LOST IN YOUR EYES

 

 

Por: Escarlata

********************************

 

Caminar en territorio enemigo no era una situación muy cómoda para ella, pero había prometido visitar a su amiga y algo así no iba a detenerla. Sin embargo, los pobladores de Tarnis no lucían agresivos, al contrario, eran tan agradables y pacíficos como los de Trevain o cualquier otra ciudad de Kisar. Los que sí le causaban mala espina eran los soldados, pero los ignoraba cuando pasaba cerca de ellos. Lo que sí llegó a molestarle un poco fue que algunos le provocaran a pelear, llamándole, entre otros adjetivos calificativos, 'enano'... Eso la enojaba... Estaba conciente de que parecía niño, era el significado real de la palabra lo que la enojaba...

 

Pero no tenía muchas ganas de pelear, así que simplemente los ignoró.

 

Varias veces revisó el croquis que Jade le había hecho en su última visita, de manera que le fuera fácil llegar. No podía quejarse, estaba bien detallado y era imposible que se perdiera en el camino.

 

Pronto vio una humilde pero hermosa casa. Tenía un pequeño patio delantero, pero el que estaba atrás parecía más amplio. Se hallaba casi en los límites de la ciudad y estaba rodeada por algunos árboles. Era un lugar muy acogedor a primera vista. Sonrió ampliamente y sujetó bien la bolsa con frutas y dulces que había comprado en el camino. No quería llegar con las manos vacías.

 

Al acercarse, una mujer en edad madura y con cabellos rojizos, en un tono obscuro; salió de la casa con una canasta para el mandado. De inmediato adivinó que ella iba al mercado. La mujer notó la presencia de Karid y ambas se miraron unos segundos. Pronto la mujer sonrió y se encaminó hacia ella. No podía equivocarse, era la mamá de Jade.

 

                "Buenos días, señora" saludo Karid con tono respetuoso.

                "Tú debes ser Karid" sonrió la mujer dulcemente. "Jade me ha contado tanto sobre ti que ya sentía conocerte desde antes" rió, "soy Elena, mucho gusto en conocerte."

                "El gusto es mío, señora."

                "Jade no se encuentra ahora, la mandé con su padre para que le llevara su almuerzo. No debe tardar en llegar."

                "Entiendo..." murmuró, rascándose la nuca. "¿Va al mercado?"

                "Sí."

                "Puedo acompañarla, si quiere."

                "De acuerdo" le sonrió Elena, "ve a dejar tus cosas a la casa, te espero."

 

Karid asintió, contenta, y corrió a la casa. La puerta estaba abierta para permitir que el interior se refrescara con la brisa. La guerrera vio una mesa y dejó ahí su mochila y la bolsa. De la espada sólo se despegaba para bañarse... así que la mantuvo en su cinto y regresó a toda velocidad con Elena. No se dio cuenta, pero los pequeños hermanos de Jade le miraron desde la puerta de la cocina.

 

Elena le recibió con una sonrisa y ambas caminaron en dirección al mercado de la ciudad. La guerrera se ofreció a cargar la canasta, después de todo ella era una persona muy acomedida. Casi después de que ellas se fueran, Jade regresó a casa. Desde la entrada del patio llamó a su mamá, pero fueron los pequeños los que salieron a recibirla.

 

                "¿Y mamá?" les preguntó Jade, quedándose en el patio con ellos.

                "Fue al mercado" contestó Ian, mientras el más pequeño se acercaba a Jade para abrazarse de ella.

                "Um... no la alcancé, ni modo" musitó con un suspiro, acarició el cabello de Edy y sonrió. Pero Ian parecía querer decirle algo más.

                "Un muchacho vino a la casa" informó de inmediato con algo de desconfianza. "Y acompañó a mamá al mercado."

                "¿Un muchacho?" preguntó Jade con extrañeza.

                "Dejó sus cosas en la casa."

 

Jade corrió a ver las dichosas cosas y con enorme alegría reconoció la vieja mochila de piel oscura de Karid... aquella que nunca iba a desempacar... Sonrió ampliamente y miró a sus hermanos. Tomó al más pequeño en sus brazos y agarró unos dulces de la bolsa que estaba al lado de la mochila. Ya sabía que Karid los había traído para ellos. Repartió los dulces y les aclaró a sus hermanitos quién era 'ese muchacho'... Rió mentalmente al imaginarse la reacción de Karid por oír aquello. Era seguro que se pondría roja de pena.

 

                "No es un muchacho" les dijo con una enorme sonrisa, "¿recuerdan que les conté que una amiga vendría a visitarme?... Es ella, se llama Karid."

 

Los pequeños se miraron momentáneamente. Ian pareció satisfecho con la explicación, Ed trataba de repetir el nombre que su hermana había dicho, y después de algunos intentos lo logró, sorprendiendo a Jade.

 

                "Esto pondrá contenta a Karid" pensó Jade, demasiado alegre como para ocultarlo.

                "Karid... Ka... rid..." repetía el menor de los Beaumont mientras comía sus dulces.

 

La espera a que ellas regresaran del mercado no fue mucha. No tardaron en escuchar las sonoras risas de Elena en el patio. Los tres se asomaron por la ventana y vieron a su mamá reír de algo, aparentemente gracioso, que Karid le contaba. 'Espero que no le esté contando algo sobre mi' pensó Jade con cierto desagrado, pero pronto sonrió y dejó a Edy en el suelo para recibir a su mamá y a Karid... aunque con Karid planeaba hacer otra cosa...

 

Ya estaba Jade en la puerta, Elena vio a su hija y sonrió, Karid volvió su vista al frente y vio que Jade corría hacia ella con los brazos abiertos.

 

                "¡Hola, mamá!... ¡Hola, Karid, qué bueno que has venido!" exclamó a todo pulmón.

 

Karid puso mala cara al saber lo que Jade iba a hacer, pero no podía huir, así que le lanzó la canasta con el mandado a Elena, instantes antes de caer con todo y Jade al suelo... aprisionada entre los brazos de la pelirroja... Estaba quedándose sin aire mientras una feliz Jade restregaba su mejilla contra la de ella.

 

                "Karid... has venido... me alegra mucho" decía con gran contento.

 

Elena notó que la piel de Karid se estaba poniendo morada.

 

                "Jade, estás asfixiándola. Suéltala" dijo Elena seriamente.

 

La pelirroja hizo un puchero y soltó a Karid, que quedó sin sentido en el suelo algunos segundos. Pronto apretó sus ojos y sacudió su cabeza, incorporándose. Le sonrió a Jade, y ésta le regresó el gesto.

 

                "Gracias por invitarme" respondió con su tono normal de voz, aunque se adivinaba contento en ésta. "Espero no causarles molestias, señora Elena."

                "Oh, Karid, no te preocupes por eso, las amistades de Jade siempre serán bienvenidas en ésta casa." Respondió Elena, contenta por lo amable y acomedida que resultó ser la guerrera. "Puedes venir cuando quieras."

"Muchas gracias" contestó Karid y se inclinó educadamente ante ella, con su cabeza baja de forma humilde y sus brazos a los costados. Eso le salió de forma casi instintiva, pues así saludaba y agradecía a sus maestros guerreros la lección diaria. Elena y Jade parecieron algo extrañadas por la cortesía, pero igualmente la aceptaron, después de todo, Karid era extranjera. Jade nunca había visto ese saludo en ella, supuso que Karid sólo lo usaba con gente mayor. Ya después le preguntaría, pues vio que sus hermanitos miraban a Karid desde la puerta. Era hora de presentar a los pequeños.

 

Las tres entraron a la casa y Jade tomó a Edy en sus brazos.

 

                "Karid, ellos son mis hermanos. Este pequeño es Ed... Edy para ti" dijo, señalando con su vista al pequeño en sus brazos. Enseguida volvió su vista al mayor de los niños. "El es Ian."

                "Mucho gusto" respondió Karid algo nerviosa. Le sonrió a los pequeños, pero sólo Ian le saludó, Edy se escondió tras su hermana. Para la guerrera de Kisar, los niños pequeños eran algo desconocido. Nunca había convivido con niños, así que no sabía cómo reaccionar ante uno. Ahora le tocaban dos, pero pensó que aquello sería una buena oportunidad para empezar a conocerlos. "Lo que hay en la bolsa es para ustedes" dijo aun apenada, sujetándose la nuca.

                "Bien, niñas, hay que preparar de comer" exclamó Elena con enorme contento, encaminándose a la cocina. Jade puso mala cara con lo que dijo su mamá y bajó a Edy. Karid le entregó la bolsa con dulces y fruta a Ian.

"Repártelos mitad y mitad, Ian" le dijo Jade a su hermano. "Denle las gracias a Karid, anden."

                "Gracias" contestó Ian de inmediato. Parecía contento. Pero Edy volvió a esconderse tras Jade.

                "Discúlpalo, es muy tímido."

                "Olvida eso, no hay problema."

 

Karid fue tras Elena, Jade dio unas últimas indicaciones a Ian y pronto les dio alcance en la cocina.

 

                "Karid cocina bien, mamá, supongo que será de más ayuda que yo" rió Jade con nerviosismo. "Ay, pero creo que eso ya te lo había dicho..."

                "Sí, Jade, ya me has dicho mucho sobre ella" dijo Elena, sacando todo lo que había comprado en el mercado, Karid se sonrojó. "Haré una comida muy especial, pero necesito otro par de manos, ¿me ayudas, Karid?"

                "Claro" sonrió ella con una alegría poco común. Tampoco estaba acostumbrada a convivir con mujeres como Elena, pero estar con ella le producía alegría. Supuso que era aquel famoso instinto materno. No pudo conocer a su mamá y aquella sensación de protección y seguridad que emanaba Elena le era nuevo... y muy reconfortante. "Yo le ayudo."

                "Bien. Jade, ve a dejar las cosas de Karid a tu dormitorio."

                "A la orden, mamá" contestó de forma graciosa y salió de la cocina.

                "Ahora... comencemos..."

 

La tarde fue muy agradable, hicieron una deliciosa comida y sólo esperaban a que el jefe de la casa regresara para comer. También prepararon postres. Elena quería ofrecerle de comer primero a la visita, pero Karid se negó, alegando que había comido antes de llegar a la ciudad. Karid, entonces, fue con Jade a su habitación.

 

                "Mamá se ha enamorado de ti" dijo Jade con tono malvado, acostándose en su cama. Karid puso un gesto de extrañeza y fue a recargarse a la ventana del dormitorio. "Eres el mejor ayudante que ha tenido" agregó con graciosas lágrimas en sus ojos, "y sabes cocinar muy bien..."

                "Me gusta ayudar" musitó con algo de pena, "y sabes que Aidan y Wilhem tienen mejor sazón que yo."

                "Pero el tuyo supera por mucho al mío" lloró con un exagerado tono dramático. Karid puso mala cara ante eso... a Jade le gustaba exagerar las cosas. "Tendré que aplicarme en la cocina o soy capaz de cometer suicidio... si es que llego a probar algo mío."

                "Mejor no te arriesgues... o la señora Elena va a perder a su primogénita" murmuró con malicia escondida en desinterés, mientras miraba el hermoso panorama que ofrecía la ventana del cuarto.

 

Jade captó a la perfección el sentido del comentario. Tomó una de sus almohadas y se la lanzó, pero Karid simplemente la esquivó y le miró de reojo.

 

                "¿Quieres pelea, verdad?" preguntó una molesta Jade.

                "¿Yo?... En lo absoluto..." contestó con el mismo tono de voz.

 

La pelirroja se levantó de golpe y en un abrir y cerrar de ojos ya tenía cara a cara a Karid. Tenía un gesto fiero en su rostro. La cercanía de sus ojos hizo que Karid se sonrojara profundamente, pero Jade no cambió su gesto.

 

                "Si quieres pelea, tendrás pelea" musitó, acercándose más a Karid, ésta retrocedió, casi perdiendo el equilibrio. "Papá todavía tardará un poco en llegar, mientras, tú y yo podemos salir a divertirnos, ¿qué dices?" preguntó, ahora sonriente.

 

Una sonrojada Karid asintió, pero la sorpresa de tener a Jade tan cerca no abandonaba su rostro. Jade notó eso en los ojos cafés de Karid y se sonrojó al instante, alejándose poco a poco de ella.

 

                "Lo siento..." rió, rascándose la cabeza de pena. Ahora ella también se había sonrojado, pero ligeramente. "No era mi intención hacer eso..."

 

Karid pronto recuperó la cordura, aquello fue extraño, pero no le tomó importancia.

 

                "Eh... olvídalo... es sólo que me tomaste por sorpresa" sonrió. "Y... em... ¿adónde vamos a ir?"

                "En el camino te explico. Sólo te diré que es un lugar muy divertido..."

 

Al salir de la casa, un balón fuertemente pateado iba directo a ellas. Karid se adelantó y lo recibió con el pecho, para después empezar a dominarlo con sus rodillas. El balón pertenecía a Ian y Edy, que estaban jugando y accidentalmente el niño más grande lo pateó hacia la puerta. Pronto los niños contemplaron cómo Karid dominaba el balón sin dejarlo caer, al instante se maravillaron y el más pequeño de los dos comenzó a aplaudir.

 

Jade se cruzó de brazos y esbozó una sonrisa apenas perceptible.

 

                “No sabía que jugaras así” comentó, viendo a su amiga que parecía malabarista.

                “En Kivaah, a veces jugaba con mis compañeros” explicó, ahora cabeceando el balón. “Y casi siempre era un juego de pelota.”

                “Bien, vámonos o se hará más tarde y tenemos que regresar a cenar.”

 

Karid, con un cabezazo, logró que el balón cayera en manos de Ian. El niño parecía emocionado, pues él si apenas pateaba el balón en la dirección que quería, ni qué decir de Edy, quien se alegraba de alcanzar a recibirlo en sus manos.

 

                “¿Me enseñarás a hacer eso, Karid?” le preguntó, aún sorprendido.

 

Karid se sonrojó, pero asintió con su cabeza. Jade se alegró de ver eso, pero el sol le indicó la hora que era, así que tomó a Karid de la mano y la guió fuera de la casa.

 

                “Tenemos que irnos, anda” dijo amablemente, mientras le guiaba de la mano entre las calles de la ciudad. “Te estás ganando a los niños, bien.”

 

Karid se sonrojó más, sin poder decir nada. En primera, por que no esperaba que los niños reaccionaran así, y en segunda, por que la mano de Jade era bastante cálida. Se sintió muy confundida de nuevo, pero no lo tomó en cuenta y se dejó guiar por Jade.

 

En minutos, ambas caminaban de la mano en dirección a un lugar que Jade solía frecuentar mucho... Un bar donde guerreros y soldados solían reunirse para beber, divertirse y organizar peleas y apuestas. De ahí, Jade sacaba bastante dinero, pero todos le seguían despreciando y retando, eran demasiado orgullosos como para aceptar que una mujer les derrotara.

 

Entraron al lugar y muchas miradas se posaron en ellas. Algunos de los soldados reconocieron al ‘enano’ y comenzaron a murmurar en voz baja. Karid se puso nerviosa ante la pesada hostilidad, pero Jade caminaba en el sitio como si le perteneciera. Llegaron a la barra y la pelirroja miró con cierta diversión al cantinero.

 

                “Lo de siempre, amigo, pero tráeme dos vasos.”

                “A la orden” sonrió el sujeto, “ésta vez trata de no destrozar mucho el sitio, por favor.”

                “No prometo nada.”

 

Karid no necesitó que nadie le explicara nada de aquello, lo entendió de inmediato. Miró a su alrededor y muchos hombres se preparaban para pelear, supo que era a Jade a quien esperaban.

 

El cantinero llegó con una botella de licor y dos vasos, puso las cosas frente a ellas y Jade de inmediato se sirvió. Karid miró a su amiga echarse todo el contenido de su vaso de un trago. Sabía que Jade bebía, pero era la primera vez que la veía. Jade pareció refrescarse con aquel trago y se volvió a servir, ésta vez llenando el vaso de Karid, también.

 

                “No es necesario que lo tomes” le dijo en voz baja, “sólo es para aparentar.”

                “Oh.”

                “Enseguida comenzará la diversión, sólo necesito beber un poco de esto para calentar.”

                “¿Vas a pelear?”

                “¿’Vas’?... ‘Vamos’... tú también pelearás, es lo que necesitas... Una buena pelea con estos sujetos.” Rió, otra vez vaciando su vaso de un solo trago. “No te dejes llevar por su apariencia, son una bola de inútiles, pero de vez en cuando saben dar batalla.”

 

La pelirroja rodeó los hombros de su amiga con un brazo, mientras con el otro sujetaba su vaso. El apretón fue gentil y de nuevo Karid se sintió extraña. Siempre que Jade la tocaba o la miraba a los ojos, sentía como si un aire frío recorriera su estómago. Suspiró silenciosamente y bajó el rostro, quizá se debía a que ella no estaba acostumbrada al contacto físico y a tantas muestras de cariño. Tenía que ser eso, pues no encontraba otra explicación. Se tranquilizó y pensó que sería divertido pelear contra los sujetos que le llamaron ‘enano’. Una buena lección bastaría para cerrarles la boca.

 

Se sintió mejor y esperó a que Jade terminara de ‘calentar’. Prometió mentalmente no volver a confundirse con algo así, mejor se dedicó a disfrutar del cálido contacto de Jade. Era eso, estaba segura... solo era que no estaba acostumbrada.

 

                “¡Listo!” exclamó una animada Jade y se levantó de la barra, jalando a Karid consigo. Las llevó a ambas a una sala al fondo del establecimiento. “Es ahí, ¿está bien si peleo primero?” Karid asintió. La pelirroja entró en medio del círculo, llamando la atención de inmediato.

 

                “¡Miren, es Beaumont!” exclamó un guerrero.

 

Comenzó la bulla y Jade parecía feliz por eso. Se colocó en el espacio destinado para la pelea y adoptó una pose retadora.

 

                “¿Quién quiere ser el primero?” preguntó en voz alta.

 

Uno de los soldados, un sujeto grande con una igualmente enorme espada, se paró frente a ella a manera de amedrentarla, pero la pelirroja sólo sonrió. Se miraron fijamente.

 

                “Primero el dinero” dijo la guerrera, sacando ella misma una bolsa de dinero de entre sus ropas. El tipo también sacó dinero y lo pusieron en una mesa destinada para el premio del ganador. Pronto las apuestas se organizaron, pocos le apostaban a Jade. Karid se mantenía atenta, ignorando las pesadas miradas sobre ella.

 

Más tardaron en organizar las apuestas que Jade en derrotar al sujeto. Sólo le bastaron algunos golpes y patadas para tumbarlo, ni siquiera necesitó sacar sus hachas. A Karid eso no le sorprendió, conocía la fuerza de Jade y ninguno de esos sujetos le llegaba a los talones.

 

Escuchó que muchos maldecían a Jade. Era un sitio peligroso, pero Jade parecía estar acostumbrada. Karid no estaba familiarizada con tanta hostilidad, en todo el tiempo que vivió en Kivaah, y la pequeña temporada que llevaba en Trevain, nunca se había topado con nada agresivo fuera de las peleas en la frontera. Cuando no atacaban los enemigos, su estancia en Trevain era bastante pacífica.

 

Salió de sus pensamientos al sentir que Jade se acercaba a ella. La pelirroja la abrazó al notarla nerviosa y le encargó su premio.

 

                “Me faltan dos tipos más que acaban de retarme, ¿no hay problema?” le dijo en voz baja, casi al oído.

 

Karid negó con la cabeza y le sonrió, pero antes de que Jade le soltara, los presentes empezaron a hacer bulla de nuevo. Ambas pusieron atención.

 

                “Beaumont, ¿de dónde sacaste a un novio tan enano?” preguntó uno de forma burlona. “Cada vez tienes peores gustos...”

 

Todos comenzaron a reír. Las dos se sonrojaron fuertemente, pero Jade fue la primera en reaccionar, y lo hizo de una manera violenta. Les miró con furia y abrazó más fuerte a Karid. Decidió seguirles el juego, dándoselo a entender a Karid con una sonrisa y un sencillo gesto.

 

                “Pues mi novio puede con todos ustedes sin siquiera sudar” presumió la pelirroja, abrazando a su amiga con ambos brazos... Karid trataba de contener la risa. ¿Ella ‘novio’ de Jade?... Era algo realmente gracioso. “¿Porqué no intentan pelear con él, eh?”

 

Karid sonrió de forma divertida y los retó a todos con la mirada... le habían vuelto a llamar ‘enano’ y no le gustó. Sabía que no era de gran estatura, pero no tenían por qué echárselo en cara a cada rato.

 

                “¡Yo le daré una lección a tu novio, Beaumont, así despídelo con un beso por que le voy a desfigurar su cara de niña!” exclamó un sujeto con dos espadas, parándose en medio del círculo de pelea.

 

Jade y Karid pusieron una cara de extrañeza por el comentario. Se miraron entre sí y trataron de contener la risa... aquello sí que era nuevo... ahora resultaba que Karid no sólo parecía un chico enano, sino que ahora tenía cara de niña.

 

Todos rieron cruelmente con lo que dijo el sujeto de las espadas. Pero Karid se liberó del abrazo de Jade y le guiñó un ojo. Entró al círculo y sacó algo de dinero, el tipo también puso su parte y se prepararon para pelear. Las apuestas no se hicieron esperar y tampoco la pelea.

 

Y fueron segundos los que le tomó a Karid poner fuera de combate al tipo, sin siquiera usar su espada. Todos se molestaron y algunos se lanzaron sobre Karid para atacarla, pero tampoco le costó trabajo derrotarlos. El número de contrincantes le obligó a sacar su espada, pero aquello sólo le ayudó a acabarlos más rápido.

 

Jade se dedicó a tomar el dinero de los derrotados y a guardarlo en su bolsa. Sonrió al ver que Karid se divertía. Estaba contenta por ella. Y rápidamente supo que no le gustaba que hicieran burla de su estatura. Hasta ese momento lo supo... necesitaba pasar más tiempo con ella para conocerla mejor.

 

Cuando Karid terminó de pelear, le sonrió ampliamente a Jade y ésta le devolvió la sonrisa.

 

                “¿Nos vamos, cariño?” le preguntó Jade, bastante divertida.

 

Karid evitó reír y caminó entre los desmayados cuerpos para llegar hasta Jade, ésta le abrazó por los hombros y Karid le tomó por la cintura... que era el único lugar donde le podía abrazar bien. Era hora de irse. Al pasar junto a la barra, Jade le pagó el licor y los destrozos al cantinero, quien sólo negó con la cabeza... siempre era lo mismo con esa chica...

 

Antes de abandonar el establecimiento, Jade miró a los que aún tenían sus ojos sobre ellas. Todos querían atacarlas, pero no se atrevían. A manera de despedida, Jade le dio un beso en la mejilla a Karid... y como Karid no se esperaba algo así, se sonrojó fuertemente.

 

                “Si no llegamos a tiempo a cenar, mamá va a matarnos” dijo Jade con apuro.

 

Se soltaron a comenzaron a correr.

 

Jade notó el nerviosismo en Karid y supo que ella tenía la culpa. Le dio un beso en la mejilla... ni ella sabía de dónde se le ocurrió hacer eso, era muy impulsiva y era su buena costumbre actuar sin pensar... Y en verdad no pensó que Karid podría sentirse incómoda con todo el relajo que armó. Quizá solo le siguió el juego para ocultar su verdadero estado de ánimo. Pero... ¿porqué sentía esa extraña necesidad de abrazarla?... Ni con sus buenos amigos Wilhem y Aidan sentía esos deseos. En verdad le gustaba abrazar a Karid. Su pequeño cuerpo despedía un agradable calor y era muy suave... era como abrazar un muñeco de peluche. Pensó que,  simplemente, se debía a que Karid era su mejor amiga.

 

Karid estaba hecha un mar de confusiones... ¿el beso y los abrazos le gustaron?... Ciertamente no le molestaron, tampoco le incomodaron mucho... pero se sentía muy extraña. Y ya no creía que fuera por no estar acostumbrada al contacto físico y al cariño en exceso. Decidió no comentar nada a Jade, no quería que ella se molestara o pensara mal. Quizá fue el viaje... el cansancio... o que aún no sabía cómo actuar ante una chica tan hiperactiva como Jade. Sabía que ella repartía ese cariño a todos sus conocidos, así que se sentía como la única loca ahí. Tal vez sólo necesitaba una cena caliente y una buena noche de sueño. Sólo estaba confundida por que Jade era su única amiga... tenía que ser eso...

 

Camino a la casa de los Beaumont, se toparon con el padre de Jade, que apenas había terminado su trabajo. La pelirroja lo reconoció de inmediato aún de espaldas.

 

                “¡Papá!” exclamó, contenta, y corrió hacia él. Karid se quedó atrás, admirando aquella escena con una sonrisa más tranquila. Ya no estaba tan nerviosa como hacía un rato.

                “Hola, hija, ¿acaso vienes del bar?” preguntó Evans con una sonrisa. Jade puso una cara nerviosa. “Bueno... mientras no te metas en problemas, supongo que está bien.”

 

El hombre pronto notó a la persona tras Jade y, gracias a las infinitas y animadas descripciones de su hija, sabía que se trataba de la chica que estaría de visita.

 

                “Tú debes ser Karid” dijo Evans amigablemente. Le estiró la mano y la guerrera correspondió el saludo. “Mucho gusto en conocerte, soy Evans Beaumont.”

                “El gusto es mío, señor” contestó de forma amable, inclinándose levemente. “Gracias por dejarme quedar en su casa, espero no causar ninguna molestia.”

 

Evans rió ante la enorme amabilidad de la chica y le palmeó el hombro. Karid se quedó algo confundida, pero lo ocultó. Jade sólo sonrió, Karid sí que estaba dando una buena impresión a su padre.

 

                “Siéntete como de la familia, no te preocupes por nada. Siempre tendremos un lugar para ti” dijo de forma paternal. Karid se sonrojó y bajó el rostro, murmurando un ‘gracias’. “Ahora vamos a casa o Elena va a matarnos.”

 

Karid ya sabía quién mandaba en la casa...

 

La madre de Jade les esperaba en el patio junto con los niños, que jugaban aún con la pelota. Elena les miró y salió a recibirlos.

 

                “¿Cómo te fue en el trabajo, amor?” preguntó Elena a su esposo.

                “Bien... algo cansado, supongo que me estoy volviendo viejo...” rió. Los pequeños se lanzaron a abrazar a su papá como bienvenida y éste los recibió cariñosamente. “Espero que se hayan portado bien... Mmmm... huele delicioso... ¿entramos a cenar o qué?”

 

Todos regresaron a la casa. Karid se quedó atrás, admirando con alegría a una familia tan unida como esa. Jade era una chica muy afortunada por tener una familia. Se preguntó si ella, de estar sus padres vivos, tendría una familia con una relación parecida...

 

Jade le tomó de la mano y la llevó al interior de la casa.

 

                “Anda, vamos” le animó con una sonrisa. “Mira... sé que no estás acostumbrada a tantas atenciones... no te preocupes, mis papás son muy cariñosos.”

 

Karid sólo sonrió, realmente no sabía qué decir. Se sentía como una intrusa en ese momento, en verdad no estaba acostumbrada a ser tratada así. Pero supuso que pronto lo superaría, tarde o temprano tenía que acostumbrarse a tanto cariño demostrado de una forma muy directa. Sabía que Aidan le apreciaba mucho, pero el sacerdote le profería ese cariño a su manera. Wilhem también. Jade era la más directa de los tres... y ahora sabía de dónde había sacado esa particular forma de demostrar aprecio.

 

Ya en la mesa, todos comían entre pláticas y risas... Karid recordó que así pasaba la hora de comer con su maestro, y que de esa misma manera compartía esos momentos con Aidan en la catedral.

 

Era la única en la mesa que no abría la boca mas que para engullir sus alimentos.

 

                “Jade me ha contado que tú custodias en la frontera” dijo Evans, dirigiéndose solamente a Karid. La guerrera levantó la mirada y se dio cuenta que las cinco miradas estaban sobre ella. Se puso nerviosa, pero puso atención a lo que el padre de Jade decía. “También oí rumores, que fue gracias a ti que el ejército de éste país salió huyendo en el último enfrentamiento que tuvieron.”

 

Karid se sonrojó, pero trató de ocultarlo.

 

                “Yo... no hice mucho... sólo me dediqué a proteger a la gente...” dijo, cuidando cada una de sus palabras. Sabía que Evans era un orgulloso soldado retirado, así que no quería decir nada que pudiera ofenderlo. “Estoy en Trevain, por que mi única misión es ayudar a la gente y proteger a los sacerdotes. Es todo, no he hecho nada extraordinario...”

 

Evans sonrió ante la respuesta y soltó una breve risa de contento.

 

                “Eres justo como Jade nos ha dicho. Apuesto a que debes ser una buena rival para ella.”

 

Miró a Jade de reojo y su amiga le sonrió.

 

                “Es bueno que seas amiga de mi hija... por aquí no suele llevarse bien con nadie” intervino Elena, “todos le tienen miedo o rencor y no quieren acercársele. Te agradezco mucho que seas su amiga.”

 

Ahora ambas guerreras se sonrojaron. Karid negó con la cabeza y miró a Elena tímidamente.

 

                “Yo estoy más agradecida con ella por ser mi amiga” dijo con cierta dificultad. Miró a Jade y ésta le sonrió de nuevo. Estaban sentadas lado a lado y la pelirroja aprovecho para tomarle la mano por debajo de la mesa y apretársela con gentileza.

 

Terminó la cena y la familia y la visita se retiraron a dormir.

 

Ya en el cuarto de Jade, la pelirroja se dedicó a sacar su ropa para dormir. Karid miraba por la ventana, admirando la hermosa noche que había cubierto cual velo a la ciudad. Las estrellas estaban contentas por que la luna no había salido, podían brillar y presumir de su belleza ahora. La brisa era fresca y gentil y jugaba con los rebeldes mechones blancos y cafés de Karid.

 

De pronto, sintió que un par de brazos le rodeaban el cuello desde atrás. No pudo moverse y enrojeció al instante, mientras su corazón latía a toda prisa. Una mejilla se pegó a la suya y unas palabras susurraron a su oído.

 

                “De verdad te agradezco que hayas venido, amiga...”

 

Karid no pudo contestar nada, tragó saliva y sólo logró asentir con la cabeza. Jade no tardó en sentir el calor en el rostro de su amiga y de inmediato adivinó que estaba sonrojada... y se puso nerviosa al darse cuenta porqué.

 

La soltó con inmenso cuidado y regresó al clóset para sacarle ropa a su amiga. Quizá una camisa y un short servirían para esa noche. Trataba de mantener sus pensamientos entretenidos en la ropa, pero no lo lograba. Había hecho sonrojar a Karid de nuevo con sus impulsivas acciones, pero no podía resistirse a abrazarla. Sabía que ese gesto era algo muy de ella... y, sin embargo, con Karid era... diferente... En verdad le gustaba abrazarla... Reprimió un suspiro y un sonrojo y trató de recuperar la cordura... Seguramente era culpa de ese licor de procedencia dudosa...

 

                “¿Quieres bañarte antes de acostarnos?... Seguramente te ayudará a dormir mejor” propuso Jade con su tono normal de voz.

 

Karid se sobresaltó un poco, pues apenas se estaba recuperando del sonrojo. Sacudió su cabeza levemente y supo que algo en ella no estaba bien... pero aún no sabía qué podía ser. No debía mostrarse así ante Jade o ella podría incomodarse o sentirse ofendida de alguna manera.

 

                “Um... no, así estoy bien, gracias...” respondió, aparentando su voz casual. “Báñate tú, si quieres.”

                “Yo me bañé ésta mañana... tú eres la que necesita un baño. El ejercicio en el bar seguramente te hizo sudar... ‘cariño’...” murmuró de forma maliciosa.

 

Karid le miró por encima de su hombro, no le agradó mucho el comentario. Ya estaba menos nerviosa, así que pensó que un baño le acomodaría las ideas.

 

                “De acuerdo” musitó con fingido enojo.

                “Bien, iré a calentar el agua de la tina, espera aquí.”

 

Para cuando Jade regresó de nuevo al dormitorio, algunos minutos después, Karid seguía en la ventana. Pensó que ella seguiría incómoda, o quizá molesta, por su actitud tan directa de mostrarle cariño. Seguramente Karid estaba pensando mal de ella... Negó con la cabeza y se acercó a la cama.

 

                “Ya está lista el agua, ve a bañarte” le avisó.

 

Karid por fin volteó y Jade le guió al baño. Ambas mantenían perfecto silencio en el camino. Antes de entrar al cuarto de baño, Jade le entregó la ropa que había escogido para ella. Karid la tomó, algo extrañada.

 

                “No pensarás dormir con tu ropa así, ¿verdad?” le preguntó con tono de broma.

“¿Tiene algo de malo?” debatió la guerrera con cierto enojo.

                “Debes cambiarte de ropa... ¿o es que siempre has dormido con esa?”

                “Sí. Tengo dos mudas iguales. La otra está en mi mochila.”

                “Pues ésta noche usarás esa” alegó, señalándole la ropa que le había dado. “En el baño vas a quitarte la ropa que traes, me la vas a dar y te pondrás la que te he dado.”

                “¿Y si no quiero?” preguntó en desafío.

 

Jade se molestó y la metió al baño a empujones. Ya adentro, cerró la puerta y encaró a su amiga con enojo. Karid parecía con el mismo ánimo y ambas se miraron con fiereza... como si estuvieran a punto de pelear.

 

                “Si no quieres, Karidbis de Kivaah, yo misma voy a obligarte.”

                “¿Cómo?”

 

Jade tomó una cubeta de agua fría que estaba justo a su lado y amenazó con echársela encima. A Karid eso no le gustó nada, así que tuvo que ceder ante la petición. Suspiró y puso la ropa sobre una pequeña mesa. Se quitó los zapatos, el cinto y la camisa.

 

                “Claro... una cubeta de agua y todo se arregla” murmuraba Karid con cierto enojo. “Ya verás luego... voy a descubrir tu punto débil...”

                “Deja de quejarte y apúrate, o el agua se va a enfriar” rió la pelirroja. Pronto notó que el peto que Karid usaba no tenía ningún broche visible. Era un accesorio que le quedaba ajustado y no sabía cómo se lo quitaba. “Oye... ¿cómo te quitas el peto?” le preguntó. “No veo ningún seguro o nudo o nada... tampoco creo que te lo puedas quitar por arriba.”

 

Karid le sonrió y se puso de perfil ante ella. Colocó sus dedos bajo las orillas del peto, a los costados, y presionó algo que hizo un chasquido. El peto se abrió por la mitad, la parte de atrás cayó y la guerrera sólo sujetó la de adelante; pues bajo aquel accesorio no usaba nada más. Jade pareció maravillada y levantó la mitad que estaba en el suelo.

 

                “Um... déjalo en el suelo, voy a lavarlo también” le dijo Karid.

                “Bien...”

 

Pronto, Jade sintió lo flexible que era el material del peto. Podía doblarse pese a ser de metal. Ahora entendía por qué Karid podía moverse bien con eso puesto. Lo acomodó en el suelo y recogió la camisa, el cinto, la espada y los zapatos que su compañera ya se había quitado. Discretamente se volteó para dejar que terminara de desnudarse.

 

El ambiente era más tranquilo que hacía unos momentos. Escuchó que Karid entraba al agua y dio media vuelta. Se sonrieron y Jade terminó de recoger la ropa.

 

“Me avisas cuando acabes para traerte una toalla... es que aquí no hay ninguna limpia.”

                “De acuerdo.”

 

Jade salió del baño y regresó a su cuarto. Ya estaba tranquila y menos nerviosa. Quizá solo algunas cosas en su comportamiento habían sido malinterpretadas por ambas. Ahora todo parecía estar normal. Suspiró de alivio y se sentó en su cama.

 

Aún tenía las ropas de Karid en sus manos y sólo las dobló para colocarlas sobre su mochila. No estaba muy segura de que Karid quisiera que fueran lavadas. La espada la puso encima de la ropa y fue a la ventana a contemplar la noche. Después de algunos momentos, se cambió la ropa y la dobló sobre una silla, las hachas las colocó en el suelo. Deshizo su peinado y sólo se sujetó el cabello en una sencilla cola.

 

No pasó mucho para que dejara de escuchar el ruido del agua en el baño. Supuso que Karid ya había terminado y fue a pararse frente a la puerta del baño, con una toalla en sus manos, claro.

 

Karid se mantenía de pie en el baño, seguía desnuda, el agua aún escurría por su piel y cabellos. Pero ella no necesitaba toallas. Había olvidado decírselo a Jade. Podía secar su cuerpo usando su propio poder sobre el viento, sólo era cuestión de concentrarse un poco y un suave viento la recorría de pies a cabeza. No tardó en quedar seca, a excepción de su cabello, que aún seguía un poco húmedo. No le importó y se puso la ropa que Jade le había dado.

 

                “Karid, ¿ya terminaste?” le preguntó Jade desde afuera.

                “Ya... ahora salgo...”

 

La ropa le quedaba un poco grande, pero no había mucha diferencia con su ropa normal. Le resultó muy cómodo el cambio, tomó su peto limpio del suelo y se encaminó fuera del pequeño cuarto. Al abrir la puerta del baño, se encontró frente a frente con Jade.

 

                “¿Y cómo te secaste?” preguntó la pelirroja con sorpresa.

               “Bueno... tengo mis propios métodos... siento no haberte dicho antes, estuviste parada mucho tiempo” se disculpó tímidamente.

 

Entraron al cuarto. Ya estaban listas para dormir, pero la pelirroja notó que el cabello de Karid aún escurría un poco de agua... y vio que después de todo sí necesitaba la toalla.

 

                “¿Podrías sentarte un momento?” le pidió con una sonrisa. “Secaré tu cabello, si te acuestas con él mojado te puede hacer daño.”

 

Karid se encogió de hombros y obedeció la petición, sentándose con las piernas cruzadas sobre la cama y lanzando su protección junto a su mochila. Ya tenía sueño, además, Jade tenía razón con lo que le dijo respecto al cabello húmedo. Cerró los ojos y sólo sintió que su amiga frotaba su cabeza con la toalla. Aquella acción le resultó algo parecido a un masaje y comenzó a dormirse.

 

                “¿Quieres dormir en la cama conmigo o prefieres dormir sola?” le preguntó Jade con tono alegre. Ahora cepillaba el cabello de su amiga para que sus mechones no se enredaran. Al no escuchar respuesta se extrañó. Pero no tardó en oír algo parecido a un pequeño ronquido. Se asomó y la descubrió completamente dormida. “Karid...”

 

Aquello le causó enorme ternura y no pudo evitar sonreír ampliamente. Se veía muy linda cuando dormía. Pero tenía que despertarla para poder acomodarse en la cama.

 

                “Despierta, holgazana... tú puedes dormir como caigas, pero yo no” le dijo al oído, a fin de no despertarla de golpe.

 

Karid abrió los ojos y dejó escapar un sonoro bostezo. Se levantó de la cama y se estiró con desánimo. En verdad tenía sueño. Jade abrió la cama y apagó las lámparas que mantenían iluminado su cuarto. Sólo la luz de algunas estrellas daba vida a las sombras de los árboles. Jade se acostó en su cama y llamó a una semi-dormida Karid.

 

                “Vas a caerte si duermes de pie” rió la pelirroja.

 

Karid cayó a su lado y de inmediato adoptó una posición bocabajo. Abrazó la almohada bajo su rostro y de nuevo se durmió. Jade estaba algo sorprendida por sus acciones. Nunca la había visto dormir así. Aguantó las ganas de reír y también se acomodó, pero con su mirada fija en el techo. Sintió mucho que Karid se hubiera dormido tan rápido, quería conversar un rato con ella.

 

Miró a su lado y notó que Karid había volteado su rostro hacia ella. Podía ver sus ojos cerrados y su nariz. Algunos mechones de su cabello caían de forma graciosa sobre su frente. Jade sonrió a más no poder, Karid se veía muy linda y tierna durmiendo así.

 

No pudo contenerse mucho y la abrazó... sintiendo de nuevo aquel calor que ella emanaba... Logró pasar uno de sus brazos por debajo de su acompañante, sin despertarla, a fin de acomodarse bien con ella. No pasó mucho para que la tuviera como un bebé entre sus brazos. Inconscientemente, Karid soltó la almohada y se aferró al camisón claro de Jade.

 

                “Te quiero...” le susurró y pronto se contagió de aquel pesado sueño de Karid.

 

El sol salió. Algunos rayos entraron indiscretamente al cuarto de Jade y chocaron contra los párpados de la pelirroja. Karid estaba de espaldas a la ventana, así que no notó ningún cambio. Jade abrió los ojos y tuvo que cubrírselos con una mano, pues la luz era muy penetrante. Cuando logró acostumbrarse, algunos segundos después, movió a Karid por el hombro para despertarla. Elena no tardaría en llamarles para desayunar.

 

Sabía que, en la catedral, Karid dormía maratónicas horas y, a menos que hubiera algo urgente, no se levantaba de su cama para nada... Pero no era igual en casa de los Beaumont, a Elena le gustaba comenzar temprano la jornada.

 

                “Karid... Karid... despierta” le llamaba al oído, agitándola un poco más fuerte.

 

Karid apretó sus párpados y enterró su cara en el pecho de Jade... estaba muy cómoda y caliente en esa cama, no deseaba levantarse. Pero la insistente voz de la pelirroja le obligó a abrir los ojos... se sorprendió bastante de verse en esa posición, pero ya no estaba tan confundida como el día anterior, así que no le tomó importancia.

 

Levantó la mirada para ver el sonriente rostro de Jade.

 

                “¿Piensas despertar o qué?” le preguntó la pelirroja sin abandonar su sonrisa.

 

Karid tenía un gesto muy adormilado y volvió a cerrar los ojos, acomodándose en el estómago de Jade y abrazándola por la cintura.

 

                “¡Pedazo de desvergonzada, levántate o verás!” le reclamó Jade, sacudiéndole por un hombro. “Por lo menos déjame levantar a mí...”

 

La chica de la espada le soltó y se volteó, acomodándose ahora sobre la almohada. Jade se levantó con un salto de la cama. Karid sí que era una dormilona. No sabía de dónde sacaba Aidan la paciencia para soportar tanta holgazanería en ella.

 

                “Supongo que puedes dormir un poco más mientras me baño” suspiró con resignación. Tomó su ropa de la silla y una toalla limpia y, antes de salir del cuarto, miró a su amiga con una sonrisa repleta de ternura... “¡O te levantas cuando esté de regreso o traigo esa cubeta de agua que quedó anoche!”

 

Salió corriendo del cuarto y Karid, gracias la amenaza, despertó de golpe y miró hacia la puerta con enojo.

 

                “Claro... un poco de agua y tienen a Karid a su disposición...” musitaba entre un largo y sonoro bostezo. “Mejor me levanto o es capaz de mojarme...” pensó con molestia.

 

Se sentó en la cama y se frotó los ojos para quitarse el sueño de encima. Soltó otro bostezo y por fin se puso de pie. Miró el hermoso amanecer por la ventana; sonrió. Escuchó movimiento en la cocina y adivinó que Elena ya se había despertado desde hacía un buen rato.

 

Se quitó la ropa que Jade le había prestado y rápidamente se puso la suya; tendió la cama y acomodó lo que pareciera desordenado. Fue lo único que se le ocurrió hacer para ayudar. Atoró su espada en su cinto y se plantó frente a la ventana para ver la hermosa mañana que Tarnis le ofrecía... Pero el sueño seguía en ella... si no hacía otra cosa pronto, se iba a dormir de nuevo y la malvada de Jade iba a mojarla.

 

Salió del cuarto y decidió ayudar a Elena en la cocina... si Jade amenazaba con hacerle algo, podría esconderse tras Elena... Sonrió con malicia al imaginar eso y salió del cuarto.

 

                “Buenos días, Karid” le saludó Evans, que ya estaba sentado en la mesa, esperando a que el desayuno estuviera listo.

                “Buenos días, señor” respondió con una sonrisa.

                “¿Qué haces despierta tan temprano?... Jade nos había dicho que eras muy dormilona... ja, ja, ja...”

 

Karid se sonrojó profundamente y apretó un puño... Jade ya se las pagaría después... Trató de ocultar la pena y le sonrió a Evans. Se llevó una mano a la cabeza, mientras reía tontamente.

 

                “Le ayudaré a la señora Elena en la cocina...” explicó, “no me gusta estar de holgazana en un lugar que no es mi casa...”

               “Bueno... si quieres ayudar, adelante... pero quiero que empieces a sentir que ésta también es tu casa, ¿de acuerdo?”

                “Sí, señor”

 

Se sonrieron una última vez antes de que Karid fuera a la cocina. Elena estaba muy entretenida picando algunas cosas mientras freía otras en una sartén. La mujer no tardó en notar la presencia de Karid y le miró de forma alegre. Se saludaron y Elena de inmediato supo por qué estaba Karid ahí.

 

                “¿Podrías terminar de freír eso, Karid?... todavía me faltan por picar algunas cosas,” dijo Elena entre maravillosas sonrisas que hacían sentir muy bien a la guerrera. “Evans iba a ayudarme, pero lo corrí... es un desastre en la cocina,” rió “¿de dónde crees que Jade heredó el mal sazón, eh?”

 

Karid no pudo evitar reír. Elena sonrió ampliamente y las dos se dedicaron a terminar el desayuno. Terminaron rápido y no tardaron en servir los alimentos. Jade ya había terminado de bañarse, solamente se estaba vistiendo. Los pequeños aún estaban dormidos.

 

Decidieron desayunar sólo los cuatro, los niños podrían comer después.

 

                “¿Cuánto tiempo más te quedarás, Karid?” le preguntó Evans a la guerrera.

                “Um... me iré mañana... no puedo estar mucho tiempo fuera de Trevain” explicó seriamente. “El ejército podría atacar de un momento a otro y yo soy parte de la defensa... Además, ya les he causado muchas molestias...”

 

Evans sonrió de contento.

 

                “He oído que el ejército no quiere encontrarse de nuevo con la guerrera que casi les vence, y que estuvo muy cerca de matar al General.”

                “Además...” intervino Elena, “jamás vas a causar molestias aquí...”

 

Karid no pudo evitar sonrojarse profundamente. Bajó la mirada y sintió que Jade tomaba su mano y la estrechaba con gentileza. No sabía qué decir. Sentía el cariño de esa familia, pero no lograba acoplarse a él. No estaba acostumbrada a ese tipo de relaciones... en la Catedral nadie tenía el papel de “papá” o “mamá”, cada cual estaba en lo suyo y pocas veces se preocupaban realmente por los demás. Aidan era la excepción, claro, pero estaba muy ocupado entre sus deberes y obligaciones como sacerdote. Karid jamás creyó necesario molestarlo y por eso se alejaba a hacer otras cosas... disfrutaba mucho los momentos que estaba con él, pero eran pocas las oportunidades que tenían para convivir realmente.

 

En Kivaah, el hábito de entrenar, descansar y entrenar de nuevo no dejaba mucho tiempo para convivir. Su maestro era una persona muy querida para ella, era su papá y mamá a la vez, pero... fuera de él, nunca conoció a nadie más.

 

Ahora sabía que toda la confusión que tenía desde el día anterior, se debía a esa atmósfera que le era ajena y casi desconocida... Los abrazos y el beso de Jade, las sonrisas de Elena, la atención de Evans, la ternura que despedían los niños... Ella apenas estaba conociendo ese tipo de relaciones y no sabía cómo actuar... no sabía cuál era su papel. Y en ese momento se sintió más confundida...

 

El desayuno terminó, Evans fue a trabajar y Elena se preparaba para empezar los quehaceres.

 

                “¿Quieres entrenar conmigo, Karid?” le preguntó Jade a su amiga, algo preocupada por ver confusión en los ojos de ésta. “No debemos perder la condición.”

                “Claro.”

                “Pero antes de que empiecen... Jade, necesito que vayas al mercado” dijo Elena, dándole la lista del mandado, dinero y el canasto a la pelirroja. “Karid, tú me ayudarás con algo mientras Jade regresa... ¿de acuerdo, niñas?”

 

Ambas asintieron. Jade salió de la casa y Elena se llevó a Karid a la cocina.

 

                “Karid, acércate, por favor” le pidió a la guerrera.

 

Karid obedeció la petición... y Elena la abrazó con gran cariño, como si ella fuera una más de sus hijos. Karid se sintió muy extraña... y también muy cómoda. Esa sensación era muy diferente a la que emanaba de Jade... El sentimiento de protección se hizo más palpable... se sentía, además, vulnerable... débil... pequeña... Nunca había experimentado algo así...

 

Siempre se le inculcó que debía proteger a la gente a su alrededor, ser fuerte para defenderse a sí misma y hacer que confiaran en ella. Y ahora, un simple abrazo de una mujer sencilla le tiraba todas sus ideas... Se asustó de esa sensación de vulnerabilidad y se soltó bruscamente del abrazo. Le habían enseñado a no ser débil... y Elena le provocaba eso mismo: debilidad...

 

Pero la madre de Jade le miró de manera amorosa, como si eso fuera exactamente lo que esperaba de ella.

 

                “No debes tener miedo, Karid... Tú eres una chica muy fuerte por haber soportado tantos años sin el abrazo de una madre. Tienes un buen corazón y no debe perderse por la falta de cariño. Sé que Jade, tus amigos y tu maestro te quieren mucho; pero necesitas que alguien más te proteja a ti...”

                “Y... esa persona... sería...” murmuró en un extraño estado ausente.

                “Si me dejas... sería yo...” contestó. “Nunca nadie te ha protegido... eso te puede afectar más adelante.”

                “Pero... usted apenas me conoce... yo... no...”

                “Eres una persona a la que mi hija quiere demasiado... Jade no es alguien que se encariñe de esa manera con cualquier persona... y si ella ve algo en ti... entonces debes ser muy especial.”

 

Karid no sabía qué decir, ni qué hacer... bajó la mirada con una extraña confusión en su corazón... Sensación que se desvaneció cuando Elena la acunó de nuevo entre sus brazos. Ella tenía razón... eso era todo lo que necesitaba... sentirse, aunque sea por unos momentos, protegida...

 

Lo que Jade le demostraba en cada abrazo era ese cariño tan especial del que Elena le habló. Ahora lo sabía...

 

Soltó un fuerte suspiro y se sintió mucho mejor... incluso más fuerte que antes...

 

                “Gracias” murmuró, soltándose del abrazo.

                “No tienes nada qué agradecer... pero siempre contaré contigo para que cuides de la loca de mi hija... y en pago, siempre podrás venir a mi cuando lo necesites.”

 

Karid asintió sin decir nada más y salió al patio trasero, que era donde, evidentemente, Jade entrenaba. Decidió no comentarle nada a Jade de lo que acababa de pasar, sabía que Elena tampoco se lo diría, al menos no en ese momento.

 

Toda la confusión que sintió, desde aquella mirada de Jade que le causara su primer sonrojo el día anterior, por fin había desaparecido. Aún necesitaba tiempo para acostumbrarse a esa manera tan especial y directa que tenía su amiga de demostrarle cariño, pero sabía que ya no estaría confundida con nada...

 

Tomó su espada y comenzó a hacer movimientos de calentamiento. Estaba ansiosa por pelear con Jade.

 

                “¡Ya llegué!” sonó la voz de la pelirroja. Entró corriendo a la cocina y puso el mandado sobre una pequeña mesa. “¿Dónde está Karid, mamá?”

                “En el patio de atrás...” respondió Elena tranquilamente. Jade estaba por salir, pero su madre le retuvo algunos segundos. “Ya no tienes porqué preocuparte por ella... está mejor...” dijo con un tono confidente.

 

Jade no entendió del todo, pero sabía que su mamá podía hacer muchas cosas sin necesidad de armas o magia. Le sonrió ampliamente y fue al patio, donde Karid practicaba algunos movimientos y golpes con sus piernas y espada.

 

                “Supongo que estás lista para entrenar...” dijo Jade con aquella enorme sonrisa aún.

 

Karid le miró de reojo y asintió con la cabeza, sin descuidar sus movimientos. Un simple vistazo a sus ojos le bastó a la pelirroja para saber que su amiga por fin estaba tranquila. Elena era un genio, definitivamente... No sabía qué había hecho su mamá para hacer que Karid se sintiera mejor, pero en ese momento no le dio importancia... Tenía una guerrera que vencer...

 

La carrera al mercado le bastó para calentar, así que sacó sus hachas y se puso en pose de ataque. Karid dio una última pirueta en el aire y aterrizó a pocos metros frente a Jade, con su espada en mano y lista para el combate.

 

                “Sólo hay una condición” advirtió Jade antes de comenzar. Karid puso un gesto serio. “Nada de ataques especiales o vamos a destruir el patio y mamá nos matará...” rió de forma muy tonta. “Sólo hay que medir fuerzas y movimientos. Nada de ataques especiales, ¿vale?”

 

Karid asintió con una sonrisilla nerviosa e inmediatamente se alistó, pues Jade sonrió de una forma maliciosa que le indicó el inicio de la batalla.

 

                “¡No vas a vencerme, Karidbis de Kivaah!” exclamó lanzándose sobre ella con un formidable salto y las hachas por delante.

 

Karid recibió las pesadas hachas con el filo de su espada, sabía que no podría soportarlas mucho tiempo, así que retrocedió un poco y dejó que las hachas cayeran al suelo, mientras saltaba de nuevo hacia delante y le soltaba un golpe de espada a Jade. La pelirroja esquivó la filosa hoja, liberó sus hachas y retrocedió con un veloz salto. Aquel golpe pudo ser peligroso.

 

                “¿Has practicado o qué?” le preguntó, bastante emocionada por pelear con su amiga. Karid era la única rival a su nivel. “No esperaba que hicieras eso.”

                “Bueno, sabes que jamás voy a soportar esas hachas... mientras más lejos esté de ellas, mejor.”

 

Jade sonrió al ver el animado gesto de Karid, tan feliz estaba que deseaba vencerla, pues sus peleas siempre eran interrumpidas o terminaban en empate. Tomó sus hachas con fuerza y corrió velozmente hacia Karid, soltándole golpes sucesivos con sus armas. Karid retrocedía, se agachaba, saltaba y esquivaba cada golpe con gran agilidad. Llegó un momento en que logró pararse sobre una de las hachas y pateó el rostro de Jade, claro que sin intención de lastimarla, fue un golpe leve.

 

La pelirroja en verdad que estaba emocionada, nunca nadie había logrado asestarte un golpe tan certero como ese. De haber sido más fuerte, aquella patada la hubiera tirado. Pero quería demostrarle a Karid que ella también tenía movimientos que no podría imaginarse. Movió sus hachas, aprovechando que su rival seguía en el aire, y logró prensarla entre sus armas por la cintura, cuidando de hacerlo sobre el peto para no lastimarla.

 

Pero el impactó, aunque leve, bastó para que Karid sintiera dolor en sus costillas y optara por un escape rápido. Jade estaba descubierta del frente y puso un pie sobre su estómago. Se apoyó fuertemente y saltó hacia atrás, liberándose de las hachas.

 

La pelirroja quedó sin aire algunos segundos, sujetándose el estómago, y Karid cayó de rodillas, apoyándose en su espada y con dolor en sus costados. Su camisa había sido cortada en esas áreas.

 

                Compartieron una fiera y divertida mirada mientras sopesaban los efectos de aquellos movimientos. De haber peleado en serio ya se habrían matado.

 

                “Ves que sólo tengo dos camisas... y me rompes una...” reclamó la guerrera de la espada con una sonrisa.

                “Le pediré a mamá que la zurza al rato, ahora me pagarás esos golpes... ¡Nadie comete la osadía de tocar a Jade Beaumont!”

 

                De nuevo se lanzó sobre Karid, pero con un hacha al frente y la otra preparada a su espalda. Karid dio un formidable salto en el aire, evitando un primer lance del hacha que estaba al frente. Pero Jade también saltó. Tomó desprevenida a Karid y sacó la otra hacha, cortando, ésta vez, un largo tramo cruzado desde el pecho hasta el estómago. Karid cayó al suelo, pero un movimiento bastó para ponerse de pie y volver a saltar, dándole un empellón a Jade justo en el estómago aprovechando que no tenía defensa.

 

                Volvieron a caer. Las dos se sujetaban el estómago. Pese a que los golpes recibidos no eran con intención de lastimar, sí contenían mucha fuerza.

 

                “¿Pretendes dejarme sin ropa o qué?” preguntó Karid, tratando de mantener una sonrisa. “Ay... eso me dolió...”

                “No te quejes, tú me sacaste el aire...” contestó Jade, respirando profundamente.

                “A mi todavía me duelen mis costillas...”

                “¿Y crees que esa patada en la cara y el estómago no dolieron?”

 

Se miraron con aparente enojo. Karid terminó de romper su camisa, después de todo, sabía que Jade le asestaría más golpes y su camisa terminaría hecha trizas. Solo quedó sujeto el largo extra de la prenda con el cinto.

 

                “Esa camisa te la voy a cobrar.”

                “Tienes otra... ¡no te quejes y pelea!”

 

En un parpadeo, una de las hachas de Jade se había clavado justo frente a Karid, la otra estaba a punto de caer sobre ella, pero Karid tenía enfrente el torso al descubierto de Jade e iba a aprovecharse de eso. Golpeó a Jade con la empuñadura de la espada en el pecho, pero el hacha cayó en su espalda durante el proceso.

 

Karid cayó de frente y Jade salió volando de espaldas contra el suelo.

 

                “Ya nos hubiéramos matado desde hace rato...” rió Jade con gran esfuerzo.

                “Ouch... ¿cómo es que aguantas esas endemoniadas hachas, mujer?” murmuró Karid desde el suelo. El arma que le golpeó en la espalda... seguía en su espalda. Hizo un esfuerzo para quitársela de encima. La otra arma aún estaba clavada en el suelo. “¿Habría algún problema si peleamos sin las armas?... Un descuido y podemos lastimarnos de verdad.”

                “Buena idea. Supongo que los puños y las patadas son menos peligrosos.”

 

Se pusieron de pie nuevamente. Algunos segundos bastaron para que se recuperaran por completo. No tardaron en pelear con sus puños y piernas. Aquello era más rápido y certero, pero la velocidad de Karid y la resistencia de Jade salieron a lucir como nunca. Jade recibía más toques de Karid, patadas en su mayoría. Y Karid lograba esquivar los peligrosos puños de Jade, pero ninguno de sus ataques parecía afectar a la pelirroja.

 

                De pronto, Jade estaba por asestarle un certero golpe a Karid en el rostro, mientras, Karid estaba apunto de hacer lo mismo, pero con una rodilla. Se sonrieron y planearon con una simple mirada detener esos golpes instantes antes de tocarse. Estaban bastante concentradas... de pronto...

 

                “¡Tú le ganas, hermanita!” gritó Ian a todo pulmón.

                “¡Manitaaaa!” gritó también el más pequeño de los hermanos.

 

La sorpresa les sacó de concentración y ambas recibieron con demasiada fuerza los golpes que planeaban no darse. Parecieron quedarse inmóviles... Jade con la rodilla de Karid en una mejilla, y Karid con el puño de Jade en su nariz y boca.

 

                Karid cayó primero, sin sentido y sangrando de la nariz y la boca. Jade terminó de rodillas, mientras su mejilla se inflamaba considerablemente y un hilillo de sangre salía de su boca. La pelirroja no perdió el sentido, después de todo tenía mucha más resistencia que Karid, pero la sorpresa era lo que la mantenía ida.

 

                “¡Mamá!” gritaron los pequeños con miedo.

 

Elena salió corriendo y se asustó un poco de ver a las chicas así. Corrió hacia Jade y pasó su mano varias veces frente a sus ojos hasta que ella reaccionara... y cuando lo hizo, fue para quejarse, soltar unas lagrimillas y sujetarse la mejilla afectada.

 

                “Me dolió, me dolió, me dolió, me dolió, me dolió, me dolió, me dolió, me dolió, me dolió, me dolió...” lloriqueó la pelirroja.

 

Elena revisó a Karid. Su nariz y labio superior estaban rotos, sangraban bastante.

 

La mujer se las arregló para meter al par a la casa. Le puso a Jade un fomento de agua fría en la mejilla para desinflamarla; curó a Karid, que seguía desmayada. La guerrera de Kisar terminó con una graciosa bandita en su nariz y otra en su labio.

 

                “Ay, niñas... deben tener cuidado” decía Elena entre suspiros y sonrisas nerviosas.

                “Todo estaba bien, mamá...” lloró Jade, “pero no esperábamos que Ian y Edy llegaran de pronto... y nos desconcentramos... y nos golpeamos sin querer...”

 

Karid despertó en ese momento, sujetándose el rostro con inmenso dolor.

 

                “Ay...”

                “¿Estás bien, Karid?... Perdóname, no fue mi intención...”

                “Lo sé, no te preocupes...” respondió con algo de trabajo, “yo también te pegué, discúlpame, por favor.”

 

                Elena les dio algo de medicina para el dolor y regresó a sus quehaceres. También tenía que preparar la comida. Karid estaba acostada en un sillón, con Jade sentada a su lado. Se quedaron ahí un buen rato hasta que la medicina hizo efecto. Ian llegó de pronto y le entregó su espada a Karid.

 

                “Ten.”

                “Gracias.”

                “Ian... la próxima vez no lleguen así como así mientras haya una pelea, puede ser peligroso” le reprendió Jade.

                “Mamá ya nos dijo eso” respondió, apenado.

                “¿Y Edy?”

                “Quiere traerte tus hachas para disculparse...”

 

                Jade sonrió tiernamente. Fue al patio trasero para hablar con su hermanito. Ian se quedó con Karid, que se sentó para atorar su espada donde siempre.

 

                “Eres muy fuerte” le dijo Ian, que pronto recuperó su gesto sorprendido.

                “No más que tu hermana, créeme” contestó con un sonrojo y una dolorosa sonrisa. “Mi golpe sólo le inflamó la mejilla... pero ella me dejó fuera de combate con un puñetazo.”

                “Es que nadie la había golpeado antes.”

 

Karid guardó silencio. Mantuvo su sonrisa un poco más y fue al dormitorio.

 

                “Y nadie antes me había golpeado a mi...” dijo en voz baja. “Tu hermana es la persona más fuerte que conozco.”

 

                Sacó la otra camisa de su mochila y se la puso. Ya no sentía dolor alguno gracias a la medicina, eso era bueno... una nariz rota no era algo muy agradable. El labio, gracias a los cuidados de Elena, no estaba hinchado y sanaría muy pronto... pero podía apostar a que, regresando a Trevain, Aidan le curaría con sus poderes... hecho un mar de preocupaciones.

 

                Jade entró al cuarto, bastante contenta.

 

                “¿Está bien el pequeño?” preguntó Karid, mirando por la ventana.

                “Sí... deben aprender a tener cuidado la próxima vez... Imagina si hubiéramos tenido nuestras armas...”

                “Je... mejor no imaginemos nada... me da miedo de sólo pensarlo...”

 

Jade se sentó en su cama y lanzó un suspiro. Sonrió enseguida y miró a Karid, que le estaba dando la espalda. Estaba feliz de tener a alguien como ella para poder pelear. Era una magnífica guerrera, con ella en la defensa de Trevain, dudaba mucho que el ejército de Tarnis lograra algo.

 

                “¿Quieres salir a pasear?... El bosque que está cerca de aquí es muy hermoso.” Le propuso Jade, esperando pacientemente a que ella volteara. Quería pasar un poco más de tiempo cerca de ella, pues partiría al día siguiente. “Anda, di que sí.”

                “Claro, vamos.”

 

                Avisaron a Elena que saldrían a caminar.

 

                Esa tarde era fresca y agradable. La gente hacía sus deberes diarios con muchas ganas. Los únicos con cara de pocos amigos eran los soldados que se paseaban por la ciudad como si les perteneciera. Antes de entrar al bosque, Jade le pidió a Karid que la acompañara al mercado, ésta aceptó.

 

                Caminaron entre los puestos de frutas, verduras, zapatos y accesorios; hasta llegar a una gran tienda de ropa. Karid se extrañó de estar ahí, pero no hizo ninguna pregunta, sólo siguió a su pelirroja amiga, que parecía buscar algo con demasiadas ansias.

 

                “¡Sabía que tenía que estar aquí!” exclamó de contento y corrió en dirección a una repisa con muchas camisas colgadas. “¡Por algo es la tienda más grande de todas!”

 

                Al darle alcance, Karid se sorprendió de ver que, aquello que Jade estuvo buscando, era la camisa que le había roto durante su entrenamiento. No pudo moverse por algunos momentos, producto de la sorpresa. Jade buscaba la talla adecuada, sabía que tenía que ser más grande de lo necesario. Sonrió ampliamente al encontrar la prenda perfecta y corrió hacia Karid, llevándola hasta los probadores.

 

                “Jade... era broma eso de cobrarte la camisa nueva...” murmuró, mientras la pelirroja le medía la prenda por encima. “No tienes que hacerlo.”

                “No intentes convencerme, ese es mi trabajo” rió, notando un sonrojo en Karid que le pareció adorable. “Entra y pruébatela, a ver si te va bien.”

 

Karid no pudo alegar nada más, literalmente Jade la empujó al interior del vestidor. Suspiró y no tuvo otra opción que probarse la prenda. Era igual a la que llevaba puesta, la diferencia, es que la que Jade iba a comprarle olía a nueva. Salió del probador con la camisa nueva puesta.

 

                “¡Es idéntica, qué bueno!” exclamó Jade con felicidad.

                “Um... yo... bueno... este...” se sonrojó de nuevo. “Gracias...”

 

Jade se alegró mucho. Pagaron la prenda y salieron, por fin, en dirección al bosque. Karid sólo amarró la camisa extra con el cinto, de manera que no le estorbara. La guardaría en su mochila cuando regresaran a casa de los Beaumont.

 

El par caminaba en un agradable silencio, sólo admirando el hermoso paisaje a su alrededor. Jade planeaba llevar a Karid a un lugar en específico, era su sitio favorito, donde ella y su familia solían ir de día de campo. Era un soleado claro donde un riachuelo pasaba. Un sitio en verdad hermoso y acogedor. No tardaron en llegar al lugar... Karid simplemente se maravilló...

 

                “¿Te gusta?” preguntó la pelirroja con una sonrisa enorme.

                “Es muy hermoso...” murmuró, extasiada de aquella belleza que podía desprender un sitio tan pequeño.

                “Lo sé... ya tenía ganas de traerte a éste sitio...” dijo enseguida, caminando cerca del riachuelo. Se sentó en invitó a Karid a descansar a su lado. “Ven... es muy cómodo...”

 

                Karid se sentó al lado de Jade, cruzando sus piernas y admirando el cielo sobre ellas. Cuando las guerreras encontraron sus miradas, se sonrieron, fue algo inevitable. Jade tocó la nariz de Karid con la punta de su dedo.

 

                “¿Te duele?” le preguntó con una risilla.

 

Karid sonrió levemente y negó con la cabeza. Jade enseguida tocó el labio herido.

 

                “¿Y aquí?”

                “Tampoco. Tu mamá me curó muy bien. O puede que sea sólo la medicina... no sé...” murmuró, tomando la mano que tocaba su labio. Sujetó la mejilla morada de Jade con inmenso cuidado. “¿Y tú qué dices... te duele?”

                “No. Pero puede que tengas razón y sólo sea la medicina... nos volverá a doler cuando pase el efecto.”

 

                Se sonrieron penosamente ante aquella posibilidad.

 

                “Pegas duro, Karid, no lo esperaba...” dijo, ahora sujetando la mano que su amiga mantenía en su mejilla. “Me pregunto si tus puños pegan igual.”

                “No... sólo tengo fuerza en las piernas. Pero tú sí que pegas duro... de milagro no me tiraste los dientes... je...”

                “Lo siento...”

                “Olvida eso... nos golpeamos y fue un accidente...”

                “La próxima vez yo voy a ganar.”

                “Eso si yo te dejo, Beaumont.”

                “Mmmm... suena a reto... eso me agrada...”

 

                Jade se recostó en el pasto, haciendo que Karid le imitara, pero con la cabeza de su amiga sobre su estómago. Karid simplemente no opuso resistencia. Era muy cómodo estar así. Se abrazó al torso de Jade y cerró los ojos. La pelirroja miraba fijamente al cielo, mientras acariciaba algunos mechones del cabello de Karid.

 

                “Nada más no te vayas a dormir...” le advirtió Jade a su amiga, tocándole la frente. “Quiero platicar, no oírte roncar...”

 

                Y fue lo primero que escuchó... un inaudible ronquido que indicó el profundo y rápido sueño de Karid. Jade negó con la cabeza... esa chica era incorregible... pero igualmente optó por una pequeña siesta. No estaría de más después de una gran pelea como la que acababan de tener. El sueño se le contagió de manera rápida. ¿Cómo era posible que Karid sí le contagiara su pesado sueño... y ella no le contagiara a Karid sus incansables ánimos?...

 

                Un bostezo antecedió el profundo sueño de la guerrera de las hachas... Instantes antes de dormir, acarició la mejilla de Karid y sonrió...

 

                “Loca...” rió con sus ojos cerrados, “te quiero como no tienes idea...”

 

                La mano que antes acariciara la mejilla terminó descansando en la nuca de la guerrera, por debajo de su cabello café. Karid, aún entre sueños, escuchó aquello y sonrió, apretando en sus palmas la ropa de Jade y estrechándola con más fuerza entre sus brazos.

 

                Al despertar, muchas horas después, descubrieron que ya era de noche. Cabe decir que la que despertó fue Jade... Karid iba en el quinto de los veinte sueños que tenía normalmente.

 

                “Holgazana... despierta... tenemos que ir a casa...” le sacudió Jade, sentándose. Pero aquello ayudó a que Karid se acomodara en el regazo de la pelirroja. “¡KARID, DESPIERTA O TE AVIENTO AL ARROYO!”

 

                Y Karid se levantó de inmediato, mirando a Jade con cierto enojo.

 

                “Mucho mejor...” murmuró la guerrera, tomó a Karid por el brazo y ambas se pusieron de pie, encaminándose de inmediato a la ciudad. “Tenemos que regresar a casa, mamá puede estar preocupada.”

 

                Como única respuesta escuchó un bostezo.

 

                “Holgazana...” le dijo a la adormilada guerrera.

                “Gruñona...” respondió, algo malhumorada.

                “¡¿Cómo me llamaste?!” Jade se detuvo abruptamente, lo que hizo que Karid chocara de cara contra su espalda.

                “¡Ouch!”

 

                Karid se alejó un poco, sosteniéndose la nariz y la boca. Una pequeña lagrimilla fue suficiente para saber que el efecto de la medicina había pasado. Le dolió mucho, pese a que el choque no fue fuerte.

 

                “¡Lo siento, perdóname!” exclamó una avergonzada Jade, auxiliándola.

                “No te preocupes...” respondió Karid con algo de trabajo. “Ay... duele... y creo que mi boca está sangrando de nuevo...”

                “Ven, vamos al arroyo para que te laves...”

 

                Jade le ayudó a su amiga a enjuagar la sangre que salía de su labio. El agua estaba fría, así que dejó de sangrar rápido, pero aún le ardía. La pelirroja estaba muy apenada por aquel accidente.

 

                “No fue mi intención... lo siento mucho...”

                “Yo no debí llamarte así... discúlpame...”

 

                Karid tomó la camisa que estaba atorada en su cinto y la usó para secarse la cara. Por suerte, su nariz no había sangrado también, pero le dolía mucho.

 

                “¿Estás mejor?” le preguntó.

                “Sí, no te preocupes... sólo me duele un poco...”

                “Le pediré a mamá que te dé más medicina...”

                “No... déjalo así... ya pasará el dolor...”

 

                Jade le ayudó a ponerse de pie y caminaron a paso lento entre los árboles. Karid tenía uno de los brazos de Jade sobre sus hombros, abrazándole con gentileza. Ella iba sujeta de su cintura.

 

                “¿Cómo haces para pelear cuando tus hermanitos están viéndote?” preguntó Karid con tono curioso.

                “¿Uh?... Ah... bueno, es que... cuando peleo, trato de lucirme ante ellos, mi concentración está en ellos y en mi rival al mismo tiempo” explicó, “pero hoy tenía toda mi atención puesta en ti... supongo que sería un error fatal de estar en una pelea de verdad.”

                “Je... Eso es cierto, pero no creo ser de tanto cuidado...” rió Karid, deteniéndose un momento. Jade también hizo un alto.

                “No es eso precisamente...” contestó Jade entre sonrisas, tratando de explicar algo más. “Por ejemplo, ahora mismo tengo toda mi atención en ti... y no es por que tema algún golpe repentino de tu parte.”

                “Entiendo.”

 

                Karid soltó un suspiro... y de pronto... su corazón latió a toda prisa. Aquello le extrañó... Ya no podía ser la confusión y el temor que sentía al principio... era algo raro, algo que no se podía predecir en ese momento...

 

Estaba a punto de pasar algo más.

 

Alzó la mirada y chocó contra los dorados ojos de Jade, que también permaneció en aquel repentino silencio, como si igualmente hubiera sentido aquella extraña corazonada y el acelero de latidos. Sintió sus dedos temblar sobre la cintura de su amiga.

 

                La pelirroja también suspiró, se notaba tan nerviosa como Karid; pero no dejaba de mirarla a los ojos... ni Karid a ella... Un extraño deseo nació desde sus pechos, alborotando más el par de corazones. Jade simplemente no evitó abrazarla de nuevo, sintiendo que Karid volvía a rodear su cintura, pero ahora con ambos brazos y haciendo un nudo con sus dedos...

 

                “Karid...” dijo con un suspiro de aliento tembloroso.

 

                Karid bajó la mirada y negó con la cabeza... ya sabía qué era aquel deseo... Un ánimo desconocido le levantó el rostro de nuevo y le obligó a mirar a Jade una vez más.

 

                “Karid... yo...”

                “Shhh... lo sé...” murmuró con un tono de voz muy bajo.

 

                La guerrera de Kisar tragó saliva, como producto de sus nervios, y sólo atinó a hacer una cosa... alzó su rostro lentamente, de manera que se encontrara con el de Jade. La pelirroja captó el mensaje con un profundo rubor y un repentino estremecimiento en la piel. No pudo pensar bien al momento, únicamente inclinó el rostro...

 

                Ambas cerraron los ojos, instantes antes de que sus labios se tocaran de forma sutil y apenas perceptible... Mantuvieron una mínima distancia entre sus bocas, como decidiéndose a unir en serio. Abrieron los ojos nuevamente y se miraron una a la otra... se sonrieron...

 

                “Déjame... prometo no lastimarte...” murmuró la pelirroja.

                “Bien... prometo lo mismo...” respondió, liberando una de sus manos para tomarla por la mejilla lastimada... y lo hizo de una manera muy delicada. “Yo... bueno...” murmuró con algo de miedo... pensaba que, lo que estaban a punto de hacer, podría afectar seriamente su gran amistad.

                “Sé lo que estás pensando... tus ojos siguen siendo muy expresivos...” sonrió Jade, enredando sus dedos en el cabello de Karid. “Siempre vamos a ser amigas... las mejores... nada va a cambiar entre nosotras... esto sólo sería como... como...”

                “¿Como una prueba de amistad?”

                “Más o menos.”

 

                Jade volvió a unir sus labios. Los dos pares de ojos se cerraron de nuevo.

 

                Todo inició con un delicado masaje por parte de la pelirroja, cuidando de no hacer sangrar otra vez la herida. Pronto encontró un punto donde concentrar su atención: el labio inferior, que se había salvado del puñetazo. Hizo una breve pausa, antes de dar rienda suelta a aquel deseo...

 

                Karid pronto correspondió el beso, acariciando con sumo cuidado la mejilla en su mano. No sabía que hacía estremecer a Jade con esa sencilla caricia... y Jade tampoco sabía que hacía temblar a Karid con jugar sus dedos en su nuca y cabello.

 

                El beso, dulce y sencillo al principio, se volvió apasionado con el transcurrir de unos minutos. Las guerreras se abrazaban y acariciaban entre las sombras, siendo apenas distinguibles sus siluetas bajo los árboles. El beso se alargó lo que pareció una eternidad...

 

                Terminaron abrazadas, recuperando aire y calmando sus latidos. El proceso no duró mucho.

 

                “¿Vamos a casa?... Me muero de hambre” dijo Jade después de un rato. “Mañana te tienes que ir temprano.”

                “Cierto. Regresemos.”

 

                Caminaron mano a mano hacia la ciudad, contentas y tranquilas. Aquello, más que confundirlas o hacerlas sentir extrañas, sólo puso a su amistad un sello permanente, indeleble. Ambas lo sabían.

 

                “¿Qué se supone que le explicaremos a mamá?” preguntó la pelirroja de forma divertida.

                “La verdad. Nos quedamos dormidas” contestó tranquilamente su compañera.

                “Je... esa no es ‘toda’ la verdad...”

                “Pero tampoco es mentira...”

                “¿Verdad a medias?”

                “Míralo como quieras...”

                “¿Siempre tiendes a ser tan despreocupada?”

                “No siempre...”

                “¿Cuándo es eso?”

                “Cuando duermo.”

 

Jade negó con la cabeza y volvió a abrazar a Karid. Era incorregible... y con todo y eso la quería como a nadie. Karid, por su parte, se sentía muy bien.

 

No podía pedir nada más en ese momento...

 

 

FIN

***** ***** ***** ***** *****

Hosted by www.Geocities.ws

1