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Poco después
de terminadas todas sus batallas, la vida le sonreía a Usagi y a sus amigas. Al
fin podrían respirar paz y
tranquilidad, pues Plut les comunicó a todas que ya no vendría ningún enemigo.
La guerrera incluso dejó, temporalmente, su puesto en la Puerta del Tiempo para
mudarse definitivamente con Haruka, Michiru y Hotaru. No necesitaban más pruebas
para convencerse.
Todas tenían
planes.
Usagi anunció
ante sus padres su compromiso con Mamoru y su decisión de casarse con él
después de graduarse de la universidad. Su madre era la mujer más feliz de todo
el mundo, mientras que su padre aceptó con recelo al novio de SU HIJA. Por otro
lado, sabía que Mamoru era un buen hombre que le daría felicidad a Usagi. Por
su parte, Shingo halló en Mamoru una nueva fuente de ingresos monetarios. Usagi
estudiaría Pedagogía en la Universidad Juuban, la misma a la que estaba
asistiendo Mamoru.
Makoto se
decidió por Gastronomía, en la misma Universidad que Usagi y Mamoru, y
continuaría su prometedora carrera de karate. Su nueva huésped era Minako, que
estaría en una Academia de Canto y Actuación que se encontraba dentro de la
universidad. Ambas chicas cambiaban de novio como si de ropa se tratase. Minako
por coqueta y Makoto por su indecisa actitud ante asuntos amorosos.
Haruka
continuaba en las carreras de autos y motos, Michiru en la pintura y la música;
ambas con mucha fama. Hotaru por fin había dejado de crecer de forma irregular,
para quedarse como una niña de doce años; ella estaba por pasar a secundaria,
pero asistiría a la que estuvo Minako. Y Setsuna pronto había ganado nombre
dentro de los grandes diseñadores y modistas de Japón.
Por su lado,
Rei había decidido estudiar Filosofía para ser una gran sacerdotisa. Ami
definitivamente entraría a la carrera de Medicina, pero ella, y Rei, ya tenían
un lugar asegurado en la Universidad de Tokio, la más prestigiosa de todo
Japón. Ami ya estaba predestinada a estar ahí, pero el caso de Rei sí fue una
sorpresa para las demás. La razón: Ami estuvo ayudando a Rei a estudiar todas
las tardes desde que terminaron sus batallas. La sacerdotisa quería ser la
mejor en su género y decidió pedirle ayuda a la chica genio, que aceptó con
gusto.
Fue en esos
días que nació su relación...
Fue un día
lluvioso aquel. Pero, ni la lluvia, ni la nieve, ni las tormentas detenían el
camino de estudio de Ami Mizuno. En la mañana había asistido a la escuela con
un frío horrible, muchos alumnos faltaron. En la tarde, camino al templo, el
viento de la lluvia le arrebató su paraguas y la pobre se mojó el resto del
trayecto.
“Mejor no hubieras venido” le
dijo Rei, secándole el cabello y quitándole la ropa helada. “Hace un día
horrible, puedes enfermarte”
“No te preocupes, esto no es
nada” respondió una sonriente Ami. “Además, me gusta mucho estar contigo”
La confesión
hizo sonrojar a Rei, que solo guardó silencio. Tenía enfrente una Ami semidesnuda
y eso la puso nerviosa. Dejó de secarle el pelo y la mandó a bañar para que no
se enfermara. Pero Ami alegó sentirse bien y que sólo necesitaba ropa seca y un
té caliente. Discutieron largo rato, pero Ami terminó ganando esa vez gracias a
una dulce sonrisa que usaba para chantajear a su madre... y ahora a Rei...
Después de
una hora de estudio, la sacerdotisa notó que Ami temblaba y se estremecía de
frío. Tocó la frente de la chica y descubrió que tenía fiebre.
“Te dije que tomaras un baño” le
regañó duramente, acostándola en su cama. “Te ha dado fiebre y es tu culpa”
“Lo siento, Rei”
“Creo que mi abuelo guarda algo
de medicina contra el resfriado, espérame un momento”
Fue por un
par de pastillas y se las dio a Ami, pero ésta tenía una fiebre altísima y
mucho escalofrío, lo que asustó bastante a Rei. Fue por una bolsa con hielo, la
cubrió con una tela gruesa, y la usó como compresa para bajar un poco la fiebre
de Ami.
“Más vale que me hagas caso la
próxima vez” le dijo al oído. “O me molestaré mucho contigo”
“Lo prometo”
“Llamaré a tu madre para que
pase por ti, por que temo que, como enfermera, no soy muy buena”
“No digas eso... lo haces muy
bien, Rei”
“¿En serio?”
“Sí, para mañana estaré mejor”
“Entonces... supongo que tendrás
que quedarte ésta noche”
Ami asintió y
acarició la mejilla de Rei como agradecimiento. Ésta le sonrió y continuó
usando la compresa en su frente y mejillas.
“Tengo frío” se quejó Ami
después de un rato.
“Pero no puedo taparte más, o te
subirá la fiebre”
“Lo sé... pero... tú...”
Rei notó un
fuerte sonrojo en Ami. Por alguna razón, se sentía muy extraña, y terminó
adivinando qué era lo que quería su amiga. Le besó su frente caliente y se puso
de pie, dirigiéndose al guardarropa.
“Me acostaré contigo” dijo entre
nerviosa y apurada. “Sólo necesito cambiarme de ropa”
Se estremeció
al sentir la mirada de Ami sobre su cuerpo, que en segundos había quedado
cubierto sólo por su ropa interior. Se puso su pijama roja y se volvió hacia
Ami, quien aparentaba total tranquilidad. Rei se acostó junto a su amiga,
sintiendo de inmediato su cuerpo caliente y su aliento afiebrado. El corazón se
le encogió de pesar y terminó abrazándola, a fin de reconfortarla. Al momento,
Ami correspondió el abrazo, rodeando la cintura de su amiga.
“Tonta” le musitó al oído.
“Promete que la próxima vez me harás caso”
“Lo prometo”
“Bien... ahora intenta dormir un
poco”
“Me duele el cuerpo”
“¿Quieres que te traiga más
medicina?”
Ami negó con
la cabeza y enterró su cara en el cuello de Rei. La abrazó más fuerte. Rei
sintió un nuevo temblor en el cuerpo de Ami al decir las siguientes palabras...
“Tus manos... me hacen sentir
mejor” dijo tímidamente. “Cuando me tocas... el dolor empieza a desaparecer”
Rei enrojeció
con súbita sorpresa. No respondió. Ami ya no abrió la boca. Mas no se soltaron,
en cambio, se abrazaron más fuerte y soltaron un suspiro.
La
sacerdotisa acarició la espalda de Ami por algunos minutos. La chica genio
recargó su cabeza en el pecho de su amiga y gemía no solo por las caricias de
Rei, sino por el dolor que aún residía en su cuerpo. Sentía que todo su
interior ardía en llamas y que la cabeza estaba por estallarle... pero las
manos de Rei daban la impresión de arrancar el dolor y la fiebre.
Las manos de
Rei poco a poco levantaron la blusa que Ami llevaba puesta. Le quitó la blusa,
Ami no traía nada debajo de ésta. Volvió a abrazarla y sintió que toda esa
blanca piel ardía al rojo vivo. La fiebre aún estaba muy alta... Acarició la
espalda de Ami y la escuchó gemir un poco más fuerte.
“Estarás bien... tranquila” le
susurró al oído.
Ami respiraba
agitadamente, pero se debía a la fiebre. Rei decidió hacer otro movimiento:
bajó sus manos hasta los glúteos y le quitó los shorts y la ropa interior.
Quizá así se sentiría más cómoda. La soltó un momento para deshacerse de su
ropa, también.
Ami le miraba
fijamente, y pudo distinguir una sonrisa en su enfermo rostro.
De nuevo se
acomodó con Ami en sus brazos y pegó su piel a la de ella... Aquello fue
increíble, fuera de la alta temperatura de su cuerpo. La tocó y acarició por
todos lados hasta dormirla, sintiendo que el corazón se le saldría del pecho
por semejante experiencia que estaba viviendo, por sentir los pechos de Ami
contra los suyos y sus piernas enredadas con las suyas, por sentir sus brazos
tomarle por la cintura.
Era algo
hermoso.
Entre sueños,
escuchó a Ami murmurar algo...
“Te amo, Rei... te amo”
Rei soltó
algunas lágrimas y le besó la frente.
“Yo también te amo, Ami”
respondió a su oído, después de besarle ligeramente en los labios.
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