Haruka y Michiru ascendían por un camino de tierra medio oculto por el follaje. La atleta llevaba una de sus enormes mochilas y una maleta en cada mano, mientras Michiru llevaba una maleta  y su bolso. ( Ventajas de jugar el rol femenino ^__^ ). Habían empezado a buen ritmo, siendo Haruka la que abría camino, pero después de un buen rato caminando Michiru le había adelantado y le llevaba un par de metros de ventaja. El paso de ambas era ahora lento y cansado, pero sin pausa, ya que el ocaso bañaba el cielo ya de anaranjadas tonalidades; pronto ya no habría luz. Desde casi todo el trayecto ninguna de ellas había hablado mucho, guardándose el aliento para la subida.

 

Apartando una rama que le cubría el camino con una mano, Michiru divisó una pequeña cabaña de madera en lo alto del cerro. “¡Ahí está, Haruka!” gritó excitada Michiru, dando un salto de alegría con tan mala pata que tropezó, la maleta que portaba voló por los aires y ella se despeñó colina abajo.

“Iiaaaahhhh!!!!” gritó la joven mientras rodaba. Haruka al oír a su compañera soltó todas las maletas y corrió con el rostro desencajado a socorrer a su Michiru. “Michiruuu” la llamó la rubia; la violinista ya se había detenido y  restaba espatarrada en el sucio suelo. Toda ella manchada de tierra, su pelo despeinado y pequeñas hojas y ramitas enganchadas en él. En otra situación Haruka se habría reído, pero estaba demasiado preocupada.  “Michiru” llamó con premura, “¿estás bien?”

 

“Au” se quejó Michiru mientras su pareja la ayudaba a incorporarse. “El tobillo” dijo entre dientes la bella muchacha. Haruka observó el tobillo que Michiru le señalaba “Creo que te lo has torcido, nada grave” sonrió aliviada Haruka “Si no lo apoyas más mañana estarás como nueva” le explicó. “Pero entonces cómo...” empezó Michiru. Haruka sonrió maliciosa “Eso déjamelo a mí” y con esto cogió a Michiru en sus brazos y empezó a andar. “Haruka, ¿y las maletas?”se interesó la lesionada. “Olvídate de ellas ahora Michi, ya volveré a buscarlas después .” contestó Haruka “ Tú eres más importante” dijo con esa  confidencialidad y decisión propias de los héroes. Michiru sonrió y se abrazó a Haruka, con un largo suspiro descansó su cabeza en el hombro de ella dejándose llevar por los fuertes y cálidos brazos de su amante.

 

Cuando llegaron a la puerta, comprobaron lo roñosa que estaba la cabaña en cuestión, debía estar abandonada desde hacía mucho tiempo. Haruka dio una pequeña patada al portón para comprobar si estaba cerrado o abierto. La puerta no solo cedió, sino que se derrumbó de un golpe ante los atónitos ojos de la pareja. Haruka miró a Michiru en sus brazos, y suspiró. Dio un paso hacía el interior de la casucha cuando las risitas de Michiru la detuvieron. Pasar la noche en aquella ruina no tenía mucha gracia que digamos, pero era mejor que pasarla a la intemperie. Haruka enarcó una ceja curiosa e inquisitiva. Michiru sonrió ampliamente y se sonrojó un poco. “ Cómo los recién casados, cariño” remarcó la violinista, refiriéndose a la situación en conjunto. Al darse cuenta, Haruka enrojeció provocando más risas de Michiru. Después las dos se pusieron serias, Haruka tomó aire profundamente y dio el paso decisivo al interior. La podrida madera crepitó cuando pasaron sobre la caída puerta. Haruka tragó saliva. Dando un vistazo al interior de  la tenebrosa cabaña descubrieron que no estaba tan mal... estaba peor.

 

 T___T “Mis vacaciones con Michiru” lloró mentalmente Haruka.

 

Con suerte encontraron un sofá en la habitación, donde Haruka depositó suavemente a Michiru, con sumo cuidado y ternura. Sus rostros a escasos centímetros el uno del otro. El momento era romántico como pocos, pero se estropeó por la gran nube de polvo que saltó del sofá. “Cof cof cof” tosieron.  Cuando todo el humo hubo desaparecido se miraron mutuamente para descubrirse como bañadas en harina. Michiru sonrió picarona y agarró del cuello de la camisa a Haruka. – No dejemos que el rebozado nos estropee este  instante- susurró y arrastró a Haruka hacia ella hasta que sus labios se tocaron y la cabaña fue cubierta por el amor de su beso (además del polvo ¬__¬u . (Uee! Y no penséis cosas raras, me refiero a la suciedad. No seáis hentai > o <  )). Haruka tuvo que emitir un leve gemido para que su amada la dejase ir de su firme mimo, en contra de su voluntad, por supuesto; pero debía ir a recoger las maletas antes que oscureciera por completo. –Las maletas, Michiru- se excusó la atleta, mientras se separaba de su chica. Michiru soltó un gemido lastimero, pero volvió agarrar a su presa favorita – Pero Haruka, tú dijiste que yo era más importante- soltó con una de sus maliciosas sonrisas inocentes, de aquellas que Haruka no podía resistir. La rubia le devolvió una triste sonrisa. –Vale, vale- accedió al fin la de cabellos aguamarina –Pero no tardes- añadió seductora. Haruka le guiñó el ojo –Por eso no te preocupes- se dieron un fugaz beso y la rubia salió corriendo a por su equipaje.

 

Cuando Haruka regresó, la habitación estaba cubierta por sombras, apenas se veían siluetas. Dejó las maletas en el suelo e entornó los ojos para acostumbrarse a la oscuridad. -¿Michiru?- preguntó. De repente una espectral luz apareció a unos pasos de ella, a Haruka se le detuvo el corazón unos instantes. El rayo de luz danzó lentamente en todas direcciones hasta enfocarla y cegarla unos instantes. -¿Haruka?-se oyó la dubitativa voz de Michiru.. *___* Haruka palideció. –Oh, si que has llegado pronto-^___^  sonrió Michiru, la luz se apartó de su cara descubriéndose como una simple linterna.

-Michiru, ¿de dónde has sacado eso?- señaló Haruka a la linterna. Michiru elevó sus cejas sorprendida – De mi bolso, claro- contestó ella como si fuera la cosa más obvia del mundo. ( ¬__¬u No sé por qué preguntas, Haruka. En los bolsos de las chicas encuentras de todo, y quiero decir de todo. Hasta lo más inverosímil. No se necesita kit de supervivencia siempre que se tengas a una mujer cerca n__n )

-Ah, claro- respondió Haruka con una enorme gota tras su cabeza.

 

-¿Cómo va el tobillo?-se interesó la atleta. Michiru elevó sus hombros –apenas me duele, ya- dijo. Haruka sonrió sentándose junto a ella cuidadosamente.

-Aaaghh!!!-gritó de repente la rubia – Michiru, ¿cómo se te ocurre venir a la montaña con zapatos?- se sobresaltó Haruka dándose cuenta por primera vez del calzado de su compañera.-No me extraña que te hayas caído-. A estas, Michiru mostró su enfado – No subestimes jamás las habilidades de una mujer con zapatos de tacón Haruka- le reprimió enfurecida.- Además, estos son mucho más cómodos que los que uso como sailor-.

 

Haruka se paró a pensar, imágenes de sailor Neptune dando brincos por aquí, volteretas por acá, saltos mortales más allá... invadieron su cabeza y tubo que darle la razón a  Michiru, como casi siempre. –Uh... Tienes razón Michi, perdona- se disculpó, pero la artista le giró la cara con sus brazos cruzados. La atleta pensó otra estratagema, - Son nuevos ¿verdad? Te quedan muy bien- Michiru volteó para mirar a su interlocutora, buena señal. –Aunque ahora no los necesites más- sonrió Haruka y le quitó los zapatos cariñosamente – Los zapatos son muy bonitos, pero solo si los llevas tú- La sonrisa de Haruka se amplió cuando Michiru dejó de estar enfadada.

-Eres una aduladora, Haruka ¿a dónde quieres llegar?- preguntó aún mosqueada. Haruka le dedicó esa miradita de cordero degollado – ¿Me perdonas?- .

Michiru se echó la mano a la barbilla pensando de forma teatral. –Ummm...- dijo.

-De acuerdo, pero con una condición- Haruka la miró preguntando cual sería. Una maliciosa sonrisa cruzó los labios de Michiru. –Oh- soltó Haruka. Michiru rió al tiempo que tiraba a Haruka sobre el sofá colocándose sobre ella. –Bésame, Haruka. Bésame como si no hubiera un mañana, como si la vida dependiera de ello... -reclamó la violinista con sus ojos encendidos de pasión. Haruka sonrió a su amante –¿Acaso no lo hago siempre?-. Michiru descendió hasta ella y ambas se besaron primero dulcemente, luego se encendió la pasión.

 

En ese momento, la pequeña luz de la linterna desapareció dejándolas a ciegas.

-¿Uh?- se preguntó Haruka. Sintió como Michiru se incorporaba sobre ella y se removía hacia un lado. Unos ruidos metálicos rompieron el súbito silencio. Entonces una luz enfocó de repente,  desde abajo, el rostro de Michiru otorgándole un toque macabroso.

-Uaah- soltó un leve gritó Haruka. Michiru volvió a dejar la linterna en la mesita que había frente al sofá. –Se habían agotado las pilas de la linterna- explicó la violinista –pero ya las cambié- sonrió. Haruka la miró con cara de tonta – ¿Y de dónde sacaste los recambios?- curioseó. Michiru rió sus risitas tapándose la boca con la mano.-De mi bolso, tonta. No creerías que iba a ir por el mundo sin recambios ¿verdad?- comentó Michiru. Haruka la miró por unos instantes – Eh... No, claro- atinó a responder.

 

 

 

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