Parte 3
Sábado en la mañana, las siete en punto. La alarma del reloj no dejaba de sonar. Sin muchas ganas de levantarse tan temprano, pateó las cobijas, que la tentaban con su somnífera calidez, y se arrastró de la cama al baño, esperando que un baño de agua tibia terminara de despertarla.
"Diablos, debe estar helada" pensó con enojo, al recordar que el torpe de Yuuichiro nunca calentaba el agua del baño temprano. Tendría que despertarlo o, si estaba holgazaneando como siempre, calentar el agua ella misma. Entonces, abrió bien los ojos y vio que la tina despedía una nube de vapor. Se acercó y metió la mano al agua, descubriendo que estaba a una agradable temperatura. "¿Fue Yuuichiro?" se preguntó en voz baja y se asomó por la ventana, descubriendo que la persona que calentaba el agua era Ami. "¿Ami-san?"
La aludida levantó la cabeza y sonrió. "Buenos días, Rei-san" respondió, poniéndose de pie y acercando su rostro a la ventana "¿está bien la temperatura del agua?"
Rei, aún asombrada, tartamudeó antes de contestar. "Er... um... sí, Ami-san, así está bien, gracias". Se frotó los ojos para despertar bien, asegurándose de que no fuera un sueño. "¿Qué haces despierta a ésta hora?" le preguntó enseguida "deberías estar descansando"
Ami se sonrojó un poco y bajó la mirada. "Yo... bueno... es que estoy acostumbrada a levantarme temprano. Y quise ayudar con los quehaceres... Hino-san me comentó que a usted le gusta bañarse a buena hora y..." se sonrojó más, mientras su tono se tornaba apenado "... que también regañaba mucho a Yuuichiro-san por que nunca tenía el agua lista y... sólo quería... ayudarlo"
Rei le sonrió para tranquilizarla. "Está bien, no te preocupes" le dijo "muchas gracias". Ami alzó la mirada y vio la sonrisa de Rei, regresándosela a los pocos segundos. "No tardaré mucho... mientras, ¿me ayudas a barrer el patio? Las escobas están en un cobertizo a tu izquierda"
"Hai" respondió Ami con un gesto alegre, retirándose de inmediato.
Rei la vio alejarse y se dispuso a atender su aseo personal. Pensaba cómo una joven de esa edad podía ser tan responsable y acomedida. "Catorce años" murmuró Rei "es como si tuviera dieciocho". Lo cierto, es que esa timidez suya era un tanto... extrema... pensó que, quizá, ella no tenía muchos amigos en Alemania. "Puede que no tenga ningún amigo" razonó con tristeza "su comportamiento así lo indica". Se prometió así misma ser amiga de esa joven, que le causaba una extraña sensación de tranquilidad al estar a su lado, le resultaba bastante familiar, como si ya la hubiera visto en algún otro lado.
Terminó de bañarse y, al salir, descubrió con sorpresa que Ami ya llevaba más de la mitad del patio. "Discúlpame, Ami-san, creo que me tardé mucho" dijo, apenada.
"Uh... no, no se preocupe, Rei-san" respondió Ami, mostrándole por primera vez su gesto afable y tranquilo. Rei le sonrió.
"¿Ahora sí me dejarás ayudarte a desempacar?" le preguntó, comenzando a barrer. Vio a Ami sonrojarse de nuevo y sospechó algo. "No me digas que ya acabaste" murmuró con extraño tono. No respondió. Confirmó su sospecha "¿Pues a qué hora te despertaste?" le preguntó enseguida, adivinando que ya había acabado.
"A las seis..." respondió en voz baja, bajando su rostro ruborizado.
"Oh..."
Se quedaron calladas unos segundos. Ésta vez, Ami abrió la boca primero. "No eran muchas cosas" explicó "no tengo tanta ropa, sólo era de acomodar los libros y conectar la computadora" agregó.
"Ami-san, ¿te gustaría que te enseñara la ciudad?" le propuso Rei, cambiando el tema por completo "¿Irás a la misma escuela que yo, no? Puedo mostrarte el camino y algunos otros lugares. ¿Qué dices? Voy a presentarte a mis amigas, estoy segura de que te agradarán"
"Si, gracias" contestó, después de pensarlo unos segundos. "Me encantaría". Sonrió de una forma bastante peculiar, casi alegre. Rei también le sonrió.
**** **** **** **** ****
Usagui, Makoto y Minako esperaban a Rei en la cafetería Crown. La sacerdotisa les había confirmado por teléfono esa mañana que, efectivamente, alguien se había mudado al templo y que quería presentarles a su nuevo huésped. Pero, como Rei no específico quién era la persona, Makoto y Minako ya daban por hecho que se trataba de un chico guapo. Usagui estaba más entretenida comiéndose ese enorme helado de chocolate que Makoto le comprara minutos antes, que en saber la identidad del susodicho huésped.
"¿Porqué dejan que Usagui se atragante así?" preguntó una profunda voz con tono de broma. Todas voltearon, era Rei... acompañada de una jovencita.
"Rei-chan, eres mala" lloriqueó Usagui, con su boca y sus mejillas llenas de chocolate. Entonces vio a la joven que la acompañaba. "Hola, soy Usagui, ¿eres tú quién se ha mudado al templo?" preguntó enseguida con una enorme sonrisa.
"Soy Ami Mizuno, mucho gusto" respondió Ami de una forma muy educada.
"Deja te las presento bien" dijo Rei "Ella es Makoto Kino" comenzó, señalando a la alta chica, para después seguir con la rubia que estaba a su lado "ella es Minako Aino y esa glotona es Usagui Tsukino"
"Es un placer conocerlas" dijo Ami, tomando asiento al lado de Rei, que, a su vez, se sentó junto a Usagui. Se sentía algo nerviosa, pero no podía negar que las amigas de Rei eran agradables y simpáticas. No tardó en reírse un poco por las bromas de Minako o del rostro de enamorada que ponía Makoto cada que veía a un chico guapo, o de la constante y graciosa forma de pelear de Usagui y Rei.
"Ami-chan, ¿cuánto tiempo vas a quedarte con éste pajarraco de mal agüero?" le preguntó Usagui después de un rato de estar bromeando con Minako. Obviamente, al decir ‘pajarraco de mal agüero’ se refería a Rei.
"¡No seas igualada con Ami-san, Odango Atama!" le reclamó Rei, bastante ofendida por la forma en que Usagui la llamó, pero la conejita se fingió sorda, a pesar de que Rei la llamó por ese apodo que era exclusivo de su ‘Mamo-chan’.
Ami se mostró un poco nerviosa por la discusión de Rei y Usagui y su iniciada guerra de lenguas, pero Makoto se le acercó un poco y le susurró "Ellas siempre se comportan así, no te preocupes. Será mejor que te vayas acostumbrando". Enseguida, Minako le miró y afirmó con un gesto.
Sonrió, ya menos nerviosa. "Me quedaré hasta que mi madre termine una investigación" explicó Ami, deteniendo, sin querer, la pelea del par. "Más o menos un año" agregó.
Usagui pareció satisfecha con la respuesta. "¿Y extrañas a tu mamá?" volvió a preguntarle, sin saber que, con esa pregunta, destrozó la poca firmeza que le quedaba a Ami.
"Yo... uh..." alcanzó a tartamudear, sintiendo que las lágrimas que se había negado a derramar desde hacía mucho tiempo querían escapar. Recordar que estaba lejos de su madre era demasiado doloroso. Bajó el rostro y no supo qué hacer.
"¡Rayos!" exclamó Rei en ese momento, al mismo tiempo que golpeaba la mesa, desviando la atención de sus amigas por unos instantes y obligando a Ami a levantar la cabeza. "¡Olvidé darle unas instrucciones a ese inútil de Yuuichiro!". Se puso de pie y tomó la mano de Ami "¡Ven, acompáñame a llamar por teléfono!" Literalmente la jaló y salió corriendo.
El resto les miró con sorpresa, sin comprender nada.
Se detuvo en la esquina mientras jadeaba profundamente. Ami, que sólo fue conducida, no estaba agitada, pero sí extrañada. "Rei-san..."
"¿Estás bien?" le preguntó Rei de repente. Ami pareció confundida. "Disculpa a esa tonta de Odango, no lo hizo a propósito. Es algo despistada" continuó Rei, dándole a entender que se había percatado de su reacción ante la pregunta que le hiciera Usagui. "Sé que debes extrañarla mucho..."
"Gracias..." respondió Ami, un poco apenada y bastante agradecida con Rei por sacarla de ahí. La sacerdotisa le miró, por de más sonriente.
"Bien, regresemos... y si esa tonta vuelve a hacerlo, me encargaré de ella" dijo de forma graciosa, haciéndola sonreír. Ya de vuelta en la cafetería, la plática continuó sin más inconvenientes.
Eran las siete de la noche cuando todas decidieron regresar a sus casas. Makoto y Minako acompañaron a Usagui hasta su casa y Rei y Ami fueron directo al templo.
"Es una chica muy agradable, ¿no creen?" preguntó Usagui, antes de entrar a su casa. Sus amigas asintieron.
"Hai... pero es un poco tímida" comentó Makoto.
"¿Un poco?" intervino Minako "Esa niña necesita salir más... ¡Y yo, Minako Aino, prometo hacerla una joven alegre!" finalizó, con una pose triunfal.
"¡Tú no harás nada, querida Minako!" exclamó Makoto, sujetándola por el cuello con su poderoso brazo. "Nos vamos, Usagui-chan, hasta mañana"
"Hasta mañana" alcanzó a decir Minako, semi – asfixiada por el abrazo de Makoto.
"Adiós" rió, bastante divertida, al ver los inútiles esfuerzos de Minako por tratar de liberarse. Entró a su casa y, enseguida, se pegó al teléfono para platicarle las noticias a Mamoru.
En tanto, en el templo, Ami no quiso cenar y se retiró a su dormitorio. Rei la notó algo triste, pero no sabía exactamente por qué. Terminó de cenar y también fue a su cuarto a descansar. No tardó en conciliar el sueño, pero, un par de horas más tarde, unos extraños sonidos la despertaron. Se incorporó y aguzó su oído, tratando de reconocer aquellos sonidos...
... eran sollozos, que provenían del cuarto de... Ami...
"Kami" murmuró, asustada. Se levantó de la cama y fue al cuarto de al lado, comprobando su sospecha. La puerta estaba entreabierta, asomó medio ojo y la vio.
Estaba sentada en su cama, abrazando sus piernas y escondiendo su rostro entre sus rodillas. El cuarto estaba totalmente oscuro, pero la poca luz que entraba por la ventana le permitió reconocer su silueta en esa posición.
"Ami..." susurró para sí, sintiendo una enorme congoja en su pecho. Abrió la puerta con sumo cuidado, ella no pareció percatarse de la intromisión. Se acercó a la cama y, con su mano, acarició la cabeza de la chica, asustándola.
"¡Rei-san!" exclamó, sorprendida, pues la reconoció de inmediato aún entre las penumbras del cuarto. Se secó las lágrimas mientras Rei prendía la lámpara de la mesa de noche, alumbrando tenuemente su alrededor. "Rei-san... por favor, discúlpeme si la desperté" dijo Ami con su voz quebrada, tratando de ocultar su rostro lloroso.
Rei sonrió con tristeza. Sujetó a Ami por las mejillas y la obligó a mirarla. "No te preocupes, Ami-chan, está bien" susurró dulcemente, acariciando su rostro. "La extrañas demasiado, ¿verdad?" le preguntó, notando que sus ojos de nuevo soltaban gruesas lágrimas.
Ami únicamente atinó a abrazarse con fuerza del torso de Rei, dando rienda suelta a su llanto. "No quise ser un estorbo para su sueño" decía entre lágrimas "pero me hace mucha falta... la extraño"
"Te comprendo" respondió, abrazando la espalda de la joven "pero ya no tienes nada de qué preocuparte, mientras estés aquí, yo te cuidaré, ¿entiendes, Ami-chan?"
Ami asintió con la cabeza y dejó que todo eso que había reprimido por semanas saliera con sus lágrimas. "Arigato, Rei-chan" murmuró, dejando que ese extraño y confortable calor que emanaba de Rei la llenara.
***** ***** ***** ***** *****
No pasarás como la otras que mi espera visitaron, se detuvieron un instante y siguieron su camino, dejando sólo como huella memorias de dolor al usar mi corazón como punto de partida, sin pensar en que mi amor corre largo y sin mentiras... (Sí, también la estoy cantando... por favor, si quieren conservar su sistema auditivo sano, no me escuchen)
Éste precioso párrafo pertenece a la canción "Vino añejo" del maestro Rubén Blades, deben de conocerlo, su canción más famosa es "Pedro Navaja". En verdad les recomiendo esa canción, es preciosa.
O.K... ya me salí de tema... gomen, no lo vuelvo a hacer... ¿qué les pareció el capítulo? ¿bueno, malo, espantoso, horroroso...?