Se quedaron
abrazadas después de besarse y acariciarse largo rato. Ahora estaban en la
cama. No habían dicho demasiado en todo ese rato, mas que un par ‘te amo’ que
representaba todo lo que sentían. El abuelo y los demás ayudantes estaban ocupados
haciendo los quehaceres, así que podían estar seguras de que nadie
interrumpiría su momento privado.
Rei
jugueteaba con los rebeldes mechones de cabello de Ami, eran muy suaves y
despedían un delicioso aroma a shampoo. Ami tenía la piel del cuello de Rei
pegada a su mejilla, era tersa y cálida y de vez en cuando le daba ligeros
besos en el cuello.
“Ami-chan...”
murmuró Rei en voz muy baja, apenas con el suficiente volumen como para que Ami
la escuchara.
“¿Uh?” musitó
Ami, bastante cómoda donde estaba, en verdad que le era increíble ese calor que
su novia despedía. Era demasiado agradable como para creerlo. “¿Qué pasa?”
“Sólo...
yo... bueno...” balbuceó, adivinándose en su tono un dejo de pena, quizá
nerviosismo, pero la peliazul mantuvo silencio para no ponerla más nerviosa de
lo que seguramente ya estaba. “Tú... desde hace tiempo me gustabas... pero...
estaba confundida...” explicó.
“Créeme que
yo sentí lo mismo que tú... aún lo siento...” contestó Ami en baja voz. Estaba
demasiado feliz como para pensar en cualquier otra cosa. “Sólo que la confusión
ya desapareció...”
Pasaron algunos minutos más en silencio, disfrutando la quietud del cuarto y el sonido del viento jugar entre los árboles. No había nada más qué decir, se amaban, se tenían una a la otra y nada más les preocupaba en ese momento. ¿O sí?
Ambas se
sentían culpables por tener que ocultar su identidad de guerreras. Era
frustración la que sentían por no poder hablar. Curioso... pero no debían decir
nada. Rei no quería poner en peligro a Ami, y Ami, por su parte, pensaba eso
mismo, y que Rei se molestara por ocultarle aquello.
A la
sacerdotisa le preocupaba mucho que aquella figura en azul fuera su nuevo
enemigo, tenía un gran poder sobre el agua. Ahora estaba segura de que esa
persona de azul y la de sus sueños era la misma. Pero no sabía qué hacer. Sólo
quedaba esperar a una aparición de esa figura. Por otro lado, no sabía si
contarle a sus amigas sobre su novia Ami. Ya no había ninguna sospecha sobre
ella, pero no estaba segura de cómo lo tomarían. Prefirió mantenerlo en
secreto, al menos por el momento.
La chica
genio estaba asustada por tener que pelear contra sus compañeras senshi. No
quería hacerlo, pero no le quedaba más opción que seguir las instrucciones de
Diana... Un momento... ¿Tenía que decirle a Diana sobre su nueva relación con
Rei?... ¿Sería algún problema?... Tendría un gran peso encima de estar
guardándole el secreto a la gatita. Pensó en consultárselo, ya vería qué hacer
después, dependiendo de lo que Diana le dijera al respecto.
Y ambas
pensaron que sería mejor disfrutar ese momento y después ocuparse de sus
problemas reales. Todavía tenían esa noche, y todo el domingo para pasarla
bien... si es que no aparecía aquel adversario que cada una esperaba.
“Rei-chan...”
le llamó Ami, dándose cuenta de algo. Se incorporó un poco, de manera que
pudiera verla a los ojos. “¿Se lo dirás a tus amigas?” preguntó enseguida,
curiosa. Como las veía seguido en el templo, le tenía un poco preocupada sus
reacciones.
“Aún no... ya
veremos después...” contestó con un murmuro, acariciando la mejilla de Ami.
“Por ellas no te preocupes, yo me encargo...”
“De acuerdo.”
La peliazul
soltó un suspiro, antes de depositar un dulce beso en los labios de Rei.
“Vayamos a
hacer la cena...” dijo Rei con una sonrisa. “Ya casi es hora y nos toca
prepararla... recuerda que por eso fuimos de compras.”
“¡Claro,
vamos!” exclamó una animada Ami.
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Pasaron
cuatro días desde entonces... La figura en azul aún no aparecía, lo que mantenía
en tensa calma a las guerreras. No habían escuchado noticia alguna sobre la
persona.
“Luna...
aquella persona... ese enemigo... tiene un aura muy extraña... ¿La has sentido,
verdad?”
“Sí, Artemis.
Sólo nos queda pelear contra ella hasta tener noticias de Setsuna” murmuró la
gata. La pareja de guardianes estaba en el techo de la casa de Usagi, mirando
el horizonte como si ahí estuvieran las respuestas que buscaran. “No se ha
comunicado ni con nosotros ni con Haruka y Michiru... Hay algo que nos están
ocultando...”
“Yo también
he sospechado eso...” musitó Artemis con un gesto grave... de pronto, entre
unos arbustos algo lejanos, vio que una pequeña cola entre grisácea y violeta
se perdía en la hojas. Se extrañó bastante y creyó reconocer algo... “¿Diana?...
no, no puede ser...” pensó.
“¿Pasa algo
malo, Artemis?”
“No, nada...”
respondió enseguida. “Debió ser mi imaginación” murmuró en sus pensamientos.
“Mejor vayamos al templo, no tarda en comenzar la junta.”
“Bien”
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Ami había
salido de la casa, había otra junta y Rei era parte de ella. No le gustaba
interrumpir, además Diana le había llamado por un comunicador que le había dado
el día anterior. Fingió tener una clase vespertina, de manera que ni Rei ni sus
amigas sospecharan nada.
Diana le
esperaba en medio del parque No. 10, escondida entre unos arbustos.
“Aquí
estoy...” dijo Ami, algo agitada por la carrera. “Disculpa la tardanza... es
sólo que tenía algo que hacer...” Y ese algo fue despedirse de Rei a besos
antes de irse. Su sonrojo de pena se ocultó bien por el de agitación.
“No hay
problema, me alegra que haya venido, Ami-san... es hora de empezar a
trabajar...” sonrió Diana y comenzó a caminar entre árboles y plantas.
“¿Trabajar?”
preguntó con extrañeza, siguiendo por inercia a la minina. “No entiendo”
La gatita
solo sonrió y guió a Ami a un sitio escondido. Enseguida le pidió que se
transformara en Sailor Mercury y se pusiera la capa encima. Ami, aunque dudosa,
obedeció las peticiones. Después aguardaron en la copa de un árbol, como
esperando algo...
“Diana...”
murmuró, demasiado confusa. “¿Qué se supone que debo hacer?” le cuestionó, algo
desilusionada de estar ahí quieta por más de veinte minutos.
“Sólo hay que
esperar a que pase algo...” respondió tranquilamente.
“¿Algo?...
¿Cómo qué?”
Y de pronto
sonaron las sirenas de unas patrullas. Los policías perseguían a un auto negro,
cuyos pasajeros acababan de robar un importante banco.
“Algo como
eso...” sonrió Diana. “Vaya a detener a los ladrones, Sailor Mercury...” le
pidió tranquilamente.
Los ojos de
Ami se abrieron como platos. “¿Quieres que detenga a esos sujetos?” le
preguntó, asustada. Miró la persecución y claramente se vieron y escucharon
disparos. Se asustó mucho. “Tienen armas y yo no...”
“Tranquilícese,
Mercury-sama... estará bien...” le dijo Diana de forma dulce. “Usted tiene
grandes poderes que debe aprender a controlar... y qué mejor forma que peleando
con sujetos como esos. También tiene una buena velocidad a la que le puede
sacar provecho, ¿no lo cree?”
Ami suspiró y
miró largamente a Diana... la gatita tenía razón, tenía muchos recursos...
Quería conocer sus propios poderes para unirse pronto a sus compañeras senshi.
Sonrió y terminó de cubrir su rostro con la capucha azul. Se colocó su visor y
sacó su computadora, de manera que los ladrones no se escaparan.
“¡Vamos,
Mercury-sama!” exclamó Diana de contento y se escondió en la espalda de Ami.
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“No he
encontrado la verdadera identidad de la persona de azul...” musitó Rei después
de estar meditando frente al fuego. Michiru también estuvo buscando con su
espejo, pero con resultados iguales. La sacerdotisa soltó un suspiro y volteó
con sus amigas. “Lo siento... el fuego no me dice nada...”
“Tampoco el
espejo...” dijo Michiru con una resignada sonrisa. “Es como si alguien no
quisiera que nos enteráramos...”
“Y sin
Setsuna, no tenemos idea de lo que está pasando...” murmuró Haruka con los
brazos cruzados y un gesto de molestia.
Minako,
distraída, escuchaba música en un pequeño radio con audífonos. Makoto compartía
uno de los audífonos, pero ponía cierta atención a lo que decían sus amigas. De
pronto, la música fue interrumpida por la voz que anunciaba las noticias. El
evento: una persona de capucha azul y con poderes extraños, estaba deteniendo a
una banda de asaltantes en pleno parque No. 10...
“Ya tenemos a
nuestro encapuchado...” dijo Minako al instante, Makoto se levantó junto con
ella y ambas sacaron sus plumas de transformación. El resto les miró con
extrañeza. “Acaban de decir en las noticias que está deteniendo a unos
ladrones”
“Es en el
parque No. 10... ¡Vamos!” exclamó Makoto.
Todas se
transformaron al instante y corrieron en dirección al lugar de los hechos...
ésta vez, no se les iba a escapar.
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Esperen a oír
“Entra en mi vida” del dueto Sin bandera en versión salsa... Es preciosa...
XD... Ya no faltan muchos capítulos para terminar ésta historia, lo prometo.
¿Les gusta?... ¿Me odian?... XD ¿Sueñan conmigo?... Háganmelo saber en el libro
de visitas o directo a mi correo...