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Ya era de
mañana.
Abrió los
ojos y lo primero que vio fue a Ami entre sus brazos, desnuda igual que ella y
con un mejor color en el rostro. Sonrió. La fiebre y el dolor ya habían cedido.
La chica genio sonreía ampliamente, y supo que en su propia cara estaba una
sonrisa similar.
Pensó en
volver a dormir, pero Ami comenzó a despertar.
En cuanto se
encararon, ninguna de las dos sabía con exactitud qué decir. Ami se sentía
apenada y Rei muy nerviosa. Dado que la culpa de todo ese asunto la tenía Ami,
ésta se decidió a decir las primeras palabras de la mañana. Se sentó en la
cama, preocupándose por cubrir sus pechos con la sábana antes de mirar a Rei a
los ojos.
“Rei... yo... muchas gracias por
cuidarme... y... perdóname por... por...” tartamudeó, casi al borde del llanto.
“Yo... por favor, sólo perdóname”
Lloró sin
querer, pensando que tal vez Rei estaba molesta con ella por haberla provocado
de esa manera. Se cubrió el rostro con sus manos y un trozo de sábana,
avergonzada por haberse comportado así anoche.
“¿Era cierto lo que dijiste
anoche entre sueños?” preguntó Rei seriamente.
“¿Uh?”
“Mientras dormías, murmuraste
algo...” explicó con un nudo en la garganta, “sólo dime si era cierto o sólo
delirabas por la fiebre”
Ami se quedó
callada unos segundos, como tratando de recordar aquello que le refería Rei.
Pronto vino a su mente esa frase que dijo antes de caer completamente en manos
del sueño. Suspiró con fuerza, antes de mirarla de nueva cuenta a los ojos.
Ninguna
palabra se animaba a salir de sus labios, ellas también tenían miedo del
rechazo. Sólo su cabeza se animó a asentir temerosamente.
Rei suspiró,
parecía que quería llorar, pero el suspiro suprimió las gotas saladas para
permitirle hacer algo en respuesta. Ami no parecía recordar lo que le había
dicho al oído después de escuchar aquella frase. Ahora tendría que repetirla,
pero no lograba hallar el valor para hablar. Tomó un fuerte respiro y encaró a
Ami con un gesto serio.
“Ami, tengo que ser sincera
contigo, no me gustaría engañarte” respondió lentamente.
La chica
genio presintió una respuesta negativa, lo que le hizo llorar en silencio.
“De nada me serviría decir que
no siento lo mismo por ti, sino es verdad” agregó con una enorme sonrisa,
tomándole las manos.
“Rei...”
“Yo también te amo, Ami”
Las dos
lloraron de alegría y se abrazaron con tremenda fuerza. Rei tomó a Ami por el
rostro y acercó sus labios a los de ella, cerrando los ojos en el proceso. Ami
imitó sus movimientos, abrazando a Rei por el cuello.
Se besaron.
Sus labios se
mezclaban y masajeaban entre sí, siendo una placentera sensación para ambas.
Rei recostó a Ami sobre la cama, quedando encima de ella. Pronto recordó que
seguían desnudas y decidió demostrarle a Ami lo mucho que la amaba.
Con su lengua
pidió permiso para entrar a la boca de Ami, quien no se negó y abrió los labios
y los dientes. Sus lenguas se encontraron y enredaron de forma salvaje, sacando
gemidos de sus gargantas y acrecentando un placentero calor en todo su cuerpo.
Mientras se
besaban, una de las manos de Rei descendió por el abdomen y el vientre de Ami,
llegando hasta su sexo para masajearlo con sus dedos.
Ami gritó
entre el beso, jamás había sentido algo así en toda su vida. Comenzó a
retorcerse con el masaje que recibía en su sexo y el beso que le chupaba el
aire de los pulmones. Se aferró con fuerza a la espalda de Rei y movió sus
caderas para aumentar aquella sensación. De pronto sintió que dos dedos de Rei
la penetraban suavemente. Volvió a gritar, ahora con más fuerza y sintió que
estaba a punto de sucumbir ante un fuerte orgasmo.
Después de
unos instantes, se vino en el esperado orgasmo y quedó como desmayada sobre la
cama. Rei había liberado su boca, por lo que aprovechó para recuperar el
oxígeno perdido.
“¿Te gustó eso?” le preguntó Rei
de forma traviesa.
Ami asintió
con la cabeza, antes de incorporarse y sonreírle tímidamente.
“Es tu turno” murmuró Ami,
acercándose para besarla de nuevo.
Fundidas en
otro beso, Ami pellizcó los pezones de Rei, haciéndola gemir y arquearse un
poco.
Ami la puso
sobre la cama y descendió con su boca por todo lo largo del cuerpo de Rei,
sacándole profundos suspiros a ésta. Al llegar al sexo de Rei, Ami no demoró en
comenzar a lamerlo y comerlo lentamente. Ahora fue la sacerdotisa la que gritó
con fuerza, mientras sujetaba a Ami por los cabellos para animarla a continuar
con su labor.
“Por favor... no te detengas”
rogó Rei al sentir una ligera pausa de la boca de Ami.
Ami la tomó
por los muslos internos para poder abrirse un poco más de espacio y lograr una
mejor arremetida contra Rei.
La lengua y
los labios regresaron a la labor y Rei soltó un largo alarido de placer. Estaba
a punto de venirse en un esperado orgasmo, por lo que se retorció y arqueó y
obligó a Ami a penetrarla con la lengua. La chica genio no sólo usó la lengua,
sino también los dedos.
Unos minutos
después, Rei se vino salvajemente.
Volvieron a
besarse y abrazarse, tratando de recuperar el aire.
“Ami...”
“Dime”
“¿Quieres que las chicas lo
sepan?”
“¿Uh?”
“Digo... es que... son nuestras
amigas y... bueno... sabes a lo que me refiero”
“Lo sé... ¿Y tú quieres que lo
sepan?”
Se quedaron calladas
unas segundos, después se sonrieron en acuerdo.
“No” dijeron al mismo tiempo,
soltándose en una carcajada.
Desde ese
día, la felicidad brillaba en sus vidas cual sol de verano. Se tenían una a la
otra y eso bastaba para pasar agradables tardes, noches, y sesiones privadas de
estudio. Las chicas no habían notado nada raro en ellas, tampoco parecían
percibir el rubor de Ami cada que Rei le robaba algún beso por sorpresa, o las
miradas que la sacerdotisa le mandaba a la chica genio.
Ellas eran
novias, amantes y las mejores amigas; y nadie lo sabría por la sencilla razón
de que ese era un asunto sólo de dos...
... de ellas
dos...
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