CORAZÓN DEL CIELO

 

 

Por: Escarlata

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PARTE 4 Xahit

 

 

Era de noche para cuando llegaron a Xahit. El pueblo era concurrido y casi siempre con un ambiente festivo. Había tiendas mágicas por doquier y un sinnúmero de personas especializadas en el arte de la magia. Había muy poca gente dedicada a la agricultura u otras actividades, de hecho, en Xahit mayormente se sobrevivía con el intercambio de pociones por productos agrícolas, carnes y leche. Se producían artículos mágicos en grandes cantidades para los hechiceros que se dedicaban a viajar, para guerreros, soldados o ejércitos completos. Sólo había un pequeño mercado con productos locales, ropa, telas y accesorios en general. Únicamente existía una posada para viajeros, pero era amplia gracias a lo visitado que era el pueblo.

 

                Decidieron pasar a la posada, ya era muy tarde como para visitar la escuela de hechiceros.

 

“No puedo creerlo... ¿ustedes también buscan esa Piedra?” preguntó Joan sin preocuparse por ocultar su asombro.

“Vaya coincidencia, ¿verdad?” sonrió la amazona, “¿porqué no vienes con nosotras, Princesa?... Entre más seamos, mejor”

“Bueno...” musitó la joven princesa, “¿porqué no?”

“Además, será más divertido, y sirve que ya no tendré que aguantar más a ésta amazona maleducada y grosera...” intervino Gris con ciertos aires de malicia, ganándose un buen golpe de parte de Mai.

 

                Fueron minutos los que le tomaron a Joan descubrir lo “bien” que se llevaban hechicera y amazona pese al poco tiempo de conocerse. Sencillamente sonrió y esperó poder llevarse bien con ellas en poco tiempo, eran chicas muy agradables y era muy difícil, al menos para alguien como Joan, encontrar amistades. Aunque, ellas aún no eran sus amigas, podía decir que iban a serlo en un futuro cercano.

 

“Estaré encantada en acompañarlas a buscar...” dijo con una gran sonrisa, deteniendo la pelea de aquellas dos. “Por cierto, ¿qué van a hacer a la escuela de hechiceros?”

“Ahí voy yo...” respondió Gris, “debo probar mi magia, además, queremos preguntarles por la Piedra”

“Iba a hacer lo mismo... pasaremos mañana en la mañana y después podemos ir a Carpus” continuó la joven princesa.

“Y ahí me toca pelear a mi” intervino Mai de confiada manera. “En Carpus hay una villa amazona y tengo que presentarles saludos de parte de mi familia” agregó con un gracioso gesto.

 

                Joan sencillamente sonrió, y éste gesto contagió a la amazona y a la hechicera. Seguían en su cuarto y planeaban cenar algo, darse un buen baño y descansar el resto de la noche. Durante la comida, Gris se veía un tanto meditativa, probablemente porque mediría sus habilidades contra un grupo especializado de magia. No se podía decir si la chica estaba nerviosa o confiada.

 

                Princesa y amazona se abstuvieron de sacarla de sus pensamientos, por lo que la última se preocupó más por su cena, y la primera en escuchar lo que se platicaba en una mesa contigua. Todo pasó en relativo silencio gracias a los esporádicos comentarios entre Joan y Mai. Gris lucía un tanto ausente. Ahora sí ambas chicas sospechaban que ella debía estar muy nerviosa por el encuentro que tendría al alba. Pero, por lo que, al menos Mai sabía, Gris era una poderosa hechicera y no tenía nada de qué preocuparse. Joan podía sentir extrañas vibras en el aura de la joven y, pasada la hora de la comida, podía asegurar que Gris estaba bastante nerviosa.

 

                Fue durante el baño que la joven hechicera pareció relajarse un poco. Era un precioso estanque de agua termal el que tenía la posada y las tres se bañaron juntas. Mai, viendo lo callada que estaba su amiga, comenzó a... molestarla, Joan sólo ayudó en la tarea de la amazona y ambas lograron quitar el ausente gesto de la hechicera.

 

“Mira, más vale que mañana termines rápido tu pelea para poder ir al siguiente pueblo, ¿de acuerdo?” dijo Mai antes de dormir, “así que quita esa cara, que pareces recién dejada...”

“¡Ay, Mai, eres una grosera!” reprochó la hechicera, lanzándole su almohada... pero Mai sólo la atrapó.

“¡Perfecto, ya tengo dos!” exclamó con alegría, abrazando ambas almohadas y recostándose cómodamente en su cama.

“¡Oye, amazona abusiva, dame mi almohada!”

“Olvídalo, tú me la aventaste...”

“¡Ay, por todos los Espíritus, ya cásense!” exclamó Joan con ambas manos en la cabeza, “son un par de escandalosas, con razón se juntaron...”

“¡Tú cállate, princesa!” Mai le aventó la almohada extra y Joan igualmente la atrapó.

“Maravilloso... ahora yo soy la que tengo dos...” suspiró con comodidad, imitando el abrazo de Mai a las almohadas.

“¡Oye!”

“¡No hagan tanto escándalo!” se escuchó un molesto tono desde la habitación de al lado.

 

                Pasaron el resto de la noche tratando de relajar a la hechicera, cosa que lograron, ciertamente.

 

                El sol pronto se asomó por el horizonte. El trío se dirigía a la escuela de hechiceros con mucha emoción, Gris con nervios. El lugar era, si bien no muy grande, sí era digno de contemplarse desde lejos. Era una magnífica estructura de gruesa piedra. Una puerta metálica con grabados, alusivos a los grandes Espíritus, pronto se interpuso en su camino.

 

“Bien...” suspiró Gris, “aquí vamos...”

 

La hechicera tocó la argolla de la puerta y el sonido del choque metálico se escuchó hacer eco en todo el interior del sitio. Se escucharon pausados pasos y, pronto, la puerta se abrió con desagradable rechinido. Un joven brujo se asomó, mirándoles con poco interés e, incluso, con algo de apatía. Joan sintió los serios aires en el aura del joven y de toda la construcción en general. Realmente no estaban acostumbrados a sonreír o relajarse, eso era obvio.

 

“¿Qué desean?” preguntó el joven con seriedad, mirando con especial atención a Gris, pues sentía la magia en ella.

“Vengo a presentar saludos y bendiciones de los Espíritus de parte de la familia de hechiceros Aeran, soy Gris Aeran del reino de Beat... y estoy aquí para un reto” dijo con solemne cortesía el formal saludo entre casas hechiceras.

 

El joven relajó un poco su gesto y abrió la puerta en toda su amplitud.

 

“¿Y ustedes son?” preguntó el joven, señalando a la princesa y a la amazona.

“Joan Philos” respondió Joan con cortesía, inclinándose con amabilidad y cortesía. El joven se inclinó más ante ella al escuchar su apellido y sentir el poder mental que acompañaba a todos los de la familia real de Hinnter.

“Soy Mai Noctis...” se presentó la amazona con menos cortesía y con un sencillo y efusivo movimiento de mano. Podía verse que era amazona a dos valles de distancia.

 

El joven hechicero pareció satisfecho y se hizo a un lado para dejarles entrar. Escucharon que la pesada puerta se cerraba tras ellas mientras caminaban por el pasillo, hasta llegar a un amplio patio con una estatua del Espíritu de los Metales en el centro. Ese era su espíritu protector. Ese espíritu era el que daba piedras y metales preciosos, hacerle tributos y alabanzas daba más resistencia, belleza y poder a las armas, báculos, armaduras y demás objetos metálicos.

 

                En ese sitio hacían accesorios y báculos mágicos, los mejores conocidos hasta el momento.

 

                Podían escucharse martillazos, el rugir de los honor y largas letanías. Las tres miraban todo con gran asombro. El joven les dio alcance y les guió a un salón principal del otro lado del patio. Ahí se hallaba, tras torres y torres de libros, un viejo de larga barba que, aparentemente, revisaba un trozo de metal en bruto.

 

“Gran Maestro, ésta joven trae saludos desde Beat, de la familia Aeran”

“¿Aeran?” preguntó el viejo con especial interés. Miró fijamente a Gris y dejó de lado lo que estaba haciendo. Enseguida, se puso de pie.  “Que los Espíritus protejan a tu familia... ¿Porqué estás tan lejos de tus padres?”

“Vine por un reto” dijo con recuperada seguridad, “y por información de la Gran Piedra del centro de la tierra”

 

                El hombre no cambió su gesto interesado al escuchar eso.

 

“Si eso quieres, vence al mejor de mis pupilos y te daré las respuestas que estén a mi alcance” finalizó, saliendo del sitio al patio.

 

                Gris se quedó quieta unos momentos, mientras Joan y Mai estaban contentas por lo accesible que había sido el hechicero. El par miró a Gris y ésta aún no parecía creer que pronto tendría que pelear. Poco a poco pareció regresar a la realidad. Miró a sus compañeras y pronto les sonrió de manera un tanto nerviosa.

 

“¡Lo harás bien, ya verás!” exclamó Mai dándole una tosca palmada en la espalda que hizo doblar a la hechicera.

“¡Ay, bruta, no tenías que pegarme!” reclamó la joven.

“¡Ya, no seas tan delicada!” alegó la amazona.

“¡Ya, quietas las dos!” intervino Joan, jalando a Mai consigo y enseguida señaló al patio, donde el viejo y una persona más les esperaban. “Gris, hora de empezar”

 

La hechicera sólo asintió. Tragó saliva, apretó los puños y caminó hacia ellos.

 

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