Parte 2
Por varios días, Rei había notado muy apurado a su abuelo y a Yuuichiro, andaban de un lado para otro y arreglaban un cuarto contiguo del suyo que anteriormente usaban como bodega. No se había acercado a ver el cuarto y mucho menos preguntado el porqué de su apuro, estaba muy entretenida con sus amigas, que hacía poco que disfrutaban de una merecida temporada de paz y tranquilidad, sin enemigos y sin más preocupaciones que... ¡pasar a segundo de preparatoria!...
Si entraron a preparatoria fue por un milagro de los dioses, pues todas tenían calificaciones espantosas y estaban amenazadas por sus profesores de repetir año. Los exámenes se acercaban en unas semanas y no tenían ni la más mínima idea de cómo comenzar a estudiar... para el examen de admisión a la preparatoria (examen que Rei no tuvo que sufrir, pero sí las sesiones de repaso) tuvieron la ayuda de Michiru, pero ésta vez, ni ella ni Setsuna estaban ahí para auxiliarlas con las sesiones de estudio.
Cierta tarde de un día de esos, ella y sus amigas se reunieron en el templo para ‘estudiar’... claro, como si Usagui y Rei peleando y Minako y Makoto babeando por los modelos de las revistas fuera una sesión de estudio decente... Cuando vieron que Yuuichiro y el abuelo de Rei salían a toda prisa y subían al auto del primero.
"¿Adónde van?" preguntó Usagui con curiosidad.
"No lo sé, han estado como hormigas estos días" contestó Rei "se la han pasado arreglando el cuarto que está al lado de mi dormitorio" explicó con extrañeza.
"¿Para qué?" preguntaron Minako y Makoto al unísono. "¿Qué no era una bodega de cosas inútiles?" continuó Makoto. Rei asintió.
"¿Y porqué no vamos a ver?" propuso Mina, igual de curiosa que Usagui. Todas aceptaron y, de la sala, fueron al dichoso y pequeño cuarto que, para sorpresa de todas, se había transformado en un bonito dormitorio. Tenía una cama individual, un escritorio con... ¡¿una computadora?!... decenas de libros embolsados, algunas cajas con quién sabe qué tantas cosas adentro, un librero aun vacío y un par de muebles de más.
"¿Qué es todo esto?" se preguntó Rei con sorpresa.
"El remitente de todos estos paquetes es una tal Yukari Mizuno" dijo Makoto, leyendo la etiqueta de una de las cajas. "¿La conoces, Rei?"
La aludida negó con la cabeza, mientras observaba la gran cantidad de libros que estaban ahí. Pudo distinguir el titulo de uno de ellos a través de la bolsa de hule y ¡no le entendió nada!... ¡estaba en otro idioma! "Sigo sin saber qué pasa aquí" murmuró Rei.
"Es como si alguien fuera a mudarse" comentó Usagui, analizando la computadora cual si se tratase de un objeto extraño. De pronto sintió que todas sus amigas le miraban fijamente, volteó a verlas y descubrió que todas le miraban con la boca abierta y un gesto incrédulo. "¿Qué?" preguntó, confundida.
"¡Ahhhh... tiene razón!" gritó Rei, aterrada. "¡Ahora sí se va a acabar el mundo!... ¡Ha dicho algo razonable!" De inmediato, se hincó y comenzó a rezar. Makoto y Minako se abrazaron entre sí, mirando a su princesa con los ojos muy abiertos.
"Qué malas son" balbuceó Usagui entre pucheros "¡¡¡¡¡BUUAAAAAA!!!!!"
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En tanto, en el aeropuerto, el abuelo y Yuuichiro esperaban a su nueva inquilina: la hija de una amistad del abuelo. Una jovencita de sólo catorce años a la que el abuelo conoció antes de partiera a Alemania con su madre, cuando sólo contaba con cinco años.
"¿Cómo es ella, maestro?" preguntó Yuuichiro, mirando atentamente a la gente que venía por la puerta de llegadas.
"La reconocerás de inmediato" dijo el viejo con tranquilidad "tiene cabello corto y azul, seguramente traerá puestos unos lentes" explicó, observando, también, a la gente que acababa de llegar. Esa fue la descripción que Yukari le diera por teléfono días antes, realmente no era tan diferente de cuando era pequeña.
Entonces la reconocieron, su pequeña cabeza apenas asomándose entre el gentío. Traía puesta ropa clara, tenis, lentes, una pequeña mochila y un gesto de terror en su rostro. Comenzaron a hacerle señas con los brazos y ella no tardó en verlos, reconociendo la ropa sacerdotal que llevaba el viejo y que su madre le había descrito con lujo de detalles.
Con algunos tropezones y choques con el resto de los pasajeros, logró llegar con ellos. Al principio no supo qué hacer, pero recordó todo lo que su madre le había enseñado sobre cortesías y saludos de su país natal, y lo primero que hizo fue inclinarse educadamente ante ellos. Yuuichiro y el abuelo correspondieron el saludo.
"Bu-buenas tardes, Hino-san" dijo en voz baja, bastante nerviosa. "Es un honor conocerlo"
El sacerdote acarició su cabeza y le sonrió cálidamente, lo que por fin pareció tranquilizarla. Ami también sonrió y suspiró con fuerza, sintiendo que sus nervios se apaciguaban ante la paternal sonrisa.
"Ami, ya me conocías, es sólo que no te acuerdas, eras muy pequeña cuando te fuiste" dijo el viejo con gentileza.
"Perdón" susurró, sonrojada.
"No te preocupes, es normal" rió alegremente "Éste muchacho es Yuuichiro, mi discípulo" continuó, señalando al alto joven a su lado.
"Mucho gusto, Ami-san" dijo con suma amabilidad, inclinándose.
"Igualmente" respondió Ami, dejando que Yuuichiro cargara su mochila.
"Bueno, hora de irnos, es un poco tarde" exclamó el sacerdote, encaminándose a la salida. De pronto, escuchó unos ruidos extraños provenientes del estómago de Ami. Miró a la chica, que estaba demasiado sonrojada, mientras se sujetaba discretamente el estómago con una mano. "¿No comiste, Ami?"
Ami negó con la cabeza. "No me gusta la comida del avión" respondió enseguida, apenada.
"No hay problema, pasaremos a algún lugar en el camino para que comas, no te preocupes"
Subieron al auto de Yuuichiro y, tal como lo prometieron, se detuvieron en un restaurante de okomiyaki.
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En tanto, en el templo, Rei acababa de despedir a sus amigas, pues ya casi anochecía. A final de cuentas no estudiaron nada (es más, Usagui olvidó sus libros de texto) y sólo perdieron el tiempo el resto de la tarde. Entonces, vio que el auto llegaba. Salió Yuuichiro, su abuelo y... ¿una chica?
Salió a recibir al trío, poniendo especial atención a la joven de gafas.
"Ami" dijo el abuelo, señalándole a Rei. "Ella es mi nieta Rei"
De inmediato, Ami se inclinó educadamente ante ella. "Mucho gusto en conocerla, Rei-san" le saludó con su voz baja, casi susurrante. Rei correspondió el saludo, un tanto sorprendida de tener una invitada.
"Rei, Ami se quedará con nosotros una temporada" explicó el abuelo en cuanto entraron a la casa. Ahí, les dijo a ella y a Yuuichiro los motivos del hospedaje de Ami, mientras ésta bebía su té en silencio; tratando de contener las lágrimas al oír hablar de su madre, a quien extrañaba demasiado.
Cenaron algo ligero y después se retiraron a sus dormitorios.
"Hey, Ami-san, ¿quieres que te ayude a desempacar?" le preguntó Rei antes de entrar a su habitación. La joven le sonrió, tímida, y negó con la cabeza.
"Acomodaré todo mañana" explicó con su suave voz. Se sujetó la sien y agregó "El viaje fue muy largo y estoy algo cansada"
"OK, pero si necesitas ayuda, dime, ¿de acuerdo?" dijo Rei, mirándole con pena. Ami afirmó con un gesto y se dispuso a entrar a su habitación, pero a Rei se le ocurrió algo que tal vez podría ayudar a su nueva invitada. "Ami-san" volvió a llamarle.
"¿Hai?"
"¿Quieres bañarte antes de ir a dormir?" le propuso, sonriente "estoy segura de que te ayudará a descansar mejor, ¿no crees?"
Ami suspiró y le regresó la sonrisa. La idea le agradó bastante, un buen baño le quitaría el malestar de su cuerpo y ese extraño aroma de avión.
"Gracias, Rei-san"
"No agradezcas nada, sirve que platicamos un poco y nos conocemos mejor" dijo Rei. "Ven, la entrada al baño está aquí, en mi cuarto"
Ami se dio un relajante baño. No platicó mucho con Rei, pero lo poco que hablaron bastó para que la sacerdotisa descubriera un poco de la tímida y cerrada personalidad de la nueva habitante del templo; incluso descubrió un ligero acento nórdico en su tono voz, quizá por que también dominaba el alemán, además de su idioma natal.
"Hasta mañana, Rei-san; prometo levantarme temprano para ayudarla con los quehaceres" dijo, antes de entrar a su cuarto.
"Olvida eso, mañana descansa y acomoda tus cosas, después nos pondremos de acuerdo para repartirnos los quehaceres" respondió con una suave risa. "Por favor, siéntete como en tu casa y recuerda que, cualquier duda, puedes preguntarme"
Ami asintió con la cabeza y le sonrió de forma dulce. Rei era una persona muy agradable. "Gracias"
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¡Qué bueno que no pueden oír como ladro Moonlight destiny mientras termino éste capítulo!... Ya se acabó y ahora estoy escuchando Automatic de Hikaru Utada, ¿la han oído? Me gusta como canta... y, hablando de gustos, espero que les haya gustado ésta parte dos del fic.