y en otro estaba Bob Esponja que es igualito a Chuayffet. Eso era todo.

Como ánima en pena iba yo por los corredores del hotel. Mi última esperanza era el bar de la recepción. A lo mejor ahí, pensé, sí están pasando el americano. Error. Estaban pasando el Santos-Chivas. Me apersoné con el cantinero para abrir una negociación. Los cantineros son hombres mundanos y sabios. El pueblo bajo diría que son cobijas muy miadas. Lo son. Me bastó decir: ¿no habrá manera de ver el americano? para que él dirigiera su mirada a una inmensa copa coñaquera que ostentaba un letrero: "propinas". Deposité 50 pesos, el cantinero tranquilo y ceremonioso se acercó a la tele, se cercioró de que nadie lo viera, le dio al monitor un leve fregadazo y apareció el juego Denver-Indianápolis. Estos son los milagros de la tecnología mexicana. Oficialmente ese canal es imposible verlo; entra en acción el "mexican alambritou" y me canso que lo vemos.

Terminó el partido (que estuvo horrible) y vi todavía el Atlante-América que estuvo aceptable, aunque el árbitro le perdonó a los televisos un penal catedralicio. Después, volví a la soledad. No había ni con quién platicar. Me sentía como Tom Hanks en esa película en la que se queda cual perrote en una isla. Yo ni siquiera tenía una pelota de básquet para contarle mis cosas. Pensé en comprar los favores eróticos de una bella y fogosa costeña, pero ni tenía yo lana, ni había costeñas. Sólo que le dé un llegue al cantinero, pensé, pero me pareció una mala manera de comenzar 2004. A las doce de la noche me fui a dormir en una inmensa y solitaria cama.

El lunes estuvieron los vientos más favorables. Llegaron los convencionistas, los recibí con mucho gusto, les presenté al cantinero, los acompañé a pasear por la bella y solitaria playa, les di la mejor conferencia que pude, chachareamos un rato y nos fuimos a dormir.

Ahora estoy en el avión que me conducirá a la Capital. No me lo van a creer pero el vuelo está retrasado porque algo le falló al avión. Un sobrecargo dice que es cosa de "mantenimiento"; otro más científico dice que es cuestión de "unos fierritos". Estoy por hablarle al cantinero.

¿Qué tal durmió? CLVXXXVII

Ya lo dijimos, pero hay que repetirlo. Los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez no son un hecho aislado. Tienen que ver con el creciente odio y desprecio que nuestro país machista siente por la mujer. Por favor, ya no nos hagamos los dormidos.


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6Lejanías 7

Fin de las vacaciones. Ahora vuelo rumbo a Los Cabos. Voy a contarte la loca historia de la nieve. Antecedentes. Todo comenzó con el impredecible y caprichoso Bucles. Desde principios de diciembre del 2003 comenzó a succionar la calceta con el asunto de la nieve. Según él, su corazón sangraba irremisiblemente porque no conocía la nieve. En este punto vino mi falla. No sé de dónde saqué yo la idea de que durante el Año Nuevo la ciudad de Nueva York es un verdadero festival de nieve y que la gente anda en trineos y los niños hacen muñecos y que para caminar por la Quinta Avenida hay que ponerse raquetas en los zapatos. La Jaguara es de reacción inmediata: le dices "viaje" y ya tiene el pasaporte en la mano y tres maletones con "lo más indispensable". Así comenzó todo.

Llegamos a Nueva York la noche del 26 de diciembre. No nevaba. El Bucles comenzó a amostazarse. En mi auxilio vino Rafael (a) El Raffles, el más cumplido y eficiente chofer y guía de toda la comarca. El comanda un equipo formado por "El Manny", "El Eric", "Sócrates" y el indescriptible "Clever" que forman una agrupación que está a la mitad del camino entre la Selección brasileña y Don Gato y su Pandilla coordinados (más o menos) por Raffles; todos son choferes y le ayudan a movilizar grupos populosos como era nuestro caso. Desde un principio, mi Suéter Azul concibió una rara pasión por Clever, pero no estoy autorizado para dar más detalles. El caso es que, apenas llegamos, el Bucles se dirigió a Rafael e inquirió por la nieve. Raffles es el rey de la diplomacia y le contestó: no te preocupes, Andrés, aquí siempre cae nieve por estos días. El Bucles se tranquilizó provisionalmente, pero todas las mañanas despertaba y se asomaba al exterior con la esperanza de ver un blanco manto. Nunca lo vio. Tan tensa llegó a ser la situación que el antepenúltimo día, tomé el teléfono y le dije al gran Raffles: si la nieve no viene a nosotros, nosotros iremos a la nieve, busque el más cercano lugar nevado y mañana a las 10:00 arrancamos. Dicho y hecho.

El día dos de enero del 2004, la Freak Collection abordaba dos automóviles manejados respectivamente por Raffles y el increíble Clever. Nuestro destino: Mount Saint Peter, estación de ski situada a unos 90 minutos de Manhattan. No se imaginan la travesía. Cada tres minutos había que cambiar de carretera con la ventaja de que nadie sabía ni para dónde íbamos. A la mitad del trayecto sonó el teléfono de Raffles: al supremo Clever se le había ponchado una llanta y no traía herramienta. No saben el camote vial en el que nos metimos para regresar a auxiliarlo. Ahí estaban, en una desolada cuneta a merced de los vientos. Clever miraba al cielo pidiéndole a Diosito que lo recogiera y mi suegra sanjuaneándose como puerta de cantina con cada tráiler que pasaba hecho la raya. ¿Y la nieve?, preguntaba el prudente Andrés, mientras Raffles cambiaba la llanta con enorme pericia. Nunca vamos a ver nieve, decían mis cuñados que siempre me han apoyado.

Se reanudó la expedición. Media hora de trayecto por unos vericuetos rarísimos. Desesperación general, una suave curva, y serena y blanca apareció ¡la nieve! The mexican ñerous corrieron a retozar, el Bucles era un radiante sol matutino. Todos tomaban fotos (no paran de tomar fotos) y Raffles nos miraba sonriente. Hagan de cuenta Napoleón después de una victoria particularmente sonada. Espero que Andrés dentro de muchos años, frente al pelotón de fusilamiento, se acuerde de ese día en que su padre lo llevó a conocer la nieve.

Ya llegué a Los Cabos. Ya pasé migración y acabo de apachurrar el semáforo de la aduana. Salió verde. ¡Ese semáforo no es el que le toca a usted!, ¡usted tiene que formarse acá! Perdón, señorita, ¿cómo se llama usted? Magdalena González. Pues muchas gracias, doña Magdalena; usted me ha hecho sentir que ya estoy de regreso en mi patria. ¿Ah, sí? Sí, en México siempre hay una vieja pelada dispuesta a regañarme. Apachurré el nuevo semáforo. Salió verde. Me salvé.

OC XI

Tú puedes ser un Rey Mago. No te hagas rosca. Ayúdanos con las cobijas. La cuenta es 2611694 de Scotiabank Inverlat, Sucursal 78, Centro Insurgentes a nombre de Germán Dehesa o Gabriela Sáenz. Si quieres informes, llama al 5611 6513.

¿Qué tal durmió? CLXXXV


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5Lejanías 6

En 1969 yo llegué a Nueva York por primera vez. Era mi primera salida al extranjero. Aunque yo me sentía James Bond, mis padres estaban aterrados ante la exportación de un vástago que ya desde entonces vivía en permanente estado de alelamiento. Mi madre me adosó todos los escapularios recomendados por su confesor y me manufacturó una estorbosísima bolsa de manta con jareta para que ahí depositara mis preciados y muy escasos bienes. Pegadita al cuero, la bolsa se amarraba con la jareta alrededor de la cintura y así el dinero quedaba al calor de las noblezas, lo cual me inquietaba a mí e intrigaba a las doncellas que no sabían cómo interpretar ese paquetón que traía yo en tan estratégico lugar. Por su parte, mi padre tuvo conmigo una íntima charla de hombre a hombre acerca del grave daño y el gran placer que las negras desmedidas podían producirle a un inexperto y caucásico joven mexicano. ¡Oh, dichosa edad, siglos dichosos! en los que las más graves injurias de Eros podían aliviarse con penicilina.

Todo esto ocurría hace 35 años. Desde entonces, he vuelto decenas de veces a Nueva York, y cada vez, paso a paso, lo he hecho en condiciones un poco mejores. Aquella primera vez, me alojé en compañía de tres delincuentes juveniles en un roñosísimo hotel de la Calle 42 llamado Wentworth. Por un inverosímil cuarto cuádruple pagamos 25 dólares, de vez en cuando lavábamos nuestra ropa interior (la exterior aguantó todo el viaje), comíamos pretzels y hot-dogs y así, cada uno podía sobrevivir con 20 dólares diarios con visita al Empire State incluída...Esos jóvenes y ese Nueva York ya no existen. Comparo el presente con aquella bruma y, como suele suceder, opto por la bruma, aunque bien sé que el pasado siempre es más luminoso, antojable y terso que el bronco presente. No hay otros paraísos que los paraísos perdidos, decía Borges; pero, en este caso, hay otro elemento a favor del pasado: la libertad. Entiendo que ya no soy el mismo que paseaba por Nueva York hace 35 años y que la vida me ha zarandeado a veces con gran violencia, pero hoy que paseo por esta ciudad descubro que objetivamente Nueva York es un lugar mucho menos libre. Por los aires, los helicópteros cruzan constantemente y en la calle hay policías por todas partes: a caballo, a pie, en patrullas, en pequeños camiones, la paranoia norteamericana muestra su terror frente al terror. Hay una suerte de soterrado estado de sitio que en mucho lesiona la enérgica gracia que esta ciudad tenía. La Freak Collection se dispone para el retorno; a mí sólo me queda contarles la inaudita historia de la nieve, para después dirigirme al aeropuerto de Newark y emprender viaje sin escalas a Los Cabos que es un trayecto que ni Charles Lindbergh se hubiera aventado. Ahí, si llego, daré una charla y zarparé rumbo a los brazos de AMLO. He intentado asomarme a la emocionante ciudad que conocí en 1969, pero entiendo que entre ella y yo media la maldición de Osama bin Laden: los norteamericanos jamás volverán a dormir tranquilos.

El arte de callar

Así se titula un breve tratado que el Abate Dinouart publicó en 1771. Hace unos meses lo compré en Madrid (Ed. Siruela) con la intención de regalárselo al Presidente Fox. Como la vida no me ha dado oportunidad, me traje el libro conmigo y he estado leyendo esta inteligente anatomía del silencio. Estaba yo leyendo lo que el buen Abate dice acerca de ese especial tipo de silencio que se apodera de nosotros cuando la vida nos muestra de golpe alguno de esos horrores que rebasan cualquier forma del lenguaje. En ese instante, aparece Adriana y me da la noticia de un absurdo accidente en el que muere el hijo de una amiga casi hermana casada con un hombre bondadoso y dulce. No tengo nada que decirte, amiga querida. Desde el profundo y atónito silencio abrazamos a esos dos padres tan queridos. Todo es silencio.

OC XI

Ser pobre en Nueva York es, por lo que alcanzo a ver, una de las peores maneras de ser pobre. Allá en México proseguimos con la Operación Cobija. Viene pelado y pelador el frío. Pueden depositar en la cuenta 2611694 de Scotiabank Inverlat, Sucursal 78, Centro Insurgentes a nombre de Germán Dehesa o Gabriela Sáenz. Informes en el 56-11-65-13. La cobija va.

¿Qué tal durmió? clxxxv

¿Igual que siempre? ¡Qué gusto!


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2Lejanías 5

¿Quién puso el bomp?, ¿a quién se le puede haber ocurrido que estrenar calzones rojos en la noche de Año Nuevo era un signo inequívoco de dicha y prosperidad para los días por venir? Lo ignoro y no estoy en ánimo de averiguarlo. Lo que me consta es que La Jaguara cree en esta absurda tradición con evangélica vehemencia. Esto es lo que explica que mi industriosa cónyuge haya invertido varias horas del 31 de diciembre en planchar Nueva York de arriba a abajo en pos de tan íntimas y coloridas prendas. Al parecer no fue una tarea fácil. Según me explicó la sanguinaria félida que consume mis quincenas, todo mundo en Nueva York quería estrenar calzones rojos y esto provocó severo desabasto en la urbe. Miren, dijo la joven matrona dirigiéndose a esos espejos de paciencia que son su marido y su tierno hijuelo, lo único que pude conseguirles es esto: abrió una bolsa y sacó dos prendas que yo no vacilaría en calificar de injuriosas. Al inerme Colin Bucles le fueron entregados unos impresentables boxers estampados con bellos motivos escoceses que son como una ofensa mayor al noble pueblo de las altas tierras de Escocia. Lo mío fue todavía peor. Para que ustedes entiendan mi drama, necesitan haber visto una tira cómica de hace muchos años que contaba las desventuras de un sufrido y regordete jefe de familia llamado Pomponio (en inglés, "Hubert"). ¡Mis calzones eran de Pomponio!. En su manufactura se invirtieron seis metros cuadrados de manta de cielo teñida en color granate y con ¡copos de blanca nieve estampados!. Adriana: no pretenderás que yo me ponga esto y tire por la borda mi difícil fama de caballero sobrio, pulcro y elegante. Si no te los pones, me va a venir sentimiento; no te imaginas el trabajo que me costó conseguirlos. En eso estoy de acuerdo, no ha de ser fácil dar con una tienda de globos aerostáticos. ¿Te los vas a poner sí o no?. ¡Sí, maldita sea, sí!. Todo marido con experiencia sabe que cuando una señora anuncia que le va a venir sentimiento, ya sólo queda callar y obedecer. Me puse la ominosa prenda y me vi en el espejo. Parecía yo tienda de campaña del ejército otomano. Dentro de mis hipercalzones podrían haber hallado refugio dos familias de indigentes. Todavía encima me tuve que poner mis tarzaneras y acomodar dentro de ellas la inmensa cantidad de trapo excedente. Hubo un detalle adicional que después averigüé: La Jaguara le había dejado a mis jumbocalzones una cruel etiqueta en la mera entrepierna.

Terminados estos trámites, la Freak Collection, también conocida como "Pollitos en Fuga", muy bañada y ajuareada, avanzó rumbo a un antro situado en el Barrio Chelsea, allá por la Calle 25 que, según nuestra amiga "Marce" era ideal para pasar el año nuevo. Yo no sé a qué se dediquen en Chelsea, pero por las apariencias su fuerte son las bodegas y las morgues. El taxista nos miró con ternura y nos dijo: ya llegamos. El lugar no tenía ni anuncio. Era una edificación enorme de ladrillo con una puertita resguardada por un negro gritón. Desconcierto en las filas. El desconcierto se volvió pánico cuando mi sobrino "El Potrillo" hizo una declaración prodigiosa: en Teocaltiche hay un antro igualito. Ahí si nos desprogramamos todos. Nos queda el resto de la vida para seguir estudiando las semejanzas entre Nueva York y Teocaltiche.

Entramos al antro y nos topamos con un tumulto. Yo creo que va a sacar un cadáver, aventuré yo. No hubo tal. En un plazo razonable fuimos admitidos en el lugar que resultó moderno y agradable. Nos dieron una buena mesa y nos dijeron que de 8 a 10 todas las bebidas eran gratis. Resultado: a las 9:59 los aztecas ya estábamos como los octavos pasajeros de un cohete que avanzaba rumbo al infinito y más allá. A las 10:25 yo sentí que me estaba haciendo la recircuncisión con la maldita etiqueta. A las 10:50 el Bucles con todo y calzones escoceses se durmió en brazos de su madre. A las 11:15 nos dimos a la fuga. El taxi nos dejó en las cercanías de Times Square que estaba acordonado. Seguimos a pie y a merced de los vientos. Compramos hot-dogs y el Año Nuevo nos sorprendió en Broadway y la 58. No hay nada como el júbilo de la multitud. Todos nos felicitamos, todos gritamos y, por un instante, todos nos quisimos.

Llegamos al hotel con tiempo para ver los fuegos artificiales en Central Park. La Jaguara, el Bucles y su Charro Negro nos abrazamos y los abrazamos. Además, hoy toca (no es necesario usar chon rojo).

¿QUÉ TAL DURMIÓ? CLXXXIV


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1Lejanías 4

Lectora lector querido, nuestra actual situación es anómala e interesante. Yo te estoy escribiendo en el último día de 2003 y tú, si es que andas por ahí, me leerás en el primer día de 2004. Yo estaré en el territorio de los recuerdos y tú ya te habrás trasladado al de los proyectos. Hagamos un trato: yo te incluiré en mis memorias, pero tú me tomarás en cuenta para tus designios del 2004. Los tiempos son y están difíciles (¿cuándo no?) y es bueno que nos acompañemos. Aunque mi madre y mis tías jamás lograron descubrir para qué, yo creo que en algo podré ser útil.

Te escribo, lectora lector, al lado de una ventana que mira hacia Central Park. Hoy en la noche habrá aquí jolgorio y fuegos artificiales, pero para eso faltan más de doce horas; por lo pronto, el paisaje matutino es un perfecto espejismo: cielo limpio y soleado, calma veraniega y tránsito apacible. Dan ganas de salir con playera, bermudas y gran pelota de colores. No faltará el turista guerrerense que lo haga y muera de neumonía fulminante en 40 segundos flat. La verdad es que el frío está cada vez más lépero y que sólo la indómita Jaguara y el frutito de su vientre son capaces de invadir calles y avenidas para adquirir cosas tan útiles como un laberinto para canicas que viene desarmado en una inmensa caja que contiene las 17 mil piezas de las que consta el indispensable artilugio. Pero ya me distraje. Lo que quería decir era otra cosa: así como por mi ventana el paisaje se percibe veraniego, aunque en la realidad impere un crudelísimo invierno; no es imposible que a los mexicanos nos esté ocurriendo el fenómeno contrario: todos vislumbramos un 2004 horripilante y a lo mejor resulta benévolo y transitable. No lo sé, pero podría ser. Creo que todo va a ser cuestión de inteligencia.

Permítanme contar velozmente dos verídicas anécdotas que serán útiles y aplicables para el 2004. En la primera está un venerable y próspero tabasqueño en su lecho de muerte, rodeado por sus hijas. Miren, muchachas, les dijo, no tienen de qué preocuparse, su porvenir está asegurado, las dejo bien forradas, nomás no se apendejen. En esta última recomendación está la clave del éxito. Sé muy bien que este consejo le llega tarde a nuestros políticos, pero puede ser de enorme utilidad para nosotros, los millones de mexicanos que tenemos la bendición de no ser representantes populares y de no formar parte de ninguna cúpula o burbuja. Pongámonos buzos y fabriquemos un 2004 más habitable que los tres años anteriores.

La segunda anécdota data de hace algunos meses. Participaba yo en una cordial comida en Cuautla. Había pediatras, cardiólogos, hombres maduros y mujeres jóvenes. Una de éstas me preguntó en tono confidencial: Señor Dehesa, ¿qué es la inteligencia? Preguntaba y me miraba como si yo fuera el proveedor oficial de definiciones para todo el país. Mi primera moción hubiera sido responderle que yo qué demonios iba a saber, pero los dioses me inspiraron y despaché una respuesta muy aceptable. Mira, muchacha, la inteligencia de un ser humano se mide exactamente por la cantidad de felicidad que éste pueda crear para él y para los demás. Los dos nos quedamos muy impresionados y muy satisfechos. Yo no sé de qué manga me saqué ese leve rollín, pero creo que es portador de una verdad importante. Si esto es así, se confirma lo que decíamos renglones arriba: nuestro bienestar en 2004 requerirá de toda nuestra inteligencia. A nombre de ella, te abrazo muy fuerte, lectora lector querido, y lo propio me dispongo a hacer con la Jaguara, el Bucles, la Freak Collection y todos los que en esta coyuntura de mi existencia son los heraldos de la vida. Permanezcamos juntos y seamos inteligentes.

OC X

Una cobijita por el amor (y el calor) de Dios. Comiencen bien el año y pónganse guapos con una o varias cobijitas. Pueden depositar en la cuenta 2611694 de Scotiabank Inverlat, Sucursal 78, Centro Insurgentes a nombre de Germán Dehesa o Gabriela Sáenz. Informes en el 56-11-65-13.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? CLXXXIII

Hay algo que no debemos olvidar: las muertas de Juárez son apenas una muestra del creciente desprecio que hay en nuestro país por la vida y la integridad de las mujeres. ¿Seguirán así las cosas en 2004?, ¿seguirán durmiendo las autoridades?


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