Por: Escarlata
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La noche hacía un par de
horas que se había situado en el cielo. Había un par de nubes decorando el
firmamento y cubriendo a ratos las estrellas. El silencio era casi total, de no
ser por la suave brisa que soplaba entre las copas de los árboles y tocaba una
singular melodía. Más lejos, se escucha una canción a medio sintonizar, tanto
la letra como la música apenas eran distinguibles. El motor de algunos
automóviles rompían la tranquilidad a ratos de manera poco amable... y, tan
pronto llegaban, se alejaban como alma que lleva el diablo. Ahí, todos parecían
tener prisa.
En medio de aquel
escenario, se levantaba una pequeña, pero hermosa casa. Lo más llamativo de
ella, era el jardín del patio delantero. Decenas de flores, siendo las rosas
las predilectas, adornaban el patio con maravillosa y cuidada belleza. El rocío
nocturno se posaba en cada pétalo, asemejando un firmamento de estrellas cada
que los faros de algún auto les prestaba su luz.
Ajena a la belleza de su
propio jardín, la dueña de la casa se hallaba en su pequeño patio trasero. El
interior de su hogar, lo que anteriormente le daba una sensación de
tranquilidad, ahora era asfixiante y, hasta cierto punto, incómodo. Pensó que
el aire de la noche le ayudaría a despejar su mente, pero... aún no había
ningún resultado...
Delgadas y cristalinas
lágrimas rodaban por sus mejillas. Se protegía bajo la seguridad de un árbol,
abrazándose a sí misma en busca de un calor que extrañaba mucho.
Hacía un par de horas,
ella le había dicho que su relación tenía que terminar... A pesar de habérselo
dicho de la manera más amable posible, el dolor fue el mismo.
“Evany... discúlpame...
es sólo que, lo nuestro ya no puede ser... lo siento mucho” le había dicho ella.
“Tengo que irme... adiós...”
Como despedida, le dio
un ligero beso en la mejilla. Ella se fue de su lado... para siempre.
Aquel golpe
fue demasiado para Evany... muy duro... Sintió su corazón partirse en
minúsculos pedazos. Sólo pudo quedarse de pie en el lugar de la cita,
contemplando, incluso muchos minutos después, el camino que ella había tomado.
Cual zombi llegó a su
casa, mera inercia, y fue directamente a la privacidad del patio trasero. Altos
muros de piedra negra protegían el interior, que era donde el lado artístico de
Evany Lanz tenía rienda suelta. Había esculturas a medio terminar, otras
finalizadas y listas para exhibirse, y algunos bloques de duro mármol que
esperaban su turno a que las manos de la artista les diera vida y forma. Martillos
y cinceles de distintos tamaños tapizaban el suelo; generalmente estaban en una
caja de herramientas, pero ese día, Evany no se sintió con el ánimo de
guardarlas.
Seguía llorando...
sufría con el corazón destrozado una pérdida como esa. Nada fácil para un alma
tan sensible y sentimental como la suya. Unos focos, esparcidos
estratégicamente en el lugar, impedían que la obscuridad de la noche invadiera
ese patio también. Y la luz artificial dejaba ver los ojos rojos e hinchados,
producto de tanto llanto, de aquella joven.
Una gran nube color gris
cubrió medio cielo, incluyendo a la hermosa luna menguante que adornaba el
firmamento esa noche.
Al mismo tiempo que la
nube hizo su intromisión en el cielo, otra persona hizo lo propio en el patio
trasero de aquella pequeña casa. La recién llegada miró de lejos y en silencio
a su amiga... había visto de lejos cómo Evany era abandonada en plena plaza por
la persona que amaba.
No pensaba dejarla sola
en un momento así.
Caminó en silencio,
aunque con poco cuidado, entre las esculturas y herramientas tiradas. Su rostro
era serio, demasiado serio. Ella era así, una chica en cuyo rostro siempre
estaba el malhumor, sus comentarios eran sarcásticos y desinteresados y, en
apariencia, los demás no le preocupaban... pero... a Evany la consideraba casi
su hermana. La quería mucho aunque lo demostrara con comentarios llenos de
malicia y actitudes a veces crueles.
Se plantó frente a Evany
y ésta levantó la mirada al momento que una delgada sombra le eclipsaba la luz
de uno de los focos.
“Thessa...”
“Evany... termina de
llorar de una buena vez...” le dijo Thessa con un tono duro y serio.
Evany le miró con
desconcierto. Thessa permanecía en aquella inmutable actitud. De pronto, la
recién llegada se inclinó frente a Evany y la abrazó... su rostro era más suave
al momento de recargar su mentón en el hombro de su amiga.
“Llora lo que creas
necesario, llora lo que quieras...” repitió ella, ahora con voz más amable y
baja. “Para que después no tengas que llorar más... no quiero verte llorar de
nuevo... ¿entiendes?”
Los ojos de Evany se
abrieron con sorpresa, pero sólo algunos segundos. Correspondió el abrazo de su
amiga y siguió su llanto... quería terminar de llorar... no quería que Thessa
se preocupara por ella.
Thessa sentía el dolor
de Evany como propio, pues ya había pasado varias veces por esa experiencia,
compartía su gusto por las chicas y, a veces, su partida dolía mucho, tanto,
que ella, muchas veces, lloró a solas el abandono de alguna amada. La entendía
a la perfección... pero tenerle lástima no era el mejor remedio, tenía que ser
un poco dura con ella si quería ayudarla a sanar.
Pasaron largos minutos.
El hombro de Thessa estaba completamente empapado de líquido salado, pero
seguía quieta, inmóvil, respetando el momento de dolor de su amiga y tratando
de hacer algo por ella.
Aquella nube gris que
llegara junto con Thessa pronto dejó libre un trozo de luna, uno de sus
brillantes y picudos brazos. La brillante luz del astro iluminó más el lugar
donde el par estaba. Justo en ese momento, Thessa notó que Evany no se había
movido en un buen rato... su respiración era pausada, tranquila... había
suspirado un par de veces y el abrazo no tenía la misma fuerza.
La miró y descubrió, con
una ligera sonrisa, pero que en ella siempre tenía una señal malvada; que Evany
se había dormido.
“Mas te vale sonreír
mañana o te las verás conmigo...” musitó, acariciando los cabellos de la frente
de Evany.
Le soltó con cuidado y
fue corriendo por una cobija. Se acomodó a su lado y se tapó junto a Evany con
la cálida cobija. No quería despertarla, así que no sería mala idea dormir en
el patio.
Sólo esperaba ver la
brillante y vivaracha sonrisa de Evany Lanz al despertar.
Y Evany agradecía tener
amigas como Thessa Lancaster...