CAPÍTULO 3 Sin secretos
Por: Escarlata
-Rei, por favor, déjame estudiar- supliqué entre molesta y agitada.
-No- respondió –son vacaciones y debes divertirte.
-Aquí, la única que se divierte eres tú- suspiré.
Rei me tenía abrazada por la espalda y no me dejaba mover. Ella besaba mi cuello con suavidad, provocándome una cálida sensación en el pecho. Poco a poco perdía el control de mi cuerpo, que me pedía gritos me dejara llevar aquel espíritu de fuego. Cerré los ojos, disfrutando sus labios en mi cuello. Un largo y tembloroso suspiro antecedió mi rendición total.
- Después me dejarás estudiar, ¿de acuerdo?
Con un rápido movimiento, que me tomó por sorpresa, me recostó en el suelo. Se colocó sobre mí y se acercó a mi oído.
-
De acuerdo- respondió antes de besarme.Su cabello me envolvió como la noche a la ciudad. Me agradaba cuando hacía eso, podía sentirla en cada célula de mi piel. Sus labios y su lengua ardían al rojo vivo, transmitiéndome todo su calor a través de mi boca. Sentí una de sus manos en mi seno derecho, y no pude evitar temblar cuando lo acarició por encima de mi blusa. La abrace por la cintura con la intención de no dejar que se detuviera.
- ¡Rei! – escuchamos una voz que se acercaba - ¿Estás en casa?
- ¡Es Mina! – exclamamos al mismo tiempo y apenas si pudimos levantarnos del suelo y recuperar la compostura.
Cuando Mina entró en al cuarto nos encontró... leyendo. Por suerte ya no estábamos agitadas. Mina se veía radiante y, ¿porqué no decirlo?, lucía más bella que de costumbre. Nuestra amiga se sonrió al vernos a ambas y lanzó un grito de felicidad antes de abrazarnos.
- Me alegra verlas nuevo – exclamó.
- ¿Y qué tal la pasaron en Hawai? – le pregunté, olvidando por completo que nos había interrumpido.
- ¡Fue increíble!
- ¿Y Lita? – le cuestionó Rei, un tanto extrañada de verla sola.
Como si de telequinesis se tratase, una jadeante Lita cayó en la puerta. El sudor corría por su frente y se veía claramente molesta.
- ¡Tramposa! – le gritó a Mina – Era una carrera... ¡y tomaste taxi!
- No especifiqué – sonrió la aludida.
Lita se sentó a su lado y, en cuanto recuperó el aliento, nos saludó.
- Siento como si no las hubiera visto en siglos – nos dijo, alegre.
- Mina nos decía que se la pasaron muy bien en Hawai – comenté.
- Sí – suspiró – el hotel, el mar, la playa...
- ¿Y los chicos? –les preguntó Rei de golpe.
Yo esperaba escuchar la lista de virtudes que tenían los chicos que habían visto, pero no fue así. Para sorpresa nuestra, ambas se quedaron calladas mientras se sonrojaban fuertemente. Miré de reojo a Rei, que parecía sospechar algo.
- ¿Por fin consiguieron novio? – les preguntó de nuevo, con cierta malicia.
Siguieron sin hablar. Mina puso un gesto muy extraño y miró a Lita de forma rara, intensa. Lita dirigió su mirada al techo, como si hubiese algo interesante en él, su rostro alcanzó el límite del rojo. No podía explicarme qué pasaba. ¿Encontrarían novio?
En el cuarto se hizo un silencio un silencio sepulcral, hasta que Rei lo rompió...
- Veamos si con un poco de té se animan a contarnos todo – dijo, poniéndose de pie – Vamos, Ami...
- Sí.
La acompañé a la cocina sin quitar mi cara de extrañeza.
- ¿Qué crees que se traigan esas dos? - me preguntó, no menos sorprendida que yo.
- No lo sé.
- Iré a ver qué hacen.
Guardé silencio unos segundos y asentí. No me agradaba la idea de que Rei las espiara, pero si quería saber qué tenía ese par, debía estar de acuerdo ésta vez. Rei salió de la cocina sin hacer ruido, mientras yo comenzaba a preparar el té.
¿Encontrarían novio?... no lo creo. La manera en que Mina miró a Lita daba mucho qué pensar... ¿Y qué tal sí ellas...?
- No... – musité – no puede ser...
Rei entró corriendo a la cocina, sacándome un buen susto, y me tomó por los hombros. Tartamudeaba, no podía entender lo que decía, al parecer la sorpresa fue mayúscula.
- ¿Qué pasa? – le pregunté.
- Ami... ellas... – tomó aire y me susurró – Ellas se estaban besando.
- ¿Qué?
Al principio no le pude creer, pero si Rei y yo sosteníamos una relación, ¿por qué ellas no? Ambas nos sonreímos y terminamos de preparar el té y unos bocadillos. De regreso al cuarto hicimos algo de ruido para que ellas nos escucharan.
Al entrar, las encontramos totalmente rojas y agitadas. Cielos... si su intención era ser discretas, no lo estaban logrando. Tomamos asiento y Rei sirvió el té.
- ¿Ahora si nos lo contarán? – les preguntó mi pareja al ver que ninguna de las dos pronunciaba palabra alguna.
Silencio...
- ¿O prefieren que adivinemos? – insistí, dando, antes, un sorbo a mi taza.
Se miraron entre ellas, mas no se decidían a hablar.
- Entre nosotras no debe haber secretos – dije con seriedad.
- Y menos de éste tipo – continuó Rei, comprendiendo mi plan – Nosotras les diremos nuestro secreto primero para que se animen.
Rei había captado mi plan a la perfección, pero creo que exageró un poco, pues me tomó por el mentón y cerrando los ojos, me dio un dulce beso en los labios. No tuve que mirar a las chicas para saber que estaban sorprendidas y con la quijada en el suelo.
El fugaz beso terminó, dándoles más confianza.
- Así que ustedes también – murmuró Mina, visiblemente feliz.
- Sí – respondió Rei.
- Nos alegra mucho – sonrió Lita – No sabíamos cómo iban a reaccionar cuando les contáramos todo.
- Nosotras tampoco – comenté, alegre – Qué bueno que está todo aclarado.
Podía sentir el suave ambiente que se había formado en el lugar: confianza, lealtad, amor y amistad se mezclaban con la brisa y el vapor del té. No hice mas que sonreírme y tomar la mano de Rei.
A Lita y a Mina les tenía muchísimo cariño y respeto. Lita era fuerte, valiente, noble; Mina era audaz, astuta e inquieta. Ambas tenían mucha confianza en sí mismas y una afinidad única que las hacía un par perfecto, tanto en la lucha, como en la vida diaria. ¿Qué no daría por ellas y por Rei? Mi vida si fuera necesario... ¡Ni qué decir de Serena! Gracias a ella conocía a las chicas. Por ella también daría mi vida, por todas.
- ¿Qué les parece si vamos al parque de diversiones? – preguntó Mina.
- ¿Una cita doble? – dijo Rei para sí y después me miró – No es mala idea.
- ¡Vamos!
Las cuatro salimos del templo. A más, sería mediodía, así que teníamos mucho tiempo para divertirnos y una hora extra para estudiar...
... aunque no les agradó mucho que se los haya recordado...
Ya en el parque de diversiones, no nos decidíamos a qué juego subir primero.
- Por mí, el que quieras – le dije a Rei.
- Entonces vamos a la montaña rusa – exclamó mi pareja.
- Ah, no – intervino Mina – Soy la líder y digo que vayamos a la casa del terror.
- Montaña rusa.
- Casa del terror.
- ¡Montaña rusa!
- ¡Casa del terror!
Cielos... Cuando Serena no estaba, automáticamente Mina tomaba su lugar... claro, para pelear y discutir con Rei. Sonreí nerviosamente y miré a Lita, que parecía no más nerviosa que yo, pero divertida a la vez.
- ¡Sólo hay una forma de arreglar esto! – exclamó Mina.
- ¿Lista?
Me preocupé un poco al ver sus miradas chispeantes, por un momento pensé que pelearían o algo así, pero...
- ¡Piedra, papel o tijeras!
Lita se desmayó y yo sentí cómo algo escurría por mi espalda. Ninguna ganó.
- ¡Piedra, papel o tijeras!
Lita, ya recuperada del desmayo, se acercó a mí.
- Dejemos que se entretengan un rato – sonrió – Vamos por unos helados.
- Vamos.
Nos alejamos de ahí. Aún a lo lejos podíamos oír a nuestras parejas combatir con sus manos.
- Nunca cambiarán – comentó Lita – siempre han sido así.
La miré, un poco confundida. Ella captó mi interrogante mirada y aclaró:
- Desde el Milenio de Plata son así.
Me contó parte de unos recuerdos que había tenido hace ya varios días. Era increíble por lo fantástico que sonaba. Luna me comentó una vez que podíamos tener ese tipo de recuerdos a través de sueños.
De regreso con las chicas, descubrimos que ya había ganadora...
- ¡Gané!... ¡Gané!... – exclamaba Rei - ¡Te gané!
- Malditas tijeras – murmuraba Mina con disgusto.
Terminamos nuestros helados y subimos a la montaña rusa. Nunca me había subido a ese juego, por lo que sentía cierto nerviosismo. Una cálida mirada de Rei me dio valor para sentarme junto a ella. En el asiento de adelante iban Lita y Mina.
El juego arrancó, primero lento, y en cuestión de segundos tomó gran velocidad. Cerré los ojos, sintiendo que mis vísceras eran víctimas de los vertiginosos movimientos. Podía oír los gritos de Lita y Mina delante de mí, conjuntados con los gritos de terror de las otras personas. Rei y yo gritamos hasta la primera vuelta de cabeza. Fue horrible. La gravedad y la velocidad me torturaron largo rato.
En cuanto bajé del juego todo me dio vueltas, mis vísceras aún no se acomodaban y el vértigo me jugaba una mala pasada. Alcancé a sostenerme de no sé qué cosa, Rei me tomó del hombro, igualmente mareada. No supe qué pasó con Lita y Mina.
Dios mío... ahora seguía la casa del terror... En cuanto nos recuperamos, entramos a la atracción que había escogido Mina... En la fila me estaba arrepintiendo de querer pasar por esa casa...
Si la montaña rusa fue horrible, la casa del terror fue peor... ¡Nadie nos avisó que había actores disfrazados! Salí de la casa con la sangre en los pies. Rei también estaba pálida.
- ¡No más juegos de esos! – les recriminó Lita.
- Mejor vamos a los carros chocadores – propuse, ya recuperada de ese segundo susto.
- ¡Sí!
Casi se me disloca el cuello al ser víctima de un empellón de Lita, Rei me vengó mientras yo me encargaba de Mina. En ese juego sí me divertí.
El tiro al blanco fue la siguiente parada. Rei ganó muñecos para todas, dándome a mí el más grande, claro. Más adelante, un hombre estaba retando al público a un juego de shogi, el premio: una comida gratis en el restaurante chino del parque. Los gané.
Antes de ir a comer, Mina nos arrastró a un último juego violento: el torbellino... El sólo nombre me causó náuseas...
Debía hacer una investigación para saber cuál era la resistencia de los órganos internos a la velocidad y la caída libre... ¡Porque no tenía idea de cómo había sobrevivido a un juego tan cruel!
Pasamos al restaurante chino y comimos.
Ya en la tarde nos fuimos del parque de diversiones y regresamos a nuestras casas. No sabía que Mina se había mudado con Lita, hasta que las acompañamos a casa de ésta última. Tuvimos que contarles que yo me quedaría con Rei el resto de las vacaciones.
- ¿Te divertiste? – me preguntó Rei mientras cenábamos.
- Sí... ¿Y tú?
- Por supuesto. Tenemos que ir otro día.
- Sólo hay que quedar de acuerdo con las chicas.
- Bueno... Tenemos cosas qué hacer... – dijo, poniéndose de pie.
Tomé un libro y la seguí al cuarto de meditación.
Mediante rezos, Rei se volvió una con el fuego. Me encantaba verla así... su gesto fiero e indomable reflejado en la llama, su cuerpo tenso como roca, tratando de ver en el fuego un reflejo del futuro.
Sus facciones felinas eran la viva imagen de su personalidad, esa personalidad que me atraía y me doblegaba con sólo una mirada. Rei... La amaba tanto que en aquel momento no tenía ojos más que para ella. El libro entre mis manos ya no existía, las fórmulas físicas y matemáticas cedieron ante aquella poderosa presencia y le dejaron su lugar en mi mente. Su fuego me hipnotizaba, dejándome totalmente ida.
Desde aquella pared donde estaba sentada, observaba a aquel indomable ser de ojos azabache que me impregnó su calor para siempre.
Rei terminó sus rezos y clavó su mirada en el fuego. Parecía ver algo, algo agradable probablemente, pues se sonrió con aquella visión. Giró su cabeza y me miró...
- Acabo de recordar algo – dijo, casi susurrando.
- ¿Qué? – pero ella respondió con una orden que no contestó mi pregunta.
- Acércate...
Obedecí sin siquiera pensarlo. Sus brazos me rodearon suavemente, mientras sus ojos ardían como carbón al rojo vivo.
- Dejamos algo pendiente hoy en la mañana.
Sonreí, sintiendo cómo el fuego al lado de nosotras quemaba mis mejillas.
- Pero no he estudiado – ronronee, acercándome a su rostro.
- Prometo dejarte estudiar en cuanto acabemos...
- De acuerdo...
Nuestros labios se enredaron en un cálido y urgente beso. La abracé, pegando su cuerpo al mío. Mi corazón latía tan fuerte que sentí que se me saldría del pecho. Estar en sus brazos era echarse un clavado al fuego, pero sin quemarse. Ni toda mi lógica podía describir lo que Rei me hacía sentir.
Sus labios ya estaban humedeciendo mi cuello, cosa que me provocó un escalofrío en la espalda. Comencé a jalar su ropa hacía abajo, descubriendo la piel debajo de ésta. Dejé que mis manos se saciaran a mi gusto con aquel contacto. Me hundí en su cabello, que en ese momento me pareció más negro que la noche misma, y aspiré su aroma a shampoo.
- Alza los brazos – me ordenó en un suspiro.
Hábilmente me quitó la blusa y colocó sus labios en mi pecho.
- No creo que hoy puedas estudiar – murmuró entre besos.
- ¿Porqué?
- Por que estaremos así toda la noche.
No pude más que sonreír y acercarme a su rostro para besarla en los labios...
El revoloteo de los cuervos y el canto de las aves resonaban en mis oídos, un fresco aire golpeaba mi cara y algo cálido se movía entre mis brazos. Abrí los ojos y me encontré en la cama con Rei. Ya era de día... Ni siquiera supe cómo llegamos al dormitorio.
Frente a mí, el estómago de Rei se movía rítmicamente. No pude resistir el besar su piel, que aún tenía huellas de lo que hicimos anoche. Un leve sabor a sal se revolvió en mi lengua, aumentando la intensidad de aquel contacto.
- ¿Porqué abusas de mí mientras duermo?
El susto detuvo por instantes el beso en su estómago, pero pronto sonreí, continuando con mi travesura. Sus dedos en mi nuca estremecieron mi cuerpo.
Poco a poco me despegué de su piel y me coloqué a su altura. Sus ojos me penetraron como flechas, quemando mis mejillas al instante. Rei me sonrió de tal forma que me sentí derretir.
- Buenos días, Ami.
- Buenos días, Rei.
Después de un dulce beso se puso de pie en camino al cuarto de baño. Yo no despegaba mi mirada de su cuerpo desnudo.
- Es hora de bañarnos – dijo, viendo mi rostro hipnotizado.
- Ahora voy...
Me levanté de la cama y tomé un par de toallas del cajón. Rei ya me estaba esperando en la tina.
- ¿Hoy qué vamos a hacer? – le pregunté.
- Podríamos ir al cine, ó a bailar, tal vez al centro comercial...
- Tal vez Lita y Mina ya tengan planes.
- Hablémosles por teléfono.
- De acuerdo.
Estábamos abrazadas, mientras Rei pasaba una esponja por mi pecho, yo estaba acostada en el suyo. El resto del tiempo la pasamos calladas, acariciándonos, dándonos pequeños besos... Era una forma de relajarnos. Terminamos de bañarnos y nos vestimos. Pero, ese día en particular, nos esperaba una no muy agradable sorpresa, algo que habíamos pasado por alto todo ese tiempo. Estábamos desayunando cuando...
- Hija, ya llegamos – sonó la cansada voz del abuelo.
- Señorita Rei... ya estamos en casa...
Nicolás y el abuelo aparecieron en el comedor. Yo sentí una cubetada de agua helada al ver a Nicolás con una gran sonrisa en el rostro mientras miraba fijamente a Rei.
Mi pareja se mostró muy nerviosa al verlo.
- Hija, debes ver como ha mejorado Nicolás – dijo el abuelo, obvio que Rei se incomodó ante el comentario.
- Así es, ahora soy mejor y ya no se molestará conmigo.
Para aparentar que todo estaba en orden, los recibimos como era debido. Pero, cuando Rei comentó que me quedaría con ella el resto de las vacaciones, noté un claro gesto de molestia en Nicolás, cosa que me puso muy incómoda. ¿Para qué ser hipócrita?... Todo mundo sabía que Nicolás estaba enamorado de Rei, y que sólo por eso se quedaba en el templo. Al principio, las chicas y yo solíamos confundir la frialdad de Rei hacía Nicolás como amor; incluso podría apostar que ella sí se sintió atraída por él durante un tiempo... obvio que ahora ya no.
No sé porqué me sentí culpable al darme cuenta que Nicolás buscaba la mirada de Rei con insistencia.
- Disculpa, abuelito, pero Ami y yo íbamos a salir – dijo mi pareja con su habitual tono de voz – Dejamos el templo en orden, así que sólo descansen. Regresaremos en la noche.
Rei se puso de pie y, con una seña me indicó que la siguiera. Me despedí de los dos, notando claramente la molestia de Nicolás, y caminé tras de Rei, que parecía querer escapar de ahí. La alcancé en las escaleras, pero no supe que decir cuando sus ojos coincidieron con los míos. En cambio, ella me sonrió y acarició mi mejilla.
- No te preocupes – dijo casi susurrando, pero adiviné tristeza en su voz.
En ese momento recordé algo que tal vez podría ayudar a sobrellevar nuestro problema.
- Rei, yo... quiero llevarte a un lugar muy especial.
- ¿Especial?
- Sí. Recuerdo que mi padre solía llevarme ahí cuando era pequeña, antes de que se divorciara de mamá. Ahí, se ponía a pintar mientras yo jugaba con las flores y las mariposas. Es como un paraíso, aislado de todo y de todos... ¿quieres venir?
Asintió, visiblemente feliz y tomando mi mano. Sabía que necesitábamos hablar con calma de ese asunto, y qué mejor lugar para hacerlo que ese bosque que yo recordaba. La última vez que fui, fue con mamá hacía seis años.
El trayecto fue de una hora, durante la cuál no intercambiamos ninguna palabra, pero ambas sabíamos que no era necesario en ese momento.
Al llegar, descubrí que el bosque seguía exactamente igual. La guié por un sendero entre los arboles y di con el punto que estaba buscando: un pequeño lago de agua termal al pie de un enorme y viejo árbol. Seguía igual, tampoco había cambiado nada. Solitario, cálido y fresco a la vez, armonioso, adornado con miles de formas de vida; perfecto para invitar a la reflexión y a la meditación.
- Es hermoso – dijo Rei, antes de sentarse a mi lado.
- ¿Verdad que sí?
Pasó su brazo por mis hombros y nos recostamos sobre la hierba.
- ¿Qué vamos a hacer con Nicolás?- le pregunté en voz baja, como tratando de no romper el silencio del bosque.
- Debo hablar con él – respondió en el mismo volumen que yo – No es justo que siga ilusionándose.
- Tienes razón, pero, ¿cómo crees que reaccione?
- No lo sé, aunque más o menos puedo imaginármelo.
Me pegué un poco más a su cuerpo y hundí mi cara entre su cuello y su cabello, rodee su cintura y enredé mis piernas con las suyas. Ella me abrazó más fuerte.
- ¿Qué pretendes, eh? – me preguntó con una voz seductora que siempre me enloquecía - ¿Acaso no tuviste suficiente anoche?
- No es eso – dije, sonriendo – Sólo quiero tenerte así.
- De acuerdo, como quieras.
- Además, es agradable, ¿o no?
En respuesta, acarició mi cabello.
Cerré los ojos, dejando que el aroma de las flores y de mi pareja me embriagaran. La calidez que sentía cada que estaba con Rei era extraordinaria, sobrenatural. El desafío de mirar sus ojos no se comparaba a nada que conociera, sacar una sonrisa de sus labios era un triunfo, y, el lograr que sus manos recorrieran mi cuerpo significaba todo para mi.
Egoístamente, pensé que no permitiría que nada ni nadie me arrebatara a mi espíritu de fuego, ni siquiera Nicolás.
- Oye... – escuché su voz como un susurro.
- ¿Sí?
- ¿Por aquí viene mucha gente?
- Pues... no... no mucha. Es un área protegida, por eso casi no hay gente.
- ¡Qué bueno!
- ¿Porqué lo preguntas?
Sin decir nada más, me puso contra el suelo mientras me besaba locamente el rostro. A pesar de la sorpresa, no tardé en corresponder sus deseos. Metí mis manos bajo su blusa y comencé a acariciar su cálida piel, pero, a los pocos minutos, ella se detuvo de repente y se puso de pie frente a mi.
Más frustrada que extrañada, me senté. Ella miró mi rostro molesto, tenía una sonrisa retorcida en los labios y un brillo en los ojos que jamás había visto antes. Comenzó a quitarse la blusa con hipnóticos movimientos, lanzándola a un lado de mi, siguió con el sostén y el resto de su ropa, quedando totalmente desnuda. Yo seguía hechizada por el repentino acto, no podía apartar los ojos de su silueta.
Se me acercó, tomó mis manos con delicadeza y me ayudó a levantarme, después, sin dejar que me acercara mucho a su cuerpo, guió a mis dedos a seguir acariciando su piel. Yo sólo suspiré, sintiendo que el corazón me latía tan fuerte y rápido que iba a explotar. Tomé el control de mis manos y continué tocándola, pero ella volvió a alejarse y, con una zambullida que alcanzó a salpicarme, se metió al agua; que en ésta época del año estaba tibia.
- Si me quieres, debes atraparme...
No tardé en comprender su plan. Quería seducirme, intentar algo distinto. Comencé a quitarme la ropa, tomándome todo el tiempo del mundo. Calenté un poco y, con un clavado, entré al agua.
- ¡Voy a atraparte, Rei Hino, estás en mis territorios!
A pesar de la distancia, pude distinguir su malévola sonrisa y el mismo brillo en los ojos. Tomé suficiente oxígeno y me sumergí en el pequeño lago. No tardé en reconocer su cuerpo a unos metros de mi. Ya podía imaginarme su cara de sorpresa al no saber dónde me encontraba. La rodee un par de veces antes de atraparla y hundirla conmigo.
Para Rei era un poco difícil abrir los ojos dentro del agua, por lo que los mantuvo cerrados todo el tiempo. La besé, abrazándola con fuerza, pero la falta de aire hacía que le costara trabajo corresponder mi beso.
Sin romper el contacto, la llevé hasta una orilla del lago y la subí a la superficie, recargándola sobre una roca. Tomó una gran bocanada de aire mientras yo, que aún reservaba algo de oxígeno, besaba su cuello y sus hombros.
- ¡¿Acaso quieres matarme?! – gritó, un poco disgustada.
- Tú empezaste, ahora te aguantas – susurré a su oído.
Seguí besándola, mientras acariciaba sus costados y su torso. Hundí mi muslo en su entrepierna y comencé a frotarlo lentamente. Ella gimió dentro de mi boca, moviéndose un poco para aumentar las sensaciones. Le estaba gustando. Decidí usar otro movimiento. La besé unos instantes más y abandoné su boca, ella trató de retenerme, pero bastó con que acariciara sus senos para que suspirara y echara su cabeza hacía atrás.
- ¿Es una venganza? – preguntó entre jadeos.
- No...
- ¿Entonces?... ¿Qué tienes en mi contra?
No respondí. La sujeté de las caderas y me sumergí en el agua, después de tomar suficiente oxígeno. Pasé sus piernas por encima de mis hombros y, cuando vi su intimidad frente a mi rostro, hundí mi lengua, ansiosa, lo más profundo que pude. Separé sus labios mayores con mis manos y lamí su clítoris... jugué con él, lo acaricié, lo mordí un poco... Ya podía imaginarme la cara de Rei. Pero el aire comenzó a faltarme y abandoné lo que estaba haciendo para subir a la superficie y poder respirar.
- Ah, ¿porqué?... ¿porqué me haces esto? – me preguntó entre jadeos.
Era obvio que casi llegaba al clímax... y yo la dejé a medias. Recargué mi frente en su húmedo vientre, tratando de recuperar el aliento, besé suavemente su piel, a la vez que me disculpaba.
- Lo siento, no fue a propósito... es que se me acabó el aire.
- Has arruinado mi plan... yo quería hacerte esto a ti.
- ¿Y no te gustó el cambio de planes?
- Cállate.
Volví al agua y regresé a mi tarea de jugar con su intimidad, procurando hacerlo más rápido, aunque dándome ratos para explorar más abajo e introducir mi lengua tan adentro como pude. De pronto, sentí que se tensaba por completo, sus piernas me presionaron un poco y en mi boca se revolvió un dulce néctar junto con el agua del lago. Era mi premio.
Subí de nuevo y la encontré respirando con fuerza y temblando, pero no pensaba dejarla así. Acomodé mis caderas entre sus piernas y comencé a frotar nuestros puntos de placer. Rei suspiró y jadeó con dificultad, yo también, el movimiento también comenzaba a afectarme.
- Aaahhhhh...
- Ami... me las vas a pagar... ah...
Rei también comenzó a mecerse, ayudándome con el acto. Al poco rato, ambas llegamos al clímax. Terminamos abrazadas, besándonos, con el agua hasta el cuello y nuestros cuerpos cansados. Rei seguía amenazándome, y yo seguía contradiciéndola.
Ya estábamos de regreso en el autobús. Yo descansaba en su hombro, enroscando un largo mechón de su cabello. Rei acariciaba mi hombro y a veces besaba mi frente. Era tan agradable estar así. Llegamos al templo alrededor de las ocho de la noche. El abuelo ya estaba dormido y Nicolás nos esperaba en la sala.
- Señorita Ami, hace rato habló su madre. Quiere que regrese a casa.
Eso no me lo esperaba. No pensé que mamá regresaría tan rápido, aunque no podía negar que estaba contenta de su regreso.
- Iré de una vez, mañana vendré por mi ropa – le dije a Rei.
- De acuerdo, ¿quieres que te acompañe?
- Ya te he causado demasiadas molestias. No te preocupes, llamaré un taxi.
Nicolás permaneció serio y en silencio, cosa que noté de inmediato, pero traté de no tomarlo en cuenta; estaba ansiosa de ver de nuevo a mi mamá. La extrañé tanto. Rei también parecía contenta por mi. Pedí un taxi por teléfono y lo esperé en las escaleras del templo junto con Rei.
- Te ves muy feliz – dijo Rei, abrazándome.
- Muchas gracias por recibirme en tu casa – respondí, sonriéndole.
- ¿Y vendrás a verme?
- Cuando quieras.
- De acuerdo, te llamaré mañana en la tarde para platicar y, no lo sé, tal vez arreglar una cita.
El taxi llegó. Me despedí de Rei y entré al vehículo, pensando en cómo decirle a mamá lo feliz que me hacía su regreso. También tenía que contarle todo, bueno, no todo, lo que había hecho durante su ausencia.
El trayecto fue rápido. Le pagué al taxista y me apresuré a llegar a mi apartamento. El ascensor era un poco lento, así que subí por las escaleras. Corrí hasta la entrada, no podía esperar más. Abrí la puerta y entré. Las luces estaban apagadas. No había ninguna señal de mamá. Fui a su dormitorio, pero todo estaba en orden. Ni siquiera se encontraban sus maletas.
- No... ella no está aquí...
Bajé hasta el estacionamiento y no vi su auto por ningún lado. Incluso le pregunté al portero si la vio llegar, pero su única respuesta fue no. Entre lágrimas llegué a una conclusión: Nicolás me había mentido. No tuve que preguntarme la razón de tan vil acto, era tan obvio. Regresé al apartamento y tomé el teléfono. Marqué al templo, pero no había línea. Sospeché que Nicolás había descolgado la bocina a propósito.
Pensé en volver al templo y aclarar todo con ese patán, pero, después me di cuenta de que esa no era una muy buena idea. Él y Rei seguramente estaban discutiendo y, conociéndolos, Nicolás debió confesarle su mala acción. Si intervenía, todo acabaría de mala forma. Cambié de opinión y llamé a casa de Lita, esperando no interrumpir nada... privado entre ella y Mina. Necesitaba hablar con alguien, aún sentía un nudo en mi garganta.
- ¿Hola?
- ¿Mina?... Soy yo, Ami.
- ¡Ami!... ¿qué pasa?... no eres de las chicas que llaman tan noche...
- Por favor, discúlpame si las molesté...
- ¿Eh?... ¿te pasa algo? Te oyes mal...
Mi voz quebrada acabó por delatarme.
- ¡Si Rei te hizo algo, voy a castigarla en el nombre de Venus!
- ¡Mina, trae acá esa bocina! – se escuchó la voz de Lita algo lejana.
- Espera, tengo que saber que pasa... ¡Eh, dame eso!
- ¡No!
Reí un poco al escucharlas discutir, no dudé en que lo habían hecho a propósito. Lita ganó la bocina y por fin pudo hablar.
- Puedes venir a casa si eso te hace sentir mejor.
- Sólo espero no causar ninguna molestia.
- ¡Claro que no!... ¡Somos las amigas, puedes contar con nosotras!
- Gracias.
Guardé una muda de ropa en una mochila y tomé otro taxi, ésta vez, a casa de mis amigas. Sólo esperaba que Rei no mal interpretara el que no fuera al templo. Llegué rápido. Ellas me esperaban en la entrada.
- ¿Nicolás hizo eso? – me preguntó Mina en cuanto terminé de contarles todo – No puedo creerlo.
- No te preocupes. Lo que hiciste estuvo bien, Rei sabrá arreglárselas con Nicolás – dijo Lita con tono tranquilizador.
- Lo mejor será que te quedes aquí.
- Gracias, amigas.
- No tienes nada que agradecer.
Me sentí feliz de saber que siempre podría contar con ellas.
- Iré por el té – dijo Lita y fue a la cocina,
- ¿Verdad que es todo un amor? – me preguntó Mina, obviamente refiriéndose a Lita.
- Sí – sonreí, pero ella se puso un poco... alocada.
- Y deberías verla cuando lo hacemos. Es tan fuerte y suave y excitante...
Me sonrojé mucho, mientras Mina me miraba con curiosidad. Se sentó a mi lado y pasó su brazo por mis hombros.
- ¿Y qué hay de ti y de Rei? – me preguntó en voz baja – Vamos, habla, no seas penosa. Puedes decirme lo que quieras...
- Eh...
- Conociéndola, ella debe ser muy... ¿Fogosa?... ¿dominante?... ¿insaciable?...
Me puse más roja todavía y no pude hablar.
- ¡Mina, déjala en paz! – le gritó Lita desde la puerta de la cocina.
- Pero si no estoy haciendo nada malo, sólo le contaba lo maravillosa que eres cuando lo hacemos.
Lita se ruborizó bastante, a lo que mi rubia amiga contestó lanzándole a los brazos para besarla. Casi se cae la charola que tenía en las manos, alcancé a agarrarla.
- Eh, tranquila, nena... – dijo Lita con suavidad, mientras correspondía el beso tiernamente.
Me alegré de ver que no tenían miedo de demostrar su amor. Era hermoso. Al estar junto a ellas me sentí tranquila y pude dormir bien, aunque fue en el sillón.
En cuanto amaneció, y desayuné, regresé al templo. No sabía con precisión qué esperarme al llegar, aunque estaba dispuesta a enfrentar lo que fuera. Llegué rápido y no demoré mucho en las escaleras. Antes de llamar, suspiré con fuerza para quitarme los nervios.
Rei me abrió la puerta, y yo no supe qué decir en ese momento.
- Pasa – dijo Rei, sonriendo, para tranquilidad mía.
- Yo... siento mucho no haber venido ayer... creí que...
- Calla...
- ¿Eh?
- No te preocupes, ya arreglé todo. Además, aquí hay alguien que te debe una disculpa.
Nicolás apareció detrás de Rei, su rostro tenía pegado el arrepentimiento puro.
- Por favor, perdóneme, no quise mentirle.
- Está bien, estás perdonado – le dije con suavidad, en realidad ya no estaba tan enfadada – Pero, si querías hablar con Rei a solas, bastaba con que me pidieras que me fuera.
- Perdón.
Le ofrecí la mano en señal de paz, él me sonrió, todavía apenado.
- Señorita Rei...
- ¿Si?
- Quisiera hablar con la señorita Ami en privado.
- De acuerdo.
Rei salió del recibidor.
- ¿Y de qué quieres hablar?
- Prométame que cuidara mucho de ella...
- ¿Uh?
- Ella es lo que más he amado en la vida. Quiero que sea feliz, aunque eso signifique que sea con otra persona... lo que más me alegra, es que fue una persona como usted quien la conquistó. Es buena, amable, cariñosa... todo lo que la señorita Rei necesita... Prométamelo... ¿Verdad que va a cuidarla?
- Lo prometo.
Para terminar de sellar mi promesa, le di un beso en la mejilla. Él se sonrojó mucho y me sonrió.
- Bueno, es hora de comenzar con mis deberes, adiós.
Nicolás se fue, en paz. Yo sentí una enorme tranquilidad, como si me hubiera quitado un gran peso de encima. Una mano se posó en mi hombro, la calidez que destilaba me dejó adivinar de quién era.
- Rei...
- Ami...
Di media vuelta y nos sonreímos. Rei acarició mi mejilla con ternura.
- Anda, vamos a salir.
- Está bien.
Nos tomamos de la mano y nos retiramos del templo. Rei me explicó que Nicolás sería el sucesor de su abuelo, sin necesidad de boda alguna. Nicolás tenía una verdadera vocación de sacerdote, e iba a encargarse del templo por tiempo completo.
- Tendré otro par de horas libres – dijo, mientras paseábamos por el parque.
- ¿Y qué piensas hacer en ese tiempo? – le pregunté, curiosa.
- No lo sé... tal vez... podría ir a tu casa...
- ¿Ayer no tuviste suficiente?
- Todavía me debes una, y voy a cobrármela.
- ¿No te gustó lo que hice?
- No he dicho eso.
- ¿Entonces?
- Sólo me preguntaba qué día podríamos ir de nuevo e ese bosque, es hermoso. Sé que no es mi territorio, pero no importa.
- Podemos ir mañana si quieres.
- Oh, creo que la tuvo suficiente fuiste tú.
- No digas eso.
Seguimos caminando en silencio, tomadas de la mano, admirando el lugar y disfrutando de la fresca brisa veraniega.
- ¡Eh, chicas, esperen!
- ¡No caminen tan rápido!
En cuanto volteamos. Lita y Mina nos cayeron encima.
- ¡Vamos al lago! – exclamó Mina, que se había montado en mi espalda.
- ¡Si, vamos a divertirnos al lago! – siguió Lita, que tenía a Rei bajo una dolorosa llave.
- ¡Está bien, iremos, pero ya quítense! – reclamó Rei, aparentemente molesta.
Rentamos una lancha grande y empezamos a remar por todo el lago. Y, justo ahí, Mina tocó un punto que habíamos ignorado por completo.
- ¿Qué creen que piense Serena cuando se entere de esto?... Después de todo, tiene derecho a saberlo, es nuestra princesa.
El resto guardamos silencio, un poco nerviosas.
- No creo que sea necesario adivinar – dije casi sin pensarlo – Serena es nuestra princesa, tal como lo dijo Mina, es obvio que se pondrá feliz. Le importamos mucho, es natural que se alegre de que estemos a lado de la persona que más amamos... ¿No lo creen?
Todas sonrieron, en señal de total acuerdo.
- Por cierto, esa Serena no nos ha llamado por teléfono – se quejó Mina cruzando los brazos.
- ¿Y si nosotras le hablamos? – propuso Rei – Podemos pedirle algún número telefónico a su mamá.
- No es mala idea – comentó Lita – Vamos de una vez.
- Les sugiero que lo hagamos en la noche, por que allá, en E.U. es de madrugada – dije – A ésta hora, Serena no nos va a contestar ni por accidente.
Las demás suspiraron, resignadas.
- ¡Hey, tengo una idea! – exclamó Lita, de repente.
- ¿Cuál?
- Ami, Rei, ¿les gustaría quedarse ésta noche con nosotras?
- ¿Algo así como una pijamada? – le preguntó Rei y después me miró - ¿Tú que dices?
- ¿Y porqué no?
- De acuerdo, iremos.
- ¡Qué bien! – gritó Mina, abrazándonos y haciendo que la lancha se ladeara peligrosamente.
- ¡Si no te tranquilizas nos vamos a voltear! – le advirtió Rei, alarmada.
Una hora más tarde, Rei y yo fuimos al templo por algo de ropa, acompañadas de Lita y Mina. De ahí, nos dirigimos a casa de nuestras amigas que, como siempre, estaba pulcra y con olor a rosas.
- ¿Qué quieren de cenar? – nos preguntó Lita.
- Cocina lo que quieras, sabes que nos encanta tu comida – respondí.
- Está bien, ¿Ami, me acompañas a la tienda?
- Sí.
Ambas salimos de la casa. La tienda estaba a no más de diez minutos de distancia. En el camino nos la pasamos conversando de lo que nos gustaba de nuestras parejas.
- Mina tiene demasiada energía y necesita de alguien que la controle un poco.
- ¿Y ese alguien eres tú?
Lita se sonrojó un poco, yo le sonreí.
- ¿Qué me dices de Rei?
- Bueno... ella... es muy... apasionada...
- Ajá...
- ... y...
- ¿Y?
Me ruboricé mucho y bajé el rostro. Lita me abrazó y alborotó mi cabello, como a veces suele hacerlo Rei.
- Eres una pilla. No es necesario que digas nada más, te comprendo. Ella es todo para ti, ¿verdad?
Volví a sonreírle y ella me soltó, para poner sus brazos sobre su cabeza. Miró al cielo, que en ese momento tenía una coloración rosa y roja, y dijo en voz alta:
- Pero a veces me saca de quicio, es muy inquieta...
- Te gusta tal como es y no harías nada por cambiarla...
- Sí...
Llegamos a la tienda e hicimos las compras. La cena: arroz, albóndigas de pulpo y unas botellas de sake que no sé cómo le hizo para que se las vendieran. De regreso a la casa seguimos conversando. Era más fácil hablar con Lita que con Mina, aunque eso no quería decir que me agradara menos, para nada.
Al llegar a la casa y abrir la puerta, encontramos un desastre tamaño universal en la sala. Rei y Mina peleaban en el suelo. Estaban totalmente despeinadas y desarregladas. Rei se veía molesta y Mina muy divertida.
- ¡Si dices otra palabra te mato! – gritó Rei.
- Ay, vamos, tampoco es para que te enojes.
- ¿Qué pasa aquí? – les preguntó Lita, enérgica.
- ¡Mina empezó!
- ¡Y tú no aguantas una broma!
- Si no dejan de pelear vamos a dejarlas sin cenar – les advertí.
Se detuvieron al instante.
- Arreglen éste desastre. Ami y yo empezaremos con la cena.
- Sí...
- Vamos.
Durante la cena platicamos... ¿normalmente? Bueno, se podría decir que sí. Rei y Mina seguían discutiendo, sólo cuando se acordaban del motivo de su pelea. Lita se veía tranquila, feliz. Yo estaba contenta, de buen humor, dispuesta a hacer cualquier cosa en ese momento.
- No sé por qué presiento que ésta noche va a ser muy larga – pensé, sonriendo, al ver que Lita sacaba las botellas de sake que habíamos comprado hacía unas horas – Muy, muy larga...
En fin, una vez me dijo Serena que lo importante era disfrutar cada momento de la vida. Y lo haría...
FIN DEL CAPÍTULO TRES