MY WARRIOR

 

 

 

Por: Escarlata

***** ***** ***** ***** *****

 

PARTE 1 ELLA

 

 

Era curioso el contrastante y a la vez similar mundo que encerraban ambos sitios. Ambos se podían considerar nidos de donde salían grandes personajes, en los dos era una vida de duro trabajo y dedicación, practicaban su arte a su modo y lo explotaban, y todo mundo reconocía de inmediato la categoría de los personajes que salían victoriosos de esos sitios.

 

            Lo único diferente, era que uno de esos sitios, una enorme construcción de gruesas murallas, era una afamada escuela de Artes situada en lo alto de una frondosa muralla. El aislamiento, según sus fundadores, ayudaba a los jóvenes artistas a crear su propio arte a partir de la naturaleza y fuera de otras influencias; de manera que todo se consideraba original ahí. Se enseñaba pintura, escultura, música, canto, teatro y literatura. Un verdadero hervidero de talentos, pues era difícil que alguien fuera aceptado en ese sitio a menos que tuviera aptitudes para el arte al que quería dedicarse.

 

            Contrario al primer sitio, el segundo era un campamento guerrero, uno de los más rudos y duros de todo el reino. Estaba situado al pie de la montaña donde estaba la escuela de artes. A primera vista parecía un rústico pueblo con aroma a metal y carbón, todo el día se escuchaban fieros gritos de guerra y los constantes martilleos de los herreros que forjaban armas y armaduras para los pupilos del sitio. Se enseñaba el arte de diversas armas, la pelea cuerpo a cuerpo, espionaje, tácticas de guerra y equitación.

 

            Para ingresar a ambos sitios, era necesario ser niños apenas, aunque siempre se podían hacer excepciones. En la escuela de arte, las aptitudes y el talento nato eran el principal requisito; no importaba clase social. Para el campamento guerrero, se tenía que ser hijo(a) de un guerrero o llegar apadrinado por uno.

 

            Ni la escuela ni el campamento tenían mucho contacto entre sí, eran sencillamente vecinos; aunque, en diversas ocasiones, guerreros que gozaban del gusto del arte, iban los días de descanso a ver las exposiciones artísticas que se hacían regularmente en la escuela, mientras que los alumnos y maestros de la escuela solían asistir a los torneos que tenían como cede el campamento.

 

            A veces se daba la situación que grandes obras salían de la Escuela y debían protegerse para evitar a los ladrones, ahí entraban los guerreros, que se ofrecían a cuidar dichas obras. En otras ocasiones, el Escuela pedía protección cuando se llegaba a hacer un evento grande, como la graduación de los alumnos. Padres e invitados asistían y qué mejor que poner buena seguridad.

 

            Una buena convivencia de dos universos tan diferentes entre sí...

 

***** ***** ***** ***** *****

 

Le dolían un poco las manos... haber martillado todo el día era, además de cansado, muy doloroso. Sin embargo, ver que su obra poco a poco tomaba la forma deseada, imaginada; era tan gratificante que los músculos y los huesos adoloridos dejaban de quejarse.

 

            Descansaba bajo la sombra de un árbol, contemplaba con sus ojos de miel la hermosa arboleda a su alrededor. Un precioso sitio que todos ahí aprovechaban para descansar o, en el caso de los estudiantes de pintura, encontrar buena inspiración y seguir la corriente naturalista que estaba muy de moda en esos momentos.

 

            Ella, a más, tendría dieciséis años, su cabello negro contrastaba enormemente con su piel de blanca leche. Era alta, bastante para su edad, sin contar que aún tenía algunos centímetros más por crecer. Bajo sus ropas claras se adivinaba una figura ya esculpida y bien formada... cintura pequeña, cadera amplia, pecho bien proporcionado a su delgado torso, piernas largas y torneadas, brazos delgados pero fuertes, manos finas...

 

            Una chica muy atractiva a primera vista. Pero más linda aún era su persona. Dulce, alegre, animosa, excelente amiga, bromista...

 

Lo malo: nadie en esa escuela lo sabía... La razón: no tenía amigas, todas las estudiantes se alejaban de ella... era secreto a voces que le gustaban las chicas y a sus compañeras no les cayó nada bien la noticia. En el caso de los varones, ninguno estaba interesado en tener de amiga a una muchacha coqueta que bien podría echar el ojo sobre sus novias.

 

Por el momento, ella se conformaba con aprender lo más que pudiera en esa escuela, después de todo, era una artista innata y algo como... la soledad, no era un problema demasiado serio.

 

El sol le indicó la hora... dentro de algunos momentos iba a empezar el ensayo en la sala de conciertos, lo cual era un verdadero espectáculo y una delicia auditiva para todos en el sitio. Se puso de pie y se dirigió a la sala de música, pero no sólo para escuchar el ensayo, sino para ver a alguien en especial...

 

La escuela era delimitada por una alta barda de piedras negras, de manera que los ladrones ni los animales del bosque lograran una entrada fácil. Sin embargo, todas las tardes, al comenzar el ensayo de música, alguien lograba trepar aquella barda de piedra. Esa personita se escondía entre las sombras que le otorgaba la copa de un enorme árbol. Ella descubrió que ese pequeño espía sólo se sentaba ahí a escuchar el ensayo de la orquesta, además, desde su posición podía ver la sala a través de un enorme ventanal.

 

No tenía mas que tres meses de haber descubierto al espía, tenía ganas de saber de quién podría tratarse. Lo único que podía distinguir a la distancia, era sus ropas en tonos azules... de inmediato adivinó que se trataba de un aprendiz de guerrero del Campamento. Su cuerpo era pequeño y su cabello corto, pero había notado en éste unos mechones blancos fácilmente distinguibles.

 

            Pronto llegó al sitio en cuestión y se sentó bajo un árbol. Entre las ramas podía ver bien al aprendiz, totalmente segura de que éste no le descubriría observándole. Al parecer, era la única que había notado su presencia, pues había más alumnos en el sitio y, de haberle descubierto, ya hubieran dado aviso a las autoridades de la escuela.

 

            Ella no era ninguna soplona, así que esa personita podía estar a salvo. Hacía algún tiempo, se descubrió que otro aprendiz de guerrero se dedicaba a espiar a las chicas en la sala de teatro... pero fue descubierto y acusado con los guerreros del Campamento. Sólo Dios sabía qué había sido de él... jamás se le volvió a ver, además, los guerreros prohibieron a los pupilos ir a la escuela sin la compañía de un superior.

 

            No quería que esa personita tuviera problemas, no cuando sólo escuchaba la música sin hacer nada malo, es más, sin siquiera propasar los límites de la escuela. Pero era bien conocida la actitud estricta de los guerreros y seguramente se molestarían mucho.

 

            Tenía muchas ganas de conocer a esa personita.

 

 

CONTINUARÁ…

***** ***** ***** ***** *****

Hosted by www.Geocities.ws

1