VENUS

 

 

Por: Escarlata

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La fiesta había dado comienzo desde hacía una hora, el ambiente era cálido, familiar, reconfortante... no había muchos invitados pese al gran acontecimiento que se celebraba: la Boda de Usagi y Mamoru. Los presentes eran contados. La familia de Usagi, el abuelo de Rei y su ayudante Yuuichiro, la madre de Ami con un nuevo galán que era camarada suyo en el hospital; cabe decir que Ami no estaba muy contenta con esa situación. Haruka, Michiru, Setsuna y Hotaru simplemente no podían faltar. Naru, Umino y muchos amigos de Usagi. Había algunos vecinos y pocos colados en la fiesta.

 

La música fue suficiente pretexto para que las parejas bailaran. La apertura fue con el primer baile de la feliz pareja. Después de eso, todos querían bailar con ellos, pero Haruka logró el siguiente baile con Usagi y Michiru con el príncipe. Los felicitaban en voz baja y les deseaban toda la felicidad del mundo. Después fueron los padres de Usagi.

 

Las Damas de Honor, las guerreras internas y las mejores amigas de la novia, estaban felices a más no poder con la boda de la princesa. Pero, fuera de eso, todas sentían envidia de ella por estar al lado de la persona amada.

 

Después de infructuosos esfuerzos, Yuuichiro se rindió de invitar a bailar a Rei, quien parecía estar más preocupada por la extraña nostalgia de Makoto y Minako y el enojo que Ami trataba, pero no lograba, ocultar. Las cuatro salieron a un escondido balcón para tomar aire y admirar el cielo de esa noche.

 

- La luna parece contenta también, ¿no creen? – comentó Minako, mirando al hermoso astro navegar por el cielo. – Me gustaría que Venus también estuviera contenta por mi...

- Algún día encontraremos a alguien como Usagi lo ha hecho – musitaba Makoto con cierta nostalgia. – Puede que esté cerca y no nos demos cuenta.

 

Rei seguía recargada en el balcón mirando a la feliz luna, no tardó en ver a Venus y la notó tan triste como su princesa. Ami estaba cruzada de brazos, viendo cómo su madre bailaba y se divertía con ‘ese sujeto’, como ella despectivamente le llamaba.

 

- Ella también tiene derecho a ser feliz, Ami – le dijo Rei al notar de reojo su estado – Son cosas que tienen que pasar, lo sabes.

 

Ami fingió no escuchar nada. Makoto y Minako notaron aquello y sintieron cierta pena por su amiga peliazul. Pero Rei tenía razón.

 

- Iré por una bebida, enseguida regreso – dijo por fin la chica genio y se retiró a paso rápido.

- Mejor voy a vigilarla – suspiró Makoto – está tan enojada que puede cometer una tontería... Quizás quiera bailar conmigo para entretenerse.

 

Makoto pronto desapareció. Minako y Rei se miraron entre sí y se sonrieron ligeramente. Pese al festivo ambiente, ninguna de las cuatro estaba de muy buen ánimo como para disfrutarlo.

 

- ¿Crees que pronto encontremos a alguien, Rei? – le preguntó Minako a su amiga, volviendo su vista al firmamento.

- Sí... espero... – respondió con un suspiro.

- ¿Y qué me dices de Yuuichiro, eh?

 

Rei puso un gesto malhumorado, Minako sonreía ampliamente. La sacerdotisa soltó otro sonoro suspiro, pero en ningún momento miró a su compañera de batallas. Hablar del ayudante de su abuelo no le causaba tanta incomodidad, pero no le gustaba que siempre la estuvieran emparejando con él.

 

- Se los he dicho una y mil veces – murmuraba lentamente – Entre él y yo no habrá nada más que amistad...

- ¿Y porqué no bailas con él?

- Por que no quiero...

 

Minako le miró de forma graciosa, Rei por fin le dirigió una veloz y molesta mirada. Sostuvieron sus ojos por largo rato, una sin abandonar su gesto alegre y la otra sin dar descanso a su ceño fruncido. La batalla parecía fiera entre los ojos negros y los azules, pero ninguno cedía. La senshi de Venus se perdió en el fuego que desprendía Rei en sus pupilas y sintió sonrojarse, por lo que fue la primera en bajar la guardia.

 

Rei sonrió por esa pequeña victoria, pero le pareció extraño el sonrojo en Minako.

 

La rubia no sabía qué le había pasado... los ojos de Rei por un momento la perturbaron... Tenía que admitir que Rei lucía muy bella en ese vestido de corte chino. La tela brillante se ajustaba a sus curvas como aguante y dejaba entrever a la sensual joven dentro. Minako sonrió para sus adentros, eso que estaba pensando le puso nerviosa... y todo por lo bella que lucía Rei esa noche.

 

- Supongo que Makoto tiene razón – murmuró Minako.

- ¿Uh?

- Puede que esa persona que buscamos... esté más cerca de lo que parece...

 

Rei no entendió el porqué del comentario, pero igualmente estuvo de acuerdo.

 

- Mira... supongo que peor es nada – dijo Minako enseguida, tomando la mano de Rei – ¿Quieres bailar?... Yo no pretendo quedarme toda la noche sin hacer nada...

 

La sacerdotisa miró la adorable sonrisa de Minako y pensó que no sería mala idea. Ella tampoco quería quedarse como estatua hasta que acabara la fiesta, así que... ¿porqué no aceptar esa invitación?... Le sonrió y estrechó la mano de Minako con gentileza.

 

Al salir del balcón, descubrieron que Ami y Makoto bailaban y parecían divertirse. Bien, la gran Jupiter lo había logrado... calmar a una malhumorada y deprimida Ami... lo cuál podía ser más peligroso que una enojada Rei... todas lo sabían. Ahora sí podían pasar una buena noche. No tardaron en unirse a sus compañeras y comenzaron a bailar y bromear entre ellas.

 

Pasaron algunas horas... era de madrugada y nadie parecía querer irse. Las chicas seguían bailando entre ellas, ya habían platicado unos momentos con los novios y algunos invitados. Parecían bastante entretenidas en la pista de baile.

 

- Muy bien, bella dama – susurraba Minako al oído de Rei, fingiendo un tono sensual y provocativo – No he tenido mayor suerte que bailar con usted...

 

La sacerdotisa hacía hasta lo imposible por no reír. Tenía a su amiga por la cintura, mientras ésta estaba abrazada a su cuello.

 

- Usted también es muy bella, señorita – contestó Rei, siguiendo el divertido juego – Le agradezco que me haya invitado a bailar.

- Disculpe la pregunta, ¿tiene algún compromiso?...

- ¿Acaso trata de coquetearme?

- ¿Lo estoy logrando?

 

Fingieron mirarse con pasión a los ojos.

 

- ¿No podrían esperar a estar en privado? – les irrumpió la divertida voz de Makoto. Ami, a su lado, reía ligeramente.

- No es correcto que anden coqueteándose en público – decía Ami entre elegantes carcajadas.

 

El par comenzó a reír también.

 

- Usted, señorita Kino, atienda a su dama o se la puedo robar – amenazó Minako con una enorme y alegre sonrisa.

- ¡Ah!... Ahora resulta que me coquetea y después va con otra chica... Explíquese, señorita Aino – reclamó Rei con fingido disgusto.

- Mejor no hagas enojar a la señorita Hino, Minako – rió Ami – Puede ser peligrosa... ja, ja, ja...

 

Siguieron bailando hasta acabarse la fiesta. Mamoru y Usagi de inmediato salieron en dirección al aeropuerto para tomar un vuelo. Iban a ir de luna de miel a China. Los invitados regresaron a sus casas, pero las cuatro amigas caminaban por las tranquilas calles de Juuban. Iba a amanecer dentro de unas horas, así que podían perderse por ahí hasta que el sol saliera.

 

Seguían abrazadas con su respectiva pareja.

 

- ¿Regresarás a tu casa, Ami? – le preguntó Makoto.

- No... no tengo muchas ganas... estoy de muy buen humor como para discutir con mamá... además... entiendo que tienen razón, pero aún me cuesta trabajo aceptarlo.

- Eso toma tiempo, Ami – intervino Rei – Pero es un buen comienzo que veas éstas cosas con más calma...

- Es normal que te hallas enojado, entendemos eso – le sonrió Minako – Pero nadie decide por uno quién va a ser su pareja... tu mamá eligió a ese hombre y tu no debes intervenir... Ahora, que si el tipo es un maniático asesino, podemos meternos...

- Supongo que después deberé hablar seriamente con mamá – dijo Ami con una enorme sonrisa – Los dejaré solos un tiempo, si en verdad se quieren, lo podré ver mejor desde lejos... Um... – miró a Makoto – ¿Puedo quedarme contigo mientras, Makoto?... Sólo serán algunos días.

- ¡Claro, no hay problema!

 

Todas parecían muy contentas con el nuevo humor de Ami. Era la misma chica tranquila de siempre. Lo único que necesitaba era un poco de apoyo moral.

 

- Si llegas a necesitar ayuda – dijo Minako – No dudes en llamarnos, ¿bien?

- Claro... sobre todo si resulta ser el maniático asesino que dices...

 

Las cuatro comenzaron a reír. Ya no se sentían en aquel abandono de hacía algunas horas. Entre bromas y risas llegó el sol. Ami se fue con Makoto, y Rei, siendo su día libre, fue a casa de Minako.

 

Y lo primero que hicieron al llegar a casa de la rubia, fue echarse sobre el primer sillón para dormir. Aunque sólo lo hicieron por algunas horas, pues ninguna de las dos estaba acostumbrada a dormir tanto por la tarde. Fue el sonido de una inesperada lluvia lo que las despertó.

 

Se miraron después de desperezarse, eran un desastre. No evitaron una divertida sonrisa y Minako fue la primera en levantarse.

 

- Rei, cariño, ese vestido te va muy bien, pero supongo que ya te cansó estar en él tanto tiempo – rió Minako, yendo a su dormitorio – Puedo prestarte algo más cómodo.

- Me agrada esa idea... ¿hay algún problema si tomó un baño?... Me duelen los pies de tanto bailar...

- Yo también quiero bañarme... dormí bien, pero mi cuerpo me duele... Usa la regadera, si quieres, la tina se descompuso y no puedo calentar el agua.

- No te preocupes.

 

Rei ya sabía dónde estaba el baño. Entró al pequeño cuarto y se quitó esas ajustadas ropas. Minako tenía razón, en ellas lucía muy bien, pero era muy cansado traerlas puestas. Abrió las llaves del agua y se dio un rápido baño que terminó de despertarla.

 

Pensaba, bajo el agua de la regadera, que había pasado una maravillosa y divertida noche con su amiga... Minako era una chica muy divertida y hermosa...

 

- Hermosa... – repitió en voz baja, sintiendo que su corazón latía con más fuerza.

 

No pudo reprimir un suspiro y un sonrojo. Eso le sorprendió... ¿Acaso pensar en Minako le provocaba eso?... No tuvo tiempo de responderse... la puerta del baño se abrió. Minako entró como si nada a dejarle una toalla y algo de ropa que le había escogido.

 

- Olvidé decirte que no había toallas aquí – dijo la rubia tranquilamente – También te dejo algo de ropa.

- Gracias.

 

Rei seguía sonrojada, pero aquella sorpresiva intromisión le puso nerviosa. Minako se quedó inmóvil unos segundos antes de salir, miró a Rei de reojo y la observó de pies a cabeza.

 

- Eres una chica muy hermosa, Rei... hasta hoy me doy cuenta – dijo con un tono normal de voz.

 

Y sin saber porqué, sin saber cómo... Rei sonrió ante el comentario y supo de inmediato qué era ese extraño latir en su corazón. Cerró las llaves del agua, después de todo ya había acabado de bañarse. Caminó hacia Minako aún escurriendo, notando que la mirada azul se clavaba en sus ojos.

 

- Yo desde antes me di cuenta de tu belleza... – murmuró Rei al estar frente a ella. Tomó la toalla y cubrió su cuerpo – Makoto tiene razón... la persona que esperamos está más cerca de lo que creemos... Sabes que soy una persona directa, Mina... y no quiero armar ninguna escena tratando de decirte esto.

- ¿Qué? – preguntó una sonriente Minako.

- Me gustas, tonta... sólo eso... Termina de bañarte y te espero en la sala...

 

Tomó la ropa y salió del baño. Minako casi lloraba de la felicidad... desde la fiesta quería decirle a Rei lo mucho que le gustaba... y Rei se le había adelantado... tenía que cobrarle esa, pues nadie debía adelantársele a la gran diosa del amor.

 

- ¡Tú también me gustas, pedazo de gruñona! – exclamó Minako, contenta a más no poder – ¡Y no tenías porqué decirme tonta!

- ¡No me molestes!

- ¡Ya me las pagarás cuando salga!

 

Se bañó y vistió la más rápido que pudo. Al ir a la sala, Rei ya había preparado algo de té. Al mirarse se sonrieron. Minako se sentó junto a la sacerdotisa, sin abandonar en ningún momento aquella mirada ardiente.

 

- Por eso te dije que Yuuichiro y yo sólo seremos amigos...

- Lo sé...

 

Rei no resistió mucho antes de tomar las manos de Minako, pero fue la rubia la que le plantó un veloz beso en los labios a la sacerdotisa.

 

- Yo... quería hacer eso primero... – murmuró Rei con enojo.

- Lo siento, preciosa... aquí yo soy la diosa Venus... y yo debía hacerlo primero... y también debía decirte primero lo mucho que me gustas...

- Te gané esa... estamos a mano... mi hermosa diosa Venus...

 

Minako sonrió ante la solemne y ardiente mirada de Rei. Desde hacía mucho estaba enamorada de ella... y por fin le correspondía... Se inclinó hacia delante y tocó los labios de Rei con los suyos. Cerraron los ojos. Rei respondió el beso con una pasión que Minako no esperaba...

 

Después de todo, Makoto tuvo razón... la persona que uno espera puede estar más cerca de lo que uno imagina...

 

 

FIN

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