Secretos.

La que faltaba.

 

 

Se encontraba en los alrededores del palacio, escondida entre unos arboles y asegurándose de que Venus y Júpiter ya se hubieran alejado lo suficiente de ahí. Ya casi era de noche. Se quedó ahí unos minutos más, por si se les ocurría regresar de nuevo, pero no pasó nada. No obstante, entró con inmenso sigilo al palacio.

Hacía un rato que había dejado la casa de Haruka, pues ésta insistió en revisarla bien y darle algo de comer antes de dejarla ir. Su platica con aquella chica le había cambiado por completo su forma de pensar con respecto al poder de los anillos. "El poder corrompe, si te dejas corromper", le había dicho... Las demás se dejaron corromper, por eso se volvieron así. Aún tenía el anillo como dije, pero, la próxima vez, no dudaría en ponérselo si la situación lo requería.

Estaba en el recibidor principal del palacio, por lo general, siempre subía las escaleras para ir directo al balcón de las juntas; pero había tres puertas más, una grande de dos alas que daba al lado oeste, una metálica en dirección este y una de madera casi escondida bajo las escaleras. Trató de recordar la ubicación del altar, más no lo logró, era como si le hubieran borrado la memoria. Decidió explorar el palacio, pues no valía la pena romperse la cabeza.

Primero entró por la puerta de dos alas, su sorpresa sería inmensa al ver que las paredes de ese enorme pasillo estaban llenas de hermosos dibujos. Las analizó bien y descubrió que narraban una historia. Siguiendo las secuencias de las pinturas, éstas describían la existencia de un reino utópico en la Luna, una hermosa reina con cabellos de plata y un brillante cristal del mismo color en sus manos, la reina está rodeada por los ocho signos de los planetas del sistema solar (con excepción de la Tierra) como si la protegieran. Después, el reino es destruido por fuerzas malignas y echado al olvido, el cristal plateado y los ocho signos se dispersan, pero el cristal parece dividirse en cuatro de los signos, más no se ve cuales son.

Mercurio topó con pared, era camino cerrado. Todo lo que contenía esa habitación era esa galería de imágenes históricas. Salió de ahí y se dirigió a la puerta metálica, la cual daba a un largo y oscuro pasillo. Al final encontró una especie de biblioteca. Los libros eran poco relevantes, pero, en el escritorio central, estaban una serie de viejos pergaminos; la mayoría eran inteligibles, pero alcanzó a leer que "... el Milenio volverá cuando los cuatro fragmentos se hayan unido... sólo con la verdadera Fuerza ha de alcanzarse la unión y el Poder..."

Era un texto extraño, pero ahí estaba lo que el resto del Consorcio se negaba a explicarle, ellas querían alcanzar el poder del que hablaba el pergamino; por eso peleaban, para demostrar esa famosa fuerza... pero... ¿a qué se refería con los cuatro fragmentos?... seguramente eran los trozos del cristal que vio en las pinturas...

- No entiendo... – murmuró, después de tratar de amarrar los cabos.

Ya no había nada importante ahí, así que regresó al recibidor para explorar la última puerta.

Le costó mucho trabajo abrirla, estaba fuertemente sellada. Al entrar se encontró con otras dos puertas, la primera daba a las mazmorras y la otra... al altar... ¡Por fin!... Notó que algo brillaba en el altar, no era otra cosa más que el anillo restante, el de Urano. Analizó bien el lugar y vio que estaban las ocho ranuras para los anillos. En la cima del altar había cuatro cavidades de diferentes formas y tamaños, dos de ellas ya estaban ocupadas por una larga guadaña y una especie de esfera de color rojo. De las cavidades restantes, una tenía la clara forma de una espada corta de media luna, la otra parecía la silueta de algo ovalado con mango largo. A lo mejor, esos eran los cuatro fragmentos del cristal, aunque faltaban dos. Bajo la esfera y la guadaña encontró los anillos de Plutón y Saturno respectivamente.

Recordó que, cuando le entregaron su anillo, éste también brillaba de la misma forma en que lo hacía en esos momentos el de Urano. No podía equivocarse, Haruka debía ser la dueña del anillo restante. Se acercó para tomar el anillo, pero un fuerte ventarrón que vino de quién sabe dónde la lanzó contra la pared. El viento se arremolinó en toda la habitación y no le permitió volver a acercarse.

No se rendiría tan fácilmente...

Ya pasaba de la una de la madrugada. Llevaba dos horas dando vueltas por toda la cabaña. Mercurio había prometido regresar ANTES de la media noche. Salir a buscarla sería inútil, pues no tenía ni idea de adonde había ido, sólo le quedaba esperar. En la tarde, la joven le dijo que la única forma en que podría ayudar a Neptuno era siendo una elegida, también le contó que aún estaba sin dueña el anillo de Urano, que probablemente ella era la elegida. Confiando en esa corazonada, Mercurio partió en dirección a un palacio, cuya ubicación jamás le reveló.

- ¡Haruka! – rápido reconoció la suave voz de Mercurio llamándole.

Abrió la puerta dejó pasar a la joven, pero ella estaba herida. Tenía algo entre sus manos, pero ese algo quería escapar, pues los puños de Mercurio temblaban por el esfuerzo.

- ¿Qué pasa?

- Toma el anillo y póntelo... rápido...

Agarró el anillo y éste de inmediato se calmó. Descubrió que las palmas de Mercurio sangraban copiosamente y le miró con pena.

- No te preocupes... – sonrió - ¿haz visto?... el anillo es tuyo... me costó trabajo traerlo, pero aquí está... póntelo...

Haruka obedeció. El anillo le quedó muy bien, sintió como su cuerpo era recorrido por una fuerza extraña. Un viento desconocido revoloteaba en su interior... ese era su poder, el del viento... de inmediato lo supo. Mercurio le miraba con preocupación, como si temiera algo, pero Haruka pronto le dirigió la mirada y le sonrió.

- Tranquila, no he cambiado en nada.

Mercurio bajó el rostro y después la abrazó.

- Prométeme que rescatarás a mi hermana – murmuró.

- Lo prometo.

- Gracias, Haruka...

- A partir de ahora, dime Urano.

Se quedaron abrazadas otro rato, hasta que Urano la soltó y tomó sus manos con cuidado.

- Debemos curarte – dijo con cierta preocupación.

- Esto no es nada, mira...

Mercurio se concentró y su anillo brilló con una luz azul, que terminó por rodear su cuerpo y curarlo en cuestión de minutos. Urano estaba sin habla. Seguramente los poderes de Mercurio eran grandes, y esa habilidad era sólo una muestra.

- Increíble...

- Yo también me sorprendí la primera vez.

- Bueno, mejor descansemos, mañana empezaré a entrenar para controlar mi nuevo poder... tú deberías hacer lo mismo, estoy segura de que eres muy fuerte.

- Eso no es cierto.

Haruka acarició el azulado cabello de la chica y le volvió a sonreír.

- Sé que eres fuerte, sólo confía en ti...

Ambas se acostaron para descansar. A Haruka no le importó dormir junto a Mercurio, quién se abrazó a su cintura. Era casi una niña y sentía el deber de protegerla. Cerró los ojos y trató de dormir, pero la chica marina y el ser de luz se paseaban por su cabeza. No podía equivocarse, el ser de luz tenía algo que ver con Neptuno. Estrechó con gentileza el cuerpo de Mercurio y se juró así misma que cumpliría las promesas que hizo, aunque se le fuera la vida en el intento.

- Neptuno...

 

 

CONTINUARÁ...

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