Otra pelea.
Otro encuentro.
- ¡Esto es increíble! – exclamaba Júpiter de mal humor, jalando a Neptuno del brazo a través del bosque - ¡Te dejo sola y te sorprendo con un tipejo!
- No es lo que piensas – se defendía Neptuno, tratando de seguirle el paso a su dueña.
- ¿Entonces?
- Bueno... es que...
Júpiter se detuvo de pronto y obligó a Neptuno a mirarla a los ojos, sujetándola con fuerza del mentón.
- Ya me estoy hartando de todo esto – murmuró con dureza – Terminaré de una vez con éste asunto...
- ¿Eh?
De nueva cuenta, Júpiter se acercaba al blanco rostro, a los labios para ser más exactos. La Prometida cerró los ojos, dejando escapar amargas lágrimas de ellos. La poderosa chica también cerró sus ojos. A escasos milímetros del contacto, Júpiter se detuvo, de nuevo... ¡Pero qué diablos!... La última vez le pasó lo mismo, siempre que estaba a punto de besarla, una extraña energía le paralizaba los músculos, no podía moverse, ni acercarse más... Venus le había explicado que sólo alguien con verdadera fuerza podría besar a la prometida... Júpiter se presumía fuerte, pero aún no había logrado nada...
Por su parte, Neptuno estaba extrañada por la tardanza, más no se atrevía a abrir los ojos.
- ¡Quítale tus manos de encima! – exclamó una voz entre los arboles.
Ambas voltearon.
- ¿Mercurio? – preguntó Júpiter al ver a la chica en buenas condiciones... ¡imposible que se hubiera curado tan rápido!
- Hermana...
- Más vale que la sueltes.
Mercurio encaró a Júpiter. Se veía molesta. No obstante, la alta chica se sonrió, haciendo a su Prometida a un lado.
- Vaya... no puedo creer que te hayas recuperado de nuestra pelea...
- Cállate... – masculló – ¡Vuelvo a retarte a duelo, aquí y ahora!
- Tú lo pediste...
Haruka corría tan rápido como daban sus piernas. El viento le decía que iba por buen camino. De repente, cerca de ahí, escuchó como si un árbol se derrumbara. Se escondió en unos arbustos y descubrió, sorprendida, que la chica alta peleaba contra una jovencita de pelo corto y azul, de hecho, un peligroso puñetazo de la chica alta fue el que derrumbó el árbol, un golpe que seguramente iba dirigido a su contrincante. La chica de cabellos marinos presenciaba todo el acto a pocos metros de ahí, estaba llorando y rogaba a su acompañante que detuviera la pelea... ¿Qué demonios pasaba ahí?
- Veo que eres más veloz – dijo Júpiter – pero eso no cambiará el resultado de la pelea... ahora sí voy a matarte...
Mercurio apretó los dientes, se había apresurado a retar a Júpiter, y eso podría costarle caro. Su rival era infinitamente más poderosa, sólo un milagro la sacaría de ese lío...
... Y el milagro llegó...
- Deja de jugar con Mercurio, mejor pelea conmigo – sonó una profunda voz, era Marte, que se acercó a las combatientes, interrumpiendo la pelea – Te reto a un duelo.
- O.K. – sonrió Júpiter – Pero deja acabo con ésta pequeña rata...
- De acuerdo.
Aprovechando la distracción de Mercurio, la alta chica le propinó varios golpes. La víctima sólo pudo gritar... las manos de Júpiter eran como filosos cuchillos, le abrían la carne en cada ataque, sin darle la más mínima oportunidad de defenderse.
No tardó en dejarla inconsciente, más ya no volvió a golpearla. Le dirigió una veloz mirada a Neptuno y después encaró a Marte, que la esperaba con los brazos cruzados recargada en un árbol. La prometida aprovechó para sacar a su hermana de ahí. Haruka seguía sin creer lo que sus ojos presenciaban.
- ¿Estás lista, Marte?
- Cuando quieras.
Ambas comenzaron a concentrar sus energías, en verdad daba miedo verlas así. Un aura roja rodeaba a Marte y una verde a Júpiter. Una serie de nubes se aglomeraron en el cielo, era como si la naturaleza resintiera aquellas poderosas energías. El cuerpo de Júpiter comenzó a lanzar chispas por todos lados, parecía estar electrificado; en cambio, grandes llamas comenzaron a cubrir a Marte, dando la impresión de ser una pira viviente.
- Será solo un ataque, ¿de acuerdo? – propuso Marte.
- De acuerdo, la primera que caiga perderá – respondió Júpiter.
Las auras de ambas crecieron aún más, un rayo cayó del cielo...
- ¡CENTELLA RELAMPAGUEANTE!
- ¡MÁNDALA ARDIENTE!
El rayo pareció obedecer las órdenes de Júpiter, pues se dirigió directo a Marte; ésta, en tanto, creó una serie de esferas de fuego que salieron disparadas contra Júpiter. Ambos ataques dieron en el blanco, pero Júpiter estaba indefensa ante el fuego y fue derribada por el peligroso elemento, por su lado, Marte se había preparado un escudo de fuego que repelió el poderoso trueno.
La batalla fue demasiado corta, cosa que extrañó a Neptuno. Incluso sospechó que Júpiter había perdido a propósito.
Marte fue la ganadora, ahora era la dueña de la Prometida. La ayudó a Júpiter a levantarse y después se dirigió a Neptuno. Le extendió la mano, más ella no correspondió el gesto.
- Pero... no puedo dejar a mi hermana – sollozó Neptuno.
- Eres mía a partir de éste momento... es hora de irnos...
- Pero...
- Ella estará bien, tú misma viste que regresó ilesa de su pelea con Júpiter, ¿qué te hace pensar que no va a recuperarse de ésta?
- Marte tiene razón, esa pequeña rata volverá a levantarse – intervino la alta chica – Me voy con ustedes... ya es tarde...
Queriendo o no, tuvo que obedecer. Tomó la mano de Marte, después de depositar el cuerpo de su hermana sobre la hierba. Las tres se alejaron de ese lugar del bosque a paso rápido. Unas gotas de lluvia se dejaron caer del cielo, indicando una pronta lluvia.
Asegurándose que de que ellas ya se hubieran alejado lo suficiente, Haruka se acercó al lacerado cuerpo de la joven llamada Mercurio, la pobre estaba muy herida. La tomó en sus brazos y la llevó a su casa, la cuál, curiosamente, estaba muy cerca de ahí. Seguía sin entender todo ese asunto... Retos, peleas, la chica marina que quién sabe por qué agachaba la cabeza ante esas dos, dejando a su hermana en ese estado... ¿de qué se trataba todo eso?
Las frías gotas se intensificaron, apenas si tuvo tiempo de entrar a su casa.
- Al diablo con el trabajo – se dijo Haruka, buscando algo entre sus cosas con que curar a la joven – esto es más importante...
CONTINUARÁ...