MY WARRIOR

 

 

 

Por: Escarlata

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PARTE 2 GENTIL BRISA

 

 

El día comenzó con la normalidad y rutina diaria de siempre. Se encontraba prestando toda la atención posible a su clase. “Historia de la Escultura”... una de sus materias favoritas. Ciertamente prefería más la práctica que la teoría, pero nunca estaba de más saber cómo eran los artistas del pasado... siempre habría algo que seguir de ellos, no sólo sus obras.

 

            Ya casi al finalizar la clase, el profesor en turno dio un anuncio que ya muchos esperaban con gran ansia. Pronto sería la temporada de Muestra Pública que se hacía cada fin de año. Tiempo cuando la escuela abría sus puertas a las familias de los alumnos y a todo aquel que gustara del buen arte.

 

            Para muchos, era la oportunidad perfecta de mostrar a sus obras y obtener empleos en palacios y buenos sitios. Para otros, eran las pocas ocasiones que lograban ver a sus familias. Para ella, era la ocasión perfecta para ver si el pequeño espía se presentaba en la Muestra. Sería fácil reconocerle por sus mechones blancos en el cabello.

 

            Ver a su familia no era uno de sus más grandes anhelos. Dudaba mucho que ellos también quisieran verle, pero, dado que siempre buscaban guardar apariencias, era seguro que estarían ahí y le fingirían sus mejores sonrisas. Realmente no importaba, ella también sabía actuar. Le emocionaba más la idea de descubrir al espía. Deseaba que fuera.

 

La clase terminó y todos salieron a tomar un breve descanso, antes de que comenzara la parte práctica. La favorita de todos.

 

            Corrió al comedor, pues los estudiantes se juntaban como verdaderas hormigas y siempre se acababa lo mejor del menú del día. No pensaba quedarse con las sobras, así que tomó un atajo por detrás del edificio del comedor y entró por la cocina. Los que laboraban ahí ya la conocían... esas personas eran sencillas y no parecía importarles que a ella le gustaran las chicas. Vivían en un pueblo que era vecino del Campamento guerrero.

 

            “¡Buenos días!” pasó saludando a gran velocidad, pero nunca escuchaba respuesta, ya que salía antes de que todos reaccionaran.

 

            Los presentes sólo rieron un poco y siguieron su trabajo. Esa chica era de las pocas personas con corazón humilde en ese enorme lugar. La gran mayoría de los alumnos tenían una actitud altiva y creída por su status social, pero ella era muy diferente.

 

            El resto de las clases transcurrieron normalmente... y ella estaba cada vez más feliz de ver que su obra estaba tomando forma más definida. Sus profesores le felicitaban por ello, era una chica muy talentosa; seguramente le iría muy bien en la Muestra Pública.

 

            Era viernes, así que los estudiantes de música tenían descanso. Sin embargo, nunca faltaban los que deseaban superarse y que, incluso ese día, iban a la sala de conciertos a ensayar. De manera que nunca faltaba la música en el sitio. Además, la Muestra sería en unos días y qué mejor que prepararse bien.

 

            Ella ya tenía una serie de esculturas más pequeñas listas para mostrarlas. Pero quería terminar aquella escultura para el evento. Ya le faltaba muy poco, así que optó por escuchar un rato a los que ensayaban y ver al pequeño espía. Se quedaría poco tiempo y después iría a seguir trabajando en su escultura.

 

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Corría con buena velocidad en dirección a la escuela. Pronto iba a comenzar el ensayo y no quería perderse el principio. Le era muy relajante escuchar aquella preciosa música... Lo cierto, era que nadie debía atraparla en alguna de esas salidas o se metería en verdaderos problemas. Los aprendices tenían prohibido acercarse a la escuela, pero tal explosión artística era demasiada tentación para el que buscaba relajarse y pasar un tranquilo rato lejos de las peleas.

 

Pero no era necesario entrar a la escuela para disfrutar de las maravillas que había dentro del sitio. Solía acomodarse en la barda que delimitaba la escuela, su vista de la sala de conciertos era magnífica y se escuchaba todo con mucha claridad.

 

Su escondite era perfecto, nadie tenía porqué atraparla.

 

La música comenzó a sonar en cuanto se acomodó en el lugar de siempre. Había llegado a tiempo. Se sentó lo más cómodamente posible, aquello era algo que debía disfrutarse con toda la tranquilidad y serenidad posible.

 

Sentía bastante cansancio gracias al entrenamiento, apenas estaba desarrollando un estilo propio de pelea y sus maestros experimentaban todas las formas posibles, hasta dar con el estilo más adecuado para cada pupilo en el Campamento. Lo suyo era la velocidad y las patadas rápidas, su cuerpo, menudo como era, no tenía la misma resistencia que la de sus otros compañeros. Le estaban enseñando a mejorar su agilidad y evasión, además de entrenarla para aumentar la fuerza en sus piernas.

 

Era joven aún, pero todos le auguraban un gran futuro en el campo de la pelea. Karid era su nombre, una pequeñuela de apenas doce años, hija de una difunta pareja de guerreros y criada por un viejo sacerdote. Además, era la única niña del campamento... todos los demás eran varones... Sin embargo, por su aspecto, daba la impresión de ser niño también... cabello corto y café, facciones, aunque delicadas, rudas en cierto modo; gesto adusto, cuerpo pequeño y delgado, baja estatura, piel tostada... y, quizá su mejor seña particular: mechones blancos en su cabello que contrastaban enormemente con su cálido tono café.

 

            Por suerte, sabía a qué hora regresar a casa, de manera que llegara a tiempo a su entrenamiento y nadie sospechara que estaba en ese lugar. Desde hacía tiempo que lo hacía... y era algo que le otorgaba mucha tranquilidad y concentración a la hora de continuar con el entrenamiento restante del día. Era una vida muy dura aquella... había veces que creía que no lograría ponerse de pie... pero sus maestros, por la buena o por la mala, le obligaban a seguir... eso, y el recuerdo de sus valientes padres. Todos decían que ellos fueron guerreros ejemplares y Karid quería ser igual o mejor que ellos, por eso ponía todo su empeño y, a manera de mantenerse ecuánime, qué mejor que relajarse con música.

 

            De pronto abrió los ojos al sentir una mirada sobre ella... volteó de inmediato al interior de la escuela a la vez que se agazapaba sobre el grueso muro. Nadie parecía verle... quizá sólo era que estaba desobedeciendo una orden directa y se sentía culpable de cierta forma. Pronto se relajó y quedó recostada, siempre era adecuado tener cuidado de más.

 

            Evany poco a poco volteó hacia el escondite del pequeño espía y apenas si notó que sus cabellos sobresalían... estaba recostado... Era la primera vez que él sentía su mirada. Apenas vio que él volteaba, tuvo que girarse de inmediato, tratando de hacer de su movimiento algo natural y poco sospechoso. El espía no pareció encontrar nada extraño y quizá por eso se quedó en esa posición.

 

            El asunto se tornaba divertido poco a poco. Aquello cada vez le emocionaba más y en verdad ansiaba conocerle. Su oportunidad estaba en la Muestra y sencillamente no podía dejarla pasar. Se puso de pie y se retiró, era hora de seguir con su obra.

 

 

CONTINUARÁ…

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