Antes de...
¿Después qué?
Las heridas de ese frágil cuerpo eran demasiado profundas y graves, la chica presentaba fiebre y la pérdida de sangre la debilitaba más. Haruka había hecho todo lo humanamente posible para ayudarla. Seguía sin comprender cómo es que seguía viva después de semejante golpiza, incluso ella misma necesito varios minutos para recuperarse del manotazo que la alta chica le propinó en el bar.
Afuera seguía lloviendo, así que, sin posibilidad de salir al pueblo, tuvo que echar mano de sus provisiones de emergencia: unas piezas de pan, carne seca, fruta en conserva y algo de pescado de la mañana. Preparó una pequeña cena, pues dudaba que la joven despertara esa noche, y la comió antes de dormir; obvio que le tocó suelo, pero, con dos personas dentro el calor era un poco más. Deseaba que ella recuperara la consciencia para hacerle un par de preguntas...
Sólo esperaba que la chica marina estuviera bien...
De nueva cuenta sentía ese suave calor en el pecho. Sabía que era el anillo. Percibía el alivio en todo su cuerpo al sanarse poco a poco. Sus energías y su salud se restauraban, pero sabía que era gracias al anillo que seguía negándose a usar, ya que no quería corromperse con ese poder como las demás...
Muy independiente de la sensación de sanar, Mercurio podía sentir otra cosa en el aire, en el ambiente... era algo cálido, agradable, reconfortante... ¿qué era?...
Cuando el dolor desapareció por completo y estuvo consciente de que su cuerpo estaba totalmente curado, abrió los ojos. Se incorporó con cuidado y se encontró acostada en el interior de una pequeña cabaña, notó los vendajes en varias partes de su cuerpo y un ligero aroma masculino que flotaba en el lugar y que impregnaba los cobertores y las almohadas... ¿Acaso un chico la había ‘salvado’?...
Ya era de día, así que se levantó para explorar los alrededores. Salió de la cabaña y se encontró en un claro del bosque que no conocía, no tenía la más mínima idea de donde se encontraba. Frente a la cabaña se encontraba un lago, seguramente era una de las desembocaduras de la cascada donde vivía, si seguía en sentido contrario el arroyo que alimentaba al lago seguramente llegaría a su casa sin problemas. Pero no quería irse así como así, deseaba darle las gracias a la persona que la ‘salvó’.
Buscó con su mirada en todo alrededor de la casa, pero no vio a nadie.
- No puedo quedarme mucho tiempo – se dijo después de unos minutos de espera – mejor me voy... dejaré una nota en la cama.
Entró de nuevo a la cabaña y buscó una hoja y un lápiz; para después quitarse los vendajes, no los necesitaba. Sin embargo, no encontró nada, así que sólo comenzó a quitarse las vendas. De repente, escuchó que algo se azotaba contra el suelo. Asustada, volteó. Una persona alta de pelo corto y rubio estaba de pie en la entrada, la cual había soltado un montón de troncos al verla...
Mercurio se levantó de la cama y encaró a la persona, que lucía un gesto incrédulo, de sorpresa, incluso susto; como si hubiera visto un fantasma. La chica de pelo azul sólo atino a inclinarse educadamente y darle las gracias por ayudarla.
- ¿Cómo es que ya estás de pie? – preguntó la persona rubia, cuyo asombro era muy notorio.
- Bueno... es que... yo...
- Oye, esa golpiza fue tremenda, pensé que despertarías en tres días – comentó al verla tartamudear.
Mercurio ahora era la asombrada, ¿acaso las había visto pelear?...
- Será mejor que me vaya – murmuró Mercurio, olvidándose por completo de las vendas y tratando de no coincidir con la mirada de la otra persona.
- ¿Por lo menos podrías decirme de qué se trató todo ese relajo?
- ¿UH?
- ¿Qué pasó con tu hermana?... ¿Cómo está eso de que ahora le pertenece a esa tal Marte?
Haruka se interpuso en su camino y ya no le permitió salir de la cabaña.
- No te vas hasta que me expliques todo.
- ¿Cómo es que conoces a mi hermana?
- Ayer en la tarde tuve un encuentro con ella y con... Júpiter... en el bar del pueblo... quiero ayudarla...
- Mejor no te metas...
- Eso mismo me dijo tu hermana, pero en verdad quiero ayudarla... no me preguntes por qué...
Mercurio guardó silencio unos segundos y después suspiró. Algo en la mirada de esa persona le llamaba mucho la atención, tenía un extraño brillo, algo raro... no sólo eso, hasta el mismo aire se sentía diferente ahí...
- Disculpa mis malos modales... me llamo Haruka y vengo de Urano...
- Yo... soy... Mercurio...
- Ya había oído tu nombre.
Ambas se sentaron en la cama. Haruka le ayudaba a su invitada a quitarse las vendas, pero ésta estaba en completo silencio, mirando a Haruka con extrañeza. Era de cabello rubio, ojos verdes, cuerpo ¿varonil?... Un momento... Se fijó bien y descubrió que Haruka era mujer... Dioses, qué pena... no pudo evitar ruborizarse y alejar su mirada...
- No te preocupes – sonrió Haruka, que se había dado cuenta de todo – A tu hermana le pasó lo mismo.
- No... no era eso... no es lo que...
Obvio que estaba nerviosa. Haruka volvió a sonreírle para tranquilizarla y continuó con su trabajo.
- Sigo sin comprender cómo es que te curaste tan rápido.
- Eso también lo puedo explicar...
- Puedes hablar cuando quieras, tengo toda la vida para esperar.
Mercurio sonrió tímidamente y se dispuso a contarle toda la historia...
- Todo empezó hace casi un año – comenzó – Mi hermana y yo nos encontramos aquí, en la Luna, ya que vivíamos en planetas diferentes; ella en Neptuno y yo en Mercurio. No teníamos mucho tiempo de estancia cuando conocimos a tres chicas: Júpiter, Marte y Venus, ésta última era la líder del trío. No supe como fue que nos convencieron de seguirlas hasta un extraño altar. Una vez ahí, cada una de las tres tomó un anillo y se lo puso, con los símbolos de sus respectivos planetas; después seguí yo, agarré el anillo de Mercurio. Mientras lo observaba, mi hermana tomó el anillo de Neptuno y éste se transformó en una tiara de plata que de inmediato se trasladó a su frente. En ese momento, las miradas de las tres chicas cambiaron por completo, Venus sujetó a mi hermana del brazo y comenzó a gritar que la Prometida por fin había llegado; después nos lanzó un extraño ataque a todas y nos derribó, para después declarar que la Prometida era suya y quien quisiera tenerla debía derrotarla en un duelo. A partir de ese momento todo se volvió un caos, ellas se volvieron muy fuertes y Venus seguía con mi hermana bajo su poder. Yo tuve miedo de ponerme el anillo, así que no lo hice.
- ¿Y porqué quieren a tu hermana?
- Ellas dicen que mi hermana es la llave para la revolución del mundo.
- ¿Revolución del mundo?
- Yo tampoco sé de qué trata todo eso, nunca me lo han querido explicar; pero, según ellas, sólo una de las elegidas, la más fuerte, podrá unirse con la Prometida y lograr la Revolución, además de hacerse acreedora a un poder enorme.
- ¿Entonces tú también eres una elegida?
- Sí, éste anillo es la prueba... sólo una elegida podría ponérselo.
Le mostró su anillo, el cuál seguía como un simple dije en su cadena.
- Gracias al anillo de Mercurio sigo viva... él me ha curado después de las peleas que tuve contra Júpiter. Pero no quiero ponérmelo, tengo miedo de volverme como las demás... No quiero tratar a mi hermana como a un objeto...
- Cielos... este sí que es un problema...
- Ni que lo digas... yo no soy fuerte, así que jamás podría ganar en un duelo...
- Bueno, Júpiter perdió ante Marte... ahora la Prometida le pertenece a Marte...
- Ya veo... los poderes de Marte son todavía más extraños y peligrosos... si a Júpiter no le toqué ni un cabello, menos a Marte...
- ¿Entonces, es el anillo el que le da poder a esas chicas?
- Sí.
- Ah...
Mercurio miró a la ventana y suspiró de nuevo.
- Dices que quieres ayudar, pero, aunque así lo quisieras, no podrías hacer nada contra ellas. Sólo alguien del Consorcio de Plata puede retar a otro miembro del mismo. Tú no eres una elegida... sólo morirías inútilmente.
- Escucha... – dijo Haruka, obligando a la joven a mirarla – Debo ayudar a tu hermana, no me preguntes por qué, sólo debo ayudarla...
- Morirás en el intento.
- No importa.
La voz de Haruka era segura, llena de confianza. De pronto, el viento entró por la ventana e hizo que Mercurio sintiera una extraña sensación. Los ojos de Haruka brillaban de forma rara. ¿Qué era todo eso? Podía oler la furia en el aire, también la frustración y una enorme fuerza... ¿Acaso venía de Haruka?... ¿Acaso ella...?
- ¿Urano? – murmuró Mercurio en voz baja.
- ¿Eh?
- ¿Me dijiste que venías de Urano?
- Sí.
De nuevo hizo uso de su memoria y recordó que en el altar aún quedaba un anillo, el de Urano. Un anillo capaz de controlar la tierra y el viento, un anillo que sólo alguien de Urano podía usar. El único problema, es que por más que trataba de recordar dónde estaba ese altar, nada más no lograba nada; sabía que estaba en el palacio, pero el palacio era enorme y aún no lo conocía todo.
Si su intuición no le fallaba, entonces Haruka también era una elegida...
Tenía que intentarlo...
CONTINUARÁ...