Rio de enero 2
Es que nos tratan como si fuéramos turistas. Ésta es la queja de
Los Eléctricos. Yo estoy de acuerdo, aunque sospecho que esto puede deberse al
hecho de que somos turistas. Venir por primera vez y sólo por cuatro días a un
lugar tan historiado y tan complejo en su geografía física y humana,
difícilmente te confiere otro status que el de turista. Por supuesto que
alcanzas a percibir la belleza, la extrema sensorialidad, la alegría y el
apasionado ímpetu de Río, pero al mismo tiempo adivinas que esta ciudad es una
mujer muy vivida con muchas heridas y muchos misterios. No los penetrarás y por
eso serás un turista. Más te vale aceptarlo y tomar la parte que te
toca.
La primera impresión es la de que Río de Janeiro es una especie de
Acapulcote, igual de contrastado y de hermoso. Por el rumbo del aeropuerto están
las favelas, los hacinamientos terribles de miseria, de mugre, de delito y de
marginalidad. Los veo y sin adentrarme mayormente, me parece que en sus
equivalentes mexicanos hay mayor sordidez y mayor abandono. La guía que se llama
Isabel nos pide perdón como si ella hubiera creado las favelas, o como si ella
hubiera decidido construir el aeropuerto en ese lugar. Ella nos explica que en
Río la miseria queda al norte, al sur está la riqueza y que a la mitad casi no
hay nada. Allá muy arriba, quizá demasiado arriba, está el Cristo de Corcovado.
Dicen los de Sao Paulo que tiene los brazos abiertos con el fin de estar
preparado para aplaudir cuando los de Río de Janeiro se pongan a trabajar, cosa
que hasta el momento, no ha pasado. Eso dicen.
En mi hotel, saludo a
tantos mexicanos, que me quedo con la impresión de que somos más aquí, que en
Cancún. La guía, a todo esto, ya tiene resuelta nuestra existencia. A mí me
gusta vivir de sorpresa en sorpresa y nada me amarga más que la planificación
existencial. Doña Isabel ya nos tiene dispuesta para la cena una mesa en una
churrasquería típica y turística. Cenaremos de tal hora a tal hora y abordaremos
un autobús que nos llevará a una típica y turística sala de fiestas donde
contemplaremos un espectáculo histórico musical que nos contará en dos horas
cinco siglos de la historia de Brasil. Desde los guaraníes hasta Lula. Yo me
esperaba un espectáculo horrible pero honestamente digo que fue espantoso. Ni
nos contaron la historia y la belleza casi no compareció. Al final salió un
negrito con un smoking confeccionado por su mamá que se dedicó (el negrito, no
su mamá) a pasar lista de todas las nacionalidades del mundo, a pedir que se
identificaran y que pasaran a escena para cantar y bailar música de su país. Los
mexicanos cometieron tales atrocidades con el "Cielito Lindo", que yo me dije:
mejor paso con los lituanos. Algo terrible. Lo que rescato de esta noche aciaga
es el desfile de las mujeres con sus atuendos de carnaval. Esas ropas son un
perfecto delirio y un ilimitado exceso; pero me resulta conmovedor y emocionante
que una mujer invierta su dinero, su imaginación y su vida con tal de sentirse
diosa por un ratito. Es de no creerse. Es un milagro.
Ya tarde, nos
dormimos, recuperamos algo de sueño y antes del mediodía, se cumplieron mis
peores temores: la guía nos llevó a conocer de cerca el Cristo de Corcovado. Lo
mejor fue el recorrido por una ciudad cuya albura y limpieza en algo recuerdan a
Mérida. Hay además una fuerte presencia del Siglo 19 y una vegetación sedante,
sensual, hospitalaria. Subir al Corcovado fue una hazaña tibetana. Todo mundo
quería hacer lo mismo y la peregrinación azteca mentó madres sin cesar. Cuando
finalmente llegamos, el Cristo estaba oculto por una nube. Súbitamente, ésta se
disipó. ¡Questo è un mirácolo!, prorrumpí yo y como ahí estaba un grupo de
italianos, éstos rompieron en vivas y aplausos. Les digo que somos...
Se
nos termina el año, lectora lector querido. No se inquieten en exceso. 2005 será
terrible para los políticos pero no para nosotros. Nosotros nos tenemos unos a
otros y así disipamos nuestras nubes. Desde el Río de Enero los abrazo y les
recuerdo que HOY TOCA.
ENVÍO
Estos renglones cariocas y
todo mi corazón pertenecen a Lily Dayán, la del amado corazón que me cobija y la
dueña del libro que me nombra.
¿QUÉ TAL DURMIÓ?
CDXLII
Comienzo otro año y los policías ni para atrás, ni para adelante.
¿Y la marcha?
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Rio de enero
Una observación muy importante con respecto a Brasil: queda
lejísimos. Por lo menos, lejísimos de México. El avión de Varig salió a las 6:40
de la tarde, tal como estaba anunciado y voló y voló y parecía que no iba a
llegar nunca. Aquí tengo que desandar un poco el camino para informar, nobleza
obliga, que el aeropuerto de la C. de México ya está un poquito menos arruinado.
Ya no parece Kosovo sino Beirut y todo parece avisar que en unas cuantas
semanas, la tarea habrá terminado. El caso es que, para mi sorpresa, llegamos
tempranísimo, descubrimos que no se había caído el mostrador de nuestra línea,
que documentamos en un periquete y que nos sobraron, con tal motivo, más de dos
horas para babosear por la terminal aérea en compañía de los Eléctricos (mi
familia política) quienes, como no tienen nada qué hacer, habían llegado dos
horas antes que los Dehesa con todo y el nacorocho del Bucles que, para hacer
este viaje, se atornilló una playera verdeamarehla que decía
RONALDO.
Jamás había esperado tanto tiempo en ningún aeropuerto; al
menos, no por mi voluntad. Cuando nos anunciaron que saldríamos por la puerta 32
me vino un maremoto interno. Los Eléctricos que siempre están demostrando lo
atléticos y unidos que son, emprendieron de inmediato la marcha. Yo rompí a
caminar muy despaciosamente en espera de avistar uno de estos carritos que dan
transportación interior. Apareció, lo detuve con adusto gesto, me trepé como la
bala y le dije: ¡a la 32 a toda marcha!. La espantosa velocidad que el
transporte adquirió me indicó que mi fuerte personalidad le había caído en los
purititos callos al conductor. Ibamos hechos la madre por el pasillo, la
multitud rugiente me enviaba mentadas varias y yo saludaba con gran majestad
como si estuviéramos en el Carnaval de Mazatlán y yo fuera la reina. Algo
precioso.
El vuelo no resultó tan lucido. El avión ya está bastante
carcacha, todo le suena y casi nada le sirve bien. Esto incluye a la tripulación
formada por un hato de mensos que todo lo quieren arreglar diciendo "obrigato".
Yo en general la paso muy mal en estos vuelos, pero ahora la pasé peor. Con la
cena me dieron un vino brasileño que sabía a Delaware Punch atepachado y
levantisco. Mientras los Eléctricos se dormían, una "Obrigata" me prestó una
videograbadora portátil con una ínfima pantalla donde se adivinaba una película
que, según creo haber entendido, nos contaba las aventuras de Sherlock Holmes en
Río de Janeiro en pos de un Stradivarius que por ahí se había perdido durante la
estancia de Sara Bernhardt. De hecho, la Bernhardt estaba pasando de testigo a
indiciada cuando ¡zhuuk!, se le acabó la batería al aparatejo y nada pudieron
hacer los Obrigatos.
En diez horas de aéreo insomnio hay espacio sobrado
para desesperarse, para aprender lenguas extranjeras, para leer las memorias de
Harpo Marx, para mentar genéricamente madres y para leer una muy buena antología
poética de Vinicius de Moraes (Ed. Visor). Este libro incluye un conmovedor
canto a la patria donde Vinicius le pide a los dioses un ánimo grandísimo que le
permita abarcar la inmensidad del territorio y de la pena brasileña; un poder
sobrenatural para remediar sus tremendas injusticias y para cambiarle ese verde
y amarillo tan feo que tiene en su bandera. Como tú sabes, lectora lector
querido, Vinicius de Moraes, creador de la Bossa Nova, es un brasileño genial
que no fue futbolista.
Tras una larga escala en Sao Paulo, hemos llegado
a Río de Janeiro (río de enero). Aquí es verano y el sol es dueño de todo. Un
cuñado Eléctrico pretendió traer desde México un bloqueador solar. Estás loco,
le dijo la Jaguara, los brasileños fabrican los mejores bloqueadores del mundo.
Ya fueron a buscarlos. Encontraron un Coppertone vencido.
¿QUÉ
TAL DURMIÓ? CDXLI
¿Y la marcha?
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¡Adioooos, Amigoooos!
Buenos Aires es una ciudad señorial y muy hermosa. Creo que
todos, yo en particular, la hemos disfrutado grandemente. Los potentes mitos que
se empozan en ella y las arrebatadas pasiones que van por sus calles como un
remolino exaltan a todos los que la recorremos. Y miren que, a estas alturas del
año, Buenos Aires no está para ser recorrida por nadie. Hace un calor infame. Es
pleno verano y el termómetro se acerca a los 40 grados. Nada que amilane a la
multitud de aztecas que por aquí andamos. Ayer, por dar un caso, saludé a la
mitad de los moradores de Tecamachalco que ya se nacionalizaron bonaerenses y
que han llegado hasta acá para olvidarse del segundo piso y de la señora Sahagún
(la Tsunami de Celaya).
Buenos Aires y Argentina toda están apenas
intentando salir de la crisis financiera más profunda y devastadora de su
historia. En términos generales, podríamos decir que están peor que México, pero
yo salgo a las calles de Buenos Aires y me siento seguro, la ciudad está limpia,
casi no hay graffitis, los lugares históricos están conservados con pulcritud y
amor y sus zonas verdes son enormes y merecen el respeto de todos. O sea que no
es cuestión de dinero, sino de cultura. Aquí nadie te vende consignas vacuas y
estúpidas como la de la "ciudad de la esperanza"; aquí todos trabajan
diariamente para que su ciudad siga siendo un espacio de realidades. Los
bonaerenses ya entendieron, no sin dolor, que las cosas están de tal modo
graves, que no podemos dejarlas en manos de los políticos que son un malvado
hatajo de acémilas.
No sé si les he comentado que mi suegra es terrible.
Apareció en su primera mañana en esta ciudad y nos anunció que nos esperaba un
guía y una camioneta. Aquí me detengo para hacer un profundo análisis de las
desmesuras capilares de my mother in law. Yo desde que la vi aparecer la
encontré sorprendentemente parecida a Harpo Marx, pero no acertaba a explicarme
lo que había ocurrido para operar una transformación tan espectacular. Fue su
hija bienamada y consorte de su Charro Negro la que inició una investigación a
fondo. Tan atinado fue el interrogatorio, que la verdad salió a flote. Resulta
que mi Suéter Azul, arrebatada por la argentina pasión, se arregló a mil por
hora sin reparar demasiado en los detalles. Para este delicado renglón llamado
"peinado", tal falta de miramiento fue catastrófico. Mi suegris suele traer
consigo un práctico recipiente con su shampoo y otro muy similar que contiene
Vel Rosita que siempre es tan útil en todos los viajes. Lo grave es
confundirlos. El pelo queda como de borrega de cuento, o como de Cachirulo. Eso
fue lo que ocurrió con mi suegrita que parecía la tía de Shirley
Temple.
Hecha esta aclaración vuelvo a la crónica de nuestra visita
guiada por Buenos Aires. Nuestro guía nos vio y decidió que caímos de lleno en
la categoría de turistas subnormales. Veremos algunos puntos de interés y luego
¡atención!, visitaremos la calle Caminito, la del tango, y ¡más atención!,
visitaremos los Estadios de Boca Juniors y de River Plate. Ante tal anuncio, él
esperaba una ovación cerrada, pero sólo obtuvo un discreto apoyo del sector
juvenil. Tomé entonces la palabra y le anuncié que veníamos desde casa del
demonio para visitar la calle Maipú donde vivió Borges, queríamos también
conocer Puente Alsina, el barrio de Boedo, el lugar donde se ubicó aquel
matadero del que habla Echeverría, el Cementerio de la Recoleta, la Casa de Bioy
Casares y los bares que frecuentaba Roberto Arlt. El guía nomás pelaba los ojos,
pero pronto llegamos a un avenimiento. Él nos mostraría algunos de los lugares
que yo le nombré; pero nosotros no podíamos irnos sin conocer ¡atención!, ¡los
Estadios de Boca Juniors y River Plate! Ya firmado este compromiso, nos lanzamos
a planchar Buenos Aires con inmenso fervor. Yo nunca había estado aquí, pero
calle a calle sabía que algo mío siempre ha estado aquí. La expresión platónica
de que toda ignorancia es un olvido y de que todo conocimiento es un recuerdo ha
adquirido para mí plena validez. Sitio a sitio me voy recordando en la lejana
Buenos Aires.
Si me acompañan en la próxima entrega les contaré lo
referente al noble oficio de paseador de perros y a la difícil relación de mi
suegra con el tango.
¿Qué tal durmió? CDXLVI
¿Y la
marcha?
ira, ahí va el Señor Loaeza. Así dijo con muy audible cuchicheo
una señora prófuga de la Navidad que fungía en su rebaño como Directora de
Comunicación Social. La oí, la volteé a ver con cara de "¿de dónde a mí tal
honor?" y ella pensó que un romance comenzaba a florecer: le mando un beso,
Señor Loaeza, me dijo con ostensible aunque distante coquetería. Decidí dejar el
asunto por la paz, aunque pensé: ahorita que pase la Jaguara va a decir: ahí va
la Chupitos. Todo esto ocurría en el Teatro Telmex, mientras una crudísima
multitud esperaba el comienzo de "El violinista en el tejado". No cabe duda de
que, para esto de la pachanga y la disipación, los mexicanos tenemos una
voluntad y una disciplina de hierro. El teatro estaba lleno (a mí me ha tocado
estar en el escenario y puedo decirles lo emocionante que es un teatro lleno).
Su Charro Negro marcado a presión por su familia política que, para efectos de
este contrato será conocida como "Los Eléctricos", había colaborado en razonable
medida a esta tumultuosa asistencia. Sólo faltaban dos Eléctricos: mi suegris
que trae una basurita en el carburador y un sobrino que, por tomarse en serio
esto de que está en fase de crecimiento, se zampó siete huevos, una pizza
gigante, algunos otros bocadillos y, hecho esto, se puso color lavabo del
ISSSTE, anunció que se estaba muriendo y azotó en el lecho del dolor. A mí lo
que me hubiera gustado habría sido quedarme a ver el juego Carneros-Águilas,
pero la Jaguara me explicó que la verdadera felicidad me estaba esperando en el
Teatro Telmex en compañía de sus parientes que, según ella, me quieren
muchísimo. Y pues fui.
A mis 60 años he descubierto que pretender
contrariar los designios de la esposa es como pretender alegarle al árbitro
cuando saca una tarjeta. Los jugadores experimentados sabemos que lo único que
nos queda es reanudar alegremente el partido.
Por lo que toca a la obra
en sí, me pareció que está muy bien puesta, que el primer acto es un poco largo,
que Pedro Armendáriz está muy bien y muy dueño de la escena (tiene eso que en
los toreros se llama "mando") y que me pareció excelso haberla visto con Osama
bin Bucles que tiene el cerebrín sobrepoblado de Nintendos y Yugui-O y que poco
o nada sabía de la humilde vida rural y de las persecuciones del hombre por el
hombre. Terminó la función, salimos del teatro, yo propuse ir al Charco de las
Ranas a echarnos unos módicos tacos estilo Paco Stanley (¿tampoco sabremos nada
acerca de esto?), pero los Eléctricos se rajaron (con un poco de suerte y de
marca presionada no es imposible que sean ellos los que no regresen del viaje);
así es que el matrimonio Loaeza Chupitos se trasladó por su cuenta al acreditado
merendero.
Ya es la mañana del martes 28. En dos horas más, estaremos en
el aeropuerto tipo Kosovo listos para emprender la expedición cuyo primer
"destino" es Río de Janeiro. Le tengo mucha confianza a un atuendo blanco que
llevo para el Año Nuevo y que, estoy seguro, provocará en las mujeres cariocas
enorme excitación. Estoy en la fase más horrible de todo viaje. La Jaguara
considera que vamos al corazón del África negra y que todo, incluso las
aspirinas (aspirinhas en portugués) hay que llevarlas desde la Delegación Álvaro
Obregón. Mi consorte también considera que, por un mínimo de elegancia, hay que
cambiarse de ropa tres veces al día. El resultado es que llegamos al aeropuerto
con unos maletones como si ya nos fuéramos a vivir a la Antártida. Hacer mi
maleta es un prolongado duelo a muerte. Ella pone 15 camisas y yo dejo tres;
ella empaca 10 pantalones, y yo dejo dos. Creo que por lo menos este round lo
voy a ganar. ¿A ti te gusta andar maloliente y fachoso?, pregunta la Chupitos.
Me encanta, respondo yo. Set y partido para el Señor
Loaeza.
Cuídenme el País
Ya me voy. Si algo se ofrece,
las llaves las tienen en Los Pinos (pregunten por la Señora). No le abran a
nadie y en particular no le abran a Madrazo ni a Manlio Fabio que ésos se llevan
hasta los tapetes de la regadera. Si se siguen bronqueando AMLO y Fox Esponja,
péguenles un grito: ¡que se esteeén! Yo no me tardo. Voyvengo. En lo que estoy
fuera, pregúntenle a Yarrington de dónde saca tanta pachocha para pagar sus
anuncios idiotas. Día con día les platicaré mis andanzas. Están
advertidos.
¿Qué tal durmió? CDXL
¿Y la marcha?
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La amenazante felicidad
Las mujeres siempre me han visto como una especie de caperucito
negro cuya única destreza es perderse hasta en el bosque de sus pensamientos.
Toda fémina que me avista se dice: ¡qué bueno que estoy yo aquí para traerlo de
regreso al buen camino!. Según esto, un hombre jamás discernirá por sus propios
medios lo que le conviene. El hombre es ofuscado por definición y siempre
precisará de una mujer que le muestre el camino, la dicha y la lux. Los hombres
sólo sirven para cambiar focos y para orientar antenas (aunque no es infrecuente
que se caigan y se pulvericen las fauces y la maternidad). De ninguna manera
estoy queriendo decir que esto sea cierto; los hombres servimos para muchísimas
cosas más (yo no, pero muchos pueden poner un DVD); lo que estoy denunciando es
la paupérrima idea que las mujeres actuales tienen acerca de la solvencia
intelectual y moral del género masculino.
Yo, por ejemplo, supongo que a
la Jaguara le caigo medianamente bien, pero de ahí a creer que ella confía en
las decisiones que yo voy tomando en la vida, hay un insalvable abismo. Los
hombres nunca saben lo que quieren, así piensan las féminas post-modernas y
añaden: cuando los hombres creen saber, lo normal es que estén a punto de
labrarse una infelicidad terrible, o una úlcera gástrica, o una estrepitosa
quiebra. Estas tragedias son algo que una mujer prudente, juiciosa y respetuosa
no puede permitir que ocurran. La felicidad del que todavía con cierta sorna
llaman "el jefe de la casa" es algo tan importante y delicado que no puede ser
dejado en manos de un badulaque que siempre trae la cabeza a pájaros y al que
sólo se le antojan cosas dañosísimas y mujeres del mal. Ésta es la salvífica
filosofía que gobierna y regula el proceder de la Jaguara para con su Charro
Negro. Atenida a ello y teniendo a la vista un razonable periodo vacacional,
ella ha diseñado un garantizado proyecto de felicidad para su irresoluto cónyuge
quien, de otra manera, ya estaría planeando con sus amigotes un viaje a Acapulco
para encerrarse a ver partidos de futbol americano hasta quedarse catatónico y
con cabeza de ovoide. Nada de eso, ha dicho la matrona. Para el bien común, lo
que corresponde es estar muy cerca de la familia de ella que es un bouquet de
puros encantitos y, por lo pronto, hoy lunes 27, acudir todos cual saltarina
manada a ver "Violinista en el Tejado" que es un grato numerito que exalta y
fortalece los vínculos familiares (¿para qué?). Como buenos nacos acudiremos
luego todos a una taquería lo que permitirá la feliz interacción de los
chiquitines, los jóvenes, los adultos y yo (me estremezco de anticipado
júbilo).
Pero falta el plato fuerte: mañana martes 28, si el Ejército de
Salvación no lo impide, o la PGR no me arraiga, volaré con el ya mencionado y
tonificante grupo a una gira sudamericana que abarcará Río de Janeiro, Buenos
Aires y Santiago con un pequeño paseo adjunto por los glaciares. En ninguno de
estos lugares he estado. Ésta es la parte más atractiva de la excursión. Buenos
Aires, la ciudad de sueñera y de barro que Borges caminó y cantó, bien vale esta
peregrinación indiana. La parte aterradora es la justificada sospecha que tengo
acerca de que mi suegris me quiera dejar en un glaciar. Una buena manera de que
esto no ocurra es anunciarlo aquí. Lo cierto es que la Jaguara dice que voy a
ser muy feliz. Si ella lo dice, es porque estudiado lo
tiene.
Los males
En el norte del país y particularmente
en Chihuahua el frío es terrible. La Operación Cobija necesita un apoyo
extraordinario (informes de 10:30 a 15:00 hrs. al tel. 5611 6513).
Con
respecto a esa brutal desmesura que fue el maremoto, creo que sólo nos queda
condolernos y hacer nuestra tanta pena. Como bestia terrible, el mar sacudió sus
lomos y los humanos, que tan alta idea tenemos de nosotros mismos, fuimos
aniquilados.
¿Qué tal durmió? CDXXXIX
Estamos en el
pasmado umbral que nos conducirá del 2004 al 2005. No hay en el horizonte nada
que abra un espacio para un fundado optimismo con respecto a la seguridad dentro
y fuera de nuestras casas. De ningún modo creo que esto se solucione indiciando
a Marcelo Ebrard, pero en algo se han de entretener nuestras fuerzas
policíacas.
¿Y la marcha?.
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Beau Geste (2)
En estas fechas soy nadie escribiéndole a nadie. Algo hay de insensato y de heroico en el hecho de estar policrudo, afriolentado, en mitad"de un desértico domingo y con pleno conocimiento de que en estos días aciagos llamados "Nemontemi" lo único que la gente hace es ponerse ceniza en la cabeza, romper sus cacharros y treparse a la banana acapulqueña. Duro oficio el nuestro éste de tomarle el recado al viento y convertirlo en una carta de náufrago que muy probablemente nadie leerá. Y aquí me tienen, triste y cuitado, teniendo el bellísimo gesto de enviarle al corresponsal inexistente una fugaz reseña de mis mexicanas Nochebuena y Navidad.
Aquí en la Capital, el día 24 tuvo la condición que ya es usual por estos pagos: la mañana es veraniega, pero en diez minutos, el día se emperra, se torna invernal y todos los ciudadanos adquirimos un color azul jaspeado bellísimo. La verdad, yo me sentía idiota abismático por empecinarme en trabajar mientras el resto de mis conciudadanos estaban en algún mall, o preparándose la primer cuba del día. Y ya en mi oficina tuve heroicamente que aguantar la ostensible molestia y la brutal presión del personal adjunto que me consideraba el directo responsable de no estar en el salón de belleza haciéndose rayitos (las mujeres) o de no estar en algún cibercentro comprándose la más reciente tarugada electrónica (los hombres). Ni modo, alguien tenía que trabajar en esta ciudad y mi gran sueño es ver que en el Congreso del Trabajo, ponen mi nombre con letras de oro (imagínense a R. Alcaine y a Hernández Juárez conmovidos hasta las lágrimas). Es más, si no hubiera ido a trabajar y no me hubiera afanado en devolver telefonemas pendientes y contestar los mensajes atrasados, no hubiera tropezado con una gratísima sorpresa navideña.
Como ya estarán informados, diciembre en general y la Navidad en particular me crispan grandemente. Si el 24 me encontraba de aceptable humor, era porque públicamente me había comprometido a proceder como una castañuelita, pero en mi secreto corazón, Scrooge demandaba sus fueros y me reclamaba mi infidencia. En ese momento, alguien depositó en mis manos un sobre tamaño carta de papel manila. Lo abrí y extraje una atenta carta firmada por un admirable escritor mexicano. En la carta, este hombre me anunciaba su regocijo por haber encontrado en esta vida a otro lector de "Beau Geste" y así, saber que hay alguien con quién poder platicar acerca de todos los enigmas y todas las grandezas que se hicieron presentes en Fort Zinderneff. El mensaje era en verdad amistoso y entusiasta y venía acompañado por un viejo ejemplar de esta novela en inglés y en edición rústica. Según me explicaba el autor de la misiva, ese ejemplar lo había acompañado a él durante toda su primera juventud y le parecía muy correcto que ahora me acompañara a mí en mi primera senectud. La carta la firma Carlos Fuentes y yo, además de agradecerla, me comprometo a cuidar del libro y a jamás sacarlo sin motivo ni enfundarlo sin honor. Convendrás, lectora lector querido, que este detalle de Carlos Fuentes es uno de esos bellos gestos de aquellos que yo les decía que le dan sentido a la Navidad y a la vida.
Muy conmocionado por la fineza de ese hombre que alguna vez ha desencadenado los apetitos más inconfesables de la Jaguara, me trasladé a mi programa de radio a conseguirme otra buena dosis de mentadas de todos aquellos que todo querían, menos trabajar. Concluyó la transmisión y comenzó la anual visita de las siete casas que este año culminó en el confortable hogar de mi amigo xalapeño que ¡hosanna, hosanna, colita de rana!, estaba rodeado de su esposa, de sus hijas e hijos y de sus ¡16 nietos! Nomás entré y comencé a sudar frío: la solicitud de posada estaba a punto de concluir e ¡imagínense la dicha! la vandalización de la piñata estaba a punto de arrancar. A prudente distancia permanecí unos minutos, saludé desde lejos a la concurrencia y a gran velocidad me alejé de tanta dicha.
En la casa ¡bendito sea el cielo! comenzaba a llegar mi familia política. Estas maravillosas personas me dieron tantos motivos de felicidad que prefiero detallarlos el día de mañana. Por lo pronto habrán ustedes de reconocer que escribir este artículo ha sido un Beau Geste.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CDXXXVII
¿Y la marcha?. REGRESAR AL ÌNDICE DE ARTÍCULOS DE DICIEMBRE
Un buen regalo
Canalla, egoísta, pocalucha, amargado, malmarido, rata inmunda,
gordo de Xochiaca, cara de perro, comecuandohay... todo esto y mucho más nos
puede decir nuestra dulce cónyuge si "el mero 24" persistimos en nuestra lealtad
a Ebenezer Scrooge, líder histórico e inspiración permanente en la lucha contra
ese epiceno gordinflas llamado Santaclós y su infecta corte de renos
alcohólicos, de enanos trisexuales y ahora con el añadido de un muñeco imbécil
que se llama Frosty (nombre Evenflo si los hay). Según me consta, los costos
sociales y morales son altísimos para cualquier Scrooge que se manifieste
dispuesto a no arriar banderas ni en plena Nochebuena. Sin restarle un ápice a
su heroísmo, nuestro maestro Ebenezer gozaba de la notable ventaja de la
soltería. No quiero ni pensar lo que hubiera hecho la señora Scrooge si su
marido le sale con que la Navidad es un petardo histórico y un vil salivazo de
cotorra. No quiero fantasear, pero mi conocimiento del corazón humano ("el
corazón humano de la gente" como dice Margarito Ledesma) me permite vislumbrar
una gritoniza horrible, un Támesis de llanto y un cierre definitivo, irrevocable
y por plazo indefinido del parque de diversiones por cuenta de la ñora Scrooge.
A nuestro maestro no le pasó, pero a nosotros sus fieles discípulos que
cometimos la nupcial imprudencia es perfectamente factible que nos ocurra y en
versión corregida, aumentada y con ilustraciones a color.
Ni porque era
Nochebuena quitaste tu carota, a mis hermanos los saludaste con mucha frialdad,
claro que les fue mejor que a mi mamá porque a ella ni de fingido le diste la
bienvenida, a mi sobrinita la Titis que te quería dar un beso le diste un
empujón y sus papás se dieron cuenta y yo tuve que hablar con ellos para
explicarles que estás muy tenso con lo de Tláhuac y no te creas que no me di
cuenta de que a cada rato te bajabas a ver la tele y de que te metiste en un
clóset con tal de no saludar a la tía Macedonia que te quiere tanto y que te
tejió ese gorrito con un Puma que tú luego dijiste delante de todos que estaba
bien piñata y ojalá hubiera tenido un espejo para que vieras la cara de horror
que pusiste con las mallas térmicas stretch que te dio mi cuñada y luego en la
cena parecía que te estábamos envenenando como al político ese de Cracovia que
lo acaban de dejar como malvavisco asado y bien que te vi y te oí cuando dijiste
que el relleno del pavo que prepara mi tía Urania Macotela era como lodo
radioactivo y que si nos comíamos eso íbamos a brillar en la noche y tengo que
decirte que si lo que te habías propuesto era estropearnos la Navidad a todos,
pero en especial a esos pobres niños que con tanta ilusión esperan esta fecha y
que ningún mal te han hecho, porque si te tiraron el ponche en los pantalones no
lo hicieron por mal, sino porque yo creo que el ponche salió muy cargado y todos
los chiquitines se pusieron a caminar muy raro y a gritar salvajadas, ya ves que
Agustinito se vomitó en los abrigos, pero el deber de los adultos es
consecuentarlos y no gritarles ¡pinches niños briagos! como tú lo hiciste y por
eso la Titis se soltó llorando y su papá dijo que te iba a romper la cara y yo
lo tuve que calmar; por eso te digo que si tu intención era estropearnos la
Navidad, lo conseguiste de manera maravillosa y tú no te imaginas lo horrible
que sentí cuando mi mamá me preguntó si eras drogadicto o por qué no los querías
y por eso pienso que ya es hora de que nos sentemos a pensar si nuestra relación
tiene sentido porque pensamos muy diferente...
¡Ni Manlio Fabio se
manda un rollo de este calibre! Si lo queremos evitar, si no deseamos que se
reitere a lo largo de todo el año, más nos vale archivar a Scrooge y
comportarnos de manera ejemplar durante la Nochebuena y la Navidad. Es lo que yo
me propongo hacer. Ese será el regalo que me haré en estos dificilísimos días.
Seré un anfitrión ejemplar, no me dedicaré a fregar a los niños, daré y recibiré
con todo júbilo los regalos y seré la alegría de la fiesta. ¿Por qué haces
esto?, me preguntarán mis discípulos y yo responderé como García Lorca cuando le
preguntaron para qué escribía: para que me quieran.
Además, no pierdan de
vista que HOY TOCA.
Lectora lector querido, te dejo aquí un abrazo entero
y nuevecito. En verdad, yo quiero mucho a mi gente.
¿Qué tal
durmió? CDXXXVI
¿Y la marcha?
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Gratitudes
Lo dice la sabiduría popular, pero aquí lo hemos reiterado: no es
bien nacido quien no es agradecido. Por esto quiero dejar aquí razonada y firme
constancia de que, aunque sea diciembre y los renos amenacen mi hogar y mi
estabilidad emocional (ya habló la lideresa de las mujeres iguana y me dijo que
hice muy bien al no publicar sus nombres); a pesar de todo esto, el
agradecimiento me inunda enteramente. Nada tengo de qué quejarme. Cada vez me
queda más claro que, cuando sucede algo malo, esto era necesario para que
sucediera algo bueno. Así pues, no me quejo y sí tengo muchísimos motivos de
agradecimiento con mi país, con su gente, con tantas amigas y amigos, algunos de
los cuales yo ni siquiera sabía de su existencia. Son ellos los que de
muchísimos modos se han hecho presentes. Me han enviado mensajes, las
solicitudes para darse de alta en el Club de Scrooge han sido más abundantes que
nunca, en la calle nos saludamos con entera y cómplice amistad, envían cobijas,
dinero y ofrecen su ayuda voluntaria. Aquí permítanme que me salga y no me salga
del tema para pedir a los habitantes del DF que recuperen en plenitud el sentido
de la vista y el corazón compasivo de modo que si encuentran en la calle a
alguien en situación de desvalimiento, peligro y abandono lo reporten al 5530
2336, o al teléfono de Locatel 5658 1111 para que así consigamos poner esa vida
a buen resguardo con una comida y una cama calientes. Ésta es una tarea del
gobierno del DF con la cual colaboro con plena alegría. En otros territorios
podemos mentarnos la madre, pero cuando están de por medio la vida, la salud y
el bienestar, todos tenemos que ayudarnos a todos.
Vuelvo al asunto de la
gratitud. Agradezco los innumerables parabienes y los exóticos regalos que he
recibido y que me conmueven hondamente. Me emociona no haber recibido ni una
sola corbata de dacrón, ni de nada; he recibido un solo Fruit Cake que venía
presidido por una tarjeta que ya traía seis o siete enmiendas en los apartados
de "de" y de "para". Ya se lo reviré a Roberto Madrazo y ya pensé que recibir un
solo Fruit Cake en esta época representa un promedio bajísimo y una situación
muy manejable. Me emociona y me asusta un poco comprobar la condición
heterogénea de mis amistades. Vienen en muchos colores y sabores. Mujeres,
hombres y jóvenes de muy diversas cataduras me hacen saber que tengo un lugar en
su hospitalario corazón. Muchos de ellos me escogen como su intermediario para
hacerse presentes en las múltiples urgencias y carencias de nuestra sociedad.
Mis amiguetes de Daunis me enviaron chica bolsota de tamales verdes y junto con
ella una carta de lo más emocionante. De igual manera procedieron las niñas y
niños sordomudos que han aprendido a escribir y que me cuentan de sus progresos
y me envían muchos buenos deseos que yo, desde luego, les reviro con mi resto.
La palabra "gracias" funda un territorio amplísimo. En él cabemos muchísimos:
mis muertos, mis vivos, mis doctores, mis colegas, mis amigos de toda la vida y
los de hace un mes, los que conozco y abrazo, pero también aquellos que
solamente son una dirección de internet y unas cuantas palabras que nos unen en
la esperanza y en la sonrisa común; caben también mis hijos, mi exposa, ese
difuso Dios con el que platico por las noches y esos seres que se acercan a
darme las gracias o a mentarme la madre y a preguntarme ¿qué quieres?... lo
importante es que para cumplir su encomienda han tenido que acercarse; gracias a
la muerte que no me ha visto, al Bucles que es una mañanita portátil, a toda la
buena gente que trabaja conmigo y me consecuenta y hasta me quiere, gracias a mi
suegra que pretende dejarme abandonado en un glaciar; pero sobre todo gracias a
mis amigas y amigos y muy en particular, a la Jaguara que ha resistido con
mexicana entereza la tentación de ahorcarme y me sigue queriendo por
misteriosísimas razones.
Me apena un poco tener que decir todo esto en
vísperas de la Navidad, pero lo cierto es que, aunque siento la muerte minúscula
al ver un trineo con renos y focos, en mi corazón puede más el agradecimiento
que es la vida mayúscula.
¿Qué tal durmió? CDXXXVI
El
estudio de la Sedesol indica que los mexicanos en la actualidad nos sentimos,
dentro y fuera del hogar, permanentemente amenazados. Mientras tanto, los
policías se culpan unos a otros.
¿Y la marcha?
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La noche de las mujeres iguana.
Por mi culpa, por mi grandísima culpa. No es posible
que el guía moral, el líder histórico del Club de Scrooge haya caído en tamaña
inconsistencia. Caí, fui débil, me cegué, lo hice por amor. Si estuviéramos en
otro país, esta aceptación plena de una falla tan grave tendría que venir
acompañada de mi renuncia irrevocable a todo cargo en la operación antinavideña.
Venturosamente estamos en México, así es que me limito a mostrar los dientes
superiores con ese estilo tan encantador que tiene Martín Huerta y a afirmar que
no renuncio y no renuncio y háganle como quieran; no tengo trono ni reina, pero
sigo siendo Scrooge.
¿Ahora no vamos a hacer el brindis de fin de año con todos los amigos?. Con
estas palabras emitidas por la Jaguara comenzó mi grave desliz. Si se fijan en
la redacción de la pregunta, no hay en ella la menor alusión a la Navidad en sí.
Probablemente haya sido por eso que yo, tras remolonear un poco, le concedí mi
entera autorización al proyecto. No lo dije dos veces. De inmediato la Jaguara
se lanzó a una de las tareas que más le gustan en la vida: se puso a hacer una
lista. Nunca entenderé por qué esto de buscar una alineación homogénea y hacer
una cuidadosa selección de candidatos con su correspondiente ubicación en la
mesa le produce tal júbilo. Enloquece. Si así trabajara, ya sería directora de
Telmex o de Enron. En esto de organizar pachangas la Jaguara es enteramente
confiable, así es que yo me despreocupé hasta hace unos días en que caí en la
cuenta de que nuestro agapito resultaría irremediablemente navideño.
Eso pensé, pero también pensé que si, a esas alturas, frenaba la vertiginosa
marcha de la multinombrada Jaguara, iba a tener que recoger los dientes en las
obras del Periférico. Guardé silencio y me dispuse a enfrentar lo inevitable.
Con este ambivalente ánimo llegué al lunes 20 que era el día señalado. Me apuré
con mis faenas y hacia las seis de la tarde, hice mi entrada al hogar. Los
maridos que me estén leyendo sabrán, como yo sé, de los malos tratos, peores
caras e innúmeras vejaciones de las que somos víctimas los señores que
pretendemos irrumpir en nuestro supuesto hogar a la mitad de los preparativos de
una pachanga. Nos tratan a patadas. Mi sacrosanto búnker fue transformado sin mi
autorización en bodega emergente. Ahí fueron a dar todos los triques, muebles y
porquerías que, a criterio de la señora de la casa, estorbaban, o se "veían
feos". Era absurdo pretender refugiarse ahí. Con todo el peso de los años subí a
la cocina a solicitar humildemente una taza de café. Desde las alturas me
fulminó una voz como de Jehová encabritado: ¡las muchachas están muy ocupadas,
¿que tú no tienes manitas?, ahorita no las distraigas, no seas inconsciente!.
Éstas son las ocasiones en las que un marido piensa seriamente en abandonar
tranquila y definitivamente el hogar, trasladarse al Parque Hundido, levantar a
una huilita e irse con ella a iniciar una nueva vida en los Tuxtlas. Me pareció
una reacción excesivamente drástica y opté por subir a la planta alta para
ponerme unos chiquiadores de lavanda y recostarme un rato. La recámara conyugal
estaba totalmente invadida por los tiliches y la camota era inaccesible. Me iré
al cuarto verde, pensé. Entro al cuarto verde y les juro que sentí que la sangre
se me hacía moronga y que los pelos (los de las axilas y los de la zona sur) se
me erizaban. Tumbadas cual leones marinos en el suelo y en la cama estaban las
cuatotas de la Jaguara con unas mascarillas relajantes, hipoalergénicas,
nutritivas y antiarrugas espeluznantes. Era como asistir a un ritual de
iniciación de los aborígenes australianos. Así echadotas parecían iguanas
gigantes o dragones de Komodo. Además, en cuanto me oyeron, se largaron a pegar
unos alaridos agudísimos como de guacamayas estranguladas. Decentes como son, me
mentaron la madre y me amenazaron con emascularme si publicaba sus nombres. No
lo haré. Tampoco estoy loco. Lo que en recta justicia he de decir es que la
pachanga, gracias a la anfitriona y a su escuadrón, resultó animada, memoriosa y
divertida. A las cuatro de la mañana me dormí y soñé con las mujeres iguana. Ya
perdóname, Scrooge.
¿Qué tal durmió? CDXXXV
Violencia, corrupción e impunidad. La fórmula que puede acabar con nosotros.
¿Y la marcha?
21 DE DICIEMBRE DEL 2004 Cuentos Chinos
Cuentos chinos
La mejor película que vi este año es china y se titula "Héroe". Yo aconsejaría que no se basaran en este juicio para otorgar ninguna presea. Las otras dos películas que vi este año fueron "El Espantatiburones" y "Fox Esponja". Habré visto unas cuatrocientas más, pero todas en DVD, o en la televisión de paga. Mi juicio es, pues, estrictamente de uso personal, pero debo insistir en que "Héroe" es un filme excepcional. Tanto impacto produjo en mí, que de inmediato instruí al personal de esta babilónica oficina para que fuera a verla. Compruebo que estoy rodeado de nacos por todas partes: la mitad se durmió y la otra mitad se dedicó a reírse. ¿Qué saben los burros de merengues?
Si todavía mi opinión significa algo en este mundo ingrato, hostil y navideño (¡argh!), háganme caso y sumérjanse en esa belleza, a la vez delicadísima y épica, que la cultura china ha creado en esta película. El uso del color, la batalla como fiesta, la soledad del poder, los deberes y el destino del héroe... hay tanto que aprender, hay tanto que disfrutar en esta grácil parábola oriental. Supongo que por pura malformación profesional, la secuencia que encontré más seductora en "Héroe" fue la de la ciudad de los calígrafos, una rojiza edificación en mitad del desierto a la que se retiran hombres y mujeres que desean aprender a dibujar su pensamiento de modo que éste trace su retrato, acuse el paso del tiempo y revele la ambigüedad de todo lo que es. Frente a un cuadrángulo de arena, practican los aprendices de calígrafo; en cuanto creen haber logrado algo, se acciona un rastrillo que lo borra todo. En esto consiste la tarea de escribir y la imagen es insuperable, sobre todo si remata, como ocurre en "Héroe", con los hombres del poder arrasando esta ciudad de los calígrafos que viene siendo la ciudadela de la memoria: sin signos, no hay recuerdos.
Esta morosa película tejida con seda y con hierro me avisó que los chinos vienen desde el fondo de la historia y vienen a adueñarse del mundo. Se supone que "Héroe" es una parábola (sin obligaciones con eso que los clientes habituales de "Starsky & Hutch" llaman "realismo") acerca del origen de China. Lo es, pero quien discierne sus orígenes adivina su destino.
"Héroe" es la cara luminosa de la moneda. El lado tenebroso nos está llegando a través de los periódicos. Fue mi amigo Abraham Lincoln (ya supondrán que es un seudónimo) quien me hizo reparar en lo catastrófica que es la información que nos llega acerca de los costos del "progreso" chino: Shanghai ya no es la ciudad de las bicicletas pues los automóviles la están saturando a una velocidad vertiginosa, el aumento de la contaminación es brutal, el índice de muertes por enfermedades asociadas al progreso y a la prosperidad aumenta también de modo incontrolado; la prisa y el ruido van adueñándose de la historia china que antes se desplazaba con lenta coreografía y, a ese paso, la meditada creación de una espada o de un signo caligráfico (que es otra espada) pronto serán polvo y olvido.
Algo hay de ejemplar en esto que, con torpes maneras, estoy contando. Alguna severa crisis interna hay en una cultura que hace una película como "Héroe" y que, a la vez, inunda al mercado mexicano con su morralla navideña, sus chanclas infectas que duran 72 horas y sus series de focos que garantizan el incendio de la casa. No es un asunto del que nos podamos desentender. Nos está pegando cada vez más fuerte. Para ellos y para nosotros, resolverlo está en chino.
La consulta de AMLO
No estoy de acuerdo. Después de las incuantificables tonterías, arrogancias (que también son tonterías), mesianismos y atropellos que AMLO nos despachó en el 2004, me pareció que lo correcto era hablar y votar en contra de su permanencia en el GDF (que, de cualquier modo, en un chico rato, va a dejar tirado). Tomé el teléfono y comenzó un ataque frontal al derecho ya consagrado a emitir un voto secreto. Si les doy los datos claves de mi credencial, me vuelvo perfectamente identificable. Realmente a mí me valió gorro y voté por el "no", pero dejo constancia de que la votación fue irrisoria y de que se hizo contra la legalidad (ésa que a AMLO le importa poco o nada).
Envío
Para Denise Dresser. Leerla es fundar el México que deseamos.
¿Qué tal durmió? CDXXXIV
¿Y la marcha?
REGRESAR AL ÌNDICE DE ARTÍCULOS DE DICIEMBRE20 DE DICIEMBRE DEL 2004 Beau Geste
Beau Geste
Quizá todavía quede por ahí algún lector de esta novela de P. C. Wren que constituyó uno de los mayores deleites de mi infancia. La habré leído entre los nueve y los diez años, porque a esa edad mis lecturas pasaban casi forzosamente por la aduana materna y mi recuerdo de "Beau Geste" está vinculado de modo estrechísimo al de mi venerada coautora. Fue un libro que casi leímos juntos. Ella patrocinó su adquisición, guió mi lectura, me hacía exámenes parciales y disfrutó mucho la feliz terminación de esta aventura. Para mi madre -y creo que no le faltaba razón- era fundamental que yo aprendiera que una de las obligaciones primordiales que tenemos en esta vida es aprovechar cuanta oportunidad se nos presente de tener un bello gesto (beau geste). Si me apuran un poco, ésta puede haber sido la mejor y más durable enseñanza que mi devota madre me dejó. Hagan de cuenta que esta noción del "bello gesto" se alojó en mi mente, en mi espíritu y en mi corazón como núcleo de la ética con la que he intentado, no siempre con éxito, gobernar mi existencia. Alrededor de esta columna central, mi novelesca mente fue incorporando valores como la dignidad, el respeto, la valentía física y moral, la coherencia entre el decir y el hacer, la disposición a mirar desde el otro, con el otro, por el otro; el compromiso con la palabra empeñada, la sagrada amistad, la generosidad que para serlo tiene que ser leve y alegre, la factibilidad del heroísmo y la compasión como disposición natural y permanente. En esto creo. En esto comencé a creer a partir de aquella lectura de una historia ambientada en el duro mundo de la Legión Extranjera. De ninguna manera intento decir que mis ya largos años de existencia han estado dedicados a la implacable observancia de estos principios. Ni de lejos. Además, como bien te consta, lectora lector querido, los perfectitos son muy mamucos y yo creo que un buen pecado de vez en cuando es buenísimo para el cutis y nos relaja muy rico el alma. Ya luego es cosa de rezar un poquito, porque como dice mi gente: el que peca y reza: empata. Así pues, lo que aquí he hecho ha sido enunciar estos valores que siguen siendo, aunque pierda el rumbo con alarmante frecuencia, las luces que orientan mis navegaciones por la procelosa vida mexicana.
¿Y todo esto para qué? Ahí voy, no me presionen. Mi punto de llegada es el siguiente: la Navidad tal como la vivimos ahora es pestífera, consumista y naca. Las almas sentimentales, sensibles, sensitivas no nos hallamos en estos festejos presididos por Santaclós, ese panzón, cocacolero, infecto y que se ríe como Alejandro Encinas. Unas fiestas validadas por una montaña de regalos, casi todos ellos de gusto dudosísimo y de nula pertinencia (a mí, ¡a mí!, ya me regalaron alguna vez una herramienta que, según me explicó el donante, facilita muchísimo el aflojamiento de bujías. ¡Háganme el C. favor!, ¿a quién le voy a andar yo aflojando las bujías?). Scrooge está adquiriendo un liderazgo mundial, aunque hay que reconocer que las familias que siguen aferradas a los romeritos y a los regalos son todavía la aplastante mayoría. En tan adversas condiciones, creo que el único remedio para hacer llevaderas las navidades es tener esos bellos gestos que son como fugaces pero ciertísimos vislumbres de la enorme capacidad de bondad y de generosidad que tenemos los humanos. Ésta es la estrella que brilla en la eterna noche de mi desconsuelo. Los bellos gestos me confortan grandemente e igual pueden constar de un donativo para Operación Cobija (Inf. 56 11 65 13) que presentarse, así sea tardíamente, en la gallarda rectificación pública que hizo Santiago Creel de la magna mensada que dijo acerca de J. Reyes Heroles. Tú, yo, cualquiera podemos aliviar la Navidad con algún arrebato de generosidad. Acepten mi consejo, navideños dolientes de todo el país: un bello gesto hace todo mucho más llevadero.
¿Qué tal durmió? CDXXXIII
Los resultados de las encuestas hechas por Sedesol no pueden ser más aterradores. Quizá la cifra demoledora sea ésta: de cada 100 delitos que se cometen en México, 97 quedan impunes. Frente a todo esto ¿cómo le hacen para dormir bien y cobrar sus bonos nuestros funcionarios y autoridades? Ya podrían tener el bello gesto de renunciar (e ingresar a la delincuencia, que es su verdadera vocación).
¿Y la marcha?
REGRESAR AL ÌNDICE DE ARTÍCULOS DE DICIEMBRE17 DE DICIEMBRE DEL 2004¡No se acomiden!
¡No se acomiden!
Mi madre era una extraña cruza entre Juana de Arco y La Llorona. La expresión que le da título a este comunicado la usaba como una suerte de cotidiano grito de batalla, o como una declaración de apertura que antecedía a una larga enumeración de tareas incumplidas por el resto de la familia y que ella tenía que realizar "porque nadie se acomedía". Lo normal en estas sesiones de desfogue verbal era que remataran con un "y ni siquiera sé por qué les estoy diciendo estas cosas; conociéndolos, ya sé que estoy perdiendo mi tiempo, pero es que deveras ustedes sooon...". A estas alturas, mi papá ya se había ido, mi minúscula hermana se ponía a estudiar el aparato digestivo y yo me sumergía en el atractivo universo de Alejandro Dumas. Conmigo, como era el único que eventualmente la pelaba, se seguía de frente y me decía: ¿no te da vergüenza a tu edad estar tiradote leyendo un libro? Por encima del libro sacaba mi dedito y decía que no y esto precipitaba el gran final: ¡pero un día te faltará tu madre y ya verás que te agarras una oreja y no te alcanzas la otra! Creo que hasta la fecha no acabo de entender el hermético sentido de esta maldición materna. Sólo puedo decir que ella ya murió y que yo la extraño, pero no tengo ningún problema para alcanzarme las dos orejas (¿o sería con la misma mano?).
¡No se acomiden! era la exclamación cotidiana. En diciembre la situación doméstica se tensaba aun más y lógicamente mi augusta mater gritaba más seguido y más fuerte. Toda mi infancia la pasé sin entender por qué las mujeres decembrinas se entregaban a esas orgías de preparativos para una ceremonia que abarcaba, a lo mucho, cinco o seis horas. Mandar las tarjetas de felicitación, comprar los regalos, confeccionar una canasta para el jefe del marido, arreglar la casa, comprar el árbol y las cosas del nacimiento, bajar las series de las esferas y los focos para el árbol, descubrir que las esferas estaban hechas pinole y las series de focos chisporroteaban de horrible manera, comprar refacciones, matar al guajolote que llevaba un mes engordándose en la azotea (oceánico llanto de Hospicia que ya le había agarrado cariño a "Nicolasito"), adquirir en "La Negrita" en el centro de la ciudad los ingredientes para preparar el bacalao que era la pieza fuerte de la gastronomía materna (se tiene que hacer con bacalao Langa y con aceite de oliva español, porque yo porquerías no preparo, mijito), poner el árbol y descubrir que la maravillosa punta plateada que remataba esta obra de arte era ya sólo un recuerdo pues ya ves que tu tío Pepe a la segunda copa se pone muy mal (y a la segunda botella, peor) y por sacar un regalo, se fue sobre el árbol y mira nada más cómo le dejó la punta que es carísima; poner el nacimiento con su espejito de agua con cisnes y un tiburón de hule que yo tenía y colocar con gran cuidado "el Misterio" (que es finísimo, porque es español) y oír el alarido ¡Hospiciaaa!, ¿quién le rompió su manita a la Virgen?... pusepa, ¿no se habrá roto solita?, pegarle su manita a la virgen, dejar el pesebre vacío y rodeado de unos pastorcitos de cinco centímetros y unos borregos monstruosos como de 30 cms. de alzada, adornar la casa, poner el cirio pascual, las coronas de adviento, envolver los regalos con un papel megacursi, entreverar los roperazos con mucha cautela para evitar el efecto bumerang, adherir unas tarjetitas que decían "de" y "para" que a mí me encantaba revolver de modo que mi tía Aurora en plena artritis recibiera un balón de futbol americano, inyectarle brandy al guajolote, ir al salón de belleza, supervisar el ponche, estrenar ropa exterior para la cena y ropa interior por si había milagrito en el pesebre, poner la mesa de modo que todos la chulearan y muchas tareas más que sería prolijo enumerar, pero que a mí me tuvieron siempre en el asombro. Esas recias ñoras tendrían que haberse caído muertas. Lejos de eso, todas disfrutaban la Navidad y todas enviudaron con mucha dignidad.
Recordando esto y puesto que sigue vigente el hecho de que nadie se acomide, entiendo que las mujeres actuales prefieran dedicarse a jugar futbol. Un último aviso: en espera de que se acomidan, les recuerdo que HOY TOCA.
¿Qué tal durmió? CDXXXII
¿Y la marcha?
REGRESAR AL ÌNDICE DE ARTÍCULOS DE DICIEMBRE16 DE DICIEMBRE DEL 2004Un portal de libros
Un portal de libros
El frío ha decidido pasar una temporada en la Ciudad de México. Por razones todavía inescrutables, los capitalinos vivimos convencidos de que en esta ciudad los 365 días del año reina un clima sosegado, cálido sin ser extremoso, suavemente húmedo y deleitosamente subtropical. Lo más parecido al paraíso terrenal. Eso pensamos y desde ahí vamos de asombro en asombro cuando llueve, cuando se deja venir el viento con o sin asfixiantes tolvaneras adjuntas, cuando cae la bruma, o cuando el cielo nos envía unos granizos como pelotas de golf. Con esta enumeración que no es exhaustiva ya juntamos 320 días del año; 320 días que nos resultarán irritantes porque no son como tendrían que ser. Recordando a Pedro Aspe, diré que el buen clima de la Ciudad de México es ahora un mito genial. A lo mejor, cuando llegaron los españoles, el alto Valle del Anáhuac era un agasajo climatológico; pero hoy es un adverso enigma y un impredecible desorden. En esta sobrepoblada capital, los días son como muestrario de climas y entre el brumoso amanecer y la drástica noche, pueden concurrir todas las estaciones. Hoy, miércoles 15, amaneció frío (me cuentan), luego calentó y hacia las dos de la tarde, todo se fue al demonio y la congelación me va trepando por las piernas como la muerte a Sócrates. Lo único que desearía en este momento sería forrarme con una cobija y ponerme a leer hasta que se larguen los Reyes Magos quienes, según cuenta la leyenda, venían a pasar la Navidad con la familia Holy, pero la salida Belén del Eje Oriente se congestionó y llegaron hasta el seis de enero. Ya no sé ni lo que digo. Scrooge me gana por momentos. Me pongo a pensar en los tropeles de señoras en Perisur o en Pericoapa, o en aquellas otras que le están poniendo a la tapa de su baño el forro de fieltro con un santaclosito que se tapa los ojos y están oyendo villancicos con Los Pedroches y, como diría Díaz Mirón "un relámpago enciende mi alma negra" y todo mi ser se llena de santa y justificada ira. Sólo las perdono, señoras, porque no saben lo que hacen, ni lo que lastiman mi idea de lo humano y lo digno cuando instalan los gigantescos renos con focos y los muñecos de nieve inflables. Yo moriré siendo fiel a Ebenezer Scrooge, ese admirable paladín de la mesura decembrina. No cuenten conmigo para sus ruines brindis, ni para los pestíferos intercambios de regalos. Con fecha de hoy, paso a retirarme a mis cuarteles de invierno donde me estoy construyendo un portal de libros que me servirá de refugio para el frío y para defenderme de las bandas de caperuzos gritones que están abriendo y descomponiendo regalos.
Como pieza angular y fundacional de mi portalito colocaré la excelente y económicamente accesible edición del Quijote patrocinada por la Real Academia y publicada por la editorial Alfaguara. Aun siendo Scrooge intenso, tengo que agradecerle al buen amigo que me envió este libro y así me dispensó de un Fruit Cake. Es una edición sobria, hermosa, manejable, con un excelente aparato crítico y algunos ensayos introductorios que suenan muy antojables. Leer cada año el Quijote es como echarnos las cartas para adivinar nuestro presente tan ilegible entre la niebla política y el ruido mediático.
Si el Quijote será el piso firme de mi portal, la techumbre también se adivina muy sólida pues la voy a construir con la "Vida de Fray Servando" de Christopher Domínguez Michael, admirable crítico y ensayista que acomete ahora la difícil y hermosa tarea de atrapar el ser y la imagen siempre en fuga de Fray Servando Teresa de Mier. Es una obra que se construyó prolijamente con cuidado y genio. Es enriquecedor y justo acercarse a la aventurada y heroica existencia de uno de los mejores mexicanos del Siglo 19.
Así pues, ni me busquen. Me retiro a leer en el pabellón de la límpida soledad. Llevo conmigo otros y variados libros que me servirán para edificar mi refugio navideño. Ya hablaremos de ellos. Me voy, tengo mucho frío y nos urgen cobijas (inf. al 5611 6513).
¿Qué tal durmió? CDXXXI
Un secuestrado denuncia la perfecta inutilidad del 060. Una radioescucha me informa de un primo suyo que fue secuestrado y asesinado después de cobrar el rescate. Un video muestra la pasmosa ineficiencia de la Policía. AMLO no se inmuta y dice que se hizo lo humanamente posible.
¿Y la marcha?
REGRESAR AL ÌNDICE DE ARTÍCULOS DE DICIEMBRE15 DE DICIEMBRE DEL 2004 Situacion Complicase
Situación complícase
México está viviendo un horripilante periodo gótico-chocarrero. Ejemplos hay muchos, pero ninguno tan fuerte, tan dramático y tan extravagante como el asesinato de Enrique Salinas de Gortari. El asunto ya era desorbitado y estaba plagado de contradicciones, vacíos lógicos y piezas que no embonaban. Así las cosas, vino el buey y dijo muuú: apareció el afamado investigador internacional Johnny Sandoval and Ñíguez y nos espetó una teoría impecable y diamantina. Según el místico investigador, Enrique Salinas de Gortari no ha muerto, sino que, según le confió el Espíritu Santo, se fue a trabajar de testigo protegido, pues de otra manera no se explica la inmediata incineración, el revelador video de Huixquilucan que no revela nada, la falta de una autopsia a fondo y la no presentación del cadáver en los medios (todo esto nos lo comunicó en dialecto guadañol con traducción simultánea). Lo peor es que no sería imposible que el prelado rayado tuviera razón; aunque yo me inclino más por la teoría del episcopal mezcal abundante y tempranero. El caso es que esta joya del arte deductivo la cinceló el socio de Chema Guardia y del Negro Crawford a lo largo del día lunes y ya para el martes, a la hora que le habló Loret de Mola, el espiritual detective ya se había fruncido y contestaba con puras evasivas y sinrazones y creo que así nos vamos a quedar, porque el sanguíneo purpurado dijo que ya no lo estuvieran fregando y que ya no iba a decir nada, porque además a él ni le importa el caso (por ahí hubiéramos comenzado) y que ya se había dado cuenta que el chico Loret lo quería agarrar de bajada y en calidad de cuerito botanero.
Total que en este bello país no son serios ni los crímenes terribles (ni los Cardenales). Con todas las reservas del caso, o como dirían los latinos cum grano salis, yo comparto muchas de las extrañezas del Jamaicón místico y añado otra: la carta. No me preocupa tanto la redacción que es horrenda y, por lo mismo, perfectamente a la altura de la descalabrada escritura de nuestras clases acomodadas. Lo que me preocupa de ella es su mágica aparición (en general, Navarrete Prida en el gustado papel de un científico y pulcro Elliot Ness, no acaba por convencerme) y su precisa imprecisión (lo han presionado, cerró su changarro, los amigos son filtradores, peligros para la seguridad propia y de su familia y esto y lo otro, pero en resumen nada). La carta toda es un prolijo galimatías que puede significar esto, o lo totalmente contrario y así, lejos de aclarar algo, aumenta la confusión. Ya ubicados en esta tierra de nadie, viene a escena Raúl Salinas y le envía una carta a "Proceso" cuya copia llega a las manos de todos los que hemos opinado acerca de este muy ingrato asunto. Según el escrito de Don Raúl, la culpa de la muerte de su hermano es de esa revista y en particular de María Scherer Ibarra quien reveló algunos detalles del divorcio del difunto. Entiendo la pena de la familia Salinas, pero me parece que esta adjudicación es enteramente gratuita. Se me hace más lógico pensar en los más de 100 millones de dólares que andan bailando allá en Europa (y ya que hablamos de esto: ¿al Gobierno de México no le llama la atención esta cantidad brutal y desmedida y no lo mueve a pedirle a la familia Salinas alguna explicación acerca del origen de esta vasta riqueza?) y se me ocurriría pensar también en la cada vez más obvia intención que había manifestado Carlos Salinas de "participar en el proceso interno" de selección (o sobrevivencia, lo que ocurra primero) del candidato priista para la elección presidencial de 2006. De esto nada dice la carta de Don Raúl y así, no hay modo de otorgarle credibilidad a nadie. Y a lo mejor, nada de esto es relevante, porque como bien dijo Hércules Sandoval y Poirot: total, a mí qué me importa. En eso, no me lo negarás, lectora lector querido, lleva razón el Rayo tapatío y ya mejor nos valdría ponernos a pensar en el mula frío que está haciendo en la Capital (¿alguien sabe cómo quedó el concurrido "plebiscito telefónico" que se organizó AMLO?) y en lo urgente que se ha vuelto la "Operación Cobija" (informes al tel. 5611 6513). Y ya me voy. Llevo dos brindis navideños y ya siento ganas de internarme en terapia intensiva.
¿Qué tal durmió? CDXXX
Espero, señores de la justicia, que hayan dormido encuerados y sin cobijas.
REGRESAR AL ÌNDICE DE ARTÍCULOS DE DICIEMBRE14 DE DICIEMBRE DEL 2004Los Pendientitos
Los pendientitos
A mí la ira me ciega y cuando me ciego no veo. Pensarán que es broma, pero es algo comprobadamente real. Sólo esto puede explicar que, con tantos y tan gratos pendientitos como tenía yo en la vida, haya dedicado mi artículo de ayer a ajustar cuentas con un calamitoso y execrable par de antiguos alumnos quienes, mucho me temo, en nada cambiarán su luminosa trayectoria siempre al servicio de la patria. De cualquier manera, no es cosa de hacerlo todo en espera de algún provecho. Como bien te consta, lectora lector querido, una buena mentada de madre, más allá de que sea útil o no, siempre logra que nos descanse el alma, se nos relaje el cuerpo y el estrés se disipe. Es mejor que el Pilates.
Ya con el alma sosegada, procedo a darle curso a esa información que a mis lectoras y lectores decembrinos, ya brutalmente etilizados y ahítos de villancicos, los tenía gravemente inquietos. ¿Terminaste tu pastorela?, pregunto yo haciendo el papel de tú. ¡Sí la terminé!, gracias a la colaboración de la gran Rosachiva que terminó este proceso creativo con cierto daño cerebral. La terminé, la ensayé y, en mitad de un clamoroso ambiente, la estrené. Fue un estreno memorable porque pude compartir el escenario con Andresito que, con aceptable solvencia, hizo el papel del "Querubín Slim" que pretende convertir a Belén, Sonora, en Territorio Telcel. Estuvo atoamaye.
Como bien se le advirtió al público: la función comenzará media hora después de que termine el juego Monterrey-Pumas y, en caso de que gane el Monterrey, la función se suspenderá por muerte del autor quien se autoasfixiará con una bolsa de Femsa (por cierto, mis felicitaciones a la comunidad regia que, allá en el estadio del TEC se pronunció individual, pacífica y unánimemente a favor del señor Montealegre tan absurdamente encarcelado por su supuesta participación en los hechos de Tláhuac). Como ya es de todos sabido y de muchos disfrutado, los Pumas al mando de Hugo Sánchez (siento que lo estoy queriendo) obtuvieron el bicampeonato, cimbraron al Ángel titular de esta columna (en la Ciudad de México) y se han convertido en el verdadero gabinete de gobierno (¡Beltrán para Gobernación, Leandro para Relaciones Exteriores, Kikín para Hacienda y Hugo para Vamos México!). Gracias a esto, pudimos tener estreno y que éste se cumpliera en una atmósfera tan propicia. Nuestro País está urgido de esas buenas noticias que en este año han sido tan escasas. Haciendo velozmente memoria, señalaría la marcha ciudadana, el exitoso Teletón, la firmeza de la macroeconomía, el rescate de Chapultepec, la cada vez más articulada insurgencia femenina, la creciente ciudadanía progresista, un combate a la pobreza, aunque insuficiente, mucho mejor planeado y aplicado y, por supuesto, el doble campeonato Puma que ha venido a inyectarle un brío particular a la juventud de México y, como bien nos consta a mi amigo Xalapeño y a su Charro Negro, a la senectud también.
Es claro que con tanto jelengue mi cansado cerebro que alegre de Guaymas salió una mañana, ya no sepa ni dónde ponerse los chiquiadores. Yo no sé cómo voy a acabar este diciembre negro, pero por lo pronto estoy empelotadísimo. Ya sé que quedé con ustedes de que platicaríamos acerca de la macabra carta de Enrique Salinas (y de la otra, no menos macabra, que Raúl le envió a "Proceso"). Me urge que nos preguntemos juntos ¿qué se trae Cuauhtémoc con AMLO y qué se trae AMLO rodeándose de seres tan turbios como Camacho o tan pazguatos como Ortíz Pinchetti? Otro pendiente: ¿de dónde sacan dinero Yarrington y Montiel y Núñez Soto para sus fastuosas precampañas mediáticas (Yarrington en particular gasta como si fuera narco)?
¡Puros pendientes! A ver si esta semana me pongo al día y cumplo con ustedes mi débito conyugal. Lo intentaré, pero me traen fregado a punta de telefonemas.
En este momento acaba de hablar uno de los "Sopranos": Emilio Chuayffet que me explica con voz quebrada y casi lacrimosa que ese dinerito extra que se van a embolsar será para repartirlo entre la "gente necesitada" de la Cámara y que el PAN se abstuvo, el PRD votó en contra, el PRI le entró jubiloso; pero todos van a cobrar los 60 mil pesos que le corresponden a cada padre de la patria. Correcto. A ver si mañana puedo salir de los pendientes.
¿Qué tal durmió? CDXXIX
¿Y la marcha?
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Contra la luz
"Traigo conmigo un tormento/ que en mi corazón se ve/ sé lo que siento y no sé/ la causa porque lo siento." Así escribía Sor Juana, la notable precursora de Bejarano. Sin su virtuosismo verbal, yo también alojo en mi espíritu un tormento que ha venido incubándose a lo largo de varios años. Mucho tiene que ver con mi profesión de maestro y de la intransferible experiencia que se vive al mirar la trayectoria de esos seres humanos que fueron tus alumnos para luego proseguir su vida. Me imagino que es un proceso fundamentalmente ilusorio pero inevitable: si aquellos chicuelos y chicuelas que me fueron confiados, a veces hasta por tres años, resultan personas de bien, sabias para vivir y leves para el mundo, me invade un orgullo enorme pues siento que, en alguna dosis, soy parte de ese éxito; pero si ocurre lo contrario, si algún alumno resulta a la larga un truhán, me invade una tristeza enorme y una molesta sensación de futilidad. Estos personajes representan para mí, ínfimas pero abismales encarnaciones del misterio del mal, en su faceta más cegadora: la perversidad gratuita. Algo dice San Agustín acerca del mal gratuito; ese mal en el que incurren y persisten los que han recibido de la vida todas las oportunidades no tan solo para conocer el bien, sino todas las ventajas (que, por lo visto, no acaban siendo tan ventajosas) que esta vida puede ofrecer: salud, alimentación, buenas condiciones de vida y una privilegiada educación. Éstos son los que pecan contra la luz.
Durante 40 años he sido, con eficiencia que no me toca a mí juzgar, maestro de literatura. Quizá porque era yo muy joven y porque mis alumnos lo eran más, recuerdo con especial cariño aquellos siete años durante los cuales fui clasifundista (diez horas diarias) en el Centro Universitario México (el CUM). Tuve cientos de alumnos que ahora encuentro por la vida. Con dificultades o con facilidad, los recuerdo a todos, disfruto, como si fuera mérito mío, sus éxitos o su bondad y, en su caso, me acongoja su ruina moral. A este respecto, dos alumnos en particular me desquician: Roberto Madrazo y Emilio Chuayffet. Por el primero, hablan sus bribonadas y desmanes; los hechos calumniosos en los que me incriminó y que jamás aclaró ni en público ni en privado, su absoluta falta de palabra, su lealtad a la deslealtad, su permanente conspiración contra la actual Presidencia y su obsesión por conquistar Los Pinos al costo que sea; Roberto Madrazo jamás ha reparado en costos y en su maniática porfía esgrime (y no sería imposible que hasta él mismo se lo creyera) que todo es por el bien de México (y esto lo hace con la misma "autoridad moral" con la que Bartlett nos habla de soberanía y nos regaña y con la que Manlio Fabio se nos presenta como humilde y dócil "representante popular"); todo es para el bien de México y para el bien de su partido que es el único, piensan ellos, que puede y merece gobernar a nuestra patria. Puras mentiras e insostenibles coartadas morales. Estos seres sólo se sirven a ellos mismos y no está en ellos la grandeza moral necesaria para pensar con amor y compasión, ya no digamos en un país; pero ni en su colonia.
Madrazo jamás tuvo pasión por la literatura; quien sí la tuvo fue su actual ayudantito Emilio Chuayffet, aventajado lector y redactor. Para lo que le ha servido. Muerto políticamente, fue resucitado para cerrarle el paso a la Gordillo y para "dirigir" a la tricolor borregada legislativa. Su última fechoría fue ésta de embolsarse los millones que no fueron ejercitados en la Cámara. Más dinero para financiar inútiles. Cuando fue interrogado, contestó que él de cuentas no sabía. Si no sabía, ¿cómo se atrevió a meterle la mano al presupuesto de la nación? A nombre de su partido, podría haber propuesto que ese dinero se aplicara a una causa útil para ese México que dicen amar tanto. Ni por la cabeza les pasó.
Don Roberto, don Emilio: cada vez que recuerdo que fueron mis alumnos, me pregunto: ¿en qué fallé?, ¿por qué fracasé tan enteramente? Creo que yo siento más vergüenza que ustedes.
¿Qué tal durmió? CDXXVIII
Las muertas siguen muriendo y la horrenda nómina sigue aumentando. Sobrevive la pregunta: ¿Y la marcha?
Fin de fiesta
¿Cómo no te voy a querer? Bicampeones somos. Espero pronto pago. Abrazo regios.
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Escribo que escribo
Yo sigo escribe y escribe. Todavía recuerdo que en 1966 escribí mi primera pastorela y la terminé media hora antes de alzar el telón. La juventud es muy irresponsable. Ahora voy a concluir casi 24 horas antes del estreno. Como dicen los Presidentes de México: no es hora de festejos anticipados, pero estamos en el rumbo correcto. Escribo el texto teatral, escribo mis cotidianas colaboraciones, escribo textículos navideños y no me queda claro si escribo porque entiendo, o si escribo para entender.
No ha mucho, mi amiga Ángeles Mastretta, marquesa de Valsequillo, me comunicaba esa emocionada perplejidad que le nació cuando cayó en sus manos una edición en ruso de su novela "Mal de Amores". Impresa como está en caracteres cirílicos, todo esto exigió un enorme acto de fe para una mexicana que, aunque es bilingüe (habla también mazahua), no tiene la más mula idea de la caligrafía rusa y ni siquiera recuerda haber firmado un contrato para la traducción y edición de su obra en la noble lengua de Tolstoi. Su Charro Negro piensa que ya en esos extremos, lo de menos es entender. Ha de ser muy emocionante imaginar que esos trazos figuran y dibujan el rostro de una escritora mexicana. Toda proporción guardada, llevo un buen tiempo de sentir que estoy escribiendo en caracteres cirílicos y me veo obligado a creer que significan algo y que dicen lo que yo pretendo decir. Ojalá.
¿Para qué escribir? Está todo el país viviendo el ominoso prólogo de la abierta batalla por el 2006. Ya podrá Fox intentar frenar a deshoras el futurismo político, ése que a él lo llevó a la Presidencia. La guerra ya se declaró de modo tan encarnizado y sordo que ni siquiera están los territorios delineados con nitidez. Entre los mismos protagonistas de esta rebatinga, nadie sabe en verdad para quién trabaja, imaginen lo que nos ocurre a los que, cerca o lejos, estamos fuera. Yo, por ejemplo, me declaro totalmente inhábil para intentar una hipótesis acerca de lo que pudiera haber detrás del asesinato de Enrique Salinas (Big Brother is watching, at least in Wuixkylukan). Puedo hacer decenas de ejercicios de política-ficción, pero no tengo el menor asidero para afirmar nada de modo concluyente. Aquí es donde las palabras pierden toda su aptitud y el acto de escribir abdica de su encanto. Es un horror aventurar hipótesis a lo loco ("especular desgracias" diría Sor Juana) y caer en fases muy elementales y primarias del conocimiento donde nos tienen que explicar las nociones de arriba, abajo; derecha, izquierda; grande, pequeño. Me parece que quien afirme tener una idea más nítida y precisa acerca de todo lo que está ocurriendo en la escena nacional, es ingenuo, charlatán, megalómano o menso abismal.
Entonces, ¿para qué escribir? Yo diría que para rotular los misterios, para anunciar que una rosa es una rosa y para rescatar lo que hay de grácil, de duradero y de luminoso en el día con día. Escribir, por ejemplo, de la Mastre y su libro ruso (ha de ser un manual de albañilería); cantar las inmarcesibles glorias de los Pumas que, aprovechando que un tal Paulo Serafín estaba deglutiendo dirigibles, le zumbaron un segundo y muy valioso gol a las liendres rayadas del Piojo Herrera; agradecer que la Asociación Nacional de Locutores me otorgó, bajo el nombre de Dolores Ayala, una medallota tamaño tapa de coladera que me tiene harto satisfecho; comunicar que la Operación Cobija va (si quieres cobijarte cobijando, llámanos al 5611 6513); ponderar la generosidad del Bucles que me puso a grabar el partido de los Pumas y no lo vio porque prefirió esperarme para que lo viéramos juntos; y entonar múltiples loas para mi exposa Concepción que celebró muy jolgoriosa su rumboso santo y reconocer que, aun sin entender mayor cosa, se escribe por el puro gusto y para que nos quieran todos en general, pero las mozuelas en particular. Dicho esto, escribo: HOY TOCA.
¿Qué tal durmió? CDXXVII
Si el lunes me acuerdo, algo diremos de la oportuna cartita de Don E. Salinas. Suena a bote.
¿Y la marcha?
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México joven
L
unes 6 de diciembre, 18:00 horas. El avezado e intrépido Pancho recorre los más inopinados vericuetos con el objeto de que nuestro azul y veloz compacto (me dicen que es veloz; la ciudad todavía no me da oportunidad de comprobarlo) llamado "Marlene" nos deposite con buena fortuna en el Centro Nacional de las Artes. La tarde es gris, caótica, destemplada, rasguñada por la desventura. Por la radio, oigo los primeros informes del asesinato de Enrique Salinas de Gortari. La violencia es como un irritante grafitti. ¿Quién le manda un recado a quién con estos trágicos garabatos? Horas después, por la noche, el Procurador Macedo, con su tono un tanto untuoso y cardenalicio, le hará a López Dóriga una serie de imprecisas precisiones que en realidad no aclararán nada, aunque servirán para marcar higiénicas distancias y salvaguardas entre la PGR y este crimen. Pero todo esto ocurrirá después. Por lo pronto, voy llegando -y no dejo de reparar en la curiosa coincidencia- a lo que fuera la última gran obra faraónica de Carlos Salinas. Si lo recuerdan, el Centro Nacional de las Artes fue inaugurado sin concluir, como suele suceder en México, en el crepúsculo del salinato. Llegó Zedillo y este vasto y oneroso conjunto de instalaciones dedicadas al desarrollo de las artes y a la procuración de espacios para su exhibición fue tildado de "elefante blanco" y todo indicaba que terminaría librado a la incuria y al abandono. Para bien de todos, esto no ha sido así. Tras algunos años de limbo y purgatorio, el CNA lleva ya tiempo trabajando con creciente variedad y entusiasmo.
Hacia las siete de la desasosegada tarde/noche de ese lunes, su Charro Negro intentaba avanzar por los inhóspitos pasillos. En el trayecto me encontré con un grupo de muchachitas en flor que, como en una suerte de Degas del altiplano, se preparaban para una clase de ballet. Asombrado por la ligereza de sus ropajes, yo que me he vuelto friolento profesional, las miré con admiración y, no lo voy a negar, con harto agrado. Después dejé de mirarlas porque me rodé unas escaleras. Intenté recuperar la vertical, la compostura y la autoestima, pero no fue fácil. Las méndigas náyades se estaban riendo de mí. Con todo mi garbo (que no es mucho) reanudé mi trayecto y vi a grupos de jóvenes que estudian teatro y gozan y sonríen con molesta facilidad y vi aulas ocupadas por muchachas y muchachos metidos en estas locas tareas de acomodar y desacomodar palabras y llegué por fin a la sala Luis Buñuel del Centro de Capacitación Cinematográfica. Mi joven y talentosa amiga Luisa María Martínez Arcaraz se recibía como directora de cine y para esto presentaba un mediometraje titulado "Anhelo". Salvo por la tardanza de una sinodal y por la urgencia que estos jurados experimentan de torturar a fondo al examinado, todo transcurrió a pedir de boca, mi cuatacha fue aprobada, su película está tocada por la poesía y todos aplaudimos muy contentos. Cuando salí, percibí con toda claridad que a lo largo de toda esta visita había yo perdido como 100 kilos de lastre espiritual. Hay un México viejo, autoritario, contrahecho, machista, homofóbico y violento; pero por todo el país, están también estos cientos de miles de jóvenes que le están apostando a la belleza, al trabajo y a la felicidad. Los saludo, los acompaño, les agradezco.
La regia discordia
En nada se afana más el ser humano que en conseguir su propia perdición. Esto lo digo por Agustín Basave, dilecto amigo y regiomontano ilustre. Me ha buscado por doquiera que yo voy y por fin me pudo hallar. Toda su urgencia era casar una apuesta para el duelo Pumas-Rayados. La negociación fue rápida y todo indica que el gran Basave va a perder 20 cobijas que serán incorporadas a nuestro operativo invernal (¿le van a entrar o no a la Operación Cobija? Informes en el teléfono 5611 6513).
Molestias por la obra
Disculpen. El sábado voy a estrenar una pastorela titulada "Tapadeus (El Exilio)". Estoy escribiendo y ensayando a marchas forzadas. Navego en un mar de mentadas porque no contesto el teléfono y he cancelado mis citas. Tengan tantita compasión de mí. Estoy pariendo un carpincho.
¿Qué tal durmió? CDXXVI
Nadie puede regocijarse con una noticia tan terrible como la del asesinato de E. Salinas. Por el bien de todos, ese crimen debe esclarecerse. Ése y todos.
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El nacimiento ataca de nuevo
Creo que éste es otro proyecto perfectamente replicable (que algo debe significar). En medio del océano de melcocha, de la vasta constelación de mermelada que es la Navidad, surgió años ha el noble proyecto de edificar el nacimiento navideño, el nacimiento de México. Para efectos de la vida y el ámbito capitalino, se me ocurrió que podría tener espacio y cálida recepción en el historiado edificio de San Ildefonso que, alguna vez fue un aristocrático claustro académico de los jesuitas que el tiempo y los azares de la historia mexicana convirtieron en democrática escuela preparatoria que inspiró por igual a los poetas, a nuestros muralistas y a muchos de los mejores mexicanos de la primera mitad del Siglo 20. Hoy es un espacio predilecto de mi corazón, un territorio vivo que se deja visitar por los días y las noches de este atribulado año y que, una vez más, se dispone a ser el soportal del nacimiento de México.
Me explico. La ciudadanía mexicana casi no es ciudadanía. Nuestra idea del ciudadano nos entrega la imagen de un ser desvalido, atenido, financiado (primero los pobres), fatalista y sin nada qué hacer en esa escena pública que está reservada para la gente "importante" tocada por Dios, o por la deidad de su partido, o por algún cargo difícilmente discernible. En este organigrama medieval, los ciudadanos somos apenas una versión posmoderna de los vasallos y la única tarea que nos corresponde es mirar y admirar las maravillas y los horrores que los "importantes" organizan para nosotros. Con estos pre-juicios no hemos ido muy lejos. Simplemente hemos sido los resignados espectadores de los días fastos y, sobre todo, de los días nefastos de obispos y emperadores. Como a las antiguas señoras queretanas, a nosotros lo único que nos correspondía era ponernos para que nos hicieran. Si esto salía bien, había que vivir eternamente agradecidos; si salía mal, lo que nos tocaba era hacer un examen de conciencia para averiguar en qué habíamos fallado. ¡Aleluya!, ¡Hosanna, Hosanna, colita de rana!, las cosas comienzan a cambiar. Cada vez somos más los que pensamos que, salgan como salgan las cosas, nosotros tenemos que ser presencias activas en estas tareas y no resignados espectadores. Por ventura ya nos llegó la hora de crear, de decidir y de participar. Así las cosas, llega diciembre y se ofrece la hermosa, la emocionante posibilidad de seguir el ejemplo de San Francisco de Asís y poner un "nacimiento". Paloma Porraz, directora actual de San Ildefonso, ha tenido la grata idea de no dejar morir el proyecto del "Nacimiento de México" y así, al aterido término de 2004, los ciudadanos podemos ser parte de esta tarea. Tan fácil como traer a San Ildefonso, entre hoy y el domingo 12, su figura (animal, pastor, ángel o demonio) de barro, madera, lámina, caña, o cualquier otro material artesanal (quien traiga un Santaclós de plástico se las entenderá conmigo) para que, mediante esta presencia simbólica, se incorpore a este recordatorio de que habitamos un país urgido de nacimiento y ansioso de alegrías legítimas. Tiempo habrá para exhibir y disfrutar de esta tarea común, de esta alegría legítima y bien ganada que entre todos construiremos en el entrañable espacio de San Ildefonso.
He dicho San Ildefonso porque soy un sufrido chilango que reconoce en ese antiguo edificio un espacio fundacional que nos resulta común; pero en cada comunidad estoy seguro de que habrá un espacio similar y de que el impostergable nacimiento de México puede acontecer en toda nuestra República. Ojalá y así ocurra. Ya hemos acumulado suficientes derrotas. Sería más que deseable que en este final de año lográramos una victoria común. La inauguración será el día 14 a las 12:00 horas. Ésta será una magnífica manera de defendernos de tanta felicidad navideña, de tantas ofertas y de tan caudalosa sensiblería. Lectora lector querido: renazcamos.
Operación cobija
El teléfono es 5611 6513 y la cuenta para depositar es 2611694 Sucursal 78, Centro Insurgentes DF, del banco Scotiabank Inverlat a nombre de Gabriela Sáenz y/o de G. Dehesa. Ustedes pueden no apretar, pero el invierno seguramente apretará.
¿Qué tal durmió? CDXXVI
¿Y la marcha?
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Marcelo Ebrard
Es mi amigo. Éste sería el peor momento para negarlo. Frente a la majestuosa (y bondadosa) ineptitud de Bernardo Bátiz, Ebrard representaba la inteligencia, la capacidad para moverse en aguas muy putrefactas, la posibilidad de ofrecer resultados y la lealtad, jamás la sumisión, para con el hombre que le otorgó su confianza. El Presidente de la República ha decidido cesarlo a raíz de lo acontecido en Tláhuac y esto no es un asunto menor. Llueve sobre mojado. Es posible que el irrestricto espaldarazo de López Obrador haya resultado para Ebrard más lesivo que beneficioso.
Según se desprende de las investigaciones todavía en curso y de los hechos mismos, lo ocurrido en San Juan Ixtayopan pone en evidencia muchas fallas y muchas responsabilidades. Esto es cierto, pero no oculta que la responsabilidad principal recae en la Policía del DF. Como lo dije en su momento, esto tendría que haber provocado la remoción inmediata del jefe de esa Policía que no asistió. Este cese, temporal o definitivo, tendría que haberlo asumido el jefe de Gobierno, el mismo que, so pretexto de los usos y costumbres, dejó pasar más de 20 linchamientos ocurridos en el territorio que gobierna. Sin embargo, AMLO tomó el camino totalmente opuesto. En esas circunstancias, el cese fulminante estaba dentro de las atribuciones del Presidente de la República. Tampoco hizo nada y prefirió ordenar una investigación exhaustiva. Estamos entonces frente a un asunto de "tiempos": o removía de inmediato a esa autoridad, o se esperaba a conocer los resultados de esa investigación que él mismo ordenó. No hizo ni lo uno, ni lo otro. No hubo cese inmediato, ni hubo paciencia para esperar el término de las investigaciones. A mitad del camino, la poco experimentada mano soltó la guillotina. Queda claro que don Vicente no es muy ducho en esto de alzar la voz y dar un manazo en la mesa. Le falta ese bendito don de la oportunidad que sólo se adquiere con la serenidad y con el tiempo.
A Marcelo la noticia le llegó mientras estaba compareciendo en la Asamblea de Representantes. No tuvo tiempo ni manera de explicar la culposa tardanza de la Policía a su cargo. A la mitad de su comparecencia, me imagino, le habrá llegado una tarjeta que podría haber dicho: "ya ni expliques; ya te chisparon". Supongo que todavía a este asunto se le van a mover muchas patitas. Por lo pronto, lo que quiero dejar aquí asentado es que la gravedad de lo acontecido en Tláhuac tendría que haber provocado que el propio Ebrard le hubiera presentado a AMLO su renuncia inmediata con objeto de dejarle las manos libres, o que el propio AMLO solicitara esa renuncia, o, en última instancia, que lo hiciera en caliente el Presidente Fox. Llegando como llega y a las horas que llega, ese cese (que no viene acompañado por el de Martín Huerta que se ha cansado de declarar tonterías) mueve a todo tipo de suspicacias y figuraciones políticas. Insisto: Marcelo Ebrard es y será mi amigo.
La guerra civil
Yo no sabía que este lunes se fuera a presentar tan destemplado, tan fragoroso, tan inopinado y tan violento. El impecable y luminoso triunfo de los Pumas me permitió esta friolenta mañana de lunes salir a la calle henchido de sonriente optimismo. Todavía llegué a mi oficina y vi el vestíbulo que se comenzaba a poblar de cobijas y esto refrendó mi buen ánimo. Luego vino la noticia del cese de M. Ebrard y la otra, la más terrible, la del asesinato de Enrique Salinas de Gortari y todo perdió el sabor y la buena temperatura. Es terrible comprobar cómo los acontecimientos públicos pueden torcerle tan radicalmente el rumbo a nuestra vida privada.
Miren, yo muy gustosamente trabajo para la casa editorial El Norte, Reforma, Mural. Así se llama mi casa. La parte "Norte" le va a los Rayados en la final de futbol. La parte "Reforma" le vamos a Pumas y los de "Mural" nos odia a ambos (¿cómo te quedó el ojo, mi querido Trino?). Esto iba a ser la guerra civil, pero vino el desmesurado aluvión de noticias y, junto a él, lo demás se vuelve asunto menor. Mala cosa.
¿Qué tal durmió? CDXV
La violencia y la impunidad nos van quitando el piso debajo de los pies. Todo es cada día más pantanoso y, por lo visto, nadie se da cuenta de este daño acumulado. Todos duermen.
¿Y la marcha?
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Preposadas y postposadas
Operación cobija: Con genuino gusto me entero de que el Gobierno del DF ha tomado previsiones importantes para auxiliar en la temporada invernal, que se anuncia horripilante, al inmenso contingente de menesterosos que comparten la ciudad con nosotros (es un decir; ellos viven en otra ciudad más infernal aún). Por esto es importante puntualizar que la Operación Cobija no pretende suplir, ni mucho menos competir con estas tareas a las que está obligado el GDF. Lo que pretendemos es apoyar y coadyuvar desde nuestra condición ciudadana, en la inteligencia de que trabajaremos de acuerdo a la orientación y el apoyo que este gobierno nos proporcione.
Para todo esto, necesitamos, ya lo habrán adivinado, cobijas, muchas cobijas. Si quieren hacer algún donativo para que nosotros compremos las frazadas, o prefieren traerlas para que las distribuyamos, o si nos quieren ayudar y acompañar a empacarlas y distribuirlas, comuníquense al 5611 6513 de 10:30 A.M. a 15:00 horas. Por favor, pélenme. No se hagan como si les estuviera hablando la Gorda de Tláhuac. El frío viene más pelado y altanero que declaración de Pablo Gómez.
La infanta (segundos desposorios): El milagro navideño se ha consumado. Después de un fallidísimo primer intento, la Capufe que es una perfecta perra decidió emplearse a fondo y seducir al tal "Rabito" que es un French Poodle con fama en toda la zona sur de ser perripuñal. Estas segundas nupcias tuvieron lugar con harto boato en los territorios del consorte. De la primera sesión, la Capufe regresó radiante y botando como un copito de nieve extremadamente elástico. Hoy se fue tempranísimo a su segunda sesión. No ha regresado, pero he recibido informes telefónicos de que la Capufe está convertida en Emmanuelle versión perro. No dudo de que, dentro de poco, me pida que le compre lencería francesa.
El problema es lo que decía mi abuela: primero el retozo y luego el mocoso. Si dentro de algunos meses me ven en la lateral de Perisur con la cajuela de mi coche abierta vendiendo queso menonita, toallas de Pluto y cachorritos French Poodle, ya sabrán de las consecuencias que tuvieron los eróticos chicoleos de la minican.
La suspicacia como deporte nacional: Han pasado ya los días suficientes como para que nuestros "sistemas de seguridad" hayan logrado convertir en un perfecto camote los salvajes acontecimientos ocurridos en Tláhuac. Al principio teníamos dos hechos nítidos: dos policías fueron quemados vivos y la Policía inasistió de una manera irresponsable e inexplicable. Nada que la impunidad mexicana no logre tergiversar. Si la culpa es de todos, nadie resulta culpable; si todo puede haber pasado, es que en realidad no pasó nada. Es en este segundo rubro donde la creatividad y la ociosidad de los capitalinos han emprendido un vuelo enloquecido. Lo único que les ha faltado decir es que en realidad lo que ocurrió fue que Bin Laden vivía en Tláhuac disfrazado de jicamero (da perfectamente el tipo). Todo lo demás ya lo dijeron, o ya lo inventó algún cuate nuestro de esos que siempre apelan a "fuentes muy bien informadas que no estoy autorizado para revelar" y nos cuentan unas xaladas que ni en "Mujer de madera". Mientras tanto, los días pasan, Fox cancela su gira al Perú y, para variar, nadie ve claro.
Esperando a los bárbaros: Dehesa sufre. Los Rayados de Monterrey ya se merendaron a un Atlante que no les sirvió ni de aperitivo. Mientras tanto, en un juego magnífico por su emoción e intensidad, los Pumas le ganaron al Atlas por un gol de un modo bastante circunstancial. Ya tengo que enviar este artículo y el segundo juego todavía no comienza. Ustedes ya sabrán el resultado. Yo lo ignoro, pero espero de la benevolencia de Huitzilopochtli que pueda yo hacer un viaje a Monterrey en esta semana que comienza.
¿Qué tal durmió? CDXXIV
El profundo desánimo. Por todos lados hay avisos de que en México la impune violencia contra las mujeres va en aumento. En las capitales y en las ciudades medias, el asesinato de mujeres es visto como asunto menor. En el DF, el perspicaz Bátiz no acierta a explicarnos los feminicidios; en Ciudad Juárez siguen apareciendo los cadáveres. 424 veces le he preguntado a los Procuradores ¿qué tal duermen con esas muertes en la conciencia? Nadie responde.
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El verbo dar
LA JAROCHA UCHA: éste es el nombre de guerra de una muy entrañable amiga, fragorosa y felizmente casada con el primer patrocinador de mis arrebatos periodísticos. Muchas cosas hemos compartido juntos en esta vida, pero quizá una de las más satisfactorias ha sido la de compartir año con año la subasta de canciones para la Tarahumara. La de este año salió muy bien, pero ellos no pudieron ir. Los extrañamos. Hace unos días recibí de mi amiga la Jarocha una carta manuscrita. Mi cuatacha me expresa su pesar por no habernos acompañado este año, pero, me dice, este año decidieron comprometerse en un ambicioso proyecto de salud social en el Estado de Chiapas. Quizá es porque ya estamos en diciembre, pero este correo de mis viejos amigos me conmovió mucho. Ellos son, como tú, como yo, como nosotros; parte de ese México progresista que ha asumido plenamente su ciudadanía y ha decidido tomar en sus manos el destino de nuestro país. Puede tratarse de los tarahumaras, o del Teletón, o de un hospital en Chiapas, o de los tamales Daunis, o de la Operación Cobija. Todo es bienvenido, todo es tarea nuestra y todo es nuestro puritito gusto.
EL TELETÓN: la persistencia de los buitres. Cada año aparecen. Según ellos, hablan a nombre de la "verdadera izquierda mexicana", o de la aristocracia intelectual. Expertos en la descalificación (y en la inacción), predican con encendida voz excomuniones y condenas contra el Teletón. Cada año hay que oírlos. Ya son parte del paisaje y cada año hay que volver a explicarles que los resultados están a la vista, que la vida de miles de niños cambia radicalmente gracias al Teletón y que son los mexicanos de extracción más humilde los que colaboran de manera más entusiasta y generosa.
Yo estoy absolutamente comprometido con el Teletón. Algún alma mala dirá que esto es lógico porque considero al Teletón como empresa familiar, pero resulta que no es así, porque el Teletón no es una empresa y porque Fernando Landeros es un mexicano admirable que carga con la cruz suplementaria de ser mi cuñado. A él le digo que no desfallezca, que necesitamos un CRIT en cada Estado del país, que él, sin ínfulas de mártir, ha logrado que millones de mexicanos nos embarquemos en una tarea común. Que yo sepa, nunca nadie había logrado convocar a tantos de nosotros. Me parece enteramente coherente que esta dichosa conjugación del verbo "dar" culmine y nos reúna a todos en el Zócalo, el espacio central de México y sus poderes y, en particular, el soberano poder de su ciudadanía.
No participar en el Teletón es un acto libre y respetable; pero, por favor, no nos quieran vender su apatía como flamígera postura ideológica. Un último aviso a mi querido Fernando Landeros: contigo y con los miles de chavitos a los que proporcionas luz interior, estamos y estaremos hasta la ignominia.
LOS DAUNIS: gracias a ti, lectora lector querido, el tamal está en marcha. Yo no voy a gobernar la vida de nadie, pero me permito apuntar que ésta es una época excelente para organizar tamaladas todos los días y a todas horas (pidan, por favor, de los verdes que son un rayito de sol). Nos urgen nueve becas para capacitar capacitadores. Si ustedes nos ayudan y se comunican al 55-74-11-22 la Operación Tamal quedará redondeada en 2004.
OPERACIÓN COBIJA: como diría la Jarocha Ucha: no importa cómo ni a quién ayudes, pero ayuda. A ninguno de los que me leen con buenos ojos en nuestro país le está vedado, por ejemplo, sentir un ataque de compasión (nada que ver con la lástima) y, ante el riguroso invierno, juntarse con sus cuates, comprar las cobijas que puedan y repartirlas entre los menesterosos de su localidad. Aquí en mi rumbo, arrancaremos el lunes (informes al teléfono 56-11-65-13 del DF) y espero que todos nos apuremos porque diciembre y enero vienen pelados. Créanme que nadie tiene tan poco, que no pueda dar algo. Dar: éste es el verbo.
Y ya en plan de dar, no olviden que HOY TOCA.
¿Qué Tal Durmió? CDXXIII
Fernando Schütte me aclara cortésmente que el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del DF es uno de los escasos pero buenos resultados de la marcha. Rectifico lo que haya que rectificar en lo que fue una reacción ante una invitación sin firma y espero todo lo bueno que haya que esperar de un Consejo así constituido. Buena suerte y estoy a sus órdenes.
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Ya volví
No fue fácil, pero ya volví. Los gringos navegan a velocidad vertiginosa rumbo a la locura. Mi amada grey recordará que esta crónica fue brutalmente interrumpida en el momento mismo de mi ingreso a territorio neoyorquino, tras haber sido acusado de tratante de blanquitos. Tan espantoso asunto me distrajo y ya no tuve tiempo de narrarles un acontecimiento que se desarrolló precisamente mientras yo gemía en las mazmorras de "la segunda revisión". Pues ahí tienen que el nutrido contingente azteca que había llegado vivo y a tiempo a la puerta 32, que ya es territorio texcocano, descendió por la noche en el aeropuerto Kennedy y avanzó rumbo a la aduana. Un grupo como de 30 macehuales decidió que lo que correspondía era seguir los pasos de un gordito con bigote de código de barras tipo Godoy, pues se echaba de ver que el gordis era un hombre muy viajado. En pos del adiposín subieron, bajaron, dieron la vuelta. Hagan de cuenta que iban a Chalma. Por fin, llegaron frente a una puerta. Mano choncha y decidida opera la perilla y ¡sopas!, ya estaban en la calle. ¡En la madre!, dijo el cacique gordo, ¿y nuestras maletas? Un buen número de los expedicionarios no llevaba maletas y, por lo visto, no tenía la menor intención de regresar jamás a México: vieron la calle y en menos de un minuto ya habían desaparecido en la noche neoyorquina. Doy el aviso, no porque sea un rajón, sino para que los gringos vayan viendo que, frente a la creatividad y la intuición tenochcas, no hay sistema de seguridad que valga. La historia la sé porque el Gordo y sus sobrevivientes lograron por fin aparecer en el mostrador legal y comunicarnos su aventura tirados de la risa. Me imagino a mis paisanos durmiendo en Central Park y tirando baba por Nueva York como el ejército de aquella película que se llamaba "Rugido de Ratón".
Cinco días duró este viaje para hombres muy hombres. El clima nos fue más bien voluble y desfavorable, pero jamás logró impedir nuestro avance. Papá: ¿no me vas a dar dinero, aunque sea para que compre algunas porquerías? Nop, te dije que ahorraras. Sí ahorré, pero ese dinero lo voy a dar al Teletón (dice esto el desgraciado del Bucles y pone cara del Extasis de San Luis Gonzaga). Mi estimado Bucles, vamos a hacerle así: yo te asigno algunas tareas de orden y mantenimiento y si las haces bien, te suelto una leve pachocha. ¡Sale! Con cierta diligencia, el menor realiza estas menudas tareas y presenta su recibo. Yo le doy una lanita y él cumple su promesa: compró puras porquerías.
Dadas las inclemencias climáticas, realmente nos dio tiempo de hacer bastantes cosas. Esto sólo se logra si en nuestra alma hay el suficiente estoicismo (y sensatez) como para no meterse en las tiendas. En todo mi viaje, sólo compré dos cosas: unos tenis por si algún día me animo a caminar y un aparatejo que me encargó la Rubia Misteriosa y que sirve (el aparatejo, no la Rubia) para almacenar más canciones que las que pueda uno oír en toda la vida. El resto del viaje fue: paseos, cine, teatro y museos. Mientras aquí en Tláhuac, las autoridades del DF decidían previsiblemente que no había sido culpa de nadie, nuestra expedición visitaba la espléndida muestra de arte azteca que presenta el Museo Guggenheim. A lo que yo fui realmente fue a ver la cara de los gringos con lo que Bonifaz llama "la estética de lo terrible". Con lo que no contaba era con el pasmo y el orgullo del Bucles que me resultó descendiente de Acamapixtli: veía las piezas y de inmediato posaba a su lado para que los gringos vieran que las acababa de labrar con sus manitas.
Viaje memorable. A la hora del regreso, las chicas del mostrador de Delta exigían una carta de la madre de la criatura. Miren, muchachas: aquí les dejo la dirección de la madre y les dejo al niño; cuando recaben la autorización se lo mandan a la mamá que, de una vez les advierto, cuando anda muy tomada no puede escribir y, cuando anda sobria, menos. Argumento efectivísimo. Cinco horas después llegamos al aeropuerto capitalino. Obtuvimos una notable mejoría: el avión nos desalojó por la puerta 31. Dehesa sufre.
¿Qué tal durmió? CDXXII
¿La premiación? El Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del DF me envía una invitación a una instauración, toma de protesta y premiación. Por supuesto que no voy. ¿Qué van a premiar? ¿Y la marcha?
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