El sol ya empezaba declinar pero aún así el calor era sofocante. Este verano era especialmente caluroso. "Y pensar que el chico del tiempo advirtió de una bajada significativa de las temperaturas..." Suspiró algo resignada Haruka. Michiru, desde su asiento la miró y soltó unas risitas.

"Oh, Haruka. Estás tan mona cuando refunfuñas" Un pequeño tono rosado pintó las mejillas de la aludida. Observó unos momentos como las risas de su pareja se hacían más sonoras y volvió su mirada a la carretera.

" Haces que suene como si yo fuera un viejo de 70 años" bufó con fingido enfado, aún sonrojada Haruka. "¿En serio?" preguntó Michiru cesando sus pequeñas risas "Vaya, pues te conservas muy bien, anciana" bromeó. Acto seguido Haruka sintió como Michiru le besaba la mejilla. Haruka enarcó las cejas y seguidamente volvió a sonrojarse profundamente.

El convertible amarillo corría por una carretera comarcal, desde hacía un par de horas tan sólo habían árboles y vastos prados, montañas y más montañas. La última vez ambas habían visto vida humana fue 70 kilómetros atrás, en el pequeño pueblo dónde se habían detenido a comer. Lo más cercano a un ser viviente que Michiru había visto desde hacía varias horas, a parte de Haruka, claro está, fue una graciosa ardilla.

 

"Hace rato que no veo gasolineras" comentó la violinista. Haruka miró el monitor de coche y enarcó una ceja "Aún tenemos tres cuartos de depósito llenos, Michiru" Michiru la miró a ella y luego encaró la vista al paisaje, suspiró. "Creo que te equivocaste al coger aquel desvío ¬_¬" Haruka se tensó ante el volante " y los dos que le seguían" añadió la violinista con rostro preocupado. Haruka palideció ·_·u , empezó a balbucear alguna excusa cuando de repente, PRFFFFFffff. El coche empezó a tambalearse, aunque siendo como era Haruka, una experta piloto de autos de competición, no tardó en retomar el control del vehículo. Mientras Michiru se aferraba con todas sus fuerzas al asiento con los ojos abiertos como platos con esa expresión de -nos vamos a matar-, Haruka consiguió detener el descapotable a un lado del camino.

"¡Wau!" soltó la piloto, "eso estuvo cerca. ¿Estás bien, Michi?" ojeó con preocupación el asustado rostro de su compañera. Ella no reaccionó. "¿Michiru?" Haruka apoyó suavemente una mano sobre el hombro de la violinista. Al sentir el reconfortante tacto de Haruka, Michiru cerró los ojos y respiró profundamente. Una vez los hubo abierto de nuevo, encontrándose frente a ella a una intranquila Haruka que la vigilaba, se ruborizó al sentir toda la atención que le daba Haruka. Entonces Michiru sonrió provocando que Haruka le dedicase una de sus más tiernas sonrisas, "Ups, mira que pelos se me han puesto" se enojó la bella muchacha al desviar súbitamente tímida la mirada y ver en el retrovisor el reflejo desordenado de sí mismas. Haruka soltó unas carcajadas y arrimó sus labios al oído de Michiru, "eso no parecía importarte la pasada noche" susurró seductora en su oído. Michiru se sonrojó hasta las orejas; cómo podía suceder esto, normalmente era ella quién jugaba con Haruka haciendo que su cara se volviera roja como un tomate.

 

"Creo que fue la rueda de aquí adelante" dijo la atleta bajando del auto. Michiru la miró mientras reparaba la avería cogiendo el neumático de repuesto y cambiándolo con el pinchado. Al cabo de unos minutos Haruka se sentaba de nuevo ante el volante. Las risitas de Michiru llamaron su atención. Michiru le sonrió y sacó su pañuelo, lo frotó suavemente y con cariño sobre su nariz y mejilla. Una vez acabado el trabajo, Michiru se incorporó en su asiento con una sonrisa, mostró el pañuelo lleno de grasa a Haruka que miraba sin entender lo súbito de la actuación de Michiru. Haruka sonrió "Gracias. ¿Qué haría yo sin ti, mi amor?" La joven artista rió " ¿Quién sabe?" fue su leve respuesta.

"Bueno..." dijo la atleta "...vamonos" dio al arranque y el coche empezó a vibrar, volvieron a incorporarse a la desértica carretera y PRFFFfffffff, volvió a sonar aquel eco. Haruka paró el coche de inmediato y se bajó a comprobar incrédula lo que había sucedido.

"¡Genial!" gritó llena se sarcasmo, dio una patada a la piedra que tenía más cercana llena de rabia, mandándola a varios metros más allá. Sus vacaciones en la montaña a solas con Michiru que tanto deseaba y tantas veces había soñado se tornaron en desastre sin siquiera haber empezado. Una vez su temperamento se hubo calmado, divisó a Michiru unos pasos a su lado, esperando paciente y serena. " Y ahora qué".

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