MY WARRIOR

 

 

 

Por: Escarlata

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PARTE 3 ANATA WA...

 

 

El gran día había llegado, el ambiente festivo era tangible hasta en el aire. Todos estaban vestidos con sus mejores galas, mostrando con gran entusiasmo y orgullo sus mejores obras. Los músicos preparaban sus instrumentos y recitales, los escultores y pintores sacaban a relucir sus mejores obras, los cantantes afinaban voces, los actores se preparaban mentalmente y los escritores seleccionaban las mejores partes de sus discursos literarios a fin de recitarlos al público.

 

            Evany Lanz no era la excepción al caso y pulía con gran cuidado y dedicación cinco de sus mejores obras: el busto desnudo de una mujer al más puro estilo grecorromano, un ángel muy bien detallado, un bajorrelieve representando a mujeres en un campo de trigo, un altorrelieve con hombres en batalla y, por último, un caballo en miniatura en pleno galope que daba la impresión de salir de una pared, pues sólo estaba medio cuerpo del equino. Algo que muchos le envidiaban a la joven, era que podía trabajar muy bien, pese a su edad, con un material tan caro y fino como el mármol. Apenas sus manos tomaban el martillo y el cincel, era seguro que algo hermoso resultaría del más tosco trozo de mármol. También sabía trabajar con otros materiales como concreto, metales, barro, roca de granito, incluso rocas normales; pero siendo el fino mármol su favorito.

 

            Pronto vio entre el gentío a sus padres, no muy entusiasmados en buscarle, por lo que podía adivinar en sus gestos. Sonrió de forma extraña encontrar su mirada miel con las de ellos y esperó pacientemente a que se acercaran. Debido a que ya había muchos espectadores rodeando a Evany elogiándole por su gran talento, el matrimonio Lanz llegó haciendo gran escándalo y fingiendo rostros de felicidad. La mujer, mostrando claramente que, de ella, Evany había heredado aquella belleza de deidad griega; abrazó a su hija de manera efusiva. El hombre, palmeó la espalda de la joven y hablaba a grandes voces lo orgulloso que estaba de ella.

 

            Evany siguió el juego, pese a no resultarle tan divertida la actuación, prefería cooperar con ellos y demostrar su madurez, a comportarse como niña despechada. Tenía que ser inteligente si es que quería mantener su salud mental intacta. Afortunadamente, ninguno de sus hermanos asistió, pues a ellos sí se les notaba la falsa actuación o, de plano, no podían fingir. Edecanes comenzaron a correr la voz de que el concierto y las obras de teatro darían comienzo en diez minutos, que los que quisieran presenciar el acto, tenían que asistir de inmediato al anfiteatro. El matrimonio Lanz encontró una buena oportunidad para escapar y se disculpó ante los espectadores de la joven, con el pretexto de asistir al próximo evento.

 

            Con un suspiro de alivio, la joven artista vio cómo el área comenzaba a vaciarse, todos querían ir al concierto y a la obra de teatro... Evany también se encaminó al sitio... sabía que ahí vería a esa personita que tanta curiosidad de ocasionaba.

 

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El lugar era mucho más hermoso por dentro a como se lo había imaginado... era la primera vez que entraba de forma legal al recinto de estudios y simplemente estaba maravillada. Sin embargo, su gesto adusto y ausente daba a entender todo lo contrario a lo que pensaba. Caminaba de la mano de su padre adoptivo, el viejo sacerdote Guroko. Ambos iban formalmente vestidos para la ocasión, el viejo con unas ropas sacerdotales en tonos claros, y la niña con el uniforme negro guerrero de gala... pero, habría que hacer la aclaración de que el uniforme era de varón, pues a la pequeña le era repulsiva la ropa propia de su sexo.

 

            Por supuesto que ellos no eran la única presencia de la aldea guerrera, todos estaban ahí, menos los más pequeños, que no aguantarían toda la velada. Karid por poco y no iba, de no ser porque rogó a su maestro que le dejase ir con la promesa de que se portaría bien y no daría ninguna mala impresión a la gente.

 

            Hasta el momento ella había cumplido su palabra y su maestro estaba muy contento por eso, tanto, que le dejó ir a donde gustara. Karid corrió al concierto, eso era lo que había estado esperando por mucho tiempo, ver bien un concierto, y no un ensayo a escondidas.

 

            Al doblar por un pasillo, chocó con alguien y cayó de sentón. Aturdida por unos segundos, se quedó en el suelo mientras balbuceaba una disculpa. Alzó la vista y lo primero que vio fue un par de ojos miel... que le miraban con inmensa sorpresa y encanto.

 

            Evany no podía creerlo... por fin tenía enfrente a la persona que había estado esperando por mucho tiempo. Le miró de manera curiosa al ver sus facciones muy suaves y redondeadas, perfectas para la edad que aparentaba, pero había algo más en aquella carita... Pronto abrió los ojos muy grandes al percatarse de que esa personita era una niña y no un niño como lo sospechó al principio. Notó que la pequeña bajaba la mirada con un extraño dejo de disgusto.

 

“Ah, lo siento... ¿estás bien?... ¿no te lastimaste?” preguntó Evany de inmediato. Le alegró ver que la pequeña levantaba la mirada para verle, por lo menos de reojo. Ahora tenía un gracioso sonrojo en las mejillas que no lograba ocultar.

 

“Estoy bien...” contestó con volumen bajo. En todo el rato que la joven permaneció callada logró observarle lo suficiente como para darse cuenta de que era una joven muy hermosa. Sus ojos miel, su cabello tan negro como la noche, su cuerpo definido y un dulce y elegante aroma emanando de cada poro de su piel clara... Ver a mujeres así era algo que le causaba mucha impresión a la pequeña Karid. Desde que llegó al sitio había visto a verdaderas bellezas, pero ninguna se comparaba en lo absoluto con aquella chica. “Disculpe mi torpeza, no me di cuenta por donde andaba...” dijo de manera solemne mientras se inclinaba.

 

            La joven artista ahora sonrió con inmenso contento, aquella vocecilla era muy suave, aterciopelada... de no haberse fijado bien, podría haber jurado que esa voz era de un niño, porque también era un poco ronca. La pequeña pareció desconcertada de verle sonreír así y dio un paso atrás, amenazando con retirarse.

 

“No te preocupes, estoy bien, discúlpame tú a mi, venía distraída...” respondió con dulce tono. Enseguida le estiró la mano. “Soy Evany Lanz, mucho gusto...”

 

            Karid miró la blanca mano por unos instantes, algo vacilante. Miró a los ojos de la joven y ésta los tenía cerrados, lo más visible era su amplia sonrisa. Seguía confundida con lo que pasaba, pero así tomó aquella mano. Iba a parecer muy descortés sino le respondía el saludo a la joven.

 

“Soy Karid, el gusto es mío...”

 

“¿Y a dónde ibas con tanta prisa, Karid?”

 

“Eh...” la pregunta le extrañó más, sin contar que ella aún no soltaba su mano. “Al concierto...”

 

“Yo también voy hacia allá” le interrumpió, sonriente, “vamos juntas...”

 

            Ni siquiera le dio tiempo de decir nada, pues le jaló gentilmente de la mano, guiándole a través de laberínticos y lujosos pasillos. Estaba muy feliz de conocerla y no tenía la más mínima intención de dejarla escapar. Karid, por su lado, no podía oponer resistencia... por un momento pensó en detenerse, disculparse con ella e irse... pero no pudo, no logró decir nada. Le pareció raro, pues sus compañeros no podían convencerle, ni por la fuerza, de hacer algo que no quisiera. Sólo a sus maestros y padre adoptivo les tomaba la palabra como ley y sin chistar, pero... esa joven... no pudo oponer ninguna resistencia a su mano.

 

            Sin darse cuenta se había sonrojado y ya caminaba a la par de aquella joven artista.

 

            Evany estaba muy feliz, sólo esperaba la oportunidad de decirle que ya antes le había visto...

 

 

CONTINUARÁ…

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