Subió a su auto y arrancó, en dirección a su
nuevo trabajo. Tenía la dirección del hotel apuntada en una hoja, pero no sabía
muy bien cómo llegar y terminó por extraviarse en las laberínticas calles de
Juuban. Aún tenía veinte minutos de sobra, pero si seguía así no llegaría a
tiempo al restaurante.
De pronto vio a una chica rubia, con su pelo
recogido en dos graciosas coletas, que iba caminando por la banqueta. Al ser la
única persona que andaba por ahí, tuvo que pedirle ayuda.
“Oye, disculpa”
“¿Sí?, ¿puedo ayudarte en algo?”, respondió
alegremente, acercándose al auto con pequeños saltitos.
“¿Podrías decirme dónde queda el hotel Mugen
Gauken?”
“Por supuesto, yo conozco muchos lugares y
puedo llevarte”
Dicho esto, la rubia estudiante subió al auto,
dejando sorprendido a Mamoru. La chica le sonrió dulcemente, cosa que le dio
cierta tranquilidad.
“¿Nos vamos?”, preguntó con un travieso gesto.
Mamoru puso al vehículo en marcha en la
dirección que la chica le indicaba.
“Soy Usagui Tsukino, mucho gusto”, se presentó
entre sonrisas.
“Mi nombre es Mamoru Kaiou, igual es un gusto
conocerte”, contestó con amabilidad, pero a los pocos segundos su afable rostro
se tornó serio, “No es bueno que subas así a un auto desconocido. Qué tal, si
en lugar de mi, hubiera sido una maleante o un ladrón”
“Yo... lo siento”, se disculpó con tristeza.
Mamoru sonrió y trató de tranquilizar a Usagui.
“No te pongas así, sólo lo dije para que
tuvieras cuidado la próxima vez”
“Te prometo que seré más cuidadosa”
“Sería horrible que algo malo te pasara”
Usagui se emocionó al ver que el joven se
preocupaba por ella, así que volvió su rostro alegre y cambió el tema.
“¿Y qué vas a hacer en el hotel?”
“Trabajaré como mesero en el restaurante”
“0h, eso es emocionante”
Siguió platicando con ella, cosa que le
sorprendió muchísimo, ya que él no era muy sociable que digamos. Ni siquiera
con sus compañeros de clase converso con tanta confianza como con aquella
chica. Tal vez era por su sincera sonrisa o por su simpatía, quién sabe. Le contó
que él y su familia acababan de mudarse a Juuban, que era universitario y
algunas cosas más.
Llegaron al hotel y Usagui bajó del auto.
“Espero que te vaya bien en tu primer día de
trabajo”, le dijo con un dulce gesto.
“Muchas gracias”
Entonces se fijó bien en el uniforme que
llevaba puesto la chica, era igual al de Ami.
“¿Vas en la preparatoria Juuban?”, le preguntó,
antes de entrar al estacionamiento.
“Sí”
“Entonces habrás visto a mi hermana por ahí”
Mamoru le sonrió por última vez y alejó su auto.
“¿Nos volveremos a ver?”, le preguntó a grandes
gritos la joven estudiante.
“¡Sí!”, respondió, asomando la cabeza por la
ventana.
Era una chica en verdad simpática y agradable,
y, ¿por qué no decirlo?, también muy bonita.
“Usagui...“, murmuró, feliz.
La rubia
se fue en dirección al centro donde había quedado de verse con Mina y
Mako para ir de compras. Se sentía muy contenta y no sabía por qué. Pensó en el
chico que hacía unos minutos había estado con ella. Era guapo, caballeroso,
amable, lindo... sí, era mayor que ella, pero no le importaba. Además, cuatro
años no eran nada. Y lo mejor de todo es que aquel chico parecía sentir
simpatía por ella.
Se sonrojó, todavía sin saber por qué...
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Se encontraba sola en el parque No. 10, Hotaru
estaba en el colegio de Bellas Artes tomando clases de violín e iría por ella
dentro de dos horas, así que tenía tiempo de diseñar algo. Era primavera, la
época de los colores cálidos y vivos, y también la época de lluvias. Crear algo
que conjuntara ambos elementos no sería tan difícil.
Miró a la gente que pasaba por el lugar, quizá
alguien le inspiraría algún nuevo modelo.
Un par de ruidosas chicas caminó frente a ella.
Una era rubia y de piel tan blanca como la nieve, la otra, alta y de pelo
castaño sujetado en una cola de caballo. Las dos eran hermosas y a primera
vista era notoria su gran amistad. El par se sentó a unos cuántos metros de
ella. Setsuna se sonrió, ya tenía una idea para ropa juvenil de dama.
Mirándoles de reojo, se puso a dibujar. Los
trazos salían limpios, seguros, y pronto dieron la forma de una blusa casual.
Con más trazos armó un pantalón corto que hiciera juego con su nueva blusa.
Sacó un estuche con colores e iluminó sus diseños con maestría. Una vez
terminado y firmado, alzo la libreta al cielo y contempló su dibujo con un
gesto de satisfacción.
“¡Qué bonita ropa!”, exclamó una voz a su lado,
asustándola.
Se trataba de la rubia que miraba, maravillada,
el modelo en el papel. Detrás de ella se asomaba su alta compañera, también
admirando el dibujo.
“Disculpa si te asustamos”, dijo la chica alta.
“Pero alcanzamos a ver lo que estabas haciendo
y no resistimos la tentación de mirar”, continuó la rubia, con una mano en la
cabeza.
“No hay problema”, sonrió Setsuna, un poco más
tranquila.
Las chicas se sentaron a su lado, iniciando una
platica con la elegante mujer.
“Soy Minako Aino y ella es Makoto Kino”, dijo
la rubia.
“Mucho gusto, soy Setsuna Meiou”
Las chicas abrieron los ojos como platos y se
volvieron locas. ¡Ese nombre les era familiar!
“¿Eres... la... famosa... diseñadora de
modas?”, preguntó Makoto con dificultad.
“¿Eres la creadora de la ropa Plut?”, le siguió
Mina, igualmente emocionada.
“Sí”, respondió Setsuna, apenada y contenta a
la vez.
“Me encanta tu ropa”, gritó la rubia, “es tan
linda y cómoda y...”
“¿Podrías darnos tu autógrafo?”, preguntó de
nuevo la chica alta, interrumpiendo a su amiga.
“Por supuesto”, sonrió.
Plasmó su firma y una dedicatoria en una
pequeña libreta que las chicas le extendieron. Se sentía adulada por aquel par
de jóvenes que tanta admiración le tenían.
“¿Estas haciendo tu nueva colección?”, le
cuestionó la rubia, emocionada.
“Si, y debo agradecerles que me hayan inspirado
éste modelo”, dijo, señalando la libreta de dibujo.
Aún más contentas, siguieron platicando con
aquella agradable mujer de porte elegante.
Setsuna les contó parte de su vida, de su
pequeña Hotaru, de sus nuevos planes y proyectos, de algunas anécdotas con los
artistas que usaban su ropa, y de algunos malos momentos que pasó cuando apenas
comenzaba como diseñadora...
Mina y Makoto le oían, embelesadas, aún sin
creer que una gran personalidad estuviera conversando con ellas como si fuesen
amigas de toda la vida.
Tan buen rato se pasaron que no se dieron
cuenta de que ya era tarde.
“Lo siento, pero debo ir por Hotaru”, se
disculpó Setsuna, levantándose del banco.
“Nosotras también tenemos que irnos”, explicó
la rubia, “vamos a ir al centro comercial”
“Muchas gracias por todo”, dijo Makoto,
contenta.
“Esperamos que tengas mucho éxito con tu nueva
colección”, finalizó Minako.
Setsuna sacó una tarjeta de su gabardina y se
las extendió.
“Es mi número telefónico y mi dirección.
Visítenme cuando quieran”
“¡Gracias!”, gritaron las chicas, emocionadas,
y se fueron corriendo.
La morena joven volvió a sonreírse y vio cómo
el par de chicas se alejaban. No pudo evitar sentir cierta emoción por la
admiración que esas jóvenes le tenían, le hacía feliz tener admiradoras,
además, ellas no eran como los demás, que sólo le dirigían la palabra para
conseguir algo más que su autógrafo o una plática, lo hacían para molestarla,
fastidiarla o incluso sacarle fotos para supuestos club de seguidoras, fotos
que después arreglaban; haciendo verdaderos escándalos. A veces salían
diseñadores falsos que sólo querían robar o arruinar sus proyectos.
Pero ellas no parecían tener esas intenciones,
así que no le pareció mala idea haberles dado su tarjeta con la dirección y el
teléfono de su casa, incluso eran perfectas para modelar su ropa en algún
desfile de moda, ya que las dos eran de buen cuerpo, bonitas y simpáticas.