Por: Escarlata
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Era curioso el contrastante y a la vez similar mundo que
encerraban ambos sitios. Ambos se podían considerar nidos de donde salían
grandes personajes, en los dos era una vida de duro trabajo y dedicación,
practicaban su arte a su modo y lo explotaban, y todo mundo reconocía de
inmediato la categoría de los personajes que salían victoriosos de esos sitios.
Lo único
diferente, era que uno de esos sitios, una enorme construcción de gruesas
murallas, era una afamada escuela de Artes situada en lo alto de una frondosa
muralla. El aislamiento, según sus fundadores, ayudaba a los jóvenes artistas a
crear su propio arte a partir de la naturaleza y fuera de otras influencias; de
manera que todo se consideraba original ahí. Se enseñaba pintura, escultura,
música, canto, teatro y literatura. Un verdadero hervidero de talentos, pues
era difícil que alguien fuera aceptado en ese sitio a menos que tuviera
aptitudes para el arte al que quería dedicarse.
Contrario
al primer sitio, el segundo era un campamento guerrero, uno de los más rudos y
duros de todo el reino. Estaba situado al pie de la montaña donde estaba la
escuela de artes. A primera vista parecía un rústico pueblo con aroma a metal y
carbón, todo el día se escuchaban fieros gritos de guerra y los constantes
martilleos de los herreros que forjaban armas y armaduras para los pupilos del
sitio. Se enseñaba el arte de diversas armas, la pelea cuerpo a cuerpo,
espionaje, tácticas de guerra y equitación.
Para
ingresar a ambos sitios, era necesario ser niños apenas, aunque siempre se
podían hacer excepciones. En la escuela de arte, las aptitudes y el talento
nato eran el principal requisito; no importaba clase social. Para el campamento
guerrero, se tenía que ser hijo(a) de un guerrero o llegar apadrinado por uno.
Ni la
escuela ni el campamento tenían mucho contacto entre sí, eran sencillamente
vecinos; aunque, en diversas ocasiones, guerreros que gozaban del gusto del
arte, iban los días de descanso a ver las exposiciones artísticas que se hacían
regularmente en la escuela, mientras que los alumnos y maestros de la escuela
solían asistir a los torneos que tenían como cede el campamento.
A veces se
daba la situación que grandes obras salían de la Escuela y debían protegerse
para evitar a los ladrones, ahí entraban los guerreros, que se ofrecían a
cuidar dichas obras. En otras ocasiones, el Escuela pedía protección cuando se
llegaba a hacer un evento grande, como la graduación de los alumnos. Padres e
invitados asistían y qué mejor que poner buena seguridad.
Una buena
convivencia de dos universos tan diferentes entre sí...
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Le dolían un poco las manos... haber martillado
todo el día era, además de cansado, muy doloroso. Sin embargo, ver que su obra
poco a poco tomaba la forma deseada, imaginada; era tan gratificante que los
músculos y los huesos adoloridos dejaban de quejarse.
Descansaba
bajo la sombra de un árbol, contemplaba con sus ojos de miel la hermosa
arboleda a su alrededor. Un precioso sitio que todos ahí aprovechaban para
descansar o, en el caso de los estudiantes de pintura, encontrar buena
inspiración y seguir la corriente naturalista que estaba muy de moda en esos
momentos.
Ella, a
más, tendría dieciséis años, su cabello negro contrastaba enormemente con su
piel de blanca leche. Era alta, bastante para su edad, sin contar que aún tenía
algunos centímetros más por crecer. Bajo sus ropas claras se adivinaba una
figura ya esculpida y bien formada... cintura pequeña, cadera amplia, pecho
bien proporcionado a su delgado torso, piernas largas y torneadas, brazos
delgados pero fuertes, manos finas...
Una chica
muy atractiva a primera vista. Pero más linda aún era su persona. Dulce,
alegre, animosa, excelente amiga, bromista...
Lo malo: nadie en esa escuela lo
sabía... La razón: no tenía amigas, todas las estudiantes se alejaban de
ella... era secreto a voces que le gustaban las chicas y a sus compañeras no
les cayó nada bien la noticia. En el caso de los varones, ninguno estaba
interesado en tener de amiga a una muchacha coqueta que bien podría echar el
ojo sobre sus novias.
Por el momento, ella se conformaba con
aprender lo más que pudiera en esa escuela, después de todo, era una artista
innata y algo como... la soledad, no era un problema demasiado serio.
El sol le indicó la hora... dentro de
algunos momentos iba a empezar el ensayo en la sala de conciertos, lo cual era
un verdadero espectáculo y una delicia auditiva para todos en el sitio. Se puso
de pie y se dirigió a la sala de música, pero no sólo para escuchar el ensayo,
sino para ver a alguien en especial...
La escuela era delimitada por una alta
barda de piedras negras, de manera que los ladrones ni los animales del bosque
lograran una entrada fácil. Sin embargo, todas las tardes, al comenzar el
ensayo de música, alguien lograba trepar aquella barda de piedra. Esa personita
se escondía entre las sombras que le otorgaba la copa de un enorme árbol. Ella
descubrió que ese pequeño espía sólo se sentaba ahí a escuchar el ensayo de la
orquesta, además, desde su posición podía ver la sala a través de un enorme
ventanal.
No tenía mas que tres meses de haber
descubierto al espía, tenía ganas de saber de quién podría tratarse. Lo único
que podía distinguir a la distancia, era sus ropas en tonos azules... de
inmediato adivinó que se trataba de un aprendiz de guerrero del Campamento. Su
cuerpo era pequeño y su cabello corto, pero había notado en éste unos mechones
blancos fácilmente distinguibles.
Pronto
llegó al sitio en cuestión y se sentó bajo un árbol. Entre las ramas podía ver
bien al aprendiz, totalmente segura de que éste no le descubriría observándole.
Al parecer, era la única que había notado su presencia, pues había más alumnos
en el sitio y, de haberle descubierto, ya hubieran dado aviso a las autoridades
de la escuela.
Ella no era
ninguna soplona, así que esa personita podía estar a salvo. Hacía algún tiempo,
se descubrió que otro aprendiz de guerrero se dedicaba a espiar a las chicas en
la sala de teatro... pero fue descubierto y acusado con los guerreros del
Campamento. Sólo Dios sabía qué había sido de él... jamás se le volvió a ver,
además, los guerreros prohibieron a los pupilos ir a la escuela sin la compañía
de un superior.
No quería que esa personita tuviera problemas, no
cuando sólo escuchaba la música sin hacer nada malo, es más, sin siquiera
propasar los límites de la escuela. Pero era bien conocida la actitud estricta
de los guerreros y seguramente se molestarían mucho.
Tenía muchas ganas de conocer a esa personita.
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