Entreabrió los ojos, aún adormilado.
Sabía que era sábado, que estaba en la sala, que las chicas que dormían a su
lado eran sus hermanas y que se habían dormido un poco tarde por estudiar. Los
tres amaban el estudio y tenían unas calificaciones sobresalientes.
Se puso de pie y miró el reloj. Eran las ocho
de la mañana.
Contempló por un buen rato a las jóvenes que
compartían la misma sangre que él y sonrió. Se veían tan lindas durmiendo que
le dio mucha pena despertarlas tan temprano.
<Nombre: Mamoru Kaiou.
Edad: 20 años.
Ocupación: Estudiante de medicina. >
Se dirigió a la cocina y preparó el desayuno,
esperando que el aroma de la comida despertase a sus hermanas. No se equivocó,
la primera en llegar fue la que le seguía en edad.
<Nombre: Michiru Kaiou.
Edad: 18 años.
Ocupación: Estudiante de Bellas Artes. >
“Buenos días, Mamoru” le saludó en cuanto entró
a la cocina.
“Buenos días. Me alegra que hayas despertado,
ya está el desayuno”
“¿Quieres que despierte a Ami?”
“No, déjala dormir un poco más”
<Nombre: Ami Kaiou.
Edad:
16 años.
Ocupación: Estudiante de preparatoria. >
“De acuerdo, pero conste que la estas
malacostumbrando” advirtió con ironía.
“¿Y acaso no hice lo mismo contigo?”
“¿Por qué crees que te lo digo?”
Sonrió. Le encantaba el sarcasmo de su hermana,
era única. A los pocos segundos apareció una Ami semidormida.
Hacía unos días que se habían mudado a Juuban.
Arreglaron todo para poder ingresar a nuevas escuelas, e incluso tenían trabajo
de medio tiempo, para poder mantenerse sin necesidad de recurrir a la herencia
que les habían dejado sus padres, muertos en un accidente automovilístico.
Mamoru trabajaría en el restaurante de un hotel de cinco estrellas como mesero.
Michiru vendería pinturas, hechas por ella misma, y daría clases de música y
pintura en un centro infantil. Ami variaba un poco más, dada su capacidad de
aprender cualquier cosa rápidamente, trabajaría como ayudante en un taller
mecánico y como asistente en un observatorio; y aún así se daba el lujo de ir a
cursos extraclase.
El lunes llegó, dando arranque a la nueva vida
de los tres hermanos. Mamoru llevó a sus hermanas a sus respectivas escuelas
antes de ir a la universidad.
Preparatoria Juuban...
“Quiero presentarles a su nueva compañera” dijo
el profesor en cuanto comenzó la clase, “se llama Ami Kaiou”
Ami se inclinó de forma educada, pero los
murmullos que corrieron por el aula le pusieron nerviosa, a pesar de saber que
eran los murmullos que usualmente se oían al aparecer un nuevo alumno. Sus
compañeros de inmediato la reconocieron como la famosa ‘chica genio’ del país.
Incómoda ante las pesadas miradas de los adolescentes, buscó un asiento cerca
de la puerta, casi al frente de la fila.
Queriendo o no, acabó mostrando sus grandes
conocimientos ante la clase, cosa que le restó la oportunidad de hacer alguna
amistad, ya que todos le miraban con enojo. Un poco triste, trató de olvidarse
del asunto y poner atención a la clase.
Colegio de Bellas Artes...
“¿Ya vieron qué bien pinta?”
“Es hermosa”
“¿Ella es la famosa Michiru Kaiou, la
violinista?”
Cosas similares murmuraban los estudiantes al
ver pasar a la chica. A Michiru le agradaba tener fama, pero prefería alejarse
de la muchedumbre.
En el salón, el profesor le dio una aduladora
bienvenida. Lo ignoró y de inmediato se dispuso a pintar. Estaba tan
concentrada en su lienzo que no se había percatado del gran número de alumnos
que se habían agolpado a su alrededor. Para ella sólo existía el arte y sus
hermanos, pero una parte de su corazón le decía que le faltaba algo más, algo
importante.
Universidad de Tokio...
“Kaiou, ¿podría explicarnos las teorías de
Newton?”
“Si, profesor. La primera teoría dice que... “
Mamoru comenzó a hablar fluidamente ante la
clase. Era cierto que estudiaba medicina, pero la física siempre le había
fascinado, y nunca perdía la oportunidad de colarse al curso de esa materia.
Varias estudiantes le miraban con distintas intenciones, pero él no les hacía
caso.
Dos horas después se tomó un pequeño descanso
para almorzar. Miró una luna creciente dibujada en un cartel de publicidad y
suspiró. No sabía por qué la luna le causaba tanta nostalgia, tanto... ¿dolor?.
Si, un pequeño dolor en el pecho que le decía que la persona más importante de
su vida tendría que ver con la plateada luna.
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- En la casa de los Tsukino...
“¡Se me hace tarde!... ¡A un lado todos!”
chilló una nube de polvo que pasó a toda velocidad por la cocina y tomó una
rebanada de pan tostado, “¡Adiós!”
“¡Usagi!” le gritó su madre desde la puerta,
“¡Haz olvidado tu... “ se dio cuenta que ya había desaparecido “... almuerzo”
suspiró.
<Nombre: Usagi Tsukino.
Edad: 16 años.
Ocupación: Estudiante de preparatoria. >
La nube de polvo, llamada Usagi, corría a todo
lo que daban sus piernas; su pelo rubio volaba al aire y sus ojos azules
brillaban, rebosantes de vida. Si volvía a llegar tarde, rompería su propia
marca de impuntualidad.
“¡Usagi, espérame!” le gritó una voz a sus
espaldas.
No necesitó voltear para saber que se trataba
de su amiga Mina.
<Nombre: Minako Aino.
Edad: 16 años.
Ocupación: Estudiante de preparatoria. >
La recién llegada pronto se unió a la alocada
carrera por llegar a tiempo a clases. Su rubio cabello era tan largo y hermoso
como el de Usagi, sólo que, en lugar de dos coletas, estaba atado con un moño
rojo. A los pocos minutos escucharon unos pasos, que pronto las alcanzó.
“No me digan que también se quedaron dormidas”
sonrió una alta chica, de cabello castaño y ojos esmeralda, de forma divertida.
“¿Acaso no nos estas viendo?” reprochó Mina.
“Además, no fuimos las únicas” le siguió Usagi.
<Nombre: Makoto Kino.
Edad:
16 años.
Ocupación: Estudiante de preparatoria. >
“Si no corren más rápido llegaran tarde” volvió
a sonreír y, en un abrir y cerrar de ojos, las adelantó, al aumentar la
velocidad de sus piernas.
El par se quedó boquiabierto, pero no se
rendirían tan fácilmente, no ante Makoto.
- Circuito de carreras...
Podía sentir como el viento acariciaba su auto
y le incitaba a subir la velocidad del bólido. Obedeció al viento y movió con
sobriedad la palanca de velocidades, el motor rugió ante la orden y aceleró su
paso, dejando atrás a varios de los corredores que le acompañaban en la
práctica de pista. Indudablemente ganó la carrera, dejando a más de medio mundo
sorprendido.
“Lo volviste a hacer, Tenou” le dijo uno de sus
compañeros, no sin cierta resignación.
“Bah, sólo era entrenamiento” respondió,
arrogante, y se retiró del lugar.
<Nombre: Haruka Tenou.
Edad: 18 años.
Ocupación: corredor de autos. >
Amaba la velocidad, y qué mejor lugar para ella
que una pista de carreras. Si, era mujer; una mujer con la apariencia y el
comportamiento de un muchacho. Pero le agradaba ser así. Lo único que lamentaba
era no tener a alguien a su lado, le sobraban admiradoras, pero todas le creían
hombre. Necesitaba a alguien que la aceptase tal como era, pero aún no
encontraba a ese alguien.
- Templo Hikawa...
Barrió las hojas con pereza, consciente de que,
si no terminaba rápido, no saldría a tiempo a la escuela.
<Nombre: Rei Hino.
Edad:
16 años.
Ocupación: Sacerdotisa y estudiante de preparatoria. >
Suspiró, aquella solitaria vida acabaría por
drenar toda su juventud y sus sueños. Pero no podía abandonar a su abuelo, su
único familiar, no le podía fallar después de que él mismo le crió desde niña.
Su madre había muerto muy joven, jamás la conoció, y su padre le era
literalmente desconocido, ya que su vida de político importante le prohibía ver
a su hija; y al parecer, él no tenía muchas ganas de estar con ella.
Sabía que su abuelo la quería como si fuese su
propia hija, y ella le quería a él. Aún así se sentía sola y no sabía cómo
salir de ese estado. En la escuela era muy popular, todas le hablaban y la
respetaban, pero no tenía amigas; e incluso parecía infundirles miedo a sus
compañeras con su poder extrasensorial.
Suspiró de nuevo y continuó con su tarea, o se
le haría tarde para llegar al colegio.
- Algún lugar del parque No. 10...
Sus ojos escarlata estaban perdidos en las
nubes, esperando llegara a su mente un nuevo diseño de ropa. Sus dedos
jugueteaban con el lápiz y su libreta de dibujo descansaba en sus piernas. Su
largo cabello verde oscuro se ondeaba suavemente con el viento.
<Nombre: Setsuna Meiou.
Edad:
20 años.
Ocupación: Diseñadora de modas. >
A lo lejos escuchó unas dulces y familiares
risas. Sonrió. Sabía que se trataba de su pequeña acompañante, una linda niña
que adoptó, después de que el padre de ésta muriera. Se trataba de un gran
científico amigo suyo, viudo en aquel tiempo. Una larga enfermedad le arrebató
la vida, dejando a su hija desamparada. Ella se ofreció para cuidarla, o la
pobre terminaría en un orfanato.
“Mamá Setsuna” le llamó la niña con cariño y se
acercó corriendo, “¿me compras un helado?”.
“De acuerdo”
La tomó de la mano y la condujo hasta el carro
de los helados.
<Nombre: Hotaru Meiou.
Edad: 12 años.
Ocupación: Estudiante de primaria. >
‘Mamá Setsuna’, cómo se alegraba de oír esas
palabras de tan inocente boca.
La dejó con el helado y regresó al banco donde
estaba sentada. Ya tenía un buen diseño en mente.