UN TOQUE GENTIL

 

 

Por: Escarlata

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Lograron burlar a todo el mundo en la fiesta de palacio y su escape a los solitarios y hermosos jardines de la Luna fue un éxito. Claro que todo fue por la iniciativa de la activa princesa de Venus, su pareja se mostró algo nerviosa por la idea; en un principio... Pero ella resultó ser la más emocionada de esquivar guardias e invitados.

 

Su pequeña Ami jamás iba a cambiar.

 

Se internaron entre los enormes y tupidos árboles, hasta estar seguras que la privacidad era completa. Llevaban cerca de dos años así, manteniendo su apasionada relación en secreto para todos, incluso para sus mejores amigas. No era conveniente que nadie se enterara, podrían separarlas; por eso optaron por el riesgo de mantenerlo en secreto.

 

Nadie parecía sospechar nada, pues pocos creían que una alocada e indiscreta Minako pudiera congeniar con una reservada y tímida Ami...

 

Pero esas características le daban un toque especial a su relación. Ami se mostraba tal como era ante Minako... y Minako desprendía una dulzura que nadie creería cierta. Como pareja y amigas funcionaban muy bien, lo único que temían era ser descubiertas, tendrían muchos problemas de ser así.

 

Ya estaban planeando huir para poder amarse con más libertad, no les importaba dejar sus lugares como guardianas del Milenio de Plata, había más guerreras que podrían suplirlas sin problema. Además, no había nada que amenazara el reinado de Serenity, así que no harían ninguna falta.

 

Minako puso a Ami de espaldas contra un árbol y la besó de una forma gentil, pero apasionada. Ami correspondió aquel beso, tímida al principio, pero pronto agarró el desenfrenado ritmo del beso. Tomó entre sus enguantadas manos la cara de Minako y detuvo el beso algunos segundos. Minako le tomó por la cintura.

 

- Te amo...

- Yo también te amo, Ami... te amo tanto...

 

Minako no resistió más y volvió a besarla, ahora metiendo su caliente lengua en la boca de Ami para sentirla más profundamente. Ami gimió placenteramente y dejó que su lengua jugara con la de Minako. Aquella guerra en sus bocas hacía crecer el fuego en sus entrañas.

 

La rubia quitó de forma casi imperceptible los guantes de Ami, se quitó los suyos también y acarició la desnuda espalda de la princesa de Mercurio. Las manos de Ami dejaron el rostro de su amante y bajaron hasta su pecho casi descubierto por un atrevido escote. Tocó los suaves senos de la rubia con las puntas de sus dedos, haciéndola gemir de placer.

 

Se separaron para tomar aire unos segundos. Respiraban de una forma muy agitada. Minako no perdió tiempo y tomó el frente del vestido de Ami para bajarlo suavemente y descubrir por completo el torso de la joven. Se arrodilló para liberarla del vestido y bastó con que Ami pateara la estorbosa prenda. Sólo quedó en ropa interior, de la cuál pronto fue despojada también.

 

La piel de Ami se enchinó al recibir la fresca brisa nocturna. Pero se estremeció más al sentir un toque gentil sobre su piel. Levantó a Minako suavemente y tomó los hombros del vestido para deslizarlos por los lados, a lo largo de los brazos de la rubia. Todo el vestido cayó, después fueron unas pantaletas blancas. Minako gimió de placer al sentir el cuerpo de Ami contra el suyo y aquella pequeña boca besar su cuello.

 

Ya no había ninguna barrera entre sus cuerpos.

 

Se admiraron mutuamente y no tardaron en encontrarse con otro hambriento beso y un cómodo abrazo. Sus pezones se rozaban de forma placentera, haciéndolas gritar levemente entre el beso. Minako clavó uno de sus fuertes muslos entre las piernas de Ami, iniciando un rítmico movimiento de masaje que hizo gritar a la chica con creciente placer. La princesa de Mercurio no perdió el tiempo e hizo lo mismo con Minako.

 

Se besaron con más fuerza, dejando que los gritos se ahogaran en sus bocas y llegando a un primer clímax al mismo tiempo. Sus pequeñas sesiones amorosas solían durar dos horas por lo menos... aquello solo era el principio...

 

Pero su beso fue interrumpido por las alarmas del palacio. Había una invasión.

 

- ¡Tenemos que ir! – exclamó Ami, tomando su pluma de transformación.

- ¡Bien, vamos!... ¡Por el Poder de Venus, transformación!

- ¡Por el Poder de Mercurio, transformación!

 

Mientras corrían al palacio, distinguieron que los atacantes eran soldados de la Tierra, comandados por Beryl y los cuatro generales del Príncipe Endymion... aquello sí que era una sorpresa.

 

- Prometo que después de ésta batalla, si todo sale bien, nos iremos a vivir al sistema solar vecino – dijo Minako con una sonrisa.

- Me encantaría, Mina...

- Te amo, Ami... siempre voy a amarte...

- Yo también te amo, mi querida princesa... nada va a separarnos...

 

Nada...

 

Ni el tiempo...

 

Ni la gente...

 

Ni siquiera la muerte...

 

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Ami caminaba en dirección a una cafetería dónde Minako la había citado hacía un rato. Estaba nerviosa y asustada. Pues la rubia le llamó por teléfono, diciendo que había recordado su relación durante el Milenio de Plata. Ami también lo había recordado todo, pero no estaba segura de seguir sintiendo lo mismo por Minako.

 

Había sucedido en otra vida, en un pasado distante... y sin embargo, esas promesas de amor eterno resonaban en su mente...

 

Al llegar a la cafetería, vio a Minako sentada en una mesa del fondo, moviendo distraídamente su té y viendo por la ventana a su lado. Tomó un fuerte respiro para darse valor y fue con ella.

 

- Aquí estoy, Minako... – murmuró, sentándose.

- Me alegra mucho, Ami. Por un momento pensé que no vendrías. – dijo, mirándola apenadamente.

- ¿Porqué?

- Por que, al pedírtelo por teléfono, tu voz no me sonó muy convincente... tenía miedo de que no vinieras...

- Bueno... – trató de sonreír, pero no pudo – aquí estoy... supongo que es un buen comienzo. Pero debo confesar que tengo miedo.

 

Las dos suspiraron, alejaron sus miradas y mantuvieron silencio algunos minutos.

 

- Ami... yo... bueno... quiero decirte que esos sentimientos siguen vivos en mi... – confesó con un profundo sonrojo y un tono triste – Desde que te vi la primera vez, supe que tenías algo especial que me atraía, pero no le tomé importancia... Hasta estos últimos días que recordé todo.

- Minako...

- No quiero obligarte a nada, Ami... entiendo que es absurdo seguir con algo que se perdió con esa pelea, pero, en verdad quiero... deseo intentarlo...

 

Minako parecía estar a punto de llorar. Ami sostuvo su rostro entre sus palmas.

 

- Minako... no puedo prometerte nada... – dijo con un tono forzado.

 

La rubia se sintió desfallecer...

 

- Pero... no logro olvidar esos sentimientos... No puedo... – sus temblorosas manos tomaron las de Minako por debajo de la mesa – No prometo nada, Minako, pero también quiero intentarlo... Deseo revivir esos momentos tan hermosos...

 

Minako sonrió y estrechó las manos de Ami.

 

- Empecemos por algo sencillo... si apresuramos las cosas, puede que no resulte nada – dijo Minako, contenta – ¿Quieres un café?... Yo invito...

- Aceptaré, si quieres ir a cenar hoy a mi casa – sonrió Ami tímidamente.

- Claro.

- Entonces, acepto... mi querida princesa...

 

Se sonrieron con clara felicidad y se estrecharon las manos con más fuerza...

 

Un buen comienzo después de todo...

 

 

FIN

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