Por: Escarlata
*********************************************
La
fiesta había dado comienzo desde hacía una hora, el ambiente era cálido,
familiar, reconfortante... no había muchos invitados pese al gran
acontecimiento que se celebraba: la Boda de Usagi y Mamoru. Los presentes eran
contados. La familia de Usagi, el abuelo de Rei y su ayudante Yuuichiro, la
madre de Ami con un nuevo galán que era camarada suyo en el hospital; cabe
decir que Ami no estaba muy contenta con esa situación. Haruka, Michiru,
Setsuna y Hotaru simplemente no podían faltar. Naru, Umino y muchos amigos de
Usagi. Había algunos vecinos y pocos colados en la fiesta.
La
música fue suficiente pretexto para que las parejas bailaran. La apertura fue
con el primer baile de la feliz pareja. Después de eso, todos querían bailar
con ellos, pero Haruka logró el siguiente baile con Usagi y Michiru con el
príncipe. Los felicitaban en voz baja y les deseaban toda la felicidad del
mundo. Después fueron los padres de Usagi.
Las
Damas de Honor, las guerreras internas y las mejores amigas de la novia,
estaban felices a más no poder con la boda de la princesa. Pero, fuera de eso,
todas sentían envidia de ella por estar al lado de la persona amada.
Después
de infructuosos esfuerzos, Yuuichiro se rindió de invitar a bailar a Rei, quien
parecía estar más preocupada por la extraña nostalgia de Makoto y Minako y el
enojo que Ami trataba, pero no lograba, ocultar. Las cuatro salieron a un
escondido balcón para tomar aire y admirar el cielo de esa noche.
-
La luna parece contenta también, ¿no creen? – comentó Minako, mirando al
hermoso astro navegar por el cielo. – Me gustaría que Venus también estuviera
contenta por mi...
-
Algún día encontraremos a alguien como Usagi lo ha hecho – musitaba Makoto con
cierta nostalgia. – Puede que esté cerca y no nos demos cuenta.
Rei
seguía recargada en el balcón mirando a la feliz luna, no tardó en ver a Venus
y la notó tan triste como su princesa. Ami estaba cruzada de brazos, viendo
cómo su madre bailaba y se divertía con ‘ese sujeto’, como ella despectivamente
le llamaba.
-
Ella también tiene derecho a ser feliz, Ami – le dijo Rei al notar de reojo su
estado – Son cosas que tienen que pasar, lo sabes.
Ami
fingió no escuchar nada. Makoto y Minako notaron aquello y sintieron cierta
pena por su amiga peliazul. Pero Rei tenía razón.
-
Iré por una bebida, enseguida regreso – dijo por fin la chica genio y se retiró
a paso rápido.
-
Mejor voy a vigilarla – suspiró Makoto – está tan enojada que puede cometer una
tontería... Quizás quiera bailar conmigo para entretenerse.
Makoto
pronto desapareció. Minako y Rei se miraron entre sí y se sonrieron
ligeramente. Pese al festivo ambiente, ninguna de las cuatro estaba de muy buen
ánimo como para disfrutarlo.
-
¿Crees que pronto encontremos a alguien, Rei? – le preguntó Minako a su amiga,
volviendo su vista al firmamento.
-
Sí... espero... – respondió con un suspiro.
-
¿Y qué me dices de Yuuichiro, eh?
Rei
puso un gesto malhumorado, Minako sonreía ampliamente. La sacerdotisa soltó
otro sonoro suspiro, pero en ningún momento miró a su compañera de batallas.
Hablar del ayudante de su abuelo no le causaba tanta incomodidad, pero no le
gustaba que siempre la estuvieran emparejando con él.
-
Se los he dicho una y mil veces – murmuraba lentamente – Entre él y yo no habrá
nada más que amistad...
-
¿Y porqué no bailas con él?
-
Por que no quiero...
Minako
le miró de forma graciosa, Rei por fin le dirigió una veloz y molesta mirada.
Sostuvieron sus ojos por largo rato, una sin abandonar su gesto alegre y la
otra sin dar descanso a su ceño fruncido. La batalla parecía fiera entre los
ojos negros y los azules, pero ninguno cedía. La senshi de Venus se perdió en
el fuego que desprendía Rei en sus pupilas y sintió sonrojarse, por lo que fue
la primera en bajar la guardia.
Rei
sonrió por esa pequeña victoria, pero le pareció extraño el sonrojo en Minako.
La
rubia no sabía qué le había pasado... los ojos de Rei por un momento la
perturbaron... Tenía que admitir que Rei lucía muy bella en ese vestido de
corte chino. La tela brillante se ajustaba a sus curvas como aguante y dejaba
entrever a la sensual joven dentro. Minako sonrió para sus adentros, eso que
estaba pensando le puso nerviosa... y todo por lo bella que lucía Rei esa
noche.
-
Supongo que Makoto tiene razón – murmuró Minako.
-
¿Uh?
-
Puede que esa persona que buscamos... esté más cerca de lo que parece...
Rei
no entendió el porqué del comentario, pero igualmente estuvo de acuerdo.
-
Mira... supongo que peor es nada – dijo Minako enseguida, tomando la mano de
Rei – ¿Quieres bailar?... Yo no pretendo quedarme toda la noche sin hacer
nada...
La
sacerdotisa miró la adorable sonrisa de Minako y pensó que no sería mala idea.
Ella tampoco quería quedarse como estatua hasta que acabara la fiesta, así
que... ¿porqué no aceptar esa invitación?... Le sonrió y estrechó la mano de
Minako con gentileza.
Al
salir del balcón, descubrieron que Ami y Makoto bailaban y parecían divertirse.
Bien, la gran Jupiter lo había logrado... calmar a una malhumorada y deprimida
Ami... lo cuál podía ser más peligroso que una enojada Rei... todas lo sabían.
Ahora sí podían pasar una buena noche. No tardaron en unirse a sus compañeras y
comenzaron a bailar y bromear entre ellas.
Pasaron
algunas horas... era de madrugada y nadie parecía querer irse. Las chicas
seguían bailando entre ellas, ya habían platicado unos momentos con los novios
y algunos invitados. Parecían bastante entretenidas en la pista de baile.
-
Muy bien, bella dama – susurraba Minako al oído de Rei, fingiendo un tono
sensual y provocativo – No he tenido mayor suerte que bailar con usted...
La
sacerdotisa hacía hasta lo imposible por no reír. Tenía a su amiga por la
cintura, mientras ésta estaba abrazada a su cuello.
-
Usted también es muy bella, señorita – contestó Rei, siguiendo el divertido
juego – Le agradezco que me haya invitado a bailar.
-
Disculpe la pregunta, ¿tiene algún compromiso?...
-
¿Acaso trata de coquetearme?
-
¿Lo estoy logrando?
Fingieron
mirarse con pasión a los ojos.
-
¿No podrían esperar a estar en privado? – les irrumpió la divertida voz de
Makoto. Ami, a su lado, reía ligeramente.
-
No es correcto que anden coqueteándose en público – decía Ami entre elegantes
carcajadas.
El
par comenzó a reír también.
-
Usted, señorita Kino, atienda a su dama o se la puedo robar – amenazó Minako
con una enorme y alegre sonrisa.
-
¡Ah!... Ahora resulta que me coquetea y después va con otra chica...
Explíquese, señorita Aino – reclamó Rei con fingido disgusto.
-
Mejor no hagas enojar a la señorita Hino, Minako – rió Ami – Puede ser
peligrosa... ja, ja, ja...
Siguieron
bailando hasta acabarse la fiesta. Mamoru y Usagi de inmediato salieron en
dirección al aeropuerto para tomar un vuelo. Iban a ir de luna de miel a China.
Los invitados regresaron a sus casas, pero las cuatro amigas caminaban por las
tranquilas calles de Juuban. Iba a amanecer dentro de unas horas, así que
podían perderse por ahí hasta que el sol saliera.
Seguían
abrazadas con su respectiva pareja.
-
¿Regresarás a tu casa, Ami? – le preguntó Makoto.
-
No... no tengo muchas ganas... estoy de muy buen humor como para discutir con
mamá... además... entiendo que tienen razón, pero aún me cuesta trabajo
aceptarlo.
-
Eso toma tiempo, Ami – intervino Rei – Pero es un buen comienzo que veas éstas
cosas con más calma...
-
Es normal que te hallas enojado, entendemos eso – le sonrió Minako – Pero nadie
decide por uno quién va a ser su pareja... tu mamá eligió a ese hombre y tu no
debes intervenir... Ahora, que si el tipo es un maniático asesino, podemos
meternos...
-
Supongo que después deberé hablar seriamente con mamá – dijo Ami con una enorme
sonrisa – Los dejaré solos un tiempo, si en verdad se quieren, lo podré ver
mejor desde lejos... Um... – miró a Makoto – ¿Puedo quedarme contigo mientras,
Makoto?... Sólo serán algunos días.
-
¡Claro, no hay problema!
Todas
parecían muy contentas con el nuevo humor de Ami. Era la misma chica tranquila
de siempre. Lo único que necesitaba era un poco de apoyo moral.
-
Si llegas a necesitar ayuda – dijo Minako – No dudes en llamarnos, ¿bien?
-
Claro... sobre todo si resulta ser el maniático asesino que dices...
Las
cuatro comenzaron a reír. Ya no se sentían en aquel abandono de hacía algunas
horas. Entre bromas y risas llegó el sol. Ami se fue con Makoto, y Rei, siendo
su día libre, fue a casa de Minako.
Y
lo primero que hicieron al llegar a casa de la rubia, fue echarse sobre el
primer sillón para dormir. Aunque sólo lo hicieron por algunas horas, pues
ninguna de las dos estaba acostumbrada a dormir tanto por la tarde. Fue el
sonido de una inesperada lluvia lo que las despertó.
Se
miraron después de desperezarse, eran un desastre. No evitaron una divertida
sonrisa y Minako fue la primera en levantarse.
-
Rei, cariño, ese vestido te va muy bien, pero supongo que ya te cansó estar en
él tanto tiempo – rió Minako, yendo a su dormitorio – Puedo prestarte algo más
cómodo.
-
Me agrada esa idea... ¿hay algún problema si tomó un baño?... Me duelen los
pies de tanto bailar...
-
Yo también quiero bañarme... dormí bien, pero mi cuerpo me duele... Usa la
regadera, si quieres, la tina se descompuso y no puedo calentar el agua.
-
No te preocupes.
Rei
ya sabía dónde estaba el baño. Entró al pequeño cuarto y se quitó esas
ajustadas ropas. Minako tenía razón, en ellas lucía muy bien, pero era muy
cansado traerlas puestas. Abrió las llaves del agua y se dio un rápido baño que
terminó de despertarla.
Pensaba,
bajo el agua de la regadera, que había pasado una maravillosa y divertida noche
con su amiga... Minako era una chica muy divertida y hermosa...
-
Hermosa... – repitió en voz baja, sintiendo que su corazón latía con más
fuerza.
No
pudo reprimir un suspiro y un sonrojo. Eso le sorprendió... ¿Acaso pensar en
Minako le provocaba eso?... No tuvo tiempo de responderse... la puerta del baño
se abrió. Minako entró como si nada a dejarle una toalla y algo de ropa que le
había escogido.
-
Olvidé decirte que no había toallas aquí – dijo la rubia tranquilamente –
También te dejo algo de ropa.
-
Gracias.
Rei
seguía sonrojada, pero aquella sorpresiva intromisión le puso nerviosa. Minako
se quedó inmóvil unos segundos antes de salir, miró a Rei de reojo y la observó
de pies a cabeza.
-
Eres una chica muy hermosa, Rei... hasta hoy me doy cuenta – dijo con un tono
normal de voz.
Y
sin saber porqué, sin saber cómo... Rei sonrió ante el comentario y supo de
inmediato qué era ese extraño latir en su corazón. Cerró las llaves del agua,
después de todo ya había acabado de bañarse. Caminó hacia Minako aún
escurriendo, notando que la mirada azul se clavaba en sus ojos.
-
Yo desde antes me di cuenta de tu belleza... – murmuró Rei al estar frente a
ella. Tomó la toalla y cubrió su cuerpo – Makoto tiene razón... la persona que
esperamos está más cerca de lo que creemos... Sabes que soy una persona
directa, Mina... y no quiero armar ninguna escena tratando de decirte esto.
-
¿Qué? – preguntó una sonriente Minako.
-
Me gustas, tonta... sólo eso... Termina de bañarte y te espero en la sala...
Tomó
la ropa y salió del baño. Minako casi lloraba de la felicidad... desde la
fiesta quería decirle a Rei lo mucho que le gustaba... y Rei se le había
adelantado... tenía que cobrarle esa, pues nadie debía adelantársele a la gran
diosa del amor.
-
¡Tú también me gustas, pedazo de gruñona! – exclamó Minako, contenta a más no
poder – ¡Y no tenías porqué decirme tonta!
-
¡No me molestes!
-
¡Ya me las pagarás cuando salga!
Se
bañó y vistió la más rápido que pudo. Al ir a la sala, Rei ya había preparado
algo de té. Al mirarse se sonrieron. Minako se sentó junto a la sacerdotisa,
sin abandonar en ningún momento aquella mirada ardiente.
-
Por eso te dije que Yuuichiro y yo sólo seremos amigos...
-
Lo sé...
Rei
no resistió mucho antes de tomar las manos de Minako, pero fue la rubia la que
le plantó un veloz beso en los labios a la sacerdotisa.
-
Yo... quería hacer eso primero... – murmuró Rei con enojo.
-
Lo siento, preciosa... aquí yo soy la diosa Venus... y yo debía hacerlo
primero... y también debía decirte primero lo mucho que me gustas...
-
Te gané esa... estamos a mano... mi hermosa diosa Venus...
Minako
sonrió ante la solemne y ardiente mirada de Rei. Desde hacía mucho estaba
enamorada de ella... y por fin le correspondía... Se inclinó hacia delante y tocó
los labios de Rei con los suyos. Cerraron los ojos. Rei respondió el beso con
una pasión que Minako no esperaba...
Después
de todo, Makoto tuvo razón... la persona que uno espera puede estar más cerca
de lo que uno imagina...
*****
***** ***** ***** *****