CAPÍTULO 1 Fuego y Hielo

 

Por: Escarlata

 

Eran las once de la noche cuando cerramos las libretas, cansadas de tanto estudiar y contentas de haber terminado. Me estiré perezosamente al mismo tiempo que lanzaba un largo suspiro, Ami me imitó pero sin suspirar.

- Muchas gracias por ayudarme- le dije con inmenso alivio.

- No tienes nada de agradecer, Rei- contestó tímidamente, mientras un leve rubor se dibujaba bajo sus ojos.

Si había algo que encontraba simpatiquísimo era la amable sonrisa de Ami acompañada de un sonrojo, en verdad me encantaba.

Quería hacer algo para demostrarle que en verdad estaba agradecida por haberse quedado conmigo esas dos semanas. Aclaración: yo no era de las personas que pedía o agradecía favores, lo que me obligó a recurrir a la ayuda de Ami era que mis calificaciones de matemáticas eran simple y sencillamente horrorosas, y si no aprobaba el examen final con un mínimo de ochenta puntos repetiría el curso completo. Ami me ayudó con mucho gusto. Se quedó conmigo esos quince días de las tres de la tarde a las nueve de la noche. Pensamos que lo mejor sería que Serena y las demás no estuvieran con nosotras, me distraerían. Algo que me pareció muy noble por parte de Ami es que abandonó un curso avanzado de geometría analítica para poder dedicarme más tiempo. Esas dos semanas fueron puros números y fórmulas de pesadilla.

Más que las lecciones, fue el gesto dulce y paciente de Ami lo que me quedó más grabado. Esa sonrisa cálida, su intensa mirada al realizar ecuaciones o enseñarme los métodos de resolución de las mismas, y sus alentadoras palabras cuando era víctima del cansancio mental que provoca tantas horas de estudio.

- Prometo que haré mi mejor esfuerzo en el examen de mañana- articulé con una alegría poco usual en mí – Es lo menos que puedo hacer por ti.

Mis palabras afloraron de forma tan natural que por un momento no me percaté de lo que dije, hasta que vi a mi compañera sonrojarse y bajar el rostro. Me sorprendí más por mi acción que por su reacción. ¿Pero qué me pasaba? Yo no decía este tipo de cosas.

- Yo también espero que pases ese examen- me dijo, cambiando su gesto, y con una dulce sonrisa bailando en su rostro.

¡Demonios! Esa sonrisa suya siempre me ponía nerviosa... ¡Y no entendía por qué! Era extraño, pues me pasaba lo mismo desde que comenzamos a estudiar... corrección: me pasaba desde hacía mucho tiempo.

- Será mejor que me vaya a casa- volvió a decir, al verme callada- es tarde y debes dormir.

Sacudí mi cabeza de todos esos locos pensamientos y le pedí que no se fuera. Ni yo comprendí porqué lo hice...

- Ya pasan de las once y no encontrarás transporte... puede ser peligroso- argumenté, realmente preocupada.

Me miró con extrañeza, no pude descifrar lo que querían decirme sus ojos. Su silencio me puso incómoda y al parecer lo notó. Finalmente me contestó, dando lugar a su dulce sonrisa.

- Tienes razón... no quiero que te quedes con pendiente.

Suspiré, aliviada por su respuesta.

Estaba muy cansada y me dolía el cuerpo, a mi amiga genio también, así que se me ocurrió que sería buena idea tomar un baño antes de dormir. Me levanté para comenzar a calentar el agua de la tina.

- Ami- la llamé – Vamos a bañarnos.

- De acuerdo- respondió desde la sala.

En cuestión de minutos el agua tomó una temperatura agradable. Me despojé de mi ropa y me metí primero. Escuché que Ami hablaba por teléfono, seguramente llamaba a su madre para avisarle que se quedaría conmigo. No tardó en aparecer en escena con una pequeña toalla cubriendo su torso desnudo.

- Si no te apuras se va enfriar- bromeé.

- Si se enfría podrás usar tu "Fuego de Marte"- respondió con un tono sarcástico tan poco frecuente en ella.

Se metió a la tina y agregó:

- Sólo espero que no halla caducado por falta de uso.

- Graciosa...

Sonreí con malicia. Era raro que ella hablase con ese tono, pero no me molestó en lo absoluto. Se sentó frente a mí, despojándose de la toalla y dando a lucir un poco sus pechos. A pesar de no ser la primera vez que nos bañábamos juntas, sentí que la sangre se me subía a la cabeza y me quemaba las mejillas, provocándome un leve rubor. ¿Porqué me sentía así, si su cuerpo semidesnudo no me era tan ajeno?

- ¿Te pasa algo?- me preguntó, extrañada.

- No... no... nada... – manoteé, nerviosa.

- Gracias por dejarme quedar contigo- dijo de repente.

- Es peligroso que una chica linda ande sola de noche- argumenté, sintiendo que mi nerviosismo se apaciguaba.

Ami volvió a sonrojarse y hundió medio rostro en el agua. ¡Pero que chica tan sensible! Probablemente no estaba acostumbrada a escuchar éste tipo de halagos.

Junté un poco de agua entre mis palmas y la salpiqué...

... se molestó...

Bueno, eran contadas las ocasiones que se mostraba de ese humor que no pude resistir la tentación de provocarla. Ami me contraatacó con un chorro de agua... era como ver su "Ilusión Acuática de Mercurio" en todo su esplendor. Comenzamos a salpicarnos entre risas y con ojos medio cerrados. Como ella iba ganando (no por nada era la guerrera del agua) me lancé sobre ella y la hundí.

- ¿Te rindes?- le grité, entre cansada y divertida.

Como respuesta me hizo cosquillas, obligándome a soltarla. Emergió de la tina como una sirena del mar, y la mirada maliciosa con la que salió me impresionó un poco. Su cabello goteante desmayaba sobre su frente y una sonrisa terminaba de coronar su rostro mojado. Me miró fijamente. Yo sólo esperaba que se vengara pero, para sorpresa mía, comenzó a reír a carcajada limpia y abierta.

Si era raro verla enojada, era aún más raro verla carcajearse de esa forma.

Me contagió con su inesperado gesto, haciendo que nuestras risas sonaran en todo el templo.

Casi era media noche y ya estábamos acostadas. A pesar de la poca luminosidad de mi dormitorio, podía ver el destello azulado de los ojos de Ami a través de su mata de pelo. Su cuerpo estaba casi pegado al mío, dejándome percibir su fresco aroma a flores y transmitiéndome parte de su calor.

- Hasta mañana, Rei- susurró, apagando el destello de sus ojos.

- Que duermas bien, Ami.

De inmediato caí en los brazos de Morfeo. La presencia de Ami, independientemente del nerviosismo, me provocaba una enorme sensación de paz y tranquilidad; así que ella me ayudó a dormir. No desperté sino hasta que sonó la alarma de mi reloj.

Sentí los cálidos rayos del sol acariciar mi rostro, el insistente sonido de la alarma me obligó a abrir los ojos. Quise levantarme pero algo me lo impidió: Ami. Tenía mi cintura aprisionada entre sus brazos y su cabeza acurrucada en mi pecho. No me di cuenta en qué momento me abrazó (caí tan cansada) Sin embrago ese gesto suyo no me molestó, al contrario, me hizo sentir un cálido sentimiento de felicidad. Acaricie su suave cabello antes de liberar mi cintura, con sumo cuidado para no despertarla. La arropé después de levantarme.

Dormía tan plácidamente con ese angelical rostro suyo que no pude evitar contemplarlo. A decir verdad era la primera vez que lo analizaba. Era delgado, de facciones definidas, nariz pequeña, una piel más clara que la mía y una boca de labios rosas. La sensualidad y la inocencia se mezclaban en su rostro dormido...

- Deja de verme o llegarás tarde- murmuró, acomodándose en la almohada y cubriendo su cara con la cobija.

Casi grito del susto que me dio, otro poco y me provoca un infarto. ¿Cómo supo que la estaba observando?... ¡Demonios!... ¿Acaso pudo sentir mi mirada?

Salí del templo a gran velocidad para llegar antes de la hora, según Ami, eso ayudaba mucho a tranquilizar la mente. Lo comprobé al llegar a la escuela con veinte minutos de anticipación.

Por fin tenía el examen en mis manos. No estaba nerviosa. El profesor nos dio el banderazo de salida y descubrí, con sorpresa, que todos los ejercicios eran idénticos a los que Ami me había enseñado. Lo resolví tan fácilmente que ni yo misma podía creerlo. Lo revisé al menos tres veces, para verificar que nada estuviera mal, antes de entregárselo al profesor

- ¿Quiere que lo califique ahora mismo?- me preguntó el profesor con su inquisidora mirada.

- Sí- contesté lo más segura y fríamente posible.

Sólo vi cómo bailaba la pluma entre sus dedos, sus ojos revisaban minuciosamente cada dígito que anoté en el papel. De pronto su estricto gesto se volvió confuso, sorprendido... como si estuviera viendo a un ser de otro planeta. Acabó de revisar mi examen y con cara indiferente me puso un cien en la esquina de la hoja.

- Puede retirarse, Srita. Hino- dijo, entregándome el examen –Ya no repetirá el curso... la felicito.

Salí corriendo de la escuela, irradiaba felicidad por cada poro de mi cuerpo. En plena avenida grité: "¡Gracias, Ami!". La gente me miraba con gesto reprobatorio, no me importó, sólo quería llegar al templo y esperar que ella siguiera ahí...

No me equivoqué. Ami estaba barriendo las hojas del patio.

- Rei... – murmuró, sorprendida de verme llegar tan temprano.

La abracé efusivamente, asustándola. Antes de que dijera algo, la solté y le alargue el examen. Lo tomó y bastó una mirada para que descubriera el pequeño cien que el profesor me había puesto. Una amplia sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios y me miró con sus profundos ojos celestes. Se puso feliz y volvió a abrazarme.

- Todo gracias a ti- le susurré al oído.

- Claro que no- reprochó –Fue gracias a tu esfuerzo.

"¡Pero que chica tan modesta!", pensé.

- Ahora si ya me voy a mi casa- me dijo después de separarnos.

- De acuerdo- respondí al mismo tiempo que un sentimiento de angustia (que no demostré, claro) me invadía. –Y gracias, de nuevo.

Vi cómo se alejaba en el autobús y me entristecí un poco. Sin querer recordé la escena de la mañana, la imagen de su cuerpo abrazado al mío me estremeció, haciendo que miles de mariposas volaran en mi estómago. ¿Por qué me sentí tan bien en ese momento?

- Ami... ¿Qué demonios me esta haciendo?... ¿Acaso esta jugando conmigo?...- fue lo único que pude preguntarle al viento.

Las vacaciones comenzaron. Serena por fin se fue a E. U. con Darien (La malvada ni siquiera avisó, pero supe que estaba en el aeropuerto con el dúo maravilla), Mina y Lita ganaron un viaje a Hawai (¡Esas dos cómo me martirizaron antes de irse!... ¡Querían que fuera a despedirlas¡) y Hotaru se fue a Inglaterra con Setsuna. Sólo quedábamos Ami, Haruka, Michiru y yo.

Era sábado cuando Ami fue a mi casa, hacía una semana que no la veía y me puse realmente contenta.

- ¿De verdad puedo acompañarte?- le pregunté, feliz.

- Por supuesto, vamos. Haruka y Michiru se alegrarán al verte.

Michiru había invitado a Ami a nadar a la piscina olímpica, les encantaba competir. Me sentí muy bien cuando ella me llamó, además ya tenía ganas de ver a aquella pareja. Estábamos sentadas en las escaleras del templo esperando a que Haruka y Michiru vinieran por nosotras.

Ami leía un libro mientras yo la miraba de reojo. Aproveché para aclarar una pequeña duda con ella, no sé por que sentí que era un buen momento.

- Oye, Ami...

- ¿Qué?- cerró el libro y volteó hacía mi.

- La vez que te quedaste conmigo- comencé, no muy segura de continuar -¿Por qué me... ?

Ami palideció, como adivinando el sentido de mi pregunta. Me costó trabajo, pero terminé de hablar.

- ¿Por qué me abrazaste así?

Su cara pasó del blanco al rojo de forma violenta. Únicamente atinó a bajar el rostro, mientras sus dedos se entrelazaban nerviosamente sobre sus rodillas. Empecé a sospechar que no tenía la más mínima intención de responderme, pero no quería quedarme así...

- Bueno... – articuló con mucha dificultad sin cambiar su posición – es sólo que... desde hace días... yo...

Conforme trataba de hablar su rostro alcanzó el límite del rojo. Por mi parte, la escuchaba atentamente, incluso me acerqué un poco pues hablaba tan bajito que casi no podía oírla.

- ... yo...

<BIIIIIIIIP, BIIIIIIIIIP>

El insistente sonido de un claxon nos interrumpió. Ami recuperó todo su color y yo no sabía si alegrarme o molestarme por la llegada del Ferrari de Haruka. Bueno, ya no importaba, después volvería a intentarlo.

Después de saludar a Haruka y Michiru subimos al automóvil.

El suave ronroneo del motor fondeaba el ambiente vespertino. El viento golpeaba nuestros rostros... una sensación en verdad agradable. Mire de reojo a Ami, leía un grueso libro en inglés. Su pelo revoloteaba traviesamente sobre su frente, sus ojos se paseaban por las hojas repletas de letras que yo no entendía; y su gesto serio la hacía lucir tan linda...

"¡Pero qué tanto se me ocurre!", me regañé y el viento fresco evitó que me ruborizara. Volví mi vista al frente y noté que Haruka me observaba por el espejo retrovisor.

- ¡Fuera!- gritó Haruka, dando el arranque a Ami y Michiru.

Las dos se lanzaron al agua y nadaron furiosamente a lo largo de la piscina. Iban a ser cinco vueltas. Haruka no apartaba su atención de Michiru y yo hacía lo mismo con Ami. Sus rítmicos movimientos me hipnotizaban como el encantador a la serpiente. Su cuerpo y el agua parecían fundirse, su mirada brillaba tanto que no podía dejar de verla. Me sentía muy extraña...

- Es como ver una sirena- me dijo Haruka después de un largo rato, pero no sabía si se refería a Ami o a Michiru.

Su mirada de complicidad y esa suave sonrisa me confundían.

- El fuego logra derretir al hielo- murmuró de golpe.

No capté muy bien lo quería decirme, ¿el fuego derrite al hielo?... me sonó como una simple ley empírica. No espero a que dijera algo y se acercó a la piscina para seguir viendo a las chicas. No me gustaban los rodeos, así que me pare junto a ella.

- ¿Qué quisiste decir con eso?- le pregunté en voz baja.

- Pronto lo sabrás- respondió sin mirarme.

Volví mi vista a las nadadoras hecha un mar de confusiones. Sólo faltaba una vuelta para que terminaran. Haruka se agachó, cerca del borde de la alberca, para ver quién llegaba primero. Yo traía listas un par de toallas para que se secaran.

Era el último tramo y las dos utilizaban lo que les quedaba de aliento. Sus brazos y sus piernas se movían fatigosamente. Iban bastante parejas, cualquiera podía ganar. A escasos cinco metros de la orilla Ami sacó fuerzas de no sé dónde y rebasó a Michiru en un abrir y cerrar de ojos. Ganó...

- ¡SI!- grité, presa de la alegría.

Las ayudamos a salir de la piscina y las cubrimos con las toallas. Estaban tan cansadas que no podían hablar, respiraban profundamente para recuperar el aliento. Ami lucía un gesto de satisfacción por su victoria y Michiru una sonrisa resignada.

- Te felicito- le dije, secando su cabello – Ganaste.

- Gracias, Rei- respondió, mirándome con sus profundos ojos celestes.

¡Demonios!... otra vez esa mirada... ¿por qué me dejaba tan embobada con ese gesto suyo?... ¿por qué?...

Involuntariamente comencé a sonrojarme y no quería que ella me viera... así que la aventé al agua, fingiendo mi sonrisa maliciosa. Las tres comenzamos a reír, Ami asomó su cabeza del agua mientras yo me doblaba de la risa. La pobre estaba confundida por semejante acción que proferí en su contra. Antes de que pudiera decirle algo, me tomó del tobillo y me jaló al agua. Ahora era Ami la que no paraba de reír... y me enojé.

Abracé su cabeza y la hundí...

Grave error... me encontraba en sus territorios...

Se escurrió de entre mis brazos y se sumergió en la piscina. No podía verla, tampoco sabía bucear como ella, así que puse atención para que no me tomara por sorpresa.

Michiru, que hasta entonces no dejaba de reír, señaló algo a mis espaldas. Volteé de inmediato y Ami emergió del agua, como el escualo de la película "Tiburón". Ni siquiera me dio tiempo de asustarme, pues me abrazó y me enterró con ella en el fondo de la alberca.

Lo que siguió fue una sensación increíble.

Mantuve la respiración y abrí los ojos con cuidado, Ami me tenía fuertemente agarrada. Miré el rostro de mi amiga y quedé anonadada... su cabello flotaba como si el viento de la carretera siguiera jugando con él, los tonos azules del agua se mezclaban y confundían con su cuerpo, y su sonrisa era... no tuve otra palabra para describirla mas que "hermosa".

Estaba en su mundo... en su paraíso.

El aire comenzó a faltarme, Ami lo notó y me subió a la superficie. Respiré profundamente para jalar oxígeno.

- Vamos bucear un rato- le propuso Michiru a mi amiga.

- De acuerdo- contestó Ami y después me miró con malicia - ¿Tú qué dices, Rei?

Me molesté y le devolví la mirada, negué con la cabeza y nadé a la orilla. La malvada logró su venganza. Haruka me ayudó a salir del agua, sonrisa burlona incluida. Por suerte había una secadora en el lugar, así que Haruka me acompañó a secar mi ropa mientras las chicas acuáticas seguían buceando.

- Por favor, ya deja de reírte- le pedí, roja de pena.

- Lo siento- se disculpó y aplacó su risa, secándose unas lágrimas de paso – es sólo que algo parecido me pasó hace tiempo.

Me miró con confidencia y prosiguió.

- Fue poco después de conocer a Michiru, cuando supe de su gusto por la natación- sonrió, feliz – La primera vez que la acompañé a éste mismo lugar...

Yo la escuchaba atentamente mientras esperaba que mi ropa se secara.

- Dio un par de vueltas, buceó... parecía una sirena. Ya había acabado y yo secaba un poco su cabello... pero se me ocurrió la grandiosa idea de jugarle una broma.

Conforme hablaba su gesto de felicidad era cada vez más evidente. Era obvio que revivía cada momento de esa anécdota.

- La empujé al agua. Salió a flote y me miró, bastante molesta. Apenas iba a disculparme cuando me jaló a la piscina... – volvió su vista hacia mí y su sonrisa se hizo más amplia – Entonces cometí el mismo error que tú, sujeté su cabeza con mis brazos y la hundí. Se me escabulló... se aferró a mi cintura y me hundió con ella... No me reía de ti, sino de mí...

Bajé la mirada con una leve sonrisa en mis labios.

- Ese mundo es hermoso- murmuré en voz baja.

- Sí... es como sumergirse en el fondo de sus ojos.

De nueva cuenta no supe a quién se refería. Haruka lo notó.

- Ellas son iguales- aclaró – sus ojos también. Michiru es el mar, Ami el hielo. Aquel que logre reflejarse en sus ojos de mar o de hielo es un afortunado. Créeme.

Otra vez no capté lo que me dijo, al menos no completamente. Sabía que era imposible que alguien encontrara su reflejo en el mar o en el hielo. Ambos eran elementos confusos y difícilmente devolvían una imagen fidedigna a la que les era impuesta.

Cuando mi ropa estuvo lista volvimos con las chicas acuáticas, que estaban echándose clavados.

Una hora después regresamos a nuestras casas.

Apenas me acosté, las palabras de Haruka volvieron a rondar mis pensamientos... "el fuego derrite al hielo", "el que logre reflejarse en sus ojos de mar o de hielo será un afortunado"... Bueno, el mar obviamente era Michiru, y el hielo Ami. El fuego...

Mi corazón dio un brinco. Demonios... el fuego era yo.

Justo cuando comenzaba a captar el sentido de esas oraciones sonó el teléfono. Era Ami.

- Espero no haberte despertado- me dijo con suave voz.

- No te preocupes, apenas me acosté.

- Yo... – hubo un breve silencio – me divertí mucho. Gracias por acompañarme.

Mi corazón dio otro brinco y me sonrojé, como ella no podía verme no importó.

- Gracias a ti por invitarme- contesté, tratando de ocultar la emoción.

- Ah, y siento haberte tirado a la piscina- se disculpó y no me costó trabajo adivinar su tono apenado.

- No te preocupes, fue mi culpa.

Platicamos por largo rato. Cada vez que oía su voz, mi corazón latía descontroladamente. Una sensación extraña se revolvía en mi estómago y en lo más profundo de mi pecho una desconocida llama se encendía poco a poco.

- ¿Sabes?... mi madre saldrá a una conferencia a Alemania, por vacaciones... pero no quiero ir...

La escuchaba atentamente sin saber con exactitud el objetivo de su comentario.

- Y quería saber si... puedo quedarme contigo.

Ésta vez mi corazón dio un salto olímpico, y eso me extrañó bastante, ya que no era la primera vez que se quedaba en mi casa. Un sentimiento de felicidad me invadió, la misma felicidad que se presentaba cada que estaba con Ami...

- Sí... por supuesto- respondí en no sé qué tono.

- ¿Está bien si voy mañana?

- Claro, te espero.

- Gracias... buenas noches.

- Que descanses.

Colgué. Con la emoción no pude conciliar muy bien el sueño.

Al amanecer, mientras barría las hojas, mi abuelo y Nicolás salieron del templo con unas enormes mochilas a sus espaldas. Mi abuelo me explicó que saldrían a entrenar a las montañas. Antes de irse me dijo: "diviértete mucho con tu amiga Ami". ¿Cómo sabía que ella se quedaría aquí?... mi abuelo era más perceptivo de lo que parecía...

- Gracias de nuevo, Rei- me dijo con una de sus maravillosas sonrisas.

- No hay problema, yo también me quedaré sola. Mi abuelo y Nicolás saldrán de viaje- le expliqué mientras le ayudaba con una de sus maletas.

Me sorprendió un poco el que llegara tan temprano, pero no importó. Tendríamos el resto del día libre.

- ¿Vamos al cine?- propuse mientras almorzábamos.

- ¿Qué película esta en cartelera?

- "Corazón Valiente"

- De acuerdo. Después vamos a la exposición de muñecas...

Hicimos planes para toda la tarde.

Casi lloramos con la película, la exposición estuvo genial, el restaurante al que me llevó era excelente y el paseo en el parque cerró con broche de oro esa tarde de verano... Un día inolvidable, definitivamente.

Me divertí como nunca, y creó que ella también.

Era la primera vez que disfrutaba tanto un paseo sin necesidad de estar con el resto de las chicas. No era que las demás me molestaran, pero nunca había pasado tanto tiempo con Ami.

Y eso... sólo hizo que la llama de mi pecho creciera.

Mientras regresábamos al templo, noté que estaba sujetada de mi brazo. Fue tan natural que ni ella se percató, o al menos eso imaginé. Ami no se dio cuenta y yo traté de ignorarlo, pero mi corazón rebozaba de alegría con sólo verla, latía con fuerza con cada sonrisa que me dedicaba y ardía como el "Fuego de Marte" con sólo tocarme... Su risa, su cabello, sus manos... todo lo que fuera Ami erizaba cada célula de mi piel. ¡Demonios! ¿Por qué me pasaba esto?

Tuve que soportar todo lo anterior por casi una semana. Hasta que, una noche...

Ya estábamos acostadas. Yo hojeaba un manga que hacía tiempo le había robado a Serena, Ami leía el grueso libro en inglés del otro día. Hice a un lado mi revista y miré de reojo las hojas repletas de letras que seguía sin entender.

- ¿De qué trata?- le pregunté en voz baja.

- Es una novela policíaca- respondió – habla de...

- Mañana me lo cuentas- la interrumpí, quitándole el libro y sus lentes.

- Rei...

- Vamos a dormir- (ese libro me mareaba)

- De acuerdo.

Apagué las luces y nos acomodamos entre las cobijas, apenas cerré los ojos, el sueño se apoderó de mí.

Un súbito hormigueo me despertó alrededor de la media noche, era Ami que volvía a abrazarme. Probablemente imaginó que ya estaba profundamente dormida. De inmediato recordé la otra noche que durmió conmigo y desperté con ella pegada a mi cuerpo... ¡Estaba abrazándome de nuevo!

El fuego de mi pecho se avivó, como si le hubieran rociado gasolina. Sentí sus manos rodear suavemente mi cintura, por debajo de mis brazos. El hormigueo se hizo insoportable cuando hundió su rostro en mi estómago, justo bajo mis pechos. El corazón me latía tan fuerte que temí que se diera cuenta que estaba despierta. Trate de mantenerme quieta, de controlar mi corazón y el rubor de mis mejillas.

No sé cuanto pase luchando conmigo misma, pues sin darme cuenta mi acompañante ya había caído en las manos del sueño. Apenas lo noté, mis brazos cobraron vida propia y rodearon la cabeza de Ami, no intenté detenerlos, yo también quería abrazarla.

No podía conciliar el sueño, ya no... El fuego de mi pecho ya comenzaba a quemarme. En cambio, Ami se sentía fría (su frente topaba con una parte descubierta de mi estómago)

"El fuego derrite al hielo", recordé, "y después lo vuelve agua", agregué con una débil sonrisa. Ahora entendía el primer mensaje de Haruka. Mi fuego, aquel que me consumía por dentro, debía derretir a Ami, al hielo mismo.

Aflojé un poco las ataduras de sus manos y la moví con cuidado para que quedara a mi altura. Y, ahí estaba, su rostro angelical justo frente a mí. Podía sentir su cálido aliento y su leve perfume a flores. Por un momento no supe que hacer, no supe que decir... qué gracioso, tan decidida que era yo.

Lo único que pude hacer fue abrazarla con fuerza y transmitirle ese fuego que seguía quemándome. No me importó que pudiera despertarla, tampoco que llegara a rechazarme, sólo quería sentirla así, entre mis ardientes brazos. Puse mi mejilla en su frente y la sentí helada como la nieve, pero poco a poco mi calor la contagió.

Por fin entendía el extraño sentimiento que me rodeaba... era amor. Pero no el amor de dos amigas, si no el de dos almas que se funden para ser una sola.

Mi corazón latió a toda prisa cuando sentí que mi abrazo era correspondido por un par de delgados brazos. Me separé un poco para poder ver el rostro de Ami, que me miraba con ojos apenados y un leve sonrojo, quizá por verse descubierta.

No me inmuté, no la solté, no dije nada, en cambio la abracé aún más fuerte.

Permanecimos así largo rato, hasta que sentí todo su cuerpo tibio.

Lo que pasó después fue lo más maravilloso que había sentido en mi vida...

Acaricié su espalda de abajo hacia arriba, tomé su cabello azulado y tiré un poco de él, obligando a Ami a quedar frente a mi rostro, entonces me vi reflejada en sus ojos, pude verme. Recordé la otra frase de Haruka y sonreí... yo era la afortunada. Me acerqué a su rostro como el calor de una fogata, con suavidad, ella no se resistió, sólo cerró sus ojos y se dejó guiar por mi mano.

Rocé sus labios con los míos, apenas los tocaba, jugueteaba con ellos y podía sentir que temblaban de ansia... un juego un poco cruel de mi parte, pero al ser el primer beso de ambas no encontré mejor forma de hacerlo. Comencé a darle pequeños besos alrededor de la boca, viajé por sus mejillas, su nariz, sus ojos... de reojo noté un gesto de angustia en su cara. Sonreí con malicia y besé su cuello... la pobre dio un respingo, creo que no se la esperaba. Me abrazó con fuerza mientras yo saboreaba su suave piel de durazno. Me encantaba oír su respiración agitada y sentir su piel erizada al contacto de mi lengua.

No podía moverse por que aún no soltaba su cabello, a decir verdad no quería que se moviera...

De nueva cuenta subí a su rostro y lo recorrí con mis labios, pero una perla de sal que rodaba por su mejilla me detuvo, ella lloraba. Mi cruel juego había surtido efecto. Cerré los ojos y bebí sus lágrimas, antes de besarla gentilmente en sus labios temblorosos. Primero lo hice con suavidad para disfrutar cada momento de ese beso. Su boca era dulce, cálida, tersa... una boca que siempre quise para mí. Apenas sentí nuestros ritmos acompasados y la bese con más fuerza, abriéndole paso a mi lengua para poder saborear su paladar. Nuestras respiraciones entrecortadas hacían coro a sus gemidos. Solté sus cabellos y con ambas manos la tomé por las mejillas.

Siempre imagine que mi primer beso me lo daría un chico, y creo que ella también pensaba lo mismo. Pero, ahora mírenme, besando a la que era mi mejor amiga. No obstante, no me arrepentí, no me desilusione... no había razón para ello pues estaba con la persona que más amaba.

Despegué mi boca de la suya para que pudiéramos respirar. Yo no soltaba su cara y ella no dejaba de abrazarme. Le sonreí con ternura y le di un fugaz beso en su frente tibia.

Había dos palabras que agolpaban mi cerebro y las deje salir...

- Te amo- le susurré al oído.

- Y yo a ti- contestó con clara emoción.

- Entonces... ¿logré derretirte?

Me miró, confundida, pero bastaron un par de segundos para que su brillante cabecita entendiera el relajo de mi fuego y su hielo. Sonrió tímidamente y me respondió con un dulce, suave y pequeño beso. Si bien me sorprendí que ésta vez ella tomara la iniciativa, me gustó.

- Ami...

- ¿Sí?

- Dime una cosa... ¿por qué yo, y no otra persona?

Nuevamente confusión en sus ojos, pero no tardó en contestarme.

- Bueno... creo que fue desde que te conocí... – su sonrisa se hizo amplia y su mirada brillaba como nunca -¿lo recuerdas?

- Si... – respondí con un gesto de añoranza – cuando descubrí mi identidad como Sailor Mars... la vez del autobús fantasma...

Lo recordé, lo recordé todo...

Ami detuvo mi discusión con Serena y después me miró con curiosidad. Yo también la observé, y cómo no, si ella nos salvó de quedar atrapadas en esa dimensión.

- Ami, quiero presentarte a su nueva compañera- le dijo Luna

– Ella es la sailor del fuego, Sailor Mars.

- Y también es la boba sacerdotisa del Templo Hikawa, Rei Hino- intervino Sailor Moon, molesta.

- ¿Cómo me dijiste?- le grité, enojada.

Me disponía a soltarle otra sarta de malas palabras a Sailor Moon, pero Ami me contuvo extendiéndome su mano. Correspondí su saludo, un poco confundida por su apacible actitud.

- Soy Ami Mizuno- se presentó con tanta amabilidad que me era difícil creer que era amiga de la tonta Serena.

- Ella es la sailor del agua, Sailor Mercury- completó Luna, orgullosa.

- Vaya... - balbuceó Serena con enfado – agua y fuego... ¡qué pareja!.

Le lancé a Serena mi mejor mirada asesina, pero de inmediato me volví hacía Ami. Hasta cierto punto la coneja sin sesos tenía razón.

- Espero que nos llevemos bien- dijo con una voz tan suave que me dejó sin habla.

- Yo también... - articulé.

Entonces noté unas marcas de lágrimas en los ojos de mi nueva compañera y las sequé. Me sonrió, un poco apenada y después de platicar un rato nos despedimos.

Miré a Ami con complicidad, dándole a entender que lo recordaba.

- Lo primero que me sorprendió de ti fue tu voz.

- ¿Mi voz?

- Tu voz grave y profunda, misteriosa como tu porte...

Yo la escuchaba embelesada, no creí que le causara tanto impacto en aquel momento.

- Después fueron tus ojos- continuó, con su clásico sonrojo –Eran negros, con enormes llamaradas en su interior.

Guardó silencio unos segundos y siguió...

- Y por último fueron tus manos al secar mis lágrimas.

La miré con una leve sonrisa, pero ahí no acababa todo...

- Desde el primer momento supe que podrías ser una persona cruel... pero también suave y tierna como en aquel instante. Sólo había que buscarte...

- Y me encontraste- me adelanté con un gesto alegre que la hizo sonreír.

El resto de la explicación ya la sabía, así que no la dejé continuar y sellé su boca con un beso que no dudó en corresponder.

Conforme el beso se prolongaba mis ansiosas manos recorrieron su espalda. Sentí el final de su playera para dormir y la alcé un poco, descubriendo la mitad de su torso. Introduje mis manos y acaricie la suave piel. Dio otro respingo, quizá de sorpresa, pero no permití que me detuviera. Mis labios ya estaban en su cuello, así que pudo hablar.

- ¿Crees que sea correcto?- preguntó, un tanto asustada.

- Si fuera incorrecto nos sentiríamos mal- objeté, separándome un poco de su cuello.

- Tienes razón.

- Además, eres mía- agregué con malicia –y te haré lo que me plazca.

La llama de mi pecho ahora me ordenaba hacerla mía, poseerla por completo. Y no sólo me lo ordenaba la llama, también mi cuerpo y mi corazón. Sabía que ella se sentía un tanto insegura, para tranquilizarla le di un beso en la frente y me acerqué a su oído.

- No te preocupes- le susurré.

- Rei...

- Además, tú también lo deseas, puedo sentir tu corazón agitado.

Vi cómo sus ojos se llenaban de pequeñas lágrimas y me preocupó esa reacción suya. Al notar mi gesto de inmediato aclaró...

- Yo... yo no sé cómo responderte... no sé muy bien qué hacer.

- Yo tampoco- le confesé –sólo me dejo llevar, eso es todo.

Por fin me sonrió, dando a entender que podía continuar. Volví a besarla en la boca mientras mis manos recorrían su estómago. Creo que le causaba cosquillas. Era divertido sentir su risa entre mis labios. Abandoné su boca y comencé el descenso por su cuerpo. Mordisquee su cuello, sus hombros. Brinqué hasta su estómago y lo palpé con mi lengua. Su piel se erizaba con cada pequeño beso que le daba.

Empecé a subir hasta la orilla de sus senos, lamí con cuidado el suave límite de su pecho izquierdo. Sólo podía oír sus jadeos y sentir sus dedos acariciar mi nuca. No traía sostén, así que facilitó el trabajo. Le alcé más la playera y ella terminó de quitársela con un rápido movimiento, mostrándome sus redondos senos. Los admiré un buen rato, eran hermosos, algo pequeños; pero me gustaban. De inmediato presioné mis labios sobre su pezón derecho, abriéndole paso a mi lengua.

Dio otro respingo y liberó un largo gemido, al mismo tiempo que se aferraba a mi cabello. En verdad estaba disfrutándolo, y yo también. Mientras mi lengua bailaba con su pezón derecho, los dedos de mi mano jugueteaban con el izquierdo. Lo apretaban, lo torcían, lo masajeaban... Mis dientes mordían con suavidad la otra punta.

Ami gemía, gritaba, jadeaba, apretaba mi espalda, jaloneaba mi cabello y rogaba que no me detuviera.

Le quité su bóxer como mejor pude, desnudándola por completo. Me separé de su pecho y admiré su cuerpo, era realmente hermoso. Ami apenas recuperaba el aliento, pero seguía visiblemente excitada.

La llama de mi pecho volvía a quemarme, mi cuerpo literalmente ardía y la ropa me asfixiaba, me sofocaba. Me senté a un lado de Ami para poder quitarme el pijama pero...

- No es justo- reprochó mi acompañante en un suspiro.

- ¿Qué?

- Que sólo yo... yo...

No terminó de hablar, se colocó frente a mí y de un jalón me sentó sobre sus piernas flexionadas, mis extremidades inferiores rodearon la cintura de mi compañera. Mis manos buscaron sostén en sus hombros, mientras las suyas desabrochaban mi ropa de dormir. Yo no aún no me liberaba de la sorpresa de estar en esa posición, ahora Ami controlaba la situación. Bueno, ella no era de las personas que sólo se sientan a observar. Me quitó la primera prenda deslizándola suavemente hacia atrás, dejando el resto del trabajo a la fuerza de gravedad. Besó mi pecho con sus suaves y cálidos labios, yo sólo sentí una ráfaga de fuego atravesar mi cuerpo. Alternados a su boca, sus manos comenzaron a desabrochar mi sostén, despojándome de él en cuestión de segundos.

En cuanto mis senos estuvieron al descubierto se detuvo, los admiraba, los analizaba, e incluso titubeó un poco al notar que eran más grandes que los de ella. Rodeó mi cintura y me abrazó con fuerza para que nuestros pechos se juntaran. Fue una sensación increíble sentir su torso desnudo pegado al mío mientras nos besábamos. Sus labios descendieron por mi mentón, mi cuello, mi pecho... podía sentir como mordisqueaba mi piel y su aliento se me impregnaba como perfume.

Atrapó mi pezón derecho con su húmeda boca y sentí una descarga eléctrica, al mismo tiempo que un gemido escapaba de mi garganta. Su lengua bailaba con mi punta endurecida y ahora yo gritaba y suspiraba a sus órdenes. Nunca antes me había sentido tan sublevada. Sujeté su nuca y la repegué a mi pecho, rogándole que siguiera. En respuesta me mordió, jaloneando mi pezón con suavidad. Solté un largo grito. De inmediato se dirigió a mi otro seno y prosiguió su trabajo.

Miré el reloj entre jadeos, eran las dos de la mañana.

Después de un rato Ami acabó conmigo, dejándome cansada y temblando. Me recostó con cuidado sobre el colchón y se echó a mi lado, con una amplia sonrisa de satisfacción en su rostro. Me despojé de la última prenda que me cubría y por un momento no supe qué hacer. Miré a Ami, que descansaba con los ojos cerrados. Instintivamente monté en su cuerpo, en su vientre para ser más precisa, uniendo nuestros puntos de placer. Surtió efecto, con sólo empezar a mecerme una nueva e intensa descarga eléctrica nos recorrió de pies a cabeza. La espalda se nos arqueaba, víctimas del placer y los espasmos que nos sacudían. Nuestros jadeos y gemidos brotaban al unísono, dando a entender que disfrutábamos cada instante de aquel acto. Me incliné para poder besarla, sin dejar de moverme por supuesto. El beso, nuestros senos rozándose y mi rítmica danza nos llevaron al primero de varios y placenteros orgasmos.

Terminé acostada con Ami en mis brazos. Su cabeza descansaba entre mis pechos y sus delgados dedos enroscaban un mechón de mi cabello. Yo acariciaba su nuca y su espalda. Ya estábamos menos agitadas, y nuestras respiraciones acompasadas era lo único que se oía en el dormitorio.

- Rei...

- ¿Sí?

- Gracias.

Esa palabra me sorprendió un poco, en primer lugar por que yo casi no la usaba, bueno, últimamente sí, y en segunda por que Ami me la dijo con el corazón en la mano. Me erguí un poco, acerqué su cabeza a mi rostro y le di un cálido beso en la frente.

- Gracias a ti también- le susurré al oído.

Su sonrisa fue suficiente para que me sonrojara y ella, muy divertida, empezó a reír. Finalmente decidimos dormir.

Sentí los cálidos rayos del sol acariciar mi rostro. Abrí los ojos con pereza y miré el reloj, casi era medio día. Al sentir que me movía, Ami también despertó.

- Buenos días, Rei.

- Buenos días.

Su preciosa sonrisa me hizo sentir feliz. Le di un beso en la frente para después levantarme de la cama y ponerme algo encima.

- Iré a preparar el desayuno. No cocino como Lita, pero me defiendo.

- En un momento te alcanzo.

Salí del dormitorio en dirección a la cocina. Aún tenía el aroma de Ami en mi piel, pero sentía una extraña y agradable sensación, como si estuviera envuelta por... agua. Era realmente reconfortante. Una parte de ella se había impregnado en mi alma.

Preparé algo comestible para desayunar mientras Ami calentaba el agua para darnos un baño.

En la tina llena de agua tibia iniciamos otra guerra, similar a la que días antes habíamos hecho. Y, sí, cometí el mismo error: tomarla por la cabeza y hundirla en el agua. Pero esta vez no me hizo cosquillas, la sádica me mordió un pezón. Ami halló el juego muy divertido, y me enojé. Me lancé sobre ella y la besé, mordiéndole un labio.

- Quedamos a mano- le dije con una malévola sonrisa.

- Tienes razón- respondió con un dulce gesto.

- ¿Y porqué esa cara?- le pregunté con fingido disgusto – Sí me dolió.

- A mí también- reprochó con enojo.

- ¡Pero tú empezaste!

- Lo sé...

- Primero sales sádica y después cínica- bromeé.

Se sonrojó, un poco molesta. Me acerqué a su rostro y besé de nuevo su labio.

- Hoy tenemos muchas cosas que hacer, así que apurémonos.

- Está bien- sonrió.

La acompañé a la librería, fuimos al cine y, en la tarde, pasamos a comer a un restaurante chino. Casualmente nos encontramos con Haruka y Michiru, y nos sentamos en la misma mesa... (ji, ji... ellas pagaron la cuenta) Comíamos, apenas pronunciando palabra entre bocado y bocado. Ya en la noche nos dejaron en el templo, pero Haruka me llamó...

- ¿Puedo hablar contigo?

- Sí.

Ami se adelantó para que yo pudiera conversar a solas con Haruka, Michiru permaneció en el auto, así que las dos nos quedamos en las escaleras.

- ¿Lo lograste?- ésta vez sí sabía a qué se refería.

- Sí- sonreí – la derretí.

- ¿Te reflejaste en sus ojos?

- También.

- ¿Y la amas?

- Por supuesto, y ella a mí.

- Me alegra- entonces comenzó a alejarse – era todo lo que quería saber... adiós.

Vi cómo su varonil presencia se retiraba. Mis ojos brillaron al recordar algo...

- ¿La aventaste al agua porque no querías que te viera sonrojar?- le pregunté con una malévola sonrisa.

Una cálida y fugaz mirada fue su respuesta, subió a su Ferrari y se alejó a toda velocidad.

- ¿Ya terminaste?- me preguntó Ami al sentir mi llegada, pero sin dejar de leer.

- Sí... – entonces noté el grueso libro de la otra vez - ¿Es la novela?

- Ya casi la acabo.

Sonreí con ternura. Me acerqué a Ami y la abracé por la espalda. Ella volvió su rostro hacía mí y nos besamos. El libro cayó al suelo silenciosamente, mientras las hojas repletas de letras que yo jamás entendería nos observaban...

 

FIN DEL CAPÍTULO UNO.

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