Por: Escarlata
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Aviso: Los
personajes aquí presentados son reales, las situaciones en los que son
envueltos son ficticias y, cualquier parecido con la realidad, es pura
coincidencia. En ningún momento, éste fic busca agredir de alguna manera a las
integrantes del grupo, sus fines únicamente son de entretenimiento.
Sin más que
agregar, sólo espero que disfruten el siguiente fic... (¬¬ un fic que, por cierto,
había quedado de enviar desde hace mucho) Se lo dedico a Darje y a Alien
Urbano... ^_^...
Y, muy en
especial, a mi querida Ale...
^-^ Buen
provecho
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Después de
agotadoras semanas de giras por toda Europa, giras, por cierto, exitosas; por
fin estaban de vuelta en su fría y querida madre patria. Se encontraban en un
cómodo hotel en el centro de la capital tomando un respiro de todos esos
aplausos, gritos y tumultos eufóricos... Gajes del oficio, además, ¿quién dijo
que ser famosas era fácil?... En pocos días tendrían entrevistas con
televisoras norteamericanas, después, tenían que dar el visto bueno a algunas
canciones, enseguida, planear su siguiente gira...
Esos cortos
días de descanso les sería lo mismo que un suspiro... apenas lo suficiente como
para recuperar el aliento y continuar la cuesta que significaba ser cantantes.
Un profundo
resoplido se escuchó en el lujoso cuarto que les había sido asignado, el pesado
sonido salió de los pulmones de Yulia, que se tumbó sobre el sillón más grande
que había ahí. Estaba cansada tanto física como mentalmente, de ser posible,
podría jurar que hasta su cabello estaba agotado después de sacudirse al compás
de sus canciones.
Rió con ese
pensamiento y tomó un grueso mechón de su cabello negro para observarlo... Era
cierto, hasta ellos necesitaban un descanso...
Se acomodó
bien en el sillón, mientras escuchaba el cercano sonido del agua caer en la
ducha. Lena se estaba dando un buen baño. La joven le había invitado a hacerle
compañía, pero Yulia sentía todos sus músculos y huesos tan pesados que no pudo
dar más que cinco pasos para llegar al sillón. La idea le había parecido
tentadora, pero el resto de su cuerpo no quiso...
Por cierto...
¿Hace cuánto que no tenía a su chica entre sus brazos?... Sintió que habían
pasado años, no, siglos enteros sin poder besarla más de tres minutos
continuos. Siempre se colaba una voz que decía “les toca salir”... Entre las
canciones y la atención que les debían al público, entre esos roces que se
daban sobre el escenario como parte de su rutina, y entre tantas cosas que a
veces les hacía olvidar que cantaban junto a la persona amada; sentía que Lena
comenzaba a alejarse de ella...
Esa sola idea
la hizo brincar del sillón.
En ningún
momento dejaría ir a la persona que más amaba. No cuando ella era todo en su
vida, el único motivo por el que cantaba y respiraba en esa tierra.
Se dio un par
de bofetadas, a fin de terminar de reaccionar y acomodar mejor sus ideas.
Aún se
escuchaba el ruido del agua al chocar contra los azulejos, eso quería decir que
Lena aún no terminaba de bañarse. Eso le daba una buena oportunidad para tener
a su chica en sus brazos. Ahora, no le importaba que sus huesos y músculos se
quejaran... después de todo, ellos mismos quedarían relajados al terminar su
‘sesión’ con Lena.
Se puso de
pie y, camino al baño, comenzó a quitarse parte de su ropa, sólo dejando encima
una delgada playera y sus pantaletas.
Abrió la puerta y asomó cual espía su mirada clara. Claramente distinguió la delgada silueta de Lena a través del vidrio con vapor adherido. La pelirroja se frotaba el cabello con shampoo, la espuma le acariciaba la piel de forma suave y resbalaba por cada tramo de su cuerpo gracias a las calientes gotas de agua.
El sólo verla
así bastó para que el pulso de Yulia se acelerara de forma considerable y su
aliento se profundizara por sus pulmones. Tragó saliva, pensando que quizá ella
podría estar enojada por el rechazo inicial. Pero el deseo pudo más que su
temor y con lentos y firmes pasos se acercó a la regadera.
Suspiró con
fuerza antes de abrir el vidrio corredizo, acción que hizo voltear a una
sorprendida Lena. La pelirroja se extrañó de ver a su cansada pareja ahí,
frente a ella, y con los deseos a flor de piel. Pronto sonrió y le extendió la
mano para invitarla a hacerle compañía.
“Estaba
por pensar que no vendrías” dijo una sonriente Lena, abrazándose del cuello de
su pareja.
“Jamás
rechazaría algo así y lo sabes” respondió Yulia, sintiendo que el agua caliente
le pegaba la playera a la piel y marcaba a la perfección cada tramo de su
torso.
“Bien, señorita, ¿podemos
comenzar?”
“Cuando quieras...”
Un largo beso
tan sólo fue el inicio de la jornada amorosa, que se extendió toda la tarde y
gran parte de la noche. Gemidos, suspiros, gritos y dos nombres fueron lo único
audible durante horas. Fue hasta la madrugada cuando el silencio y un par de
respiraciones profundas eran los únicos que reinaban en el dormitorio.
Descansarían
todo el día siguiente, cerrarían el dormitorio por dentro y, de ser posible,
cortarían la línea telefónica. Deseaban poder estar una al lado de la otra al
menos 24 horas continuas, desnudas, amándose, sonrientes y sin otra cosa en la
mente más que ellas.
Sellaron el
cuarto cual lata de sardinas antes de quedarse reposando definitivamente en la
cama. Pronto se encontraron libres de deseos reprimidos, mientras recuperaban
el aliento una en brazos de la otra.
“¿Hace cuánto que no lo hacíamos
así, eh?” preguntó la pelirroja, que descansaba sobre el pecho de su pareja.
“No tengo idea... pero siento
que fue hace mucho...” respondió Julia con voz casi apagada y sus ojos
cerrados, mientras acariciaba el aún húmedo cabello de Lena.
Lena sonrió
traviesamente y se incorporó un poco para depositar un ligero beso en los
labios de su pareja. El beso tomó a Yulia por sorpresa, obligándola a abrir sus
cansados ojos.
“¿De verdad sigues cansada?” le
cuestionó la pelirroja. “Hace rato no lo parecías tanto” agregó de forma
maliciosa.
Yulia se
sonrojó ante el comentario, pero no tardó en fijar sus pupilas claras en las de
su compañera y mirarle forma dulce.
“Por ti podría levantar un
camión de nieve...” respondió con un tono profundo, cual si viniera de lo más
recóndito de una cueva.
Ahora fue el
turno de Lena para sonrojarse ante ese intento de piropo, pero en ningún
momento abandonó su radiante sonrisa. Hundió su rostro entre la almohada y el
cuello de Yulia y abrazó a ésta última con más fuerza.
“¿Sólo un camión?” preguntó su
voz casi enmudecida por la almohada.
Yulia alcanzó
a distinguir una risilla entre la pregunta.
“Y todos los que quieras”
contestó, antes de soltar un profundo suspiro y acomodarse bien con el cuerpo
de Lena. “Créeme que lo haría sin siquiera dudarlo...”
“Te creo...”
Nuevamente,
sólo las respiraciones profundas y el silencio reinaron en el dormitorio. Se
habían acostado sobre la cama sin deshacer, pero el calor que aún emanaba de
sus cuerpos desnudos bastó para mantener una agradable temperatura en toda la
habitación.
Lena simplemente
se había quedado pensativa, mejor dicho, como en estado de trance. Al
reaccionar, besó con suavidad el cuello de Yulia antes de decir otra cosa que
tenía en mente.
“Esto es muy agradable...”
murmuró al principio. “Ser sólo dos...”
Pronto se
percató de la respiración acompasada en el pecho de Yulia y no pudo evitar
sonreír.
Yulia se
había quedado dormida.
Puso un nuevo
gesto, ahora de pena. Seguramente ella sí estaba muy cansada, pero podía
apostar que después de... eso... estaría durmiendo mucha más relajada que hacía
algunas horas en el sillón.
Decidió
dormir también y lanzó un profundo suspiro antes de cerrar los ojos de nueva
cuenta.
“También es agradable ser sólo
una...” murmuró con una última sonrisa, antes de conciliar el sueño, también,
de forma rápida...
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