CAPÍTULO 4 En el Futuro
Por: Escarlata
La cabeza me estaba matando, mi boca estaba seca y mi cuerpo no tenía energías para moverse. Algo me dijo que ya había amanecido, que era tarde y que ya era hora de levantarse. Abrí los ojos, pero veía un poco borroso y tardé unos minutos en esclarecer mi visión.
Diablos... ¡Qué resaca!
Ya antes había tomado sake, pero no tanto como anoche... Anoche, vaya noche... Era la primera vez que veía a Ami y a Rei ebrias, estaban irreconocibles. Cielos, lo que pueden hacer unas botellas... ¡Y pensar que todo ocurrió hacía unas horas con una inocente cena!... Juro que no lo vuelvo a hacer, no vuelvo a tomar...
Lo único cierto es que me divertí mucho.
Lita sacó cuatro botellas de sake de la alacena en cuanto terminamos de cenar. Rei le miró con cara seria, pero Ami ni siquiera se mostró sorprendida... obviamente ella sabía algo. Para qué mentir, yo fui la primera que se lanzó sobre las botellas.
- Espera, Mina... – me dijo Lita antes que abriera la primera botella – Así no será divertido, tengo una mejor idea.
- ¿Cuál?
- Juguemos a "premio o castigo".
- ¿Están locas? – nos gritó Rei - ¡No podemos beber!
- ¿Y por qué no? – le pregunté.
- ¡Somos menores!
- ¡Ay, por favor!... ¡No me digas que ahora eres la señorita moralidad!
- ¡No me provoques, Mina!
- ¿No será que tienes miedo? – le retó Lita en cuanto vio que ella se disponía a hacerme pedazos.
- ¡¿Miedo!?... ¡¿Yo!?
Lita dio justo en el blanco, picarle el orgullo a Rei fue una excelente táctica. La chica sólo apretó los dientes y murmuró un "de acuerdo" apenas audible. Ami no dijo nada en todo ese tiempo, se mantuvo muy callada.
- Las reglas serán simples – dijo Lita, en cuanto nos sentamos en círculo en la sala – Jugaremos con ésta botella vacía, la boca es premio y el fondo es castigo, ¿vale?
Todas asentimos, conscientes de que el castigo era un buen trago de sake. Ami tiró primero...
- Rayos... – masculló Lita en cuanto el fondo quedó frente a ella y la punta señaló a Rei.
- Todo tuyo – rió la premiada, ya más relajada, extendiéndola la botella a mi novia.
- Ahora verán – murmuró, antes de vaciar una quinta parte del líquido.
Rei trataba de contener la risa, al igual que Ami, al ver los gestos que hizo Lita cuando dejó de beber.
- ¿Contentas? – preguntó con una sonrisa triunfal.
- ¿Qué quieres como premio? – le pregunté a Rei. Ésta miró a Ami y respondió de inmediato.
- Algo sencillo para empezar: que Ami me dé un beso.
Lita y yo armamos un alboroto para que Ami se sonrojara, cosa que logramos sin problema, claro. Pero ella no dijo nada, sólo cumplió el deseo de Rei, dándole un beso tan apasionado que hasta envidia me entró.
- ¡Qué bárbara! – exclamé, haciendo a Ami sonrojar más – Bueno... me toca...
Giré la botella lo más fuerte que pude, aunque no tardó mucho en detenerse y... oh, sorpresa...
- ¡Hey, no es justo! – dije en cuanto el fondo me señaló, obvio que Ami tuvo suerte.
No les di oportunidad de reírse, agarré la botella y le di un trago, no muy grande, pues el sake me quemó la garganta a los pocos segundos. ¿Cómo diablos hizo Lita para aguantar?
- Ya sé qué quiero de premio – dijo Ami, mirándome de forma rara... ¿acaso querría un beso mío, o de Lita? – Vuelve a beber.
Rei estalló en risas, Lita se las aguanto y yo tenía ganas de ahorcar a nuestra pequeña genio. En fin, reglas eran reglas, ya vendría mi venganza. Le di otro trago a la botella y regresamos al juego.
Seguramente no era nuestro día... ¡Lita y yo nos acabamos una botella de litro y medio de sake, mientras que ese par de tramposas no le dieron ni un sorbo! Incluso pensé que Rei nos había mandado una maldición o algo así.
Un leve mareo me invadió en cuanto abrimos la segunda botella de sake, justo cuando le tocó perder a Rei, y Lita, como premio, obligó a beber a Ami.
La segunda botella se acabó, siguió la tercera, no supe si llegamos a la cuarta y lo último que vi fue a Lita casi desnuda, a Rei riendo como una perfecta maniática y a Ami durmiendo en el sillón... ¡Vaya noche! Antes de esfumarse por completo, recuerdo que Ami por poco y le hace el amor a Rei, olvidando por completo que nosotras estábamos ahí. Sólo alcanzaron a besarse, pues Ami cayó dormida y Rei siguió bebiendo y hablando con ella sin percatarse siquiera de que ya estaba completamente fuera de combate.
Lo dicho... ¡Vaya noche!
Por fin pude levantarme, encontrándome en la cama junto a Lita, que seguía dormida. Ya no teníamos la ropa de anoche, sino la de dormir, ¿pues a qué hora nos cambiamos?... Estábamos solas en nuestro dormitorio. Miré el reloj, eran las once de la mañana. La casa estaba en completo silencio, cosa que me extrañó un poco.
Entonces escuché que la puerta principal se abría, después unas risas que entraron. Suspiré con alivio al reconocer las voces de Ami y de Rei. Me levanté de la cama, tratando de ignorar el malestar físico de la resaca. Desperté a Lita y, mientras ella se levantaba, fui a ver que hacían nuestras invitadas.
- Buenos días, Mina – me saludaron.
- ¿Buenos? – reproché, divertida – Amanecemos crudas y todavía me dicen "Buenos días"... ¿adónde fueron?
Las dos lucían bastante sobrias y arregladas.
- Vamos a preparar el desayuno – respondió Ami – fuimos a comprar algunas cosas.
- Oigan... se supone que ustedes también deberían de estar crudas – alegué al verlas como la fresca mañana.
- Nada que un regaderazo de agua fría y un café negro no solucionen – dijo Rei que, por cierto, estaba de muy buen humor.
- ¡¿Agua fría, están locas?! – exclamó una voz a mis espaldas... Lita, que acababa de levantarse.
- Buenos días, Lita – le saludó Ami.
- ¡Qué buenos ni qué nada! – murmuró con dureza.
- ¡Mejor vayan a bañarse! – nos gritó Rei - ¡Apestan a sake!... Den las gracias de que las cambiamos de ropa.
- ¿Fueron ustedes? – les pregunté, ellas asintieron.
Detuvimos la discusión y seguimos su consejo.
- Oye, el agua debe estar helada – se quejó Lita mientras entrábamos al cuarto de baño.
- Bueno, es eso, o quedarnos con la cruda todo el día...
Entonces se me ocurrió una buena idea...
Abracé a Lita por la espalda y desabroché despacio su ropa de dormir, ella saltó un poco por la sorpresa, pero pronto me siguió la corriente. Sujetó mis manos y las llevó a sus pechos. Sonreí, recargando mi cabeza en su hombro y acariciando sus suaves senos.
- No creo que la sintamos tan fría si nos bañamos juntas – dije en un suspiro, mientras su cuerpo temblaba.
La escuché respirar con dificultad cuando bajé las copas del sostén y tomé sus pezones entre mis dedos. Echó su cabeza hacía atrás y gimió suavemente.
Estuve así un rato, hasta que ella dio media vuelta y me besó, al mismo tiempo que me quitaba mi camisa para dormir. Entre besos y caricias terminamos de desnudarnos. Sin despegarnos, cerré bien la puerta para evitar interrupciones. A ciegas, busqué la llave del agua y la abrí, sintiendo una ligera brisa fría cuando el agua comenzó a salir. Sentí escalofríos y me separé un poco de Lita, quien pareció sentir lo mismo que yo.
- Debe estar muy fría – dijo Lita, mostrándose un poco reticente a entrar.
- Oh, vamos – la animé, abrazándola – Además, nunca lo hemos hecho en la regadera... anda, vamos...
Lita sonrió y por fin nos metimos bajo el agua... ¡¡¡¡Aaaaahhhhh... estaba helada!!!! Ahogué un grito y abracé más fuerte a mi novia, esperando que su calor que quitara el frío. Lita me miró, seguía sonriendo a pesar de que el agua le erizaba la piel y la hacía temblar.
- Tal vez sí funcione – dijo, besándome de nuevo.
Pasaron varios minutos antes de que acostumbrara a la temperatura del agua. Pero, pronto me vi besando los senos de Lita. Rodee su pezón derecho sin tocarlo, endureciéndolo todavía más con placer. Lita me sujetó de la nuca y me obligó a introducir su pezón en mi boca. Vaya, la chica estaba ansiosa. Accedí a sus deseos y mordí con ligereza su pezón, lo acaricie con mi lengua y, antes de pasar a su otro pecho, lo succioné suavemente, haciéndola enloquecer y gemir.
En cuanto terminé con sus senos, mi lengua comenzó a descender por su torso. Podía sentir cómo los músculos de su abdomen se tensaban con cada toque de mi lengua.
- Mmmmm... no te detengas – suspiró Lita al sentir que hacía una breve pausa al llegar a su ingle.
Sonreí y separé sus labios mayores con mis manos, introduje mi lengua y dejé que ésta jugara con el sexo de Lita. Ella no podía parar de gemir. Sentí una cálida humedad en mi boca y la obligué a abrir un poco sus largas piernas. Una vez que tuve libre acceso a su vagina, mi lengua siguió y siguió paseándose, sacando de Lita ruidosos gemidos. Una de mis manos subió a donde estaba mi lengua y le ayudó con la labor.
Entonces, dos de mis dedos se introdujeron en su vagina, iniciando un rítmico movimiento de entra-sale. A cada estocada, Lita respondía con un leve grito. Aumenté el ritmo de mi mano y, a los pocos minutos, Lita se vino en un orgasmo salvaje que la hizo gritar con fuerza.
- ¿Te gusto? – le pregunté, sonriente.
- Ah... ah... maravilloso – respondió, ya menos agitada.
Ya ninguna de las dos sentíamos la temperatura del agua, ni siquiera el malestar físico de la resaca. Lita me sonrió seductoramente y me besó...
- Te toca, mi diosa del amor – dijo entre mis labios.
"Mi diosa de amor", ella sólo me llamaba así cuando lo hacíamos. Me encantaba. Lita era tan fuerte y suave a la vez. Sus ojos esmeralda se me clavaron antes de besar mi frente y mis mejillas. Bajó hasta mi cuello y lo mordió. La abracé por la cintura, dejando que hiciera su voluntad, que manejara mi cuerpo como le apeteciera. Pronto llegó a mis pechos y los acarició con sus labios, haciéndome temblar más que el agua fría. Sin perder un segundo, succionó mis pezones.
- Ah... no te detengas... ah... – le supliqué, rodeando su cabeza.
Descargas de electricidad sacudían mi cuerpo, dificultándome la respiración, no podía hablar ni pensar con claridad. Sólo tenía un nombre que milagrosamente salía de boca: Lita.
Pronto me percaté de que ella ya estaba en mi vientre, acariciando mi piel con sus labios, mandándome aquellos impulsos eléctricos que bloqueaban mis sentidos. Su boca se hundió en mi ansioso sexo y bailó con él una placentera danza de caricias.
Las sensaciones aumentaban segundo a segundo. Me era difícil contener los gemidos, que escapaban de mi garganta sin ningún control. Mi aliento era entrecortado, y se quebraba más con el agua que nos caía como lluvia.
No pude soportar tanto placer. Llegué al clímax en un último alarido que, sentí, salió desde mi vientre.
Mis piernas desfallecieron y caí en los brazos de Lita, que en ese momento me pareció como un feroz guerrero que acababa de vencer a su peor enemigo. Contrario a su gesto triunfante, una cálida sonrisa se dibujaba en sus labios, dándome una increíble sensación de paz y seguridad.
La abracé y volví a besarla...
Terminamos de bañarnos y nos cambiamos de ropa. Ahora entendía por qué Ami y Rei se veían tan bien. Fuimos al comedor, ya estaba servido el desayuno y ellas sólo nos esperaban.
- ¿Verdad que funcionó? – nos preguntó Ami a mitad del desayuno.
- Sí – respondí y después miré a Lita – Y muy bien.
- Pero – dijo Rei, alzando la voz – La próxima vez hagan menos ruido, voy de acuerdo que están en su casa, pero sean más discretas con las visitas.
Ami sonrió nerviosamente, mas no dijo nada. Lita y yo nos sonrojamos, pero no iba a dejar que Rei se saliera con la suya...
- ¡No hables de discreción, Rei Hino!... ¡Tú y Ami casi hacen el amor a mitad de la sala, sin importarles estar en casa ajena!
- ¡Ah, si a esas vamos! – contestó - ¡Tú estabas desnudando a Lita frente a nosotras!
- ¡Oye!... ¿Acaso quieres pelear? – ya me estaba colmando la paciencia.
- ¡O.K. Ya basta! – exclamó Lita, golpeando la mesa.
Nos detuvimos al acto.
- Anoche cometimos muchas locuras – dijo Ami, tranquila – Pero debo confesarles que me divertí mucho. Es la primera vez que me comporto así, y no me avergüenza que ustedes me hayan visto, no es bueno guardar las apariencias con alguien que quieres y estimas mucho.
Cielos... últimamente, Ami sabía cuándo hablar y qué decir...
- Y yo las quiero mucho – continuó, mirándonos – Con ustedes no tengo ningún problema en comportarme como quiera.
Todas sonreímos...
A fin de cuentas, Rei y yo hicimos las paces... al menos por ese día, ya que, seguramente, pronto encontraríamos un motivo más para pelear. Terminamos de desayunar y Ami nos dio una pequeña hoja de papel.
- Es el número telefónico del departamento donde se está quedando Serena. Le hablamos en la mañana.
- ¡¿Qué?! – exclamamos Lita y yo, un poco molestas.
- Intentamos despertarlas, pero no lo logramos – dijo Rei, burlona.
- Si le hablan mañana temprano podrán encontrarla.
Ami y Rei se despidieron y regresaron al templo. Imaginamos que el problema que tuvieron con Nicolás ya se había resuelto, no les preguntamos nada, pero era obvio por la tranquilidad que mostraron.
- Lita, desde la otra vez quedaste en ir conmigo a jugar voleibol.
- ¿Quieres que vayamos ahora?
- ¡Sí, vamos!
Nos arreglamos bien y fuimos al centro deportivo. Al ser vacaciones, el lugar estaba lleno, pero no fue difícil conseguir una cancha. Yo llevaba un balón, así que de inmediato nos pusimos a jugar. Gracias a su gran condición física, Lita me dio una buena pelea. Ya en la tarde, cuando mi estómago rugía de hambre; nos fuimos del centro a una cafetería y, de ahí, a los juegos Crown con Andrew. Fue bastante divertido.
Bueno, me encantaba estar con Lita, con ella no podía aburrirme.
Regresamos a casa hasta la noche, justo a la hora de cenar. Entre las dos cocinamos una deliciosa cena y un postre. Ya, al acostarnos, me bastó con que Lita me tomara entre sus fuertes brazos para que pudiera dormir. Me sentía tan protegida en su pecho...
...
...
Un sueño...
Estaba flotando sobre una especie de nube dorada, en las grandes alturas del cielo. A mis pies, se alzaba una enorme ciudad de cristal, llena de vida y de luz, repleta de personas pacíficas y felices... Un poco más lejos se erguía una enorme construcción que me era familiar... ¡Era el palacio de Tokio de Cristal!... ¡Estaba en el futuro!
Yo estaba asombrada, mientras la nube me llevaba hasta el palacio. Había gente por todos lados: comerciantes, viajeros, nobles y guerreros de otros planetas. Más al fondo, la reina Serenity los recibía a todos y les daba una gran bienvenida con banquetes y música. El rey Endymion también hacía lo suyo atendiendo a las personas más influyentes y poderosas.
Nadie podía verme.
Crucé la bulliciosa sala de reuniones y llegué a un amplio cuarto repleto de máquinas, aparatos electrónicos, pantallas... me pareció la sala de seguridad o algo así, una sala dirigida por... ¿Ami?... Cielos, Sailor Mercury era la encargada de la seguridad. Se dedicaba a observar, a través de las pantallas, a la gente que entraba y salía. Grandes radares monitoreaban el palacio, el reino y todo el planeta. La chica estaba sola en ese gran cuarto, seria, fría... seguramente era un trabajo muy duro.
Después de la sala de controles, aparecí en otro cuarto, pero éste tenía en el centro una enorme llama, frente a ella, había una persona sentada... ¡Era Rei!... Con ayuda del fuego y sus poderes, Sailor Mars se encargaba de detectar demonios y energías malignas que amenazaran con entrar al recinto. Seguramente otro trabajo duro. Al parecer, no había nada sospechoso, pero Rei no era una persona confiada y siguió pegada al fuego, rezando mantras.
Continué mi tour por el palacio, llegando a unos laberínticos pasillos. Entonces vi a mí adorada Lita caminando entre éstos. A cada rato, ella se comunicaba con guardias por su pulsera... no tardé en adivinar que la gran Sailor Jupiter era capitán del ejército, pues personas uniformadas iban y hablaban con ella con mucho respeto. Escuché que daba la orden, a través de su comunicador, que se reportaran con ella en diez minutos. Se detuvo en un pasillo oscuro y sin salida y espero unos minutos, entonces, alguien se reunió con ella... ¡Era yo!
Qué extraño... verme a mí misma abrazando a Lita me provocaban celos... Las observé... mejor dicho, nos observé abrazándonos en las sombras y dándonos un largo beso... En verdad era extraño...
- Se supone que eres guardaespaldas de la reina – le dijo, digo... me dijo, al terminar el beso.
- No te preocupes, me dio unos minutos de descanso.
- A mí también.
- Entonces, aprovechémoslos, por que estaremos así hasta mañana que acabe la reunión.
Nuevamente otro largo y apasionado beso. Cielos, se me había hecho agua a la boca... la nube me sacó del palacio a los jardines, enormes tapetes de rosas y césped que se extendían decenas de metros a la redonda. Pude ver, entre unos arbustos, a la Pequeña dama jugando con Hotaru. ¡Qué tiernas se veían! Un poco más alejada, Sailor Plut vigilaba al par de niñas.
Seguí mi viaje hasta la entrada principal del palacio. Mi sorpresa sería grande al ver a Haruka y Michiru escondidas cual espías entre las sombras, vigilando directamente a los que entraban a la reunión.
No tardé en adivinar que era una especie de junta interplanetaria, claro, con cede en Tokio de Cristal. Por eso, todo mundo estaba tan ocupado... y, hablando de ocupaciones, ¡qué honor descubrirme como guardaespaldas de la reina!
La nube me llevó a una zona obscura y borrosa, que rápido desapareció para hacerme aparecer, nuevamente, en el recibidor del palacio. Ya no había gente, ni visitantes, sólo los reyes y nosotras ocho. Me imaginé que la reunión ya había acabado, pues era de noche.
- Les agradezco mucho su ayuda – decía la reina – Gracias a ustedes, todo salió bien.
- Sólo estamos para servirle, alteza – respondió mi otro yo, dando un paso al frente y haciendo una reverencia.
- Mañana tómense el día libre, se lo merecen – dijo el rey.
- Ustedes también deberían descansar – intervino Setsuna.
- Lo haremos, no te preocupes.
Todo mundo se retiró a dormir.
La nube siguió a Ami y a Rei hasta el cuarto de computadoras. Ami quién sabe qué tanto hacía frente a los monitores, su novia le esperaba de pie junto a una salida alterna.
- Dame unos minutos – dijo Ami – debo activar los radares y las alarmas.
- Lo sé, no te apures, no tengo prisa – le sonrió.
- Yo tampoco...
En realidad no tardó tanto, cinco minutos por mucho. Después, las dos entraron a, lo que supuse, era su dormitorio. Dios, siempre quise saber cómo eran en la intimidad, ¡y ahora podía verlas con mis propios ojos! Se besaron, se acariciaron, comenzaron a desnudarse y... la endemoniada nube me sacó de ahí... ¡ARGGG, qué coraje!
Terminé en otra habitación, era la de... ¡Haruka y Michiru!... ¡Por Dios, se estaban besando! Era la primera vez que las veía. El cuarto estaba muy obscuro, pero, alcancé a distinguir algo... ¡Estaban desnudas! Podía reconocer sus siluetas entre los extraños juegos de luz y sombras sobre la cama. Se decían cosas que no alcanzaba a escuchar y, por más que abrí los ojos, no pude ver muchos detalles... lástima.
La nube me llevó a otro lado, al jardín.
- Oye, ¿porqué no vamos al dormitorio? – escuché una voz entre los arbustos tupidos de flores – No me imagino durmiendo aquí.
- ¿Y quién dice que estaremos a mitad del jardín?... te llevaré a mi rincón secreto.
- ¿Eh?
- Sígueme.
Una pareja salió de entre las plantas, era yo, guiando a Lita hasta uno de los rincones del jardín. Las seguí sobre la nube. Pronto llegaron a una alta pared de arbustos que hacía las veces de barda. Mi otro yo palpó las hojas hasta que encontró una especie de cadena, la jaló. Una puerta se abrió ante los asombrados ojos de Lita, mi otro yo parecía feliz.
Entre junto con ellas a un pequeño cuarto hermosamente adornado. Tenía toda especie de accesorios coloridos, flores, un modesto equipo de sonido que tocaba bella música y una amplia cama en el centro.
- Es hermoso – exclamó Lita, que no le alcanzaban los ojos para apreciar todo el lugar.
- Bueno... ¿qué crees que hago con mi sueldo?
- Ummm... ¿comprar vestidos raros y máquinas de karaoke?
- Graciosa...
Ambas se sonrieron, yo también sonreí.
Mi otro yo se acerco a Lita y la besó tiernamente en los labios. Se abrazaron con fuerza y se dejaron caer sobre la cama, mientras la música guiaba cada uno de sus movimientos. Cielos, qué escena más hermosa.
- Así que éste es nuestro futuro – murmuré, feliz – Sí, señor, esto es maravilloso...
...
...
¿Qué hora sería?... Quién sabe, sólo sabía que tenía mucho sueño... ¿y cómo no, si Lita no me dejó dormir?... Mmmmm... Lita... No tardé en encontrarla a mis espaldas, aún dormida y con sus brazos rodeando mi cintura. Sonreí. Lita no sólo era mi mejor amiga, mi compañera y mi amada; también una maravillosa amante... Anoche estuvo increíble.
Con la mirada busqué algo para consultar la hora... pero recordé que aún no ponía ningún reloj en el escondite... Diablos, tendría que encargarme de ese detalle más al rato... Alcancé mi comunicador de pulsera y lo encendí, esperando que alguien me contestara.
- ¿Hola? – escuché una voz, era Ami.
- Hola, Ami...
- Buenos días, Mina, ¿qué pasa?
- Oye, ¿qué hora es?
- ¿La hora?... Bueno, son las siete de la mañana.
- ¿Las siete?... ¿qué haces despierta tan temprano?
- Yo siempre me levanto temprano... la que debería preguntar eso, soy yo.
- Graciosa...
Pero era verdad. Desvelada o no, ella siempre se levantaba a buena hora. Rei era más dormilona, al igual que Lita y yo.
- Oye, Ami...
- ¿Sí?
- ¿Sabes donde estamos?
- Bueno, ciertamente no están en su dormitorio...
- En el escondite, anoche traje a Lita.
- ¿De verdad?
- Sí, y le gustó mucho.
- Qué bueno.
- Gracias por ayudarme a construirlo, quedó precioso.
- No tienes nada que agradecer. Además, tú pagaste todo, yo sólo hice lo que me pediste.
- Ami, ¿sabías que a veces te pasas de modesta?
- No digas eso...
Sonreí, divertida. Era gracioso molestar a Ami.
- Por cierto, ¿y Rei?
- Sigue dormida.
- ¡Qué barbara eres!... ¿anoche acabaste con ella, verdad?
- Bueno... yo... no...
Ay, Ami... siempre tan penosa. Volví a sonreírme y decidí dejarla en paz. Seguramente estaba en la sala de monitores.
- Nos vemos al rato, aún me quedan unas horas de sueño.
- De acuerdo. Adiós...
- Adiós...
- Y no olvides poner un reloj.
- De acuerdo, cambio y fuera.
De nuevo me acomodé en el pecho de Lita y no tardé en quedarme dormida. Desperté hasta las once de la mañana... Lita, cinco minutos después de mi.
Estábamos en la cocina desayunando. Por supuesto que Lita hizo el desayuno, y como siempre estuvo delicioso. Me comentaba lo mucho que le gustó nuestro nuevo escondite, cuando Rei entró a la cocina con una cara que claramente indicaba que acababa de levantarse.
- Hola, Rei – le saludamos.
- Hola.
- ¿Quieres desayunar? – le preguntó Lita.
- Sí, gracias... Oye, Mina, la reina quiere verte, está en los jardines de atrás.
Me apresuré a desayunar y corrí al llamado de su majestad. Ella me esperaba sentada bajo la sombra de un enorme árbol.
- ¿Me llamaba, Alteza? – le pregunté, inclinándome educadamente ante ella.
Comenzó a reír y, con un gesto, me indicó que me sentara a su lado.
- Mina, estamos solas, ¿no quedamos en que nos dejaríamos de formalidades cuando estuviéramos a solas?
- Um... sí, discúlpame, Serena...
Qué tonta, siempre se me olvidaba eso... Por lo menos no era la única, a las demás también se les olvidaba. Me senté a su lado y le devolví la sonrisa.
- Mina, dime algo...
- ¿Qué?
- ¿Son felices?
Su pregunta me sorprendió un poco, pero no tardé en captar el sentido de la misma.
- Sí, Serena. Tan felices como lo son tú y Endymion... pero, ¿porqué lo preguntas?
- Por nada en especial... es que recordé la vez que las cuatro me confesaron que eran parejas... ¿te acuerdas?
- Sí... aquella vez que fuiste a ver a Darien a EU durante las vacaciones de verano. Cuando regresaste, ya teníamos todo planeado para decírtelo.
- Lo recuerdo bien. Me dieron la bienvenida en el templo, pero no se decidían a decirme nada.
- Estábamos nerviosas en aquel momento, no sabíamos por dónde empezar.
- Lo sé... y yo ni siquiera sospechaba lo que querían decirme con tanta urgencia.
- Pero no tuvimos que decirte nada al principio...
- ... por que encontré a Ami y a Rei besándose en la cocina...
- ... y todo se volvió un desastre. Tú gritabas, Ami y Rei trataban de tranquilizarte y nosotras no sabíamos dónde esconder la cara.
- Y cuando me calmé, me contaron todo.
Oh, sí... cómo si hubiera sido ayer... Recordaba que Serena se puso muy feliz por nosotras y de inmediato aceptó que fuéramos parejas. Nosotras nos llenamos de contento en aquel instante.
- Mina... a veces me preguntaba si ustedes serían felices en un lugar como éste. Con vida eterna y el deber de protegerme...
- Serena...
- En aquellos tiempos, cuando teníamos visiones de Tokio de Cristal, ustedes cuatro siempre estaban solas... y temí que se sintieran así en éste futuro... pero descubrí que no estaban solas, que todo era entre ustedes... y me alegré por eso.
- Tú siempre te has preocupado por nosotras.
- Y ustedes siempre me han cuidado y protegido. Estamos a mano, ¿no crees?
Le sonreí de nuevo y nos abrazamos brevemente.
- Era todo lo que quería decirte.
- Gracias, Serena.
- Mejor me voy, hay algo urgente que debo atender.
- ¿Qué?
- Hace rato, Ami me dijo que los radares detectaron un extraño objeto en la órbita del planeta.
- ¡¿Cómo?!
- No te alarmes, todo está bajo control.
- Pero...
- Si quieres, comunícaselo a las demás, sólo no se alarmen... Ami tiene todo bajo control...
Su alteza se retiró en dirección a la sala de monitores. Pero, ¿cómo no quería que me alarmara? Podría tratarse de algún enemigo. Corrí a la cocina y le conté todo a Lita y a Rei, después, les tres fuimos a la sala de monitores.
La reina y Ami nos miraron, tranquilas, en cuanto entramos.
- Sólo era una nave fuera de curso – explicó Ami – Una tormenta cósmica la atrapó y la sacó de su rumbo. Les estoy dando las coordenadas que necesitan para volver a su curso normal.
- ¿Lo ven?... les dije que no se alarmaran – dijo la reina, sonriente – Es una nave comercial del sistema solar vecino, es todo.
Las tres suspiramos con alivio. Qué bueno, pensé que era un enemigo que, para variar, quería apoderarse del cristal de plata.
- En una hora abandonarán nuestro sistema solar – continuó Ami – así que debo vigilar que salgan bien... Si quieren quedarse a ver, no hay problema.
- ¿Una hora? – exclamé – Olvídalo, yo me voy... es nuestro día libre.
- Yo voy contigo – me siguió Lita.
- Bueno, yo tengo que atender otros asuntos – dijo la reina, que fue la primera en irse.
- Yo puedo quedarme – murmuró Rei, sentándose junto a Ami – Tengo que cerciorarme de que Ami no se quede pegada a la pantalla.
Lita y yo salimos del lugar para descansar en los soleados jardines. Nos encantaba tumbarnos sobre la hierba fresca y admirar el basto cielo. Ahí, Lita se daba los aires de poeta que obviamente no tenía, pero todo lo que me decía estaba lleno de amor; lo cual la hacía escucharse mejor que cualquier poeta.
- ¿Sabes?... Siempre que veo un cielo así, siento que veo tus ojos – murmuraba a mi oído – Claro, limpio, cristalino...
Le encantaba hacerme cosquillas en la oreja con su aliento, acariciar mi rostro como sólo ella sabía hacerlo y de vez en cuando darme fugaces besos en la boca.
Bueno, por lo general era yo quien hacía cosas como esas, pero Lita a veces tomaba las riendas y me seducía con esa suavidad y esa galantería que sólo ella tenía. Sus fieros ojos que ante mi se ablandaban eran uno de mis tesoros, sus poderosos brazos llenos calor eran mi perdición, y toda esa electricidad que me transmitía en cada toque era mi delirio...
- Lita... bésame... – dije, extenuada de sus suaves caricias y deseosa que hiciera algo más.
Sus ojos esmeraldas se llenaron de deseo y me besó con locura. Quise abrazarla, pero se las arregló para sujetar mis muñecas con una sola mano. Cielos, en momentos como ese le gustaba aprovechar su enorme fuerza. Ni siquiera traté de liberarme, sería imposible e inútil cualquier intento de escape. Mejor me dediqué a disfrutar sus labios, ansiosa de saber qué haría conmigo.
Se separó de mi boca y comenzó a morder mi oreja.
- Lita... ah...
Con su mano libre me hizo callar delicadamente, poniendo sus dedos sobre mis labios.
- Mi diosa, estamos en medio del jardín, alguien podría vernos – dijo en voz baja, a escasos milímetros de mi oído – Pero tengo una buena idea...
Tampoco me dejó decir nada. Se quitó el guante de su mano libre con los dientes y, lanzándolo a un lado de nosotras, volvió a besarme. Correspondí el beso, deseando poder comerla con mi boca en ese momento.
De pronto, sentí su mano dentro de mi uniforme, lo que me hizo temblar y gemir entre el beso. Primero me acarició, haciéndome estremecer con cada roce sobre mi piel... Diablos... ¿cómo hacía eso?... En fin, era increíble y excitante... sólo me dediqué a disfrutarlo.
Entonces, sentí que sus dedos se paseaban por uno de mis senos. Gemí dentro de su boca cuando ella acarició mi pezón con sus dedos. Lo apretó, lo masajeó, lo jaló un poco... yo no podía soportar tanto placer... De reojo distinguí un gesto de satisfacción en su rostro. Prosiguió con mi otro pezón y jugó con él hasta cansarse... Oh, cielos, qué bárbara...
Me liberé del beso unos segundos para controlar mi respiración... estaba temblando, mientras ella sonreía cautivadoramente...
- Lita... – dije en un suspiro cuando ella acarició mi ya húmedo sexo por encima de mi ropa.
- Esto será rápido – murmuró a mi oído – recuerda que aún estamos en medio del jardín.
Otra vez no me dejó alegar nada, pues volvió a callarme con otro beso. Entonces, sentí que su mano ya estaba sobre mi sexo. De nuevo gemí, pero con más fuerza, dentro de su boca. Ésta vez no dejó escapar mis labios... malvada...
Sus dedos masajearon mi sensible clítoris, haciéndome gritar sin que nadie me oyera. Mis fluidos le ayudaron con el trabajo, siendo un increíble catalizador para las placenteras sensaciones que experimentaba.
Un violento orgasmo me sacudió. Apreté mis piernas y su mano ejerció más presión sobre mi sensible sexo, ayudando a sofocar la sensación durante unos segundos más. A pesar de mi fuerte grito de placer, ella siguió sin liberar mi boca.
Para sorpresa mía, siguió masajeándome, provocándome un poco de dolor, pero ni siquiera pude suplicarle que se detuviera, pues mi pelvis se meció un poco, ayudándole.
Seguí gimiendo al sentir que otro orgasmo se acercaba. Ella también se dio cuenta y apresuró sus actos, acelerando más y más la llegada. Ya no sentía el dolor, pero quería que cesara su ataque, no podría soportar tanto placer sabiendo que no podía correspondérselo en ese momento.
No tuve mucho tiempo para pensar, pues el orgasmo se apoderó de mi cuerpo, haciéndome gritar de nuevo.
Por fin liberó mi boca y mis manos, sacando la suya de mi cuerpo. Lucía satisfecha consigo misma y me miraba con inmensa ternura. Yo aún no me recuperaba del todo, pero logré sonreírle con el mismo gesto.
- Lita... ¿porqué me haces esto? – le pregunté, abrazándome a su cuello – Déjame tocarte.
- No, ahora no... tú eres capaz de desnudarnos, y alguien puede vernos.
- Por favor, quiero hacerlo.
- No.
- ¿Porqué?
- Ya te lo dije.
- Por favor, lo haré igual que tú, sin quitarte la ropa.
- ¿En serio?
- Déjame mostrártelo.
Cedió a mis súplicas y dejó que me girara para quedar sobre ella. La besé, feliz. Primero me quité el guante derecho. Extendí mi brazo y busqué a ciegas esa entrepierna que conocía de memoria. La encontré. Pude meter mi mano desnuda por un lado de su ropa, no fue difícil. Entonces introduje mi mano en su intimidad, que también estaba húmeda a causa del placer que ella misma me provocó.
- Yo no soy tan fuerte como tú, así que no sé si podré contenerte... trata de no hacer ruido, ¿de acuerdo? – le dije, interrumpiendo el beso unos segundos.
En respuesta sonrió y reanudó el beso, gimiendo afectuosamente cuando inicié mi trabajo en su sexo.
Sabía dónde y cómo tocarla, dónde ejercer presión, dónde masajear. Mi conocimiento era producto de todas esas noches que pasé en sus brazos haciendo el amor. Ella seguía gimiendo, moviendo un poco su pelvis para aumentar la sensación.
De vez en cuando se escapaba su boca, pero ella sola regresaba hacía a mí. Oh, Lita... esto era lo que ella sentía al tocarme... maravilloso...
Sentí su clítoris endurecerse un poco, percibí su aliento más confuso y agitado y adiviné que pronto se vendría en un orgasmo. Aceleré mis movimientos y sentí que sus muslos prensaron mi mano, mientras un fuerte gemido hizo eco dentro de mi boca. Un grito de amor y placer de mi fiera guerrera, de mi amada, de mi amante, de mi droga, de mi delirio...
- Te amo – le dije en un suspiro entrecortado, como si yo también hubiera sido partícipe de aquel orgasmo suyo.
- Yo también te amo, mi diosa...
"Mi diosa"... desde la primera vez que me llamó de esa forma, sentí que era capaz de soportar toda la eternidad y el cruel destino si estaba a su lado... Lita... mi fiera guerrera...
- Mi fiera guerrera – murmuré sin querer, nunca la había llamado de esa manera.
- ¿Uh?
- Lo siento... yo...
Ella sonrió, divertida, y me recostó a su lado para envolverme entre sus brazos.
- "¿Fiera guerrera?" – susurró para sí – Me gusta.
- ¿Eh?... ¿en serio?
- Sí, me gusta mucho... pero, ¿a qué se debe el nombre?
- Bueno... es que cada vez que nos tocamos, o hacemos el amor, o nos besamos... tus ojos brillan como si estuvieras en plena batalla y fueras ganando... por eso... por que me pareces una valerosa guerrera a la hora de amarme.
Sonrió de nuevo, feliz; yo también. Inclinándose un poco, me besó con ternura por unos cuantos segundos.
- ¿Sabías que Rei le dice a Ami: "ángel de agua"? – me preguntó.
- No.
- Rei melo contó hoy en la mañana, mientras desayunábamos, cuando tú estabas con la reina.
- Oh, pues le va muy bien... pero, ¿cómo le dice Ami a ella?
- "Espíritu de fuego"... me lo dijo.
- Um... también le queda. Creo que Michiru llama "rey del cielo" a Haruka, y Haruka le dice "Sirena" a Michiru.
- Rei me preguntó si tú me llamabas de alguna manera en especial, ahora ya sé que responderle.
Ahora yo la besé primero.
- Por cierto, ¿qué estarán haciendo? – me pregunté.
- No sé... ¿vamos a verlas?
- ¡Sí!
Nos levantamos del pasto y corrimos al palacio, asegurándonos que nadie nos viera entrar. Nos dirigimos a la sala de monitores, que estaba en un ala solitaria del palacio, nadie nos vería.
Lita y yo teníamos un pequeño truco para espiarlas: las paredes que rodeaban esa sala eran anchas y huecas, ambas podíamos meternos en las paredes y verlas desde un hueco extra en el ducto de ventilación.
Ami y Rei seguían ahí... entonces las vimos... Rei besaba locamente a Ami, la tenía sentada sobre una mesa que Ami usaba para poner libros. Ami se inclinaba tanto como podía para besarla, también. Sus piernas rodeaban el torso de Rei y sus manos la sujetaban por las sienes, enredando sus dedos en su cabello. Rei le abrazaba por la cintura.
Al perecer, apenas estaban empezando. ¡Qué suerte!... ahora sí...
- Vámonos – dijo Lita en voz baja.
Ay, no... yo quería verlas un poco más.
- ¿Porqué? – alegué triste.
- Verlas besarse es una cosa, pero haciendo el amor es otra.
- Bueno, está bien.
Mientras nos íbamos, escuchamos gemir a Ami... Por Serenity, ¿qué estaban haciendo?... Mejor ni lo pensé.
- Ya va a ser hora de comer, ¿me ayudas a preparar la comida? – me preguntó, camino a la cocina.
- Pero le toca a Ami – dije.
- ¿Qué no ves que ella y Rei están ocupadas?... Anda, ayúdame.
- De acuerdo.
- Mañana a ti te toca el desayuno, Ami puede hacerlo.
- Es verdad.
Preparamos la comida entre charla, besos y risas. A la hora, Ami y Rei aparecieron en la cocina, bastante apuradas.
- Lita... lo siento – se disculpó Ami – A mí me tocaba la comida.
- No te preocupes, mañana prepara el desayuno – le dije, sonriendo.
Nosotras teníamos una pequeña cocina-comedor para nuestro uso exclusivo. No teníamos servidumbre ni nada por el estilo. Nosotras mismas hacíamos nuestros quehaceres. Era una forma de relajarnos de nuestros deberes como sailors.
Las chicas y yo habitábamos la planta alta del ala sur, Haruka y las demás una del ala norte.
Así fue como se lo pedimos a la reina Serenity, pues ella nos quería poner todo tipo de lujos, lujos que a veces ella misma no gozaba. Por decisión unánime, y yo como portavoz, no aceptamos.
Nos la supimos arreglar entre nuestros deberes de, quehaceres y amores. Teníamos tiempo para todo. Ventajas de tener un reino pacífico por el momento.
Como toda la vida, la comida de Lita estuvo deliciosa. Después le seguía la de Ami, cuyo sazón era muy bueno... En cambio, Rei y yo competíamos por ver quién cocinaba la comida más tóxica... Solas éramos un desastre en la cocina, por lo que ellas tenían que estar ahí para evitar que envenenáramos la comida.
- ¡Esto está delicioso! – exclamé.
- ¿Y es necesario que lo digas con la boca llena? – me preguntó Rei, malhumorada.
- ¡Déjame en paz!
- ¡Entonces deja de comer como cerdo, ni siquiera pareces la líder de las sailors!
¡Ay, esa Rei!...
- ¡¿Y crees ser una mejor líder?!
- ¡Claro que sí!
- ¡Ya dejen de pelear! – exclamó Lita.
Nos calmamos al instante, Ami reía de lo más divertida, mientras Lita nos miraba de forma amenazante.
- A veces pienso que las que debieron ser pareja eran ustedes dos – comentó Ami entre risas.
- Creo que tienes razón – le siguió Lita en tono malicioso.
Rei y yo nos miramos con desprecio, fingido, obviamente.
- Preferiría quedarme sola – murmuró Rei.
- Lo mismo digo – dije entre dientes.
Nos quedamos calladas unos segundos, antes de estallar en carcajadas.
Mis amigas... las quería mucho...
Lita... mi fiera guerrera... mi amor...
Ni por una vida normal cambiaría todo esto. Tenía una reina y un rey maravillosos, grandes e incondicionales amigas y un amor plenamente dado y correspondido. Todo sería así hasta que alguien en el cielo dijera otra cosa.
- Un día de estos deberíamos hacer un intercambio de parejas – comenté en cuanto nuestras risas se aplacaron. Obvio que lo decía en broma.
- ¿Qué?
- Ya saben... Ami me podría alquilar a Rei unos días, yo le prestaría a Lita y...
- ¿Alquilada yo? – reprochó Rei – ¿Y porqué no a Lita?
- Bueno, me podrías prestar a Ami.
- ¡Oye!, ¿qué yo no tengo palabra? – intervino Lita, divertida.
- ¿Desde cuándo tengo cara de película? – dijo Ami – No tienen por qué prestarme.
- Bueno, si quieres te regalo – bromeó Rei, abrazando a Ami.
- Yo te puedo intercambiar – respondió ella de forma maligna, correspondiendo el abrazo.
- ¿Y tú porqué me quieres prestar, eh? – me reclamó Lita enseguida – Yo podría rentarte a ellas por una módica cantidad.
- ¡Oye!... ¡Cómo que ‘módica’!...
El resto de la tarde la pasamos en negocios ficticios. En la mañana tendríamos que regresar a los negocios reales, pero esa tarde la disfrutamos mucho con nuestros intercambios clandestinos...
- Bueno, ¿y porqué no?... – finalicé en voz alta, llamando la atención de todas – después de todo somos amigas...
FIN DEL CAPÍTULO.
FIN DE LA HISTORIA.
Arigato por leerla...