Parte 14

 

 

 

 

Amanecer del sábado... Ami y Rei se levantaron muy temprano para despedir al abuelo y a los ayudantes, tenían que empezar con los quehaceres para poder atender el templo. No tenían deberes de la escuela, así que podían encargarse bien del lugar.

 

Por otro lado, no estaban del todo concentradas... Rei esperaba que el Azulado no apareciera en ese fin de semana... y Ami esperaba que Diana no le pidiera alguna misión, pues Rei iba a sospechar de su ausencia. Por otro lado, Ami deseaba saber de propia mano su nuevo nivel de poder. No estaba muy segura de qué había hecho Diana para incrementar sus poderes, pero, al reaccionar después de quedarse inmóvil, se sintió un poco más... poderosa... No sabía explicarlo, pero era una sensación extraña y a la vez muy familiar...

 

Le parecía muy curioso a Ami que Rei, siendo una sacerdotisa con poderes psíquicos natos, no hubiese notado ninguna energía rara en ella.

 

“Rei-chan... debemos... apurarnos con...” las palabras de Ami se vieron cortadas por un hambriento beso que, sencillamente, no logró rechazar. Aquel beso duró poco, pero fue suficiente para hacer enrojecer a Ami. “Rei-chan... yo...”

 

“Sólo es un pequeño descanso” musitó Rei con lo que pareció un ronroneo, mirando a Ami de manera intensa y a la vez cariñosa. Parecía penetrar hasta en los mismos pensamientos de la chica genio con aquella mirada. “Sólo falta limpiar los pasillos...” agregó, besando el cuello de su novia con cierta ligereza, “además, los clientes vienen hasta después de mediodía, lo sabes” rió, alejándose, por fin.

 

Ami sólo atinó a sonreír de manera nerviosa. Su cara tenía un precioso y lindo rubor que Rei no lograba dejar de contemplar. Para la peliazul, la mirada de Rei era lo más parecido que encontraba a la fiereza y la pasión... esos ojos en verdad tenían fuego... Y Ami se sentía derretir cada que Rei le dirigía miradas como esa...

 

“Pero... tienes razón... lo mejor será apurarnos y... “dijo Rei de manera graciosa, “tal vez tengamos un poco de tiempo para...” le guiñó un ojo, “divertirnos.”

 

Enseguida se dirigió al altar, pues pareció escuchar voces de personas que se acercaban. Ami permaneció de pie algunos instantes más. Pronto recuperó el sentido y sacudió su cabeza, mientras sonreía de forma amplia. Soltó un suspiro con aires enamorados y recogió un balde y unos trapos para limpiar los pasillos. Era un trabajo duro, pero no le importaba con tal de estar bien con Rei, además, lo consideraba un buen ejercicio.

 

Mientras limpiaba el pasillo principal, Diana apareció frente a ella.

 

“Buenas tardes, Ami-san” saludó amablemente la gatita.

 

“Buenas tardes, Diana...” contestó, algo extrañada y apurada a la vez. “¿Sucede algo malo?” preguntó enseguida, expectante de lo que la minina fuera a pedirle.

 

“Nada de eso...” negó con la cabeza de forma graciosa, “sólo quería decirle que, dentro de poco, podrá conocer al resto de las senshi” explicó con una enorme sonrisa. “Por fin ha alcanzado el nivel de sus compañeras y puede unírseles.”

 

Ami sintió alivio de escuchar eso. Por fin podría conocer a sus compañeras de batalla... pero... si iba a pasar bastante tiempo con ellas, no tendría tanta disponibilidad para Rei... No quería que eso pasara...

 

“No se preocupe por nada, Ami-san” dijo Diana enseguida, como leyendo sus pensamientos, “todo saldrá bien, lo puedo jurar.”

 

Ami logró esbozar una sonrisa y se tranquilizó un poco. Diana tenía demasiada confianza en sus palabras, tal vez, como ella dijo, no pasaría nada malo. Tenía que tener fe en lo que ella le decía, no tenía más opción. Finalmente esbozó una sonrisa, cosa que pareció alegrar a Diana.

 

“Será mejor que me vaya” dijo la gatita, “prometo que no habrá acción el día de hoy” agregó con un gesto gracioso. “Podrá concentrarse en los deberes del templo.”

 

“Gracias, Diana” dijo Ami con inmenso alivio.

 

Por otro lado, justo después de que Rei terminara un rezo especial para un grupo de chicas, Minako llegaba corriendo al templo... parecía tener mucha prisa.

 

“¿Qué pasa, Minako-chan?” preguntó enseguida, mientras la rubia recuperaba aire.

 

“Haruka-san y Michiru-san por fin tienen noticias de Setsuna-san” explicó entre algunos jadeos de cansancio. “Me las acabo de encontrar y me pidieron que se los dijera.”

 

“Vaya... espero que ella pueda explicarnos quién diablos es ese Azulado” musitó Rei más para sí misma que para Minako. “¿Qué mas te dijeron?”

 

“Nos encontraremos con ella hoy mañana en la noche... a la medianoche...” continuó la rubia, ya más recuperada. “A esa hora va a llegar, será en casa de Haruka-san... debemos estar todas ahí... Un poco raro, ¿no lo crees?”

 

“Sí... muy raro...” contestó Rei con cierta confusión, “generalmente hacemos las juntas aquí.” La sacerdotisa tomó asiento sobre una piedra, mientras la rubia se encogía de hombros en señal de rareza. “Bueno, lo mejor será ir...”

 

“No tenemos otra opción...” finalizó Minako con un suspiro y, de reojo, vio a Ami limpiando los pasillos. Sonrió... ella era una chica muy agradable pese a la desconfianza que Haruka y Michiru sintieron por ella en un principio. “Ami-chan es muy trabajadora...” comentó la rubia en voz media alta, de manera que solo Rei lograra escucharla.

 

“Sí... lo es...” Rei se sonrojó al fijar su mirada en la chica... y Minako notó aquel gesto en su amiga la sacerdotisa.

 

“Bueno... tienes que contarme sobre esto, Rei-chan... no es justo que le ocultes un romance a la Gran Diosa del Amor” musitó Minako con tono travieso... ella conocía esos gestos de enamoramiento... y Rei estaba enamorada de esa chica. “Ahora me explico porqué pasas tanto tiempo a su lado...”

 

“¿No te importa que ella y yo seamos...?” murmuró Rei con un rubor más fuerte y un tono de voz que denotaba nerviosismo.

 

“No... al contrario...” sonrió juguetonamente, “se me hace algo muy romántico... Ami-chan es muy tierna y linda...” agregó, guiñándole el ojo derecho. “No pudiste encontrar a nadie mejor...”

 

Rei volvió su mirada a Ami, quien terminaba de limpiar los pasillos y se secaba el sudor de su frente con su antebrazo... Lucía feliz... Y eso la hacía ver MUY linda. Se sonrojó más y sonrió ampliamente. Su rubia amiga había reaccionado bien ante la noticia, era natural que ella se diese cuenta primero.

 

“¿Crees que nos disculpe a las chicas y a mí por habernos apartado un poco de ella?” preguntó Minako con un apenado tono. “Desconfiamos de ella y tal vez la ofendimos de alguna manera...”

 

“No te preocupes... Ami-chan es de buen corazón... ustedes le agradan mucho...” explicó Rei con voz baja y confidente. “Quiere ser su amiga...”

 

“Bien, supongo que nunca es tarde para volver a empezar... así que...” se encaminó a donde Ami se encontraba. “Ya sabes cómo dice ese dicho... Has el bien sin mirarle el colmillo... Ja” dijo con una pose de importancia que sólo provocó un mal gesto en Rei.

 

“Ese dicho ni siquiera tiene relación...” murmuró con mala cara.

 

Pero la rubia sencillamente comenzó una agradable charla con Ami... y la peliazul se puso muy feliz de poder platicar bien con una de las amigas de su querida Rei.

 

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Era medianoche. Todo estaba dispuesto para el esperado encuentro entre Setsuna y las chicas. Las senshi estaban ansiosas de saber por fin de qué se trataba ese asunto del Azulado y el porqué tanto misterio con su existencia.

 

Rei agradeció que Ami no tomara a mal en que esa noche durmieran en sus respectivos dormitorios. No quería que ella de pronto despertara y se asustara de no verle a su lado.

 

“No tarda en llegar...” musitó Haruka, chequeando su reloj por centésima vez en ese rato. “Pero juro que si nos deja plantadas de nuevo, iré yo misma a sacarla de esa Puerta del Tiempo aunque sea por la fuerza.”

 

“Relájate, Haruka...” rió Michiru ante la impaciencia de su compañera.

 

Las Inner atinaron a reír ante la escena.

 

“Tengo mucho sueño...” se quejó Usagi enseguida, “no tenía porqué citarnos Setsuna-san a ésta hora...”

 

“Deja de quejarte, Odango Atama” le regañó Rei con aparente enfado. “Tú siempre tienes sueño... así que deja de quejarte, que sólo nos molestas...”

 

“¡Eres muy mala, Rei-chan!” lloriqueó la futura reina de manera graciosa, ante el desinterés de Rei y una sonrisilla nerviosa del resto de las chicas.

 

“Parece que se divierten mucho...” dijo una madura y femenina voz desde las sombras, “me alegra haberlas encontrado tan entretenidas...”

 

Todas dirigieron sus miradas a las sombras y de ahí salió una de las personas encapuchadas, con quienes Diana estaba en constante contacto... Aquella persona descubrió su identidad: era Setsuna... Por fin...

 

“¡Setsuna-san, qué alegría que estés bien!” exclamó Usagi con contento.

 

“También me alegra verlas a ustedes” sonrió. “¿Y a ti, Hotaru-chan?”preguntó a las sombras de donde había salido.

 

“También... por fin puedo verlas después de mucho tiempo...” rió una dulce e infantil voz. La segunda persona encapuchada apareció y descubrió su rostro.

 

“¡Hotaru-chan!” exclamaron las chicas con sorpresa.

 

“Pronto sabrás qué pasa en realidad y...” sonrió, “conocerán a su ‘amigo Azulado’...” dijo Setsuna con un tono de misterio y un gesto raro.

 

Escuchar aquello fue sorpresivo para el resto de las senshi, que sólo atinaron a mirarse entre sí con confusión.

 

“Sólo esperemos a que llegue...” musitó Hotaru, “todas deben transformarse, chicas... debemos estar presentables para ella.”

 

“¿Ella?” preguntó Makoto. “¿Quién?”

 

“Sailor Mercury” contestó Setsuna mirando el cielo.

 

 

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O_O ya me había tardado... gomen... ^^;;; pero espero que éste capítulo haya compensado la espera.

XD (Escuchando música de Saint Seiya –Caballeros del Zodíaco– de la Saga de Poseidón)

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