III

 

 

Subió a su auto y arrancó, en dirección a su nuevo trabajo. Tenía la dirección del hotel apuntada en una hoja, pero no sabía muy bien cómo llegar y terminó por extraviarse en las laberínticas calles de Juuban. Aún tenía veinte minutos de sobra, pero si seguía así no llegaría a tiempo al restaurante.

 

De pronto vio a una chica rubia, con su pelo recogido en dos graciosas coletas, que iba caminando por la banqueta. Al ser la única persona que andaba por ahí, tuvo que pedirle ayuda.

 

“Oye, disculpa”

“¿Sí?, ¿puedo ayudarte en algo?”, respondió alegremente, acercándose al auto con pequeños saltitos.

“¿Podrías decirme dónde queda el hotel Mugen Gauken?”

“Por supuesto, yo conozco muchos lugares y puedo llevarte”

 

Dicho esto, la rubia estudiante subió al auto, dejando sorprendido a Mamoru. La chica le sonrió dulcemente, cosa que le dio cierta tranquilidad.

 

“¿Nos vamos?”, preguntó con un travieso gesto.

 

Mamoru puso al vehículo en marcha en la dirección que la chica le indicaba.

 

“Soy Usagui Tsukino, mucho gusto”, se presentó entre sonrisas.

“Mi nombre es Mamoru Kaiou, igual es un gusto conocerte”, contestó con amabilidad, pero a los pocos segundos su afable rostro se tornó serio, “No es bueno que subas así a un auto desconocido. Qué tal, si en lugar de mi, hubiera sido una maleante o un ladrón”

“Yo... lo siento”, se disculpó con tristeza.

 

Mamoru sonrió y trató de tranquilizar a Usagui.

 

“No te pongas así, sólo lo dije para que tuvieras cuidado la próxima vez”

“Te prometo que seré más cuidadosa”

“Sería horrible que algo malo te pasara”

 

Usagui se emocionó al ver que el joven se preocupaba por ella, así que volvió su rostro alegre y cambió el tema.

 

“¿Y qué vas a hacer en el hotel?”

“Trabajaré como mesero en el restaurante”

“0h, eso es emocionante”

 

Siguió platicando con ella, cosa que le sorprendió muchísimo, ya que él no era muy sociable que digamos. Ni siquiera con sus compañeros de clase converso con tanta confianza como con aquella chica. Tal vez era por su sincera sonrisa o por su simpatía, quién sabe. Le contó que él y su familia acababan de mudarse a Juuban, que era universitario y algunas cosas más.

 

Llegaron al hotel y Usagui bajó del auto.

 

“Espero que te vaya bien en tu primer día de trabajo”, le dijo con un dulce gesto.

“Muchas gracias”

 

Entonces se fijó bien en el uniforme que llevaba puesto la chica, era igual al de Ami.

 

“¿Vas en la preparatoria Juuban?”, le preguntó, antes de entrar al estacionamiento.

“Sí”

“Entonces habrás visto a mi hermana por ahí”

 

Mamoru le sonrió por última vez y alejó su auto.

 

“¿Nos volveremos a ver?”, le preguntó a grandes gritos la joven estudiante.

“¡Sí!”, respondió, asomando la cabeza por la ventana.

 

Era una chica en verdad simpática y agradable, y, ¿por qué no decirlo?, también muy bonita.

 

“Usagui...“, murmuró, feliz.

 

La rubia  se fue en dirección al centro donde había quedado de verse con Mina y Mako para ir de compras. Se sentía muy contenta y no sabía por qué. Pensó en el chico que hacía unos minutos había estado con ella. Era guapo, caballeroso, amable, lindo... sí, era mayor que ella, pero no le importaba. Además, cuatro años no eran nada. Y lo mejor de todo es que aquel chico parecía sentir simpatía por ella.

 

Se sonrojó, todavía sin saber por qué...

 

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IV

 

 

Se encontraba sola en el parque No. 10, Hotaru estaba en el colegio de Bellas Artes tomando clases de violín e iría por ella dentro de dos horas, así que tenía tiempo de diseñar algo. Era primavera, la época de los colores cálidos y vivos, y también la época de lluvias. Crear algo que conjuntara ambos elementos no sería tan difícil.

 

Miró a la gente que pasaba por el lugar, quizá alguien le inspiraría algún nuevo modelo.

 

Un par de ruidosas chicas caminó frente a ella. Una era rubia y de piel tan blanca como la nieve, la otra, alta y de pelo castaño sujetado en una cola de caballo. Las dos eran hermosas y a primera vista era notoria su gran amistad. El par se sentó a unos cuántos metros de ella. Setsuna se sonrió, ya tenía una idea para ropa juvenil de dama.

 

Mirándoles de reojo, se puso a dibujar. Los trazos salían limpios, seguros, y pronto dieron la forma de una blusa casual. Con más trazos armó un pantalón corto que hiciera juego con su nueva blusa. Sacó un estuche con colores e iluminó sus diseños con maestría. Una vez terminado y firmado, alzo la libreta al cielo y contempló su dibujo con un gesto de satisfacción.

 

“¡Qué bonita ropa!”, exclamó una voz a su lado, asustándola.

 

Se trataba de la rubia que miraba, maravillada, el modelo en el papel. Detrás de ella se asomaba su alta compañera, también admirando el dibujo.

 

“Disculpa si te asustamos”, dijo la chica alta.

“Pero alcanzamos a ver lo que estabas haciendo y no resistimos la tentación de mirar”, continuó la rubia, con una mano en la cabeza.

“No hay problema”, sonrió Setsuna, un poco más tranquila.

 

Las chicas se sentaron a su lado, iniciando una platica con la elegante mujer.

 

“Soy Minako Aino y ella es Makoto Kino”, dijo la rubia.

“Mucho gusto, soy Setsuna Meiou”

 

Las chicas abrieron los ojos como platos y se volvieron locas. ¡Ese nombre les era familiar!

 

“¿Eres... la... famosa... diseñadora de modas?”, preguntó Makoto con dificultad.

“¿Eres la creadora de la ropa Plut?”, le siguió Mina, igualmente emocionada.

“Sí”, respondió Setsuna, apenada y contenta a la vez.

“Me encanta tu ropa”, gritó la rubia, “es tan linda y cómoda y...”

“¿Podrías darnos tu autógrafo?”, preguntó de nuevo la chica alta, interrumpiendo a su amiga.

“Por supuesto”, sonrió.

 

Plasmó su firma y una dedicatoria en una pequeña libreta que las chicas le extendieron. Se sentía adulada por aquel par de jóvenes que tanta admiración le tenían.

 

“¿Estas haciendo tu nueva colección?”, le cuestionó la rubia, emocionada.

“Si, y debo agradecerles que me hayan inspirado éste modelo”, dijo, señalando la libreta de dibujo.

 

Aún más contentas, siguieron platicando con aquella agradable mujer de porte elegante.

 

Setsuna les contó parte de su vida, de su pequeña Hotaru, de sus nuevos planes y proyectos, de algunas anécdotas con los artistas que usaban su ropa, y de algunos malos momentos que pasó cuando apenas comenzaba como diseñadora...

 

Mina y Makoto le oían, embelesadas, aún sin creer que una gran personalidad estuviera conversando con ellas como si fuesen amigas de toda la vida.

 

Tan buen rato se pasaron que no se dieron cuenta de que ya era tarde.

 

“Lo siento, pero debo ir por Hotaru”, se disculpó Setsuna, levantándose del banco.

“Nosotras también tenemos que irnos”, explicó la rubia, “vamos a ir al centro comercial”

“Muchas gracias por todo”, dijo Makoto, contenta.

“Esperamos que tengas mucho éxito con tu nueva colección”, finalizó Minako.

 

Setsuna sacó una tarjeta de su gabardina y se las extendió.

 

“Es mi número telefónico y mi dirección. Visítenme cuando quieran”

“¡Gracias!”, gritaron las chicas, emocionadas, y se fueron corriendo.

 

La morena joven volvió a sonreírse y vio cómo el par de chicas se alejaban. No pudo evitar sentir cierta emoción por la admiración que esas jóvenes le tenían, le hacía feliz tener admiradoras, además, ellas no eran como los demás, que sólo le dirigían la palabra para conseguir algo más que su autógrafo o una plática, lo hacían para molestarla, fastidiarla o incluso sacarle fotos para supuestos club de seguidoras, fotos que después arreglaban; haciendo verdaderos escándalos. A veces salían diseñadores falsos que sólo querían robar o arruinar sus proyectos.

 

Pero ellas no parecían tener esas intenciones, así que no le pareció mala idea haberles dado su tarjeta con la dirección y el teléfono de su casa, incluso eran perfectas para modelar su ropa en algún desfile de moda, ya que las dos eran de buen cuerpo, bonitas y simpáticas.

 

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