26 de abril del 2004 ....Daño al país

Daño para el país

No se puede negar: la muchacha estaba algo gordita. Un poco pasada de kilos, ciertamente, pero sin perder ese atractivo que tienen las mujeres de buena carnadura, y que Peter Paul Rubens, conocido pintor (1577-1640), supo apreciar tan bien. Por eso no es extraño -aunque sí muy reprobable- que el médico, cuando la vio, le pidiera que se quitara la ropita, y luego, tendiéndola sobre la mesa de auscultación, empezara a darle en todo el cuerpo unos ruidosos chupetones que al mismo tiempo parecían de gula y de lujuria. Le pregunta la bella gordita al galeno con ansia e inquietud: "¿De veras, doctor Lamisco? ¿Así se hace ahora la liposucción?"... Cuatro formas tiene esta columneja de expresar críticas adversas. La de primer grado -la menos severa- consiste en una simple admonición hecha en términos comedidos y morales. La de segundo grado es un trompetilla o pedorreta que al mismo tiempo es muestra de execración y burla. La crítica de tercer grado la hace Ianni Tzingas, personaje que censura con acrimonia el desmán hecho. Y la más rigurosa forma de condena, rarísima vez usada, es la canción de Frank Sinatra llamada "Trátra Tratrátra", reservada para organizaciones como ETA y Al Qaeda o infrahombres como Osama bin Laden y Ariel Sharon. Pues bien: hoy se emite una reprobación de segundo grado -trompetilla o pedorreta- contra los diputados del PRD y el PRI que, por meras represalias de politiquería, evitaron que el Presidente Fox recibiera una medalla otorgada por la FAO. La necia acción de esos políticos de campanario no causó daño a Fox: perjudicó al país, pues otra vez dio al mundo la imagen de los bajunos niveles en que se mueve ahora la vida pública de México. Sale, pues, la trompetilla: ¡¡¡¡¡PTRRRRRRRR!!!!!... Y lo que son las cosas: perdieron sus medallas Fox y Andrew Schally, científico polonés, Premio Nobel de Medicina, a quien le robaron sus condecoraciones en Cancún. Yo, en cambio, recibí una bella presea en la dedicatoria que me hizo de su cartón de ayer Paco Calderón, amigo generoso, sin duda el caricaturista mexicano más leído y más comentado. Admiro a Calderón por su trabajo periodístico. Se afirma que la imagen dice más que las palabras: en él, la palabra y la imagen dicen cada una lo suyo, y lo dicen al mismo tiempo con gracia y con hondura. Pero más admiro a Paco, sin embargo, por su calidad intelectual y humana: es hombre liberal -hombre de pensamiento libre-, y es sapiente, cordial y bondadoso. En una ocasión, EL NORTE nos invitó a hacer juntos unas calaveras, y desde entonces guardo su amistad como un regalo de la vida. Gracias por esta dedicatoria, Paco, imagen y palabra tuya, que me iluminó y me llenó de alegría. (Vaya aquí mismo mi agradecimiento a todos los colegas y lectores que en el radio, la tele, los periódicos, el correo, o de modo personal, me echaron también sus porras estos días)... Llegó Capronio a su casa y vio sobre la mesa de la cocina una carta que su mujer le había dejado. Decía el mensaje: "Hasta nunca, esposo mío. Me voy a la jodida. No puedo resistir más esa indiferencia tuya que ha llevado al excidio nuestro amor de otrora. Tus pendejadas me tienen ya hasta la madre". (Nota: la singular forma de redactar de la señora se explica si se toma en cuenta que era alumna de dos talleres literarios diferentes, uno que propugnaba las formas cultas de expresión y otro las populares). "Sólo volverás a verme en la eternidad -seguía la misiva-. A ver qué chingaos haces. Posdata: Como última muestra de consideración te dejo un sandwich de atún en el refrigerador". "¡Dios mío! -exclama Capronio desolado-. ¡Otra vez sandwich de atún!"... FIN. 

MIRADOR

Historias del señor pérez y de su trágica lucha contra la Burocracia

El Funcionario del Estado llamó al señor pérez y le ordenó:

-Declara.

El señor pérez, obediente, declaró.

-Ahora -le ordenó El Funcionario del Estado- declara que declaraste.

El señor pérez, temeroso, declaró que había declarado.

-Ahora -le ordenó el Funcionario del Estado- declara que declaraste que declaraste.

El señor pérez, temblando, declaró que había declarado lo que había declarado que declaró.

-Ahora -continuó El Funcionario del Estado- declara que declaraste que declaraste que declaraste.

Esto que cuento sucedió ya hace muchos años. El señor pérez sigue declarando lo que declaró que declaró que había declarado. Y el Funcionario del Estado le sigue ordenando que declare que declaró lo que declaró que declaró que declaró que declaró que declaró que...

¡Hasta mañana

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sin fecha ....sin titulo

El marido llegó a su casa más borracho que el mosquito que picó a Dean Martin. Lo acompañaba un compadre suyo, también en estado de ebriedad completa. "¡Qué barbaridad! -exclama con enojo la mujer del temulento-. ¡Mira cómo vienes, Enofilio! En castigo no te recibiré en mi lecho durante 15 días. Y a usted, compadre, por inducidor, no lo recibiré en toda una semana"... Babalucas sufría de una pasión contrariada: la mujer de sus sueños se negaba a darle el sí. Tampoco le dijo que no: cuando él le pidió relaciones lo único que contestó la muchacha fue: "Guácala". Le dice Babalucas con magnílocua voz de actor dramático: "¡Si no correspondes a mi amor, Clorilia, me tiraré por la ventana!". "No seas ridículo, Baba -acota ella-. Estamos en el primer piso". "¡Pues me tiraré 20 veces!" -amenaza Babalucas... Yo siempre me preguntaba por qué a Pipino el Breve le decían así. He dado al fin con la causa de ese apodo. Cuenta la historia que un terrible dragón asolaba la comarca. Dragoneaba el animal; decía que iba a raptar a la hermosa princesa Guinivére para saciar en ella sus bestiales impulsos dragontinos. Pipino oyó las jactancias del vestiglo, fue hacia él montado en un caballo blanco -era alazán tostado, pero lo pintó especialmente para la ocasión- y entabló fiero combate con el monstruo. Después de tres días de lucha sin cuartel logró vencerlo: lo traspasó de lado a lado con su lanza. Quedó ya libre el reino de la amenaza del dragón. En recompensa el monarca dio la mano de Guinivére a Pipino. La noche de bodas se presentó Pipino al natural ante su flamante mujercita. Ella ve a su marido de arriba abajo -hizo un alto en medio- y luego dice muy mohína: "¡Carajo, de haber sabido esto mejor me voy con el dragón!"... La muralla china, a lo que sé, es el único objeto de creación humana que se ve desde la Luna. No se ve, por ejemplo, doña Macalota, con todo y lo gorda que es, ni se mira tampoco don Tonelio, señor de quien he hablado ya en estas líneas, que en la tina de baño le pidió a su esposa que le lavara la espalda. "¡Caón! -exclamó ella-. ¡Mejor te lavo la Suburban!". Si se ve la muralla china quién sabe por qué nuestros políticos no tratan de ver cómo están haciendo los chinos para poner toda clase de productos, hechos con calidad y baratura, en el mercado norteamericano, cosa que sólo en corta medida hemos logrado hacer nosotros, vecinos del poderoso país. Yo digo que el empresario mexicano está aherrojado por un sistema que se niega a dejar de ser estatista, lleno de controles, gabelas, imposiciones de todo orden y marañas legislativas, tributarias, burocráticas y administrativas que habrían puesto al mismísimo Yahvé en la imposibilidad de crear el mundo, no digo ya en seis días, sino ni siquiera en 6 mil millones de años. El mexicano lo único que pide es que el Gobierno lo deje trabajar, pero una caterva de organismos estatales lo agobia con cargas y exigencias que lo estorban, y aun a veces lo desaniman. China es un país supuestamente comunista que actúa con criterio capitalista, en tanto que México es un país supuestamente capitalista que impone a sus ciudadanos cartabones que aun las naciones que estuvieron sujetas al comunismo superaron ya... La pintora era hermosa y de ubérrimas formas corporales. Su modelo de desnudo era un joven en pleno auge hormonal. Ella, al pintar, dejaba ver el turgente busto, velado apenas por transparente blusa, y dejaba ver también otras porciones cubiertas sólo por brevísima faldita. Le dice la pintora a su modelo: "Por favor, Erectino, contrólese usted, o no vamos a terminar nunca este cuadro"... (No le entendí)... FIN.

William Booth, el fundador del Ejército de Salvación, acostumbraba usar canciones populares en sus predicaciones. Les quitaba la letra original y les ponía otra de su creación, con tema religioso. Por ejemplo, "Champagne Charlie, ése soy yo", tonadilla de moda en los salones de vodevil, quedó convertida en "Santo nombre el del Señor".

 

Alguien le preguntó a Booth si era lícito que se apropiara para sus fines de las obras ajenas. Y él contestó: "¿Por qué le vamos a dejar al diablo las mejores melodías?"

 

La verdad es que todas las bellas melodías son de Dios, aunque se llamen "Champagne Charlie". La música es don divino, y no me extrañaría que los ángeles, que con arpa cantan himnos, también cantaran con guitarra una buena canción.

¡Hasta mañana!... 

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sin fecha ....Nivel Deplorable

Nivel deplorable

Babalucas fue a cenar en casa de doña Gorgolota, señora de alta sociedad. La conversación empezó a girar en torno de las palabras que se pueden usar en ciertas partes, y en otras no. "Estoy pensando en la palabra 'palo' -interviene Babalucas ante el azoro de la anfitriona-. Según el diccionario, palo es un trozo cilíndrico de madera. Sin embargo, en algunos países un palo es cosa bien distinta". "¿Ah sí? -pregunta uno de los invitados, divertido-. ¿Qué es?". "Bueno -explica Babalucas-. Por ejemplo, en China la palabra 'palo' significa suspensión de labores"... Allá por los años cuarenta del pasado siglo hubo en Saltillo, mi ciudad, una escuela que prestó grandes servicios a la comunidad e hizo mucho bien a la familia, pues contribuyó a salvar muchos matrimonios. Sin embargo ese benéfico plantel no tuvo nunca reconocimiento oficial, y su única maestra no ha recibido hasta ahora el homenaje que se debe a los educadores más insignes. Doy los antecedentes. En aquellos tiempos "la casa chica" era una costumbre bastante generalizada. Muchos señores tenían, a más de esposa, amante establecida. Eso no sólo era tolerado, sino hasta confería status social. Pues bien, una cierta señora de buena sociedad tuvo la buena idea de preguntarse por qué pasaba eso, y no tardó en dar con el meollo del asunto: los señores obtenían de sus amigas placeres de alcoba que sus esposas -educadas conforme a los rígidos cartabones de la época- no les sabían dar. La dama, entonces, averiguó la dirección de una notoria daifa, y con toda humildad le suplicó que le enseñara sus peregrinas artes, a cambio, claro, de una colegiatura. En dos o tres sesiones escolares la experta mesalina le transmitió a la neófita todos sus conocimientos. No sé qué sucedería en casa de la alumna -entiendo que salió muy aventajada-, pero en público se supo que su esposo había dejado a la querida. Andaba siempre con una vaga sonrisa de felicidad, y no veía la hora de terminar sus quehaceres cotidianos para correr al lado de su mujercita. Otras señoras le preguntaron a la afortunada qué había hecho para tener así a su esposo, y ella les dio la dirección de su maestra. Según datos fehacientes Saltillo fue la primera ciudad del país -no sé si de todo el continente, y aun del mundo- en que la casa chica desapareció como fenómeno social. Soy de opinión que las asociaciones defensoras de la familia deben rendir homenaje a esa piruja, maestra de gran mérito, pues contribuyó en forma destacada a dar firmeza a la institución matrimonial... Mutatis mutandis, cambiando lo que haya que cambiar, los encargados de nuestra política exterior deberían hacer lo mismo que hizo la esposa de mi historia: buscar asesoría. ¡Qué mal se están viendo esos señores que hoy expulsan en forma perentoria al embajador de Cuba y al día siguiente tienden la mano en solicitud de diálogo! Errática parece esa conducta, muy falta de ponderación y coherencia. Mientras el embajador cubano actúa con buen juicio, prudencia y gallardía, nuestro Canciller se mira aturrullado, sin tino, como novato entre profesionales. Jamás la política exterior mexicana, que tanto prestigio llegó a alcanzar y que tan buenos timbres nos ganó, había llegado a un nivel tan deplorable. Las virulentas palabras que Castro dijo en su discurso del primero de mayo ameritaban, es cierto, una respuesta enérgica por parte de México. Esa contestación, sin embargo, fue muy desorbitada, pecó de precipitación. Pero si en esa forma se respondió a la diatriba del añoso dictador no canten ahora la palinodia nuestros representantes. Malo es perder amigos. Peor todavía es perder dignidad... FIN. 

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